miércoles, 17 de junio de 2020

FLORILEGIO 14 ( 6 ) KIERKEGAARD - 3 LOS ESTADIOS EXISTENCIALES


LOS ESTADIOS EXISTENCIALES.

Según la conciencia que uno tenga de sí mismo, esto es, dependiendo de la fuerza que tenga la autoafirmación del yo, el hombre se encuentra en situaciones existenciales diversas, atraviesa distintos estadios existenciales. En las líneas que siguen intentaremos presentar las características generales de los diversos estadios.

A.- EL ESTADIO ESTÉTICO.

El estadio estético de la existencia representa el nivel más bajo de vida humana: muestra su carencia de espíritu (unidad alma-cuerpo), porque a la persona que es víctima del esteticismo le falta la conciencia de ser un yo.

En una página de la última parte de Aut-Aut, el autor pseudónimo define el estadio estético como aquella situación en la que “hombre es aquello que es”, y lo compara al estadio ético, en el que el hombre “llega a ser aquello en lo que se convierte”.

De todo lo dicho en las páginas anteriores, parece clara la distinción kierkegaardiana: el hombre es un hacerse, debe alcanzar su telos (fin), debe realizar la síntesis del espíritu.
Si se queda en lo que simplemente es, sin poner en movimiento el proceso ético de autoconstitución del espíritu, permanece estancado en lo inmediato, en el esteticismo.

El esteticismo es una enfermedad espiritual: la sufre el hombre que carece de interioridad, porque no ha logrado realizar la síntesis entre los elementos que lo componen.

El esteta lleva consigo una ruptura interior, que se debe recomponer.

En “Aut-Aut” (“Lo uno o lo otro”) y en los Estadios en el camino de la vida, Kierkegaard presenta la tipología de esta enfermedad, es decir, los distintos síntomas que ponen de manifiesto que al esteta le falta un yo y que se encuentra, sabiéndolo o no, en la desesperación.

Tipos muy distintos —el borracho, el hombre de negocios, el artista, el engreído— tienen en común la misma enfermedad: el esteticismo.
A todos les falta una razón profunda de vivir bien anclada en lo más íntimo de su ser: viven superficialmente.

Son lo que son: se identifican con su propia actuación, se encuentran en la superficialidad.

Como al esteta le falta la unidad sintética del espíritu, su no-existencia, es decir el hecho de encontrarse en la superficialidad le lleva a la falta de autodominio, de libertad.

El esteta no es dueño de sí mismo: vive siempre fuera de sí, en la superficie.

La falta de profundidad, de autoconciencia de poseer un yo, hace que se identifique con su estado de ánimo.

Pero los estados de ánimo varían, como cambia continuamente la superficie.

El esteta vive en el momento concreto, en el instante presente.

Estado de ánimo, instante fugaz: ésta es la vida del esteta.

Por este motivo, nunca podrá comprometerse con algo serio, con algo que sea definitivo.
No se abrirá a los demás: vivirá encerrado en su identificación con su manifestación.

Será un espectador del mundo y de su propia exterioridad, porque no puede actuar fuera de su estado de ánimo.

Por tanto, el esteta está al margen de los demás, se separa del resto, pero también se separa de sí mismo: el esteticismo es también encerramiento, hermetismo, egoísmo.

El esteta se deja llevar, deja que la vida transcurra fácilmente sin intentar tomar las riendas de su propia existencia personal.

Identificado con su estado de ánimo mudable, está imposibilitado para el amor, porque se encuentra atrapado, no en sí mismo, sino en la superficie de sí mismo.

No podrá ni siquiera escoger: delante de él se abren diversas posibilidades, pero al encontrarse instalado en la superficialidad de la vida, no encuentra razones de peso que le muevan a escoger una cosa u otra.

La superficialidad es negación de libertad y, por tanto, indecisión.

El hecho de no encontrar un motivo válido para tomar decisiones lleva al aburrimiento: todo da lo mismo.

Todo esteta terminará por aburrirse.

Pero como el aburrimiento no es un estado de ánimo agradable, el esteta buscará un remedio para combatirlo: la diversión.

Divertirse es no sujetarse a un orden establecido, a unas normas, es no comprometerse, no comportarse con lealtad con nada ni nadie.

Divertirse significa arbitrariedad: una vida sin peso, sin un plan establecido, haciendo todo aquello que a uno le apetece en cada instante, movido por el estado de ánimo.

Pero la arbitrariedad es un remedio superficial contra un síntoma —el aburrimiento— de una enfermedad profunda: la desesperación.

«Se observa, por tanto, que toda concepción estética de la vida es desesperación, y que todo aquel que vive estéticamente está desesperado, tanto si lo sabe como si no (...).

Esta última concepción es la desesperación misma.

Es una concepción de la vida estética, porque la personalidad permanece en su propia condición inmediata: es la última concepción de la vida estética, porque en cierto sentido ha acogido en sí la conciencia de la nulidad de sí misma».

B.- EL ESTADIO ÉTICO.

El punto final de la vida estética —la desesperación— es también el punto de partida de la vida ética.
Desesperarse de uno mismo, darse cuenta de que lo inmediato no puede darle un sentido a la vida, es la única vía de salida para afirmarse a sí mismo como fundamentado en el Absoluto.
Por eso, lejos de aconsejar una terapia superficial, Kierkegaard anima al esteta a la desesperación.

Escoger libremente la desesperación: he aquí el comienzo de la vida auténtica.

Desesperar de uno mismo para salir del estadio estético significa desesperar de la propia finitud.
Desesperar de mi yo finito, y escoger mi yo absoluto es el inicio de la vida ética.

Este momento se identifica con el arrepentimiento: cuando uno se desespera de sí mismo, se da cuenta de su propia culpa, y arrepintiéndose encuentra el fundamento del yo en el Absoluto.
Sin embargo, no se trata de un paso obligado: el esteta puede permanecer siempre en ese estado.

Decíamos antes que Kierkegaard definía al esteta por la “inmediatez”, y al ético por el “hacerse”.

Veamos la formulación textual: «¿Pero qué significa vivir estéticamente y qué éticamente? ¿Qué es lo estético que se encuentra en el hombre y qué es lo ético? A esto yo contestaría: lo estético que hay en el hombre es aquello por lo que él es inmediatamente aquello que es, lo ético es aquello por lo que él llega a ser lo que llega a ser».

La existencia ética comporta una tensión hacia un “telos”, un esfuerzo para llegar a ser espíritu frente a Dios.
Por eso hemos dicho antes que no se es individuo, sino que se llega a serlo.

Retomando la teleología aristotélica, Kierkegaard entiende el devenir ético como la “tensión entre el yo real y el yo ideal”.
Pero el yo ideal no es el yo fantástico del esteta que no ha logrado poner el espíritu y se dispersa en un mundo imaginario, en un mar de posibilidades.
No, el yo ideal de la existencia ética es el hombre común, el hombre universal, pero al mismo tiempo es el hombre concreto, que intenta alcanzar el yo ideal a través de las circunstancias ordinarias de su vida.

Lo ético es, con otras palabras, la vida seria y responsable del hombre honesto.

Este “telos” personal, puesto por el Absoluto y escogido por el hombre, que se alcanza a través del ejercicio de las virtudes personales, no es solamente individual, porque el darse forma a uno mismo partiendo de nuestras características concretas nos remite hacia el ámbito de lo social, de lo civil: los deberes laborales, familiares y políticos reaparecen en el estadio ético y hacen que el individuo pueda alcanzar lo general al tiempo que se hace a sí mismo.

C.- EL ESTADIO RELIGIOSO.

Si bien en Aut-Aut se alaba y recomienda el estadio ético de existencia contraponiéndolo al estado estético, sin embargo, no es un estadio definitivo.

De hecho, en un ultimátum con el que termina esta obra, Víctor Eremita —un supuesto editor del conjunto de escritos que componen Aut-Aut— incluye un discurso de un pastor, cuyo contenido principal consiste en afirmar que delante de Dios siempre estaremos en deuda.

En otras palabras, no es posible cumplir a la perfección con el deber ético, con lo general, y estar en perfecta regla con el Absoluto.
Por eso, el estadio ético comienza y termina con el arrepentimiento y, por tanto, no puede ser un estadio definitivo.

La ética descrita en “Temor y temblor” es una ética de tipo kantiano-hegeliana.

Es la ética del deber general que está fuera del hombre, y en consecuencia inalcanzable para él con sus solas fuerzas.
Nos encontramos ante una cierta simplificación de la ética, y ante un cambio de perspectiva con respecto a la ética que hemos descrito en los párrafos anteriores.

Kierkegaard juega con sus pseudónimos, cambiando continuamente de enfoque.
El blanco de tiro de su pseudónimo, Johannes de Silentio, es ahora la ética kantiana y el intento hegeliano de afirmar la superioridad de la razón con respecto a la fe: ir más allá de la fe.

Según esta ética de lo general, el individuo que no hace lo general necesariamente peca.
En este contexto la ética es lo absoluto: no se puede ir más allá.
Pero Johannes de Silentio presentará un caso histórico en el que un único individuo fue contra lo general para obedecer a un mandato divino: Abraham, que para obedecer a Dios estuvo dispuesto a matar a su hijo Isaac.

¿Fue Abraham un asesino, un impío, o el padre de la fe?

Si la ética de lo general fuera lo absoluto, si la razón fuera la última instancia para establecer las normas morales de conducta, entonces Abraham sería un homicida, con todos los agravantes del asesinato de la propia prole.
Pero la actitud existencial de Abraham no es la de un hombre guiado sólo por la razón.
Abraham tiene una pasión infinita, que le lleva a creer en virtud del absurdo: la fe.

Esta pasión infinita le pone en contacto con el Absoluto, y por este motivo la ética no desaparece, pero se convierte en algo relativo.
El deber absoluto es el que el individuo tiene frente a Dios.

No se rechaza la ética, pero encuentra un lugar subordinado respecto a la esfera religiosa.
Kierkegaard habla de una suspensión teleológica de la ética: hay algunos deberes personales del individuo respecto a Dios que le hacen ir en contra de lo general.

Abraham no se coloca en contra de lo general por no alcanzar la deseada altura ética.
Todo lo contrario: la suspensión teológica de la ética significa que el individuo se coloca por encima de lo general.
Colocarse por encima de lo general no es otra cosa que la posibilidad que tiene el individuo de «estar en relación absoluta con el Absoluto»

Según Johannes de Silentio, en eso consiste la paradoja de la fe: «que el individuo es superior a lo general, de manera que es el individuo el que determina su relación con lo general, mediante la relación que tiene con el Absoluto, y no al revés».

El individuo se relaciona con Dios en la fe.
La fe es una pasión: el movimiento de la infinitud.
La relación absoluta del individuo con el Absoluto no se realiza a través de una mediación reflexiva, sino de un salto: «todo movimiento de infinitud sucede con pasión y ninguna reflexión puede suscitarlo. Este es el salto continuo que explica el movimiento en la existencia, mientras que la mediación es una quimera que debe explicarlo todo en Hegel y al mismo tiempo es lo único que él no intentó explicar».

Estas categorías serán desarrolladas con más extensión en sus obras posteriores.

En la Apostilla conclusiva no científica a las “Migajas filosóficas”, Johannes Climacus afirma que la forma de llegar a Dios es la subjetiva, es decir, mediante la pasión de la interioridad.
Ahora bien, la verdad que presenta el cristianismo es paradójica: Jesucristo.
En Él, lo Eterno se hace temporal, Dios se hace hombre.

Para aceptar esta verdad no basta el pensamiento conceptual: si el pensador subjetivo vive en la verdad, la verdad de la paradoja se alcanza sólo mediante la pasión, que permite dar el salto de la fe.

La pasión de infinitud es la misma verdad. «Pero la pasión de la infinitud es precisamente la subjetividad y así, la subjetividad es la verdad».

Johannes Clímacus ofrece más adelante una definición de verdad: «la verdad es la incertidumbre objetiva mantenida en la apropiación de la más apasionada interioridad, y ésta es la verdad mayor que pueda darse en un existente».

En el ámbito ético-religioso no se da la certeza objetiva, sino la decisión libre de afirmar la incertidumbre subjetiva, movida por la pasión de la infinitud.

«Allí donde el camino se bifurca», escribe poéticamente Clímacus: ese instante interior, el de la decisión libre de dar el salto y aceptar —no sólo gnoseológicamente sino existencialmente— la paradoja, que es falta de certeza. Es más, ése es el martirio de la razón que se ve obligada a traspasar sus estrechos esquemas conceptuales y saltar. El salto es la decisión que determina lo que es ser cristiano —la paradoja, que el pensamiento humano acepta superándose a sí mismo y colocándose al margen de los conceptos—. La categoría del “salto” es, de acuerdo con Clímacus, la protesta más determinante que se puede hacer contra el método dialéctico hegeliano.

De esta manera, la definición de la verdad es una descripción de la fe: «sin riesgo no existe la fe. La fe es precisamente la contradicción entre la pasión infinita de la interioridad y la incertidumbre objetiva”.

Si fuera capaz de llegar a Dios objetivamente, entonces no creería; pero, gracias a que no puedo, debo creer.

Y si quiero conservarme en la fe, deberé siempre procurar mantenerme en la incertidumbre objetiva, no perder de vista que me encuentro en la incertidumbre objetiva “a 70.000 pies de profundidad” y aún así, creer».

No se puede explicar el cristianismo porque es la religión de la paradoja absoluta: ésta es la demencial pretensión del sistema; el cristianismo no es un problema cultural, sino la religión en la que se acentúa que la existencia es tiempo de decisiones, y que la verdad es la paradoja”.


martes, 16 de junio de 2020

FLORILEGIO 14 ( 5 ) KIERKEGAARD - 2 REGINE OLSEN


REGINE OLSEN

Conoció a Kierkegaard la primavera de 1837 cuando ella tenía 15 años.
Regine luego le comentó que la primera vez que se vieron Kierkegaard le había causado "una impresión muy fuerte".
Una conexión mutua se desarrolló entre ellos, mientras Regine tenía por tutor a Schlegel, su futuro esposo.

Regine también le causó una fuerte impresión a Kierkegaard, quien empezó a buscarla durante un largo periodo de tiempo, primero como un amigo y después cortejándola.

El 8 de septiembre de 1840, Kierkegaard finalmente le reveló sus sentimientos cuando ella tocaba el piano para él, en la casa de la familia Olsen.

Él contó estos eventos años más tarde en su diario: “¡Oh!, qué me importa la música, eres tú a quien quiero, te he querido durante estos dos años”.

Ella se quedó callada.

Kierkegaard procedió inmediatamente a pedir la mano de Regine al Concejal Etatsraad Olsen, su padre, que lo bendijo, y los dos quedaron comprometidos para el matrimonio.

Casi de inmediato, Kierkegaard comenzó a tener dudas sobre sus habilidades como esposo.

Durante el año siguiente, Kierkegaard se dedicó por completo al trabajo.
Comenzó sus estudios en el seminario, dio su primer sermón, y escribió su disertación para obtener el grado de Maestro.

Regine sentía que la agenda ocupada de Kierkegaard era un pretexto para evadirla.

Ellos mantuvieron una larga correspondencia; le escribía cada miércoles, las cartas de Kierkegaard han sobrevivido, pero, excepto algunas líneas, las cartas de Regine han sido destruidas.

El 11 de agosto de 1841, Kierkegaard deshizo el compromiso, enviándole a Regine una carta de despedida junto con su anillo de compromiso.

Regine, con el corazón roto, inmediatamente fue a la casa de Kierkegaard, cuando no estaba y dejó una nota pidiendo que no la abandonara.

Kierkegaard parece haber sentido verdadero amor hacia Regine, pero era incapaz de conciliar su futuro matrimonio con su vocación de escritor y su apasionado e introspectivo cristianismo.

Regine estaba destruida por el rechazo hacia ella, y se negaba a aceptar su ruptura con Kierkegaard, amenazando con matarse si no la tomaba de nuevo.

Kierkegaard tomo medidas para calmarla, pero éstas le hacían creer a ella que a él no le importaba en lo absoluto y que todo era culpa de ella.

Como más tarde Kierkegaard escribió "no había nada más para mí que hacer que llevarlo todo al extremo, apoyarla, si era posible, por medio de engaños, hacer todo para que ella se alejara de mí y encendiera, de nuevo, su orgullo".

Él le escribía cartas frías y calculadoras para que pareciera que ya no la amaba, pero Regine tenía la esperanza de que volverían a estar juntos, pidiendo desesperadamente que volviera con ella.

El 11 de octubre de 1841 Kierkegaard se encontró con ella y de nuevo terminó su relación en persona.

El padre de Regine trató de persuadirlo y que lo reconsiderara, después de enterarse de la condición desesperada de su hija, alegando que "sería la muerte de ella, que está en la desesperación total".

Kierkegaard regresó al día siguiente y habló con ella.

A su pregunta de si él se casaría, Kierkegaard respondió con mucha frialdad: "Bueno, sí, en diez años, cuando haya comenzado a calmarme y necesite una joven lujuriosa para que me rejuvenezca."

En realidad, Kierkegaard no tenía tales planes, y permanecería célibe el resto de su vida.

En realidad no hay manera de saber esto, pero basado en los escritos de su diario, es muy probable.

"Hoy he visto a una muchacha bonita - que ya no me interesa... Al mismo tiempo son buenos para mí esos pequeños romances, que me distraían bastante."

Regine estaba obsesionada con el asunto, así como Kierkegaard, quien describía sus noches llorando en la cama sin ella.

La historia de la ruptura fue una fuente de chismes en Copenhague.

La familia de Regine actuó con confusión, encontrando las acciones de Kierkegaard incomprensibles, odiándolo por causarle a Regine tanto dolor.

Kierkegaard luego rogaría por el perdón de Regine por sus acciones.

En una carta famosa escribió, "Sobre todo, olvida al que escribe esto; perdona a alguien que, no importa qué otras cosas, no pudo hacer feliz a una chica"

El 3 de noviembre de 1847, Regine se casó con su antiguo tutor, Frederick Schlegel.
El matrimonio fue feliz y estable. Regine y Frederick incluso se leían pasajes de los escritos de Kierkegaard, los cuales estaban llamando mucho la atención en Dinamarca.

En algunas ocasiones en 1848, Regine y Kierkegaard se encontraron, primero saliendo de la iglesia después de Misa, y después en caminatas nocturnas cuando iban por caminos que ambos tomaban.

El 19 de noviembre de 1849, Frederick recibió una carta de Kierkegaard pidiéndole hablar con Regine.
Schlegel no respondió a la carta y rechazó las futuras peticiones de hablar con ella.

Poco después, Frederick fue elegido gobernador de las Indias Occidentales Danesas, con Regine acompañándolo, partieron el 17 de marzo de 1855.
No volvió a ver a Kierkegaard.

Regine y Frederick volvieron de las Indias Occidentales Danesas a Copenhague en 1860, cinco años después de la muerte de Kierkegaard.

Frederick murió en 1896 y en 1897, Regina se mudó a Frederiksberg para vivir con su hermano mayor.

Después de la muerte de Schlegel, aceptó peticiones de biógrafos, comentaristas y amigos, para discutir su versión de la relación entre ella y Kierkegaard.

En 1898 decidió dictarle a Raphael Meyer la historia de su compromiso con Kierkegaard.
Ésta fue publicada después de la muerte de Regine.
Ella está enterrada en Copenhague, junto con Kierkegaard y Schlegel.

En un comentario sobre Regine, Robert Neiiendam escribió que "ella sabía que él se la llevó consigo a las páginas de la historia, y este pensamiento la compensaba por todo lo que había sufrido".

Kierkegaard nunca se recuperó de su relación fallida con Regine.
Hubo un tiempo entre su ruptura y la boda de Regine con Schlegel, en el que tenían contacto durante las caminatas diarias y en la iglesia.

Cuando fue a Berlín en 1842 a estudiar Filosofía, lo acechaba la imagen de una mujer muy parecida a Regine.

Aún dedicándole todo su tiempo a los estudios, Regine siempre estaba en su cabeza. Fue durante esta época cuando Kierkegaard hizo su propia filosofía, así como su primer libro.

Ha habido muchas suposiciones detrás de la ruptura con Regine.

Se ha sugerido que Kierkegaard, habiendo leído la historia bíblica de Abraham e Isaac, fue influenciado en su perspectiva de ver el matrimonio: él creía que, si sacrificaba a la persona más querida como un acto de fe religiosa (como Abraham con Isaac), Dios se la regresaría en el último momento.

En vez de eso, Kierkegaard quedó totalmente confundido cuando Regine continuó con su vida y se casó con otro hombre.

Regine Olsen ocupa el papel principal en los pensamientos y escritos de Kierkegaard, y por lo tanto, una posición única en la historia de la filosofía occidental.

Se puede decir que ninguna otra mujer ha sido tan elemental en el desarrollo de un gran filósofo como lo fue Regine para Kierkegaard.

Es difícil entender a Kierkegaard, por completo, sin el conocimiento de la relación que tuvo con ella.

Su fallida relación con Regine, cambió su manera de ver el matrimonio, el amor, el compromiso, la autenticidad, y sobre todo, la fe y la relación con Dios.

La mención de Regine en sus escritos, (sin contar su diario) es siempre indirecta. 

En “Lo uno o lo Otro”, el primer libro de Kierkegaard, está lleno de referencias a su relación con Regine.

Muchos de sus escritos tratan asuntos de la seducción erótica, sermones sobre las virtudes del matrimonio. 
“El diario de un seductor”, es donde aparece un joven que calcula cómo seducir a una chica desde lejos, y después de ganar su afecto, él termina la relación.


lunes, 15 de junio de 2020

FLORILEGIO 14 ( 4 ) KIERKEGAARD.- 1



KIERKEGAARD.

El jorobado escritor danés.

Es difícil ser como él y querer seguir sus pasos.
Un hombre que supo dar forma a sus angustias y construirlas en reflexión metafísica y existencial.

“Temor y temblor” es un escrito filosófico publicado en 1.843 y bajo pseudónimo.

El libro empieza con la meditación de Abraham, donde él recibe la misión de Dios de sacrificar a su hijo Isaac, como es descrito en el capítulo 22 del Génesis.
Sigue la "Problemata", donde se plantean tres preguntas filosóficas que surgen a raíz de la historia de Abraham, el “caballero de la fe”, el que rompe el molde de lo humano y dice “sí” a lo que no entiende.

¿Cómo es posible que sin ser padre, y ya en la vejez, Dios le prometa que será “padre de una descendencia mayor que los granos de arena del desierto y que las gotas de agua del mar”, que tenga un hijo, Isaac, a esa edad en la que ya es casi imposible tenerlo y que, ahora, le pida que se lo sacrifique?.

¿No es contradictorio?.

Y, sin embargo está dispuesto a hacerlo (…al final: “detente, Abraham…el cordeRo que aparece y que lo sacrifica en vez de a su hijo)

Pero las preguntas que se hace Kierkegaard:

1.- ¿Puede Dios alterar el orden ético establecido? (Esto es, ¿puede ser considerado "bueno" el intento de Abraham de sacrificar a su hijo, dado que, a pesar que fue un mandato divino, el sacrificio humano es éticamente inaceptable?)

2.- ¿Existe una obligación moral absoluta de cumplir con la palabra de Dios?

3.- ¿Es defendible desde un punto de vista ético que Abraham quisiera esconder su propósito a Sarah, Eleazar e Isaac?

En “Temor y temblor” Kierkegaard introduce la figura del "caballero de la resignación infinita", quien es capaz de desordenar todo por una gran causa y convivir con el dolor que eso le produzca.

Kierkegaard eligió el dolor, rompiendo su compromiso con Regina Olsen, de la que siempre seguiría estando enamorado, con el pretexto de tener un temperamento inapropiado para el matrimonio.

Fue en 1837 cuando conoció a Regina Olsen, una muchacha de 14 años con quien mantuvo un atormentado episodio amoroso que terminaría en ruptura en 1841, y a la que dedicó uno de sus libros más famosos “O lo uno o lo otro" (del que forma parte Diario de un seductor )

El padre de Kierkegaard era una persona rica, respetable, severo y temeroso de Dios, pero…

Se desconoce a ciencia cierta cuál es el terrible secreto que ha llegado a oídos del hijo en un momento de descuido, pero pudieron ser dos.

Su padre había subido a lo alto de la montaña y, a gritos, blasfemó, contra Dios o lo desafió.

Poco después morirán cuatro de sus seis hijos, sólo sobrevivieron Sören Kierkegaard y otro hermano.

Pero también es posible pensar que la causa de su carácter de tristeza tuviera un origen sexual, y fuera el hecho de que su padre se casara, en segundas nupcias, con su criada de servicio, un año después del fallecimiento de su primera esposa, y que, además, esta segunda mujer, la madre de Søren Kierkegaard, dio a luz tan sólo dos meses después de celebrada la boda.


Hijo del segundo matrimonio de un acaudalado comerciante y de estricta religiosidad, era el menor de siete hermanos.

Jorobado de nacimiento, la opresiva educación religiosa que vivió en la casa paterna está en la base de su temperamento angustiado y su atormentada religiosidad, origen de numerosas crisis.

Sin embargo, de puertas afuera mantuvo una disipada vida social, en la que se distinguía por la brillantez de su ironía y su sentido del humor.

Kierkegaard escribió, con pseudónimo, los libros en que reconstruía el discurso del “esteta”, y también los que dedicó al estadio “ético”.
Sólo cuando entró en la fase del estadio “religioso”, a partir del año 1848, abandonó el uso de pseudónimos.

Éstos no respondían a la voluntad de ocultar su identidad, sino a la intención de dar a cada personaje un nombre y apellido propios (Víctor Eremita, Nicolaus Notabene, Johannes Climacus, Johannes de Silentio, Constantin Constantinus...) con los cuales caricaturizar una de las múltiples formas en que los hombres resuelven su existencia.

Así, el “hombre esteta” sería aquel individuo que, angustiado ante la imposibilidad de determinar por sí mismo la buena dirección de su propia vida, suspendiese las decisiones para evitar equivocarse: nada es preferible excepto si produce placer.
Por eso, el “esteta”, como “individuo”, acabará dedicando toda su vida a encontrar la fórmula en que haya quedado absolutamente desterrada la angustia.

Esta figura encuentra su mejor ejemplo en “Diario de un seductor”, donde el goce de la vida, como momentos aislados de placer, es lo único que guía al protagonista.

El “hombre ético”, en cambio, confía en que, al contrario, su razón le proporcione los elementos necesarios y suficientes para evaluar en cada momento la oportunidad de sus actos y, con ello, guiar rectamente el curso de su vida; sin embargo, y en abierta oposición a Hegel, para Kierkegaard esta figura queda atrapada en el espacio mediocre y alienante de lo “público”, del concepto compartido, nivelador, en el que desaparece el individuo.

Por último, el “hombre religioso” albergará en sí mismo la tensión entre los dos estadios anteriores; sentirá la dificultad para actuar, pero a la desesperación opondrá no su razón, sino la pasión que el esteta derrochaba en las gestas amorosas, empleada ahora en sentir hasta el final su temor a equivocarse, mientras no puede por menos que actuar.
Instalado en el absurdo de la existencia y en la angustia radical de la aspiración a la eternidad, el “hombre religioso” afirma únicamente su fe, y a través de ella, su propia y radical singularidad.

Søren Kierkegaard nació en Copenhague en 1813, hijo de una sirvienta, segunda esposa de su padre, cuando éste contaba ya más de cincuenta años de edad.
Por ello, siempre se llamó a sí mismo “hijo de la vejez”.

REGINA OLSEN.

Como acabamos de decir, fue en 1837 cuando conoció a Regina Olsen, una muchacha de apenas 14 años, con quien mantuvo un atormentado episodio amoroso que terminaría en ruptura en 1841, y a la que dedicó uno de sus libros más famosos, “Aut Aut”, (“O lo uno o lo otro”)  (del que forma parte “Diario de un seductor”)

Victima de una parálisis, murió en un hospital de Copenhague en 1855
Su padre,  Michael Pedersen Kierkegaard, pertenecía a una pobre familia campesina de Jutlandia Occidental, un territorio cuya tierra, avara en frutos, y cuyo rudo clima ha hecho nacer en sus habitantes un sentido en extremo puritano de la existencia.

Su niñez no se diferenció mucho de la inmensa mayoría de niños jutlandeses, llena de pobreza, tristeza y soledad pero, aún joven, se trasladó a la Capital, donde comenzó a tratar en lanas, un comercio que le permitió juntar, en el curso de los años, una fortuna muy respetable, llegando a ser, al propio tiempo, un ciudadano bien considerado.

Es el padre una persona socialmente respetable, religiosamente temeroso de Dios y de carácter severo; tan sólo una vez, en estado de embriaguez, dice unas palabras que hacen presentir horrores.

Así es como llega a sus oídos, casualmente, la verdad al conocimiento del hijo, más este no se atreve nunca a profundizar, no haciéndole preguntas a su padre ni a persona alguna.

Se desconoce a ciencia cierta cuál es el terrible secreto que ha llegado a oídos del hijo en un momento de descuido, pero posible es pensar que tenga un origen sexual, y su base sea el hecho de las segundas nupcias del padre con su criada de servicio, apenas un año después del fallecimiento de su primera esposa, y que esta segunda mujer, la madre de Søren Kierkegaard, dio a luz tan sólo dos meses después de celebrada la boda (o sea que iba con un prolongado embarazo)

En todo caso una cosa es cierta: el descubrimiento del secreto, sea cual fuere, causó un tremendo choque espiritual en el hijo; lo cual, no sólo fue la causa de que el mismo perdiese la confianza que en su padre tenía, sino que también dio lugar a un período de desequilibrio moral, durante el cual el joven Kierkegaard, descuidando sus estudios universitarios, se lanzó a una vida de desenfreno.

Al tiempo de terminar sus estudios de teología, se prometió formalmente con una joven, Regine Olsen, de diez y seis años de edad y perteneciente a la burguesía y la cual había conocido durante un par de años y por la que se sentía atraído, pero en seguida de haberse prometido, comenzó a sentir dudas. 

Kierkegaard comprendía que nunca podría llegar a vencer esta melancolía y no creía poder tener la fuerza de ánimo suficiente para confesar a su prometida cuál era, en su opinión, la fuente principal de esta melancolía.

En aquellos tiempos, el romper una promesa de matrimonio era un asunto muy mal visto, socialmente, y extremadamente serio, puesto que podía tener consecuencias desagradables, especialmente para la mujer, pues su buen nombre quedaba en entredicho.

Por esta causa y para salvar el buen nombre de Regine, Kierkegaard decidió mostrarse como el verdadero culpable, actuando de forma tal que fuese ella la que rompiese la promesa matrimonial.

Fue en noviembre de 1841 cuando rompió con Regine.

Quince días después, marchó a Berlín, ciudad que visitó dos veces en el curso de su vida, siendo estas visitas los únicos viajes que hizo al extranjero.

En Berlín, lejos de la escena en que había vivido los últimos meses empezó su carrera de escritor y, una vez comenzada, su pluma pareció un torrente que, sin cesar, le hizo seguir este camino durante los diez años siguientes, que constituyen el período de producción más concentrada que ningún escritor danés haya podido mostrar en su vida, y es sin duda, uno de los períodos de creación literaria más fecundos, en relación al tiempo que dura, que se dan en la historia de la literatura mundial.

En 1843 publica nada menos que seis obras, de las cuales la primera es la más extensa y voluminosa que ha escrito, “O lo uno o lo otro”.
Esta obra nos introduce de lleno en el mundo de las ideas de Søren Kierkegaard.

En “Temor y Temblor” se ocupa nuevamente de sus pasadas relaciones amorosas con Regine, pues éstas llenan de continuo su mente, a causa del sentimiento de culpabilidad que, muy comprensiblemente, le embargaba.

En esta obra la figura central es el Abraham bíblico, el hombre decidido a sacrificar a su propio hijo, en obediencia de un mandato de Dios.

Considera Kierkegaard, pues, en ese momento, que cuando él creyó que su matrimonio era imposible, y se resignó, debería haber tenido fe porque, si la hubiera tenido, habría estado embargado por el convencimiento de que para Dios todo es posible: incluso, en contra de toda probabilidad, convertir en posible un matrimonio imposible, y con esta fe, debería haber permanecido al lado de Regine. 

“Repetición” es, en todos sus puntos, una continuación de la obra anterior.

Con los manuscritos de estas dos obras vuelve a Copenhague y darlos a la imprenta, más de pronto, recibe una noticia paralizante: Regina es la prometida de otro hombre.

Para Kierkegaard, esta noticia significó que todas las ideas surgidas en su mente no eran otra cosa que farsa e ilusiones.

La ruptura, que se había vuelto definitiva, irrevocable, a causa de haberse prometido Regine con Fritz Schlegel (que ya lo miraba con buenos ojos antes de que Kierkegaard hubiese hecho su aparición en el mundo de Regine), borraba todo sueño de matrimonio espiritual y avanzaba majestuosamente en el mundo del pensamiento y de la poesía.

Los dos años siguientes fueron los años de más impetuosa labor en la vida de Kierkegaard, y también los años en que su poder creador logró sus más esplendorosos triunfos literarios y filosóficos.

domingo, 14 de junio de 2020

FLORILEGIO 14 ( 3 ) LA DEMOCRACIA. ORIENTE VS OCCIDENTE



¿LOS FILÓSOFOS AL PODER?

NO. Y mil veces NO, porque el poder corrompe hasta a los mismos filósofos.

“ Y si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente, totalmente”.

La misión del filósofo es buscar la Verdad y conseguir el Bien tanto en la vida privada como, sobre todo, en la vida pública”.


LA DEMOCRACIA.

En el sistema clásico de “democracia liberal” no sólo falla su concepto básico, sino que el modelo se elaboró con toda una serie de supuestos erróneos e imposibles:

a.- Parte de la concepción igualitaria de todos los individuos.
b.- Atribuye a los individuos una independencia y calidad racional totalmente irreal.
c.- Ignora por completo la naturaleza del “homo politicus” (lleno de contradicciones entre la teoría y la práctica, los intereses próximos y los lejanos,…)

Tanto es así que Schumpeter ha de preguntarse: siendo esto así ¿cómo ha podido mantenerse durante tanto tiempo un modelo no sólo erróneo sino irreal?
Su respuesta es que sucedió así porque el modelo se apoyaba sobre bases irracionales PERO fuertemente emotivas: LA FE EN LA DEMOCRACIA ERA UN SUCEDÁNEO DE LA FE RELIGIOSA (“la voz del “pueblo” es ahora la voz de “Dios”).

La democracia liberal surgió como fruto de revoluciones sangrientas que suscitaron el entusiasmo popular; porque, además, por entonces la sociedad no tenía la complejidad actual; y también porque un modelo tan confuso permitía, en cambio, a los políticos una fra-seología solemne que les facilitaba, a la vez, práctica demagógica y eludir sus responsabilidades.

No importa ya la representatividad ideológica de los partidos sino su capacidad de promocionar y sostener un liderazgo político.
Los programas ideológicos son una racionalización Falsa, pero Peligrosa, porque es Seductora.

En realidad, los partidos políticos funcionan como las empresas económicas: sus principios son unas “marcas” de competencia y los programas electorales son, en realidad campañas de promoción, que cumplen la misma función en la competencia política que las campañas de promoción en los mercados.
De ahí la necesidad de contar con especialistas bien preparados y agentes electorales eficaces e influyentes, celebrar mítines espectaculares y obtener la colaboración siempre interesada, obviamente, de los caciques y grupos de presión.

Lo importante es impactar en el votante para conseguir su voto, al creer en el mensaje, ya se encargará el tiempo y sus circunstancias de justificar su no cumplimiento.

Bien claro lo dijo Tierno Galván: los programas son para ser vendidos y comprados, no para ser cumplidos.


ORIENTE VERSUS OCCIDENTE

En el momento en que Occidente pierde el estatuto de espiritualidad y, ya secularizado, agnóstico o ateo, con sus dilemas, empieza a mirar a Oriente, como reserva espiritual del pasado éste emerge como una potencia económica del futuro, sean China, la India, Japón, Coreas, u otros países del lejano Oriente.

Cuando ya muchos occidentales, ante la muerte de Dios y sus consecuencias, han adoptado máximas e ideales de la sabiduría oriental, el viejo Oriente, mundialmente adormilado o somnoliento, se sube al carro del progreso industrial, arranca, acelera y se pone a su par, incluso adelantándole.

¿Qué capacidad presentan los grandes temas de la sabiduría oriental para resolver los dilemas del mundo Occidental?

A niveles individuales sí, algunos, pero a niveles de naciones o de culturas poco o nada.

Ellos, en ese intermedio, se han subido al carro del progreso y nosotros ya tenemos que compartirlo con ellos.

Nosotros con la información y el saber científico-técnico, con un andar espiritual tedioso y cansino, amortiguado, sin pujanza, ellos con este mismo saber pero con la transformación personal, que prescinde de dualidades y culpabilidades y acaba sirviendo de psicoterapia para el hombre occidental imbuido en la cultura del tener, y no del ser, del producir cosas y crear y exportar guerras y no de cambiar su carácter, con la paz interior propia de Oriente.

jueves, 11 de junio de 2020

FLORILEGIO 14 ( 2 ) LAS GUERRAS, LA CIENCIA, LA FILOSOFÍA HOY



LAS GUERRAS.

De las guerras que en el mundo han sido, con palos, con espadas, a caballo o a pie, con bombas y con tanques, por tierra, mar y aire,…siempre (o casi siempre) hay un vencedor y un vencido.

Se decía que la ventaja de la flecha sobre la espada (y no digamos del cañón o de la bomba) a la hora de matar era que el que mataba a distancia no veía morir al enemigo vencido, por eso continuaría disparando y matando.

Hasta el animal que lucha contra su rival, si éste huye o, en tierra, presenta su cuello para que el vencedor dé la dentellada mortal le ocurre una especie de corte de su circuito del instinto asesino y al  ser reconocido vencedor y el otro reconocerse como vencido, es suficiente para cejar en la lucha.

Pero si algún día hubiera una guerra nuclear no habría un ganador y serían todos perdedores.


LA CIENCIA

Las Ciencias, teóricamente, y de entrada, no tienen campo vedado en el que no puedan entrar, son, teóricamente, “ilimitadas” pero todos sabemos que la capacidad racional e inteligente del hombre es limitada, así que habrá que conjugar el campo ilimitado de la ciencia con la capacidad limitada del hombre.

No tiene sentido poner límites a lo que la Ciencia Natural pueda y no pueda hacer.

La Ciencia Natural es completamente despiadada y oportunista –en buena medida, una amistad interesada- . Si una teoría antigua y hasta ahora útil ya no puede prestar un servicio provechoso, la ciencia no vacila en desecharla.

Si una teoría, hasta ahora rechazada, resulta útil en circunstancias distintas, la ciencia no vacila en adoptarla.

En el aspecto de sus procedimientos y tesis, la ciencia no tiene naturaleza fija, ni compromisos estables, está dispuesta a girar del lado que sople el viento.
La ciencia es caprichosa: es dada a los flirteos más que a las relaciones duraderas.
Está dispuesta, en todo momento, a hacer borrón y cuenta nueva si ello resultara provechoso.

No es con la verdad en sí, con el conocimiento riguroso, con lo que se casa, sino con la utilidad y el provecho que proporcione.

Sus uniones-separaciones, sus matrimonios-divorcios son siempre temporales, guiados por la utilidad para sus explicaciones.

Las tareas de la ciencia son: descripción y explicación, predicción y control, las que están sentadas de una vez por todas.

La historicidad, el nacimiento, crecimiento, madurez y muerte por abandono esta en la esencia de la ciencia.

Lo que el hombre ha unido, el hombre lo desune.


LA FILOSOFÍA HOY.

Los hombres de nuestro tiempo los europeos de hoy, no estamos ya en la encrucijada, estamos “a la intemperie” –Nietzsche dixit.
Sin techo común que nos ampare, sin horizonte que nos arrastre, sin ideal ni valor que nos ilumine, caminamos a la deriva como sangrantes Edipos con las cuencas de los ojos vacías.

Decimos en público palabras bonitas pero, por detrás, hacemos y queremos hacer lo que a cada uno nos interesa.

Lo de “aspirar a una patria común” dura lo que dure la luna de miel, que es muy breve, porque en cuanto ésta acabe y nos pongamos a trabajar, “lo mío es mío y a ver si puedo sacar algo de los otros”.

La solidaridad permanente es el deseo de los débiles y en lo que no están de acuerdo, totalmente, los fuertes.

Somos lo que somos por referencia a los demás, por lo que deberíamos evitar la desmembración y el aislamiento.

El LOGOS griego, en fructífera dialéctica con la VIRTUS y el IUS romanos, con la CARITAS cristiana, con la HUMANITAS  renacentista, la RACIONALITAS ilustrada, con la VIDA impregnada de RAZÓN ORTEGUIANA (la RAZÓN VITAL) han ido tejiendo nuestro más genuino entramado, y no podemos/no debemos renunciar a ninguno de esos nuestros ancestros.

¿Cómo se puede saber a dónde debemos ir, si se desprecia lo que somos y lo que hemos sido? (hacia ese futuro – desde este presente que somos – por ese pasado que fuimos)

Seguiremos siendo unos pigmeos si no caminamos subidos en los hombres de tantos gigantes que, a lo largo de la historia, han ido iluminando con su razón y abriendo caminos por los que deberíamos transitar.
¿Por qué no coger el testigo que nos entregan y seguir corriendo acompañados con su memoria?

¿Por qué no abogamos por la capacidad de reflexión conjunta, por la conquista de la autonomía moral, por la educación en los valores, tanto personales como comunitarios, por la profundización en los problemas como norma para encontrarles soluciones?

¿Por qué hay tanto miedo al pensamiento libre de la racionalidad filosófica como intermedio entre las vivencias religiosas particulares y el conocimiento científico-técnico, lejos, por igual, de las creencias personales como de los reduccionismos cientifistas y cuantificadores cuando la filosofía nos habla del sentido total (y no parcial) de la vida?

“¿Muerte a la Filosofía?, ¿Decapitación del pensamiento reflexivo cuando ellos son los que echan algo de luz para poder salir de la caverna platónica en que es este mundo?

¿Qué tipo de filosofía puede ser la filosofía de un ladrón, la de un corrupto, la de un vividor, la de un oportunista, la de un chaquetero?
¿Qué entienden todos y cada uno de ellos por “filosofía”?

Desde los griegos la Filosofía es la marca registrada que hace mejorar la conducta de los hombres.

Mientras no seamos capaces de impregnar a la política y a la sociedad de responsabilidad ética y de compromiso comunitario seguiremos en las cloacas del neocapitalismo occidental que es “neo” como disfraz de aquel otro y no menos corrupto del capitalismo de siempre, el “capitalismo salvaje” disfrazado de “manso”.

¿Cómo puede explicarse la xenofobia, el desprecio y la marginación del diferente cuando caminamos hacia el mestizaje, hacia la intercomunicación de pueblos y culturas?

Si ya no nos vale Atenas-Atenas, ni Roma-Roma, ni Jerusalén-Jerusalén, menos nos vale la Miami superficial, ¿por qué no apostamos por la Florencia renacentista, la integradora de todos esos valores?

A Europa le sobra Ciencia y le falta Sabiduría, le sobra Técnica y le faltan ideales, le sobran políticos sofistas y le faltan Platones que sepan dirigir la barca del Estado.

“Lo importante –decía Sócrates- no es vivir o morir, sino vivir “justamente” para poder morir “con dignidad”…por eso es peor causar el mal a otros que padecerlo uno mismo”.
Esa fue su doctrina cumplida a rajatabla en vida para poder morir dignamente, consolando a sus llorones discípulos.

“El filósofo –decía Husserl - es “el funcionario de la humanidad; su misión es la humanización del hombre…Es el que lucha contra el uso-abuso de la ciencia-tecnología para así poder reconquistar al hombre (desalineándolo)”.

Hasta que no seamos capaces de subordinar la actividad a la razón, a la inteligencia, a la cabeza,…hasta que no sea nuestra alma la rectora de nuestra vida…nuestra vida no tendrá solución.

EL GORRÓN.

En una comunidad de fines e intereses comunes, compuesta de miembros que cooperan en establecer e incrementar el bien público siempre habrá el típico “gorrón”, de alguno o de varios, que pueden obtener el mismo beneficio que los miembros diligentes y cooperantes.

El “gorrón” es el beneficiario franco de servicios, sin coste alguno por su parte y que suele darse en grandes grupos de interés y que es mucho más difícil que se produzca en los pequeños grupos.


FLORILEGIO 14 ( 1 ) SER/PODER SER/QUERER SER. DIOS



SER – PODER SER – QUERER SER.

.- Yo, Tomás, “SOY” un ANIMAL (VIVIENTE (como mi jazmín, que nació- se alimenta- crece- se reproduce y muere o morirá) SENSIBLE (como mi perro: con los 5 sentidos externos, con sentidos internos (imaginación y memoria) con potencia locomotriz (puedo moverme de un lado a otro, subir o bajar,… no estoy clavado como un árbol) y con instintos (comer,  cobijarme si llueve, hacer el amor,…) y RACIONAL (razono, entiendo, soy libre, tengo voluntad)

.- Yo, Tomás, una vez que ya SOY (existo y soy así) PUEDO SER de muchas maneras (puedo ser santo, criminal, ingeniero, conductor, barrendero, obispo,….) pero NO LO SOY de hecho, pero SÍ LO SOY EN POTENCIA (puedo serlo), Aristóteles dixit.

.- Yo, Tomás NO QUIERO SER (político, ni obispo, ni ladrón, ni corrupto, ni insolidario, ni….ni….ni….) por eso NO LO SOY, porque NO QUIERO SERLO.

SER – PODER SER – QUERER SER  es lo que me define.

SOY -  FILÓSOFO - porque QUIERO SERLO.

Tú también.

Para SERLO, además de PODER SERLO, es necesario QUERER SERLO.

……

¿EXISTE DIOS?

En la última balda de la biblioteca de mi despacho, hasta desde abajo se ve y puede leerse el título de un voluminoso libro de casi 1.000 páginas (972) cuyo título es: ¿EXISTE DIOS? y su autor es Hans Küng, un filósofo y teólogo de prestigio de primer orden.
Libro al que, a veces acudo, para aclararme alguna cuestión.

También es ya clásico el debate o discusión sobre la existencia de Dios entre un crítico y agnóstico. B. Russell y un jesuita, Copleston, con un punto de vista escolástico clásico profesor de filosofía y autor de una muy amplia y pormenorizada Historia de la Filosofía.

El debate/discusión fue radiado por la BBC, en 1.948, pero que aparece ya escrito y que encarecidamente invito a verlo/leerlo porque es muy clarificador.

Pero hoy, ahora, quería referirme a un libro: ¿“Existe Dios? el debate entre un creyente, teísta, Terry L MIETHE y un ateo y filósofo analítico Antony FLEW, y cuyo prólogo y apéndice es, precisamente de Hans Küng, teólogo de Tubinga y que tendría problemas con el Papa que lo destituyó de su cátedra, por el papa Pablo VI.

Flew comienza defendiendo, en su primera intervención la “presunción de ateísmo”, algo semejante a la “presunción de inocencia” que ampara al acusado ante un tribunal: así como las pruebas desmienten la inocencia del reo, así, también, en un debate sobre la existencia de Dios la prueba debe recaer sobre el lado del teísta.

Aunque alguien pudiera objetar si no sería, también, “presunción de teísmo” el hecho de que a lo largo de la historia. Siempre, ha habido religiones, en todo tiempo, lugar y sociedad la afirmación de la existencia de Dios, la tradición.

Pero debe ser el teísta el que aporte pruebas de que existe y ninguna de ellas muestra/ninguna puede mostrar pruebas evidentes, y menor recurrir al argumento de la “revelación, lo que lo sitúa en desventaja.

A mí, agnóstico, me ha ocurrido muchas veces, en mi vida diaria, ante los propagandistas Testigos de Jehová, cuando me inquieren que demuestre yo que Dios no existe, aunque tengo que recordarles que para mí el problema no es el de su existencia sino el de su conocimiento por parte del hombre, que yo no soy ateo, sino agnóstico y que, para ser creyente es preciso ser, previamente, agnóstico. Y a lo que siempre le respondo que el que niega, nada tiene que demostrar, que no puede demostrase una proposición negativa, y que la carga de la prueba recae, únicamente, en quien lo afirma.

Flew afirma, además, que si el concepto que su interlocutor tiene es el del Dios judeocristiano es un concepto contradictorio (Ser infinitamente Bueno, Sabio, Justo y Poderoso y permitir que existe el mal es porque no es ninguna de esas cuatro propiedades esenciales).

Y si Dios es como el detonador del Big Bang, el principio de causalidad no representa una verdad lógicamente necesaria.
¿Qué evidencia empírica hay o puede haber?

Si Terry Miethe recurre a la revelación como fuente para afirmar su existencia, recuerda a la ingenuidad de aquel estudiante que aseveraba sobre el papel que “Dios debe existir porque no sería tan malo como hacerme creer que no existe”

¿Es evidencia histórica la resurrección de Cristo - como afirma Miethe-  porque así lo afirman presuntos testigos?
¿Hay evidencia alguna de que haya vida después de la muerte? –como afirma Miethe.
Y si hay pruebas de que Jesús es Dios, existe Dios, pero ¿las hay?

Recurrir, como hace Miethe, al argumentos cosmológico (el de la quinta vía tomista) es afirmar que el principio de causalidad puede ir desde el campo físico o empírico al campo metafísico, pero eso, desde Hume, no vale es una trampa, sólo vale de experiencia a experiencia (las bolas de villar).

Y recurrir al argumento ontológico del medieval San Anselmo vale menos aún, al definir a Dios de forma negativa: “aquello mayor que el cual no puede haber otro”, porque es un juego lingüístico en el que se aplica el principio de no contradicción, pero entre conceptos: “mayor que el cual no puede haber otro” y “mayor que el cual sí puede haber otro” (el que tuviera las dos formas de existencia, la existencia real y la existencia pensada, en la mente.

Se cuenta la anécdota (real o fingida) de aquel explorador que, a la vista de “un claro donde crecen muchas flores y muchas malas hierbas, se empeñaba, contra viento y marea, en sostener la existencia de un jardinero invisible” como si no fuera una explicación el mismo viento que esparce ambos tipos de semilla.

¿Vale considerar a Dios como la explicación para tapar los agujeros inexplicables de la ciencia?

Pero eso, igualmente, le corresponde al que lo afirma.

Afirmar que, como no podemos explicar (hasta el momento) la existencia de esos agujeros, Dios existe, es negar la posibilidad de que mañana pueda darse una explicación científica y Dios sólo habría sido un tapa agujeros que ya no vale porque ya podemos taparlos de manera científica.


miércoles, 10 de junio de 2020

FLORILEGIO 13 ( y 4 ) FILOSOFÍA, RAZÓN, MENTIRA,...



LA FILOSOFÍA

Decir “Filosofía” es decir, connotar con “Razón”

Lo que yo no sabía (y acabo de enterarme) es que existe Un día del año dedicado y en que se conmemora a la Razón.

El “Día Nacional de la Razón” es una festividad o celebración secular en Estados Unidos instituida por humanistas, ateos y otros secularistas y librepensadores como alternativa al “Día nacional de la Oración”.​

Algunas organizaciones asociadas organizan este día donaciones de sangre masivas lo que es muy “racional”, porque dar lo que te sobra, de lo que no te hace falta para seguir vivo, tampoco creo que sea una heroicidad, pero es racional.

También la Religión tiene la “Comunión de los Santos”, algo así como un Banco Mundial en el que van ingresándose todas las oraciones, sacrificios, rezos, peticiones,…. de los fieles creyentes y cuyo capital acumulado va repartiéndose entro todos los creyentes y tú no sabes sobre quiénes se reparten, quiénes son los beneficiarios de tu aportación a ese Banco Especial denominado “Comunión de los Santos” siendo monopolio de Dios y ayudantes divinos.

Se celebra anualmente el primer jueves de mayo coincidiendo con “el día nacional de la oración”.

¿Qué se entiende por Razón?

Del latín "ratio", término con el que Cicerón tradujo el griego "logos" (que significaba, entre otras cosas, tanto "cálculo" como "discurso", significados que adoptará también "ratio").

Por "razón" se entiende, en general, aquella "facultad" o capacidad humana por la que se alcanza el conocimiento discursivamente, esto es, partiendo de premisas para llegar a alguna conclusión, o conclusiones, que se derivan de aquellas.

La razón se asimila, así, a la "diànoia" (conocimiento discursivo) y se opone a "nous" (conocimiento intuitivo).

En virtud de tal oposición, al ser el término "nous" traducido por el latino "intellectus" (entendimiento) la razón termina por oponerse al entendimiento, en autores cono Kant, Hegel y en la escuela de Frankfurt, por ejemplo.

Yo he dicho muchas que menos mal que somos “racionales”, porque razonando llegamos a descubrir verdades, pero que si la razón es un privilegio respecto a los demás animales, que son irracionales, es, sin embargo un desdoro respecto al “entendimiento” que intuitivamente, de golpe, sin tener que dar pasos, capta la verdad.

No se “razona” para demostrar que “el triángulo tiene tres ángulos”, se ve, se intuye, se capta esa verdad de golpe, como un fogonazo, porque ahí actúa el entendimiento.

Somos “racionales”, ojalá fuéramos más “inteligentes” (“Intus-legere” = leer dentro, captar).

Dios (si existe) no puede ser “racional” (llegar a la verdad razonando, dando pasos) es/tiene que ser “inteligente”, además en grado sumo, “inteligentísimo”

Si el filósofo es (como suele decirse) el “guardián de la razón o de la racionalidad”, como filósofo que intento ser, me quedo abrumado, perplejo, porque ¿cuántos tipos o clases de razón-racionalidad hay, además de las clásicas: Razón Deductiva (de arriba abajo, desde las premisas a la conclusión) y Razón Inductiva (desde abajo, desde casos particulares, hacia o hasta arriba) hasta una proposición Universal, desde “unos” (varios muchos o pocos) a “Todos”.

Y, en estos tiempos que vivimos, decir que “el filósofo es el guardián de la racionalidad” es exponerse y cargar sobre sí todo el peso de la crítica y de los argumentos, porque la ciencia, las ciencias, con su peculiar tipo de racionalidad deja desnudo, deja a la intemperie, al ufano filósofo que en otros tiempos gozaba de credibilidad.

Ya no sé si hasta la Razón Ética tiene su propia casa, dejando en manos de la Filosofía sólo la Historia de la Moral.

La Lógica era la casa principal de la Filosofía, pero le han salido ya tantas Lógicas (Lógica deóntica, Lógica jurídica, Lógica política, Lógica práctica,..
Y si son tantos y tan variados los tipos de Lógica, ¿qué decir de los tipos de Razón?.

Si Razón Vital.
Si Razón Histórica,
Si Razón Poética,
Si razón Social.
Si Razón Científica
Si Razón Comunicativa,
Si Razón Teórica.
Si Razón Práctica.
Si Razón Matemática.
….
….
….
….


(En  otro lugar de mi blog (no me preguntéis en cual, porque mi anarquismo situacional o desorden temporal y local llega a cotas inimaginables) Para eso está Google, que lo sabe casi todo.

A veces empiezo a nadar en mi blog, por entretenerme y me encuentro con reflexiones que creía perdidas, quizá algún día me tropiece con ellas)


VERDAD-FALSEDAD-MENTIRA.

(Como casi siempre en otro lugar de mi blog está escrito).

Todos sabemos que el fin último de la Razón es la Verdad.
Pero puede ser que no todo lo que un hombre tiene por “verdadero” lo sea (porque puede “equivocarse”), pero en todo lo que dice tiene que ser “veraz” (no tiene que “engañar”): tanto si su confesión es meramente interna (ante Dios), como si es externa, ante otra u otras personas.

La transgresión de ese deber de “veracidad” es a lo que se denomina “mentira” y el precepto dice que “no debes mentir” (aun cuando fuera con el más piadoso propósito)

Pero una mentira, sea interna o externa, es de dos clases: 1.- Si se da por “verdadero” aquello de lo que, sin embargo, se es consciente de que es “falso” y 2.- Si se da por “cierto” algo de lo que se es consciente, sin embargo, de que es subjetivamente “incierto”.

La Certeza tiene que ver con el Sujeto (“estoy seguro de que…) mientras la Verdad tiene que ver con el Objeto (“que la cosa es así”)

Aristóteles decía que Verdad es “decir que lo que “es”, “es”, y que lo que “no es”, “no es”.

LOS TRES “OBJETOS SUPRASENSIBLES”

“Dios”, “Libertad” e “Inmortalidad”.

Nada “sabemos” de ellos porque nosotros somos seres “sensibles” y ellos son “Suprasensibles”.

No se les puede dar, pues, realidad objetiva alguna en el respecto teórico.
Pero, porque son suprasensibles, si, no obstante, debe procurárseles una realidad, sólo se les podrá conceder en respecto “práctico”, en tanto que “Postulados” de la Razón Práctico-Moral.

Y un Postulado es un imperativo práctico a priori que no es susceptible de explicación alguna de su posibilidad (por consiguiente, tampoco de ninguna prueba).
Por tanto, no se postulan cosas, ni en modo alguno la existencia de un objeto cualquiera, sino sólo una “máxima” (regla) de la acción de un sujeto. Ahora bien, cuando es deber efectuar cierto fin (el bien supremo) tengo que tener también derecho a admitir que existen las condiciones sólo bajo las cuales es posible este cumplimiento del deber, aunque éstas son (o sean) suprasensibles y no seamos capaces de obtener ningún conocimiento de ellas (en respecto teórico).

Es decir, al ser suprasensibles son incognoscible para la Razón Teórica pero son necesarias su existencia para la Razón Práctica, luego, aun sin saber nada de ellas, habrá que admitir su existencia, “postulan” (piden) ser admitidas como existentes para que pueda existir la moral y, es que, la moral existe, luego también ellas “tienen que existir”, tenemos que admitir que existen.

LA FILOSOFÍA CRÍTICA O CRITICISMO KANTIANO.

Antes de intentar conocer algo debemos examinar si es posible ese conocimiento, porque si no es posible, habrá que decir “adiós”.

La Filosofía crítica es aquella que no comienza “intentando” construir o destruir, derribar, sistemas o poniendo tan sólo sobre los cimientos un tejado sin casa como resguardo ocasional, sino que empieza tomando por asalto la investigación de la “capacidad” de la razón humana (cualquiera que sea el propósito) y no se pone a hacer sutilezas al azar cuando se trata de filosofemas que no pueden hallar sus garantías en ninguna experiencia posible.

¿Existe esa capacidad? ¿SÍ?, pues adelante. ¿NO?, pues ni intentarlo siquiera.

LA FILOSOFÍA HOY.

Es, más que otra cosa, un abismo problemático sin límites, tenemos motivos, pues, para sentir angustia, desconcierto, terror, casi.
Desparece bajo nosotros el suelo sobre el que asentar los pies.
Pocas veces, como ahora, se ha sentido tan intensamente este modo filosófico de autoconciencia.

¿Tiene algún futuro la filosofía?
¿Qué puede aportar la filosofía a la situación actual de nuestra cultura?
¿O tendremos que refugiarnos definitivamente en las Ciencias Naturales y Humanas o en el Irracionalismo?
¿Qué papel juega la razón humana?
¿Qué podemos pensar y decir del hombre?

Porque tras el problema de la racionalidad late siempre el problema del hombre.
Pero hoy, incluso se habla de la “muerte del hombre” por lo que tendremos que hacer filosofía desde nuestra preocupación por el hombre.

Si la “muerte del hombre” significa sólo la muerte del “hombre moderno”, prometeico, centrado en sí mismo, habría que, incluso, felicitarse por ello.

No conviene olvidar que el “humanismo moderno” cristalizó en comportamientos que han conducido al individualismo burgués, a la explotación incontrolada de la naturaleza, al chantaje terrorista por acción o reacción, a la explotación sistemática de una gran parte de la humanidad.

Los filósofos deberíamos recordar esto cuando Occidente vive momentos de entusiasmo liberal y capitalista, con el peligro de que un individualismo insolidario, y en nombre de la libertad, siembre de nuevas injusticias los caminos de nuestro mundo.