viernes, 11 de diciembre de 2020

ASÍ ES LA VIDA ( 12 ) LAS GUERRAS ( y 2 )

 

La cantidad, el derroche de medios técnicos, en vez de facilitarnos la convivencia, nos distrae de ella por tener que entenderlos y manejarlos.

Los medios espantan a los fines, nos distraen de ellos.

 

No hablo de información, que una persona, solitaria, en su habitación y con Internet puede, a través de las redes sociales estar “comunicando” con muchos a la vez, pero no “conviviendo”.

 

La convivencia es otra cosa.

 

Una pareja de ancianos, sentados en un parque, pueden estar callados pero están conviviendo, quizá no tengan mucho de qué hablar pero sus manos están acariciándose.

 

Mucho se ha hablado y escrito sobre la crisis de valores en la sociedad actual, y no creo que sea verdad, lo que ocurre es que los valores no son los mismos que los de antes.

 

Lo que ocurre es que hay tantos valores actualmente que no sabemos qué hacer con ellos, lo contrario que en la antigüedad, en la que había muy pocos.

 

Antes existía el derecho de pernada, hoy sería perseguido y condenado por violación.

Antes el paterfamilias podía hacer con su mujer y con sus hijos lo que le diera la gana, hoy tanto la mujer como los hijos tienen derechos y pueden denunciar a sus padres por abuso de poder.

 

No hay crisis de valores, pasa que muchos valores antiguos hoy son disvalores, y viceversa.

Hasta tenemos un teléfono, gratuito y “que no deja rastro” para denunciar los abusos.

 

Hasta las ostras parecen tener derechos: “no martirice una ostra viva echándole limón, porque, se retuercen sufriendo) tienen derecho a vivir felices y Ud. no tiene derecho a comérselas”.

 

Los ecologistas (ecólatras) y los veganos atribuyen derechos a los mosquitos y a las lechugas.

 

Hay una proliferación de derechos (de falsos derechos, porque sólo las personas los tienen, sólo las personas son sujetos de derechos).

 

El cuerpo se contenta con poco (a no ser que nos creemos (de crear) falsas necesidades.

Con comer, beber, dormir y hacer el amor, al cuerpo le basta.

 

Pero el espíritu es otra cosa, no parecen tener fin sus necesidades y por tanto sus derechos.

 

¿Habrá que cambiar el concepto de “felicidad” por el concepto de “alegría”?

La alegría es el gran misterio de la vida presente, no la felicidad que, para muchos, como está tras la muerte, en la vida eterna, mientras está vivo todo sufrimiento es un salvoconducto para entrar en el cielo, un “bonobús celestial”)

 

¿Cómo es posible haber llegado a considerar el sufrimiento en esta vida como un mérito para la otra (que, además, no estamos seguros de que exista)?

 

Recuerdo el “Nombre de la Rosa” y el prohibido libro de Aristóteles “De risa”.

 

Se habla mucho y se comenta que sólo en la Constitución de Estados Unidos consta, expresamente, el “derecho a la felicidad”, pero ¿en qué se concreta la “felicidad”?, porque cada uno la interpreta de manera distinta.

 

La felicidad nunca puede ser por una orden gubernativa, y se puede ser muy infeliz en un país bien gobernado, porque en él no se dan las expectativas que todos y cada uno tienen.

 

Quien no conozca el dolor (no que lo quiera) no puede sentir alegría.

 

La felicidad, como la alegría, no pueden habitar sólo en el más allá, debe darse en la convivencia con los otros.

 

Yo, que no soy antirreligioso, en mi agnosticismo, sí soy anticlerical.

Ni creo ni admito que un hombre pueda ser mediador entre un Dios y los hombres y que sólo pueda llegarse a Dios tras pagar al intermediario.

 

“Dios, al ser ubicuo, está hasta entre los pucheros” –decía la santa castellana y puede uno comunicarse con Él directamente, sin pagar el impuesto clerical.

 

Una cosa es el “espíritu religioso” y otra muy distinta es una “religión dogmática”

 

El mal por excelencia es el hacer sufrir al otro, conscientemente, a sabiendas y sin motivo, por sadismo, (porque a un niño se le puede castigar para que estudie, haga la tarea y aprenda la lección) porque en el ayudar al otro pueden ir de la mano un creyente y un agnóstico, la piedad ante el sufrimiento, para lo que no hay que ser religioso, basta el humanitarismo, “no tratarlo como no te gustaría que te trataran a ti” o, en forma positiva, “tratarlo como te gustaría que te trataran”.

 

Una Ética del sufrimiento no puede ser una buena Ética, igual que las religiones disciplinarias, crueles, inquisitoriales, no pueden ser unas buenas religiones, al ser las más alejadas de la moral, lo contrario de lo que debe ser las religiones, fomentadoras de la piedad con los necesitados.

 

“El hombre que tiene arte y cultura, ya tiene religión, el que no tenga ni arte ni cultura, que tenga religión” –afirmaba Goethe.

 

No puede excluirse que haya algo después de la muerte, pero tampoco debe incluirse.

 

Puedes creerlo, pero la creencia en algo no te garantiza la existencia de ese algo que crees, porque lo creído es un deseo que no tiene por qué ser satisfecho.

 

Es lo que claramente decía Gonzalo Puente Ojea y lo denominaba: “falacia conativa”.

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