jueves, 28 de febrero de 2019

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (26)



Esa, y no otra, ha sido (¿sigue siéndolo?) la moral cristiana.

Y no sólo eso, sino que lo que piensa de su vida desea y quiere imponérselo a los demás, incluso contra la voluntad del otro: “lo hago por tu bien”, “en la otra vida me lo agradecerás”

Minusvalorar la propia vida, en cambio, lleva/puede llevar a menospreciar la vida ajena.

Considerar esta vida natural y terrena como la necesaria purificación para conseguir la vida sobrenatural y eterna puede llevar al fanático creyente (terrorista islamista) a lanzarse con una furgoneta por las Ramblas de Barcelona, a disparar a discreción a paseantes pacíficos, o a colocarse cinturones de explosivos y hacerlos estallar en una discoteca de “infieles” equivocados.

Es nuestra condición mortal la que necesita pautas morales que prohíban hacer daño a los otros y prescriban ayuda, apoyo, solidaridad,… porque nos necesitamos mutuamente, porque es lo mejor para todos.
Para esto no hacen falta los dioses, basta con pensar: “nos conviene hacer a los otros lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros y no hacerles lo que nos gustaría que no nos lo hicieran”.

La moral es social, no divina, pero si consideras que es Dios el autor de nuestra naturaleza, y ésta es mortal, y nos necesitamos mutuamente para mejorar nuestras vidas; si “causa (Dios) causae (naturaleza humana) est “causa causati” (solidaridad y ayudas necesarias), Dios es el que dicta los mandamientos naturales a cumplir.

Las leyes morales, los mandamientos, naturales, en última instancia provienen de Dios que, además, nos revela lo que nos espera tras la muerte y nos indica el buen camino para llegar a buen fin.

Y si la muerte es, entonces, sólo un tránsito, la vida no es sino el campo de pruebas para exaltar el más allá y el después, a costa del más acá y del ahora.

No otra cosa es la sentencia de Dostoievski: “Si Dios no existe, todo está permitido” es decir, los hombres no aceptarían ninguna restricción moral sino por la sumisión al espanto ante los castigos infernales o, lo que es lo mismo, que las normas no tienen otra base que la voluntad divina así que si en este mundo, tú….

Las normas morales (de la moral cristiana), pues, tienen mucho que ver con la “obediencia a” y el “miedo de” ese Dios, y nada que ver con lo que realmente necesitamos y queremos.

Si lo pensamos bien, y fríamente, la vida buena no es la vida eterna, religiosamente premiada o castigada (ésta es otra cosa) sino la que comprende y respeta la que la muerte significa para quienes estamos sujetos a ella: es la forma más intensa de compañerismo, “compañeros de fatigas que se ayudan mutuamente”
Pero si fuéramos de naturaleza inmortal los preceptos de ese Dios Absoluto, Eterno, Inmortal,…no serían sino sólo enunciados de una prueba de obediencia pero destinada no a mejorar nuestro “tránsito” por este mundo, sino a aceptar y asentar el poder del Dueño del Universo.

¿Cómo se explica, si no, el dicho bíblico: “De todos los árboles del jardín podéis comer pero de “ese” árbol que está en el centro del jardín no comeréis porque….y seréis como dioses?”.

Dios no quiere que seamos dioses, como Él, no tendríamos necesidad de El, seríamos autónomos, independientes,…lo que Él no puede consentir, porque es Él el que necesita seres subordinados e imperfectos que le adoren, que le reconozcan su superioridad,…

La “vida buena”, éticamente hablando, es la vida autónoma, porque obrar por el premio a conseguir o por el peligro a evitar, es una vida y una ética heterónoma.

Pero no son irreconciliables el compañerismo por amor al compañero y el cumplimiento del precepto divino.
No en vano, Jesús de Nazaret nos lo recordó: ``En verdad os digo que todo cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a Mí me lo hicisteis”. (Mateo 25:40)

La disposición de la persona éticamente recta, que busca una vida buena en los límites de la mortalidad, pero sometida al pánico de la segura muerte e insegura hora, debe ser “utilitaria”, buscando y luchando por el bien de todos los que participan de la misma naturaleza mortal y que favorece la armonía social mientras estamos vivos, conviviendo.

Cada vez que elegimos aceptar una injusticia (y sus consecuencias) en vez de cometerla, estamos actuando como si fuéramos inmortales pero sabiendo que no lo somos.
Y, si hay algo, después de la muerte, además de la tranquilidad de conciencia, en esta vida, por haber obrado así, lo otro se te dará por añadidura.
O como decía Tierno Galván: “Dios no abandona nunca a un buen marxista”

Debemos obrar como inmortales, sin el miedo y el afán que la muerte impone, pero sabiendo que somos mortales y que por eso, y sólo por eso, debemos comportarnos éticamente con nuestros semejantes en tal destino.

Ya lo había dicho Kant, aunque con otras palabras: “lo éticamente relevante para los mortales no es llegar a ser felices sino merecer la felicidad, ser dignos de merecer la felicidad”

Ésta sería la forma laica de la santidad.

miércoles, 27 de febrero de 2019

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (25)


La primera preocupación ética del hombre, desde los orígenes, ha sido la conciencia de la mortalidad, propia y ajena por lo que, hasta que la muerte llegue, vamos a intentar, de la mejor manera posible (normas de comportamiento) para vivir, todos, más y mejor.

Y todo, por reconocernos mortales mientras aún estamos vivos.

Mortales no son sólo los que van a morir (que también) sino, sobre todo, los que “ven venir a la muerte” y la intentan retrasar.

Solemos, a veces, imaginarnos lo imposible: vernos muertos en un ataúd, camino del cementerio,…y todo el mundo cariacontecido diciendo lo que siempre decimos: “¡qué buena persona era!, ¡no tenía que haber muerto¡”…
El falso muerto del vivo real.

La muerte llega cuando ya dejamos de vernos morir.

Por ser todos mortales nos solidarizamos con todos e intentamos no dañar a nadie (algo que algunos también lo extienden a los animales, sobre todo a los que, como nosotros, son mamíferos y vertebrados).

La condición mortal que llevamos adosada a la vida es la fuente de la moralidad (y de la inmoralidad), de comportarnos mutuamente bien con los otros pero que, si fuera necesario, lo mataríamos, en legítima defensa, para nuestro beneficio, porque así aplazamos, de momento, la segura destrucción.

El placer de vivir la vida, en esta vida, viene siempre contaminado por el miedo a la siempre posible inminencia de la muerte.

En todos nosotros el beneficio privado prima sobre el beneficio público, social, comunitario aunque es el que hace lo contrario, el que lucha por lo público más que por lo propio, el que llegará a ser más inmortal al poder ser visto por los que vienen detrás, subido en un pedestal, en una glorieta, en honor a sus méritos, o en la memoria de los que los conocieron o se enteraron por los medios de comunicación de su bonhomía, de su afabilidad, su sencillez, su bondad y su honradez en el carácter y en el comportamiento.

Para defenderse de la muerte. que siempre anda rondando alrededor de uno, algunos atesoran riquezas, buscan honores, compran cosas, …lo que sea con tal de estar por encima de los demás y, si se tiene que morir, que mueran primero los otros,  los que poco o nada tienen que perder, los de abajo, como si la guadaña, al segar, supiera de categorías.

Para un creyente no todo acaba con la muerte porque en el más allá no estarás totalmente solo sino ante un juez con el libro de cuentas abierto y con su “haber” y su “debe”, y ese sí sabe hacer “justicia justa” y te dará todo lo que mereces, pero sólo lo que mereces, sea bueno (vivir para siempre y totalmente feliz), malo, y te enviará al infierno  (vivir para siempre y con tormentos indescriptibles) o regular (y te pondrá en cuarentena, durante un tiempo indeterminado, y de la que los vivos podrán sacarte pagando tus días de hipoteca pero si no tienes a nadie que te rece porque en vida,….(pero ya hemos descrito, arriba, cómo funcionaba esto)

Sólo así acatarás las normas morales, camino que te llevará a uno u otro sitio.

Comprenderás, pues, que la muerte, como aniquilación, sería una suerte y un descanso ante esta otra muerte tras el juicio divino.

La dicha o la desdicha, irremediables y sempiternas, se instalarán en tu mente durante toda tu vida, condicionando el cumplimiento de las normas o el incumplimiento de las mismas, y no podrás quitártelas de la cabeza, haciendo, constantemente, examen de conciencia y poder arrepentirte si, tras confesar, haces propósito de la enmienda y satisfaces con obras lo que el confesor considere conveniente.

Sólo así la muerte no es, realmente, una “verdadera muerte”, sino la ocasión para una super-vida si….o un sin-vivir si…

Todo depende, pues, de la perspectiva, si la muerte es considerada un “espejismo” (como la consideran los no creyentes) o un “tránsito” (“vita mutatur….”), (como la consideran los creyentes) y, tras él, lo auténticamente deseable o lo verdaderamente terrible se harán realidad.

La muerte, pues, así, queda desprestigiada aunque la vida se resienta, desvalorizándose, al ser sólo un “medio para” y no un “fin en sí misma”, porque la auténtica vida llegará después, “la otra vida”.
¿No será pagar un precio demasiado alto? Porque no apuesta “una” vida, sino “la” vida, la única real que ahora tienes en tus manos.

Los preceptos morales no ayudan a prestigiar esta vida sino, incluso, a desprestigiarla en aras de la posterior.
Los preceptos morales no son ayuda a satisfacer nuestras necesidades sino, por el contrario, el sacrificio de no satisfacerlas es la moneda de cambio para merecer la otra vida.


martes, 26 de febrero de 2019

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (24)


Los creyentes son más propensos a pensar en la felicidad eterna del cielo que en el eterno tormento del infierno, es por lo que se sacrifica, por hacerse meritorio del primero.

Todos los vicios y malos tratos de los ídolos o falsos dioses con sus pueblos no se diferencian mucho del Yahvé del Antiguo Testamento, tan solícito, tan padrazo, con una minoría étnica en un lugar tan poco significativo y tan cruel y genocida con los pueblos de los alrededores que adoraban a otros dioses.

Sólo recordar que el recién nacido, por el hecho de haber nacido sin comerlo ni beberlo, sin solicitarlo, sin contar con él para venir a este mundo, ya nace en pecado, “pecado original”, pecado en origen y que necesita ser lavado del mismo con el agua bendita y el ritual correspondiente del primer mandamiento, me pone los pelos de punta.

“¡Ay mísero de mí, y ay infelice! // Apurar, cielos, pretendo, // ya que me tratáis así, // qué delito cometí contra vosotros, naciendo.  Aunque si nací, ya entiendo // qué delito he cometido; // bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, //pues el delito mayor del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber // para apurar mis desvelos // —dejando a una parte, cielos, // el delito del nacer—, // ¿qué más os pude ofender, // para castigarme más? // ¿No nacieron los demás? // Pues si los demás nacieron, // ¿qué privilegios tuvieron // que yo no gocé jamás?”

Es el soliloquio que Calderón de la Barca en su “La vida es sueño” pone en boca del príncipe Segismundo que, debido a una profecía hecha al nacer, ha pasado toda su vida encerrado en una prisión por orden del Rey, su padre.

Eso mismo, pero sin profecía de por medio, podría un recién nacido en tierra cristiana echárselo en cara a su Dios: “¿Qué pecado he cometido por el hecho de nacer para tener que pedir perdón y someterme al rito del lavado del alma porque si muero, antes de ser bautizado, no podré entrar en el cielo?”.

Como seguramente sabéis, hubo que inventarse y crear un lugar distinto al Cielo (donde irán los buenos), al Infierno (donde irán los que mueren en pecado mortal), y al Purgatorio, donde irán los que, según su vida, al morir ni merecen la felicidad del cielo ni los tormentos del infierno, sino que están como en cuarentena, como en la sala de espera, hasta poder subir al lugar de los bienaventurados y que lo bautizaron con el nombre de “El limbo de los justos” en el que también habrían ingresado e ingresarían todos aquellos que, bien antes de la llegada de Jesús a la tierra, bien los que nunca han oído hablar de Él, sin embargo han llevado una vida honesta, justa,…

Son las “benditas almas del Purgatorio” por las que podemos cancelar su estancia en ese lugar con los rezos, sacrificios, donaciones,…que ordenan los representantes de Dios en la tierra.

¿Quién, desagradecido, no va a cancelar totalmente (con la “indulgencia plenaria”) o parcialmente (“100 días de indulgencia”, cancelando parte del tiempo a purgar, a sus padres, a sus hijos, a sus allegados,…ya muertos?

Además, (y como muchos sabréis) existe una especie de Banco Central, una especie de Cuenta Corriente a la que llegan todas las terminales económicas, en este caso espirituales, denominado/a “La Comunión de los Santos” donde van ingresándose los días sobrantes de los que ya han pasado a la bienaventuranza.
Es decir, si tú sigues cancelando la hipoteca del purgatorio de alguien y, sin saberlo, ya ha sido cancelada esa hipoteca o estancia en el purgatorio, ese capital (días sobrantes conseguidos) no se pierden, se acumulan y repercuten en otros que aún no han cancelado la deuda.

Una estrategia cristiana fantástica: la hucha de las indulgencias.

Los que somos conscientes de nuestra mortalidad y no creemos o no sabemos ni queremos saber de otra vida posterior, necesitamos ayuda de nuestros semejantes para no perecer demasiado pronto, para retrasar a la de la guadaña, para aliviar, todo lo posible, lo inevitable.

Ya hemos dejado escrito que desde el momento en que nacemos traemos escrita (aunque borrosa o invisible) la fecha de caducidad (el cómo, el cuándo, el dónde, el porqué,..) pero como no sabemos la fecha exacta pero no posterior a… (Pero de lo que sí estamos seguros es de la fatalidad).
Como todos somos caducos, mientras estamos vivos, nos necesitamos para vivir y para vivir mejor.

Y como somos frágiles, todos, debemos procurar no rompernos ni que los demás se rompan (ni suicidarse ni matar) pero también seguir las pautas más adecuadas, que constituyen la Moral, la mejor forma de comportarse individual y socialmente.


lunes, 25 de febrero de 2019

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (23)



Si el hombre ha estado separado de sí mismo, por la Alteridad divina, trascendente, tras buscarse, se ha encontrado a sí mismo, en la Autonomía humana, capaz de dar sentido a su vida e ir por el camino adecuando sin ayuda ni necesidad de tutores religiosos.

La manera de reaccionar de la Iglesia oficial ya sabemos cuál fue, Encíclica viene y Encíclica va, siempre condenando los avances provenientes de esa autonomía conquistada y que se había quedado perdida, postergada, durante siglos.
La Iglesia huele la salida de ovejas díscolas del rebaño hasta ahora tranquilo de la creencia en busca de otros pastos propios.

De lo creído e inverificable, a lo sabido científicamente, verificable y falsable,

El hombre ya va a considerar a Dios como innecesario en el ámbito de la verdad.
Y poco a poco también Dios va a estar demás en el campo de la vida pues la propia razón, autónoma, va a proponer metas a conseguir y los caminos a recorrer.

La sociedad, también va a organizarse y dirigirse por esa Razón y para lo cual la Iglesia y su jerarquía van a estar demás, aunque ya sabemos cómo se las gastaba la Iglesia para no salir de la escena social.

¿No ha decaído, el cristianismo, en los últimos tiempos, a la categoría de mito, como lo eran las antiguas religiones politeístas antes de su llegada a la escena pública?
¿No es un mito metafísico que quiere comprender el mundo, aparte y diferente a la explicación por causas de las Ciencias, y que con él se contentan sus fieles (el Diseño Inteligente, por ejemplo)?

Porque “el mito es aquello que cualquiera puede volver a contar pero nadie puede, absolutamente, desmentir”

Afirmar que el mandamiento esencial del cristianismo es el Amor: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, eso hay que concretarlo e interpretarlo, porque eso se lo dice sólo a varones, blancos, heterosexuales y judíos.

¿Amar, igualmente, a todas las mujeres, de cualquier color, con cualquier opción sexual y de cualquier lugar de la tierra?

No siempre ha sido ni es así porque, precisamente la Iglesia católica, junto con el Ejército (y éste ya ha abierto la puerta a las mujeres) discrimina a las mujeres cerrándole la puerta al sacerdocio y escalas jerárquicas posteriores y superiores, la esclavitud histórica de la mujer negra, como “cerda de cría de mano de obra gratuita” y del varón negro como esclavo (y no persona con derechos) hasta ayer mismo, la homosexualidad y, sobre todo, el reconocimiento no legal (que en nuestra sociedad ya lo es) sino moral, porque de él no se sigue la reproducción y la capa del cosmopolitismo hoy día pero que una gran parte de la humanidad pasa hambre, vive mal, muere pronto, analfabeta, explotada,…y son más las O. N. Gs. seculares las que priman sobre la institución eclesial.

¿Es que, acaso, los Derechos Humanos, proclamados por la sociedad civil como ideales a conseguir y practicar en todas las partes del mundo, no están un poco más allá que la mera caridad, la bandera de la Iglesia?
Hablar de derechos a conseguir y reconocer es distinto y superior a la mera caridad, como limosna con la que uno se hace merecedor de ventajas eternas transmundanas.

La necesidad es lo opuesto a la arbitrariedad.
Si en los seres artificiales (este ordenador con el que estoy escribiendo, esta casa en la que vivo, esta mesa sobre la que escribo) es necesario, para su existencia, la voluntariedad del artista como causa (eficiente, final, material, formal y ejemplar) porque sin el artista no existiría esta categoría de seres ¿qué ocurre con los seres naturales, que se rigen por leyes universales y necesarias, sin excepciones?

Si esta tecla “A” siempre escribe “A” es porque el artista diseñador así ha confeccionado este teclado pero saltar de categoría y afirmar que también el mundo natural necesita de un creador y organizador,…es una falacia.

La caridad es el disco duro del cristianismo pero es sólo el remiendo que tapa el agujero o roto causado por la ausencia de los Derechos Humanos.
Si la justicia reinara en este mundo y en todos los hombres la caridad estaría demás, como la costurera está de más si no hay costura que hacer, si no hay agujero que tapar.

Porque el mundo es como es y está como está es por lo que es conveniente y necesaria la práctica de la caridad, al menos la limosna llena el estómago, aunque el hambriento preferiría “ganarse el pan con el sudor de su frente”.

Si estuvieran presentes y activos los Derechos Humanos y todos pudiesen vivir dignamente y felizmente esta vida terrenal el deseo de la otra vida no estaría, o al menos no estaría tan arraigada, porque reinaría la armonía social cosmopolita.

Si las Iglesias no quieren desaparecer de la escena y quieren intervenir en la política y en la sociedad, con el argumento de que el hombre, además de sus fines terrenos, tiende a una felicidad eterna que no puede proporcionar la política laica, el proceso de secularización avanza implacablemente a no querer abandonar esta vida, si es feliz en ella, a huir de las hipotecas con renuncias a placeres lúdicos como moneda de cambio para el espectáculo de ultratumba.

Sólo se desea huir de un lugar cuando en él se está a disgusto, le es alevoso, rodeado de necesidades,…pero si no…

El “muero porque no muero” ha dejado sitio a “quiero vivir más y mejor esta vida”

La Apuesta de Pascal es una pseudoapuesta porque no te pide que entregues “una” vida temporal por “otra” eterna sino que te pide que hipoteques no “una” vida, sino “la” vida, la única que hay y que tienes, la vida real, y que la apuestes a una inverificable, si no inventada, por creída, vida eterna ultramundana, sin garantía alguna de existencia, porque “querer que exista” no es sino un deseo que puede no ser satisfecho porque no exista.

El hombre de la sociedad actual, secularizada, si está bien, porque vive bien, no necesita, ni ansía, la salvación porque se considera salvado ya.

domingo, 24 de febrero de 2019

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (22)



Que se llame “caridad cristiana” o “solidaridad y humanidad”, es lo mismo en esta sociedad cada vez más laica.
Quizá sea esa “caridad cristiana” lo que se resiste a desaparecer en este mundo secularizado.

Podríamos llegar a la conclusión de que en este mundo secularizado en el que Dios no hace falta (aunque no sobre) si seguimos al San Agustín de “ama y, luego haz lo que quieras”, porque “obras son amores”, los no creyentes también aman obrando.
Como si este mundo, aunque carezca de Dios, no por eso deja de ser cristiano, pero no tanto con un cristianismo de creencias como con un cristianismo de obras.

De hecho estamos asistiendo al despeñamiento de ambos ante la aparición de sucedáneos que se hacen más atractivos.

Suele afirmarse que a Roma le daba igual cuatro dioses que cuatrocientos por lo que territorio que los romanos conquistaban adoptaban también a sus dioses, hasta poder edificar un “Panteón” (todos los dioses, los que ha habido y los que puedan venir) porque levantar un templo a cada uno de ellos quedaría Roma sin espacio libre.
De hecho si el cristianismo fue perseguido no fue porque adoraran a su Dios, sino por no admitir la divinidad del Emperador, ya que, para ellos, sólo había Uno, Yahvé o Jehová, el suyo, “monoteísmo”).

Y entre los griegos, el objetivo de la filosofía no era tanto la Verdad (que también) como la Felicidad, de ahí que tras Sócrates, Platón y Aristóteles, fue el triunfo y la implantación de las Escuelas Éticas (hedonismo, estoicismo, epicureísmo,..) una vez desaparecidos aquellos grandes filósofos y ya en un mundo nuevo, el mundo grecorromano.

Por eso a los humildes, pobres, desheredados, olvidados…al pueblo bajo, (en una palabra), lo que más le atraía del cristianismo de Pablo era la promesa de resucitar tras la muerte y, sobre todo, la promesa de salvación, al ser los social y políticamente olvidados pero considerados “bienaventurados”, los que serán, precisamente ellos, los eternamente felices en la otra vida, ellos que eran lo más bajo, los arrastrados en esta vida temporal.

No hay mayor reclamo para un pobre, en esta vida, que la promesa de una felicidad eterna tras la resurrección de los muertos y el juicio divino final.

La promesa de llegar a ser, allí, lo opuesto a lo que eran aquí.

Si su jefe es “el Camino, la Verdad y la Vida”, sigámosle y se cumplirá en nosotros la promesa de salvación.
Aunque hubiera que sacrificar los placeres corporales y terrestres, siempre limitados y temporales, algo a lo que no estaban dispuestos los ateos y creyentes de otras religiones no salvíficas.

Cuando, en un politeísmo, la verdad viene de la mano de dios, la pelea, la lucha y la persecución entre los seguidores de uno u otro dios está asegurada.
Pero cuando esa religión se proclama “monoteísta” su Dios, el único Dios, es el Dios verdadero, su religión es la religión verdadera, la felicidad prometida es la felicidad eterna y “con el mismo cuerpo y alma que tuvimos”.

Cuando Pablo, en el Areópago de Atenas, prometía la “resurrección de la carne/de los cuerpos” para disfrutar de la eterna felicidad, muchos de sus curiosos, y quizá interesados, oyentes se marcharon, considerando absurda la promesa de la “resurrección humana”.
Ninguna otra religión había llegado a prometer tanto, por lo que los desheredados de este mundo no renuncian, sino que aceptan alegremente, la herencia futura que se le promete, y sin cambiar, casi, de vida, porque pobres, hambrientos, perseguidos,…ya lo eran, por lo que eran los “bienaventurados”, los elegidos.

La Verdad se encuentra en su Fe.

El cristianismo no entra en el mercado de las religiones poniéndose al lado de las demás religiones, como una más, sino con pretensiones de exclusividad, de ocupar todo el espacio religioso y espiritual pero al que sólo se adhieren (porque les interesa) los pobres,…

Y como, poco a poco, y codeándose con las demás religiones, no sólo va sobreviviendo sino ocupando cada vez más espacio hasta llegar, legalmente, a ocuparlo todo cuando es proclamada, en el siglo IV con la “religión oficial” se considera con el derecho y la obligación de perseguir a las demás religiones, falsas, puesto que, como la Verdad es una y estamos en posesión de ella, los creyentes en otras religiones y las demás religiones, no tienen derecho a existir, como no tiene derecho a existir ni a proclamar la falsedad.

De ahí que de ser perseguidos y “mártires”  se convertirán en “inquisidores” y perseguidores.

Si los paganos eran escépticos hasta cuando creían en sus dioses, los cristianos tenían la certeza de que su dios era el Único Dios verdadero, como su religión era la única religión verdadera y la consecuencia será la persecución a los demás dioses (ídolos), a las demás religiones (falsas), a los demás creyentes (equivocados, en el error) y a los que habrá que catequizar para prepararlos y convertirlos a la única fe y religión verdaderas, la suya.

Y si los paganos eran, más o menos, tolerantes porque “su” dios era uno entre muchos más, los cristianos serán intolerantes por que su Dios es “el Único Dios”.

Y si las persecuciones romanas contra los cristianos fueron la consecuencia de no creer en la “divinidad de los emperadores”, la Inquisición cristiana seguirá los mismos pasos, cambiando el modelo de martirio, y la muerte en la cruz por la muerte en la hoguera.

El enemigo de este cristianismo monoteísta no van a ser los demás dioses y sus creyentes, sino la propia Razón Humana, que renuncia a conocer la verdad por si misma en vez de aceptar calladamente la verdad de la fe manifestada en “el libro revelado por Dios”.

La autonomía proclamada por la razón, dando cuenta de sus verdades con argumentos y pruebas, frente a la heteronomía proclamada por la fe, sin prueba alguna sino con la aceptación servil de que su verdad, creída, es la única verdad, divina además y, por supuesto, superior a la verdad humana.

Dios es garantía de verdad, la razón humana es garantía de la posibilidad de error.
Y entre la autoridad de Dios o la autoridad de la Razón humana, la opción está muy clara.
La aceptación de la verdad creída, sin evidencia, superior a la verdad racional, evidente.
Y cuando hubiera oposición entre ambas, en un esquema escolástico, tendrá que rectificar el hombre, no Dios.
La heteronomía, divina, sobre la autonomía, humana.
Esquema que va a romperse en y con la Ilustración, ya preparada desde el Renacimiento y la Modernidad, con la proclamación de la Diosa Razón y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, por ser hombre, racional y social, no por ser religioso ni creyente.

sábado, 23 de febrero de 2019

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (21)



Solemos desconfiar de quien, sin apenas conocernos, nos lanza una pregunta porque, muchas veces, las preguntas vienen pidiendo “esa” y no otra respuesta.
Son preguntas contaminadas, no limpias.

Pero muchas veces, y sólo con el objetivo de saber, se hacen preguntas.
La pregunta, sin malsana intención, nunca debe ser comprometedora, la que compromete es la respuesta que se dé.
Porque la pregunta sincera (y sin malsana intención) es una interrogación que se abre y pide que se cierre con una respuesta.
El que responde es el que queda comprometido, no, pues, el que pregunta con buena intención..

Muchas veces me han preguntado si soy creyente, a lo que siempre he respondido que soy “agnóstico”, que no es ni bueno ni malo, sino que es, sencillamente, una posición intelectual respecto a ciertos campos o temas.

Yo creo en muchas cosas pero en lo que no creo es en lo sobrenatural (en dogmas, en vida de ultratumba, en cielos e infiernos, en juicios finales, en resurrecciones, en vidas eternas,…) pero creo en muchas cosas naturales del campo de la física, de la química,… de la ciencia en general.
Y creo que si adoso a una molécula de Hidrógeno una molécula de Oxigeno su resultado será Agua (H2O) y que si bajo su temperatura a 0 o menos grados se congelará, o que se convertirá en vapor de agua si,…

Y creo que soy padre de dos hijas (lo que puede ser falsado, por eso es científico) y que si monto en el autobús número 3 me llevará a la calle en que vivo, y creo que la playa de la Misericordia esta ahí, a la vuelta de la esquina de mi urbanización.

Son muchas las cosas en las que creo, pero no en lo sobrenatural.

Recuerdo haber leído la disputa entre Umberto Eco y el cardenal Martini, como aparece en un librito: ¿“En qué creen los que no creen”? en cuyo título ya se da por supuesto que “creer” denota un contenido religioso de la sociedad en que viven los interlocutores que, siendo italianos (y uno de ellos, además, cardenal), está  refiriéndose a la religión católica.

Como si “creer” no pudiera denotar otros campos, como el de las ciencias, el de los valores, el de la historia, el de la sociedad,…campos en los que es necesario apoyar en argumentos lo más convincentes posible, lo que muchas veces no ocurre, pero no por eso pueda uno dejar de creer en esos fenómenos todavía no definitivos ni totalmente concluyentes.

Y sabemos que los argumentos de las Ciencias Experimentales no son de la misma clase que los de las Ciencias Sociales y, menos aún, de los de las Ciencias Formales.

Es decir, los religiosamente incrédulos o agnósticos creemos en muchas cosas.

La pregunta, hoy, podría ser otra: ¿“En qué creen los que creen”? acompañada de otra pregunta: ¿”Por qué creen en eso en lo que creen”?

Porque ¿por qué se aceptan, como verdaderos, ciertos dogmas incomprensibles a todas luces como la Santísima Trinidad (tres dioses pero un solo Dios o “tres personas distintas y un solo Dios verdadero” o “el Padre engendra al Hijo y del amor entre ellos surge el Espíritu Santo) o como la Encarnación de Dios (que Dios, inmaterial por naturaleza, se materialice en carne humana sin dejar de ser Dios y siendo, al mismo tiempo, hombre?"Dios y hombre verdadero”)  o una Virgen-Madre que se ha quedado embarazada sin haber conocido varón y da a luz, nada más y nada menos, que a Dios (“la Madre de Dios”) ¿Cómo se puede ser Madre de Dios?
¿Por qué el creyente cree en todo lo anterior (y mucho más)? Puede dar algún argumento, aunque sólo sea probable, como el de las causas económicas de la Revolución Francesa o el triunfo del capitalismo en los países de religión protestante y no en los de religión católica.

Y, la pregunta de las preguntas: ¿Creer en que “vita mutatur, non tollitur”, en que cuando una persona está con el corazón parado y encefalograma plano, cuando ya está clínica y definitivamente muerto, eso es el paso necesario para otra vida superior, eterna….?

Creo que es más interesante preguntarles en qué creen los que creen que en qué creen los que no creen.

¿Acaso la concepción del hombre y del mundo es más explicativa como lo afirma la religión que como lo expone la ciencia?

Creo que el cristianismo, como religión, no es una forma de pensar, sino una forma  de hablar de lo que nada puede decirse a no ser que sea un juego de lenguaje que sólo intente entretener usando como tema una fábula y una forma de comportarse según los modos y maneras que sus tutores recomiendan u obligan.

San Agustín afirma: “ama et quod vis fac” (“ama y (luego) haz lo que quieras”) como el principio de la moral cristiana.
Pero para ese mandamiento o regla moral, hoy, no hace falta ser cristiano, basta con ser solidario, humanitario, meterte en los zapatos del otro, compartir con el otro,…son muchos los que militan en asociaciones laicas que se parten el pecho por los pobres, por los enfermos, por los desheredados, por los analfabetos, por los perseguidos…del tercer o cuarto mundo.

viernes, 22 de febrero de 2019

EL SENTIDO DEL TACTO ( y 2)



Siempre pensé que el hombre no era casto por naturaleza sino por mala educación. No era ahorro, era pobreza.

Tú y yo, que nos devorábamos con la vista, que nos comíamos con los ojos y con los oídos, que nos regalábamos a diario palabras bonitas, palabras redondas, palabras pintadas, como bolitas de anís en manos de un niño.

Tu yo, con nuestros ocho sentidos juntos, fuimos castos a la fuerza, no por mérito, sino por miedo.

¿Habrá idioma más universal y más natural que el lenguaje del tacto?. ¿Habrá un idioma  a la vez tan mudo y tan comunicativo?. ¿Pero por que me confundieron identificando sexualidad con genitalidad y ambos con pecado?. ¿Por qué obstruyeron mi vitalidad?.

¡Cuántos besos perdidos¡. ¿Dónde irán los besos que no dimos?, porque no fueron besos ahorrados o retrasados.¡Cuántos susurros ya irrecuperables¡. ¡Cuánto fraude cometimos tu y yo a la naturaleza por la mala educación del sentido del tacto¡. ¡Cuánta cuenta corriente vital mantuvimos en rojo, al rojo, en negro. No sólo no ahorramos, perdimos.

Tu y yo, exploradores avezados con la imaginación, y atadas nuestras manos. Ni castos fueron nuestros besos, porque apenas hubo besos. Besos furtivos, besos corteses, no besos encendidos, me saltaba el diferencial de mi conciencia moral. ¡Qué poca potencia moral contrataron en mi conciencia¡. Intentar una exploración corporal superficial, era saltar el fusible y quedarse a oscuras. ¡Dios¡, ¡Dios¡, ¡Dios¡

Espero y deseo, amor mío, que la naturaleza nunca nos pase la cuenta porque sería grande la factura.

¿Recuerdas a tu perro y a mi gatito?. Chuski y Fali. Nuestros padres nos tenían prohibido tocarlos demasiado porque no crecerían, se quedarían canijos y se “amariconarían”.

Incluso cuando llegábamos corriendo del colegio, contentos porque el maestro estaba con gripe o se le había muerto su padre, y me echaba corriendo, de golpe, encima de mi madre, y me llamaba bruto, salvaje…y me decía tener poca educación, que no me había quitado los zapatos, que lo ponía todo perdido y que, por si fuera poco, la había despeinado (supongo que a ti la tuya te diría lo mismo). ¡Como si el beso espontáneo de un niño no valiera más que mil peinados hechos por un peluquero de barrio¡.

Y luego, a diario,  los niños con los niños y las niñas con las niñas. Ningún sentido en contacto; tu yo separados. Tan sólo la imaginación, la loca de la casa, deformándolo todo.

¡Qué tacañería vital la nuestra¡ ¡Cuánto tiempo perdido¡,¡cuántas hojas en blanco en el todavía pequeño libro de la vida¡.

Nunca nadie nos enseñó que contentarse con satisfacer las necesidades vitales no es vivir. La supervivencia no es auténtica vida. El vivir bien ( y todo vivir o es bueno o es un mal-vivir), supone lujo, supone derroche, supone la presencia de lo superfluo pero querido. Vivir bien consiste en verter y verterse más de la medida justa, vivir es pasión y la pasión siempre es desborde, es emanación, es “echar pa que sobre”.

Nunca nadie nos dijo que  vivir es una actividad, pero que vivir bien es un placer y todo placer supone la presencia de algo extra-ordinario, de lo no necesario, pero conveniente, de superdosis intensivas.

Siempre nos hablaron de Apolo pero nos ocultaron la manera de vivir dionisíacamente. El orden y la apariencia importaban más que la vida y la esencia. Lo estático y lo fijo más que lo dinámico y vital. Nos cuadricularon, amor mío, nos hicieron laboriosos en vez de convertirnos en lúdicos. El trabajo era sagrado, el juego era superfluo. El trabajo es divino el juego demoníaco. Nos educaron para ser formales, buenecitos,…era un honor para nuestros padres comportarnos como personas  mayores. ¡Qué piropo y qué orgullo cuando alguien les decía “tu hijo es un hombre en pequeño”¡. ¡Qué horror, cariño mío¡ ¡un niño ser un hombre¡.

Pertenecemos, amor mío, a la generación sándwich. Somos la generación de la disculpa y me temo que seamos cómplices de la generación del desencanto.

¿Recuerdas cuando, al entrar o salir, y apenas nos rozábamos y nos pedíamos perdón mutuamente?. ¡Qué barbaridad, Dios, qué barbaridad¡. Nunca nos pedíamos perdón por habernos visto, oído, olido…y eso que  nuestros cuerpos estaban enfundados, empaquetados, arropados, siempre más acá o más allá de la frontera. Tu cuerpo y mi cuerpo nunca fueron tangibles ni chocables.

¡Cuántas caricias sofocadas¡ ¡cuánta lumbre apagada¡, ¡cuánta ignorancia táctil¡, ¡cuánta atrofia afectiva¡, ¡ cuánta lejanía estando tan cercanos¡, ¡cuánta biología, anatomía y fisiología¡, ¡cuanta neurona, órganos y sistemas y cuán poca sexualidad y vida¡. Nos enseñaron a saber, pero no nos entrenaron a vivir. ¡Cómo sublimaron nuestros afectos en conocimientos científicos¡ pero ¿ por qué subordinar la vida a la razón ? pero ¿ es que debemos vivir para razonar y no razonar para vivir?.

Así que, ¡cuánta torpeza la nuestra, amor mío, cuando nos encontramos a solas, desnudos, en el hotel, la noche de bodas, pero con el certificado oficial del cura y del juez de que ya podíamos tocarnos…..y a penas sabíamos tocarnos. Todo fue improvisación.

¡Dios¡ deberíamos, todos, todos los que estamos aquí, estar orgullosos. Deberíamos darnos un beso. Porque hay que ver, ¡Con lo poco que tuvimos y lo alto que hemos llegado¡.

jueves, 21 de febrero de 2019

EL SENTIDO DEL TACTO (1)


EL SENTIDO DEL TACTO


Tú bien sabes, amor mío, que de los cinco sentidos que tenemos (hoy dicen que son más de cinco, pero tú y yo nos entendemos), cuatro de ellos los tenemos en lo alto, en la cabeza, esa parte en forma de cacahuete, medio añadido o medio estrangulado por el cuello y unido a una doble trapecio, también estrangulado por la cintura. Nuestro cuerpo parece una salchicha gorda, estrangulada por dos cuerdas y apoyada en dos palillos y con otros dos palillos acabados en dedos.

La cabeza, esa “pequeña parcela de siete pozos” (cuéntalos, si no te lo crees), siete agujeros incrustados o encastrados, como rompiendo la figura geométrica. Siete agujeros ( 2 + 2 + 2 + 1 ) siempre al acecho de lo que ocurre en el mundo alrededor para engullirlo y llevarlo a la central de información, desde sus puestos de guardia particulares, haciendo un barrido a todo el horizonte de lo sensible.

Pero ¿y el tacto?, tú sabes, amor mío, que el tacto es mucho más que un sentido, es un sentido total, está en todas partes. El tacto nos envuelve, nos arropa, él es nuestra frontera, acota nuestra propiedad; más allá de él ya no soy yo. El y yo coincidimos, nos superponemos.

Te digo aún más, amor mío, un varón o una mujer podrán ser ciegos o sordos o anósmicos o agénsicos y, sin embargo, seguir siendo personas maravillosas, de personalidad elegante, y, aunque limitadas en algo, de trato exquisito. Pero al que le falte el tacto ( anestesia ), sólo vida vegetativa, ¿ qué es? o al que le falle el tacto necesariamente será un mal educado, por no tocar lo suficiente, por hacerlo demasiado, o por hacerlo a destiempo, fuera de lugar o de hora.

Y es que el sentido del tacto ha sido el sentido maldito, el sentido pecaminoso, el sentido de los pecados gordos, el de los pecados mortales.

Hoy se habla de la “cultura de la imagen”, todo tiene que entrar por los ojos, coches o colchones, perfumes o créditos bancarios, pornografía o teléfonos móviles. Todo lo audible, todo lo sabroso, todo lo oloroso, tiene que ser visible. Asistimos al desfile de la proliferación, como hongos, de cadenas musicales y de las FM. Hoy cualquier alcalde de pueblo, cuando está aburrido, se monta una emisora municipal o una televisión local para poder ser visto y oído aún por sus opositores (y maldita la necesidad que tenemos de saber que a la Srª. Salustiana le ha salido un juanete en el dedo chico del pie izquierdo). Sabores a granel y gratuitos, programas de cocina en todas las cadenas,”pruebe Ud.”, “degustación gratuita”, “aperitivos variados”, “tabla de quesos o de ahumados”. ¿Y los olores?, colonias, desodorantes, perfumes,….todos ellos con garantía de conquistar a la miss o al mister de turno (hasta trece anuncios seguidos en días prenavideños) y todo para unificar el olor y evitar el olor vital, el olor propio, el olor personal (no el mal olor, para esto basta y sobra con la higiene). ¡Qué contradicción¡ des-odorante, para que huelas, eso sí,  a lo que ellos quieren que huelas, y en frascos chiquitos y precios caros! (¿ cómo no va a ser bueno siendo tan poco y tan caro?

Pero…Y EL TACTO., ¿ dónde, cuándo, una cultura del tacto?.

Fíjate, cariño mío, ¡qué contradicción¡ “el tocar es intocable”, “el tacto es intocable”. Yo puedo verte, oírte, incluso olerte, …pero ¿tocarte?.

El acariciar, el rozar, el manosear, el besar, el tocar, el sobar,..Está prohibido, si no es oficial. Lo tocable se convierte en tabú, en intocable, en prohibido y, por si fuera poco, en pecado.

Todos los demás sentidos pueden practicarse en público, pero el tacto NO. Antes era la última fila del cine o aquel rinconcito del parque, pero hasta el acomodador y su linterna o el municipal de turno eran los encargados de interrumpir el acto más osado de la inmoralidad pública. Criticado por señores de bien y multados por la autoridad competente como escándalo público, cuando tú y yo sólo intentábamos conocernos y reconocernos con el tacto. Siempre arrinconados al ámbito de lo privado.

¿ Por qué?.

Incluso, ¿recuerdas, cariño mío, aquellos primeros viernes de mes, que acudíamos a cumplir con los requisitos de confesión y comunión, para asegurarnos el cielo eterno, y a mí el cura me manoseaba, me tocaba la barbilla casi sin barba o me acariciaba el pelo ( a ti no, porque una rejilla o celosía lo impedía) y casi lo único que me preguntaba aquel cura era si había habido contactos con mi propio cuerpo o con el tuyo, y cuántos, y hasta dónde habíamos llegado, y dónde?.

La ducha caliente era una tentación y el bidé un manifiesto peligro. El aseo personal como prólogo del pecado por el posible placer prohibido que suponía el tocarse los genitales.

¡Cuántas veces no te besé, ni te acaricié, ni te estreché o estrujé entre mis brazos porque le tenía miedo a mi ya estrecha y escrupulosa conciencia moral porque podía estrangular o herniar mi alma. Era una idea fija. Aquel señor, ya viejo, y vestido de negro, encerrado en un kiosco, no precisamente de golosinas, con un silencio y una obscuridad alrededor, despachando recetas espirituales y antivitales, con aquel pelo a cepillo y aquella ridícula coronilla de cinco duros de extensión, con voto de castidad, pobreza y obediencia, y yo, allí, indefenso, aún niño, informalmente vestido y despeinado, con la vitalidad a flor de piel, disfrutando en sueños lo que en la realidad, despierto, sería pecado; y una y otra vez  oyendo aquello de que la médula espinal seguiría desgastando como siguiera yo haciéndome….. y que me quedaría como Lolo, el tonto del pueblo, y que me quedaría delgaducho, y que me moriría tísico ( ¿qué sería eso?, ¿echar sangre por la boca si yo me tocaba los bajos?), y que mis hijos saldrían enanos, feos, deformes porque mi semen estaría cansado, sin fuerzas, debilucho,… y yo sería el responsable no sólo de esos hijos, sino de los hijos de esos hijos….Yo, niño, me acordaba de aquel cuadro de Goya “la imaginación crea monstruos”.

miércoles, 20 de febrero de 2019

NUEVOS CONCEPTOS DE DIOS


LOS MODERNOS CONCEPTOS DE DIOS.

Tenemos TRES miedos que nos han acompañado/nos acompañan y nos acompañarán, a todos y a nuestros hijos, mientras estemos vivos.

.- MIEDO AL DOLOR, AL SUFRIMIENTO,…y por ello hemos creado y creído en un DIOS-PAÑUELO que, al ver cómo nos secamos las lágrimas, se compadezca de nosotros y venga en nuestro auxilio, para evitar las causas de las mismas.

.- MIEDO AL HAMBRE, AL FRÍO, A VIVIR A LA INTEMPERIE,…y por ello hemos creado y creído en un DIOS-MONEDERO con el que poder remediar todas esas posibles inseguridades (y si me quedo parado y no puedo pagar la hipoteca, y mis niños en la calle....(un pellizco de la lotería), y si tengo que sacarme urgentemente una mamografía y la lista de espera es kilométrica....para poder acudir al privado...

.- MIEDO AL ERROR, A LA FALSEDAD, A LA MENTIRA,…A VIVIR ENGAÑADOS y para ello hemos creado y creído en un DIOS-MANOJO DE LLAVES, UN DIOS GANZÚA que nos abra y nos muestre la verdad.

No es que Dios nos haya creado a SU imagen y semejanza sino que hemos sido los hombres los que hemos proyectado en un ser llamado Dios la culminación de nuestras aspiraciones, de nuestros deseos insatisfechos, de nuestras esperanzas a la vez que satisfacción de nuestras frustraciones, de nuestras limitaciones, así como respuesta a nuestros temores.

Nos hemos creado un Dios a nuestra medida, un Dios adaptable, acomodaticio, adaptable, un Dios-llave maestra que nos abra todas las puertas por las que entren nuestros deseos y por las que salgan todos nuestros miedos y temores.

Le rogaremos a ese Dios no sólo que nada cambie, si todo nos va bien, sino que nos lo incremente o, por el contrario, si todo nos va mal, que le dé la vuelta a todo y nos lo cambie.


El creyente religioso cree en su Dios y no necesita (además de que no podría hacerlo) demostrar su existencia (si pudiera demostrarla no necesitaría creerla).

El anti-teo no sólo no cree en Dios es que lucha contra Él y le gustaría poder demostrar que no existe, pero es absurdo querer demostrar la no existencia de algo (si alguien no cree en los marcianos es al que afirma su existencia al que le toca demostrarlo. La carga de la prueba siempre cae sobre el que afirma algo, no sobre el que lo niega).

El ateo sencillamente no cree, no lo necesita, pasa de Él, es ajeno a que exista o no exista, vive al margen, no lo echa de menos, es algo o alguien ajeno a él y a sus preocupaciones.

El agnóstico sencillamente ni lo afirma, como el creyente, ni lo niega como el ateo, ni lucha contra Él, como el anti-teo. Considera el tema de Dios como una cuestión o un problema que sobrepasa la razón y obvia, por lo tanto, enfrentarse a un pseudoproblema porque es ajeno a la razón, que nada puede decir sobre Él.

lunes, 18 de febrero de 2019

.EL LENGUAJE Y LA REALIDAD.




¿Conocemos la realidad misma o sólo su representación?

 Los problemas planteados son:

¿Qué es lo que conocemos directamente?: ¿Las cosas o las ideas?

¿Son las ideas copias exactas de las cosas?

Si no es así, ¿qué relación existe entre las cosas y las ideas?

Las corrientes filosóficas que responden a estas cuestiones son:

1.- EL REALISMO:

El realismo ingenuo sostiene que hay un mundo exterior (realismo ontológico) que puede ser conocido exactamente como es (realismo epistemológico)
El realismo filosófico, en cambio, afirma la existencia de un mundo real independiente del pensamiento y de la experiencia, un “mundo-ahí”, pero reconoce que no percibimos las cosas tal como ellas son en la realidad.
Conocemos las cosas tal como somos nosotros y nuestras facultades cognoscitivas.
Un ratón (“realidad externa”) es vista/conocida por una rata de manera distinta a como es conocida por un hombre, por un gato, por un elefante (si es que es verdad que los elefantes sienten pánico ante un ratón), etc…

Conocemos según somos, no según como las cosas son.

La relación entre la representación y su objeto es de correspondencia, de adecuación, no de identidad..

Las llamadas cualidades sensibles de las cosas (color, olor, sabor...) no son más que “interpretaciones” sensoriales de estímulos físicos reales que proceden de las cosas.

2.- EL ANTIRREALISMO:

A.- EL IDEALISMO:

Afirma que no conocemos directamente la realidad (las cosas), sino únicamente su representación.
Coincide con el realismo filosófico en que nuestras representaciones se corresponden con las cosas en sí mismas.
Nos representamos las cosas “como son” (aunque no las conozcamos directamente).
Nuestra mente es como un teatro donde se “re-presenta” el mundo.

B.- EL FENOMENISMO.

 El fenómeno (lo que podemos percibir de las “cosas en si”) es la única realidad y la única cosa que puede ser conocida de ella (Kant).
De cómo sea ella en sí “noumenon” no podemos saber nada.
Los “noumenos” nunca se nos dan, nos son desconocidos.

C.- INSTRUMENTALISMO:

Las teorías científicas no son ni verdaderas ni falsas, sino instrumentos para predecir.

Se opone al realismo científico.
Según el realismo científico, las teorías científicas describen “realidades” con conceptos observacionales.
Por lo tanto, las teorías científicas pueden ser verdaderas o falsas.

Para el instrumentalismo, las ciencias no pueden ser una descripción verídica, real, de la realidad, porque distinguen entre conceptos observacionales (por ejemplo, “rojo”, que sólo es una determinada longitud de onda) y conceptos teóricos (por ejemplo, “átomo”).

Si los primeros, pueden describir “verdaderamente” el mundo real; los segundos, no son más que simples ficciones útiles para efectuar cálculos con comodidad.


domingo, 17 de febrero de 2019

EL MITO DEL “DIÁLOGO”.




.- Es necesario que dialoguemos.
.- Sí. Es necesario.
.-¿Tú tienes alguna línea roja que no puede ser traspasada?. Sí. La Constitución. ¿Y tú?.
.-Yo la “Independencia de Cataluña” o “Derecho a decidir” o “Derecho a la Autodeterminación”.
.-Entonces… ¿De qué podemos dialogar si en mi/tu “Constitución” (“línea roja”) no cabe mi/tu “Derecho a decidir la Independencia de Cataluña”, mi (“línea roja”)?.

Sin embargo…

En bálsamo de Fierabrás, curalotodo, multifunción,… En eso parece haberse convertido el “diálogo”.

“Estamos dialogando” – dicen. Y todos lo consideran como solución a los problemas.

Pero aquí hay un malentendido, porque una cosa es el “diálogo” y otra muy distinta es la “negociación”,

Pero, además, ocurre que, en general, se “dialoga” con los amigos, pero con lo enemigos o con los adversarios se “negocia”.

Peor aún, se puede dialogar con los adversarios y negociar con ellos cuando todos salen beneficiados por la negociación.

Por ejemplo, nuestros parlamentarios, que han dialogado (había poco que dialogar) y han negociado y aprobado, al momento, no sólo sus sueldos y dietas, sino también sus altas pensiones de jubilación en tan bajos años de cotización.

Como es bueno para “todos” ellos, rápidamente han firmado el acuerdo, y a los demás, a los no parlamentarios, que coticen 35 años para cobrar el 100% de su pensión, (porque si sólo llevan 15 años cotizados cobrarán la pensión más baja, 587 euros (o 725 si tiene cónyuge sin renta)) y cuya pensión de jubilación será acorde a su cotización.  No como ellos que con sólo 11 años de estar, muchos de ellos, calentando un cómodo sillón cobrarán el 100 %.

Nuestros parlamentarios, en un diálogo cordial y una negociación amistosa (como debe ser) han blindado sus pensiones.

¿Que sólo llevan 7 años de parlamentarios?, pues el 80%.
¿Que sólo llevan 9?, pues el 90%.
Y si llegan a 11, el 100 %.

El sueldo mínimo de cualquier congresista “raso” español  es de 2.918, 64 Euros/mes.
A lo que hay que añadir un “extra mensual neto” por gastos de mantenimiento y manutención, que oscila entre 1.702,59 euros para los que viven fuera de Madrid y los 812,68 euros para los elegidos por Madrid.

No quiero añadir lo que cobran secretarios, portavoces, adjuntos, presidentes de comisiones, comisionados…

Hay un clamor popular contra esta desfachatez, contra la inútil cámara del Senado, contra los parlamentos autonómicos, contra los sueldos de cualquier alcalde de pueblo…. Y todo eso “con la que está cayendo”.

Me llegan, a diario, e-mails de indignación.

Dialogar por dialogar es un ejercicio grato para los dialogantes, como hago yo todos los días con mis amigos.
Pero ¿Negociar?

Se sobreentiende que “negociar” es un pulso entre partes enfrentadas, donde cada parte quiere sacar tajada. No es un intercambio de argumentos, es querer llevarse el trozo mayor de la tarta.

No se negocia para determinar quién pone más bombillas para que se beneficie más gente, sino quien elimina menos bombillas para que ilumine a los suyos más que a los otros.

El caso de nuestros parlamentarios es original, se dialoga como “amigos” y se negocia a la alta porque “todos ellos” van a salir beneficiados de la negociación.

¿Puede dialogarse con los terroristas, con los corruptos, con los defraudadores, con los criminales, con los violadores, con los maltratadores, con los “chorizos”…?
         -NO.
         -¿Por qué No?
         - Porque dialogar supone aceptar una base común de valores, algo que no ocurre con todo este tipo de gente.

Si yo parto de que el valor de una mujer es igual al valor de un varón, que son iguales como personas, y no desiguales, aunque sean distintos y no idénticos y tú partes de que la mujer es inferior al varón, o una propiedad del varón y por tanto “la maté porque era mía”. ¿Qué “diálogo” puede haber entre nosotros? Cuanto menos “negociación”.

Cuando leía en la prensa las declaraciones de “un tal Blázquez”, sobre la “generosidad” que tendrá la democracia para los terroristas si prometen ser buenos…
¿También para los maltratadores, los violadores,… si prometen que….?
¿Pero qué estaba diciendo este señor, aunque sea obispo?

Que le perdone él sus pecados, si se arrepienten, pero ¿los delitos? Los delitos son una deuda que, siempre, todo delincuente debe saldar con la sociedad.

Kant decía que si un condenado cumplía su condena, impuesta por un juez, podía salir con la cabeza muy alta y presentarse en sociedad y poder decirles a todos: “soy igual que vosotros. Yo fui condenado a pagar y he pagado. Vosotros no teníais que pagar nada porque nada ilegal habíais hecho. Estamos iguales. Estamos a 0.

Pero ¿y los casi 1.000 asesinados, y los desfalcos, y los robos, y las comisiones ilegales, y…. sea Marbella, Valencia, Sevilla, Castellón,…?.

Sólo, después de saldar sus deudas, pueden presentarse en sociedad y decir, con la cabeza muy alta, lo que decía Kant, pero no antes.

Las líneas rojas imposibilitan todo diálogo auténtico posible.

sábado, 16 de febrero de 2019

TECNOFOBIA Y TECNOFILIA.


TECNOFOBIA Y TECNOFILIA.

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” –decía la zarzuela.
Pues nada que ver con los tiempos que corren. Los avances continuos, casi a diario, tanto en ciencia como en tecnología (y, en concreto, en tecno-biología) hacen que lo que en otros tiempos era la única evolución, “la evolución biológica” de la especie humana, muy lenta, por “azar y por necesidad” ajena a los hombres, hoy, con la “evolución cultural”, los hombres cada vez somos más responsables de nuestra propia evolución, porque intervenimos, directamente, en ella.

Aplicar las tecnologías al cuerpo humano, para retocarlo, recomponerlo, mejorarlo, curarlo, prevenirlo,…. no inciden sobre el ser humano, no crean una nueva especie, no eliminan el carácter del ser humano.
Pero con la evolución cultural, con la intervención directa de la mano del hombre ¿vamos hacia una especie humana, a través de la tecnología?

Recordemos que en los últimos 2,2 millones de años, varias especies humanas han aparecido y desaparecido, aproximadamente cada 200.000 años: Homo rudolphensis, h. habilis, h. erectus, h. ergaster, h. antecesor, h. heidelbergensis, h, neandertlalensis, y, por último, el h. sapiens, que lleva 150.000 años de existencia.
Pero los parámetros naturales, en tiempo, son muy distintos a los parámetros temporales artificiales.
Un lavado de espermatozoides puede conseguir, en un momento, lo que, de manera natural tardaría milenios.

Una nueva especie se caracteriza por la incapacidad de sus miembros de lograr una unión sexual productiva con organismos de otra especie.

Para Darwin, la generación de una nueva especie, requiere la adquisición de un cambio genético heredable y de selección natural. Pero con los desarrollos recientes en tecnología podemos afirmar que ésta puede lograr seres humanos con mejores condiciones físicas, de inteligencia, de creatividad, de habilidades, artísticas e, incluso, con mayor desarrollo moral.

Las tecnologías médicas pueden restablecer la salud o buscar el mejoramiento o perfeccionamiento de las condiciones corporales, no ya terapéuticas, sino de “salud positiva”.

Técnicamente podemos rediseñar la especie humana, a medida que van desarrollándose las investigaciones genéticas y, lo que no hace tanto era una mera utopía, cada vez lo es menos.

Las biotecnologías incluyen la ingeniería genética, tanto somática como germinal, y la producción de cromosomas artificiales.
La técnica y la tecnología se han usado para adaptar la especie humana y asegurar la supervivencia evitando, así, la extinción de la misma.
Las vacunas, la cloración del agua, las cuarentenas, ….

La evolución tecnocientífica en interrelación con la evolución cultural plantea problemas éticos (por confrontación de valores, creencias, normas, principios y derechos) en las sociedades actuales y debe ser abordado  para su estudio, reflexión y toma de decisiones, multidisciplinarmente, tanto a nivel individual, como colectivo, nacional e, incluso, global.
No siempre son coincidentes las perspectivas de las comunidades científicas y las del público en general, siempre en esa pregunta de sí lo que tecnológicamente puede ser hecho, debe ser, efectivamente, hecho.

(El caso Belga en el Congo).

Los dos extremos, a favor o en contra, son: la posición tecnofóbica y la tecnofílica.

1.- LA POSICIÓN TECNOFÓBICA.

Ha estado presente a lo largo de la historia, tanto desde los mitos antiguos (Ícaro, Prometeo,…) como los mitos modernos (Fausto, Frankenstein), así como desde las religiones (el mito de la caída, la torre de Babel,…)
Su base es la afirmación de que la naturaleza humana es inmutable y inmodificable. Siempre ha sido así y así debe seguir siendo.
La transgresión de este límite es algo prohibido, porque equivales a “jugar a ser Dios”, a la “libris” (desmesura griega), estando condenada, no sólo al fracaso, sino también al castigo y a desatar catástrofes.

Una pregunta es si la democracia representativa, la educación y el debate público,… son los mecanismos para resolver los problemas de investigación y de desarrollo tecnocientífico o debe quedar en “manos” de las comunidades científicas o ambas deben estar subordinadas al “valor absoluto de la humanidad”.

Mientras son muchos los que mantienen esta postura desde el punto de vista religioso, otros la mantienen desde el punto de vista secular (Fukuyama, Habermas,…).

¿Argumentos?.

1.- Pueden ser deshumanizantes, al diluir la clara frontera entre hombres y cosas, y hombres y animales. La llaman tanto “deshumanización mecanicista” como “deshumanización animalista”, alterando las características típicas que hacen del hombre un ser único y especial.

2.- Minan la dignidad humana, tal como la entendemos hoy, desembocando en un posthumanismo, que no es, necesariamente, una evolución del humanismo, en el que se diluyen los derechos humanos ante la aparición de especies transgénicas.

3.- Erosionan valores importantes de los seres humanos, al reducir la libertad de elección.
Habermas defiende el “derecho a una herencia genética no manipulada”. La manipulación de los genes afecta a cuestiones de identidad de la especie y la autocomprensión del ser humano como perteneciente a una especie”, fundamento de la ética de la especie, así como de leyes y normas morales.

4.- Tiene consecuencias sociales  negativas, pues pueden crear nuevas brechas  entre los seres humanos y estas desigualdades plantean problemas de justicia, de solidaridad, responsabilidad, igualdad.
Las mejorías genéticas –para Habermas- minarían la igualdad moral y la autonomía de los niños mejorados por la voluntad de sus progenitores
Permiten, incitan, propician unas ventajas cualitativas, basadas, fundamentalmente, en disponibilidades económicas.
Igualmente, las expectativas de vida, capacidades cognitivas por encima de las desviaciones estándar.



2.- POSICIÓN TECNOFÍLICA.

Ya desde el siglo XVIII, con la Ilustración, se desataron las loas a la tecnología, que permitiría la satisfacción de las necesidades humanas.
Este humanismo tecnofílico profesa una confianza optimista en la naturaleza humana y apuesta por el conocimiento y la técnica para la mejora de las condiciones materiales y sociales.
Es la ley del progreso, es la confianza en “sabemos, podemos y queremos”, porque la naturaleza humana no es perfecta, sino perfectible, aunque no se busca la transformación de la realidad biofísica (G. Hottois)..

Reconoce este autor que la cultura tradicional es anacrónica; valió, pero ya no vale, por lo que los defensores de esta cultura serán tecnófobos.
La nueva cultura es la cultura de la libertad de experimentación, de información, de crítica, de apertura a cambios. Conduciría a sociedades abiertas al tiempo y al espacio, capaces de modificar sus estructuras, de aceptar los cambios, de tener una tendencia universalista, progresiva.

La vida humana no es inmutable ni inmodificable. Y, puesto que no existe un orden ontoteleológico definido, el futuro de los seres humanos dependerá de ellos mismos y de sus capacidades de intervención sobre el universo (G. Hottois).

Los defensores de la tecnofilia defienden una visión científica materialista, por lo que sostienen la maleabilidad de la condición humana, en interacción con el contexto social y tecnológico, aceptando unos límites borrosos con otros seres vivientes.


¿Argumentos?

1.- Es legítimo y deseable mejorar el bienestar, las capacidades y oportunidades de los seres humanos. Ello puede conseguirse con la tecnología: “información útil instrumentalmente y transmisible culturalmente (lenguaje, procesos, técnicas, sociedades, máquinas,…).
Consideran un “imperativo ético” mejorar la evolución a través de la ingeniería genética, la medicina regenerativa, los fármacos, las tecnologías de reproducción asistida, las nanotecnologías,… si con ello logramos individuos más sanos, más inteligentes, más cpacitados,….
Es legítimo que los seres humanos aspiremos a mejorar (cosa que, por otra parte, ya está haciéndose, con la educación, los fármacos, el dopaje en el deporte.
Estudiando las condiciones éticas, abogan por el uso de las intervenciones genéticas que sean razonablemente seguras, que se realicen según los intereses de las personas, que aumenten las oportunidades de una vida mejor, que no causen daños a otros, que no coloquen al individuo mejorado en ventaja competitiva frente a los demás, que no refuercen desigualdades injustas o discriminaciones,….

2.- Al ser la curiosidad una característica humana, se debe proteger el derecho a la libertad, a la autonomía y a la investigación.
Aunque estamos, como todos los animales, restringidos por la biología, la capacidad de desear e imaginar que podemos ser mejores y superarnos a nosotros mismos, haciéndose responsables de las acciones y omisiones.

COROLARIO

La dignidad humana no se siente afectada por las intervenciones tecnológicas, incluso es defendible una “dignidad posthumana”
Este “transhumanismo”, movimiento reciente aun mal definido, es fruto del humanismo secular y de la Ilustración, que propone integrar el proceso tecnológico con la defensa de los derechos humanos, defendiendo las tecnologías de perfeccionamiento a discreción  individual y de los padres con respecto a sus hijos.
Como la naturaleza humana no es perfecta, muchas veces es conveniente intervenir sobre ella, contra enfermedades, envejecimiento, sufrimiento, agresiones,…
La decisión no debe provenir impuesta desde arriba, verticalmente, sino defender la libertad individual de elección, tras una buena información y decisión.
Como, por ejemplo, con la cirugía de reasignación de sexo, aún no totalmente asumida por la mentalidad occidental (cuanto menos por otras culturas).