jueves, 12 de julio de 2018

NIETZSCHE: EL FILÓSOFO ICONOCLASTA (2)




Es decir, el “platonismo” es el generador del “Nihilismo”, el más pesado de los huéspedes, que avanza sobre Europa con el paso lento, pero seguro, de la pérdida total de vida, que hará de la cultura europea “el matadero del espíritu”.

Si “nada (nihil) de lo anterior vale y la vida y el mundo han estado basados y fundamentados en esa “nada”, no es de extrañar que el “nihilismo” (bajo una de sus formas, al menos, la secularización, Europa está convirtiéndose en Ese “matadero del espíritu”.

Su aversión al Platonismo, su odio tanto a Kant como a Espinosa (Spinoza), su rechazo a la moral cristiana, sus desprecios a Occidente, junto a la irrupción  de su propia filosofía y sus planteamientos claves son los que deberán llevar a la humanidad hacia otros cambios y a otras formas de valorar la existencia.

Ahora los clásicos problemas de la filosofía, a la luz de la nueva perspectiva nietzscheana, son planteados de otra manera distinta.

En esta o para esta filosofía del porvenir es difícil separar el terreno filosófico del terreno moral.

Todos los filósofos han pretendido moralizar, han pretendido, en su búsqueda de la verdad, a cualquier precio, ser los dirigentes y los ordenadores del mundo, en una interpretación de la realidad con base en unos valores determinados.

Esa “Voluntad de Verdad” atraviesa toda la historia del pensamiento occidental, desde Platón hasta él pero él está justamente ahí para ser el destructor de esa forma de pensar y de valorar la existencia.

Filosóficamente, pues, podría decirse que la historia de la Filosofía se divide, como la historia general se dividía en a. C y d. C en “antes de mí (Nietzsche) y después de mí”.

Toda esa estructura milenaria prenietzscheana debe ser derribada con el “martillo” y convertir la cisura del “antes y el después”.

“Es de capital importancia que se suprima el mundo verdadero. Éste es el gran cuestionador y el gran devaluador del mundo que nosotros somos. Él ha sido, hasta ahora, nuestro más peligroso atentado contra la vida.

Mientras se mantenga el “allí arriba” y éste sea “supervalorado”, el aquí abajo, yo y el mundo, no son más que la sentencia del místico: “una mala noche (tiempo pequeño, nuestra vida terrenal) en una mala posada (espacio concreto)”

Pero es que esa “Voluntad de Verdad” no es una potencia moral, sino una forma de manifestarse la “Voluntad de Poder”.

“No hay ni espíritu, ni razón, ni pensamiento, ni conciencia, ni alma, ni voluntad, ni verdad: todo son ficciones inservibles.
No se trata de “sujeto” y “objeto” sino de una determinada especie animal que únicamente prospera bajo una cierta exactitud relativa y, sobre todo, regularidad de sus percepciones”.

Esa afirmación categórica anterior es la que ha producido (y sigue produciéndolo) un rechazo instintivo de su filosofía tanto por parte de los filósofos académicos como de los filósofos en general, pertrechados de “platonismo” y ajenos al nuevo catálogo de categorías que Nietzsche ha puesto en funcionamiento.

El intento de Nietzsche es mayor que el “intento quijotesco” de salvar damas y defender viudas luchando contra “molinos-gigantes”, se trata del envés a la tradición, no es mero intento de mejorar una sola parte, es “contra el todo”.

Exceptuado Heráclito todos los demás filósofos anteriores a él serán vilipendiados, destruidos, subvalorados, por ser los causantes de la “antivida que proponen como auténtica vida” por mantener el esquema interpretativo del “platonismo”.

El aspecto destructivo de su filosofía, el primer paso en su caminar filosófico, se concreta en ese ataque frontal, esa lucha a muerte, contra la metafísica, ese ataque personal contra los principales concepto de la misma, contra el platonismo como reino supremo de la Idea y sus derivaciones idealistas y positivistas.
Este primer paso destructivo para allanar el solar de su futura edificación es lo que más ha calado en sus estudiosos, porque parece escribir con sangre.

Nietzsche el destructor, Nietzsche con el martillo derrumbando los ídolos del pensamiento Occidental, Nietzsche el iconoclasta por antonomasia, que inaugura la Crisis Occidental y pone la primera piedra que sirva como punto de partida para todo lo que el siglo XX ha no sólo pensado, sino realizado en la Praxis: el Nihilismo.

“Nada de lo anterior valía, por eso lo hemos destruido para construir el nuevo mundo valioso.

“Superación de los filósofos mediante la destrucción del mundo del ente: período de transición del Nihilismo, antes de que exista la fuerza de invertir los valores y de deificar, de bendecir lo que deviene, el mundo aparente como el único mundo”

Que sólo exista lo que realmente existe, este mundo, terrenal, temporal, deviniente, imperfecto,… pero el único hogar para el hombre nuevo.

El Nihilismo supone la conciencia de una grave crisis, de la “mayor colisión de conciencias, de una crisis como jamás la ha habido en la tierra”

“Describo lo que viene: el advenimiento del Nihilismo… los signos se hallan por todas partes, sólo faltan los ojos para detectar estos signos. Celebro, no condeno, que venga: creo que tiene lugar una de las crisis más grandes, un instante en que el hombre recapacita sobre sí mismo de la forma más profunda: si el hombre se repondrá o no, si domeñará la crisis o no, es una cuestión que atañe a su fuerza: es posible”

La Muerte de Dios, como acontecimiento histórico occidental nos coloca a las puertas de una nueva interpretación de la realidad, una realidad atea, en su amplio sentido y filosófica, en su sentido último, ante la cual Nietzsche no retrocede sino que va colocando bases cada vez más profundas para lo que puede ser uno de sus “pensamientos abismales”.

Esta interpretación de la historia Occidental como historia “nihilista”, este planteamiento del Nihilismo como fenómeno contemporáneo nos ha dejado atónitos.

“Nada” de todo lo anterior vale.

miércoles, 11 de julio de 2018

NIETZSCHE: EL FILÓSOFO ICONOCLASTA (1)


Si los iconoclastas eran una secta que, etimológicamente y realmente, se distinguieron por ser “rompedores de imágenes (sagradas)”, Nietzsche sería el “filósoclasta a tiempo completo” ya que no deja títere con cabeza ni de los filósofos anteriores a él ni de sus filosofías respectivas (vamos a exceptuar a Heráclito y su “todo se mueve, todo cambia, el ser no es, lo que realmente es es el no ser,…)

Quizá por eso él mismo dice: “Yo no soy un hombre, soy dinamita” (y todos sabemos cuál es la finalidad y el objetivo de la dinamita).
Y, además, “contra todo lo creído, exigido, santificado”

Sus dos grandes “iconos” a destruir, con su “dinamita” son: 1.- La Metafísica, y 2.- La Moral judeo-cristiana.

En ambas están contenidas todas las demás destrucciones, aunque pudiera uno preguntarse si una vez destruida la Metafísica lleva ya implícita la otra destrucción.

La Metafísica a destruir es la base de todos los valores que han guiado el devenir histórico y cultural de Occidente.

Hay que derribarlo todo no por el afán destructivo sino para dejar despejado el solar y poder construir en él una nueva valoración (su “transvaloración” en base a la vida y no a la razón.

¿Por qué su aversión absoluta al cristianismo y a los cristianos, a los sacerdotes, a la Iglesia como institución, al Dios cristiano en una forma desmedida y brutal?

DESTRUCCIÓN DE LA METAFÍSICA: CONTRA EL PLATONISMO.

Además el ataque a la Metafísica lo realiza de una manera vivaz, altanera, provocadora, martilleante, con un sadismo lúdico al considerarla “el mayor peligro, el mayor error, la mayor mentira”.

Puesto que el mundo inteligible no existe, el hombre moral no está más cerca de él (aunque se lo crea) que el hombre físico.

Va recorriendo la historia con su martillo del conocimiento y va derribándolo todo, convirtiendo el martillo en un hacha que corte la raíz de “la necesidad metafísica de la humanidad”

Platón y Kant son sus dos iconos más destacado a destruir, “dos momentos del desarrollo de la idea” enmarcados ambos en un concepto: “Platonismo”.

El término “platonismo” no se refiere a Platón, a los platónicos y neoplatónicos, sino que se refiere a un esquema de pensamiento, a una forma de interpretarlo todo, desde el mundo hasta el hombre, así que “platónicos” han sido todos los filósofos y todas las filosofías prenietzschenas, siendo Kant uno de esos “platónicos” convertido en diana de los dardos de Nietzsche.


Todos recordamos el Mundo de las Ideas de Platón, que es el mundo real, y no este mundo material de seres, vivos y/o muertos, y que no son más que copias o participaciones imperfectas de la Idea perfecta.
Y todos recordamos el “fenomenon” y el “noumenon” kantiano.

Ese (este) “platonismo”, que se desarrolla históricamente, va impregnándolo todo: la concepción del hombre y del mundo, la concepción de la vida no como fin y meta a vivir sino como paréntesis, preparación, escalera para que, algún día, podamos ascender a la auténtica realidad, que es ultramundana, por lo que esta vida, este hombre, este mundo,…son algo despreciable en comparación con la vida de ultratumba que nos espera, y que es perfecta, eterna, definitiva.

“Platonismo” no como la doctrina de Platón, sino como un sistema de pensamiento englobador de todo aquello que “se considera necesario saber”  en Occidente.
Ese mundo de las ideas que va de la mano de la metafísica y de la ética, que se extiende a la sociedad y a la política y que engarza con la teoría estética.
La Verdad, el Bien, la Belleza,…todos los valores encadenados y de la mano, el Ser ante el que todos los pensadores occidentales han terminado postrados, mintiendo de la mejor manera que pueden mentir los filósofos: “Creyendo en la Verdad

Esta creencia fundamental de los filósofos ha detenido el avance de la humanidad, ha bloqueado la puerta del futuro, sembrando cizaña en el hombre y dando de digerir a la intelectualidad culta occidental la fe en algo milenario, disimulada a través de telarañas conceptuales que han ocultado siempre la verdad clara y desnuda.
La intención era engañarse de manera útil, inventando fórmulas y signos con cuya ayuda se redujo la multiplicidad desconcertante a un esquema práctico y manejable.

Pero se pone en juego una categoría moral: “ningún ser quiere engañarse, a ningún ser le es lícito engañar, en consecuencia: no hay sino una voluntad de verdad.
¿Pero “qué es la Verdad?

“El principio de contradicción” aportó el esquema: “el mundo verdadero, cuyo camino se busca, no puede estar en contradicción consigo mismo, no puede cambiar, no pueda devenir, no tiene ni ningún origen ni ningún final.

“Este es el error más que se ha cometido nunca, la verdadera fatalidad de error sobre la tierra: se creyó tener un criterio de realidad en las formas de la razón, siendo así que se las tenía para dominar la realidad, para malentender la realidad de una manera inteligente…”

Así, el Platonismo ha envenenado la vida en su multiplicidad y diversidad, ha pretendido crear unidad en la multiplicidad, ha debilitado al hombre durante siglos, haciendo de él un enano conceptual, ha generado sistemas para la mayoría, destruyendo la selectividad natural y al hombre del futuro.

“Ha invadido todas las esferas de la vida a través de la creación de valores colectivos, de la gregarización de los hombres”


martes, 10 de julio de 2018

A PROPÓSITO DE NIETZSCHE: LA CREACIÓN DE NUEVAS NOCIONES ( y 3)


“Nosotros, los nuevos, los carentes de nombre, los difíciles de entender”

“El ideal de un espíritu que juega, y juega ingenuamente, con todo lo que, hasta ahora, fue llamado santo, bueno, intocable, divino,..No es sino peligro, decadencia, rebajamiento…”

Lo que para los vulgares es excelso, para el genio es rastrero.

Aquí radica su odio al pueblo, al pueblo bruto, ignorante, incapaz de sentir lo que él siente, de percibir lo que él percibe.
La masa, la plebe, el populacho que estira sus fauces, los esclavos, los resentidos, los atormentados, los viciados.

En muchos de sus textos expresa Nietzsche su desprecio por los hombres vulgares.
Pero ¿cuál es el verdadero sentido y el alcance de esta crítica?

Lo que más odia Nietzsche es la ignorancia del pueblo y en la medida en que el cristianismo y sus sucedáneos (el sistema democrático y el socialismo) propenden a la nivelación de la humanidad, a la “pretendida” igualdad de los hombres, podemos entonces decir que Nietzsche desprecia toda la contemporaneidad civilizada, y ese siglo –el siglo XIX – como el siglo del pueblo y máxime el siglo XX como culminación del proceso de las ideas modernas y el aplebeyamiento logrado por la Revolución Francesa.

Es cierto que la ignorancia del pueblo es el abono ideal y la tierra fértil para la dominación de los señores y es cierto que nada hay más grato para los pobres, desheredados, inferiores,…que oír la cantinela de que nadie es más que nadie, que todos somos iguales,…(el lecho de Procusto).

Nietzsche se considera fuera del pueblo, fuera y superior a la masa, diferente (y no igual), como fuera del tiempo, fuera del lenguaje, fuera de la plebe.

Él es un Inmoral, un espíritu libre, un hombre superior, un anticristo, alguien devenido libre, por eso cree que puede hablar, que tiene poder para expresar lo más grande que se haya podido expresar a la humanidad.

“Yo trazo en torno mío círculos y fronteras sagradas; cada vez es menor el número de quienes conmigo suben hacia montañas cada vez más altas; yo construyo una cordillera con montañas más santas cada vez”.

Por eso puede pedir que perezca el hombre para que pueda surgir el superhombre, puede convocar a la humanidad a que siga otros caminos, a que escoja otras rutas, puede legislar para el futuro y “operar sobre milenios como si fuesen cera”

Él es el gran Liberador de Occidente, la voz más profunda del espíritu europeo, un “destino”
(Freud diría que “narcisismo ilimitado”)

Ante esta filosofía, todas las filosofías y todos los filósofos, pasados, presentes y futuros, resultan pálidos, garrapatean sólo conceptos sobre la realidad o, incluso, retoman muchos de sus pensamientos abismales.

La Moral Cristiana ha sido, hasta ahora, la Circe de todos los pensadores, éstos se hallaban a su servicio”
¿Quién, antes de mí, ha penetrado en las cavernas de las que brota el venenoso aliento de esa especie de ideal?
¿Quién se ha atrevido, siquiera, a suponer que son cavernas?”

Todos los anteriores a Nietzsche pueden ser declarados sólo moralistas, remedos de sacerdotes, tejedores de arañas conceptuales –al estilo de Hegel -, cristianos alevosos –al estilo de Kant- o cristianos prematuros, al estilo de Platón.

Una de las mayores aportaciones de Nietzsche es la ruptura con la tradición del Yo y del Ser, ruptura con una de las creencias más fuertemente tenidas en Occidente durante 25 siglos.

No ceja de criticar las tres doctrinas: La doctrina del Ser, de los antiguos; la doctrina del Alma de los teólogos cristianos, la doctrina del Yo, de los modernos.

Destruye para construir pero para que el nuevo edificio surja (su filosofía) tiene que forzar el lenguaje, único vehículo de expresión que existe, forzándolo a que exprese lo que no puede expresar, haciendo estallar los conceptos, forzando las palabras de mil maneras, sugiriendo, ocultando, en un juego metafórico que rompe los límites entre el discurso filosófico y el discurso poético y, también, callando cuando lo que quiere expresarse no puede expresarse.

“Puede ser altura del alma el que un filósofo calle”
Porque también el silencio habla de múltiples maneras y no siempre podemos estar prisioneros de las palabras.
Los filósofos deben aprender a callar porque, a fin de cuentas, el que más habla es el pueblo que, incluso se manifiesta escribiendo en los periódicos.

Nietzsche odiaba los periódicos, que reproducían, en el día a día, la banalidad de la época, “la bilis del sistema”.

¿Qué pensaría hoy Nietzsche ante esta aldea global informática en que se ha convertido el mundo, manipulando a las masas a través de informaciones totalmente interesadas, creando y esparciendo ideologías de otros pero acarameladas para llevarse al huerto a las mayorías ignorantes?

Es cierto que cada uno tira de una cita de Nietzsche para justificar sus ideas y/o sus conductas, porque lo que ocurre con la obra de Nietzsche es lo que ocurre con el evangelio, hay citas para todos los gustos.

“Pero no he encontrado hogar en ningún sitio: un nómada soy yo en todas las ciudades y una despedida junto a todas las puertas”

“Ajenos me son, y una burla, los hombres del presente, hacia quienes no hace mucho me empujaba el corazón; y desterrado estoy del país de mis padres y de mis madres”

“Por ello amo yo tan sólo el país de mis hijos, el no descubierto, en el mar remoto: que lo busquen incesantemente ordeno yo a mis velas”

“En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y “en todo futuro, este presente”.



A PROPÓSITO DE NIETZSCHE: LA CREACIÓN DE NUEVAS NOCIONES (2)



Llamaron “substancia” a lo que “está bajo” los accidentes y aunque éstos cambien ella no cambia.
Yo, por ejemplo, por quien han pasado tantos años, ha estado en tantos lugares, ha tenido a tantos alumnos,…y que, hasta que no me muera (¡y Dios no lo quiera!) seguiré siendo la misma substancia que fui desde el principio.

Descartes concluía (¿) el “sum” (la substancia existente) del “cogito” (el pensamiento).
“Cogito, ergo sum” porque como para poder pensar tengo que existir…

“Volo (voluntad), ergo sum (esencia existente)

Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es una facultad…Hoy sabemos que no es más que una palabra.

Hay que crear “otro” lenguaje, con “categorías móviles” y despedir a esa “vieja hembra engañadora…con sus categorías permanentes y estáticas, incapaces de ser soporte de las vivencias.

Hay que aplicar el martillo a la tradición, que fue, pero que ya no es ni debe ser.

Unas nuevas categorías, de “nociones móviles”, de desplazamiento rápido, no conclusivas ni finalistas, a través de las cuales las antiguas categorías del pensamiento se revisten de otro color y abren otras posibilidades para que recojan la diversidad del mundo interior, el juego de las fuerzas, los instintos y, sobre todo, las vivencias internas, algo fundamental en su filosofía.

¿Cómo van a ser las fotografías, racionales, capaces de sintonizar con las vivencias de todo tipo?

Un juego de máscaras de vivencias, ocultas bajo otras vivencias, como un juego de muñecas rusas.

Y cuando, para ello, no sirvan ni siquiera las nuevas nociones habrá que acudir a las metáforas, a los símbolos poéticos y, en última instancia, al silencio, adelantándose a Wittgenstein y su Tractatus: “de lo que no se puede hablar, lo mejor es callarse”.

“Puede ser altura del alma el que un filósofo calle”

Y las vivencias, como sabemos, son siempre particulares. Remiten a una especie de mundo privado, personal, aunque no por ello totalmente subjetivo, porque pueden ser experimentadas por otros, muchos o pocos, aunque no totalmente idénticas.

“No tenemos nosotros, los filósofos, derecho a estar solos en algún sitio: no nos es lícito ni equivocarnos solos, ni solos encontrar la verdad”

“Con la necesidad con que un árbol da sus frutos, así brotan de nosotros nuestros pensamientos, nuestros valores, nuestros síes y nuestros noes, nuestras preguntas y nuestras dudas, todos ellos emparentados y relacionados entre sí, testimonios de una única voluntad…”

Pero, cada árbol da sus frutos, y los distintos naranjos dan naranjas, pero no las mismas naranjas, siempre habrá diferencias entre las naranjas.

Lo cierto es que cada filósofo va creando sus propias categorías y los demás, mediocres o vulgares y no genios, vamos utilizándolas, aprovechándonos de él y de ellas.

Categorías como “apolíneo y dionisíaco”, “superhombre”, “voluntad de poder”, “eterno retorno”, “nihilismo”, “muerte de Dios”, “espíritu libre” ¿no estamos usándolas como objetivas y universales?

Pero ¿qué se entiende, cómo se interpreta la “voluntad de poder”? ¿Y el superhombre? ¿Cómo lo interpretaron los nazis?
¿Qué se entiende por “Dios ha muerto” o “la muerte de Dios”? (Se refiere, sólo, al Dios de la religión?. Evidentemente NO.
En otro lugar de este blog me he extendido sobre qué entiende Nietzsche por “Dios” y por su “muerte”.
Y, ante un texto, después, llegan las interpretaciones.

¿Cómo se ha interpretado a Nietzsche y, sobre todo a su filosofía?

Todos hemos estudiado la Historia de la Filosofía y hemos tratado a los distintos filósofos ya encasillados en compartimentos estancos, en una época, en una corriente: el “racionalista Descartes”, el “empirista Hume”, el “existencialista Sartre”

¿Y cuando nos acercamos a Nietzsche?

El lenguaje es un instrumento de gregarización, de nivelación, de superficialización. Detrás de la comunicación lo único que existe es la necesidad de transmitir lo igual, no lo desigual.
Las palabras nos vuelven superficiales, nos hacen perder profundidad. Y las vivencias realmente profundas no pueden comunicarse: ni el remitente puede hacerlo ni el destinatario puede interpretar el lenguaje como el remitente intenta hacerlo.
El lenguaje parece que ha sido inventado sólo para decir lo ordinario, lo mediano o mediocre, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza ya el que habla.

Pero el “lenguaje poético” es otra cosa.

No es fácil tener la vivencia de lo profundo, muy pocos hombres lo alcanzan.
Las puertas para llegar a ellas están cerradas para la mayoría de los mortales, porque la mayoría de nosotros somos vulgares y torpes, cabalmente ignorantes, y nos sentimos imposibilitados por herencia para traspasar esas puertas que se cierran automáticamente a los que no tienen derecho a ello por herencia espiritual.

La prosa abunda más que la poesía, y los hombres vulgares somos ilimitados comparados con el número exiguo de genios que pueden traspasar esas puertas, sus puertas, para entrar en sus profundas vivencias.
Su lenguaje no puede ser nuestro lenguaje.

La mayoría permanecemos fuera y sólo podemos consolarnos con el lenguaje poético de los genios.

“Los problemas supremos rechazan sin piedad a todo aquel que se atreve a acercarse a ellos sin estar predestinado, por la altura y poder de su espiritualidad”
“Para entrar en un mundo elevado hay que haber nacido, o dicho con más claridad, hay que haber sido criado para él.

“Derecho a la Filosofía sólo se tiene gracias a la ascendencia, también aquí son los antecesores, la “sangre”, los que deciden”

“Cómo puede, entonces, el lenguaje, diseñado por la mayoría para la mayoría, transmitir vivencias que están a seis mil pies por encima del hombre moderno?”

Nietzsche se coloca fuera y superior a nosotros, habita en otra dimensión, dimensión en la que el lenguaje adquiere otro contenido, se viste de otro contenido y juega con otros significantes.


lunes, 9 de julio de 2018

A PROPÓSITO DE NIETZSCHE: LA CREACIÓN DE NUEVAS NOCIONES (1)



LA CREACIÓN DE LAS NUEVAS NOCIONES.

Al menos dos cosas son ciertas: 1.- Que Nietzsche odiaba la metafísica, y 2.- Que no tenía otra alternativa sino tomar prestadas esas condones metafísicas que tanto odiaba.
No lo quería, pero no podía evitarlo.
Se sentía atrapado en el lenguaje como quien odia un tipo de traje pero no tiene más remedio que usarlo sabiendo, siendo consciente, que ni la hechura, ni el corte ni el color concuerdan con sus deseos.
Condenado a expresar en palabras, en conceptos, aquello que se le escapaba permanentemente: sus vivencias más profundas.
Es, en versión sofista, querer captar la corriente del río sacándole fotografías desde el puente.

“Nuestras vivencias auténticas no son, en modo alguno, charlatanas. No podrían comunicarse si quisieran. $Es que les falta la palabra. Es que esos moldes no son idóneos para esos contenidos.
¿Cómo expresar en palabras, estáticas, la vivencia dinámica y creciente de la la tristeza que produce la agonía de un ser querido?.

Quien no lo siente, quien no lo está viviendo, quien sólo oye palabras, no puede captar lo que siente el que está sufriendo la vivencia.

Lo vital, las vivencias, la vida, no “encaja” en las cajas que son las palabras.

Y es que, así como es imposible saltar por encima de la propia sombra, Nietzsche se siente, con rabia, imposibilitado de saltar fuera del código.

Es verdad que menos es nada, pero lo cierto es que eso no es suficiente.

Nietzsche crea un lenguaje, introduce en él categorías nuevas, usa metáforas y símbolos, destruye el discurso lógico y utiliza categorías móviles que, más que mostrar, ocultan todo aquello que pretende comunicar.

De ahí la dificultad interpretativa.

¿Lo que él quería expresar puede ser captado por quien eso lee?

“El lenguaje parece haber sido inventado sólo para decir lo ordinario, lo mediano, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza ya el que habla”

El laberinto de las palabras, en el que es muy fácil quedar atrapado y no poder salir de él.

Y podíamos preguntarnos si, con su obsesión por destruir la metafísica, sus nuevos términos recuperan la metafísica y el orden lógico que pretendía subvertir.
Aunque él, en una Historia de la Filosofía, se vería como allende la metafísica, aunque también pudiera ser que, aunque él se viera y se considerara así, hubiera desarrollado la última posibilidad que le quedaba a la metafísica, después de haber llegado, con Hegel, a su madurez en la línea del “ego cogito” cartesiano
Dicha posibilidad era cambiar de registro y pasar del “ego cogito” al “ego volo” que él despliega como la Metafísica de la Voluntad de Poder.

Es metafísica, pero otra forma de metafísica, o la última forma de metafísica.

Una lucha titánica: luchar contra el lenguaje, desde el lenguaje, e intentando crear otro tipo de lenguaje en el que se manifieste el “ego volo” (la voluntad) superando el lenguaje lógico del “ego cogito” (racional).

Muchas veces, en mis clases, exponía que “el hombre no existe, que lo que, realmente, existen son los hombres concretos, individuales, los de carne y hueso.

“El ser es y no puede no ser; el no ser no es y nunca podrá ser” (Parménides) y, contra él: “lo que, realmente, existe es el no-ser, el movimiento” de Heráclito.

“Contra la mentira del Ser, contra la mentira de los eléatas, contra todas esas doctrina de lo Uno”, lo que, realmente, existe no es la Unidad sino la Pluralidad, la Diversidad.

Yo explicaba, en mi etapa de docente, que “pasar del “ser” al “no ser” era la “aniquilación”, dejar de ser. No dejar de ser esto para pasar a ser aquello, porque seguiría estando dentro del “ser” (“ser esto”, “ser lo otro”, “ser lo de más allá”…es seguir “siendo”)

O “pasar del “no ser” o “nada” al “ser” era imposible de manera natural, porque eso tiene un nombre: “creación”: sacar del la “nada”, del “no ser”, el “ser” y bien claro lo afirma el principio de la Termodinámica: “En la naturaleza nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”, pero como, aún transformado, sigue “siendo”, es el triunfo de Parménides y de los eléatas.
Sólo el Dios cristiano, posterior, tendría en sus manos el poder “crear”  y el poder “aniquilar”, a los hombres sólo les quedaba el poder transformar una cosa en otra, pero que ya era y sigue siendo, aunque de otra manera.

“La “Razón” en el lenguaje: ¡Oh, qué vieja hembra engañadora!. Temo que no vamos a poder desembarazarnos de Dios, porque continuamos creyendo en la gramática”

Y es que el lenguaje ha servido, fundamentalmente, para dar identidad a lo diverso, para unificar aquello que no puede ser unificado, para establecer de por sí y en forma definitiva lo siempre diverso.

Yo soy un varón jubilado que ya no cumple los 70, mientras mi hija, mujer, trabajadora en la Banca, acaba de cumplir años, a penas los 40 y mi nieto, Santi, con 13, es un estudiante pero los tres somos “personas”, igual de personas, con los mismos derechos humanos.

Bajo la palabra abstracta y fría “persona” hemos realizado la unificación e identidad de tres individuos concretos, vivos, distintos.

Las categorías heredadas de los antiguos filósofos, Aristóteles y compañía, son una de las dianas contra las que disparar porque ellas son los soportes en que se ha fijado, pegado, anexionado, la “verdad”, ellas son las que han establecido lo que se considera “verdadero, bueno, bello,…”, la terrible mentira que subyace en la Voluntad de Verdad que gobierna el mundo del pensamiento y que los filósofos occidentales, a través de la larga historia de las ideas se han encargado de ir amarrando, generación tras generación,  manteniendo un orden lógico, semántico y sintáctico que puede ser considerado como La Gran Mentira Lingüística Occidental, hogar perfecto de la moral y sustentadora de los valores que han dado forma a todo esto que llamamos “civilización”.

¿Valen los pensamientos de los griegos del siglo IV y V, antes de Cristo, para el mundo occidental de hoy tras haber volado por encima de la civilización romana, la medieval, la renacentista, la moderna,…?

¿Es posible una petrificación de los valores de una época y de un espacio concreto para todas las épocas  y todos los espacios?
¿Las ideas, los valores, no traen inscritos su fecha de caducidad?.
¿Valen para “siempre” y para “todos”, independientemente de su origen?
¿No es esta forma de pensar y de comportarse una forma de fetichismo grosero?

domingo, 8 de julio de 2018

A PROPÓSITO DE NIETZSCHE: LA FILOSOFÍA DEL MARTILLO (2)



Pronunciar “Seminario de Tubinga” es comprender qué es, en el fondo, la filosofía alemana, “una teología artera”…los suabos son los mejores mentirosos en Alemania, mienten inocentemente.

¿A qué se debió el júbilo que, al aparecer Kant, recorrió el mundo de los doctos alemanes, compuesto en sus tres cuartas partes por hijos de párrocos y de maestros, a qué el convencimiento alemán que, aún hoy, sigue encontrando un éxito de teólogos?.

Kant fue, lo mismo que Lutero, lo mismo que Leibniz, una rémora más en la honestidad alemana, nada firme de suyo…

“Lo que no es condición de nuestra vida la daña: una virtud practicada meramente por un sentimiento de respeto al concepto “virtud”, tal como Kant lo quería, es dañosa.

La “Virtud”, el “Deber”, el “bien en sí”, el bien entendido con una carácter de impersonalidad y de validez universal, ficciones cerebrales en que se expresan la decadencia, el agotamiento último de las fuerzas de la vida, la chinería königsberguense…

Crítica a “todas” las morales: a la moral kantiana, a la moral judeo-cristiana, a la moral europea,… a todas, porque todas ellas pretenden ser “únicas” y poseedoras de la verdad, exclusivistas, imperativas.

El budismo es cien veces más frío, más veraz, más objetivo, que el cristianismo.

“Todos los medios con que se ha pretendido, hasta ahora, hacer moral a la humanidad han sido radicalmente inmorales”

Habrá, pues, que derruir la piedra angular, para que todo el edificio se venga abajo.

De la “destrucción” a la “construcción” a través del “análisis genealógico”.

El “martillo”, para destruir, es sólo el primer instrumento de su filosofía, luego serán necesarios otros instrumentos para la construcción del nuevo edificio.
Pero siempre será un error quedarse en ese primer paso, necesario, sí, pero intermedio y no final.

Su “nihilismo” es referente al mundo actual: “nada de él vale”, pero no es su filosofía definitiva.

¿Quién no ha oído y/o leído que Nietzsche es el verdadero teórico del nazismo y de la violencia racial?

En los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial la preocupación principal fue liberar el pensamiento de Nietzsche de las responsabilidades que los nazis le habían atribuido cuando se sirvieron de él para dar un fundamento “espiritual” y “alemán” a sus crímenes.

También se ha considerado a Nietzsche, en clave existencialista, como teórico de la crisis de la conciencia europea.

En Francia, Bataille,  Gide, Camus,…siempre estuvieron interesados en Nietzsche, aunque haya sido Deleuze el que haya iniciado una nueva lectura del mismo.

¿Por qué tanto interés en Nietzsche? ¿Qué les ha seducido de él?

Tristemente, pero fundamentalmente, su aspecto destructivo, iconoclasta, su “filosofía del martillo”, su lenguaje duro crítico, a veces incluso vulgar contra todo lo “creído y santificado” hasta ahora por accidente.

Su odio contra lo cristiano, lo teológico, lo que tenga sangre de teólogo.
Su destrucción de la moral y de todo lo que tenga que ver con la moral.
Su odio a la metafísica y su crítica descarnada a los filósofos metafísicos, a partir de Platón, incluso antes de Platón.
Su odio al espíritu del mundo en que le tocó vivir, un “matadero del espíritu”
Su desprecio a las ideas democráticas y a la democracia como sistema político de la plebe, del poder de la plebe.
Su desprecio del socialismo como la irrupción de lo colectivo y la proletarización del mundo.
Su odio a los anarquistas y a todo movimiento que considere derivado del cristianismo.
Su odio al sistema y a todos los sistemáticos, a todos aquellos que quieren cerrar el mundo en un cubículo de ideas, asfixiando la creatividad y el avance dialéctico.

En síntesis, su odio a la tradición, el desprecio a todo aquello que ha significado el atraso del mundo y una interpretación moral acorde con  unos valores que, en su lenguaje, son “valores de decadencia” que, en vez de afirmar la vida, la niegan y la degeneran hasta hacer de ella una sombra enfermiza de “otro mundo”

¡Han sido tantas y tan distintas, tan oscilantes, las interpretaciones de Nietzsche¡

¿Qué de extraño puede tener que sea considerado, junto a Marx y Freud, como un “filósofo de la sospecha”?

Con el “martillo” como instrumento filosófico, ha destrozado, ha derrumbado la “vieja fe” y a todos los considerados “grandes hombres” en la tradición de Occidente.

A todos esos “ídolos” que terminan derribados les dedica su “El crepúsculo de los ídolos (o de los dioses)” escrito en sus últimos años de su vida lúcida, verificando lo que yo ya le atribuí a San Agustín, “escribir con sangre” y cuyo subtítulo es “Cómo se filosofa con el martillo” y lo cerró con un apartado de “Así habló Zaratustra”, el apartado 29 de “De las tablas viejas y nuevas”, Tercera parte, hermosa metáfora del diamante y el carbón, al que antepuso por título: “Habla el martillo”

“Si alguien quiere formarse brevemente una idea de cómo, antes de mí, todo se hallaba cabeza abajo, empiece por este escrito. Lo que en el título se denomina “ídolo” es, sencillamente, lo que hasta ahora fue llamado “verdad”.

Crepúsculo de los ídolos, dicho claramente: la vieja verdad se acerca a su final.
Y no sólo los ídolos eternos, también los más recientes, en consecuencia, los más seniles. “Las ideas modernas”, por ejemplo”

viernes, 6 de julio de 2018

A PROPÓSITO DE NIETZSCHE: LA FILOSOFÍA DEL MARTILLO (1)


LA FILOSOFÍA DEL MARTILLO.

El símbolo de la destrucción siempre ha sido el “martillo” y hablar de “martillazos” es referirse a acabar con lo anterior (hasta el disco duro de la contabilidad B del P.P. fue destruido, o intentado destruir, a “martillazos”)

Nietzsche comienza la destrucción, uno a uno, de los viejos ídolos, de los antiguos mitos y, para significarlo, usa un término categórico: “Filosofía del martillo o Filosofía a martillazos”

“…Hay más ídolos que realidades en el mundo: éste es mi “mal de ojo” para este mundo; éste es también mi “mal de oído”…Hacer aquí alguna vez preguntas con el martillo y oír, acaso, como respuesta, aquel famoso sonido a hueco que habla de entrañas llenas de aire”.

O sea, que nada había, sólo aire, pero se creía que estaba ocupado por seres…

Desde la publicación de su Nacimiento u Origen de la Tragedia la respuesta fue la réplica, el ataque y la crítica abierta, el desprecio y, en la mayoría de los casos, el silencio.

Nada más ajeno a los filósofos académicos alemanes, con su lenguaje serio, cerrado, duro como el cemento,  que una nueva filosofía que se expresaba en un lenguaje extraño (no académico), mitad filosofía, mitad literatura, mitad poesía,…

Pero, incluso, tras Nietzsche, los filósofos, tanto sus adversarios, con la oposición a esa filosofía, como los seguidores, que no han sido unánimes en la interpretación, han abierto un campo pluri-interpretativo, un campo amplio y variado.

Nietzsche pretendió romper con la tradición, destruyendo “a martillazos” los antiguos ídolos del conocimiento y desvelando lo oculto y camuflado en los siglos anteriores utilizando su método, el “método genealógico” sacando a la luz cómo, cuándo y por qué fueron tergiversándose los valores, no sólo los de Verdad, también y sobre todo los de Bondad, los valores morales.

Todo aquello por lo que se ha regido Occidente, hasta ahora, será puesto en solfa, atreviéndose no sólo a invertir, sino a transmutarlo todo.
Es, antes de levantar el solar para la nueva filosofía, despejarlo, dejarlo libre de la maleza heredada.

Todos asociamos al filósofo “Derrida” con el concepto “deconstrucción” y, quizá también, al referirnos a Nietzsche tendríamos que usar “deconstrucción” mejor que “destrucción”, porque es un “echar abajo” lo construido “deconstruyéndolo” con el método genealógico, “disolviendo” la tradición, hasta llegar a hacer desaparecer la ilusión que se ha creído, durante tanto tiempo, no sólo como Verdadero, sino también como Bueno.

Sólo así se completa la fractura con el sistema, haciendo en él una gran fisura que permita que se caiga todo y el local quede despejado para la nueva edificación.

“El Cristianismo es un sistema, una visión de las cosas, coherente y total. Si se arranca de él un concepto capital como es “la fe en Dios”, se desplaza con ello también el todo: ya no se tiene entre los dedos una cosa necesaria”.

Si se desmorona la base sobre la que descansa todo el edificio construido durante siglos, éste no aguanta y se desmorona.

Su aversión al Cristianismo radica en la pretensión de éste de ser no una sino LA Interpretación Única, la Moral Única, la Verdad Única.
Éste ha sido el “espíritu europeo” durante siglos, imponiendo SU sistema como el Único sistema (y pobre de aquella persona o de aquella sociedad o pueblo que intentara negarlo, oponerse a él, destruirlo, porque toda la fuerza de la Institución Religiosa, amparada por el amancebamiento con la Institución Civil, caería sobre el que lo osara, incluso en forma de hoguera).

Ha llegado la hora de, al menos, dudarlo y es lo que Husserl denominó “La Crisis de la Humanidad Europea”.

La Moral Cristiana es un mandato (no una opción –añado yo) y su origen es trascendente, está más allá de toda crítica, de todo derecho a la crítica; tiene verdad tan sólo en el caso de que Dios sea la verdad, depende tan sólo de la fe en Dios”

Esa osadía del Cristianismo de considerarse como la Única Interpretación, exenta de una posible crítica, hace que Nietzsche se presente ante la historia como “el primer inmoralista”, como el primer filósofo serio, honesto y veraz, considerando a todos los filósofos anteriores a él como “moralistas o filósofos a medias”, cuando no envenenados por esa moral milenaria, o defensores de la misma, o “ingenuos” y sustitutos de los sacerdotes, tal como tilda a los filósofos alemanes.

Yo, Yo, Yo, Yo,…

“Mi suerte quiere que YO tenga que ser el primer hombre decente, que YO me sepa en contradicción a la mendacidad de milenios”

“YO soy el primero que ha descubierto la verdad, debido a que he sido el primero en sentir, en oler, la mentira como mentira,…

“YO contradigo como jamás se ha contradicho y, a pesar de todo, soy la antítesis de un espíritu que dice no…

“YO soy el primer inmoralista: por ello soy el aniquilador “par excellence”

Crítico también de Kant (pietista) y su influencia nefasta en Alemania, su moral del deber, odiosa hasta la saciedad.
¿Cómo se ha asumido la moral cristiana (la moral protestante)? ¿Acaso no ha sido Kant su culminación?

Nietzsche arremete, en un ataque personal y subjetivo, contra los filósofos alemanes, contra los teólogos alemanes, contra el espíritu alemán, contra Alemania entera, en términos más emotivos que racionales,

“Entre alemanes se me comprende enseguida cuando digo que la filosofía está corrompida por sangre de teólogos, El párroco protestante es el abuelo de la Filosofía Alemana, el protestantismo mismo, su “peccatum originale”
Definición del protestantismo: “la hemiplejía del cristianismo y de la razón”.