sábado, 22 de abril de 2017

LA MUJER EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO (5)


Pero es que son ellas, sólo ellas, (no hay ningún varón) las testigos de dónde ponían el cadáver, “allí estaban, sentadas frente al sepulcro”, “se fijaban dónde era puesto (Mat. 27, 61; Marc 15,47, Luc 23, 55.

Y son ellas, también, las que primero descubren la tumba vacía y el anuncio de la resurrección, más aún “ID, luego, y decidles a sus discípulos, que ha resucitado… (Mat. 28, 1-8; Mar 16, 1-8: “se apareció primero a María Magdalena”; Luc 24, 1-8:”...ellas comunicaron todo esto a los once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.
Dijeron esto a los apóstoles pero a ellos les parecieron desatinos tales relatos  y no las creyeron”.

Fíjense que son estos hechos – la muerte de Jesús, la sepultura, la resurrección y la aparición – los que se consideran fundamentales en el credo.
Y de ellos sólo son testigos un grupo de mujeres.
Este protagonismo de las mujeres es imposible que se lo hayan inventado, además los tres, además casi de la misma manera.
O sea, proviene este testimonio de varias fuentes, pero es que además están escritos en Palestina, donde el protagonismo de la mujer choca con la mentalidad judía, para la cual el testimonio de la mujer no tenía valor jurídico alguno.

A pesar de que la lista de mujeres varía siempre algo de uno a otro evangelista, en todas las quinielas siempre hay una fija, María Magdalena.
Sin duda esta mujer tuvo en los orígenes del cristianismo una importancia tan grande como la de Pedro, si no mayor.

Pero lo curioso es que los textos canónicos, la literatura oficial, hablen mucho de Pedro y muy poco de María Magdalena, mientras que la literatura cristiana marginal – los apócrifos – mantiene muy vivo el recuerdo de esta mujer, que si hubiera vivido en el seno de una familia judía, lo normal es que se le hubiera llamado por la adicción al nombre de un pariente varón (María la de Santiago, María la de José,…..)
No.
A ella se la conoce por su origen, era de Magdala, un pueblecito junto al lago Tiberiades.
Quiere decir que ella había abandonado su pueblo por seguir a Jesús y que no estaba vinculada a un marido.

A pesar de todo este protagonismo de las mujeres, van a empezar a ser relegadas a favor del protagonismo de los varones, sobre todo de Pedro.
Comienza la institucionalización eclesiástica con un androcentrismo creciente.
(Yo me imagino a Jesucristo, ante este viraje, pegando un puñetazo sobre la mesa y diciéndole a Pedro que  tenía la cabeza más dura que una piedra).

El evangelio de San Juan, que ya es posterior a los otros tres, aquí ya las mujeres no reciben el anuncio pascual en la tumba, y no se atreven a entrar en ella y van corriendo a dar la noticia a Pedro y al discípulo amado para que sean ellos los primeros que testifiquen del sepulcro vacío.
Y luego, después, San Pablo, ya la acaba de matar: “Cristo murió…fue sepultado……resucitó…..se apareció a Cefas y luego a los once…(I.Corint. 15, 35 ).

Aquí ya han desaparecido todas las mujeres, que habían sido las primeras testigos  de todos los hechos confesados.
Pero su testimonio no tenía valor, podía, incluso ser contraproducente, así que su lugar es ocupado por Cefas y los once.

Hay un evangelio apócrifo, el de Tomás, alrededor del año 150, donde aparece el antagonismo entre María Magdalena y Pedro. Pedro llega a decir: “Que se aleje María de nosotros, pues las mujeres no merecen la vida (vivir)” (114)
Y le responde Jesús “He aquí que yo la atraeré para hacerla hombre. Así también ella se convertirá en espíritu viviente, semejante a vosotros, hombres. Toda mujer que se hace hombre entrará en el reino de los cielos”.

Y esta respuesta es un problema y choca con la mentalidad de Jesús, esta distinción de lo masculino y femenino, y esta discriminación o exclusión, cuando, precisamente, el pneuma y el nous, es decir, el espíritu, se da tanto en la mujer como en el varón. ¿La quiere “subir a” o los quiere “bajar a” y ponerlos a la misma altura?.

En otro escrito gnóstico del siglo III, Pistis Sophia, María Magdalena tiene un puesto preeminente entre los discípulos.
De las cuarenta y seis preguntas que se le hacen a Jesús, treinta y nueve son suyas, de ahí que Pedro grite: “Señor mío, no podemos soportar a esta mujer, porque habla todo el tiempo y no nos deja hablar a nosotros”  (36,146).

María Magdalena le contesta, pero como con miedo, temerosa, porque Pedro “odia a las mujeres” (72) y eso la intimida.
Pero Jesús dice que quien recibe la revelación debe hablar, sea hombre o mujer.

Incluso Jesús la declara bienaventurada y dice que ella puede hablar francamente porque su corazón está dirigido al cielo más que el de los otros discípulos (17).

Esta discusión entre María Magdalena y Pedro refleja el debate que debió existir en la primitiva iglesia sobre el papel de las mujeres en la transmisión de la revelación y la tradición.

Pero sin duda es el Evangelio de María (Magdalena) el que mejor refleja la polémica existente en la iglesia primitiva en torno al papel de las mujeres.
El Evangelio es del siglo II.
Es muy breve y parece que no se conserva en su totalidad.

Después de haber escuchado a María Magdalena sobre cosas que dice que le ha revelado Cristo, dice Andrés: “decid lo que pensáis sobre lo que ella ha dicho. Yo por mi parte no creo que el Salvador haya dicho cosas semejantes” (15).
Pedro, como siempre, tan machista y tan brutote::”¿Que el Salvador ha hablado con una mujer a escondidas de nosotros?. Pero ¿es que debemos ponernos a la escucha de ella, como si ella fuera preferida a todos nosotros? (16).

María se echó a llorar y se dirigió a Pedro: “Hermano mío, Pedro, ¿qué piensas?. ¿Crees, quizá, que me he inventado estas cosas o que digo mentiras en lo que respecta al Salvador? (17).

Entonces Leví, tomando la palabra, responde a Pedro: “Pedro, tú siempre eres colérico. Observo que tratas a las mujeres como si fuesen enemigos.
“Si el Señor la ha hecho digna, ¿quién eres tú para rechazarla?”.

Ciertamente el Salvador la conoce muy bien, POR ESO LA AMA MÁS QUE A NOSOTROS (las mayúsculas son mías).
Es mejor que nos avergoncemos, que nos revistamos del hombre perfecto, que nos formemos como Él nos ha mandado y que prediquemos el evangelio, sin imponer más mandato o ley que lo dicho por el Salvador” (18).


A lo mejor, quizá, no se dio realmente ese diálogo, pero lo que sí se ve es que en el siglo II había un sector de la iglesia que reclamaba la autoridad de Pedro y que marginaba el papel de la mujer, mientras que otros grupos cristianos reivindicaban su protagonismo y pensaban ser así más fieles al Señor.

viernes, 21 de abril de 2017

LA MUJER EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO (4)


Ha habido dos estamentos totalmente masculinos a lo largo de la Historia: El estamento militar y el estamento eclesiástico.

El estamento militar está superando la discriminación femenina y hoy podemos ver desfilando a mujeres. Aún no ocupan puestos relevantes en la jerarquía militar, pero están haciendo méritos para ello y llegarán, naturalmente, por lógica, llegarán cuando la meritocracia sea el único criterio a tener en cuenta.

Pero el estamento eclesiástico fue, es y, por los síntomas que lleva, seguirá siendo total y absolutamente patriarcal.

Y la pregunta es, puesto que en el siglo XXI sigue igual: ¿Por qué se patriarcalizó la jerarquía eclesiástica? ¿Fue un proceso necesario? . ¿Es irreversible?  ¿Se realizó de manera natural, sin tensiones?  ¿No había otros caminos, otras posibilidades en la primitiva tradición cristiana?  ¿Tenía que ser, necesariamente, androcéntrica? ¿Cuál era la situación de la mujer, no digo en tiempos de Jesús (tiempos judeo-romanos), sino en el movimiento de Jesús? Y cuando hablo de movimiento de Jesús me refiero al grupo de Jesús y sus discípulos antes de su muerte y después de su muerte, al menos hasta el año 70, en que fue destruido el Templo de Jerusalén.
       
Jesús no fundó ni quiso fundar una iglesia nueva.
Jesús no era cristiano.
El movimiento de Jesús es un movimiento de renovación judía, es un movimiento intra-judío, pero contracultural, puesto que cuestiona y pone en la picota las dos grandes instituciones sociales y religiosas centrales.

Jesús y su movimiento cuestionan la Ley y el Templo.

La trampa en que intentan meter a Jesús con aquella pregunta envenenada. Mateo 22, 15-22. Leo: “Entonces se retiraron los fariseos y celebraron consejo para ver el modo de sorprenderlo en alguna declaración. Enviáronle discípulos suyos junto con herodianos para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero (hoy diríamos: sabemos que no tienes pelos en la lengua y dices los que sientes) y que con verdad enseñas el camino de Dios, sin darte cuidado de nadie, que no tienes acepción de personas. Dinos, pues, tu parecer: ¿Es lícito pagar tributo al Cesar sí o no? (la pregunta es envenenada, porque no hay escapatoria, es, decimos los filósofos, un dilema, que te decidas por una u otra respuesta, la conclusión lleva a lo mismo: tendrá en su contra a uno de los dos grupos, o a los fariseos o a los herodianos).
Jesús, conociendo su malicia, dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?. Mostradme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario. Él les preguntó: ¿de quién es esa imagen y esa inscripción?. Le contestaron: “del César”.
Díjoles, entonces: pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

“Ole”, “ole” y “ole”.

Vaya salida airosa la de Jesús, porque no dijo ni que sí (se le echaría encima el pueblo judío), ni que no (lo prenderían los herodianos).

Es como si alguien proclama la objeción del pago de impuestos a Hacienda.
       
Movimiento contracultural, contra el poder civil y contra el poder sacerdotal.
Pero no es un movimiento excluyente, no excluye a nadie.
No es como, por ejemplo otro movimiento contemporáneo suyo, el de los esenios, que es un movimiento restringido a una élite de varones puros, que se automargina de los demás, para no contaminarse con ellos. (Yo cuando oigo o leo que Jesús pertenecía a la secta de los esenios, es que alucino).

Jesús convoca a todos, y de manera especial a los excluidos por la Ley y por el Templo.
Los discriminados por el Templo son los pecadores, los publicanos, los niños, los leprosos, los pobres, las mujeres en general y las adúlteras en particular.
Precisamente los excluidos religiosos y sociales son los preferidos de Jesús.
Recuerden las bienaventuranzas.

Pero yo no quiero hablar de Jesús sino de las mujeres.

Fíjense que el mismo Templo era una fotografía de la discriminación.

Había un patio al que podían acceder los paganos, pero no podían acceder más allá.
En otro atrio se permitía la entrada de las mujeres judías, pero éstas no podían acceder al siguiente recinto, reservado y exclusivo para los varones.
Incluso Dios estaba en el Sancta Sanctorum, separado del pueblo.

Es decir el Templo (léase la religión judía y la jerarquía sacerdotal) era racista (separación judíos – no judíos o paganos), sexista ( varones – mujeres ) y clasista (clero – laicos).

También la Ley Judía margina a la mujer: el divorcio sólo puede ser pedido por el varón, la circuncisión es un rito absolutamente machista e imposible para las mujeres.
Es fácil saber si un varón es judío, bastaría pedirle no el carnet de identidad sino que nos enseñara el pene. Si tiene hecha la fimosis (léase circuncisión) entonces sí es, si no, no es.
Porque es un rito judío y machista.

¿Cómo podemos saber si una mujer es judía, si ella no puede…..?

¿Y la impureza de la mujer tanto durante los días de la menstruación como durante el postparto?.
¿Y el varón nunca es impuro?.

En el movimiento de Jesús caen todas las discriminaciones, ni de clase (no hace falta ir al templo para rezarle a Dios. Dios queda reubicado en el corazón de la persona), ni discriminación de sexo, tanto varones como mujeres son bienvenidos, ni discriminación de edad (“dejad que los niños se acerquen a mí”).

En el nuevo Reino de Dios quedan superadas las estructuras patriarcales.

Para Jesús la dignidad de la persona está desligada del sexo.

“Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron: “¿puede el marido repudiar a su mujer”?
La pregunta misma ya es, en sí misma, discriminatoria. (Marcos 10, 11-12)
Tu – yo; yo- tú;  varón – mujer, mujer – varón, igualdad en persona, aunque sean sexos distintos.

Relaciones igualitarias.

Fíjense en la reacción absolutamente machista de los discípulos ante estas palabras absolutamente nuevas de Jesús: “Si tal es la condición del hombre (léase varón) respecto de la mujer, no trae cuenta casarse. Él les contestó: “no todos entienden esto” (Mateo 19, 10).

En otras palabras, esto es lo que hay: reciprocidad total de las relaciones entre el varón y la mujer, basada en la igualdad como personas y ante Dios.

Si lo queréis bien y si no, no os caséis.

Nunca saldría de la boca de Jesús nada que pueda interpretarse como lesivo o marginador de la mujer.
Nunca la veía como algo malo o provocativo o tentador o despectivo.

No distingue sexos, cuando ve a varones y a mujeres los mira, los ve como personas.
,
Incluso valora de una forma nueva a la mujer, no restringiéndola a las funciones de la maternidad y de las tareas del hogar.

¿Recuerdan a Marta y María, las hermanas de Lázaro?
¿Recuerdan cuando le dicen a Jesús “Tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan”. Y Él les respondió: “¿quién es mi madre y mis hermanos?”....Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mateo 12, 46-50).

Estas frases han traído cola.
¿Gesto despectivo para su madre y hermanos?
¿Tuvo cuatro hermanos realmente?
¿Por qué dice Jesús, “mi hermana”?
¿Es verdad que Lidia y Lisia eran dos hermanas de Jesús?
¿Se nota que los evangelios son androcéntricos?.
Si a los varones que están a su alrededor los llama hermanos, a las mujeres que están a su alrededor las llama hermanas.
Y esto último no se lo habían preguntado.

Jesús está como proponiendo unas nuevas relaciones, independientes de la sangre.
Ya no son hermanos de sangre. 
O, mejor, ya no hace falta la sangre para ser hermanos.
Ahora los hermanos son por amor.
Los que se aman son hermanos.

Es una nueva fratría de iguales, sin distinción de varón – mujer.
Es la nueva fraternidad.

Por lo tanto (textual) “vosotros sois todos hermanos. No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno sólo es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mateo 23, 8-12).
La nueva familia, ya no basada en la sangre, sino en el amor entre personas, es la comunidad cristiana.

En esta nueva comunidad ya no hay padre, ni maestro, ni doctor,…sino hermanos, iguales.
Ya no se reproducen las relaciones patriarcales vigentes.
Es otra cosa.
Y en ella la mujer no es más que el varón, pero tampoco es menos.
Más aún, “entre vosotros, el que se humille será ensalzado y el que se ensalce será humillado”, sea varón o mujer.
La jerarquía vendrá dada por la entrega a la comunidad.

El papel de padre, en esta nueva comunidad, sólo le corresponde a Dios, a ningún hombre.
Y si es verdad que Jesús dijo:”tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” también es verdad que hacen falta muchas piedras para construirla, para levantarla, y nunca dijo Jesús que esas piedras no pudieran ser las mujeres.
Son los pilares los que sujetan y sobre los que se levanta el edificio.
Y es curioso, pero “Pilar” es nombre de mujer.
¿Tiene correspondiente masculino?

El Reino de Dios invierte los valores y las estructuras del reino de los hombres.
Allí el más bajo, el más humilde, es el más alto; aquí el más bajo es el más bajo y el más alto es el más alto.
Allí todos son iguales en la comunidad.
Aquí hay un Jefe, y por debajo otros jefes,… que son los que mandan.

“No ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor; y el que entre vosotros quiera ser el primero, sea vuestro siervo” (Mateo 20, 26-27).
Supone, es, una tranvaloración.

El movimiento de Jesús es un movimiento contracultural y una alternativa radical.
Los pobres, los pecadores, los excluidos del sistema social y religioso, las mujeres,….se reconocen como personas en esta nueva comunidad, se reconocen como sujetos, dignos, valiosos, estimados.
Renace en todos ellos la esperanza, la que el mundo les negaba.

En esta nueva comunidad, hermandad, fratría. ¿Cuál es el papel, la participación, el protagonismo de la mujer?
Tendremos que ir rastreando los indicios  textuales que se han salvado de la censura patriarcal de la Iglesia posterior, aprovechar y apoyarse en los deslices, en los descuidos.

Leía la otra noche en un libro de historia  sobre el hombre griego :” El historiador debe examinar las fuentes, pero lo que busca es contemplar, a través de ellas, no sólo la realidad que ellas representan sino también lo que no aciertan a representar, y lo que representan malamente o, incluso, lo que ocultan”.

Esto es precisamente lo que tendremos que hacer.

Cuando los textos evangélicos hablan, en general, de “discípulos” o de la gente que sigue a Jesús, hay que incluir, al menos en muchos casos, a mujeres.
Es un reflejo androcéntrico pensar sólo en varones.

Recordad lo de la hemorroísa (la mujer que padecía de hemorroides) o la que gritó “bendita sea la madre que te parió” (en realidad la mujer dijo: “dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste” (Lucas 11, 27).

Y de nuevo la respuesta desconcertante (¿se sentía frustrado con/por su madre?, ¿es verdad que tenía celos de Santiago, su hermano menor?). “Más bien, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan”.

Es decir los nuevos lazos ya no vienen de la sangre, sino del amor de la comunidad.

Dice Lucas (10,1) “designó Jesús a otros 72 discípulos y los envió, de dos en dos, delante de sí, a toda ciudad y lugar a donde Él había de venir”.

¿Por qué pensar que eran  parejas de varones?
¿No nos traiciona el presupuesto androcéntrico de nuestra cultura?

Lo lógico es que hubiera mujeres.
Ahí no se dice que no.
¿Y no podían ser muchas o algunas de esas parejas, matrimonios?.
¿Por qué no?.

San Pablo, en Corintios I, 9, 5 dice: “¿No tenemos derecho a llevar en nuestras peregrinaciones una hermana (¿de sangre o de la nueva comunidad?), igual que los demás apóstoles y los hermanos del señor y Cefas”?.

Pero el testimonio decisivo sobre el seguimiento de Jesús por parte de un grupo de mujeres lo encontramos en los textos de la muerte de Jesús y de los acontecimientos de la Pascua. Aquí hay un recuerdo tan patente, tan manifiesto, tan importante, tan insólito, que ni ha podido ser borrado.

Los evangelios coinciden en decir que a los pies de la cruz se encuentra un grupo de mujeres, mientras que los varones se han escapado (y esto lo dicen unos varones).
Dice Mateo, 27, 55 :”había allí, mirándole desde lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago y José y la madre de los hijos de Zebedeo”.

O Marcos 15,40 : “Había también unas mujeres que de lejos le miraban (con lo que uno concluye que lo que realmente había allí eran sólo mujeres), entre las cuales estaba María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé; las cuales cuando Él estaba en Galilea, le seguían, y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén”.

Seguir a Jesús es el comportamiento típico de los discípulos, por lo tanto….Todas estas mujeres han roto con su situación anterior, se han entregado a la causa del reino de Dios y llevan una vida itinerante y desinstalada del grupo de Jesús.
Siempre aparece María Magdalena, las otras Marías, Juana, Susana,… y otras varias que le servían de sus bienes” (Lucas 8,1-3).

Admitir mujeres en su acompañamiento, eso es un comportamiento muy escandaloso en el contexto palestino.
Pero Jesús lo hace de la manera más natural, sin prejuicios.
Lo ve normal.

Y ellas tendrán labores fundamentales en la vida de la nueva comunidad.

jueves, 20 de abril de 2017

LA MUJER EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO (3)

¿Cuántas veces (todos los cursos) les habré dicho y repetido lo de Nietzsche, Marx y Freud como los “filósofos de la sospecha”?

Sospechaban ellos que debajo o detrás de la historia superficial, patente o manifiesta estaba la historia latente y real, por lo que no era cierto lo que nos habían contado.

Sospecha de que lo que realmente sucedía no era lo que nos decían, que la ley de la oferta y de la demanda, en economía, no era una “ley natural” como lo es la ley de la gravitación en Física, sino una “ley humana, interesada”, y con interés de la burguesía;

¿Y lo de “Dios ha muerto”, es decir que esta vida no es un tránsito, no es un camino, sino que es/tiene que ser un paseo, y que esta vida no es para desvivirse, sino para vivirla, y que vivimos en una casa mata, en un chalé de planta baja, y no tenemos necesidad de escaleras ni para subir, porque no hay áticos donde llegar ni sótanos a los que bajar?

La vida, esta vida. Es lo que hay.

Para Marx nos quería engañar La Clase Social Burguesa.
Para Nietzsche nos quiere engañar la religión cristiana  con sus jerarcas a la cabeza.
Y para Freud, somos nosotros mismos los que intentamos engañarnos, al creer que somos libres y que si hacemos algo es porque nos da la gana, porque somos conscientes, y sabemos lo que queremos y por qué, cuando en realidad el consciente de cada uno no es más que el 10%, equivalente a esa décima parte de Iceberg que asoma por encima de la superficie del agua, y que el 90 % de nuestros actos son inconscientes o subconsciente.

Filósofos de la sospecha.

Pues aquí también.

Tenemos que practicar la “hermenéutica de la sospecha”.

Sospechamos/tenemos que sospechar que además de esa mano blanca tiene que haber una mano negra, que nos descubra la cara oculta de la historia, la otra historia, la historia de las clases dominadas, la historia de las mujeres, la historia de las víctimas de la historia.
Alguien, enfáticamente, pero fotográficamente ha dicho que las mujeres, hasta ahora, solo han tenido prehistoria.

Y es verdad, porque si la Historia aparece cuando aparecen los documentos escritos, ¡qué poco tiempo de historia femenina llevamos!

¿Cómo podemos hacer una historia de las mujeres en épocas en que ella está en la prehistoria y sólo existe una historia de los varones?

Pues ¡ahí es na! – como diría un castizo.

Pues tendremos que fijarnos en indicios humildes, medio enterrados, que nos pongan en la pista del papel de las mujeres y que son menos que la parte del Iceberg del que hemos hablado antes.
Y desde ese trocito que se ve, intentar hacer una historia coherente de cómo debió ser lo que no se ve, la historia escondida, oculta e interesadamente ocultada.

Es curioso, pero es triste, que de la historia de la humanidad falte la historia de la mitad de la humanidad.
Por lo tanto pongamos a funcionar la razón y hagamos una hermenéutica de la sospecha, una hermenéutica crítica.

Criticar no es pisotear algo o a alguien.
Criticar es querer ver claro, criticar es hacer que haya luz, es echar luz sobre algo para poder verlo claramente.
Por eso hay una crítica positiva y una crítica negativa.

Leo textualmente: “Y mandando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba tomó los cinco panes y los dos peces y, alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes, y se los dio a los discípulos y éstos a la muchedumbre. Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron, de los fragmentos sobrantes, doce cestos llenos, siendo, los que habían comido, 5000 mil hombres, sin contar las mujeres y los niños”.

Leo textualmente. “Los discípulos le contestaron: ¿de dónde vamos a sacar en el desierto tantos panes para saciar a tanta muchedumbre?
Díjoles Jesús: ¿Cuántos panes tenéis?
Ellos contestaron: siete y algunos peces.
Y mandando a la muchedumbre que se recostara en tierra tomó los siete panes y los peces, y dando gracias, los partió y se los dio a los discípulos, y éstos a la muchedumbre. Y comieron todos y se saciaron, y se recogieron, de los pedazos que quedaron, siete espuertas llenas.
Los que comieron eran 4000 hombres, sin contar las mujeres y los niños”.

¡COÑO¡.Pero ¿Por qué no contaron a las mujeres y los niños? ¿Es que había muy pocos?. ¿Es que había otros tantos?, ¿Es que había más que varones?

Si han contado 5000 y 4000 ¿por qué no contaron a las mujeres y los niños?

Sencillamente, porque no interesan.

Las mujeres, los niños y los esclavos, son tres víctimas fundamentales de la historia.
No cuentan en la historia, no cuentan en la sociedad.
Es lo mismo que estén que no estén que correr detrás de las que han estado.

(¿Recuerdan?. 1ª y 2ª multiplicación de los panes y los peces, San Mateo. 14, 19-21, y San Mateo. 15. 33-39). Palabra de Dios.

La historia no es, nunca, neutra.

Yo antes he dicho que no hay fenómenos humanos sino interpretaciones.

Interpreten Uds.

¿Por qué San Mateo ha dicho eso y así? Porque el historiador, el cronista, en este caso el evangelista, selecciona solamente los datos que considera relevantes según un modelo que tiene en su mente para ordenar la información.
Y el número de mujeres y de niños no es relevante.
Sí que sería más relevante para Jesús.
Cuantas más personas hubiera, mayor sería el milagro.
Pero no es relevante para el Evangelista. O mejor no es relevante para la cultura judeo-romana del tiempo de Jesús.

Discriminación sexual y discriminación de edad. No interesan. Da igual. No tienen importancia. No es algo relevante.

Dice un estudioso del Cristianismo: “Para criticar y reformar el cristianismo contemporáneo es necesario el estudio del cristianismo primitivo”.

El conocimiento histórico, como reconstrucción del pasado, es inseparable de la anticipación del futuro.
Si yo quiero seguir adelante, debo saber dónde estoy y, sobre todo, qué camino he traído para llegar hasta aquí. No siendo que quiera ir adelante y vuelva al lugar del que he partido.
Y si reparo en que en cierto trecho del camino me he desviado, localicémoslo y reiniciemos por la senda correcta.

No tiremos la palangana con el niño dentro.
No cambiemos el coche porque falle una bujía.

En nuestro pasado, en todo pasado, hay cantidad de caminos que no se hicieron, que no hicimos.
En nuestro pasado, en todo pasado, hay cantidad de posibilidades que no prosperaron y que nos están como invitando a aprovecharlas, a recorrerlos.

La historia oficial, la historia hegemónica ha, no olvidado, sino ignorado la historia de las mujeres, que son más de la mitad de la humanidad.
Igual que la sociedad actual ha estado y está todavía discriminando a la mujeres, porque la meritocracia cede ante la falocracia, como si en el semen estuvieran las neuronas y las ideas nos crecieran o estuvieran ubicadas entre las piernas.

¿Cuándo nos convenceremos que El arco de triunfo está arriba, en la cabeza y ésta no tiene sexo?

Aner-andros, griego, varón (por lo tanto que un varón se llame Andrés es como un triángulo triangular, (entre paréntesis, llamarse Andrea o Andreita es una contraditio in terminis, es una mujer varona).

La sociedad y la historia han sido totalmente androcéntricas.
Todo y sólo lo que tenga que ver con el varón.

Y los libros de la Biblia han sido escritos por varones y para una sociedad androcéntrica.

San Mateo, y todos los demás escritos del Nuevo Testamento responden a una mentalidad androcéntrica, son un producto androcéntrico y muestran, como ya hemos visto más arriba, una redacción androcéntrica ( “sin contar las mujeres y los niños”).

¿Cuántas veces, a lo largo y ancho de mi vida docente, habré dicho que: “lo que se cree no se sabe, lo que se sabe no se cree” Pues en el primer siglo del Cristianismo corrían casi cien evangelios sobre la vida y hechos de Jesús.
Algunos de esos Evangelios estaban escritos por mujeres.
El por qué fueron elegidos esos cuatro y no otros como los oficiales, inspirados y canónicos (es decir que respondían a un canon) fue muy posterior y fue una operación condicionada por una mentalidad androcéntrica, en el siglo IV, no en los tres primeros siglos.

En el siglo IV, el 2º paradigma, la Iglesia estaba consolidándose como Institución y se marginaron evangelios provenientes de grupos  en los que el protagonismo de las mujeres era mucho mayor a los cuatro canonizados.
Son los no oficiales.
Son los Evangelios apócrifos.

Pero en los primeros siglos la mujer tuvo, como luego veremos, mucho protagonismo.
Pero, a partir del IV, el patriarcalismo (el patriarcado) se impone en la jerarquía eclesiástica, y quedan excluidas las mujeres del liderazgo eclesial.

Estos grupos marginados, su historia, sólo aparecerá en literaturas marginadas, nunca en la oficial.
Y al ser marginal tendrían dificultades tanto de difusión como de edición.

Luego una historia de las mujeres tiene que tener en cuenta esos escritos marginales y marginados que, muchas veces serían considerados heréticos, es decir, desviados.

Deberíamos ser capaces de despatriarcalizar la historia del cristianismo primitivo si queremos ver la otra historia oculta y ocultada.

Lo que escriba una mente androcéntrica no puede reflejar la realidad total, sino sólo una parte.

Para recuperar el mensaje bíblico, más allá de sus condicionamientos patriarcales, deberíamos ser capaces de desnudar el mensaje de los que lo han redactado.

Lo que en otro tiempo fue evidente e indiscutible, hoy no lo es.

Y deberíamos ser capaces de meter la mano por debajo de la ropa porque ésta nos está escamoteando el cuerpo que hay debajo de ella.

Si el hábito no hace al monje, el vestido no manifiesta el cuerpo, y el lenguaje androcéntrico no refleja la realidad narrable.


miércoles, 19 de abril de 2017

LA MUJER EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO (2)

Existe una palabra, la palabra “hermenéutica”, que significa “interpretación” y que es fundamental para poder comprender, fielmente, los fenómenos o acontecimientos humanos.

Si tomamos ahora mismo un texto antiguo o medieval, y lo traemos al presente, y lo interpretamos con criterios del siglo XXI, lo que dice nos parece tan absurdo, tan ridículo, que nos dan ganas de reír o de llorar.

Cojamos un texto de Las cruzadas o del Génesis.
Si queremos entenderlos, comprenderlos, no podemos traerlos al ahora y juzgarlos a la luz de los criterios y valores del ahora.

No es el texto el que tiene que venir a nosotros, somos nosotros los que tenemos que ir al texto y, sobre todo, al contexto en que ese texto está escrito y veremos, entonces, cómo ese texto, en ese contexto, encaja, se entiende, se comprende.

Veremos cómo las Cruzadas tienen sentido, por el contexto que les rodea, no sólo el contexto religioso (que también), también el contexto económico y comercial de las nuevas rutas hacia Oriente; y el contexto social de la Aristocracia caballeresca, y el contexto político de las nuevas monarquías que van apareciendo y que quieren establecerse, y el contexto eclesiástico, con el poder no sólo temporal sino también, y sobre todo, espiritual de los Papas, exponiéndote a una excomunión, con las consecuencias múltiples que ella acarrea, y la ignorancia y por lo tanto una credulidad (no lo llamo fe) de la gran masa popular y su creencia a pies juntillas de que estaban sacando el bonobús para la vida eterna; y el contexto de poder y dominio del mundo Occidental (el antiguo Imperio Romano de Occidente) sobre el todavía presente Imperio Romano de Oriente, ahora llamado bizantino; el ansia de conquista; el bulo de que los musulmanes son la nueva encarnación del demonio y que quieren acabar con Dios y con la Santa Iglesia, el miedo real a lo que nos podría ocurrir si entran en nuestras tierras por la puerta de Constantinopla; la credulidad en los efectos de la visita a los Santos Lugares si pudiéramos ir allí en peregrinación; la profanación del pesebre en que nació Jesús, donde vivió y murió por nuestros pecados, etc., etc., etc.……

En ese contexto, tienen un completo sentido, un sentido total.
Hoy, naturalmente NO.

Lo mismo podríamos hacer con un texto del Génesis o de cualquier texto de la historia.

Hermenéutica. Interpretación correcta, para una correcta comprensión.

No sé si ha sido desde esta mesa desde donde alguna vez he desarrollado el tema de que “los fenómenos físicos se explican; los fenómenos humanos se comprenden”.

Puestas las mismas causas físicas, siempre se darán los mismos efectos físicos; se mueven en el terreno de la necesidad.
Si A entonces B, y si no se da B entonces es que no se ha dado ni se dará A.
No hay excepciones.
Dos moléculas de H. y una de O. dan agua, y si no hay agua es que no habían…..
En el mundo de los fenómenos físicos hablamos de “causas y efectos”.

Pero en el mundo de los fenómenos humanos, de los acontecimientos humanos, las cosas no suceden así.
Hablamos de “condiciones”.
Y puestas las mismas condiciones puede seguirse A o NO A o B o C.
Tú mismo, muchas veces, ante los mismos antecedentes obras de manera distinta.
Y un día te cabreas con un nivel 20 por algo que ha hecho tu hijo, y mañana, por algo mucho más gordo, sólo te cabreas con un nivel 10, o no te cabreas.

Y es que en los acontecimientos humanos, en el mundo humano, se pasea la libertad; lo que quiere decir que si se da A puede no darse B o que se da B sin haberse dado A.

Las respuestas son libres respecto a los estímulos.
Con esas mismas condiciones medievales se dieron las cruzadas, pero podrían no haberse dado y se comprende por qué se dieron.

Por eso en la Historia nunca debe hablarse de “Causas” sino de “Condiciones o Condicionamientos”.
Y si se dan o no se dan, recurrimos a ellos para “comprenderlos”, no para “explicarlos”.

¿Y todo esto a qué viene?

Pues viene a que hoy está apareciendo,  está introduciéndose en nuestra cultura, un nuevo paradigma, como es el feminismo.
Está hoy poniéndose de moda la hermenéutica feminista de la Historia.
Tanto de la Historia en general, como de la historia cristiana, como de los textos bíblicos.

Hoy, y cada vez más, están proliferando gran cantidad de estudios sobre la mujer, procedentes de todas las ciencias humanas o sociales.

Hoy podemos hablar de una Hermenéutica feminista.
Que es la que plantea a los textos y a la historia las preguntas por la condición de la mujer, por su papel en distintas etapas de la historia, por sus condiciones de vida, por sus movimientos de liberación, por sus sufrimientos.

Pero tenemos un grave problema y es que, como veremos, la historia la han hecho los varones y para los varones.
Ellos son los que la han escrito, por lo que la realidad de la mujer, no sólo está oculta, sino que ha sido ocultada.

En los textos, los cronistas o historiadores, la mujer no aparece o aparece muy poco o aparece sólo en facetas indignas o insignificantes, pero no sólo eso, sino que cuando aparece, no aparece como persona autónoma e independiente, sino como esposa de, hija de, seguidora de….siempre “relativa”, en “relación con lo masculino”, que es el entro y eje de la Historia.

La mujer, a lo más, siempre ha sido algo tangencial, nunca central.

Pero una hermenéutica feminista, un querer comprender el papel de la mujer en un contexto concreto, no es una empresa meramente teórica (para conocer mejor la historia real de las mujeres), sino que es una empresa esencialmente práctica.

Aprender para no repetir errores y asimilar los aciertos.

Quiero recordar a Marx cuando decía “hasta el día de hoy los filósofos se han dedicado con todas sus fuerzas a comprender el mundo; y de lo que se trata no es tanto de comprenderlo como de transformarlo”.

La teoría es necesaria, pero no es suficiente.

Una buena teoría lleva/debe llevar enganchada la praxis, el intentar, al menos, desandar el atajo equivocado (porque reconocer un error es ya un acierto) y caminar por el camino correcto, incluso recuperar el tiempo perdido.

Cuando veamos (Teoría) cómo y por qué la mujer ha sido un ser “relativo a”, relacionado con, en relación con, dependiente de,…..Todo eso está muy bien, y es necesario para no volver a cometer el mismo error, pero no es suficiente, hay que cambiar, transformar, llevar a la práctica, poner en práctica, a la mujer “absoluta”, autónoma, libre, independiente, mayor de edad, capaz de poder decidir por sí misma.

Una mujer IGUAL al varón (no desigual) pero DISTINTA (no idéntica).

Lo que yo me propongo, a partir de ahora, es la hermenéutica de la mujer en el cristianismo primitivo.

Creo que es un tema que puede/debe interesar a todos los hombres, varones y mujeres.
Voy a centrarme, pues, en los tres primeros siglos de nuestra era. (Porque ya en el siglo IV, desde el 325, Constantino y el Concilio de Nicea, la Iglesia jerárquica, el Papado, La Religión Oficial del Estado, Etc. Etc. Etc.….. eso ya es otra historia, es el 2º paradigma).

Pero para saber el papel de la mujer, la historia de las mujeres, en las comunidades cristianas de los siglos I – III, sería un error aceptar, a pie juntillas, la visión que nos proporciona del cristianismo  la mentalidad patriarcal.

Ésta es la primera gran dificultad con que nos encontramos, que las fuentes históricas de las que disponemos transmiten una visión androcéntrica de la historia.

Es una historia hecha por varones, desde su punto de vista y que consideran, con total naturalidad, que el varón es el prototipo de humanidad y que la mujer es otra cosa, “lo otro”, lo que se define por relación al varón.

Una filósofa francesa, la amante de J.P. Sartre, Simone de Beauvoir, lo expresa maravillosamente.
En esa época (y en muchas más, digo yo) “el varón (ella dice el hombre) se piensa sin la mujer, pero la mujer no se piensa sin el (h) varón.
Ella se determina y se diferencia en relación al varón, y no éste por su relación con ella.
La mujer es lo no esencial frente a lo esencial.
Él es el sujeto. Él es el absoluto. Ella es lo otro” (es decir un objeto, y además relativo, en relación a él)

Cuando cojan Uds. un calendario, esos de letras  y números grandes, donde pone debajo de cada fecha el nombre del santo/o de los santos del día, fíjense Uds. que los santos varones vienen siempre definidos por su función propia (Obispo, Papa, Confesor, Doctor de la Iglesia, Fundador de una Orden, Predicador de una cruzada, Mártir,……), pero, en cambio, Las Santas mujeres se las define, frecuentemente, por su relación al sexo (Virgen) o por su relación al varón (Viuda).
O sea, define la relación de la mujer con Dios por su relación sexual con el varón y a través de las estructuras patriarcales de la familia y de la Iglesia.

Como dice un teólogo de la liberación, en la línea de Hans Küng, Gustavo Gutiérrez, “la historia de la humanidad ha sido escrita por una mano blanca, por una mano de varón, por la clase social dominante. La perspectiva de las víctimas de la historia es diferente”.

Ya lo saben Uds. ¿qué quieren que yo les diga.

La Historia de nuestra “incivil guerra civil”.
¿Qué historia?
¿La contada por los vencedores o la contada por los vencidos?.

NO, por los neutrales.
¿Pero es que hay neutrales?.
Ya saben Uds.
Creo que lo he dicho y repetido en infinidad de ocasiones.
“En la historia no hay “hechos” sino “interpretaciones”.
Y las interpretaciones son perspectivas, y nunca una perspectiva agota/ni puede agotar la verdad.
¿Y cuál es la mejor perspectiva o interpretación?
¿Y por qué?.

Cojamos un cronista medieval español. Funcionario del rey. Que cobra del rey.
¿Qué va a decir del rey?.
¿Es creíble lo que dice y todo lo que dice del rey?.

Pero tampoco le hagamos caso total al íntimo enemigo del rey.

Entonces, ¿qué podemos saber del rey?.

Con certeza, casi nada. Con probabilidad algo o bastante, pero a través de otras fuentes, de fuentes indirectas.

Por lo que a mí me toca, y respecto al tema que estoy intentando empezar, conocer el papel de las mujeres en los primeros siglos del cristianismo es ir/o tener que ir a contrapelo de la Historia oficial.

La falta de fuentes sobre las mujeres es parte de la historia de las mujeres.


martes, 18 de abril de 2017

LA MUJER EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO (1)

   
Uno de los autores más lúcidos en la comprensión de lo que ha sido y ha supuesto el Cristianismo a lo largo de la Historia es, para mí, (quizá alguno o todos de Uds.  opinen otra cosa o lo contrario, y estarán en el mismo derecho en el que yo me encuentro defendiendo  posición), digo que es HANS KÜNG, aunque, o a lo mejor por eso, en 1979 se le retiró la “Licencia docendi”, el poder enseñar, por las críticas que hizo a la Encíclica de Pablo VI, “Humanae vitae” y su defensa a ultranza de la prohibición de métodos anticonceptivos para el control de los nacimientos (en una palabra, no a la píldora, no al preservativo, no al D.I.U., etc, etc. etc).

El año 2002 publica, en la editorial Trotta, un librito “La mujer en el cristianismo”.
Pero bastante antes, en 1996, también en Trotta, aparece una obra fundamental: “El Cristianismo. Esencia e Historia”.

En esta enorme obra él distingue en el Cristianismo SEIS períodos o paradigmas, como él los denomina. Y que es fundamental tenerlos en cuenta, porque el Cristianismo no es un bloque homogéneo que camine impávido a través de los siglos, como si fuera un tanque a través de la selva.

Paradigma 1º: el Judeo-apocalíptico del Cristianismo Primitivo. El de los tiempos de Jesús, San Pablo, los Evangelios, tanto los canónicos como los apócrifos.

    “           2º: el ecuménico-helenístico de la antigüedad cristiana.

    “           3º: el romano-católico de la Edad Media.

    “           4º: el protestante-evangélico de la Reforma.

    “           5º: el de la Ilustración, razón, progreso de la humanidad.

Y “           6º: el ecuménico de la postmodernidad.

Estoy hablando/escribiendo voy a hablar/a escribir de Cristianismo, no de Catolicismo (que, como todos sabemos es sólo una parte del Cristianismo).

Estoy hablando/escribiendo, voy a hablar/a escribir del primer Período, el del Cristianismo Primitivo, el del modelo o paradigma Judeo-apocalíptico, el de los tres primeros siglos del cristianismo.

Y estoy hablando/escribiendo y voy a hablar/a escribir solamente del papel, del puesto, de la posición, del sol de la mujer, en esa etapa.

Y voy a comenzar con una afirmación tajante: “La mujer ocupaba un lugar central, en esta primera etapa, que es la época en que vivió Jesús, Pablo, los Apóstoles y las “primeras comunidades democráticas e igualitarias”

Vamos a ir viendo cómo Jesús supera los prejuicios antifemeninos propios de su época y cómo, después, sin embrago, el Cristianismo apuesta a favor de un sistema jerárquico, todo él en manos masculinas, sobre todo en el 2º y tercer período, cuestionándolo en los períodos 4º y 5º; y, luego, ya en el 6º poniendo de manifiesto la tergiversación a la que ha sido sometida la primera y primitiva praxis de Jesús, una praxis liberadora, de la que no estaban excluidas las mujeres de ninguna de las funciones, incluyendo la predicación y el sacerdocio; y que no proponía como “conditio sine qua non” el celibato.

¿Han sido fieles los paradigmas o períodos siguientes, respecto al primero y original, el de Jesús y el de las primeras comunidades cristianas?.
¿Se habría opuesto Jesús a la ordenación de mujeres, como sacerdotisas?.
Porque el diaconado de mujeres sí estuvo ya en la Iglesia Primitiva.

Los prejuicios antifemeninos, con los que Jesús rompe y de los que se libera, provenían tanto del lado judío como del lado romano y Jesús era un judío que nace, crece, se educa en la cultura judía y, además, Judea está ocupada o es una provincia romana.
Lo que era la mujer judía y la mujer romana, en sus respectivas culturas, puede ser objeto de otro trabajo o conferencia.

Y antes de comenzar me surgen algunas preguntas.

Admitiendo que se liberó, (No hay más que ver cómo trató a la mujer), ¿Se liberó, Jesús, DEL TODO, de los prejuicios?, ¿Seguidoras SÍ, pero Apóstoles NO?.
¿Por qué al final son Doce Varones?.

Es verdad que Jesús nunca defendió una sociedad jerárquica donde las mujeres estuvieran abajo del todo y menos excluidas
       
Papel importante el que tiene la mujer en Jesús, que nunca será discriminada en razón de su sexo. Y éstas son las raíces del Cristianismo primitivo. Cosa que después, como cualquiera puede ver, el machismo se ha impuesto, totalmente en la Iglesia Jerárquica, sobre todo la Católica.

¿Por qué no ha sido el Cristianismo posterior y sobre todo el Catolicismo, fiel a sus raíces no discriminativas o no discriminatorias, en razón del sexo de las personas?


domingo, 16 de abril de 2017

LA MUJER (Y 4)

2.- LA MUJER ES, MENTALMENTE, INFERIOR AL VARÓN.

Ya no es que sea moralmente “peor” que el varón, es que es intelectualmente “inferior”. Más motivos, pues, para….

Así como el varón posee, en exclusiva, “el poder de la razón”, un poder controlador, la mujer posee “el poder emocional”, que no sabe de razones. Por eso la mujer es incapaz de controlar su propia conducta. Se la tendremos, pues, que controlar los varones.

La mujer es como un niño. “El infantilismo de la mujer”. ¿Y qué hacemos los padres con nuestros niños? Pues lo mismo tendrán que hacer los varones con las mujeres.

El niño se cree todo lo que le dice su “seño”, la mujer también es “crédula”, se cree cualquier cosa.
El niño lo quiere todo, a la mujer también le apetece todo. No para, no tiene límite, es voraz. Tendremos que controlarla los varones.

Dice Santo Tomás que “las mujeres son hombres defectuosos”, que “las mujeres necesitan de los varones no sólo para engendrar, como ocurre con los demás animales”, también los “necesitan para vivir ordenadamente, porque son un hervidero emocional, no saben/no pueden tomar decisiones sensatas. No saben conducirse en la vida”.

Son como niños.

“Culito veo, culito deseo”. Son incontrolables. Los varones somos los controladores, que con nuestra razón,….

Aunque pueda parecer un piropo el decir que la mujer es más emotiva, más emocional, que el varón, en realidad se la está llamando “irracional”, y si el hombre es, como quería Aristóteles, un “animal racional”…
        
“Las mujeres son no sólo como los niños, sino como los salvajes, o como los hombres nerviosos”, todos ellos son “muy emocionales”, en todos ellos la razón brilla por su ausencia.

No tengo a mano, (para poder comprobarlo), pero nuestro Código Civil vigente en el 1975 equiparaba a la mujer casada a los niños, a los locos o dementes, y a los sordomudos que no supieran leer o escribir, por lo que se le prohibía contratar, (Artículo 1263).

¡La obsesión que los santos han tenido con/por las mujeres!

San Bernardino de Siena aconseja a los maridos que tengan a las mujeres siempre ocupadas, para que no se desmanden, que frieguen diez veces los mismos platos… “porque mientras las mantengáis activas, ocupadas, no se quedarán asomadas a la ventana y no se les pasará por la cabeza unas veces una cosa y otras otra”
Como se las deje desocupadas, sin nada que hacer, comienzan a imaginar y…. (Santa Teresa: “la imaginación, la loca de la casa”. Y la loca hace locuras, no está cuerda….).

A las mujeres hay que tenerlas siempre ocupadas, para que presten atención a lo que están haciendo. Deben, incluso, preparar comidas sofisticadas, trabajosas, que requieran mucho tiempo, sólo así…

Creo que es en Grecia donde a la “comida rápida” se la llama “comida de prostituta”.

Las mujeres son infantiles, inmaduras, están todavía verdes (“siempre estarán verdes”).

Cuando todo esto se graba en la mente funciona como lo hace todo “prejuicio” ( “estar seguros de que es verdad algo que no se sabe, pero en lo que se cree firmemente”) y ya se consideran, los varones, “legitimados” para…. y “justificadas”, pues, las medidas tomadas o a tomar.

Cuando uno tiene un prejuicio (sobre los gitanos, sobre los negros, sobre los rumanos, sobre las mujeres,….) está blindado contra la experiencia, está inmunizado contra la experiencia.
Cuando hagan algo que coincide con su prejuicio dice: ¿“lo ves”? (el caso de los atentados terroristas islamistas, sin pararse a distinguir entre “islámico” e “islamista”). “Lo que yo pensaba”. Pero, cuando hagan lo contrario, dirá: “ya veremos”.
Sólo vale lo que está acorde con mi prejuicio.

Cuando un prejuicio cala y se asienta firmemente en la mente… los conocimientos nuevos, en contra, no valen, y los acordes lo ratifican, aún más.

El prejuicio actúa, además, de una manera curiosa, seleccionando todo lo que lo corrobora y eludiendo, prescindiendo, de lo que pudiera cuestionarlo.
El prejuicio, inconscientemente, se esfuerza en estar reforzado.

De ahí la dificultad de erradicar un prejuicio, ni siquiera con juicios firmes en contra.

Si, además, un prejuicio se generaliza, la presión social hace que incluso las mismas víctimas del prejuicio lo acepten.

“Si ya lo dice el refrán, quien nace….”, es lo que los psicólogos denominan “profecías que se autorrealizan por el hecho de enunciarlas”.

Si estamos convencidos (“prejuicio”) de que la mujer es irracional y no la dejamos que defienda sus puntos de vista, de manera racional, llegará un momento en que, desesperadamente, lo haga de manera histérica, irracional, y entonces, diremos: “¿Lo ves? Si ya lo decíamos, que la mujer era irracional”, se ha cumplido la profecía, se ha tornado realidad el prejuicio. “Tenía yo razón”, me corroboro en mi prejuicio.

Los que defienden que la mujer debe ser tierna, sentimental, emotiva,…. pero que no hace falta que sea inteligente… cuando una mujer, para poder ser aceptada por ese tipo de varón, actúa de esa manera, el varón sale reforzado en su prejuicio, y la mujer ha contribuido, con su comportamiento, a que se cumpla la profecía varonil.

Es un círculo infernal.

¿Y cuando los prejuicios se manifiestan, se expresan, en leyes? Pues peor que peor.

España, año 1958, ley del 24 de Abril: “El marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido”, “existe una potestad de dirección que la NATURALEZA, la RELIGIÓN y la HISTORIA (las mayúsculas son mías) atribuyen al marido dentro de un régimen en el que se recoge fielmente la tradición católica que ha inspirado siempre, y debe inspirar en lo sucesivo, las relaciones entre los cónyuges”.

El mito de la “legitimación” avalado, fundado, nada menos que en/por Dios, en/por la Naturaleza y en/por la Sociedad.
Lo divino y lo humano.
Garantía absoluta de la verdad de mi prejuicio y de su consecuencia, la “legitimación” y la “justificación”.

Hasta 1975, sin licencia del marido, la mujer no podía trabajar, ni abrir una cuenta corriente en un Banco, ni obtener el pasaporte, ni sacarse el carnet de conducir.

Si contraía matrimonio con un extranjero perdía la nacionalidad y era considerada extranjera, como su marido, a todos los efectos.
Si vivía en España se le extendía una carta de residente, perdían validez sus estudios, no podía ser funcionaria y, para trabajar, necesitaba, como cualquier extranjero, un permiso de trabajo.

Yo, incluso recuerdo, de monaguillo que el cura de mi pueblo, en las misas de boda, le decía a la novia: “que seas casta como Susana y… y que la mujer no salga de casa sin permiso del varón….” (“sic”, textualmente)

Hasta dónde llegaba la consideración de incapacidad de la mujer que, hasta 1975, no se le reconocía patria potestad sobre sus hijos.
Es como si la tierra le disputase la cosecha al labrador.

Aunque la mayoría de edad se alcanzaba, entonces, a los 21 años, la mujer no podía abandonar la casa de sus padres hasta los 25. Sólo “podía hacerlo con licencia de los padres, cuando fuera para contraer matrimonio o para ingresar en un instituto religioso aprobado por la Iglesia”.

¡Lo que han cambiado, en España, las cosas tras la Constitución del 78!

Pero si hablamos de la mujer a nivel mundial….
¿Cuál es el porcentaje de la prostitución femenina? ¿Y del analfabetismo?, ¿y del hambre?, ¿y de la violencia sexual?, ¿ y de la pobreza?

“De los ocho mil abortos que se produjeron en Bombay, una vez que los progenitores supieron el sexo del feto, sólo uno hubiera sido niño”. ¡Monstruoso¡

Todavía hoy, en muchas naciones asiáticas, los varones pueden matar a sus mujeres por cuestión de honor.

Un millón de mujeres mueren al año, en el mundo, por el simple hecho de ser mujeres.

Hay cien millones menos de mujeres de las previsibles.
Dos millones de niñas son mutiladas, sexualmente, cada año.
Una niña es cambiada por un televisor en varios países asiáticos.
El turismo sexual infantil, sobre todo femenino, es algo normal.

¡Da asco escribir y leer todo lo anterior¡ Pero es real. Y la realidad, aún siendo nauseabunda, se impone.

¿Cómo luchar contra esa “anormalidad tan normal”?.

¿Cómo desmontar estos mitos de “legitimación” y de “justificación” cuando han calado tan profundamente en la mentalidad de un pueblo?
¿Cómo luchar por el reconocimiento de la igualdad esencial entre varón-mujer, mujer-varón?

Cuando oigo decir: “los derechos de la mujer”, “los derechos de los negros”, “los derechos de los gitanos”, “los derechos de los homosexuales”, “los derechos de los vascos”,….me incomodo.

Reclamar derechos por ser diferentes no es el camino adecuado.
Todos, varones y mujeres, blancos y negros, gitanos y payos, homosexuales y heterosexuales, vascos y nos vascos,…. TODOS tenemos los mismos derechos porque todos somos personas, “igual de personas”.
Los derechos son de las personas.

Los derechos recaen sobre lo que nos iguala, no sobre lo que nos diferencia.

Además de tener los mismos derechos, además, los grupos marginados tienen el derecho, negativo, a no ser discriminado por ser mujer, por ser negro, por ser gitano…

Cuando desaparezca el “rechazo”, la “discriminación” no harán falta los “días” de “identificación”, de “afirmación”, el “día de la mujer trabajadora”, “día del orgullo gay”, “día de la patria….”…

La lucha por la “no discriminación” es más universal y está mejor fundada que la reivindicación de la diferencia.

¿Se imaginan “el día de los bajitos”, “el día de los gorditos”, “el día de los feos”, “el día de los veinteañeros, treintaañeros,…”, “el día de los que viven en la tercera planta de un bloque de pisos”, “el día de los zurdos”, “el día de los calvos”, “el día de los canosos”, “el día de los que no ven “¿dónde estás corazón?”, “el día de los que no les gusta el fútbol”…

(Perdonad esta digresión).

Reivindicar las diferencias es un camino equivocado.

Las discriminaciones son, o fruto de la razón y, entonces, debemos aceptarlas porque son justas (discriminamos a los asesinos, a los ladrones,.. y los encarcelamos), o frutos de los prejuicios (y habrá que desterrarlas) o frutos de la fuerza (y habrá que contrarrestarlas) o frutos de la tradición (y habrá  que superarlas).

¿Por qué ha estado discriminada la mujer a lo largo de casi toda la historia?

Lo humano y lo divino se conjuraron contra ella.

Cada vez lo veo más claro.

La mujer ha sido multivíctima.
Contra ella se aliaron lo divino y lo humano, el poder religioso, el poder político, el poder social, y, por si fuera poco, el varón que estaba a su lado.

Pero los varones también hemos sido víctimas de una educación sexista, causa de nuestro “prejuicio” contra la mujer.

Es triste, pero es verdad, que todo el edificio antifemenino ha estado sustentado, entre otros,  en estos dos “prejuicios”: PELIGROSA E INMADURA.