sábado, 9 de enero de 2016

CON LOS AÑOS A CUESTAS (4)


        Pero, seamos sensatos, las personas tenemos que movernos en el terreno del “ser”, no del “tener”. Nosotros “somos” unas personas honradas, somos pacíficos, somos meditativos, pacientes.

Paseamos por la vida. Somos enemigos del acelerador. Lo nuestro es ir tranquilos, sin prisas. Es el placer de estar yendo, mientras se va, no el placer de haber llegado ya y en tan poco tiempo, para arrancar otra vez, en busca de otro récord. Otra vez gastar el tiempo al servicio de otro récord que poder contar. Son esclavos del tiempo. Están siendo utilizados por él. Son dependientes del récord.

Nosotros somos los dueños y señores de todo nuestro tiempo, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y lo vamos distribuyendo como nos da la gana.
Nunca hemos sido más libres que ahora, cuando nos hemos bajado del tren laboral y salarial, y, por fin, nos hemos acomodado en el tren de la vida.
       
Dicen que en el 2020 casi la mitad de la población española tendrá más de 60 años. Yo espero estar allí, para comprobarlo. Lo que no sé es cómo van a acomodarse los asalariados de hoy, tan hechos a trabajar más para ganar más para adquirir más cosas….

¡Ojalá no cambiemos nosotros¡. Que cambie el mundo su forma de ser. Porque el ideal, el modelo a imitar, es el nuestro, no el suyo.

Mientras, en Occidente se brinda por la juventud y por la heroicidad. Los héroes son siempre jóvenes. En Oriente, en vez de héroes jóvenes, a seguir, lo que hay son ancianos sabios, a imitar.

Prejubilaciones o jubilaciones anticipadas para rejuvenecimiento de plantillas.
El buen hacer del mayor se infravalora por el demasiado tiempo empleado.
La antigüedad sale cara en el proceso productivo.
Cobra más, va más lento, produce menos, por lo que hay menos ganancia. No interesa. Es necesaria la prisa y el modelo  kleenes, cosas de usar y tirar para que se siga comprando.

        En un pueblo alfarero de Córdoba, donde trabajé varios años, me comentaba una artista del barro. “En este pueblo hay muchos productores, varios artesanos y algún artista. Los que ganan son los primeros, los artesanos, se mantienen, los artistas, económicamente, nos arruinamos. Menos mal que lo nuestro queda en la satisfacción subjetiva, personal, de la obra bien hecha, aunque se nos quede ahí, arrinconada”

¿Esto no es explotación personal de la juventud?. Trabajar a un ritmo para que consuman al mismo ritmo.
No se alarga la jornada laboral pero se acelera el ritmo endiablado que tienen que imprimir en lo que hacen.
Cuando lleguen a sus casas ¿están en las mejores condiciones para acariciar pausadamente a una compañera que, seguramente, está igual de estresada que él, o a unos niños con sonrisa expectante y ojos bailones?.

Y, encima, mileurista. Y no te quejes porque en la puerta tengo un ejército esperando ocupar tu puesto.

¿Queda tiempo para pensar si esto es lo que quiero hacer con mi vida?.

Somos tan dependientes de las cosas que el día que se va la luz, se me para el coche, se me estropea el microondas, el móvil no tiene cobertura o al servidor de internet no sé lo que le pasa,… parece que el mundo se nos para.

La prudencia, la cadencia, la tranquilidad, el ritmo lento y pausado en todo,… ese es nuestro patrimonio. ¡Conservémoslo¡.

Tenemos mucha vida a la espalda. La hemos vivido. Es nuestro pasado.

Mi vida es mi tiempo; y mi tiempo es mi pasado, mi presente y mi futuro.

Lo que pasa es que a este mundo economicista que hemos creado, el pasado no le interesa, sencillamente porque el pasado ya no es rentable y a lo que aspira, lo que pretende el empresario, es la rentabilidad. Incluso tampoco está muy interesado por el futuro a largo plazo, porque siempre es incierto. Para él sólo es válido el presente, el hoy y, quizás, el mañana. El pasado mañana ya no tanto. Ya lo dice el refrán, ¿el futuro?.¿qui lo sab?.

El limón que interesa exprimir es el que tengo en la mano. El de ayer ya está seco. El de mañana ¿qui lo sab?.
Nosotros, los mayores, para él, ya tenemos poco jugo productivo, no interesamos. Hay que rejuvenecer las plantillas.

Fíjense Uds. lo que son las cosas. Los Senadores eran los Seniors, los selectos, los viejos, porque edad y sabiduría iban de la mano. El Sanedrín, que era el órgano encargado de gobernar las iglesias o los freires (caballeros, clérigos y sergents (escuderos o pajes), que se encargaban de dirigir a sus hermanos de las órdenes militares, eran los viejos, los que, por su edad, tenían experiencia.

Hoy eso ya no vale. Se les jubila, se les aparta, se les manda al retiro laboral. Los conocimientos llevan una velocidad tan endiablada que la experiencia de ayer no vale para hoy. Hay que reciclarse, ponerse al día.
Hoy no se puede llevar la contabilidad de una empresa con el libro de Entradas y Salidas, de Haber y Debe.
Quien no maneje  programas informáticos de contabilidad actualizada, no tiene nada que hacer.
Hablamos de experiencia laboral, no de la otra experiencia, la humana, la familiar, la social, la emotiva.

Los niños, todos los niños, siguen empezando por la a,e,i,o,u. Y siguen poniéndose enfermos y les dan a los padres las noches en blanco. Y uno sigue enamorándose. Y uno sigue sacrificándose. Como antes, como siempre.

jueves, 7 de enero de 2016

CON LOS AÑOS A CUESTAS (3)


        Creo que era un médico barcelonés el que decía que su hospital, los lunes, estaba poblado de personas maduras pero ya muertas por la práctica de deportes inadecuados el fin de semana.
¡Los ejecutivos suelen morir de tenis o de pádel intensivo¡

Una juventud inventada por gente no joven, que quiere vivir instalados en un territorio que fue, pero que ya no es, el suyo.

Ver tanta gente mayor aparcada en tanta Clínica de Cirugía Estética es una contradicción viviente. Los que se resisten a aparecer como deben ser, hipotecando un riñón para subirse unos pechos y dando el callo y perder el pellejo para poder estirarse la piel. Como si las arrugas no fuesen la carta de presentación de haber vivido, como si la botella a medias no fuese la señal de haberse ya bebido (y vivido) lo que falta en ella.
Querer inmovilizar lo biológico corporal, caminando por la biografía vital, es como querer parar un río con una presa y seguir llamándolo río.

Si la vida es una cadena, ¿por qué negar ser sólo, en cada momento, un eslabón de la misma?. Es como si el curso del año quisiera ser sólo una eterna primavera, ¿Dónde quedan la nieve y las otoñadas, y esas horas en la mesa camilla, con las faldillas hasta la garganta y con el brasero reparador?. ¿Es que no es el abrigo el complemento del bañador en el viaje anual?. ¿Es que no es riqueza la variedad de estaciones?.

Uno de los reproches que los jóvenes nos lanzan es el que los viejos, ya, somos “inútiles”.
Mienten o se equivocan.
Imposible.
Productivos lo fuimos, ya no tenemos que serlo, pero ¿útiles?. Muy útiles, vaya que sí (que se lo pregunten a nuestros hijos y nietos)

Aunque ya el sabio Aristóteles nos recordaba que la utilidad es un valor de 2º orden, un valor relativo, un valor secundario, subordinado al fin para el que es útil.
Un bolígrafo es útil si vale para escribir, si no, no vale para nada.
La utilidad es un valor dependiente, depende de la meta a la que se quiere llegar, al fin que se pretende conseguir.
Ser sólo útil es considerarse sólo como medio. Lo fundamental es el fin, el ser, la persona.

Además, útil  ¿para qué?. ¿Útil para quién?.

Esta hipócrita sociedad nos llama “mayores”, “3ª edad” ( no dice “y última”, luego después hay más edades), como si evitar la palabra “vejez” supusiera un beneficio para nosotros. (En otro artículo he expuesto mis reflexiones sobre el concepto mítico-mágico de la palabra, como si al Decirla se Cumpliera, se Hiciera; por lo tanto, si no digo “Vejez” no se Da, no Existe la Vejez).

El grande, admirado y no ha mucho fallecido, José Luis San Pedro, le decía a una periodista: “No, tu pon “viejo”, llámame “viejo”. Yo soy un viejo que vive mejor que antes de serlo por muchas cosas: No necesito mirar el reloj, soy dueño absoluto del tiempo desde que me levanto, dedico todo el tiempo a lo que más me gusta, leer y escribir, encima me pagan por dar conferencias, por escribir libros; y a fin de mes me ingresan en la cuenta una pensión, por no trabajar. Vivo mejor que antes, y todo porque dicen que ya soy viejo. ¡Bendita vejez¡”.

Yo, como todos sabéis, también opino exactamente lo mismo. No sé Uds.

Somos personas libres, autónomas, con iniciativas, alegres.
Nosotros no somos unos parásitos sociales.
Cuando trabajábamos, una parte de nuestro sueldo se destinaba a pagarles las pensiones a los mayores de entonces.
Los trabajadores de ahora, una parte de su sueldo está destinada a pagarnos las pensiones a los mayores de ahora.
Ésas son las reglas del juego al que se juega en la sociedad capitalista en la que estamos. Y no lo vemos mal.

¡Por favor, si alguna vez os cabreáis, por lo que sea, en un Centro de Salud, no les  digáis a médicos, enfermeras o auxiliares eso de: “oiga, que a Ud. le estoy yo pagando el sueldo”, porque no es verdad.
Más aún, son ellos los que te están pagando a ti la pensión con las retenciones que se les hace a su nómina.

Tenemos una sociedad, ésta en que vivimos, que está estructurada sobre récords.
Aquí tienes que ser el mejor en algo para ser alguien.
Tienes que destacar para que te miren.
Tubo a escape libre y música agresiva.

Personajillos de tres al cuarto, afamados por razones irracionales o sin razón alguna que, con un micrófono en la mano, en su incultura, se erigen en catedráticos de la nada, pontificando en su verborrea.
Una sociedad de escaparate, en la que si no se te ve, parece que no existes.
Una sociedad de la velocidad en la que lo de ayer ya no se lleva y lo de hoy ya lo puedes tirar porque se te está quedando anticuado en los hombros.
Hay que ir a la última, que, en cuanto te lo pongas, ya no es última sino penúltima.

¡Anda ya¡. Hombre. Seguid intentando engañar a los inmaduros, que a nosotros no, a mí, por lo menos, no.

Me pregunto si no somos, para los jóvenes, el antiespejo. Algo así como la careta diabólica del estado de su divina juventud.
Nuestra presencia parece que les resulta insultante porque nos ven como agarrados a una muerte más o menos lejana, pero a la vista, mientras que ellos no quieren pasar y quieren permanecer en su inmovilidad juvenil.
Somos, con nuestra presencia, como un recuerdo de lo que serán. Recuerdo molesto.

¿De verdad que somos un insulto, inútiles y, además, resultamos costosos?.

Ni somos enfermos, ni somos pecadores por el simple hecho de cumplir años. Lo normal es que, después de haber vivido muchos años, se nos noten esos años vividos, seamos viejos.
No hay otra manera de llegar a viejo –como he afirmado antes- que cumplir años.
¡Benditos cumpleaños¡.

Pero, hablando de “utilidad”. En el mundo actual “utilidad” equivale a “eficacia”. En este sentido los viejos ya no somos muy eficaces, porque, en este caso por “eficacia” se entiende sólo “eficacia material”, con creación de bienes materiales, con productividad y producción de cosas. Y nosotros, nos hemos apeado o nos han apeado de la cadena productiva. Ya no somos productivos.
¡Bendito sea Dios¡

Pero es que hay otros tipos de “utilidad”, además de la material. ¿Qué decir de la utilidad ética, de la utilidad familiar, de la utilidad social?.

Las puertas de los colegios, tanto a la entrada como a la salida de las clases, están llenas de abuelos. ¿Por qué?.
¿No somos útiles familiarmente?. ¿Y muchos fines de semana?. ¿Y los puentes y las vacaciones?. ¿Somos inútiles para nuestros hijos?.

¡Por Dios¡.

¿Y los hoteles, restaurantes, empresas de autobuses, museos, chiringuitos,…?. ¿Quiénes mantienen esos puestos de trabajo en temporada baja cuando el turista está en su tierra “amarrado al duro banco del trabajo”?.
       
¿Qué era el Senado y los Senadores sino los Senectos que eran elegidos porque su sabiduría, su experiencia, su prudencia, era la mejor garantía para el gobierno de la sociedad?.

Hoy no. Hoy hay que producir mucho, producir más que el vecino, producir más de prisa que él, mejor que él. Hay que ganarlo, derrotarlo, arruinarlo. Que cierre.
La competitividad.
Ésta es la radiografía del mundo en que vivimos. Y para que no se pare ese ritmo productivo endiablado, hay que comprar, hay que adquirir cosas. El mundo del tener. Tener cosas. Tener más cosas. Acaparar. Almacenar.
       
Habitamos en un gran almacén lleno de cosas. Y se te valora por cuántas cosas y qué tipo de cosas tienes y por el tiempo que has tardado en conseguirlas. Tener mucho, de calidad y en poco tiempo: he ahí el héroe moderno.

        En ese sentido, yo al menos, soy el antihéroe porque ¡hay que ver las pocas cosas que tengo, el esfuerzo que me ha costado y tanto tiempo para conseguir esto poco que tengo¡.

EL PORTAL DE BELÉN, EL BUEY Y LA MULA (Para terminar las Navidades)


En Navidad, con el frío que haría, María que se pone de parto, y el niño que nace en un establo a las afueras de un pueblo, sin canastilla ni ropa adecuada para un recién nacido, y tiene como cuna un pesebre, donde comería (¿el buey o la mula?), así que a echarle el aliento o vaho, para calentarlo, como yo hacía con mis manos cuando, en invierno, se me quedaban engarañadas.
Pero el cura de mi pueblo nos decía que el que más y mejor aliento le echaba al Niño era el buey, pero que la mula no estaba por la labor, así que “Dios la maldijo y la condenó a no poder parir, por eso era estéril la mula”.

Y yo me le creía todo.

Porque en mi pueblo, que es agrícola, en la Armuña salmantina, de terreno fértil pero duro, se araba, sobre todo con bueyes, pero “bueyes armuñeses”, lentos pero muy potentes.
Sin embargo, el Sr. Madruga, el Sr. León, el Sr. Moreno y el Sr. Castaño tenían mulos o mulas que, naturalmente, no parían, por el castigo divino.
Pero la envidia ajena era para el que tenía “mulos/as burreros/as”, que eran más pequeños que los mulos normales, pero de piel más fina y más potente.

Los mulos/as burreros/as (o burdéganos) tienen como progenitores a caballo y burra, mientras en los mulos/as normales sus progenitores son burro y yegua.

Mi padre tenía cuatro bueyes, dos vacas (que todos los años parían y nos poníamos “moraos”, durante varios días, con los “calostros”) y una burra, que nunca paría porque no la llevábamos a “la parada”, con el garañón, para que la cubriera y la dejara preñada.

Luego, cuando fui mayor, ya supe que lo de la esterilidad de las mulas nada tenía que ver con maldiciones divinas, sino que era el efecto de un cruce de cromosomas de dos especies distintas caballo/yegua (con 64 cromosomas) y burra/burro (62 cromosomas) así que, en la meiosis, los cromosomas de ambos no pueden aparearse, no forman pares, por lo que los/las mulos/as tenían 63 cromosomas, lo que los convierte en híbridos (no una especie) y eso le impedía quedar preñadas y parir.

Ahora, con lo mal pensado que soy, lo interpreto como un machismo: el buey (bueno), la mula (mala).

 

2 comentarios:

1.              
¿Y hay, papa defensor de los desheredados, dignidad para los no favorecidos como por la que luchaba el creador de tan exitosa secta en ese pesebre de Belén?
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Respuestas
1.              


Para defender a los desheredados y la dignidad de los no favorecidos por la vida y/o por la fortuna, no hace falta ser "religioso" de ésta ni de ninguna secta o religión, basta con el "humanitarismo" y la "justicia".
De todas las maneras hay que distinguir entre "Iglesia como jerarquía" (desde el Papa hasta el último cura de pueblo) de la "Iglesia militante" que son personas como Ud. y como yo, pero que son creyentes y lucharán, codo con codo, con los no creyentes de cualquier ONG.
Soy de la opinión que la Jerarquía eclesiástica está cada vez más alejada de la realidad humana, no así muchos cristianos.

lunes, 4 de enero de 2016

EL CUARTO REY MAGO



(Como todos los años, por estas fechas, cuelgo este cuento)

EL CUARTO REY MAGO.
(El Rey que no llegó a tiempo)


 Hoy quiero escribir sobre el 4º Rey Mago, el Rey que no llegó a tiempo.

Se llamaba Artaba o Artabán.

Cuentan que Artabán (voy a llamarlo así), tenía 40 años, era discípulo de Zoroastro, estudioso de las estrellas y era rey de Ecbatana, la ciudad entre montañas, (en la Persia de hace uno años, hoy Irán), la ciudad de las 7 murallas, del reino de los Medos, el “Reino del sol”)

Habían quedado en reunirse los 4 Reyes Magos, en Borsippa, ciudad mesopotámica, donde se encontraba el Zigurat de los 7 pisos.

Irían los 4 Reyes, juntos, a adorar al Rey de Reyes, porque habían visto aparecer una estrella muy brillante en el cielo, y según sus libros astrológicos…… (El Papa acaba de afirmar que era una “supernova” ¡qué raro¡)

(¿Era Melchor rey de Etiopía, Gaspar rey de Persia y Baltasar rey de Babilonia?)

Cada Rey le llevaba un regalo: oro, incienso y mirra.

El regalo de Artabán, para el Niño, eran “un saco de piedras preciosas” (aunque las más apreciadas eran un Zafiro, un Rubí, una Perla Negra y un Diamante, pero había muchas más).

Pero, antes de llegar al punto de encuentro, para partir, Artabán se encontró con un anciano, al que habían robado y dado una paliza, enfermo, hambriento, pobre, cercano a la muerte y que, además, padecía la fiebre amarilla (y recordó que era la enfermedad que había sufrido y de la que había muerto su padre)

Al bueno de Artabán le invadió, sobre manera, el recuerdo de su padre. Y se le presentó el dilema: ¿sigo al encuentro con los otros tres Reyes o me quedo con el anciano? Se quedó con el anciano. Se acercó a una fuente y, de su mismo vaso, le dio de beber agua al anciano. No lo abandonó. Se quedó a su lado hasta que  pasó por allí un caminante, al que Artabán le ofreció el Zafiro y su caballo, con la condición de que lo llevase a la ciudad más cercana, para que lo curase el médico.

Tuvo que volver a Ecbatana para comprar un nuevo caballo, la yegua Vazda, y cargar, de nuevo, con más provisiones para el camino (pan, vino,…. y un líquido medicinal que, mezclado con el agua….curaba todas las enfermedades)

Cuando reemprendió la marcha, camino de Borsippa, lugar de encuentro, se encontró con una nota: “hemos estado esperando. No podemos demorarnos más, y, como no venías, hemos partido al encuentro del Rey de Reyes, Síguenos a través del desierto y en Belén nos veremos”.

Puso rumbo a Belén, pero, por el camino, iba encontrando gente necesitada, que le solicitaban ayuda, desde comida y medicinas a ropa. Metía la mano en su saca y les daba algunas piedras preciosas para que compraran los remedios. Cuando más sufrió, y más le entretuvo, fue cuando, al borde del camino, se encontró a un niño llorando, junto a su madre muerta y llena de sangre. Cogió al niño y, montándolo en el caballo, se dirigió al pueblo más cercano. Hasta que encontró a una familia que se comprometió a cuidar del niño, a cambio de alguna de sus piedras preciosas.

Llegó a Belén casi con quince días de retraso.
Preguntó por los tres reyes.
Le dijeron que habían estado allí pero que, como Herodes, celoso de que ese futuro rey le quitase el trono, había ordenado la matanza de todos los niños,  Jesús, María y José habían huido a Egipto y que los Reyes habían vuelto a sus reinos por otros caminos.

Veía a los soldados romanos con las espadas ensangrentadas y a madres sollozando sin consuelo con los cadáveres de sus hijos en sus brazos, ensangrentados y muertos.

Entró en una casa vacía, para descansar y oyó el lloro de un niño. La madre, viuda y asustada, le imploraba clemencia.

Se sentó a la puerta justo cuando un soldado pensaba entrar, buscando niños, para matar.

Le cerró el paso. Y, metiendo la mano en su saca, puso en su mano el brillante Rubí, diciéndole: “estaba esperando a que llegara el primer soldado para entregarle esta piedra preciosa, a condición de no entrar en esta casa, estoy sólo y no deseo que nadie me moleste”.

Así ocurrió, no sin antes pedir perdón a Dios por haber mentido, aunque fuera para salvar la vida de un niño.

Puso en manos de la mujer otras piedras preciosas, para su alimento y el del niño, y partió, camino de Egipto, siguiendo las huellas de la Sagrada Familia..

(Según una versión, el soldado lo denunció y fue encarcelado, por oponerse a las órdenes de Herodes y haber chantajeado a uno de sus servidores. Y en la cárcel permaneció hasta el año 33, en que recobró la libertad y salió a la calle, era el tiempo de la Pascua).

Según otra versión, a Egipto se dirigió Artabán. Pero a cada momento tropezaba con personas enfermas y necesitadas, y se quedaba con ellos, hasta que se recuperaban y les solucionaba el problema.

Y así una y otra vez.

En Egipto se encontró con descendientes de los hebreos que habían estado esclavizados por el Faraón, desde los tiempos de Moisés.

Cerca de las pirámides unos rabinos hebreos le comunicaron que, según la profecía de las Escrituras, debía nacer en Belén, tierra de Judá, y que no lo encontraría en palacios ni en casas de lujo, sino entre los humildes y los pobres, entre los oprimidos  y los que sufren.

Le contaron la historia de sus antepasados, con Moisés y el paso del Mar Rojo, camino de la tierra prometida.

Según sus noticias, Jesús; María y José habían regresado a Judea, a Jerusalén.

Cruzando el desierto del Sinaí encontró y encontró personas  y más personas, necesitadas, hambrientas, famélicas, enfermas,….por una peste que había acabado con sus ganados, o con la pertinaz sequía, que había acabado con sus cosechas y con sus animales. Y, el bueno de Artabán, con ellas se quedaba hasta que recuperaban la salud y la forma de vida.

Y él seguía gastando y gastando piedras preciosas.

A las afueras de Jerusalén, unos leprosos, camino de su lazareto y tocando la campanilla, para que no se acercara, le imploraron, desde lejos, una ayuda, por caridad...

Se acercó a ellos, metió la mano en su saco y comprobó que sólo le quedaban dos piedras preciosas, el Diamante y la Perla Negra.

Les dio el diamante

Cuando, por fin, llegó a Jerusalén, era la Pascua y no sabía cuántos años habían trascurrido desde que salió de Ecbatana, (pero eran 33), contempló el alboroto de la multitud.

Jerusalén era un hervidero de gente.
Preguntó y preguntó.
Le dijeron que se encaminaban, apresurados, al Gólgota, porque, allí arriba, iban a crucificar a uno que se decía Mesías y rey de los judíos y a dos ladrones, y no querían perderse el espectáculo.

¿Sería Ése el Jesús, al que él estaba buscando?

Subiendo la cuesta del Monte Calvario contempló la escena de una joven que era desahuciada y expulsada de su casa y ella iba a ser subastada y vendida como esclava para poder hacer frente a las deudas contraídas por su padre.

Se emocionó, de nuevo, ante el espectáculo.

Entró en negociación con los subastadores y logró que la dejaran libre y con la casa, a cambio de la Perla Negra, que pensaba entregársela a Jesús allá arriba, en el Calvario.

Triste, y ya sin regalos que ofrecer a Jesús, se sentó a la puerta de una vieja casa que, de repente, por un movimiento sísmico (el temblor de tierra cuando Jesús expiró en la cruz), se vino abajo y una piedra le golpeó la cabeza.

Quedó muy conmocionado y pidió perdón a Dios por no haber podido llegar a tiempo a ofrecerle su don.

Fue entonces cuando oyó una voz que le dijo: “Tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber, enfermo estuve y me ……esclavo fui y me ….”.

-¿Y cuándo hice yo todo eso, Señor? –respondió.

.-Todo lo que hiciste por los demás, a Mí me lo hiciste. En verdad, en verdad, te digo, que hoy estarás conmigo en el cielo”

(¡No me digáis que no es bonita la historia del 4º Rey Mago¡)

P.D.1.- En realidad la historia del 4º Rey Mago no es ni historia ni tradición, sino un Cuento de Navidad y Artabán, el protagonista, es el nombre de un personaje ficticio que, en 1.896, Henry Van Dyke, un teólogo presbiteriano estadounidense, con intención moralizante, quería que sus feligreses fueran conscientes de que “obras son amores”.

Y lo que habéis leído no es sino una recreación propia, ampliada, sobre ese Cuento de Navidad.

P.D.2.- Mi amigo Paco Oses, con su optimismo antropológico, ve Artabanes por todas partes, creyentes y no creyentes, humanitarios.

P.D.3.- Quien esto escribe ha visto modernos Artabanes encarnados en los Ángeles de la Noche, a la espalda de Santo Domingo, repartiendo comidas a colas enormes de personas hambrientas y necesitadas.

P.D.4.- Muchos españoles, más prosaicos y sensuales, han denominado al 4º Rey Mago, Maximiliano, el Rey del Jabugo.


FIN: A quien, siendo padre y/o abuelo, no crea en los Reyes Magos, el día de la Cabalgata, y con sus niños/nietos, que le echen “carbón, pero del negro, no de colores)

domingo, 3 de enero de 2016

CON LOS AÑOS A CUESTAS (2)

Una vez que ya, más o menos, hemos vencido la enfermedad, nos mantenemos más o menos sanos, hemos aparcado el trabajo oneroso y, más o menos, hemos dejado de ser pobres, porque, con poco, tenemos para sobrevivir, ya acudimos a los Centros de Salud más que a las Iglesias, a la consulta del médico más que al despacho del cura, a la sacristía. Creemos en el milagro de las pastillas más que en el de los Padrenuestros. Los médicos son nuestros Nuevos Dioses, a acudimos a los Centros de Salud, que son nuestros nuevos Templos, y practicamos los nuevos Ritos, -que diría Vázquez Figueroa.

Ahora el miedo es a ser viejo.

Hay, entre nosotros, un Terror a la Vejez.
       
Y hay mucha gente que cree conjurarla recurriendo a quirófanos, acudiendo a los Gabinetes Estéticos, a los Salones de Belleza, simulando, tapando, lo que, por su edad, debe haber.

Y no nos damos cuenta de que no hay otra forma de llegar a la Vejez más que cumpliendo años.
Así que ¡benditos sean los cumpleaños¡.
       
Si antiguamente hablar de Vejez era hablar de Sabiduría, los años eran un valor en alza. Hoy no se cotiza ser viejo, ser “senior” (de aquí lo de “senadores”, los “sabios” por su experiencia .

El valor por excelencia, hoy, es Ser Joven.

La Juventud es el Presente.

En los jóvenes apenas hay pasado pero hay mucho futuro por delante, no se le ve el final.
El joven quiere inmovilizarse en su juventud siempre presente.

El viejo No. Parece que su presente es ya casi su futuro, que se dan la mano.
       
El presente es lo que es; el pasado es lo que fue. El joven no es viejo; el viejo no es joven. Y como lo que mola es ser joven, ahí tenemos a tantos maduros (no sé si viejos) haciendo el gilipollas, autoengañándose y queriendo engañar, compitiendo con los jóvenes, en la indumentaria, en los hobbys, en las actividades, en los ritmos….lo que es ridículo.

Desde el punto de vista del joven nosotros, los mayores, tenemos ya impresa la fecha de caducidad, somos el pasado que ya no es y que, ya mismo dejará de ser, mientras que ellos son el presente que es y, sobre todo, el futuro que, aunque todavía no es, llegará a ser, y allí estarán ellos para serlo. No nosotros.

Nosotros necesitamos ya conservantes para ser, somos conservadores; ellos, sin embargo, son los creativos, con la mirada en el futuro pero con el corazón y la vitalidad desbordante en el presente.

Nosotros somos como su negación, los que se resisten a desaparecer de la escena.
Los jóvenes nos ven como turistas de la vida, como pasajeros, caminantes, nómadas próximos a la meta. Ellos, sin embargo, se ven perpetuos, fijos e inmóviles en su juventud.

Y como la sociedad tiene que ser agresiva y triunfadora, y debe ir acelerada, y como nosotros, por necesidad y por voluntad, ya no queremos jugar al juego de ganadores y perdedores, porque nos consideramos felices en no tener que competir (demasiados años hemos estado haciéndolo), felices de bañarnos para refrescarnos y no en nadar para intentar llegar los primeros… Por eso, para ellos, parece que estemos de más.

Como si la vida no fuera un tren que  tuviera sus estaciones: nacimiento, infancia, pubertad, adolescencia, juventud, madurez, envejecimiento y muerte.(Aunque la estación Muerte es un ramal de cualquier otra estación. Que lo digan, si no, los fallecimientos de adolescentes y jóvenes en cualquier moto, en cualquier carretera, cualquier fin de semana).

No es igual morir que matarse, aunque ambos son muertes.

El joven no cree, no concibe, que su estado sea sólo trasbordo que desemboca en la próxima estación. Creen estar en tierra firme y definitiva. No se ven como pasajeros del tren de la vida, se consideran inquilinos fijos en una especie de intercambiador.

Ser joven es, según ellos, la única forma válida y verdadera de estar en el mundo. Todo lo anterior es sólo preparación. Todo lo posterior es progresivo deterioro.

La juventud como estado perfecto, incondicional, exclusivo. Como si su estar al día biológico significase la madurez psicológica y la sazón humana.

Hay que ser joven en cualquier situación y a cualquier edad. Hay que alargar la juventud ya desde la adolescencia y prolongarla hasta la madurez siendo, permaneciendo, joven. No conciben otra forma de ser que no sea la de ser joven.

¡Vive a tope, juega fuerte, aunque mueras pronto; dejarás un cadáver bonito¡.

En la lápida de un cementerio de no sé donde se puede leer:” como te ves me vi; como me ves te verás”.

Ahora, hoy, a los jóvenes habría que recordárselo pero con interrogación. “Joven, como te ves me vi, como me ves ¿te verás?.

Porque hay que llegar. A la vejez hay que llegar, y vosotros no tenéis asegurada la llegada.



CON LOS AÑOS A CUESTAS (1)

        Antiguamente se decía que la Historia de la Humanidad era la Historia del Descubrimiento de la Verdad. Hoy, los científicos, afirman que la Historia de la Humanidad es la Historia de los errores que se han cometido pero que, al ser conscientes de que son errores, al saber que se han equivocado, han intentado corregir y superar y, así, se han acercado más a la verdad.

        No se va, pues, a la Verdad. Se va huyendo del error, porque éste va en perjuicio del hombre, y el hombre, lo que quiere es no tener problemas o, mejor, solucionarlos cuando se le presenten, incluso poder preverlos para que no aparezcan.

        Nuestra primera intención no es tener, acaparar cosas, sino solventar necesidades, resolver los problemas.

        Pero si uno quisiera hablar como hombre, a secas, y no como científico, diría que la Historia de la Humanidad es la Historia de los Terrores y de las perplejidades que esos terrores le han suscitado.

        Terror, más que Miedo, es lo que el hombre primitivo sentía, en primer lugar de y ante las fuerzas de la naturaleza, algo inexplicable para él.

¿Por qué, de dónde, esos truenos, esos relámpagos, esos rayos, esos vientos huracanados, esos temporales o esas sequías?.
¿Por qué?, ¿De qué o de quién?. ¿Cómo huir de ellos y ponerse a salvo?.
¿Cómo preverlos?. ¿Cómo anularlos o contrarrestarlos?.
No lo sé/no lo sabía. He ahí el problema. Y como no lo sé/no lo sabía, para acallar mi/su intranquilidad, para darle salida a mi/su perplejidad, para tranquilizar, en un primer momento, mi/sy agitación psíquica, por eso Creo/Creía.

Cuando no se sabe, se cree. “Lo que se cree no se sabe, lo que se sabe no se cree”. Así que, ¡vengan dioses a mí¡.
El dios de la lluvia, el dios sol, el dios del viento,….vengan dioses.
Además, sacrificios, ofrendas y rezos para acallarlos y hacerlos propicios. Para calmarlos. Porque todos esos fenómenos son la manifestación de un cabreo divino.

        Pero Terror, también, al bárbaro, al extranjero, que invade o puede invadir mis tierras, y puede quitarme mi casa, y robarme mis bienes, y apoderarse de mi mujer y de mis hijos. Incluso puede matarme.
        Si lo primero fue un miedo a Lo Otro, ahora es un miedo, un terror, a Los Otros.
        Pero también es Miedo, Terror, a la peste. ¿Por qué?. Terror a los brujos, terror a la pobreza, a la guerra, al hambre. ¿por qué?, ¿por qué?.
       
Cuando el hombre no sabía, apenas podía, por eso creía.
        Nosotros, hoy, no creemos que el sarampión, que la gripe, las guerras, la pobreza, las tormentas, los terremotos,… se solucionen con oraciones, con novenas y sacrificios.

        El médico, el diálogo entre los contendientes, la solidaridad, la ciencia,…todos ellos, productos humanos, son las soluciones a esos problemas humanos.

        Las oraciones nunca estarán de más, pero ni son necesarias, ni mucho menos suficientes.
        Es como con los amantes. Para los amantes, los regalos entre ellos, ni son necesarios, ni son suficientes, pero nunca están de más.
        Todo lo que el hombre ha hecho para apaciguar, para disminuir o desterrar todos esos Terrores, es a lo que denominamos Progreso.
        Las vacunas, el diálogo y los tratados, el 0,7% del P.I.B. de cada nación, la enseñanza y la cultura, los pararrayos,, los materiales antisísmicos para la construcción,….Todo eso es Progreso. Que no se nos ha sido revelado, sino que es a lo que nosotros hemos llegado con el eterno método de ensayo/error.
        Progreso Material.
       
Otra cosa será el Progreso Moral.

        De que Sabemos más, de que Podemos más, nadie lo duda (no tenemos más que mirar el mundo de nuestros abuelos). Pero ¿Somos mejores que los antiguos?.
¿Van paralelos, de la mano o abrazados, el Progreso Material y el Progreso Moral?.
                                                                
        Hoy podemos afirmar que si queremos conocer las entrañas de una época concreta no tendríamos más que saber cuáles eran sus miedos. Sólo así comprenderíamos sus ideas, sus creencias, sus ritos, sus artilugios o artefactos.


        En nuestro mundo occidental, en nuestra sociedad desarrollada, hoy, ahora, aquí, hay un miedo, un terror, que la traspasa de punta a punta. Es el miedo a la VEJEZ.

viernes, 1 de enero de 2016

LA MAYORÍA DE EDAD.



Somos muchos, ya, en España, los Mayores EN edad, desde hace mucho tiempo, pero nos ha costado mucho ser Mayores DE edad.

Porque la mayoría DE edad conlleva DOS requisitos: libertad y responsabilidad.

Pero, en nuestra educación, siempre tutelada, nos metieron tanto miedo que nos costó mucho ser mayores DE edad, libres, autónomos, independientes, capaces de tomas decisiones por nuestra cuenta.

Nos enseñaron, sobre todo, a obedecer. ¿A quienes?: a los Mayores en Edad (los padres, los mayores, los abuelos, los más viejos), a los Mayores en Dignidad (sobre todo a los curas, obispos,… a toda la jerarquía eclesiástica) y a los Mayores en Gobierno (Reyes, Ministros, Gobernadores, Alcaldes…)

Ellos sí que sabían, y nosotros deberíamos obedecerlos.

El otro gran pecado (junto al más grande de los pecados, la Lujuria) era la Desobediencia.

Nos recordaron, constantemente, que el pecado original fue la desobediencia a Dios, lo que trajo consigo la expulsión del paraíso, y, consiguientemente, el trabajo y el sudor de la frente, del varón, y el parir con dolor a los hijos, de la mujer.

La verdad siempre estaba en los de arriba, y los de abajo deberíamos Obedecer para no caer en pecado (desobedecer a Dios, cuya ley la interpretaban los curas) o para no caer en delito (desobediencia a las normas del jefe).

El castigo era, o bien el infierno, eterno, o bien la multa, la cárcel o la pena de muerte, temporal.

El peligro era querer ir solo por la vida, obedeciéndose sólo a sí mismo.

Para no equivocarse, había que hacerles caso a los viejos, que eran los que más sabían, porque eran los que más habían vivido, y “la experiencia es “magistral vitae”).

Para no pecar, había que hacerles caso a los curas y demás jerarcas eclesiásticos, porque éstos eran los que sabían cuál era la voluntad de Dios, lo que Dios quería y exigía.

Para no delinquir, había que hacerles caso y obedecer, a nuestros gobernantes, a los detentadores del poder, con sus leyes, ellos sí que sabían qué era lo que más nos convenía a nosotros.

Y, Nosotros, a obedecer.

Nos enseñaron a Obedecer, no a Saber.

Así se creó en nosotros un Complejo de Inferioridad, de inmadurez, siempre menores de edad, siempre necesitados de Tutores, para caminar seguros por la vida.
Todos sabemos, por experiencia propia y ajena, que los bebés, al soltarse a andar, se caen más de una vez, pero la madre, en vez de prohibirles andar, lo que hacen es ayudarles a que se levanten, a que se suelten y que caminen por sí solos.

No hay peor cosa, para el desarrollo de un niño, que una madre con “complejo de gallina”, que siempre quiere tener, bajo sus alas, a sus hijos, siempre, pues, “polluelos”.

En el siglo XVIII escribía Kant “Qué es la Ilustración”, esencia de la Edad Moderna (“pensar”), en contraposición a la Edad Media (“obedecer”)


La Ilustración era “LA MAYORÍA DE EDAD DE LA HUMANIDAD”