domingo, 4 de agosto de 2019

ARISTÓTELES: FORMAS DE GOBIERNO


Aristóteles muestra una profunda experiencia política y un amplio conocimiento de las constituciones de muchas ciudades, no en vano en el Liceo se reunió una colección de constituciones, nada menos que de 158 ciudades y es evidente que, con tanto y tan rico material refleje en su Política un tono de moderación, de sensatez y de madurez.

La mejor forma de gobierno es aquella “en que gobiernan los mejores” y “la que más eficazmente contribuya al bien de la ciudad”.

Las buenas formas de gobierno son aquellas UNO, UNOS CUANTOS O MUCHOS  administran con la vista puesta en el Bien Común.
Por el contrario, los gobiernos con miras a los intereses particulares son viciosos ya sea UNO, VARIOS O MUCHOS los que rigen los destinos públicos.

Pueden reducirse, pues, a TRES los tipos fundamentales:

1.- MONARQUÍA o gobierno de UNO sólo y en la que distinguen 5 clases:

a.- La de los tiempos heroicos, en que el rey era a la vez general, juez y sacerdote.
b.- La de los pueblos bárbaros, que es un poder hereditario, despótico y tiránico.
c.- La tiranía electiva de los antiguos griegos.
d.- La Monarquía espartana, que es una especie de generalato vitalicio vinculado a una familia.
e.- La Monarquía absoluta en la que el rey viene a representar en la ciudad unas funciones semejantes a las de un padre de familia.

2.- ARISTOCRACIA, que es el gobierno de UNOS POCOS, pero LOS MEJORES.

3.- DEMOCRACIA O POLICRACIA, que es el gobierno de MUCHOS.

El abuso del Poder MONÁRQUICO degenera en TIRANÍA, que es el peor de todos (“los unos tienen una guardia de ciudadanos mientras los otros tienen una guardia contra los ciudadanos”.

La degeneración de la ARISTOCRACIA deviene en OLIGARQUÍA.

La degeneración de la DEMOCRACIA deviene en DEMAGOGIA.
Que es lo que ocurre cuando los gobernantes anteponen sus Bienes Particulares al Bien Común de la Ciudad.

Aristóteles, por su parte, no se decanta por ninguno en exclusiva sino que manifiesta su preferencia hacia “un régimen intermedio, entre hombres libres e iguales, apoyado en la clase media, en la que se equilibran los extremos, entre los muy ricos y los muy pobres”

“El justo medio es lo mejor en muchas cosas” (la teoría del “mesotes” o del “término medio”)

ARISTÓTELES: LA JUSTICIA PENAL Y LA EQUIDAD. ( y 3 )



JUSTICIA CORRECTIVA O PENAL.

Es la respuesta a esta pregunta: ¿Qué pena JUSTA debe imponérsele a la comisión de un delito?.
Ni la pena de muerte o la prisión permanente por robar 4 lechugas en el huerto del vecino (sería una pena INJUSTA por exceso) ni una multa de 5 euros por robar 100 euros (sería una pena INJUSTA por defecto).

Este tipo de justicia versa sobre las relaciones de unos ciudadanos con otros, pero distingue entre “relaciones civiles voluntarias” (contratos de compraventa, préstamos, fianzas, arriendo, salario,…) y “relaciones civiles involuntarias”, hechas contra la voluntad del injuriado y sin su conocimiento (hurto, adulterio, envenenamiento, asesinato a traición, fuga de esclavos,…) y otras con conocimiento suyo, pero con violencia (secuestro, rapto, injurias, asesinato cara a cara,…)

Pero los intervinientes no pueden ser los jueces de estos conflictos sino que tiene que ser el juez (que representa la justicia y puede y debe imponerla) el que restablezca la igualdad violada.

LA EQUIDAD.

Como complemento de la Justicia señala Aristóteles la virtud de la EQUIDAD, que constituye un hábito permanente para interpretar y aplicar la ley, determinando lo que es justo “en cada caso particular” (y esto es muy importante) porque la ley tiene un carácter “universal” y no puede prever ni determinar, en concreto, todos los casos particulares.
Como tampoco la ley puede prever (por ser universal) ni tener en cuenta la variabilidad de las circunstancias en que habrán de ejecutarse las acciones.
Por esto es necesaria la EQUIDAD, que se distingue por su flexibilidad, corrigiendo, templando y ablandando la firmeza y la estabilidad que caracteriza a la ley, y la aplica no como una norma rígida e inhumana sino “a la manera de la regla flexible de plomo de los albañiles lesbios, que se amolda a las formas de la piedra que tratan de medir”.

Tampoco el que tiene la ley de su parte debe ser rígidamente “justo-legal”, sino con suavidad.

El ejemplo que solía ponerles a mis alumnos: Unos padres, con cuatro hijos, cuyo padre trabaja con un salario que apenas le da para cubrir necesidades, incluido el pago del alquiler del piso que habitan pero que un día el padre muere y la familia se queda sin medios económicos para poder pagar el alquiler. Entonces el dueño le pide al juez que aplique la ley de alquileres en uno de cuyos apartados afirma que si un mes no es satisfecho el alquiler que desaloje a los inquilinos del piso de su propiedad.
Es verdad la ley y es verdad la propiedad pero el juez, en vez de aplicar la ley “ad litteram”, a al letra, a rajatabla, analiza las circunstancias sobrevenidas a la viuda y a sus hijos y juzga que, interpretando la ley no debe aplicarla porque sería una injusticia.
Y mientras se le busca una salida a la situación sobrevenida juzga que la viuda e hijos permanezcan en la vivienda, a pesar de que la ley…

El razonamiento es: “¿qué habría legislado el legislador si hubiera tenido en cuenta, si hubiera sabido, este caso particular sobrevenido?.

Los latinos lo expresarán determinantemente: “summa lex, summa iniuria”.

Ser indulgente con las cosas humanas (y no sólo legal) también es Equidad.
Hay que, en estos casos, no mirar la lay sino al legislador, no a la letra de la ley sino a la intención del legislador, no al hecho sino a la intención,  y ponerse en su lugar: ¿qué habría legislado si…?

Por eso, este caso y en otros parecidos, es mejor acudir a un “arbitraje” (“jueces de paz en los pueblos”) que a un “juicio” porque “el árbitro tiende a lo equitativo” mientras el juez más a la ley, “y por eso se inventó el “árbitro”, para que domine la EQUIDAD.

Por ésta y por otras cuestiones semejantes Aristóteles puede y debe ser considerado justamente como el moralista más excelso de la antigüedad (y sin tener en cuenta a Dios).

ARISTÓTELES: LAS VIRTUDES. LA JUSTICIA ( 2 )


En el alma distingue Aristóteles dos partes: una irracional (la de las Virtudes Éticas o Morales” y otra racional (la de las Virtudes Dianoéticas o Intelectuales”.

Virtudes Éticas o Morales (Fortaleza, Templanza y Pudor) y en las relaciones sociales del hombre con sus semejantes (Liberalidad, Magnificencia, Magnanimidad, Dulzura, Veracidad, Buen Humor, Amabilidad y Némesis (horror al mal y a la injusticia), Justicia (natural y política: tanto la no escrita como la escrita o legal (distributiva y correctiva (contractual o comercial y judicial o vindicativa)

Virtudes Dianoéticas o Intelectuales: Para el entendimiento teórico o especulativo: entendimiento intuitivo, ciencia y sabiduría) y para el entendimiento racional o práctico: arte, prudencia: individual, económica y política (legislativa, deliberativa y ejecutiva) y virtudes complementarias de la prudencia (discreción, perspicacia y buen consejo)
(Obvio el desarrollo de este esquema de las virtudes por tener como objetivo en este artículo la Virtud de la Justicia)

LA JUSTICIA.

Es la virtud por excelencia y que comprende a todas las demás en cuanto introduce armonía en el conjunto, asignando a cada parte la función que le corresponde.
Pero no intenta reflexionar sobre la justicia en todo el orbe sino sólo en el mundo humano, es la justicia propia del hombre constituido en sociedad y que podemos traducir como “justicia política, civil o social.

La justicia consiste, esencialmente, en: a.- Obediencia a las leyes (“justicia legal”), ajustando a ellas la conducta del ciudadano y b.- En relación a los demás individuos considerados como ciudadanos iguales y libres.

“Obediencia a las leyes e igualdad” como virtud y “desobediencia y desigualdad” como vicio.

Se sobreentiende que las leyes ordenan acciones justas y buenas, conformes a todas las virtudes, luego obedeciendo y cumpliendo la ley una persona obra justamente y “es una persona justa”.
En este sentido la “justicia legal” tiene el carácter de “virtud integral”.

Pero afirma que en “el derecho político” hay elementos que pertenecen al “derecho natural” y otros que tienen carácter puramente “legal o humano”

El “natural” tiene valor universal, en todas partes, tiempos y regiones, es inmutable y no depende de las opiniones ni de las resoluciones de los hombres. Tiene la misma universalidad y estabilidad que las propiedades naturales de las cosas (por ejemplo, el fuego, que quema siempre, a todos y en todas partes” (me recuerda a los Derechos Humanos)

El “legal”, en cambio, determina cosas de suyo indiferentes pero que, una vez establecidas por la ley, adquieren valor obligatorio (valor de un prisionero), pero que son leyes locales y particulares, que son distintas y variables, en los distintos tiempos y países.

La justicia en su relación a los otros atiende a la igualdad que debe presidir el orden entre los ciudadanos.
Y es que la justicia no sólo busca el bien propio del individuo sino también el de lo demás.

En realidad la justicia propiamente dicha no puede darse respecto a uno mismo, como se dan todas las demás virtudes, ni tampoco respecto a las cosas que le pertenecen en propiedad (la mujer, los hijos, los siervos) sino que implica siempre relación a otro.

Ella es la mejor garantía del Bien Común y al que deben subordinarse los bienes particulares, incluso a costa del sacrificio de los individuos.
La Justicia no puede considerarse como una simple parte de la virtud, sino que es la virtud entera; y su contrario, el vicio, no es parte del vicio, sino que es el vicio entero”.

Las relaciones de unos ciudadanos con otros deben estar presididas por la IGUALDAD.
El “medio” de la justicia es lo “igual” y lo injusto lo “desigual”.

JUSTICIA DISTRIBUTIVA es la que debe regular las relaciones del Todo con las Partes, o sea, de la Ciudad con los Individuos y tiene por objeto regular el reparto de los bienes (honores, riqueza,…) así como de las cargas y obligaciones entre los miembros pertenecientes a una misma ciudad.
Se deben repartir los cargos y las cargas no por “igual” a todos sino según su “merecimiento” en una jerarquía social, según sus méritos.

Al que merezca 4 debe dársele 4 como el que se merezca 10 debe dársele 10.
No es una “igualdad aritmética” sino “proporcional”, eso es lo justo.
(Es el ejemplo que solía proponerle a mis alumnos: ¿a todos, por igual, un 5 (lo que sería una injusticia respecto a los que merecieran menos o más) o según sus méritos?

Los cargos y las cargas.
No todos deben contribuir, con sus impuestos, “igual cantidad” sino “proporcionalmente a la riqueza que posea”

No “igualdad aritmética” (sería una injusticia) sino “igualdad geométrica o proporcional”, eso es lo “justo”, lo “iustum”, lo “suyo”

JUSTICIA CONMUTATIVA es la que se da entre los ciudadanos, y es una “igualdad aritmética”.
Es la que se da en las relaciones contractuales de tipo comercial, donde la igualdad debe ser estricta y de “orden aritmético” aunque no siempre es fácil establecer una igualdad perfectamente natural cuando se trata de objetos heterogéneos (una casa, un vestido, unos zapatos, una lechuga,…) por lo que, para establecer una igualdad justa es necesario acudir a un término común de comparación admitido convencionalmente, que es la “moneda” a la que se le atribuye un valor “legal”.

La moneda es una realidad artificial (sobre todo cuando está en papel, cuyo valor “real” es mínimo), que no existe como tal en la naturaleza y sólo sirve de medida común en cuanto que así ha sido establecido entre los hombres por convención sancionada por la ley.

Así se convierte la moneda en una “medida general” que sirve para comparar y valorar las cosas, unas en relación con otras y que, de esta manera, lo iguala todo (algo muy distinto al “trueque”, comparando cosas entre sí, (“tantas gallinas por una oveja”)

Cuando se ha cometido una injusticia, violando la igualdad, es al juez a quien le corresponde restablecerla, y no a los intervinientes,
El juez es el representante de la “justicia personalizada” y es el que debe quitar a una parte lo que tenga de exceso y añadir a la otra lo que tenga de defecto.

Aunque el juez deberá tener en cuenta otros aspectos (la voluntariedad en el delito, las circunstancias en que fue cometido, …) porque no es sólo una medida cuantitativa.

“La necesidad que tenemos unos de otros es en realidad el lazo común de la sociedad”

(El ejemplo de Justicia Conmutativa que solía proponerles a mis alumnos si fuéramos al estanco a comprar un paquete de tabaco y decirle al estanquero que si ese era el precio del tabaco para ese alumno, como yo era profesor, entonces…)

Es la justicia que se da en la compra-venta, “tú me das-yo te doy”, en la que todos somos “iguales”


viernes, 2 de agosto de 2019

ARISTÓTELES: LA JUSTICIA ( 1 )




LA VIRTUD, LAS VIRTUDES, LA JUSTICIA.

La repetición de “actos buenos” conduce a la creación del “hábito de obrar bien” y eso tiene un nombre: “VIRTUD”.
Por el contrario, la repetición de “actos malos” conduce a la creación del “hábito de obrar mal” cuyo nombre es “VICIO”

ACTOS à HÁBITOS à VIRTUDES O VICIOS.

La virtud es la condición necesaria para llegar a conseguir la felicidad (“todo lo que el hombre hace, lo hace para ser feliz” sentencia Aristóteles)
El análisis de la virtud ocupa en Aristóteles la mayor parte de sus tres Éticas.

Considera al hombre como un compuesto sustancial, integrado por dos principios distintos: cuerpo material y alma inmaterial/espiritual.
El cuerpo es sujeto de “pasiones” (movimientos del apetito sensitivo que llevan consigo placer o dolor, como la concupiscencia, la cólera, el temor, la audacia, la envidia, el amor, el odio, el pesar, los celos, la compasión,…), las “potencias” (lo que hace al hombre capaz de experimentar las pasiones) y los “hábitos” (cualidades adquiridas que ponen al sujeto en buena o mala disposición para sentirlas).

Las “pasiones”, en sí mismas, no son ni buenas ni malas, su bondad o maldad depende del objeto por el que el hombre se apasiona (amar al prójimo u odiarlo,…), no son potencias, sino hábitos que perfeccionan las potencias activas llegando a ser virtudes o vicios.

La virtud reside, siempre, en el alma, pues necesita conocimiento, deliberación y libertad para regir la actividad humana (el cuerpo es sólo su soporte puramente materias).

Aunque la vida virtuosa es una, las virtudes son muchas, según las actividades humanas, tanto social como individualmente.

1.- LA VIRTUD ES UN HÁBITO ADQUIRIDO.
Adquirido por la repetición de actos, mediante el esfuerzo y la tenacidad en la práctica de obrar bien, la naturaleza sólo da ciertas “disposiciones”.
Unos nacen con más talento o más temperamento que otros, pero llegar a convertir en “hábitos” firmes y permanentes esas disposiciones requiere tiempo, ejercicio, energía, constancia,…de ahí que diga Aristóteles que la virtud raramente se dé en los jóvenes y que hay que esperar a la madurez.

Las “virtudes intelectuales”, superiores, se adquieren por medio de la enseñanza y del aprendizaje, con tiempo y con experiencia.
Las “virtudes morales”, inferiores, también requiere de un largo ejercicio.

2.- LA VIRTUD ES UN HÁBITO VOMUNTARIO.
Contra Sócrates, que identificaba “virtud” con “ciencia” y “vicio” con “ignorancia” ambos dependen tanto del conocimiento como de la voluntad.
No basta con saber el bien para practicarlo ni conocer el mal para dejarlo de cometer.

La virtud es un “hábito, libre y voluntario, que implica un acto de “deliberación” y de “elección” y en el cual intervienen conjuntamente la inteligencia y la voluntad.

El mecanismo del acto voluntario es: 1.- Conocimiento del objeto y del fin, 2.- Voluntad de alcanzarlo, 3.- Deliberación sobre los medios adecuados para conseguirlo, 4.- Elección reflexiva y 5.- Firmeza inquebrantable en la decisión al obrar.

La “elección” es sobre los medios, no sobre el fin (el bien siempre es querido).

3.- LAS VIRTUDES MORALES CONSISTEN EN EL “JUSTO MEDIO” ENTRE DOS EXTREMOS VICIOSOS.
Un extremo es vicioso por “exceso” y el otro extremo lo es por “defecto”.
Es la denominada “teoría del mesotes” (del “término medio”)
“Virtus est in medio extremorum”, aunque ese término medio no sea igual para todos los hombres, y no hay un “medio matemático riguroso” (excepto en la “justicia conmutativa”, como posteriormente veremos).

Por ejemplo: el “valor” es el término medio entre la “cobardía” (extremo por defecto) y la “temeridad” (extremo por exceso).
La cantidad de comida o de inspiraciones no es la misma para un minero que para un escribiente, ni para un corredor que para uno sentado.

4.- NO BASTA CON CONOCER ESPECULATIVAMENTE EN QUÉ CONSISTE LA VIRTUD, SINO QUE ES NECESARIO “ESFORZARSE POR POSEERLA Y PRACTICARLAS”.

Sólo practicando “actos justos” se consigue el “hábito de obrar justamente” y llegar a “ser una persona justa”.
Como sólo se llega a “ser un nadador”, “ser músico”, “ser arquitecto”…

ARISTÓTELES: BIOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA ARISTOTÉLICA.




No es excederse si afirmamos que Aristóteles fue el creador de la Biología, pues una gran parte de su obra (“corpus aristotélicum”) está consagrada al estudio de los seres vivientes, tanto el De Anima, como los “parva naturalia” y otros tratados sobre animales y plantas.

Y tampoco es excederse si afirmamos que fue el primer clasificador de los seres, muchos siglos antes que Linneo.

Las sustancias físicas se dividen en “vivientes” (las que tienen dentro de sí el principio intrínseco de su movimiento espontáneo hacia su propio bien o su propio fin, son “semovientes” y “no vivientes”, que son inertes, tienden a su lugar natural, a no ser que una fuerza extraña se lo impida y si se mueven es por una fuerza extrínseca a ellos.

Un pájaro o un pez no son un avión o un automóvil.

Vida, pues, es automovimiento, lo que tienen las plantas, los animales y el hombre.

El “alma” es el Principio de vida”, por lo que todo ser vivo tiene “alma”.

Pero en la escala de los seres vivientes hay varios grados:

1.- Plantas, que tienen “alma o vida vegetativa o nutritiva” que realizan las funciones de “(nace), alimentarse (asimilar), crecer, reproducirse y (morir)”, pero carecen de sensibilidad y de movimiento local.
Alimentarse-nutrirse y crecer tienden a la conservación del individuo, y al de reproducirse tiende a la conservación de la especie.

2.- Animales imperfectos, que tienen las funciones del alma vegetativa más las suyas propias, las del alma sensitiva, pero carecen de movimiento progresivo.

3.- Animales perfectos, que tienen todo lo que tienen los vegetales, lo que tienen los animales imperfectos más lo suyo propio, lo del “alma o vida sensitiva”: Sentidos (conocimiento de seres distintos a ellos), apetito sensible, (fantasía, memoria, como sentidos internos) y potencia locomotriz, para trasladarse de un lugar a otro.
Unos necesitan la presencia de un estímulo externo (sentidos externos) y los otros no (sentidos internos)
También distingue Aristóteles entre sensibles propios (el color, el olor…) y sensibles comunes (no exclusivos de ningún sentido en concreto (magnitud, figura, número, movimiento,…)

4.- El Hombre: grado supremo en la escala de los vivientes terrestres y que tienen todo lo de los vegetales, todo lo de los animales más los suyos propios, lo de su “alma o vida racional”: entendimiento, voluntad (deliberación) y libertad.

Los sentidos externos son cinco: vista, oído, gusto, olfato y tacto (aunque en el tacto…)
Los sentidos internos (en los que no es necesaria la presencia de un estímulo) son: sentido común, imaginación, estimativa y memoria.
Además el apetito sensible.

En la vida intelectiva se encuentra el “conocimiento intelectual” en el que distingue el “entendimiento agente, que realiza la abstracción)” y el “entendimiento paciente” (que es el que conoce).

En el De Anima afirma que el hombre esta compuesto de “cuerpo, alma y entendimiento (además activo o agente) y (pasivo o paciente) por lo que complica más la composición hilemórfica.

Definiciones de alma (en el De Anima): “forma de un cuerpo natural que tiene la vida en potencia”, “acto primero de un cuerpo natural que tiene la vida en potencia”, “acto de un cuerpo natural orgánico”, “aquello por lo cual vivimos, sentimos y pensamos”

jueves, 1 de agosto de 2019

ARISTÓTELES: EL HOMBRE "ANIMAL POLÍTICO" ( y 2 )


La Ciudad, como un todo, tiene prioridad de naturaleza sobre las partes.

“Por ejemplo, cuando el todo que es un cuerpo, se destruye, ya no hay manos ni pies, a no ser en sentido equívoco, como podría hablarse de una mano de piedra, porque a eso queda reducida la mano cuando es amputada.
Las cosas se definen por su actividad y por su potencia y cuando ellas no son, en realidad, las mismas, no se puede decir que sean, en realidad, las mismas, sino, más bien, que tienen el mismo nombre” (es decir que son equívocas).

La Ciudad es un todo, pero no un todo homogéneo, dotado de una unidad substancial, como el individuo; ni tampoco una unidad resultante de relaciones fundadas en la generación, como las familias, sino un compuesto heterogéneo, en el cual permanecen sus partes integrantes distintas, con sus funciones propias y diferentes (no absorbidas por el todo y perdiendo su identidad).

La unidad que propone Aristóteles es tan sólo una unidad de tipo orgánico, de orden, que es la única posible cuando se trata de una multitud integrada por partes heterogéneas, las cuales quedan unificadas extrínsecamente en virtud de su tendencia y de su orientación activa hacia un fin común.

El hombre, pues, es un animal social y es la polis la forma más perfecta de sociedad, porque Aristóteles, a pesar de haber sido tutor (¿) de Alejandro Magno (cosmopolita) no rebasó la estrechez del concepto arcaico de la polis griega tradicional a pesar de que Atenas vive en un momento de crisis tras el largo proceso de disolución que arrancó en las Guerras Médicas, se continuó en la Guerra del Peloponeso y culminó con la fulminante campaña de su discípulo Alejandro, cuyo ideal político nunca compartió y que habría el camino al cosmopolitismo.

La ciudad es una “comunidad política”, es decir, una asociación, una agrupación, una comunidad compuesta de hombres, pero no toda asociación es “ciudad”, porque no basta la simple “convivencia” ni la “comunidad de lugar” (uno podría imaginarse a Megara y Corinto dentro de una misma muralla y seguirían siendo dos ciudades; ni tampoco basta la simple “asociación”, pues los esclavos podrían asociarse, pero no serían “ciudad” porque ésta exige “hombres libres” y los esclavos no lo son.

La ciudad es una entidad social no estática, sino dinámica y que tiende a conseguir un fin determinado: la felicidad, vivir bien y obrar bien, que es lo mismo que ser feliz, tanto para el individuo (“todo lo que el hombre hace, lo hace para ser feliz”) como para la polis (los hombres reunidos).

El hombre tiende a la convivencia y también a la utilidad común (es lo mejor para todos) y no sólo para satisfacer las necesidades primarias y materiales, aunque esto haya sido una de las causas de la asociación.

Vivir, simplemente, es un bien, pero eso es demasiado poco. Es un fin pero no el fin principal.
“No sólo vivir, sino vivir bien”, una vida feliz y buena, que es vivir conforme a la virtud, sobre todo a la justicia.

Definición, pues, de “ciudad”: “comunidad de hombres libres” (género próximo) “orientada a la finalidad de vivir bien” (diferencia específica), es decir, de “vivir conforme a la virtud”.

Y hay condiciones para ella sea posible: un número suficiente de ciudadanos (ni demasiado grande ni demasiado pequeño), con recursos suficientes para bastarse a sí misma, debe estar bien orientada y bien emplazada (proximidad al mar), debe tener fácil salida para los ciudadanos y difícil acceso para los enemigos, debe tener murallas y fuerza naval suficiente para su defensa y para garantizar su comercio, debe estar bien provista de aguas…

O esta otra definición de “ciudad”: “comunidad de familias y de aldeas, en una vida perfecta y suficiente, que es la vida feliz y buena”.

El fin, pues, de la “comunidad política” es el BIEN COMÚN.

No ha lugar a un destino trascendente del hombre, todo queda recluido en los límites de la presente vida, en este mundo.

Todos los regímenes que se proponen la Utilidad Común son rectos desde el punto de vista de la justicia, pero los que sólo tienen en cuenta el bien de sus gobernantes son defectuosos, desviaciones de los regímenes rectos, pues son despóticos y la ciudad es una comunidad de hombres libres.

¿La justicia?

“La justicia consiste en la igualdad, y a sí es, pero no para todos, sino para los iguales, y la desigualdad parece justa, y lo es en efecto, pero no para todos, sino para los desiguales”.

Dar y tratar igual a los iguales y dar y tratar desigualmente a los desiguales.
Eso es “dar a cata uno lo suyo, lo “iustum”, que no es lo igual para todos, seria una injusticia darle al que no lo merece o no darle al que lo merece o darle lo mismo a todos.

ARISTÓTELES: EL HOMBRE: “ANIMAL POLÍTICO” ( 1 )




EL HOMBRE: “ANIMAL POLÍTICO”

El hombre no es un ser existente único ni aislado, sino que es un individuo de una especie multiplicada en multitud de seres particulares, distintos y a la vez semejantes, que se asocian en agrupaciones de diversos tipos.

Las relaciones del hombre, pues, no son sólo con Dios, sino también con otros seres semejantes a él y los problemas de coexistencia y de convivencia correspondientes en la “comunidad política”.
Pero ¿es esta comunidad política una entidad artificial, establecida mediante un pacto o una convención voluntaria entre un conjunto de individuos humanos que se agrupan y se asocial con la finalidad extrínseca de conseguir un bien común para todos, que complete y facilite la consecución de sus posibilidades naturales?

Esto es lo que creían los Sofistas, anticipándose muchos siglos a Hobbes y a Rousseau, sobre el origen de la sociedad.

No es esto lo que piensa Aristóteles para quien la comunidad política no es algo artificial sino “natural”.

“El hombre es, por naturaleza un animal (viviente sensible) político o social”.

En la misma naturaleza individual de cada hombre hay una tendencia innata a lograr su propia perfección, en la cual consisten su bien y su felicidad.
Esta perfección no puede lograrla el individuo en su estado de aislamiento y de soledad.
El individuo, aislado, es insuficiente para bastarse a sí mismo, por lo que necesita de la agrupación con sus semejantes, la cual tiene diversas formas:

1.- LA FAMILIA (“oikós”).

Es la unidad social básica que comprende el marido, la mujer, los hijos, los esclavos,…y el buey arador.
Es una asociación meramente natural y en la que el varón tiene autoridad real sobre los hijos y los esclavos y autoridad democrática sobre la mujer.

2.- LA ALDEA (“komé”)

Que resulta de la agrupación de varias familias.

3.- LA CIUDAD (“polis”)

Es la comunidad política que resulta de la agrupación de varias aldeas, o de un número mayor de familias.

Como prueba de la sociabilidad (hoy denominada “socialidad”) natural del hombre señala Aristóteles el hecho de que la naturaleza le ha dotado del don de la palabra (“lógos”), muy distinto a los demás animales, que sólo emiten sonidos (“foné”).

Pero el hombre tiene razón, discurre y habla.

La palabra no es sólo “logos”, sino también “dialogo”, que implica comunicación con otros seres semejantes.

El hombre es el único animal que no sólo sabe distinguir entre el dolor y el placer (que también lo hacen los demás animales, en cuanto que son “sensibles”) sino entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto.

La naturaleza (“que no hace nada en vano”) ha formado al hombre para vivir, no aislado, sino en sociedad.

El hombre solitario (“como un águila en su picacho”) es antinatural.
O es un dios o es una bestia (contra la autarquía de los cínicos).

Ya para “nacer” son necesarias dos personas de sexo distinto y después, para desarrollarse, para “ser” serán necesarias otras muchas personas.

Entre las varias formas de asociación (“koinonía”) que distingue Aristóteles están: la familia, la casa, la aldea, el patriarcado, la tribu y, la más suprema de todas, la ciudad (“polis”), que es la cumbre y el fin al que tienden todas las demás siendo posterior, genética e históricamente, a todas las demás formas de asociación.

La “polis” es la sociedad perfecta, independiente y que se basta a sí misma.
Goza de prioridad de naturaleza, de perfección y de dignidad sobre todas ellas.

Es la obra más excelente que el hombre puede realizar sobre la tierra.
Ella es el lugar por excelencia para llevar una vida humana digna.

Así como el individuo nace en el seno de una familia, las familias y los individuos nacen en el seno de una ciudad, siendo ésta, pues, anterior por naturaleza a individuo y familia.