lunes, 14 de diciembre de 2020

ASÍ ES LA VIDA ( 15 ) LA CULTURA (y 3 )

 

Unamuno, vasco y salmantino, que creía o quería creer (nos contaba el Padre Ramírez, dominico, teólogo y profesor de la Universidad Pontificia, que veía a Unamuno muchos domingos en la plateresca iglesia de los dominicos, de cara a la pared y con los brazos en cruz, rezando y pidiendo fe a Dios (que, digo yo que, para pedir fe en Dios y a Dios debía de creer en Él)

 

Unamuno quería no morir.

 

La religión no es sino un mecanismo de proyección, más allá de la muerte, de los deseos de que exista ese algo que hará a uno tan feliz eternamente.

 

El afán de inmortalidad de un hombre mortal, querer asegurar la inmortalidad, afán de negar la muerte como el final, y sólo el final de la vida.

 

El hombre ha montado una negación de la muerte porque sabe que, antes o después, de forma segura, que va a morir, aunque no lo quiera.

 

Los animales no tienen cultura porque no saben que van a morir y no la necesitan.

 

La cultura es nuestra prótesis de inmortalidad.

Ya lo decían nuestros místicos: que buscamos muletas porque nos da miedo caminar en libertad, abiertos a lo infinito.

 

Buscando inmortalidad nos enchufamos a la cultura, a la riqueza, al trabajo, a los placeres.

Tenemos placeres y vida cuando estamos vivos y querríamos prolongarnos cuando ya no la tengamos.

Es normal, y explicable, pues nuestro deseo de no morir del todo y para siempre.

 

La religión cristiana, en este sentido ha sido muy sabia: prometerte la resurrección de los cuerpos, al final de los días, pero no con los cuerpos deformes de anciano si has muerto anciano) sino con un cuerpo glorioso, como lo era en tu juventud.

 

La apuesta es la más fuerte de todas: poder borrar tus pecados en vida y poder disfrutar eternamente de la felicidad completa y ya sin enfermedad alguna.

¿Hay quien dé más?

 

Resucitar con un cuerpo joven y con el que ya no se va a padecer.

 

Alguien ha dicho que: “si pudiera comer sin engordar, y beber sin resaca y follas sin cansarse, eso sería el paraíso”

 

Pero lo malo es que comer engorda, beber te reseca la boca y…con los años van perdiéndose otras facultades, entre ellas follar.

 

Todos estamos contentos al lado de los niños, más que al lado de los viejos y es, entre otras causas, porque los niños están más lejos de la muerte, tiene como mucha vida por delante, pero concentrada, que irá poco a poco desplegándola, viviéndola.

 

Cuando el intelectual Nicodemo se le acerca, a escondidas, de noche, porque le daba vergüenza, a Jesús de Nazaret que había dicho aquello de: “dejad que los niños se acerquen a mí porque de ellos es el reino de los cielos” y le pregunta que si tiene él que hacerse niño para poder entrar en ese reino, que si deberá volver a entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo a lo que Jesús le responde, sin titubear, que sí, que es una condición indispensable.

 

De nuevo la felicidad ligada a la esencia de ser niño.

 

Y es que la falta de experiencia del niño le puede hacer creer en una creencia inverosímil.

 

A un hombre de experiencia y con experiencia tú no puedes decir que va a vivir después de la muerte, a no ser que se le haga un lavado de cerebro, pero a un niño, sin experiencia, puedes decirle eso y todo lo que se te ocurra porque el niño es, por ser niño, “crédulo” más que “creyente”.

 

El hombre, con experiencia y con memoria de pasado, es difícil hacerle creer esas cosas.

 

Y es que el niño es como un “hombre nuevo” y un “hombre nuevo” tiene que ser como un niño.

 

Pero, lo cierto es que, un niño muerto, el cadáver de un niño, nos causa más impacto, se nos hace más horrendo que el cadáver de un viejo, éste ya tiene la vida vivida, aquel ha muerto con la vida sin vivir.

 

2 comentarios:

  1. La verdad es que yo no me imagino a Unamuno como creyente y menos como penitente pidiendo la fe.
    Y menos después de haberlo visto representado por Karra Elejalde en el cine.
    Es que tu crees en eso de la resurrección de los cuerpos?

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  2. El Padre Ramírez, dominico, profesor de la Pontificia, contaba esa escena, igualmente ante el brocal del pozo en el patio de los dominicos, diciendo: yo, yo, yo, deseando no morir. Lo contaba algún alumno de teología de la Ponti. Creo que se jubiló antes de estar tu hermano y yo de alumnos.

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