domingo, 1 de septiembre de 2013

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA ( y 7)


Torres Villarroel mira a España, desde dentro, y lo que ve es miseria intelectual. Feijoo mira a España desde Europa y lo que ve, al comparar, también detecta esa misma miseria.

Las más fuertes controversias serán sobre Física y sobre Medicina.

Mientras los unos dicen que Aristóteles, Hipócrates y Galeno son ya un arenal en el que nada nuevo puede fructificar, los otros dirán de las nuevas corrientes, que son “hidras venenosas”, “quimeras que vomitan fuego”, “escorpiones que….

Un gran aperturista, Juan Caramuel, dirá que “no se cree a los ojos por no descreer de Aristóteles”

Igualmente, el Padre Maignan se adhiere a Gassendi.

Los médicos se dividen en: O “latinistas”, de facultad, librescos y racionalistas  o “novatores”, partidarios de la experiencia, de la práctica, empiristas.

Un gran médico experimentalista, “novator” será el madrileño Martín Martínez, escéptico y defensor del método experimental.

El Padre Feijoo saldrá en su defensa ante los ataques de los “latinistas” y se establecerán en trincheras opuestas los dos frentes en su concepción de la medicina.

Algunos para atacar a Martínez hasta recurren a las Sagradas Escrituras.

 Y si eso ocurre en Sevilla y en Madrid, en Valencia, en cambio, se da el predominio de la Física, en la que suele reinar el eclecticismo, manteniendo lo mantenible y añadiendo lo añadible, para completar un mejor conocimiento.

“La verdad no está vinculada a un solo sistema filosófico”

“Hay que tomar de TODOS aquello que en cada uno de ellos le parece verdadero”.

Donde no puede haber eclécticos es en Teología.

Tanto Martínez como Feijoo se declaran escépticos, pero sólo como cautela y no precipitación.

Además, ¿cómo no ser escéptico en Historia?, ¿cómo averiguar la verdad histórica de los hechos?

La Historia no tiene por qué ser sólo Historia de los Vencedores (aunque ellos sean los que la escriban y a su manera, partidista), también es de los que aspiraron, sin éxito inmediato, a avanzar en el camino de la libertad.

En el progreso del conocimiento poco participaron tanto la Escolástica, con sus dogmatismos, como los que acataron la obediencia a la autoridad, cosa que sí hicieron, en el progreso del conocimiento, los ilustrados.

Con dolores de parto nació La Pepa, pero nació, a pesar de muchos contradictores.

El que, en España, y tras La Pepa, de 1.812, una multitud se lanzara a la calle contra ella, repetidamente, al grito de “vivan las cadenas”, no cambió el signo de la Historia General.

Quizá sea ese grito de “vivan las cadenas” la prueba manifiesta de que habían comenzado a romperse las mismas.

NOTA.

Fechas recordatorias significativas:

1.- 1.700: muere Carlos II y Felipe V de Borbón es nombrado heredero.

2.- 1.701: guerra de sucesión (no de secesión como algunos...)

3.- 1.746: Fernando VI sucede a Felipe V.

4.- 1.751: aparece el primer tomo de la enciclopedia.

5.- 1.759: comienza el reinado de Carlos III, que había sido, antes, Rey de Nápoles.

6.- 1.766: el motín de Esquilache.

7.- 1.767: expulsión de los jesuitas.

8.- 1.778: auto inquisitorial contra Olavide.

9.- 1.787: la Constitución de Estados Unidos.

10.- 1.788: Carlos IV sube al trono.

11.- 1.789: comienza la Revolución Francesa.

12.- 1.791: Floridablanca prohíbe las publicaciones periódicas.

13.- 1.805: alianza con Francia. Derrota de Trafalgar.

14.- 1.808: tropas francesas se establecen en España. José Bonaparte en Madrid. Resistencia popular.

15.- 1.810: las Cortes se reúnen en Cádiz.

16.- 1.812: la Primera Constitución Española, “La Pepa”.

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA (6)


 

Un ciudadano es libre allí donde mandan las leyes, no las personas, porque las leyes (no los privi-legios) tienden al Bien Común.

Se va contra el despotismo y la arbitrariedad de los gobernantes.

En el “pacto social” los ciudadanos se sujetan sólo a “uno cuyo poder es limitado por las leyes”.

Nadie “fuera de” ni “por encima de” las leyes.

Está en la mente de los ilustrados la idea de una Constitución. Pero convocar Cortes suponía que los más reaccionarios serían los parlamentarios, por lo que…

Cuando Floridablanca convocó a las Cortes a la subida al trono de Carlos IV fue para que los diputados rindieran vasallaje e hicieran manifestación pública de obediencia a la religión y al monarca.

Libertad, por supuesto que sí, pero también Igualdad y Fraternidad (Justicia), porque sola la Libertad lleva/puede llevar al egoísmo, mientras en la mente de los ilustrado está la nación, por encima de estamentos, de intereses concretos (privilegios) y de intereses locales.

Las exenciones eclesiásticas o la tendencia del Vaticano a implantar un estado dentro del estado, con impuestos propios, con leyes propias, con jueces propios,….molestaba, incluso a los Borbones (como antes dijimos).

No que los ilustrados fueran monárquicos, pero es que la otra opción era ser ultramontano jesuítico.

El Papa y los Tribunales Eclesiásticos dispensaban de la ley a quien pagase, mientras a los contradictores les ponían penas temporales y eternas.

La arbitrariedad era y estaba en la esencia misma de la Iglesia.

Todos, absolutamente todos, bajo la ley, universal, sin privilegios, sin exenciones.

La Igualdad, para los ilustrados, es la premisa de la Libertad.

La costumbre, el Derecho Consuetudinario, del clero y de la Iglesia, no debe ser considerado Derecho. Fue un “hecho”, no debe ser considerado “derecho”.

Todos somos Iguales, por naturaleza. Las únicas diferencias que ha habido son/han sido históricas, no naturales.

La Ley debe ser Justa. La Justicia debe ser Legal. Pero ¡cuidado!, porque también la injusticia puede ser legal, sólo se requiere una ley injusta, en la legislación vigente. Habrá, pues, que abolirla.

La Igualdad y la Libertad, que son de origen natural, que se apoyan en la naturaleza sin embargo eso, que teóricamente es verdad y está claro, en la práctica no funciona.

Ni las leyes positivas del pasado, ni la filosofía natural son garantía de que así sea en la práctica, reflejadas en una Constitución, que es a lo que aspiran los ilustrados.

Los parlamentarios, de corte tradicional, no van a intentarlo tan siquiera y el Rey y su círculo tampoco. ¿Tendrá que ser a través de una “revolución” para que nazca esa nueva legalidad?

¿Cuál es el fundamento de la legislación vigente?

La Historia no puede ser. En la Historia lo que ha ocurrido son “hechos”, pero éstos no tienen por qué engendrar “derechos”.

¿Recurrimos al “estado primitivo” de la Edad de Oro de la humanidad, al “estado de naturaleza”?

Pero lo que en el “estado natural” prima es la fuerza, por lo que se impone la “ley del más fuerte”, que nunca son TODOS los hombres.

¿La Monarquía? Tampoco. Toda monarquía es/tiende a ser absolutista.

¿Cómo borrar todos los decretos, pragmáticas y leyes, dados en el tiempo, para crear una Constitución para todos?

La hacienda pública está de desastre y es manifiesta la injusticia de los impuestos.

La nueva legislación debe apoyarse en el Derecho Natural, en la razón, de lo contrario no tiene legitimación.

La Constitución deseada debe nacer de un “pacto”.

Una Constitución nacida del acto libre de una asamblea popular. Una Constitución, pues, democrática.

Entre la Revolución Francesa y 1.812 está toda una resistencia a una potestad extranjera ilegítima, está 1.808.

¿Podría haberse conseguido la Constitución deseada desde una reforma impulsada por el Rey si se desconfía de la capacidad reformadora de la monarquía borbónica?

Durante el reinado de Carlos IV lo que reina en España es el desbarajuste y no todos son “afrancesados”.

Diferentes grupos de la sociedad española toman la iniciativa no sólo de expulsar a un monarca ilegítimo sino también de regirse a sí mismos en libertad.

Se pone, pues, en marcha un “proceso revolucionario, pero sin revolución” sino como acto de soberanía popular.

Se busca una nueva Constitución, no otorgada, sino conseguida y construida desde la voluntad libre y soberana del individuo y de la colectividad. Al revés que los conservadores, inmovilistas, que apuestan por una Constitución histórica.

Si se cree y se defiende la Providencia divina entonces una dinastía y un Rey ejercen la autoridad sobre un pueblo.

Si se admite el origen divino del poder del monarca entonces a los súbditos sólo les queda la sumisión y la obediencia.

El símil de que el Rey es como un padre y los súbditos son como sus hijos, que le deben obediencia ya no cala en la mente de los españoles, y menos cuando el Rey está “secuestrado”.

Se impone, pues, la necesidad de un acto constitucional, cuyo protagonista debe ser el pueblo.

Contra la resistencia de los conservadores y de los que proclaman que “vivan las cadenas”, masa habituada a la esclavitud, se llevará a cabo ese acto, conocido como “Revolución Española”, nada que ver con la Revolución Francesa, un producto de las Luces, de los Ilustrados, a pesar de todos los obstáculos y barreras para que España siguiera en la oscuridad y en la superstición,…

¿Ha habido, pues, una Ilustración Española?

Sin duda que sí, pero a su manera, sin hacer comparaciones con otras revoluciones ilustradas de Europa y de EEUU.

Pero también es verdad que la Ilustración Española nunca logró implantar su huella de fo0rma profunda y duradera (ahí está nuestra historia para confirmarlo).

Es verdad que la reacción anti-ilustrada venció batallas decisivas  en tiempos de Fernando VI, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, pero también es verdad que existió un movimiento ideológico, aunque débil y minoritario, si se quiere pero que, desde la oposición y poco a poco fue conformando la Historia de España.

Si España se incorporó tarde al humanismo, aunque, luego, fuera fecunda sobre todo en lo artístico y en lo literario…

Si España, frente a la Reforma Protestante, se erigió en campeona de la Contrarreforma….

Si tuvo que derrochar esfuerzo y dinero en la colonización americana.

Si….

Si….

España acabó desangrada, arruinada y sin fuerzas para oponerse a las consecuencias de orden ideológico que se debatían en Europa.

La sangría de sus hombres, la depresión económica, la incapacidad de sus gobernantes a lo largo del siglo XVII, el clima de derrota tras Rocroix (1.643) y de la Paz de Westfalia (1.648)… crean en ella un marasmo colectivo que se deja notar.

La decadencia de España corría paralela a la económica, a la política, a la militar, a la cultural.

Se repliega y se aísla respecto a Europa, tanto en el campo de batalla como en el de las ideas.

Y cuando más se nota es en la segunda mitad del XVIII, que coincide con el auge de las nuevas ciencias y la nueva filosofía en Inglaterra y en Francia.

Las universidades decaen. Subsiste y persiste una escolástica empobrecida y anquilosada, ajena a la renovación que está dándose en Europa. Decaen todas las ciencias, incluso la escolástica, petrificada.

España “era una confusa memoria de lo que había sido”

Los amagos de renovación, mirando a Europa, no provienen, precisamente, de las Universidades, cerradas y hostiles a TODAS las nuevas corrientes renovadoras.

Se dan (como hemos afirmado más arriba) tertulias en casa particulares, en las que están ausentes, siempre, los profesores universitarios.

Famosa fue la tertulia de Sevilla, de médicos, cirujanos y farmacéuticos, a pesar de la oposición de los médicos de la Universidad, anclados en Aristóteles, Hipócrates y Galeno.

Al advenir la dinastía borbónica se nota la influencia francesa. Y después, poco a poco, comienzan a tener aceptación y partidarios Bacon, Descartes y Gassendi, así como la medicina de Harvey, de corte experimental.

Se encona la oposición “antiguos” y “novatores”, pero sólo en las Ciencias Naturales, no en otros temas de la Ilustración.

Es precisamente procedente del clero, el Padre Feijoo, quien más se oponga a la Escolástica, que no había sabido renovarse ni ponerse al día en sus métodos, en asimilar lo que hubiera de asimilable y aprovechable en las nuevas corrientes físico-matemáticas.

En las Universidades predomina la Teología y la Jurisprudencia, así como la medicina “a la antigua”, en su modo tradicional.

Y aunque existía una (entre otras) “cátedra rara”, la de cirugía, no había profesores, por falta de preparación ni había interés en los alumnos.

 

 

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA (5)


 
Recordatorio:

1.- 1.492. Decreto de la Alhambra. Expulsión de los judíos si no se bautizaban, en un plazo de tres meses, hasta el 31 de Julio de 1.492.

2.- Siglo XVI, contra los luteranos, los iluminados.

3.- 1.609, Felipe III, expulsión de los moriscos.

                  

Así que todos los pseudo-conversos eran objetivos de la Inquisición Española.

La dinastía de los Borbones, al establecerse en España tras……..Austrias…….Carlos II……. Trajo una nueva concepción, centralista y autoritaria, del poder monárquico.

También el Rey está sometido y debe obedecer a la ley, al tiempo que su función es “servir a” y no “servirse del” pueblo.

Los Borbones, en España, deben superar el absolutismo y la desastrosa política cultural y económica de los Austrias.

Los Borbones, para justificar, con hechos, su presencia en el trono español tienen que hacer reformas y cambiar la faz del país.

Naturalmente habrá resistencias a esas reformas (el Clero y la Nobleza) intentando mantener sus privilegios amparándose en un Derecho Consuetudinario (“siempre ha sido así”, la “costumbre”). Como si un Hecho engendrase Derecho, como si del “siempre ha sido así” se dedujese que “también ahora tiene que seguir siendo así”.

Y es verdad que se introdujo el cultivo del lino y la fabricación de sus derivados. Y es verdad que se construyeron caminos, canales y puertos, introduciendo la nueva tecnología. Es verdad que hubo progreso. Pero eso no es suficiente para hablar de “Ilustración en España”.

Los Borbones, para poder “mover” algo en España necesitaban anteponer sus “regalías” a todo, incluso frente a los privilegios del Papado, guiados por el laicismo y apoyados en un funcionariado, colaborador, anteponiendo el Bien común a todo otro bien particular,

La Iglesia, como es natural, “puso el grito en el cielo”, acompañada de/por la nobleza.

Los “manteístas” (nuevos abogados, de extracción popular) son preferidos, por la Monarquía, a los “colegiales” (abogados de extracción nobiliaria), cuyos puestos les habían estado reservados por mero nacimiento.

El Estado debe regirse y se rige sólo con/por criterios de utilidad y la ley, a la que todos deben estar sometidos, es la expresión de ese Bien Común perseguido.

El poder político, secularizado, se opone al poder despótico de los reyes.

Carlos III, sus ministros y los funcionarios es lo que intentan.

Pero algunos resentidos (como los jesuitas) desempolvan la antigua doctrina sobre “la resistencia al tirano” y “la moralidad del tiranicidio”.

Adiós a la, hasta ahora, legitimación teocrática del poder y la nueva monarquía necesita una nueva teoría basada en el Derecho Natural y de Gentes.

Carlos III ordena la creación de cátedras universitarias para enseñar/aprender Derecho Natural y a los clásicos en esa materia (Grocio y Pufendorf).

Al desacralizar la autoridad del gobierno y eliminar la lógica de los privilegios los ilustrados se guían/tienen que guiarse sólo con la Experiencia y la Razón.

El Derecho Natural, que tiene que ver con la Ciudad Terrena (con la política) se sobrepone al Derecho Canónico o divino, el de la Ciudad Celestial (las dos Ciudades agustinianas).

Ya no hay subordinación, sino independencia. Los teólogos a lo suyo, como los políticos y economistas a lo suyo. “Esta vida” no es “la otra vida”.

En la teoría de Hobbes de la lucha de “todos contra todos”, era “natural” que todos, para asegurar su vida, renunciasen a la defensa de la misma, poniendo en manos de un hombre justo su libertad para que los defendiese.

Es la teoría del origen del Estado, la del “pacto social”, sustituyendo la pluralidad de voluntades singulares por la voluntad de un príncipe que se compromete a defender a sus vasallos contra la tiranía de los violentos.

Así el príncipe se convierte en un déspota, al tener en su persona todo el poder, pero no en un tirano, pues el poder se ejerce en beneficio de todos y no en el suyo propio.

El Derecho Natural y de Gentes se impone en las Universidades y éste no remite a nada distinto o más allá de la “naturaleza humana” y ésta es, además de universal, racional. Todo depende de la voluntad humana.

Las normas heredadas carecen de legitimidad y la sociedad sólo debe someterse a las normas racionales, no a las históricas, en otro tiempo vigentes.

Queda descartado y superado el positivismo jurídico. El Derecho Consuetudinario “fue”, no tiene por qué “seguir siéndolo”.

La “naturaleza” puede, vence, se impone a la “costumbre”, a la “tradición”, a la “historia”.

Los “filósofos” se imponen a los “historiadores”.

“Adiós” a los privilegios personales y de clase, a las excepciones locales, a las particularidades.

La Naturaleza Humana es Una y la Misma para todos los hombres.

Universalidad, Solidaridad (Justicia) e Igualdad para bien de todos (de la nación). Habrá que, pues, recaudar más impuestos, fortalecer el ejército, modernizar la marina, desarrollar las ciencias y las artes, activar el comercio, suprimir aduanas,….

Todos, absolutamente todos, en la medida de sus posibilidades, tendrán que contribuir al Bien Común.

La nueva sensibilidad, educando también el corazón, se impone por lo que se considerará denigrante y contra derecho los azotes, la tortura, las amputaciones, el empalamiento, las hogueras,…. Todo ello es, y se ve, anti-natural, por lo que deberá ser suprimido.

No es, pues, el utilitarismo sino la sensibilidad; no es tanto (aunque también) la razón como el corazón. Es el “sentido moral” no sólo y más que la “razón teórica”.

“Ponerse en lugar del otro”, “sentir con los demás”, “caminar con los zapatos del otro”. Es la filantropía ilustrada.

La “beneficencia” y el “altruismo” también son fuentes de placer, de más y distinto placer que el mero y eterno egoísmo materialista.

Es evidente que España nunca fue el paraíso de las libertades, ni religiosas, ni políticas ni de tantas otras.

Ni la Iglesia, ni el absolutismo de los Austrias, ni el dirigismo de los Borbones, las toleraron.

Pero una de las causas, precisamente, de la prosperidad de Holanda era la libertad de cultos y la tolerancia religiosa, por lo tanto… ¿por qué aquí no….es que no importaba ni interesaba la prosperidad en España?.

La libertad de comercio y de actividad económica, así como la libertad de crítica por los entendidos en la materia, deberían ser esenciales. Pero parecía que las recetas que en otros países curaban nadie estaba interesado en aplicarlas en España.

La libertad brillaba por su ausencia. El progreso también.

La teoría mercantilista abogaba por la libertad económica y el levantamiento de las aduanas, así como criticar a los gremios que controlaban el establecimiento, la producción y el precio de las manufacturas.

Se reclama, también, la libertad para trabajar, para establecerse, para contratar.

Hasta la “libertad de naturaleza” estaba abolida, según la pragmática de Carlos III, que prohibía los casamientos sin el previo consentimiento paterno. Detrás de la cual estaba la mentalidad nobiliaria, tanto en lo personal y clasista, como en lo económico y la propiedad.

Ni en la vida íntima, ni siquiera en la actividad lúdica. Demasiadas prohibiciones. Demasiado intervencionismo. Demasiado reglamentarismo.

En España mandaban las personas, no las leyes.

Se reclama mayor libertad para pensar, para escribir, para opinar sobre asuntos políticos.

Se pide libertad, no derecho al libertinaje. Mientras éste ve las leyes como impedimentos y obstáculos, la libertad las ve como premisas y garantía de la libertad misma.

 

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA (4)


 
Y lo mismo que ocurre con la moral ocurre con Dios.

El “teísmo” sustituido por el “deísmo”.

Newton no era irreligioso pero podía explorar, “causalmente”, el funcionamiento del mundo sin necesidad de textos revelados escritos.

Fue la respuesta de Laplace a Napoleón: “no necesito la hipótesis Dios para explicar el funcionamiento del sistema solar, me basta con Newton”.

El “deísmo” favorece una religión científica y filosófica.

Admite una Inteligencia Suprema que pone en marcha con leyes eternas y siempre iguales el mecanismo gigantesco del universo y, a partir de aquí, a investigar y descubrir esas leyes.

¿Qué es un milagro (como cese de una ley natural) sino admitir la imperfección de Dios, que tiene que revisar y mejorar su primigenio plan?

¿Oraciones para que Dios haga un milagro? (¡qué bien lo refleja Voltaire ante el pajarito muerto que una monja lleva en su mano y que está pidiéndole a Dios que lo resucite¡)

¿Sería este Dios del “deísmo” un Dios ocioso e indiferente como argumentaban los teólogos tradicionales?

Habría, sin embargo, frailes que, por defender el deísmo, se las verían con la Inquisición.

No hacen falta argumentos racionales para demostrar la existencia de Dios (tipo “vías tomistas”), basta con contemplar las maravillas de la naturaleza.

Así, Ciencia y Religión se aproximan, hasta confundirse.

Deísmo y providencialismo se excluyen.

La “historia natural” se convierte en “pedagogía religiosa”.

Desde la naturaleza hasta Dios, sin intermediarios eclesiásticos que, además, cobran.

Sólo los incapaces de pensar científicamente necesitarían de la fe.

La creación no fue “de golpe” sino que es la evolución de los seres en el tiempo (siguiendo la Historia Natural de Buffon).

El terremoto de 1.775 puso en cuestión a ese Dios providencialista en el que muchos creían, porque “si pudo y no quiso…si quiso y no puedo…”

El jansenismo en España tiene como dos vertientes:

La primigenia, que es la discusión teológica sobre la gracia divina y la libertad humana. Que se convirtió, en realidad, en una lucha de prestigio y de poder entre órdenes religiosas (agustinos, dominicos y jesuitas) para oponerse a los candidatos del otro de subida a los altares, a la autoridad de un obispo molesto, o para impedir el nombramiento de alguien de la otra orden, escarbando sobre posibles desviaciones dogmáticas.

La segunda vertiente  sería la del pueblo llano que ve cómo la Iglesia predica la pobreza, como virtud, mientras ella comete el vicio de la riqueza, cada vez más, que impone preceptos morales que ella incumple constantemente, que es materialista e interesada recaudando impuestos, dedicándose a la agricultura y al comercio, exhibiéndose en ceremonias lujosas, con demasiado boato….y, denunciando todo esto, abogan para que ella se limite a su función espiritual, que practiquen más la moral que predican y que los sacerdotes de formen intelectualmente, dejando a los laicos los asuntos mundanos.

Así que, todo aquel que critique a la Iglesia será etiquetado como “jansenista”.

La Inquisición será otro inconveniente para la modernización de España, que frenaba la libertad de espíritu y de investigación.

Esta Inquisición española era un desprestigio allende sus fronteras, al ser un aparato de represión y que descansaba, realmente, sobre una base económica, con la confiscación de los bienes de los imputados.

Hasta que no se consiguiera su abolición no podría conseguirse la emancipación religiosa.

Sólo el temor a poder ser enjuiciado atemorizaba a cualquiera, por la manera de funcionar el proceso, desde denuncias anónimas, por venganza o envidia.

Sin entrar en pormenores de la Inquisición Española (y recordar que hubo otras inquisiciones, papales, mucho antes y en muchos países europeos), decir que fue fundada en 1.478, por los Reyes Católicos, para mantener la ortodoxia católica en todos sus reinos y que estaba bajo el control directo de la monarquía (no era una institución papal) y no se abolió, definitivamente, nada menos que en 1.834, durante el reinado de Isabel II, en su minoría de edad, aunque fue firmada por su madre, la regente, María Cristina de Borbón.

Aunque la abolición ya había sido aprobada en las Cortes de Cádiz, en 1.812, por mayoría absoluta, pero que los avatares políticos posteriores impidió su puesta en práctica.

Aunque, teóricamente, como tribunal eclesiástico que era, sólo tenía competencia sobre cristianos bautizados pero, como ni en la España peninsular ni en sus territorios había libertad de cultos, la jurisdicción, de hecho, se extendía a todos los súbditos del Rey.

Y recordar, últimamente, que los tres colectivos sobre los que fundamentalmente actuó la Inquisición fueron: los judíos, los protestantes y los moriscos.

 Pero antes y después de la Inquisición Española, una Inquisición real, hubo otras Inquisiciones:

1.- Inquisición Episcopal, creada a finales del siglo XII, en Francia, para combatir la herejía albigense o cátaros.

2.- Inquisición Pontificia o Papal, que se impuso en la Edad Media, en varios reinos cristianos, en el siglo XIII. También en Aragón, aunque no en Castilla.

3.- Inquisición Española o Real, en 1.478, de la que antes ya hemos escrito y cuyas causas de la misma fueron: a.- La unidad religiosa. b.- Debilitar la oposición a los Reyes Católicos. c.- Acabar con la poderosa minoría judeo-cristiana. d.- Financiación económica, al confiscar sus bienes.

4.- Inquisición Romana, en 1.542, contra los protestantes.

5.- Inquisición portuguesa, en 1.497, contra los judíos huidos de España.

 

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA (3)


 
¿Hubo, en España, una élite ilustrada o no se conocía, realmente, lo que se pensaba en los países punteros de Europa?

¿Es verdad que los ilustrados españoles, por no saber más que un poquito de francés, sólo tuvieron acceso a la cultura francesa pero desconocieron lo que se cocía en el resto de Europa?

¿Hubo, en España, una controversia seria con el Cristianismo y la Iglesia Católica y/o unos críticos serios contra el antiguo régimen?

Pero también entran, entre los detractores de la Ilustración, la Escuela de Frankfurt (Max Horkeimer y T. Adorno) en su “Dialéctica de la Ilustración”, que sólo verán la Razón Ilustrada desde la desviación utilitarista y mecanicista, con el único objetivo de dominar y explotar, sin límites, los recursos del planeta Tierra o para conseguir poder político sobre otros hombres.

El conocimiento de la desintegración del átomo siempre será loable, aunque una de sus consecuencias fuera la bomba atómica. Tuvo y tiene, también, muchas utilidades positivas.

Y eso me recuerda a los improperios que pueden lanzarse contra un padre que, educando correctamente a todos sus hijos, inculcándoles normas correctas de conducta, uno de ellos, sin embargo, le ha salido “rana, oveja negra, garbanzo negro, balarrasa” y ese hijo sea el que marque a la familia.

¡Como si el culpable fuera el padre y no la autonomía y libertad del hijo!

En España la tradición seguía vigente en las Universidades, reacias a las nuevas corrientes que pululaban por Europa.

Los distintos sistemas filosóficos se peleaban entre sí (tomista, suareciano, scotista, luliano,..) citando y citando a sus jefes de fila y apoyando la verdad en sus citas.

Vociferaban entre si, en diatribas y discusiones constantes, para ver quién estaba en la verdad y quién no.

Como si el que ganase en la discusión fuera garantía de verdad.

La verdad se decidía, pues, en las aulas, ajena a la historia.

A lo más que se llega es a un eclecticismo, en el que se recoja lo común a todos ellos, obviando las diferencias y peculiaridades. Ese era el cambio.

Y entre los escolásticos, que no quieren cambiar, y los eclécticos, que no pueden hacerlo, entre ambos cierran la entrada a las nuevas corrientes ilustradas de Europa.

En vez de enfrentarse a las cosas, se enfrentan con las opiniones del pasado, con lo que otros, mucho antes, dijeron de las cosas.

El eclecticismo, pues, no es más que un movimiento restaurador de lo antiguo, y como “salvarse” es prioritario a “conocer”, también “obedecer” a la autoridad es prioritario a la “autonomía personal”.

Incluso al enfrentarse con textos del pasado, en la crítica histórica, sigue vigente el “argumento de autoridad”, y, más aún, si es escolástico y santo, será más creíble su versión de las cosas, su testimonio.

Muchos derechos y privilegios de obispos, abades, lugares de culto,…se apoyan en la “autoridad histórica” de un milagro, de un santo, de un documento de donación,… (como si no hubiera servido de escarmiento la Falsa Donación de Constantino).

Como si las leyendas y tradiciones no tuviesen un oscuro origen y fueran evidentes.

(En otra entrada veremos cómo el Padre Feijoo luchará contra esta tendencia, generalmente admitida, desenmascarando leyendas y tradiciones).

Entre la “actitud racional y crítica” y “la fe del carbonero”….

¿Cómo es posible abrir un proceso inquisitorial a Pablo de Olavide por no persignarse o arrodillarse al toque de campanilla?

(No es por nada, pero en mi niñez, de monaguillo, cuando iba con el caldero del agua bendita y del hisopo, acompañando al cura a darle la comunión (el viático) a un enfermo, hasta del burro tenían que bajarse y arrodillarse, quitándose el sombrero, los campesinos que, en traje de faena, volvían del campo, si no querían exponerse a un mal “certificado de conducta”)

La enseñanza, con todos sus planes de renovación, no era emancipadora.

Incluso Jovellanos, en Gijón, parece más preocupado por hacer buenos y obedientes cristianos o vasallos del Rey, que críticos y autónomos. Nada de intentar formar ciudadanos independientes y libres.

Si la Medicina pudo, poco a poco, emanciparse de la Universidad, a través de las tertulias y aplicando el método hipotético-deductivo, con observaciones y experimentos en el punto de partida, olvidándose de los libros antiguos, no ocurrió así con la Filosofía.

La Escolástica que tanto y tan buen servicio había prestado y seguía prestando a las creencias (la “transubstanciación”), asfixiaba todo intento de asomo de las nuevas ideas filosóficas.

El hilemorfismo aristotélico congeniaba mejor que el mecanicismo cartesiano o el atomismo de Gassendi, en las Facultades de Filosofía y Teología, monopolios de la Iglesia.

Pero monopolio no sólo en la Universidad, era en la vida misma y en la vida toda.

Para la Iglesia no todos pueden opinar, pues las opiniones pueden ser heréticas y peligrosas, aunque son, sobre todo, los moralistas los más reacios a la libertad de opinión.

¿Cómo emanciparse de la autoridad eclesiástica si ésta lo invade todo?

El primero que tiene interés en emanciparse de la tutoría eclesiástica es el mismo Rey y el gobierno de la nación (que antes tanto la han necesitado, justificando que “toda autoridad (también la del Rey) viene de Dios, siendo ella la intermediaria”).

Pero desde la llegada de los Borbones Iglesia y Monarquía echan un pulso en muchos terrenos, entre ellos el político y el económico.

Así, pues, por instigación real aparecerán documentos en los que se demuestra que los Reyes Españoles tenían derechos tradicionales para decidir soberanamente en asuntos de impuestos, de nombramientos o de regulación de la propiedad eclesiástica dentro de sus dominios.

Y también lo intentará hacerlo la Monarquía en el campo ideológico, mostrando su derecho de veto para libros y doctrinas, con la censura, llegando a prohibir hasta documentos pontificios.

La Iglesia, como la Nobleza, lucharán para mantener privilegios especiales y exenciones particulares escudándose en la autoridad suprema del Papa, que se beneficiaba de ingresos (que sacaba del país), con ingresos por dispensa de leyes en cuestiones de matrimonio, por ejemplo (anulaciones matrimoniales bien cobradas) o de disciplinas clericales.

Es la llamada “polémica regalista”.

La Monarquía consigue controlar los nombramientos y hacerse con las rentas de las sedes vacantes, controlando el poder económico de la Iglesia que, entre donaciones, testamentos, rentas,…. atesoraba un enorme capital “muerto”, del que el Rey no podía disponer para inversiones públicas, por ejemplo.

¿Es que Roma sabía algo sobre el bien común de los españoles, para disponer de su dinero?

Pero no sólo el “regalismo” es que era la vida política y ciudadana la que iba “laicizándose” cada vez más.

¿Qué pintaba, por ejemplo, un teólogo en un Consejo de Administración? ¿Qué sabe él de política mercantil o financiera, para poder decidir, con su voto?

Era la ocasión para la burguesía que, si de algo entendía, era de inversión, ganancia, utilidad,…

E igualmente ocurre con la moral.

Las guerras de religión declaradas por la jerarquía eclesiástica ha dejado de manifiesto lo poco humanitaria y menos civilizada que era.

Todo dogma va de la mano del fanatismo y de compañera lleva la sangre inocente derramada.

La convivencia pacífica, pues, no tiene por qué estar, y menos estar dirigida, por la Iglesia, basta, para ello, con el sentimiento humano, con el corazón de cada uno, con el sentido moral, individual e innato, como fuente de un comportamiento recto.

La moral no debe descansar en normas heterónomas, dictadas por una institución, la eclesiástica, que tan poco ejemplar ha sido a lo largo de la historia.

“La moral de preceptos”, de la Iglesia, debe estar sustituida por “la ética del sentimiento”.

El hombre, autónomo, guiándose por su propia conciencia, se emancipa de la tutoría moral interesada de la Iglesia.

Para “ser bueno y honrado” no hace falta la Iglesia, basta dejarse llevar por el “sentido moral”, altruista, por su conciencia privada.

Es una nueva moral humana, laica, independiente de cualquier credo religioso.

LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA (2).


 
La Ilustración en España poco o nada tuvo que ver con la Ilustración en Francia, en Inglaterra o en EEUU. Las fronteras geográficas y culturales estuvieron muy protegidas por los interesados de que aquí no prendiese la llama, aunque sí habría una evolución en el pensamiento de algunos que irían poniendo los pilares de la futura Constitución de Cádiz.

Y, frente al despotismo y al absolutismo, los revolucionarios y los románticos clamaban a favor de las libertades y de los derechos individuales, colocando cargas de profundidad en los cimientos del antiguo edificio social.

La Ilustración supone un cambio de paradigma social, político, religioso, ético,….al pasar de la mentalidad de vasallo, sometido al Rey, y de la mentalidad de feligrés, sometido a la Iglesia, única depositaria de la verdad revelada (la “única verdad auténtica”), a la mentalidad de ciudadano, libre, que sólo se somete a la voluntad general del pueblo, del que él forma parte, y que se refleja en una Constitución, no otorgada sino conseguida y consensuada, desde abajo, no desde el arriba, ni real ni divina.

España ya era “la reserva espiritual de Europa” y aquí la filosofía escolástica, tomista o suareciana, estaba tan asentada a través de las Universidades de la Iglesia, que asfixiaban, de raíz, todo intento innovador.

Los “novatores” no lo tuvieron fácil.

El pensamiento era casi “único”.

Igualmente el desprestigio de la profesión médica campaba a sus anchas, alimentada de erudición y citas de Hipócrates y Galeno, lo que suponía el desprestigio de la observación y experimentación (que –cosa curiosa- tan intensamente había llevado a cabo Hipócrates más de 2.000 años antes).

Lo que, durante toda la historia, había ocurrido con el trabajo manual, considerado indigno para la clase pudiente (para eso estaban los esclavos, los siervos y los obreros), lo mismo ocurría con la profesión médica en España.

Si el traje de seda no es el mono azul, nada tiene que ver la observación y experimentación (y el método inductivo), siempre individuales y concretas, con la certeza del método deductivo, universal.

El alimento del alma (la razón filosófica) sustituido por el sucedáneo del maná celestial dispensado por la Iglesia, mientras el cuerpo (materia y cárcel del alma) no merecería la atención y el cuidado al ser uno de los enemigos del alma.

Y la Iglesia, monopolizadora, así lo sentenciaba.

Mientras las autoridades tradicionales, bien filósofos escolásticos religiosos, bien médicos eruditos, no se sacudieran de encima y se emanciparan de la Iglesia, nada nuevo podía hacerse.

El método empírico, que parte de la observación y experimentación siempre individual, será siempre denigrado por la autoridad tradicional, defensora y habitante del método deductivo que parte de premisas “verdaderas” (sea la Biblia o los Santos Padres, sean las Autoridades de Hipócrates y Galeno o de Aristóteles).

“La Biblia dice”, “Santo Tomás dice” o “Hipócrates dice”, “Aristóteles dice”,... prima sobre lo que diga un particular o varios particulares actuales.

Si la verdad viene de arriba, a lo más que puede llegarse es a “clarificarla”, no a sustituirla.

Caminar desde abajo, de verdad en verdad, siempre supone la posibilidad del error de dar un salto equivocado, al subir, cuando todo es tan fácil, al bajar, desde la verdad establecida desde arriba.

Nada que ver el conocimiento, siempre provisional y superable”, de “incierta certeza”, con la “cierta certeza deductiva” de quien parte de la verdad ya establecida por la autoridad de Dios o autoridades históricas.

Es verdad que no hay evidencia lógica en las Ciencias Empíricas pero eso no le resta la condición de auténticas ciencias, al no ser Ciencias Formales, ni eso debe servir de desdoro científico. Son otro tipo de Ciencias.

La actitud escéptica, pues, es connatural a dichas Ciencias Experimentales, al usar el método inductivo-deductivo, el método hipotético deductivo.

Aunque la seguridad del saber desaparezca, no por eso, por andar sin cinturón de seguridad, se debe renunciar a la aventura del viaje.

Al revés que el dogmático que, al no admitir otras verdades que las suyas, descansa en el colchón psicológico de la estancia segura, renuncia, al mismo tiempo, al viaje del progreso en el conocimiento.

El dogmático todo, absolutamente todo, lo sabe con certeza, desde cómo es y cómo funciona el mundo, hasta las normas correctas de conducta o hasta quienes van a ir al cielo y quienes van a condenarse.

Los médicos españoles, los “novatores”, fueron los primeros científicos que se apartaron del sistema universitario vigente y fuertemente implantado, comenzando a crear “tertulias”, lugares de encuentro de observadores y experimentadores, intercambiando conocimientos, partiendo de que el otro contertulio, con sus conocimientos, podía tener igual, menos o más razón que él mismo, esgrimiendo, siempre, los mismos argumentos, los datos empíricos.

Famosas fueron estas “tertulias” de medicina, en Sevilla.

Estas tertulias, en casas particulares, serán los anticipos de las Academias, ya en el siglo XVIII.

Era una primera alternativa a la Universidad, aunque no expidieran título alguno de cierto prestigio, significando una primera ruptura con la tradición del “saber griego y latino” como único saber a enseñar y a aprender.

Mientras este nuevo médico quiere aprender y aprende palpando al enfermo, esto mismo sería un desdoro para un médico-profesor universitario, al mancharse las manos con tan baja práctica médica, para eso estaban los cirujanos, sin estudios.

Nunca un sacamuelas o un sangrador necesitaron estudios universitarios de odontología o de medicina, como un farmacéutico no necesitaba estudios de química para hacer sus fórmulas magistrales.

El padre maestro Benito Jerónimo Feijoo, en los 8 volúmenes (más 1 de suplementos) de su Teatro Crítico Universal, en sus 118 discursos, así como sus 163 “Cartas eruditas y curiosas” enseñaba a sus lectores a pensar escépticamente, a vivir sin la seguridad del saber, a descubrir la falibilidad de cuando recibieron y aprendieron de sus mayores.

Y no es que, precisamente él, fuera un descreído, sencillamente era un crítico, un ilustrado.

Y puede uno imaginarse el grito en el cielo por parte de los profesores universitarios y jerarcas eclesiásticos, “en posesión del saber”.

(Véase, post, Feijoo 1 y 2)

Estudiantes que ponen entre paréntesis la Filosofía Escolástica, única filosofía verdadera, y pacientes que dudan y desconfían de sus médicos de toda la vida, con título universitario.

Feijoo denunciará casos de falsos milagros, de tradiciones piadosas sin fundamento histórico alguno, de cuestiones morales mal planteadas o peor decididas.

Defenderá la experiencia (seguidor y admirador de Bacon) y juicios propios sobre tabúes y miedos que impone la opinión general.

“¿Por qué –se preguntaba- no puede/no debe comerse nada después de comer chocolate?”. Su único fundamento era que todos lo repetían.

Por lo que él mismo hará la prueba, lo experimentará, comiendo muchos melocotones tras ingerir un gran vaso de chocolate y no ocurriéndole nada, no muriéndose.

Igualmente hará pruebas al enfrentarse con supuestos vampiros y fantasmas, y tampoco pasándole nada.

¿Por qué creer lo que otros dicen que ocurre y no creerme a mi mismo si estoy experimentándolo y no me ocurre nada de eso que dicen que ocurrirá?

Pruebas empíricas y actitud de desconfianza hacia las opiniones ajenas comunes.

Algo no va a ser verdad por el único argumento de que “todos lo dicen.”

Pienso en Galileo y la anécdota de los babilónicos con el calentamiento de los huevos en la honda, al girarla velozmente y pienso en Kant pensando que Feijoo podría haber sentenciado: “observare et experiri aude” (“atrévete a observar y a experimentar por ti mismo”).

Pero también le levanta las faldas a la tradición religiosa, a los milagros tradicionalmente admitidos, a lo que narran los historiadores eclesiásticos.

Es un ilustrado que se distingue por desobedecer y no aceptar la opinión de autoridad alguna.

Se declara como “escéptico”, no pirrónico, sino como una actitud de cautela.

El argumento de autoridad –como ya había afirmado Galileo- es el argumento más débil de todos los argumentos.

Era la “medicina galénica” versus la “medicina experimental”.

Eran “los textos” versus las “observaciones y experimentos”.

Rechaza toda heteronomía en cuestiones de conocimiento natural.

Esta incipiente medicina autónoma desplaza, también, a los confesionarios en cuestiones de moral, de sexualidad, empezando a valorarse la dietética y la higiene.

No se puede ser cartesiano, en el conocimiento natural, en un ambiente empírico.

Newton era un maestro empírico a imitar, a pesar de que la invisible fuerza de la gravitación y el aparato matemático de esa teoría le parezca un retorno a los sistemas y conocimientos dogmáticos.

Locke (su doctrina) triunfará pronto en España, en su defensa del origen sensible del conocimiento, su “tabula rasa in qua nihil…”

Igualmente Condillac, con su sensismo.

Como el escepticismo evita consecuencias metafísicas y antirreligiosas (lo que no evita el materialismo, que niega seres sobrenaturales, la inmortalidad del alma,…) será mejor aceptado que el materialismo.

Pero no todas fueron alabanzas. También la Ilustración tiene/tuvo su leyenda negra y sus detractores.

En España, en concreto, Don Marcelino Menéndez Pelayo, que tuvo que admitir que algo raro y nuevo había sucedido en aquella centuria, pero que denominaría “afrancesados”, despectivamente, a quienes se apartaron de la tradición y de la ortodoxia tradicional.

Lo que intentaba no era describir los hechos sino arengar a sus paisanos en la lucha contra el liberalismo.

¡Como si en España no hubiera habido  herejes y auténticos heterodoxos!

Menéndez Pelayo veía la Ilustración desde la perspectiva del catolicismo del siglo XIX, por lo que fue un nostálgico del pasado y, junto a otros del mismo corte, tacharían al Siglo de las Luces como materialista y ateo, en un tono de condena y escándalo.

Más arriba, sin embargo, hemos afirmado que fue un siglo más escéptico que materialista (aunque alguno había), y teísta más que ateo (aunque alguno hubiera).

Aunque, también, haya habido desde defensores exagerados de una auténtica Ilustración en España hasta los que lo niegan admitiendo, en cambio, un desarrollo material y moral gracias al prestigio de Carlos III, nuestro “rey ilustrado” y sus ministros, aunque todo se perdiera con Carlos IV.

 

 

LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA (1).


 
¿Pero es que hubo, realmente, Ilustración es España?

Mis lectores saben que es uno de mis tres períodos culturales y filosóficos por excelencia, LA ILUSTRACIÓN.

         1.- La Ilustración griega, con el cambio de paradigma desde la mentalidad mítica y los primeros escarceos racionales sobra la “naturaleza” al paradigma antropológico y racional ya, históricamente, definitivo.

         2.- El Renacimiento, con el cambio de paradigma cosmológico geocéntrico y vitalmente teocéntrico al heliocéntrico, científico y antropocéntrico, además del abandono del monopolio religioso de Roma.

         3.- La Ilustración europea con el cambio de mentalidad aristocrática, eclesiástica y absolutista al ascenso de la burguesía, la mentalidad laica y, en política, el nacimiento de la democracia.

He escrito bastante, este julio pasado, sobre Ilustración. Pero ahora quiero centrarme en España.

Si hubo o no hubo Ilustración en España, lo cierto y verdad es que se dio con una falta de sincronismo con los países europeos.

Cuando uno recorre la nómina de “vacas sagradas” ilustradas francesas, inglesas y alemanas y las compara con las apenas “ternerillas” españolas que, pese a tantos obstáculos, llegó, sin embargo, como en un acto mimético de influencias procedentes de la Revolución Francesa, a la Pepa de 1.812 que siendo, teóricamente progresista, España pronto daría muestras de moverse mejor en el casticismo y en el “vivan las caenas” tanto de la Monarquía como de la omnipotente (¿) Jerarquía Eclesiástica, condenando todo lo que sonase a “modernidad”.

Esa sociedad abierta, laica, tolerante en religión y democrática en política que se instala en Europa ¿estaba el terreno abonado y germinó en la España del XVIII?

La verdad es que España estaba sumida en una crisis de metástasis: económica-, política-, militar- y culturalmente.

Aunque la Ilustración no fuera “toda luz” sí que hubo muchas luces y la luminosidad fue asentándose en Europa.

El lema “Liberté, aequalité y fraternité”, en nombre y por respeto al hombre, dista mucho de la “obediencia” a toda autoridad, civil y eclesiástica, “que proviene de Dios”, del dominio de las clases altas, “querido por Dios” y no de la “igualdad de todos los hombres”, y de la caridad cristiana, propia de los principios morales cristianos, como remiendo, sustituto o sucedáneo de la injusticia establecida.

El altruismo, en nombre de Dios y como billete seguro para conseguir la vida eterna, al ser todos “hijos de Dios”, está muy distante de la “solidaridad” humana entre todos los hombres, por el mero y simple hecho de ser hombres, libres e iguales desde el mismo momento de nacer.

La “austeridad” como virtud, exigida al pueblo llano para su salvación, es la gran ausente en la Jerarquía Eclesiástica y su eterno, aunque callado, consejo de “haced lo que nosotros decimos, no hagáis lo que nosotros hacemos”, “atended a nuestras palabras, no os fijéis en nuestra conducta”.

España era diferente.

El espíritu de Trento estaba bien plantado, con profundas raíces y muy frondoso.

Las Universidades mostraban una actitud cerrada y hostil a las novedades, tanto en Filosofía como en Ciencias.

La Doctrina Social de la Iglesia no daría muestras de vida, ante la injusticia reinante, hasta 1.892, con la “De rerum novarum” de León XIII y, posteriormente, habría que esperar a los años 30 del siglo XX para que viera la luz la “Quadragessimo anno”, mientras la sociedad civil, ajena a la Iglesia, por su cuenta y riesgo, había emprendido la batalla para conseguir una vida digna y la mejora de las condiciones laborales, desoyendo el consejo religioso de las “buenaventuranzas” de que cuanto peor aquí abajo y ahora, mejor allí arriba y tras la muerte, en esa hipotética vida terna feliz, primero creada y luego creída y soñada.

La legitimación teocrática de las tres jerarquías sociales (Monarquía, Aristocracia y Clero), así como la transmisión autoritaria y unidireccional y monopolística del saber (las “universidades eclesiásticas”) fueron siendo desmontadas progresivamente con la oposición frontal de la Iglesia Oficial, que se identificó y se alió preferentemente con quienes se aferraban al Antiguo Régimen en un concierto real de “do ut des”.

El abandono de los pilares y cimientos morales y religiosos y las nuevas infraestructuras que van a ir sustituyéndolos no pueden ser los responsables y culpables de las futuras guerras mundiales del siglo XX, como ha sido interpretado por algunos nostálgicos.

(¡Como si no hubiera habido cruzadas, guerras de religión, persecuciones, Santas Inquisiciones, hogueras,…. y demás, con el sello de la Religión Cristiana y el Papado como oficiante principal de las mismas, durante tantos siglos¡).

¿Por qué “la luz de la razón humana” iba a iluminar menos y peor que “la luz de la revelación divina” cuando la razón era una y la misma para todos los hombres, universal, mientras que la revelación nunca era universal sino que iba de la mano, asociada, a los distintos dioses “reveladores”, de las, al menos tres, Religiones del Libro?.

“Saber” no es “creer”.

Se cree en algo ante la ausencia  de un saber presente sobre eso algo o ante la imposibilidad de saberlo, por su carácter metafísico, y para calmar la incómoda inseguridad psicológica  y poder “agarrarse, aferrarse a algo, como tabla de salvación”.

Son muchas las gentes que no se conforman con vivir en la inseguridad cognoscitiva, vivir a la intemperie en el conocimiento, necesitan paraguas. Y ahí está la fe.

No puede negarse que el “saber” siempre es bueno, ajeno al posterior uso que de él se haga.

Por ejemplo, la desintegración del átomo y tanto la energía atómica como la bomba atómica, como efectos.

La Ilustración, empero, no fue un “bloque compacto” de “todo o nada”, no fue un movimiento homogéneo, ni en extensión ni en profundidad.

En Austria, Rusia y Suecia, incluso en Italia, no fue la misma que en Inglaterra, Francia, Holanda y Alemania.

Incluso el modelo constitucional de Inglaterra y el de EEUU fue diferente al que, más tarde, exportó el imperialismo de la Revolución Francesa y/o Napoleón Bonaparte.

Las naciones católicas y las de la Reforma Protestante partieron de presupuestos sociales muy diferentes y llegaron al siglo XIX con estructuras sociales muy distintas.

La revolución industrial, el protagonismo de la burguesía o la creación de logias masónicas no se instalaron de igual modo en todas las naciones.

Lo común a todas las naciones fue de carácter cultural y de emancipación, tanto individual como colectiva, frente a las instituciones monopolizadoras de poder ideológico, político, religioso,…pero los ritmos y la intensidad no fueron uniformes.

El triunfo, el fracaso o la ralentización de la ilustración no fue igual en todas las naciones.

Mientras en unas triunfó de inmediato, en otras, apenas surgida y puesta en marcha, fue abortada por movimientos antiilustrados, aunque quedara un rescoldo.

Los cambios sociales y políticos suponen, previamente, una producción cultural que los hace comprensibles, pero en España, por los diversos obstáculos no era así.