domingo, 14 de mayo de 2017

HOMOSEXUALIDAD Y PEDOFILIA EN EL MUNDO GRIEGO (2)



Platón, en su vasta obra de madurez-vejez, las "Leyes" dice:

“Cuando el varón se une con la mujer para procrear, el placer experimentado se supone “debido a la naturaleza”, pero, sin embargo, es “contrario a la naturaleza” cuando un varón se aparea con un varón, o una mujer con una mujer, y aquellos culpables de tales enormidades están impulsados por su esclavitud al placer”. 

También en el "Fedro", Platón habla sobre cómo los homosexuales deben temer que se les descubra, cosa que no sería lo normal en una sociedad donde la homosexualidad fuera una "institución social", como alegremente se proclama en muchos medios de comunicación.

“Tenéis miedo de la opinión pública, y teméis que si la gente se entera (de vuestro asunto amoroso), seréis repudiados”.  

Podríamos continuar diciendo que en no pocas comedias teatrales (como por ejemplo las de Aristófanes) se utiliza un lenguaje extremadamente soez para despreciar a los homosexuales, especialmente a los que toman el papel pasivo, los “erómenos” (hoy se les llamaría “desviados”, “invertidos”, “maricas”, “maricones”, “mariquitas”, “sarasas”, “sodomitas”, “bujarras o bujarrones”, “mariposas”,…
El lenguaje es muy creativo.

 Si la homosexualidad hubiera sido una práctica "estándar" griega, esto implicaría que el comediante Aristófanes estaría burlándose de la peor manera de todo su público masculino.

¿Y EN ESPARTA?

La relación entre varón y adolescente en Esparta era del tipo maestro-alumno, fundada en el respeto y la admiración, y constituía un entrenamiento, un modo de aprender, una instrucción a su manera.

Era algo sagrado la relación maestro-alumno o instructor-aspirante, 

Otros hablaron sobre la institución espartana del amor de maestro a discípulo, pero siempre dejaron claro que este amor era "casto" y no “carnal”.

Un alumno que admira a su profesor de Lengua, que se pone en primera fila, junto a la mesa del profesor, para verlo y tenerlo más cercano, que le gusta lo que dice, cómo lo dice y que, además está de buen ver, que pregunta mucho, que cuando acaba la clase sigue preguntándole, porque se siente a gusto…. ¿puede llamarse homosexual a esa relación?
O, la adolescente, igualmente, con la profesora de Lengua.

¿Puede llamarse “homosexual” a esa relación de “sentirse bien con”, de “caerse simpáticos”?

 El romano Aelio dijo que si dos hombres espartanos "sucumbían a la tentación y se permitían relaciones carnales, debían redimir la afrenta al honor de Esparta yéndose al exilio o acabando sus propias vidas". 
Lo cual significaba básicamente que la pena por homosexualidad en Esparta era la muerte o el exilio (considerado en aquellos tiempos peor que la misma muerte).

Me da la impresión que muchas personas  ven señales de homosexualidad donde cualquier persona sana y normal sólo ve amistad, camaradería, afecto, admiración, simpatía,…pero en ningún caso amor carnal.


SUPUESTAS PAREJAS HOMOSEXUALES Y EJEMPLOS EN LA MITOLOGÍA E HISTORIA DE GRECIA

1.- Aquiles y Patroclo

Aquiles y Patroclo acaso son la "pareja homosexual" más conocida del mundo griego.
Según los convencidos estos dos hombres eran amantes homosexuales, y por tanto, sin ningún tipo de duda, se acostaban juntos y practicaban el noble, puro y respetable arte del sexo

Pero si le hacemos caso a la "Ilíada" y lo que afirma acerca de la "homosexualidad" de Aquiles y Patroclo dice:

“Aquiles durmió en lo más retirado de la sólida tienda con una mujer que trajera de Lesbos: con Diomeda, hija de Forbante, la de hermosas mejillas. Y Patroclo se acostó junto a la pared opuesta, teniendo a su lado a Ifis, la de bella cintura, que le regalara Aquiles al tomar la excelsa Esciro, ciudad de Enieo”

¿Dónde, dónde veis homosexualidad, almas de Dios?

Si Aquiles y Patroclo eran amantes, ¿por qué se acuestan cada uno en el lado opuesto de la tienda… y con una mujer cada uno? 

¿Es que no deberían acostarse entre ellos? ¿Dónde veis que el "amor" de Aquiles y Patroclo sea algo sexual, más allá de una intensa “amistad” o amor platónico entre compañeros de armas?

Cuando los aqueos quieren que Aquiles vuelva a la lucha, no le tientan con jóvenes efebos (cosa que sería lo normal para un hombre que "se casa sólo para procrear” pero se “lía con varones para divertirse", como reclaman los homosexuales), sino con infinidad de esclavas hermosas, vírgenes y "expertas en intachables labores".

Patroclo, mayor que él, y más prudente que él, es meramente su maestro y su iniciador, además de su amigo, y la actitud que tiene con Aquiles es como la de un hermano mayor.

La intensidad de las aventuras vividas en torno a la guerra había forjado entre ellos un vínculo de camaradería y amistad especialmente intenso, cosa que queda muy clara cuando, a la muerte de Patroclo a manos del héroe troyano Héctor, Aquiles se hunde en la más tremenda desesperación. Se alega que la reacción de Aquiles es demasiado fuerte como para que se tratase de una relación de mera amistad, pero más adelante en la "Ilíada", el rey Príamo sufre una tremenda aflicción cuando su hijo Héctor cae bajo la lanza de Aquiles, que se revuelca en los excrementos de los animales, cosa que demuestra cómo para los griegos el amor erótico nada tenía que ver con la desesperación por la pérdida de un ser querido.

2.- Zeus y Ganímedes 

Según ciertos círculos, Zeus y Ganímedes son otra de las "parejas homosexuales por excelencia" del panorama olímpico.

3.- Apolo y Jacinto

4.- El Batallón Sagrado de Tebas, unidad de élite, un ejército formado por 150 parejas de amantes homosexuales, que humilló a los espartanos

5.- El caso de Alejandro Magno

Él mismo desposó a la princesa persa Estatira, la hija mayor de Darío III, aunque sólo fuera por motivos puramente políticos., al contrario que su matrimonio con Roxana, que fue por amor, aunque tampoco le hiciera ascos a los jóvenes.

En otro lugar hemos escrito sobre El Banquete y las teorías del Amor.
Y es que los diálogos platónicos consisten, fundamentalmente en un debate en el que se contraponen puntos de vista opuestos, representados por los participantes.
La razón es que, para Platón, todas las partes debían estar presentes en un debate y tener la oportunidad de exponer y defender su punto de vista. Hay personajes que representan ideas contrarias a Sócrates, precisamente con el objetivo de contrastar opiniones distintas, y por ello mismo no pueden ni deben citarse al tuntún como si las hubiese pronunciado el mismo Platón.
Por estas razones, en cada cita, cuando se afirma que “en El Banquete se dice que…” es preciso especificar quién la ha pronunciado e indagar sobre el personaje, para saber si representa un punto de vista afín al platónico (del cual Sócrates y otros son portavoces) u opuesto.

Además (y lo hemos expuesto en otro lugar), la relación de maestro y discípulo es necesaria y beneficiosa porque "uno puede contribuir en cuanto a inteligencia y virtud en general y el otro necesita hacer adquisiciones en cuanto a educación y saber en general".

En este caso, como en el caso espartano, se está hablando de una relación con vistas al perfeccionamiento personal y al "entrenamiento", en la que la sabiduría de un hombre maduro ayuda a un muchacho a convertirse en hombre y en la que, de nuevo, la interacción no es sexual, sino educativa plena.

Recordando, de nuevo el “mito del andrógino” y cómo los primeros seres humanos eran dobles (dos mujeres, dos varones y el andrógino) y como su autosuficiencia encolerizó a Júpiter, que los partió por la mitad (y avisando que, como siguieran no necesitando y renegando de los dioses volvería a partirlos de nuevo y se quedaría cada uno con una sola pierna, un solo brazo,…las mujeres son partes de la mujer doble, y no prestan mucha atención a los varones, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. 

Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse, éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza.

Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos.

Alcibíades (del que ya escribimos en el artículo sobre Sócrates) relata cómo en el pasado le tiró los tejos a Sócrates, cómo en un momento dado se le declaró y cómo poco menos que se le tira al cuello al filósofo, siendo rechazado por él.
Alcibíades parece estar, en efecto, "enamorado" de Sócrates, aunque, como él mismo bien dice, "comparar el discurso de un hombre bebido con los discursos de hombres serenos no sería equitativo" 

“Sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor”. 

Sócrates tenía a Alcibíades en la palma de su mano y hubiera podido liarse con él (algo que nunca hizo)

Algunos afirman que la homosexualidad en Grecia era algo normal basándose en las pinturas de la cerámica
Se han encontrado docenas de miles de vasijas (sólo en la provincia de Ática, debe haber más de 80.000), y, de todas ellas, las vasijas con un claro contenido homoerótico son… ¡sólo 30! Poco más o menos un 0.03% del total de vasijas encontradas. 


¿Acaso no deberían ser más, si supuestamente estamos hablando de una cultura donde la homosexualidad pedofílica era el pan nuestro de cada día?

viernes, 12 de mayo de 2017

HOMOSEXUALIDAD Y PEDOFILIA EN EL MUNDO GRIEGO (1)


  
Creo que, muy alegremente, se ha abusado de ambas palabras al aplicárselas al mundo griego, como si los griegos fueran unos….

Aclarar, en primer lugar, que el término “homo-sexualidad” es un término compuesto de “homo” (que no significa “hombre”, procedente del latín, sino que proviene del término griego “omoios” que significa “igual o semejante, el mismo” y “sexualidad”.
Por lo tanto tan “homosexuales” son la unión de dos varones (igual o mismo sexo) como la de dos mujeres (igual o mismo sexo)

(No se dice “género”, sino “sexo”, lo que millones de veces he dicho y repetido: que no es, ni debe decirse  “violencia de género”, sino “violencia de sexo” cuando un varón viola/violenta/maltrata a una mujer o viceversa. Son dos sexos, no dos géneros, aquello es “biológico”, esto es “cultural”)

Los vocablos griegos para designar al “maestro iniciador” y al “joven iniciado” que aspiraba a convertirse en hombre, eran respectivamente “erastés” y “erómenos”, lo que, traducido literalmente, sería algo así como "amante" y "amado".

Sin embargo, la mentalidad de la Antigüedad distinguía claramente entre el “amor carnal” y el “amor platónico”, y estas relaciones estaban fundamentadas en el segundo, en el “platónico”, considerado más elevado, más desinteresado, disociado de lo carnal, y más capaz de inculcar virtud y sabiduría.

Y es que en Grecia se pensaba que un hombre joven necesitaba la tutela y el consejo de uno mayor para llegar a ser sabio en la vida o excelso en el deporte, en la caza, en el combate...

No puede negarse que existía homosexualidad en Grecia (como la ha habido y la hay en cualquier parte del mundo) y si se promulgaron leyes en su contra, es porque se dieron casos, lo que sí se niega  es que estas relaciones fuesen endémicas, normales y socialmente aceptadas y "reguladas".

Todos sabemos lo que les pasa a los homosexuales, hoy mismo, en los países de religión islámica fundamentalista.

Y todos nos acordamos de Federico García Lorca.

La mayor parte de sociedades humanas han proscrito y estigmatizado las prácticas sexuales estériles o aquellas que conllevaban riesgo de infecciones.

La homosexualidad reúne ambas condiciones, ya que por un lado es incapaz de engendrar nueva vida, y por el otro, el orificio empleado no es precisamente la parte más limpia, sana o higiénica del cuerpo humano.

En la Grecia antigua, que no era una excepción a esta regla general, no existían palabras modernas como "homosexual", "gay" o "heterosexual". Los "heteros" eran sencillamente la gente normal que cumplía con lo que era natural, 

Lo normal es no mantener “relaciones carnales” con jóvenes varones, como si fueran mujeres, apoyándose en el testimonio de la naturaleza de los animales y mostrando que el animal macho no toca a otro macho con este fin porque eso no se adecua a la “Naturaleza". 

Layo sería visto así, como el que trastornó la ley natural contraviniendo a los dioses. Es lo que se conoce como el “crimen de Layo”, el rapto de Crisipo (“caballo dorado”), del que Layo se enamoró y lo raptó y que se suicidaría (por haber sido retenido contra su voluntad (¿y también por vergüenza?).
Layo murió atravesado por la espada de Hipodamia, madre de Crisipo, cuando ambos, en la noche, dormían plácidamente en el tálamo.

 El ateniense defiende la idea de que la ley no debe ser benevolente para con la homosexualidad, ya que ésta no inculca autocontrol en el alma del "activo" (el “erastés”), a quien se le acusa de lascivia, ni valor en el alma del "pasivo" (el “erómenos”) a quien se acusa de imitar “antinaturalmente” el papel femenino.

En todos los Estados griegos, y sobre todo en los más importantes, estaba prohibida la homosexualidad entre personas mayores, con penas durísimas, por lo que no se puede hablar de que la homosexualidad estaba "comúnmente aceptada", que constituía una "institución social" o que Grecia era una inmensa Chueca madrileña.

En su "Contra Timarco", el político y orador Esquines  nos relata las famosas Leyes de Solón, entre las cuales hay una que nos interesa por su homofobia:

“Si algún ateniense tiene compañía con otro del mismo sexo (es homosexual), no se le permitirá:

- Convertirse en uno de los nueve arcontes.

- Desempeñar el trabajo de sacerdote

- Actuar como magistrado del Estado

- Desempeñar cargo público alguno, ni en el hogar ni en el extranjero, ya sea por elección o por sorteo

- Ser mandado como heraldo (mensajero que anuncia las noticias importantes)

- Tomar parte en debates

- Estar presente en los sacrificios públicos

- Entrar en los límites de un espacio que ha sido purificado para la congregación del Pueblo.”


Es decir, a los homosexuales atenienses, que eran reconocidos como tales, entre personas maduras, se les privaba de asistir a eventos políticos, culturales, religiosos o populares de cualquier tipo, y se convertían en ciudadanos de segunda (en metecos).

jueves, 11 de mayo de 2017

¿ERA SÓCRATES HOMOSEXUAL?

Cuenta Diógenes Laercio en sus “Vidas de los filósofos” que uno de sus maestros fue Arquelao, del que también fue amante o, para ser más exactos, su “erómenos”.
En el mundo griego, cuando había una relación amorosa entre dos varones, se llamaba “erastés” al amante de más edad (en este caso Arquelao, el maestro) y “erómenos” al más joven (en este caso, Sócrates, el discípulo).

Pero sobre este asunto de los amores homosexuales de los griegos, en general, y de los filósofos, en particular, antes de ir más allá y considerar a Sócrates un “gay”, abramos un paréntesis  y aclaremos nuestras ideas de una vez por todas.

La homosexualidad, en aquellos tiempos, entre los griegos, era una cosa normalísima y, no por casualidad, ha pasado a la historia como “amor griego”.
Incluso Plutarco la ha definido como “pederastia pedagógica”.

Quizá no debería entenderse el concepto “homosexualidad” como hoy lo entendemos.
La admiración, la sintonía, el caerse bien, el estar a gusto juntos,…profesor-alumno (maestro-discípulo) o maestra-discípula, no conlleva connotación carnal-sexual, sino psíquica-anímica,

Sólo entendida así la homosexualidad entre varones (o mujeres) no era motivo de escándalo, “es natural que me guste lo que es bello”, resultara un muchachito o una jovencita era un detalle de poca importancia.

Los verdaderos problemas para la homosexualidad y los homosexuales comenzaron con el Cristianismo, porque su moral, la moral cristiana, consideraba el sexo sólo como medio de reproducción o procreación y consideró “pecado” todo otro tipo de relación sexual.

Se sabe, después, su relación con Alcibiades, su discípulo, pero, en este caso, no fue el maestro quien se enamoró del discípulo, sino al revés, la obsesión, no sé si enfermiza, del discípulo con el maestro tal como aparece en El Banquete, cuando el joven Alcibiades, ya algo achispado por el vino, confiesa su desesperado amor por Sócrates: “cuando lo escucho, el corazón me late mucho más que a los coribantes”.

Y, en otro lugar: “Me encontraba, amigos, a solas con él y pensaba que pronto me haría uno de esos discursos que, por lo general, hace un amante al objeto de su amor cuando se encuentran solos, y por este motivo me sentía lleno de júbilo. Pero, sin embargo, el tiempo pasaba y no ocurría nunca nada: conversaba conmigo como siempre y, habiendo pasado el día juntos, me dejaba plantado y se iba. Entonces, lo invité a hacer gimnasia esperando que, al menos allí, podría conseguir que ocurriera algo. Y bien, hacía todos los ejercicios conmigo y, a menudo, también la lucha, sin que hubiese nadie presente, pero, ¿qué debo decir? No sucedía nada.

Viendo que de este modo no lo conseguía, me pareció necesario insistir e insistir y no desistir hasta no aclarar el asunto.
Y, así, una noche lo invité a cenar, exactamente como hacen los amantes que tienden una trampa al amado.
Pero tampoco, de esta forma, obtuve nada.
Sin embargo, con el tiempo, paulatinamente, se dejó persuadir.
Cuando, por fin, vino a casa, quiso irse inmediatamente después de haber cenado y yo, sintiéndome un poco avergonzado, lo dejé partir.
Pero la noche siguiente preparé otra trampa y, después de haber cenado, me quedé hablando con él hasta entrada la noche.
Cuando hizo ademán de marcharse, lo convencí para que se quedara, con el pretexto de que era demasiado tarde.
Descansaba en un lecho junto al mío. En la habitación no dormía nadie, estábamos solos…” (Platón, El Banquete).

Y no pasó nada.

Sócrates se casó con Jantipa, cuando tenía casi 50 años, quizá más por tener un hijo que por tener una esposa.
Hasta entonces siempre se había mantenido apartado del matrimonio y cuando alguien le pedía consejo sobre si debía casarse a no, siempre respondía de la misma manera: “haz como te plazca; de todos modos, en ambos casos, te arrepentirás”.

Jantipa debió ser una esposa pelma y posesiva y, conociendo a Sócrates, no le faltarían motivos para ello.

“Todos saben que Jantipa // loca iba por las tripas. // Tripa almuerzo, tripa cena // ¡Dios!, a Sócrates, ¡qué pena! –cuentan las malas lenguas que lo cantaban los niños de Atenas.

Él, tan dicharachero con los de fuera, en la calle y en el ágora, y taciturno y que apenas le dirigía la palabra a su esposa e hijo (o hijos), pero es que, además no ganaba un duro y la pequeña renta que le dejara su madre, Fenaretes, la comadrona, iba acabándose.

Quizá es verdad que, cierto día, Jantipa perdió los estribos y le arrojó un cubo lleno de agua, ante lo cual Sócrates no respondió abandonándola sino que por todo comentario dijo: “sabía que el trueno de Jantipa se transformaría, antes o después, en lluvia”

Quizá tuvo, también una segunda mujer, Mirto (según cuenta Aristóteles), pero se habría casado con ella, “por pena”, “por piedad”, porque estaba en la miseria.
Aunque otros dicen que era una concubina  que se la había llevado a casa una noche en que había bebido más de la cuenta. Y con Mirto tuvo dos hijos, más uno que tuvo con Jantipa, su primogénito, en total, 3 hijos.

No sólo no estaba mal visto sino que el gobierno de Atenas, para aumentar el número de los verdaderos atenienses, animaba a los ciudadanos  a tener más hijos con mujeres distintas.

Nada que objetar al triángulo  Sócrates-Jantipa-Mirto.

No voy a incidir en su valentía en las guerras en que, como ciudadano, participa.
Nada voy a decir sobre su “desbelleza” corporal (por no decir la palabra “fealdad”) ni sobre su buen corazón (“belleza anímica”), incapaz de matar una mosca.
Nada voy a decir sobre su filosofía (ésta no es objeto de este artículo) aunque sobre su austeridad se ha hecho célebre la sentencia que pronuncia cuando paseando por la calle de Atenas y al contemplar los numerosos artículos a la venta, exclama: “¡Hay que ver la cantidad de cosas que no necesito) o cuando Jantipa lo denuncia por abandono del hogar (por estar siempre en el calle, con los amigos, en banquetes y se pasan días sin volver al hogar) y cuando el juez le pregunta qué tiene que decir para defenderse, responde que “Jantipa tiene toda la razón”.


Pero, sobre la “homosexualidad en Grecia” les remito a otro artículo posterior.

miércoles, 10 de mayo de 2017

LOS FILÓSOFOS TAMBIÉN AMAN (Y 2)


El dicho era que “los ricos también lloran”, dando por supuesto que los pobres lloraban.
Es más fácil que llore el pobre si no tiene trabajo, ni salario, ni ayuda,… para comer y dar de comer a los suyos. Porque eso lo tiene asegurado el rico.
Por todo lo demás (una muerte de un familiar, una enfermedad, un accidente, una riada,…) tienen los mismos motivos para llorar.
Aunque, como dice el refrán: “las penas, con pan, son menos”.

Y uno puede llorar por impotencia, o por alegría, o por pena, o por envidia, o por dolor, o por placer, o por sentimiento.
Yo, por ejemplo, lo normal es que viendo una película gaste no sé cuantos pañuelos, entre sonarme y limpiarme las lágrimas. Soy, no un sentimental, sino un “sentimantaloide”. Soy un desastre de espectador.

Igualmente ocurre con el amor.
Son muchos los tipos de amor, desde el amor platónico al amor pasional, desde el amor cruel de un Sade al amor obsceno de un Bataille, desde amor a los animales al amor a la naturaleza, desde el amor a la lectura al amor a la escritura, desde el amor a Dios al amor a los hombres, desde el amor cortés al amor plebeyo, desde el amor materno al amor filial, desde el amor fraterno a….

Erich Fromm en “El arte de amar”, distingue cinco tipos de amor: fraternal, materno, erótico, así mismo y a Dios.

Pero aclara: “el amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una “actitud”, una “orientación del carácter” que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un “objeto amoroso”.
Si una persona ama sólo a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor sino una “relación simbiótica” o “un egoísmo ampliado”. (…)
Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo a la vida.
Si puedo decirle a alguien “te amo” debo poder decir “amo a todos en ti, através de ti amo al mundo, en ti me amo también a mí mismo”


Se puede morir por amor y suicidarse, pero también se puede matar por amor.

Se da por supuesto que todas las personas aman y desean ser amadas, pero los filósofos tienen (tenemos) fama de raros, de solitarios, de amargados, de cuadriculados, de sólo racionales y apenas pasionales,…

Cuando se afirma que “filosofía es “amor a la sabiduría” el amor es sólo un medio que se queda en el camino, porque la meta es la “sabiduría”, por lo que “saber” es más valioso que “amar”, la “verdad” estará en un nivel superior a la “bondad” por lo que el “hombre bueno” es menos valioso que el “hombre sabio” y esto es algo que nunca lo admitiría un “hombre sabio”.

Pero ¿y los filó-sofos?

Los filósofos también aman (y yo lo digo con conocimiento de causa). Amo, y mucho, y pienso seguir haciéndolo a la vez que razonando y metiendo el bisturí para clarificar lo que está oscuro, para criticar todo lo que considere criticable, y sobre todo a los gobiernos (internacional, nacional, autonómico o municipal)

Y criticar (que no es despotricar) que es sólo detectar lo malo y denunciarlo para que se corrija.

Si un gobierno lo hace mal, para que lo haga bien, y si lo hace bien para que lo haga mejor, que en la bondad no existe el límite y siempre es posible hacerlo mejor.

La “ciencia” no es la “sabiduría”. Mientras aquella trata de averiguar lo que se ignora y habita en el reino de la verdad, ésta, la sabiduría se instala en el reino de la vida.
El objeto de la filosofía no es la verdad, sino la felicidad y ésta, muchas veces no necesita a la ciencia.
Esa madre, quizá analfabeta, pero que es feliz viendo, besando, jugando con su bebé.
Es el amor, la felicidad, lo que le da sentido a la vida.
La verdad no basta para vivir (aunque no sobre), es necesario el amor.

“Amar la vida”

Hace unos días, limpiando el polvo de la estantería de mi despacho clavé mi mirada en un libro, que ya había leído y que me había gustado, así que lo bajé y aquí estoy, releyéndolo y comentándolo.
Se titula: “Las razones del corazón. Los filósofos y el amor” y el autor Josep Muñoz Redón, un catalán, profesor y escritor con varios premios en su haber.
Así que ese libro va a ser mi guía y yo su acompañante.

¿Quién no ha oído, y más de una vez, la sentencia de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”?

¿El corazón tiene razones? Motivos muchos, ¿pero “razones”?.

Una corazonada no es una razón. Las corazonadas son totalmente subjetivas, individuales, como los motivos, pero las razones tienen “peso”, unas son más fuertes que otras, pesan más que otras.
Tú y yo razonamos sobre una cuestión. Tú expones tus razones, yo expongo las mías, las confrontamos y comprobamos. Y si las tuyas “pesan” más que las mías las dejo a un lado y me apropio de las tuyas, sin que tu las pierdas. O al revés.

Pero el que ama sabe que siempre, ahí, como esperando, está la muerte.
El amor puede estar presente o ausente, pero la muerte siempre está ahí, presente.

Camus lo resume en una frase lapidaria: “Los hombres mueren y no son felices”.

Ante eso, la filosofía enseña  a aceptar el miedo a la muerte en forma de amor a la vida.

La muerte es segura, lo inseguro es el cuándo, por eso, mientras tanto llega o no llega, avisando o sin avisar, hay que amar a la vida.
Sólo el amor a la vida le da sentido al vivir.

El deseo de comunicación entre dos personas es el impulso más primario del género humano y la sociedad actual ha dictaminado que la mejor comunicación es la sexualidad, que es un estadio superior al sexo (“un intercambio de fluidos”) y mucho más rica que éste aunque el orgasmo sea la cima de dos amantes.

Dice el autor que: “es imposible vivir la vida de otro, como es imposible que otro viva nuestra vida (…) dos orgasmos, incluso simultáneos, no dejan de ser dos”.



martes, 9 de mayo de 2017

LOS SEIS TIPOS DE AMOR


La palabra “amor” no es compleja por naturaleza; todo se resume en un “sentimiento de afecto, interés, afinidad y atracción” hacia algo o alguien.  La complicación se encuentra en las múltiples formas de aplicar la palabra: en el contexto y en el mensaje.

En temas de amor, “los griegos” fueron los expertos, y en una especie de experimento dentro de su propia cultura lograron asignar diversas definiciones con la finalidad de aclarar algunas de las formas en las que “manifestamos el amor”.

Los sentimientos que despierta el amor son particulares en cada uno de nosotros y esto lo sabían los griegos, quienes tenían “distintos tipos de palabras para nombrar los diferentes tipos de amores” que, según ellos, experimenta el ser humano.

Los griegos tenían al menos seis palabras. 

1.- EROS

El primer tipo de amor fue el “eros”, el nombre del dios griego de la fertilidad, y representaba la idea de la pasión y el deseo sexual, aunque los griegos no siempre pensaban en ello como algo positivo.
De hecho, el eros era visto como una forma peligrosa, ardiente, e irracional de amor que podía apoderarse de ti y poseerte.
El eros implicaba una pérdida de control que asustó a los griegos.

La mitología griega consideraba a Eros como el Dios del amor, sin embargo, éste solo representaba la  “parte carnal” del asunto; el deseo y la atracción sexual.
Representaba el amor erótico, el que se manifiesta al principio de una relación, en donde la pasión y la curiosidad juegan un papel importante.
Este tipo de amor es fugaz, determina el inicio de una aventura que, después podría convertirse en algo más profundo, pero mientras eso sucede, eros se limita al amor condicionado y a una forma idealizada del mismo, guiada por la pasión y el impulso del deseo carnal.

Aunque no es este “eros” el “eros platónico” de su Banquete o Simposio.

2. PHILIA

La segunda variedad del amor era la “filia o amistad”, que los griegos valoraron mucho más que la sexualidad del eros. 
Philia refiere a la profunda relación de camaradería que se desarrolló entre hermanos de armas que habían luchado uno al lado del otro en el campo de batalla.
Se trataba de mostrar lealtad a los amigos sacrificándose por ellos, así como compartiendo sus emociones.

Su palabra es ‘hermandad’. La intención de este tipo de amor es promover el bien común y la cooperación con otros seres humanos durante la convivencia. Tiene mucho más que ver con la psicología social y el cómo interactuamos con otras personas dentro de un ambiente determinado.
La solidaridad juega un papel importante en este tipo de afecto, incluso,  podríamos compararlo con el término que Aristóteles le adjudicaba a la amistad. Este tipo de amor es el que nos mueve a ser amables con los otros y a trabajar en equipo.

(Otro tipo de filia, a veces llamado STORGE, encarnaba el amor entre padres e hijos).

Es conocido también como amor fraternal.

La palabra “lealtad” rige este tipo de afecto, lo desarrollamos hacia nuestra familia, compañeros y amigos. Bajo esta definición se dan las relaciones en las que el compromiso es fundamental, incluso podemos sentirlo hacia alguna mascota o cualquier cosa que despierte el deseo de cuidarnos mutuamente.
Los griegos aseguraban que el afecto o amor storgé se da lentamente, que es necesario tener un conocimiento amplio de la persona para poder definirlo como tal.

¿Cuánto de esta filia de camaradería tenemos ahora en nuestras vidas?

3. Ludus 

La idea de los griegos del amor lúdico refiere al afecto entre los niños y los jóvenes amantes.
Todos hemos sufrido del coqueteo y las burlas en las primeras etapas de una relación. Pero también vivimos nuestro ludus cuando vamos a bailar.
Bailar puede que sea una de las últimas actividades lúdicas permitidas a cierta edad.
Las normas sociales pueden fruncir el ceño ante este tipo de frivolidad adulta, pero un poco más de ludus podría ser justo lo que necesitamos para darle la vuelta a nuestras vidas amorosas.

4. Ágape

La cuarta palabra para el amor, y tal vez la más radical, fue el “amor ágape o desinteresado”. Este tipo de amor refiere a aquel que se extiende a todas las personas, ya sean familiares o extraños. 
Ágape fue traducido al latín como caritas, que es el origen de nuestra palabra "caridad".
Pero también aparece en otras tradiciones religiosas, como la idea de metta o "bondad universal" del budismo Theravada.

Este es el concepto que resalta el lado más profundo de la palabra,  refiere a un amor incondicional y reflexivo, en el que la prioridad siempre es el bienestar del ser amado.

Esta definición le da un tono un poco religioso al amor, ya que lo podemos asociar con la filosofía cristiana sobre la divinidad y la devoción.

5. Pragma 

Otro amor griego era el amor maduro, conocido como pragma.
Este fue el profundo conocimiento que se desarrolló entre las parejas que llevaban largo tiempo unidas.
El psicoanalista Erich Fromm dice que gastamos demasiada energía en "enamorarnos" y necesitamos aprender más de cómo "se destaca en el amor". 
Pragma es precisamente "estar de pie" en el amor, haciendo un esfuerzo para darlo y no sólo concentrándonos en recibirlo.

6. Philautia

La sexta variedad de amor del griego era la philautia o amor propio, y los griegos inteligentes se dieron cuenta de que había dos tipos: uno de ellos era una variedad poco saludable asociada con el narcisismo, donde se convierte en autoobsesión y se centra en la fama y la fortuna personal.


lunes, 8 de mayo de 2017

LOS FILÓSOFOS TAMBIÉN AMAN.


Creo que es verdad: “nacemos solos, vivimos solos y morimos solos”, aunque, luego, tengamos hijos, esposa,  amantes, amigos, parientes,…que puedan ayudar a hacernos más llevadera esa soledad existencial con la que tenemos que aprender a convivir.

O como dice Erich Fromm, ese gran psicólogo que he citado en otras ocasiones: “nacemos solos y morimos solos, y, en el paréntesis (en el vivir), la soledad es tan grande que necesitamos compartir la vida para olvidarla”.

La soledad, pues, nos acompaña como una sombra de la que no podemos desprendernos, aunque intentamos mitigarla buscando distintas soluciones, unas mejores que otras.

Otro pensador (al menos para mí) extraordinario es Carlos Castilla del Pino, que en sus estudios sobre la psicología y el comportamiento humano mantiene unas tesis que bien pueden aportar luz al por qué la soledad es consustancial al ser humano.

A lo largo de su obra sostiene que los escenarios o planos de actuación del individuo son el público, el privado y el íntimo.

Se entiende perfectamente cuál es el “PÚBLICO”, pues todos nosotros en nuestro trabajo o en nuestras relaciones familiares o sociales vivimos cotidianamente en este escenario.

El “PRIVADO” se refiere a aquél que habitualmente cada uno posee en sus actuaciones propias y aisladas, pero que puede ser conocido por otros; por ejemplo, ducharnos es un acto privado, pero puede ser visto por otra persona.

El ámbito “ÍNTIMO” viene referido a nuestros pensamientos y sentimientos que son personales e intransferibles, ya que solo son percibidos y sentidos por el propio sujeto que los posee, y, aunque pudiera comunicárselos a otros, en última instancia quedan en lo más reservado de la persona.

De ahí que este autor en su libro Aflorismos (o Pensamientos Póstumos) nos diga:

“Hay siempre una constante de soledad en el ser humano: su intimidad”.

Alguien puede pensar (yo lo he pensado muchas veces) que no le importa que todo el mundo sepa su intimidad, porque es trigo limpio y nada tiene que ocultar, ni económica, ni social, ni moral, ni políticamente.

Pero luego, pensado fríamente, deduzco que eso sería una barbaridad, porque sería renunciar a un derecho al que yo y toda persona tenemos.

Todos nacemos llorando, todos.
Todos morimos llorando o, al menos, con pena porque no nos gusta la parca como compañera.

Es mientras estamos vivos cuando uno puede no sentirse solo, al amar y ser amado.

Pero “no sentirse solo” no quiere decir que “no se esté solo”.

En castellano tenemos la distinción entre dos verbos: “ser” y “estar”.

Comprobamos que no es lo mismo un individuo que “es un solitario” (estado permanente, es su carácter, su forma de ser) que otro que “está solo”  o se encuentra en una situación de soledad, que se trataría de un estado transitorio.

Cuando sólo es un hecho social el individuo que vive aislado del resto de los demás, “está solo” pero una circunstancia, una persona, una afición compartida... puede romper esa soledad.

Distinto es cuando se “es un solitario” y la soledad se vive como algo permanente, como una manera de ser en la que el monólogo continuo con uno mismo sustituye al diálogo entre dos, que es la forma de comunicación humana básica.

Es importante, pues, señalar la diferencia entre “sentirse solo” y “estar solo”.

Uno puede “estar solo y sentirse acompañado” y “estar acompañado y sentirse solo”
Por ejemplo uno puede vivir solo pero sentir que hay personas que nos quiere y a quienes podemos recurrir en casos de necesidad.

Pero también se puede estar rodeado de gente y sentirse solo, con añoranza, nostalgia, melancolía, etc.

No hablamos de la “soledad elegida” de un monje, sino de la “soledad impuesta”, no buscada, soportada y sufrida.

Pero, la verdad es que hoy vivimos en un verdadero estado de confusión, del que sentimos que difícilmente vamos a salir de él, dado que el “neoliberalismo” en el que vivimos, que nos envuelve, que respiramos por doquier, que nos domina, nos ha aislado con la ideología del “cada uno a lo suyo”, que en la actualidad se ha transmutado en el “sálvese quien pueda”.

El aislamiento, “mi yo” nunca nos abandona, ni debe abandonarnos y diluirnos en otro o en la masa.

De nuevo E. Fromm: “el amor como satisfacción sexual mutua y el amor como “trabajo en equipo” y como refugio de la soledad constituyen las  dos formas “normales” de la desintegración del amor en la sociedad occidental moderna, de la patología del amor, socialmente considerada”.

ORSON WELLES lo ve así: "Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos.
Únicamente a través del amor y la amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos".

Hablar del amor es hablad de anteayer.

Las parejas, los matrimonios, a lo largo de la historia no han sido por amor, sino por conveniencia.

Los/las amantes siempre estaban fuera de la casa.

“Tenemos las CORTESANAS para el placer, las CONCUBINAS para proporcionarnos cuidados diarios y las ESPOSAS para que nos den hijos legítimos y sean las guardianas fieles de nuestra casa” – sentencia atribuida a Demóstenes pero que, seguramente, es de un pseudo-Demóstenes.

Placer y sexo, criadas y las labores domésticas y esposas e hijos legítimos y guardiana de la casa.

¿Dónde estaba el amor?
Habrá que pasar del “cuerpo” al “espíritu” y, luego, del “yo” al “nosotros”.

Querer a alguien ha sido un deseo material estrechamente ligado a la satisfacción del apetito sexual, como el hombre griego, que hacía el amor por placer, con las cortesanas, pagando, con las concubinas, porque era gratis e iba incluido en el sueldo, aunque tuviera hijos, que serían “bastardos” y con la esposa para poder tener hijos legítimos a quienes poder dejar la herencia.

El Marqués de Sade no quiere saber nada del amor.
A él sólo le interesa el sexo.

Pero igual que hoy, cualquier fin de semana, en que dos personas se ven, sintonizan, follan y ni siquiera se dan el número de móvil.
Tenían un deseo sexual, lo han satisfecho con esa persona, como podía haber sido con otra.

Y, después, si te he visto no me acuerdo.

Lo contrario que Maritain, para el que el amor es nada de sexo, es una utopía de espiritualidad que nos lleva directamente a la divinidad.
Nada de sexo y nada de sexualidad (caricias, sobeo, besos, arrumacos…)

Cuando el cura, en el matrimonio religioso, dice eso de “un solo cuerpo…” no es verdad, como no es verdad lo de “la media naranja”, como si fueran dos seres incompletos, dos semi-personas que, sólo juntas forman la “persona real y completa”.

Ellos son un “yo” y un “tú” completos, personas, que juntos conforman un “nosotros” que es más que dos sumandos individuales.

No se trata de que, a partir de la relación de pareja las dos individualidades se disuelvan y desaparezcan en el “nosotros”.

La “pareja es la tercera realidad” surgida de las dos individualidades previas.

Yo tengo que seguir siendo “yo” y tú tienes que seguir siendo “tú” y, además, cooperando e incrementando el “nosotros”

El amarse de la pareja es el puente que existe entre dos amores que se aman a sí mismos y que los enriquece a ambos.

La angustia de no poder referir el amor a alguien más, ajeno a sí mismo, es lo que el amor a la otra persona lleva a calmar esa angustia.

Como si dar vueltas sobre sí mismo, rotando sobre sí mismo, añorara la traslación y la salida a lo otro, al otro.

El mandamiento dice: “amar al prójimo (que no es sólo el “próximo”, sino también el “lejano”) amar a “los otros” como uno se ama a “sí mismo”, lo que da por supuesto que cada uno se ama, y mucho, a sí mismo.

Y ocurre que cada uno es más feliz cuando ve y hace feliz al otro.

Es lo que, en otros lugares, he expresado: la diferencia entre “eros” y “ágape”.

La pasión amorosa individual se identifica con la fuerza del “eros”, mientras la apertura al otro se manifiesta en el intento de trascender la propia subjetividad y habría que buscarla en el “ágape”

El “eros” se mueve en su vertiente más física como atracción sexual (foto, cuerpo, film, andar, contoneo,…eróticos), mientras el “ágape” es más intelectual y moral, tomando cuerpo en formas políticas, religiosas, sociales,…

Por lo general van juntos, lo físico y lo moral/intelectual: una persona poco atractiva, con carencias manifiestas, defectuosa,… o una persona chabacana, vulgar, lenguaraz,…suelen ser rechazadas en una posible relación de pareja.

Entre esos dos ejes se mueve la relación de pareja aunque lo ideal sería el máximo de ambas: una persona atractiva y, además, moral e intelectualmente de nivel elevado.

También se dice que para iniciar el acercamiento la otra persona no tiene que ser guapísima, sino que “debe ser lo suficientemente poco fea como para permitir el acercamiento y poder entablar el diálogo, sólo así podrá descubrirse sus otras cualidades”.

Pero es cierto, y es lo que, en realidad, ocurre, que unos se aproximan más a una orilla y otros a la otra.

Me gusta (pero no sé hasta qué punto estoy de acuerdo) con la sentencia del Tao: “el hombre perfecto no tiene yo, el hombre inspirado no tiene obra, el hombre inspirado se va sin dejar nombre”

Es verdad que no hay japonés y tantos no japoneses que no pueden salir de casa, en una excursión  o vacaciones, que no vaya acompañado de la máquina fotográfica, la tablet, el tomavistas,…como queriendo grapar la presencia de ese pasaje, pero más pendientes de graparlo que de respirarlo y vivirlo.

A mí, no me gustan las fotos.
Jamás se revive lo que no se ha vivido del todo por la obsesiva preocupación en grabarlo.

En ese sentido sí coincido con parte de la sentencia del Tao.
Sin embargo estoy escribiendo esto y mil cosas, que es mi obra, la huella de mi paso por la vida.

Lo que no se puede es refugiarse en lo no fundamental, que es “vivir sabiamente, felizmente”, más que pensar, reflexionar, comentar, criticar,…

Aunque para algunos ésas sean sus formas de vida.
¿Les impiden vivir la vida o eso es lo que da sentido a sus vidas?

Un libro no te enseña a vivir, pero sí puede darte pistas de cómo hacerlo, luego tienes que ser tú quien lo practique.

Un libro puede ponerte delante los motivos por los que no tienes que tenerle miedo a la vida, pero luego eres tú quien tiene que vivir sin ese miedo a vivir.

La verdad no basta para vivir, pero es mejor no obviarla, y menos despreciarla, porque puede ser una agradable compañía en el vivir.

El amor se puede contar, pero nunca su narración podrá sustituir una caricia, un beso, una mirada, un abrazo,…

Ser inteligente no es conocer muchas verdades, sino saber vivir la vida dignamente.


El realmente enamorado ni tiene tiempo, ni ganas, ni necesidad de contar su enamoramiento, está demasiado ocupado en amar, además de que es el menos indicado para ello.

domingo, 7 de mayo de 2017

EROTISMO (3)



El amor es como el embarazo. O se está embarazada o no se está, pero no se está “un poquito embarazada”.
Igual ocurre con el amor. No existe el “te amo un poquito” o el “te amo demasiado”, sólo existen el “te amo” o el “no te amo”.

No hay amores mejores o peores, lo que sí hay son distintos tipos de amor.

El Erotismo.

 Pero “EL EROTISMO NOBLE”.

“L´amore mío”. Escucho, una vez más, la canción romántica de Roberto Vecchioni. (Escúchenla, ¡por favor¡).

Y, una vez más, ojeo y repaso los subrayados (casi siempre lo subrayo todo) de “El arte de amar”, del sin par Erich Fromm (Léanlo, ¡por favor¡)

EL AMOR.

(Obvio algunos tipos de amor, no por menos interesantes, sino porque no es ese mi objetivo ahora mismo).

.- El “amor materno” (ese amor incondicional, generoso y altruista. Ese darlo todo sin desear nada más que la felicidad del hijo). Al que, en otros lugares, he denominado como “amor transitivo”, que recae la acción y el efecto de amar sobre “el otro”.

.- El “amor fraternal”, el que existe entre hermanos y, por generalización, a todos los hombres (hermanos de una misma especie).

.- El “amor a sí mismo”, bien como “egoísmo” excluyente o como “narcisismo”. “Hay que ver lo que hago por ti”, “hay que ver los sacrificios que hago por ti!, “hay que ver….”
Es un amarse a sí mismo, aunque disfrazado: “hay que ver lo bueno/a que soy”, “me gusto”, “soy extraordinario/a”.
En otros lugares lo he llamado “amor reflexivo” (“me amo”, en el fondo “estoy enamorado/a de mi, de lo bueno/a que soy”).

.- El amor propio.

.- El amor a lo ajeno.

.- El amor a la patria (cartel anunciador y lema de los cuarteles).

.- El amor a la naturaleza (que más que “ecología” es “ecolatría”).

.- El amor a la Virgen del Rocío (propio de crédulos pudientes y festivos).

.- El amor a la nación (lugar donde se ha nacido y suelen estar enterrados los padres), tan propio de los nacionalistas excluyentes y alicortos de inteligencia).

.- El amor a la raza (típico de los etnocentristas y xenófobos raciales).

.- El “amor platónico” (que nada tiene que ver con el Platón real).

.- El “amor romántico”, que es un egoísmo posesivo excluyente, pero disfrazado.

.- El “amor a Dios”, como creador, padre,…. (Propio de los creyentes)
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¿“Amor” como “EROS”, como “FILIA” o como “ÁGAPE”.?

Comencemos

1.- AMOR COMO “EROS”

Se da en la fase de “enamoramiento”.
Es la pasión inicial en una relación amorosa.
Es el “flechazo”, es esa “ráfaga”, “ese zambombazo” que, después, desembocará en “filia” o en “olvido” o “o en indiferencia”, algo que pasó en la vida.
Una aventura que contar.
Un “calentón sentimental”.

¿Quién no tuvo amores de adolescencia que quedaron por el camino, como un capítulo más de nuestra biografía?.

Es la época del “contigo, pan y cebolla” y “contigo, mi vida entera y hasta debajo de un puente” mutuo.
Por ello, también se le denomina “egoísmo a dos”.

Se es capaz de poner el piso, el coche,… todas las adquisiciones conjuntas, sólo a nombre de él/ella, como si la “separación de bienes” fuese una traición al amor, una falta de confianza, porque “la equivocación, en nosotros, es imposible”.

(Recuerdo a Rocío Jurado: “se nos rompió el amor, de tanto usarlo”.

El sexo va incluido, en el mismo “kit”, pero no es imprescindible.

El “enamoramiento” es como un torrente, una riada que te arrastra y tiene mucho (o todo) que ver con la bioquímica, es la denominada “química del amor”, “estado de anestesia de los sentidos”.
La Feniletilamina (F.E.A.) es una anfetamina natural que corre por todo el cerebro, revolucionándolo y acelerándolo.

Ortega y Gasset la llama “imbecilidad transitoria”

Podría provocarse el “enamoramiento” con tal de hacer correr la F.E.A, por la corriente sanguínea.

Es un “amor de cristal”, quebradizo. Es un “arrebato”. También se lo denominaba “locura divina”. La prostitución sagrada, practicada en los templos, llegando al orgasmo o “éxtasis divino” era una manera de entrar en comunicación con Dios, al tiempo que recogían dinero para el templo.

El “Eros” surge, es, como una alucinación, que sólo ve en el otro lo que quiere ver, que no es objetivo, que sólo atiende a un platillo de la balanza.

Anhela la fusión completa y es en el sexo orgásmico donde mejor se expresa.

Es un amor exclusivo y excluyente.

Es un amor apasionado unido al deseo sensual y sexual.

Esta “aceleración amorosa” es, física/fisiológica/psicológicamente, imposible de mantener durante mucho tiempo (como pisar mi Seat Marbella e ir a 6.000 revoluciones, durante un largo trayecto. Lo quemas)

Tiene que ver con la epidermis mostrada con generosidad, distinta a la pornografía, que será sexo explícito.

Las fotografías y/o videos publicitarios están cargados de erotismo.

Confundir el coche con la belleza de turno o el desodorante con el tipo esbelto.

Atraen (la belleza y el tipo).

En una playa, en un desfile, en un gimnasio,… se pasea el erotismo. Gusta. Atrae. La imaginación se desborda.

Es un amor carnal, que entra por los ojos, que tiene que ver con la epidermis.
Nunca se enamora uno (aunque, luego, se la ame intensamente) de una persona fea, horrible, poco agraciada, repelente.

No puede haber pasión donde no hay atracción.
Hay mucho de física y de química, reactivos de la pasión carnal.

Es ese fuego intenso, esas “cosquillas en el estómago”.

(Aunque también podríamos hablar de ese “erotismo sublimado” de un San Juan de la Cruz o de una Santa Teresa de Jesús, en esos “enamoramientos divinos”, donde el “éxtasis” y el “orgasmo” se abrazan. Es el “amor místico”).

Freud reduce el “amor” a “Eros” y “Eros” a “libido” = pura pulsión sexual. Puro erotismo como satisfacción del instinto sexual.
Ese erotismo que se practicaba en los desenfrenados cultos dionisíacos.

Igualmente, suele distinguirse entre el “Eros vulgar”, el de la gente normal y corriente, el “erotismo carnal” y el “Eros noble”, el de Platón, como “amor a la belleza, al Bien,…a las Ideas (el “amor platónico”).

Para este amor erótico no hace falta Dios, más impedimento que ayuda, sobre todo por la interpretación de la sexualidad que la Iglesia ha defendido durante “toda” la historia.


Incluso hay quien distingue entre el “Eros frío”, el que se practica “con la cabeza”, que controla fríamente, (como el del Kamasutra), y el “Eros caliente”, el que se practica con “el corazón”, y que es un arrebato incontrolado, un “rapidillo”.