“El nacionalismo es como un pedo, sólo le gusta al que se lo tira”.
La frase no es mía sino de Josep Pla, escritor y periodista español en lenguas catalana y castellana. El autor más leído de la literatura en catalán. El prosista más importante de la literatura catalana contemporánea.
O sea, ¡un Don Nadie¡
En España tenemos (unos sufren y padecen mientras otros disfrutan y gozan) tres nacionalismos: Uno es exacerbado, violento y excluyente, otro bastante exótico, bastante inventado y muy interesado (más que interesante) y el tercero, sí pero no, no pero sí, ni fu ni fa, más federalista que independentista. Eso sí, todos ombliguistas.
Y todos saben a cuáles me estoy refiriendo.
En todos ellos se defiende, más o menos intensamente, dos principios:
1.- El de la soberanía nacional (la nación como la única base legítima para el estado).
2.- El de la nacionalidad (cada nación debe tener su propio estado; al tiempo que las fronteras de ambos deben coincidir.
(¿El andaluz?, mejor es no sacarlo a pasear, porque si se conociera la historia, la real (no la ocultada e inventada) de Blas Infante, “El padre de la patria andaluza”, según consta en nuestro Estatuto de Autonomía…)
Etimológicamente “nación” viene de “nacer”. La “nación” de cada uno es donde “ha nacido”, pero, luego, uno puede estar enamorado de su nación (y entonces tenemos la “patria”) o no darle tanta importancia a su lugar de nacimiento, teniendo más en cuenta el lugar donde vive.
Cuando un malagueño, un sevillano, un cordobés, un granadino,…. se encuentran lejos de su tierra, se consideran andaluces, cuando están en Andalucía se consideran “provincianos”.
Pero hay varias y variadas clases de “nacionalismos”. Que cada lector vaya calificando a cada uno de nuestros nacionalismos.
1.- Nacionalismos centrípetos (o de 1ª generación) son aquellos que intentan construir una sola nación pero cuyos habitantes están diseminados por dos o más estados distintos, siendo, en éstos, minorías generalmente discriminadas (Kurdos, Vascos españoles-franceses,…).
2.- Nacionalismos centrífugos (o de 2ª generación) son aquellos que intentan separarse del estado nación del que forman parte, siendo ya comunidades autónomas dentro de ese estado, pero que tienen características comunes (lengua, cultura, tradición, historia,…).
3.- Nacionalismos de 3ª generación son aquellos de la 2ª generación, pero que son intensamente reivindicativos de ser naciones y estados independientes.
4.-Nacionalismos económicos que son aquellos que proceden de ser antiguas colonias o países económicamente dependientes y periféricos, pero que poseyendo riquezas propias, que se encuentran en manos de países extranjeros, quieren crear empresas propias para administrar sus propias riquezas (el petróleo en Méjico y en Irán, el Canal de Suez egipcio, el cobre chileno,…).
5.-Nacionalismos étnicos o culturales, basados en una raza, lengua, cultura, tradición, territorio, historia propios y diferenciados del resto.
Tanto el fascismo como el nazismo son considerados nacionalismos étnicos.
6.- Nacionalismos religiosos, cuya base es la religión pero también con componentes étnicos (la Irlanda católica, la India hinduista, el Pakistán islámico, la Bosnia musulmana,…).
En todos ellos está presente la sensación de pertenencia e identidad de ese grupo, bien para sacar ventaja de esa pertenencia y distinción, bien por sentirse amenazado por otra nación.
(NOTA. Irlanda acaba de ser “rescatada” de la bancarrota. Una de las causas de la falsa riqueza era los pocos impuestos exigidos a las empresas que allí se domiciliaran fiscalmente.
En el País Vasco ocurrió algo parecido (pero el País Vasco ni era ni es un estado, cosa que si era y es Irlanda).
El P.N.V. acaba de pasar por caja de Zapatero y conseguir, para el Museo del Chacolí y el del Carro Chillón, a cambio de apoyar los presupuestos para el 2.011, la cantidad de 37 millones de euros, justo-justo la cantidad con que la U.E. multó a España por permitir (o no impedir) ventajas e incentivos (“vacaciones”) fiscales a empresas allí domiciliadas.)
(No le echemos la culpa a las empresas, ellas son lo que todos sabemos).
Ninguno de estos nacionalismos se da en su pureza, sino con mezcla, más o menos dosificadas, de varios o todos de ellos.
Los nacionalismos pueden adoptar, para conseguir sus objetivos, formas violentas (desde el terrorismo, la amenaza, la coacción, el chantaje,…ese instinto primero y primario, básico, primitivo, ancestral, de defender el territorio, exclusivo y excluyente, marcándolo, como el perro al mear) o formas pacíficas, desde los partidos políticos que, apoyados en los votos, exigen desde más autonomía, hasta autodeterminación e independencia.
Una de las formas reivindicativas más conocidas fue la que puso en práctica Gandhi, la “vía de la desobediencia civil” o “no violencia activa”.
Teóricos del nacionalismo español han sido Sabino Arana, Prat de la Riva, Blas Infante,…
Considero a los líderes nacionalistas ultras unos fanáticos ciegos, sin visión de futuro, que si por una parte me dan pena, por otra me producen miedo, porque son capaces de provocar incendios, con consecuencia de muertes, de lo que debería ser una candela que mantuviese calientes a los suyos.
Me dan pena y miedo sus estrechos esquemas mentales de visionarios, que demonizan al otro, al tiempo que blanden la espada de ángel exterminador, cerrando la puerta de un falso e inventado paraíso terrestre, “para que no entren los que nos quieren mal”, cuando, en realidad, es “para que no salgan los que quieran irse”.
Pero, a lo largo de la Historia, han sido muchos y muy significativos los pensadores que han criticado duramente los nacionalismos.
Iré exponiendo sus pensamientos, sin apenas meter baza. A lo más una especie de pegamento lingüístico, que pegue los ladrillos.
jueves, 9 de diciembre de 2010
miércoles, 8 de diciembre de 2010
NACIONALISMOS (1).
Acabo de releer el discurso de Vargas Llosa, en la recepción del Premio Nobel de Literatura, 2010.
Además del cántico a la literatura y a la democracia. Además del cántico a su tierra, Perú: “!qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad, porque las tiene todas!”. Nos pone sobre aviso de fanáticos y terroristas suicidas, de las nuevas formas de barbarie que proliferan, atizadas por el fanatismo. Echa pestes de las dictaduras varias. No se cansa de piropear a España y a Barcelona. Pero, al mismo tiempo, exclama: “ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno, y también de España, no estropeen esta historia feliz”.
“Detesto toda forma de nacionalismo, de ideología –o, más bien, de religión- provinciana, de corto vuelo, excluyentes, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento”.
“Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente”.
“No hay que confundir el “nacionalismo”, de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el “patriotismo”, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz”.
“La patria no son las banderas ni los himnos….”.
Considero a los nacionalismos como ideologías incendiarias, sustentadas en fanáticos cegatos y, generalmente, violentos, que se consideran víctimas, habiendo sido mimados, que ensalzan a lidercillos que le cantan la canción que quieren escuchar y que, en su miopía, consideran a su tierra como el ombligo del mundo.
Hace un tiempo que tenía escrita esta reflexión sobre los nacionalismos, pero me daba no sé qué sacarla a la luz, hasta que oí y releí a Vargas Llosa.
Como coincido con él en todo y en más, me decido a colgarla en el blog.
Además del cántico a la literatura y a la democracia. Además del cántico a su tierra, Perú: “!qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad, porque las tiene todas!”. Nos pone sobre aviso de fanáticos y terroristas suicidas, de las nuevas formas de barbarie que proliferan, atizadas por el fanatismo. Echa pestes de las dictaduras varias. No se cansa de piropear a España y a Barcelona. Pero, al mismo tiempo, exclama: “ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno, y también de España, no estropeen esta historia feliz”.
“Detesto toda forma de nacionalismo, de ideología –o, más bien, de religión- provinciana, de corto vuelo, excluyentes, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento”.
“Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente”.
“No hay que confundir el “nacionalismo”, de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el “patriotismo”, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz”.
“La patria no son las banderas ni los himnos….”.
Considero a los nacionalismos como ideologías incendiarias, sustentadas en fanáticos cegatos y, generalmente, violentos, que se consideran víctimas, habiendo sido mimados, que ensalzan a lidercillos que le cantan la canción que quieren escuchar y que, en su miopía, consideran a su tierra como el ombligo del mundo.
Hace un tiempo que tenía escrita esta reflexión sobre los nacionalismos, pero me daba no sé qué sacarla a la luz, hasta que oí y releí a Vargas Llosa.
Como coincido con él en todo y en más, me decido a colgarla en el blog.
martes, 30 de noviembre de 2010
LA MUJER COMO “COSA”
Cuando yo era profesor, todos los años, al explicar, a los alumnos de C.O.U. o de 2º de Bachillerato, el marxismo, les mostraba la mejor radiografía que del capitalismo salvaje se puede hacer. La descripción que de él hizo Marx.
Si la esencia del hombre es el trabajo y el obrero tiene que cambiar su trabajo por un salario para no morir de hambre y seguir viviendo, el trabajador era una persona alienada, una persona “ajena”, “otra”.
El trabajo, esencia del hombre, se entregaba al burgués y éste le daba un “valor de uso”. Lo usaba para elaborar productos manufacturados desde unas materias primas previas.
El trabajador, al trabajar, iba dejando su impronta en las cosas. Las cosas, trabajadas, eran exteriorizaciones del trabajador. El obrero se vaciaba en las cosas, dejaba su vida en ellas. Las cosas eran manifestaciones de quien las había hecho.
Pero una vez terminados los productos, el dueño y señor, el burgués (en ese capitalismo salvaje) los usaba, al venderlos, como “valor de cambio”, los cambiaba por dinero para poder seguir….
El trabajo (actividad) como “valor de uso” y lo trabajado (la cosa) como “valor de cambio”.
El trabajador, en el sistema capitalista, era una “cosa” que el burgués “usaba” y “cambiaba”.
Es la “despersonalización” o mejor aún, la “cosificación”.
Doy un salto de perspectiva y compruebo que, a lo largo de la historia, la mujer ha sido una “cosa” en manos del varón.
La mujer (sobre todo la joven), (como “valor de uso”) ha sido “usada” como un objeto que producía placer sexual para su dueño y señor.
La mujer (sobre todo la fértil) , (como “valor de cambio”) ha sido cambiada, vendida y entregada al mejor postor para que legitimara los hijos del varón.
Los proxenetas usan a la mujer como “valor de cambio” al ofrecérsela a los clientes.
La mujer ha sido, a lo largo de la historia, despreciada (sin precio), por lo tanto, nada más nacer, en muchas culturas el nacimiento de una niña era una desgracia y se la podía matar.
La mujer, a lo largo de la historia ha sido alquilada, vendida, comprada, apostada,…
Lo dicho, la mujer como una “cosa”.
(Algún día seguiré reflexionando sobre ello)
Si la esencia del hombre es el trabajo y el obrero tiene que cambiar su trabajo por un salario para no morir de hambre y seguir viviendo, el trabajador era una persona alienada, una persona “ajena”, “otra”.
El trabajo, esencia del hombre, se entregaba al burgués y éste le daba un “valor de uso”. Lo usaba para elaborar productos manufacturados desde unas materias primas previas.
El trabajador, al trabajar, iba dejando su impronta en las cosas. Las cosas, trabajadas, eran exteriorizaciones del trabajador. El obrero se vaciaba en las cosas, dejaba su vida en ellas. Las cosas eran manifestaciones de quien las había hecho.
Pero una vez terminados los productos, el dueño y señor, el burgués (en ese capitalismo salvaje) los usaba, al venderlos, como “valor de cambio”, los cambiaba por dinero para poder seguir….
El trabajo (actividad) como “valor de uso” y lo trabajado (la cosa) como “valor de cambio”.
El trabajador, en el sistema capitalista, era una “cosa” que el burgués “usaba” y “cambiaba”.
Es la “despersonalización” o mejor aún, la “cosificación”.
Doy un salto de perspectiva y compruebo que, a lo largo de la historia, la mujer ha sido una “cosa” en manos del varón.
La mujer (sobre todo la joven), (como “valor de uso”) ha sido “usada” como un objeto que producía placer sexual para su dueño y señor.
La mujer (sobre todo la fértil) , (como “valor de cambio”) ha sido cambiada, vendida y entregada al mejor postor para que legitimara los hijos del varón.
Los proxenetas usan a la mujer como “valor de cambio” al ofrecérsela a los clientes.
La mujer ha sido, a lo largo de la historia, despreciada (sin precio), por lo tanto, nada más nacer, en muchas culturas el nacimiento de una niña era una desgracia y se la podía matar.
La mujer, a lo largo de la historia ha sido alquilada, vendida, comprada, apostada,…
Lo dicho, la mujer como una “cosa”.
(Algún día seguiré reflexionando sobre ello)
lunes, 29 de noviembre de 2010
LA MUJER Y EL PODER
De los tres grandes centros del poder la mujer siempre estuvo ausente. Ni estaba ni se la esperaba, porque tenía la puerta franqueada.
1.- El poder religioso. Si en el mundo cristiano la mujer comparte poder con el varón, en el mundo católico (por lo que se ve y se oye) nada hay que hacer.
No hablamos de Papisas o cardenalas u obispas, en que ni siquiera sacerdotisas.
Las monjas (muchas de ellas buenísimas) son como las mujeres de la limpieza, devotas como ellas solas, obedientes a la autoridad como las que más, sin cuestionarse el poder, convencidas de que Dios lo quiere y que está todo bien, porque Dios lo quiere, levantando el corazón a Dios pidiéndole por la paz, porque desaparezca el hambre en el mundo, muchas de ellas cuidando enfermos,…
De los frailes, enclaustrados en sus conventos, muchos de ellos dedicados a la enseñanza, pero sin aspiraciones a liderazgos.
Algunas Órdenes Religiosas Masculinas introduciéndose en la cocina del Vaticano, interviniendo/queriendo intervenir con su ideario en la consecución de puestos de relevancia social y civil … pero sin cuestionar la jerarquía, porque sería cuestionar a Dios y al Espíritu Santo.
2.- El poder militar. Nunca, jamás la mujer ha tenido que ver con el ejército, a no ser en la retaguardia durante conflictos bélicos, preocupándose de la ropa, de la comida, de las heridas, … Pero ¿Generalas, Coronelas, Capitanas,….? No. Nunca.
El caso de Juana de Arco es un caso psicológico a estudiar pero que, a fin de cuentas, era para entronizar a un rey, no para asumir ella el poder.
La fisiología femenina y la fuerza bruta debilitada, nunca cuestionadas, eran barreras infranqueables.
Actualmente, en los ejércitos, están entrando en escalones inferiores. Confiemos en que demuestren su valía, en tiempos en que es la tecnología y no la fuerza muscular la que sostiene y alimenta a los ejércitos.
3.- El poder intelectual. Tiempos hubo en que las mujeres sólo eran las limpiadoras de los Centros de Enseñanza y, sólo algunas, administrativas. La Universidad y los Centros de Investigación se han abierto a la competitividad, porque el cerebro nada tiene que ver con la fisiología. Es donde están compitiendo, en buena lid, y ganando muchas batallas. Rectoras y Catedráticas, cada vez más.
4.- El poder político, que siempre ha estado en manos masculinas, sólo por deferencia o por cuotas o por discriminación positiva o por paridad están presentes. Muchas de ellas demostrando no ser peor que los varones o tan buenos o mejores que ellos. Pero los corsés de los partidos obstaculizan el poder mostrar sus valías personales.
5.- El poder económico. Casi siempre la mujer fue la única administradora del salario que el varón, con su trabajo fuera de la casa, aportaba a la familia. Pero una cosa es administrar el dinero propio y otra participar e intervenir, tomar decisiones con dineros ajenos. Directoras de sucursales sí, pero en los Consejos de Administración de la Banca, en los Centros de Poder, la desproporción varón/mujer es manifiesta.
Esperamos y deseamos que el sexo de las personas no intervenga en el acceso a los poderes.
El sexo es una característica humana y no un mérito o un demérito personal.
Todos nacemos sexuados, o varones o mujeres, pero no nacemos merecedores de….Los “méritos” hay que “merecerlos” y, para merecerlos hay que “ganarlos”.
1.- El poder religioso. Si en el mundo cristiano la mujer comparte poder con el varón, en el mundo católico (por lo que se ve y se oye) nada hay que hacer.
No hablamos de Papisas o cardenalas u obispas, en que ni siquiera sacerdotisas.
Las monjas (muchas de ellas buenísimas) son como las mujeres de la limpieza, devotas como ellas solas, obedientes a la autoridad como las que más, sin cuestionarse el poder, convencidas de que Dios lo quiere y que está todo bien, porque Dios lo quiere, levantando el corazón a Dios pidiéndole por la paz, porque desaparezca el hambre en el mundo, muchas de ellas cuidando enfermos,…
De los frailes, enclaustrados en sus conventos, muchos de ellos dedicados a la enseñanza, pero sin aspiraciones a liderazgos.
Algunas Órdenes Religiosas Masculinas introduciéndose en la cocina del Vaticano, interviniendo/queriendo intervenir con su ideario en la consecución de puestos de relevancia social y civil … pero sin cuestionar la jerarquía, porque sería cuestionar a Dios y al Espíritu Santo.
2.- El poder militar. Nunca, jamás la mujer ha tenido que ver con el ejército, a no ser en la retaguardia durante conflictos bélicos, preocupándose de la ropa, de la comida, de las heridas, … Pero ¿Generalas, Coronelas, Capitanas,….? No. Nunca.
El caso de Juana de Arco es un caso psicológico a estudiar pero que, a fin de cuentas, era para entronizar a un rey, no para asumir ella el poder.
La fisiología femenina y la fuerza bruta debilitada, nunca cuestionadas, eran barreras infranqueables.
Actualmente, en los ejércitos, están entrando en escalones inferiores. Confiemos en que demuestren su valía, en tiempos en que es la tecnología y no la fuerza muscular la que sostiene y alimenta a los ejércitos.
3.- El poder intelectual. Tiempos hubo en que las mujeres sólo eran las limpiadoras de los Centros de Enseñanza y, sólo algunas, administrativas. La Universidad y los Centros de Investigación se han abierto a la competitividad, porque el cerebro nada tiene que ver con la fisiología. Es donde están compitiendo, en buena lid, y ganando muchas batallas. Rectoras y Catedráticas, cada vez más.
4.- El poder político, que siempre ha estado en manos masculinas, sólo por deferencia o por cuotas o por discriminación positiva o por paridad están presentes. Muchas de ellas demostrando no ser peor que los varones o tan buenos o mejores que ellos. Pero los corsés de los partidos obstaculizan el poder mostrar sus valías personales.
5.- El poder económico. Casi siempre la mujer fue la única administradora del salario que el varón, con su trabajo fuera de la casa, aportaba a la familia. Pero una cosa es administrar el dinero propio y otra participar e intervenir, tomar decisiones con dineros ajenos. Directoras de sucursales sí, pero en los Consejos de Administración de la Banca, en los Centros de Poder, la desproporción varón/mujer es manifiesta.
Esperamos y deseamos que el sexo de las personas no intervenga en el acceso a los poderes.
El sexo es una característica humana y no un mérito o un demérito personal.
Todos nacemos sexuados, o varones o mujeres, pero no nacemos merecedores de….Los “méritos” hay que “merecerlos” y, para merecerlos hay que “ganarlos”.
sábado, 27 de noviembre de 2010
LA DEMOCRACIA SABROSA.
En democracia tenemos la obligación, legal y moral, de cumplir las leyes que nosotros mismos nos hemos dado y estamos dándonos, a través de nuestros representantes, legítimamente elegidos, y que componen el poder legislativo que es, entre los tres Poderes del Estado, el primero y principal.
Porque el Poder Ejecutivo tendrá que aplicar, poner en práctica y cumplir, las leyes del Poder Legislativo, le guste o no.
Y el Poder Judicial, libre e independiente, tendrá que juzgar, si se han cumplido o no, las leyes del Poder Legislativo, le gusten las leyes o no.
Luego podríamos discutir si la forma de elegir a los parlamentarios en el Congreso es o no es la mejor y que deberían ser listas abiertas y no cerradas….
O podríamos discutir cómo se elige a los miembros del máximo organismo del Poder Judicial.
O podremos discutir si el partido político ganador ha nombrado, para ocupar los puestos claves, a los mejores ministros o no.
Pero, mientras tanto, “hay que cumplir las leyes”, nos gusten o no nos gusten.
En democracia no se habla de “gustos” sino de “legalidad”.
Como me gustan estas leyes….entonces sí, pero como estas otras no me gustan…entonces no.
Cumplirlas.
Y recordemos que las leyes pueden ser obligatorias (para todos), prohibitivas (para todos) o permisivas (para quienes quieran).
Luego, a posteriori, si no nos gustan podemos intentar cambiarlas, anularlas, modificarlas,… pero, siempre, por vía legal, como ellas fueron promulgadas, legalmente, nunca por la fuerza.
Igual que hicieron ésas y así, pueden deshacerse o hacerse de otra manera.
El partido ganador (o la mayoría parlamentaria) encargado/a de gobernar sabe que debe legislar, no sólo para los que lo han votado, también para los que votaron a otro partido, para los que no votaron, para los que votaron en blanco, para lo que se abstuvieron y para los que pintaron en la papeleta a Alicia en el país de las maravillas y su voto fue nulo.
En democracia, el gobierno debe legislar en vistas al bien común y para todos los ciudadanos. Nunca privilegiando a un grupo, a una comunidad, a una ideología,… Para TODOS.
Si creemos que no lo hace así, ya sabemos lo que tenemos que hacer en las próximas elecciones, mandarlos a la oposición.
Y si crees que la oposición va a ser peor que el gobierno, debes actuar en consecuencia.
La democracia es un sistema de gobierno que nos hemos dado y que hemos considerado el mejor modo de convivir o, al menos, el menos malo.
Eso sí, cualquier sistema de gobierno (y la democracia también) es “manifiestamente mejorable”.
Pero mientras se mejora o no, no podemos actuar según el “sabor” de las leyes.
Las “leyes” y los “sabores” habitan en mundos distintos, pertenecen a categorías distintas.
Las leyes no son ni sabrosas ni amargas, son órdenes a cumplir, son prohibiciones a evitar, o son permisos para actuar.
¡¡¡¡Y "san se acabó"¡¡¡¡¡
Porque el Poder Ejecutivo tendrá que aplicar, poner en práctica y cumplir, las leyes del Poder Legislativo, le guste o no.
Y el Poder Judicial, libre e independiente, tendrá que juzgar, si se han cumplido o no, las leyes del Poder Legislativo, le gusten las leyes o no.
Luego podríamos discutir si la forma de elegir a los parlamentarios en el Congreso es o no es la mejor y que deberían ser listas abiertas y no cerradas….
O podríamos discutir cómo se elige a los miembros del máximo organismo del Poder Judicial.
O podremos discutir si el partido político ganador ha nombrado, para ocupar los puestos claves, a los mejores ministros o no.
Pero, mientras tanto, “hay que cumplir las leyes”, nos gusten o no nos gusten.
En democracia no se habla de “gustos” sino de “legalidad”.
Como me gustan estas leyes….entonces sí, pero como estas otras no me gustan…entonces no.
Cumplirlas.
Y recordemos que las leyes pueden ser obligatorias (para todos), prohibitivas (para todos) o permisivas (para quienes quieran).
Luego, a posteriori, si no nos gustan podemos intentar cambiarlas, anularlas, modificarlas,… pero, siempre, por vía legal, como ellas fueron promulgadas, legalmente, nunca por la fuerza.
Igual que hicieron ésas y así, pueden deshacerse o hacerse de otra manera.
El partido ganador (o la mayoría parlamentaria) encargado/a de gobernar sabe que debe legislar, no sólo para los que lo han votado, también para los que votaron a otro partido, para los que no votaron, para los que votaron en blanco, para lo que se abstuvieron y para los que pintaron en la papeleta a Alicia en el país de las maravillas y su voto fue nulo.
En democracia, el gobierno debe legislar en vistas al bien común y para todos los ciudadanos. Nunca privilegiando a un grupo, a una comunidad, a una ideología,… Para TODOS.
Si creemos que no lo hace así, ya sabemos lo que tenemos que hacer en las próximas elecciones, mandarlos a la oposición.
Y si crees que la oposición va a ser peor que el gobierno, debes actuar en consecuencia.
La democracia es un sistema de gobierno que nos hemos dado y que hemos considerado el mejor modo de convivir o, al menos, el menos malo.
Eso sí, cualquier sistema de gobierno (y la democracia también) es “manifiestamente mejorable”.
Pero mientras se mejora o no, no podemos actuar según el “sabor” de las leyes.
Las “leyes” y los “sabores” habitan en mundos distintos, pertenecen a categorías distintas.
Las leyes no son ni sabrosas ni amargas, son órdenes a cumplir, son prohibiciones a evitar, o son permisos para actuar.
¡¡¡¡Y "san se acabó"¡¡¡¡¡
viernes, 26 de noviembre de 2010
NUESTROS HIJOS.
Estoy convencido de que nuestros hijos, cuando realmente nos valoran en lo que somos, es cuando nos hacen abuelos.
Cuando, tras abandonar el palomar, tienen que construir su nido y, sobre todo, mantenerlo en orden, unido y feliz, caen en la cuenta de que sus padres, o sea nosotros, tuvimos, también, que pasar por ahí, en tiempos de penuria y sin tantas facilidades como ellos han tenido y tienen.
Pero el amor no debe exigir reciprocidad.
Se ama por el placer que produce el amar, sin buscar contraprestaciones.
Lo que tienen que hacer nuestros hijos es pasarles a los suyos el reconocimiento y la gratitud que tuvimos con ellos, para que la cadena no se rompa.
Cuando, tras abandonar el palomar, tienen que construir su nido y, sobre todo, mantenerlo en orden, unido y feliz, caen en la cuenta de que sus padres, o sea nosotros, tuvimos, también, que pasar por ahí, en tiempos de penuria y sin tantas facilidades como ellos han tenido y tienen.
Pero el amor no debe exigir reciprocidad.
Se ama por el placer que produce el amar, sin buscar contraprestaciones.
Lo que tienen que hacer nuestros hijos es pasarles a los suyos el reconocimiento y la gratitud que tuvimos con ellos, para que la cadena no se rompa.
jueves, 25 de noviembre de 2010
DESCALIFICACIONES Y ARGUMENTOS.
En los años 80, cuando era más joven aún de lo que soy, Golpes Bajos cantaba “Malos tiempos para la lírica”.
Hoy habría que cantar “Malos tiempos para la ética”.
En este tiempo convulso que está tocándonos vivir, sufriendo muchos y disfrutando pocos, en esta época de pensamiento débil, de conducta líquida, de voluntad voluble y de inestabilidad emocional.
En esta época de pobreza intelectual y de bajeza moral.
En esta época contradictoria, de indigestión publicitaria, en la que nunca ha habido tanta información, tan poco conocimiento y casi nula sabiduría.
En esta época en la que jamás ha habido tantas libertades y tanto control, a la vez.
En esta época de lemas y consignas, que vienen de fuera y que hay que pregonar, para que, mientras se pregonan, se obturen los criterios internos y personales del discernimiento.
En está época de tanto animal bípedo conviviendo con tanto titulado incompetente y tanta persona honrada y competente.
En esta época, ante la falta de argumentos racionales para defender una posición, se vomitan descalificaciones morales.¡Como si ésta pudiera suplir e imponerse a aquellos¡
Un político nunca le dará la razón a su adversario, aunque éste esté cargado de razones, se limitará a descalificarlo.
Es el viejo truco de la política.
“Quítale la razón, si la tiene, pero si no tienes un argumento racional cúbrelo con descalificación moral”.
¿Es que el político no sabe que descalificar retrata al retratista, al que descalifica y no a la persona descalificada?
¡Seguro que no lo sabe¡.
Les tengo muy poco aprecio a los políticos.
¡Fíjense que, a veces, creo que llamar a uno “político” debería ser considerado como un insulto.¡
Hoy habría que cantar “Malos tiempos para la ética”.
En este tiempo convulso que está tocándonos vivir, sufriendo muchos y disfrutando pocos, en esta época de pensamiento débil, de conducta líquida, de voluntad voluble y de inestabilidad emocional.
En esta época de pobreza intelectual y de bajeza moral.
En esta época contradictoria, de indigestión publicitaria, en la que nunca ha habido tanta información, tan poco conocimiento y casi nula sabiduría.
En esta época en la que jamás ha habido tantas libertades y tanto control, a la vez.
En esta época de lemas y consignas, que vienen de fuera y que hay que pregonar, para que, mientras se pregonan, se obturen los criterios internos y personales del discernimiento.
En está época de tanto animal bípedo conviviendo con tanto titulado incompetente y tanta persona honrada y competente.
En esta época, ante la falta de argumentos racionales para defender una posición, se vomitan descalificaciones morales.¡Como si ésta pudiera suplir e imponerse a aquellos¡
Un político nunca le dará la razón a su adversario, aunque éste esté cargado de razones, se limitará a descalificarlo.
Es el viejo truco de la política.
“Quítale la razón, si la tiene, pero si no tienes un argumento racional cúbrelo con descalificación moral”.
¿Es que el político no sabe que descalificar retrata al retratista, al que descalifica y no a la persona descalificada?
¡Seguro que no lo sabe¡.
Les tengo muy poco aprecio a los políticos.
¡Fíjense que, a veces, creo que llamar a uno “político” debería ser considerado como un insulto.¡
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