miércoles, 7 de agosto de 2013

¿TIENE SENTIDO LA VIDA?


Otro de mis filósofos españoles preferidos, Jesús Mosterín, en su obra “Racionalidad y acción humana” se lo pregunta.

“No tiene sentido (no sirve para nada) plantear la pregunta por el sentido del mundo o por el sentido de la vida. Se trata de preguntas mal planteadas. No podemos preguntar cuál es “el sentido del mundo”, porque el mundo no es algo que dependa de ninguna conciencia o voluntad, y por tanto no es algo que pueda tener sentido.

Esa pregunta sólo podría ser planteada, sólo podría tener sentido si hubiera un dios omnipotente que decidiese continuamente cada hecho del universo en función de los fines suyos, aunque éstos no fueran conocidos por nosotros – como solía decirse “los designios de la providencia son impenetrables”-

Sólo en ese caso la pregunta tendría sentido, incluso respuesta afirmativa: los fines o designios de ese dios constituirían el sentido del mundo.

Tampoco podemos preguntar cuál es “el sentido de la vida”, pues la vida, como tal, no es un proceso consciente, teleológico, sino un proceso no consciente, bioquímico, causal.

Ni el mundo ni la vida tiene sentido y, aún menos, “sentido último”.

Lo que sí podemos preguntarnos es cuál es (si es que es alguno) el “sentido que queremos darle a nuestra vida”

Nuestra vida que, de por sí, carece de sentido, como la vida en general, es susceptible, sin embargo, de “recibir, de nosotros mismos, UN sentido: EL QUE QUERAMOS DARLE”

Hasta aquí Mosterín.


Y pregunto yo: ¿Cuál es el sentido del sol, de los volcanes, de las montañas, de la lluvia,….? NINGUNO.

No tienen sentido a no ser que alguien crea que los ocasiona un dios, consciente, y que sabe por qué/para qué los hace, allá él y su finalidad, él sabrá para qué los ha creado.

El sol no es un astro, con luz propia, PARA calentar a los hombres, dar vida a las plantas,…..sino que PORQUE tiene luz….

No puede hablarse de Teleología, de Finalidad, de Sentido,…. sin un ser que, al ocasionarlos, lo hace con una Finalidad, como quien hace una silla o una mesa.

¿PARA QUÉ existen los hechos naturales? Para NADA.

La lluvia, precisamente el día que el niño iba a ir de excursión al campo, no es PARA castigarlo por no haberse portado bien…….

La lluvia, como la montaña,…tienen Causa Eficiente (la baja presión o las fuerzas orogénicas) pero no las causan PARA. Lo hacen, pero no PARA algo. No tienen SENTIDO sus existencias, sencillamente, existen.

Otra cosa es el Sentido, la finalidad, que tú y yo, seres conscientes, les demos, bien para hacer senderismo, practicar la caza, estudiar sus rocas, construir chalets,….o para lavarse, para beber, para llenar la piscina, para tirar de la cadena,….

LA VIDA, LA CARRETERA Y LA MEDICINA.


El Código de Circulación no está en la carretera como el prospecto y las instrucciones de uso o de dosis no están en las pastillas para la próstata.

La carretera y las pastillas están ahí, independientes de mí y ajenas a todo Código y a todo prospecto, independientes de ellos. De hecho si el prospecto se pierde y el Código de Circulación se olvida o se incumple ellas seguirían estando sin ellos.

El Código y el prospecto deben estar en la mente del conductor o del enfermo. Ni siquiera en el Ministro de Transportes, que legisla, ni en el médico que receta.

Ellas no tienen sentido. El sentido se lo damos o no se lo damos nosotros.

Con la Vida ocurre como con la carretera y las pastillas. La vida no tiene sentido independientemente de quien está viviéndola. Somos cada uno de nosotros quien se lo da o no se lo da, se lo da de una manera o de otra.

Cuando leo u oigo la pregunta de “Cuál es el sentido de la vida” suelo, internamente, cabrearme.

Pero lo mismo que ocurre con el “sentido” de la vida ocurre con el “valor” de la misma.

La vida es un hecho, está ahí. Somos cada uno de nosotros quien la valoramos, en mucho, en poco o en nada. Hay quien disfruta viviendo, quien soporta la vida y quien se suicida o mata.

Somos los hombres los “donantes de sentido y de valor”.

HISTORIA DE UN ELEFANTE.


“Érase una vez que se encontraban alrededor de Buda varias personas discutiendo.

Mientras uno decía: “el mundo es eterno. Ésta es la verdad. Y lo demás es falso”, otro opinaba lo contrario: “el mundo no es eterno. Ésta es la verdad. Y lo demás es falso”.

Mientras uno opinaba: “el mundo es limitado. Ésta es la verdad. Y lo demás es falso”, otro opinaba lo contrario: “el mundo es ilimitado. Ésta es la verdad. Y lo demás es falso”.

Mientras uno afirmaba: “el alma es lo mismo que el cuerpo. Ésta es la verdad. Y lo demás es falso”, otro afirmaba lo contrario: “el alma es una cosa y el cuerpo otra cosa distinta. Ésta es la verdad. Y lo demás es falso”.

Y discutían y discutían. Hasta se peleaban y se agredían, al tiempo que cada uno porfiaba: “la verdad es así; la verdad no es así”.

Así que fueron a contarle todo esto a Buda y éste le contó una historia:

         “Hubo una vez un rey que mandó reunir a todos los ciegos de nacimiento, a los que les mostró un elefante que, naturalmente, ninguno veía.

Así que a unos lo colocó junto a la cabeza del elefante, la palparon, la manosearon y sentenciaron: “ciegos, compañeros, así es el elefante”. Y así fue colocando, por grupos, a todos los ciegos junto a las distintas partes del elefante y, cuando hubo terminado, les preguntó:

         - “¿Habéis palpado al elefante?”

A lo que todos respondieron que sí.

Entonces Buda les preguntó cómo era el elefante.

Los ciegos que habían palpado la cabeza respondieron: “el elefante era como un cántaro”, mientras que los que  habían palpado la oreja sentenciaron: “el elefante es como un gran cesto para aventar el trigo”.

Mientras los que habían tocado el colmillo afirmaron: “el elefante es como el timón del arado”, los que habían palpado el cuerpo sentenciaron: “el elefante es como un granero”.

Mientras los que habían palpado el pie sentenciaron: “el elefante es como la base de un pilar”, los que habían tocado la pata afirmaron: “el elefante era como un mortero”.

Mientras los que habían tocado la cola afirmaron: “el elefante es como la mano de un mortero”, los que habían tocado el extremo de la cola sentenciaron: “el elefante es como una escoba”.

Todos y cada uno de los grupos de ciegos fueron afirmando que el elefante era así o que el elefante no era así. Y discutían; y se peleaban; y se agredían a puñetazos y a patadas.

Y el rey estaba encantado con la escena que estaba presenciando”

“Así –dijo Buda- , de la misma manera, son los hombres, como los ciegos, que como sólo ven una parte del elefante, de la realidad, discuten y discuten, y se pelean por defender e imponer que “su” versión, “su verdad” es “la verdad” y todas las demás versiones son falsas”.

¿Podrían ponerse de acuerdo los ciegos en algo?

¿Son todas las teorías humanas, sobre la realidad, parciales? ¿Son todas igual de verdaderas y/o igual de falsas? ¿Es posible una síntesis global de todas ellas? ¿Sería ésta, también, parcial?

¿No están todos los hombres “circunstanciados”, ubicados en un tiempo, en un lugar, en una cultura, en una ideología, en una mentalidad, en una religión,…? (en una parte del elefante)… y, según sea esa circunstancia, la realidad se verá así o de otra manera? ¿No serían ridículas las porfías y las peleas? ¿Cómo van a verse igual Los Pirineos desde España que desde Francia? ¿Cómo va a verse igual el hombre desde una religión que desde un laicismo?, ¿desde la creencia “creacionista” que desde la ciencia “evolucionista”?

Pero, aunque todo sea “perspectiva”, ¿son iguales, valen lo mismo, una perspectiva que otra, dando pos supuesto que ninguna de ellas es “la” perspectiva (lo que sería una “contraditio in terminis”), sino “una” perspectiva? ¿Hay alguna más privilegiada que otra? ¿Se ve igual la catedral de Málaga desde La Plaza del Obispo que desde  la Plaza de Uncibay?

Es verdad que “todas valen”, pero ¿“valen todas igual”?

PROTÁGORAS PURO. RELATIVISMO. PERSPECTIVISMO ORTEGUIANO.

domingo, 4 de agosto de 2013

A LA INTEMPERIE y EN LA DESAFECCIÓN.


Se habla tanto (y es verdad) que padecemos una crisis económica de caballo que está dejando vacíos nuestros bolsillos.

O no entra nada en ellos, a no ser por  la caridad cristiana o por la ridícula justicia gubernamental, o si algo entra según entra se sale para pagar subidas varias de impuestos, tasas, servicios,….

VIVIMOS A LA INTEMPERIE.

Pero sufrimos, también, otra crisis, en este caso, de yegua, es la crisis política y democrática.

Nunca ha habido tanta desilusión con nuestra democracia y tanto hartazgo de los po0líticos que nos gobiernan, nos han gobernado y/o aspiran a gobernarnos.

Cuando se nos está rompiendo la cintura por quedarse sin botones la correa, los políticos han descubierto los tirantes.

En un platillo de la balanza los más de 5 millones de parados, muchos de ellos ya sin cobrar el subsidio de desempleo y que han tenido que volver a la casa paterna, pero con mujer e hijos, y estirando la pensión del padre y en el otro una élite, endogámica, que han hecho carrera de y en la política, que han entrado a “servirse de” y no a “servir a”, con sueldo escandalosos en la actual coyuntura, con dietas exageradas y, además, una corrupción campante en cuanto levantas cualquier piedra, de cualquier partido político, cuyo argumento de defensa es el “y tú más”, lo que quiere decir que “yo también”, como si ello fuera una razón o justificación.

VIVIMOS EN LA DESAFECCIÓN.

Pero cuando se tiene el estómago  en ayunas y los bolsillos vacíos, y cuando, además, como desafiantes, ves pasar ante ti a unos privilegiados, a los que tenemos no sólo que mantener, sino sufragarle una mejor vida, presente y futura, no solemos caer en la cuenta de esa otra crisis, la “Cultural”, el modelo cutre de Telecinco, alimentando de mierda la propia alma.

Sin pan para el cuerpo y con mierda para el alma.

Observamos, pues, la Enseñanza, el uso del Lenguaje  y el nivel de Lectura y hasta a los cojos les dan ganas de echar a correr.

EL MANDO A DISTANCIA.

Yo no sé vosotros, padres y madres jóvenes, que tenéis niños pequeños.

Yo llevo un mes con mi Santi y, desde el primer día, sin hablar, sin decírmelo, me lo dijo: “Yayo (ese soy yo) el mando es mío”. Así que las noticias, por la radio.

Y, desde ese día, si salgo de CLAN es para ir a DISNEY CHANEL, y si salgo de éste es para entrar en BOING.
Llevo un mes en que POCOYÓ, DORA LA EXPLORADORA, DORAMON Y NAVITA, BOB ESPONJA, PATRICIO  Y CALAMARDO ya son como de la familia

SI LOS TIBURONES FUERAN HOMBRES.


Todos hemos dicho y oído, más de una vez, que “el pez grande se come al chico”, que “la justicia no es igual para todos”, que “el neocapitalismo es la ley de la selva, la ley del más fuerte”,… y que siguen vigentes hoy, en las sociedades y estados modernos aunque, eso sí, camuflados, de manera encubierta y no manifiesta. Sólo hay que leer el significado latente.

La justicia nos parece que no se aplica igual para el rico que para el pobre, para el ladrón de guante blanco que para el simple ladronzuelo, para el político que para el ciudadano de la calle.

Y solemos decir que el Derecho, la Justicia, la Democracia,….no son sino palabras bonitas, biensonantes, pero que ocultan una dominación muy sutil, pero no menos salvaje.

El texto, irónico, de B. Brecht, de su obra “Historias de almanaque”, es sumamente ilustrativo.

“SI LOS TIBURONES FUERAN HOMBRES –preguntó al señor K, la hija pequeña de la patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos?

-         Cierto que sí- respondió el señor K.

Si los tiburones fueran hombres harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se les enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Pues necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría. También se les enseñaría a tener fe en los tiburones y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececitos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececito mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo, inmediatamente, a los tiburones.

Si los tiburones fueran hombres se harían, naturalmente, la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase, en una guerra, a algunos pececillos enemigos, de esos que callan en otros idiomas, se le concedería una medalla y se le otorgaría, además, el título de “héroe”.

Si los tiburones fueran hombres también tendrían su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como hermosos jardines de recreo en los que da gusto retozar.

Los teatros del fondo del mar mostrarían a hermosos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.

Habría, así mismo, una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza, para los pececillos, en el estómago de los tiburones.

Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales, como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños, Los tiburones verían esta práctica con agrado pues les proporcionaría mayores bocados.

Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros y oficiales, ingenieros en la construcción de cajas, etc…

En una palabra, habría, por fin, en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres”

¡Vaya repaso a nuestro mundo occidental¡ Nada queda fuera de esta critica. Ni el estado ni la iglesia, ni los capitalistas ni el ejército, ni la administración ni el arte, ni la cultura ni la religión, ni la moral ni la enseñanza.

¡CHAPEAU¡ MAESTRO BRECHT.

Del que, en mis tiempos universitarios, ensayamos una obra suya, aunque nunca logramos representarla. Creo que era “El Círculo de tiza caucasiano”.

LA LARVA RACIONALISTA.


 
“Esos indios de América del Sur iban completamente desnudos pero, en cambio, se cubrían la cabeza.

Cuando nacía un niño le ponían una especie de casco, muy incómodo, hecho de corteza de árbol,

Los hombres, las mujeres y los niños se cubrían la cabeza con ese casco de corteza desde la cuna hasta la tumba.

Iban desnudos, pero nunca descubiertos.

Dormían con el casco, hacían el amor con el casco puesto, se alegraban y se entristecían siempre con el casco en la cabeza.

Era un casco sólido, parecido al de los caballeros de la Edad Media.

         - Hay gente “pa tó” –que diría El Guerra cuando le presentaron a D. José Ortega y Gasset y le informaron que era “filósofo”.

O sea. Con los órganos genitales a la vista y sólo la cabeza “encasquetada”. Además, con un casco incómodo, de corteza de árbol, durante toda la vida. Hasta para hacer el amor. Eso se llama “inmersión cultural”. Algo atávico. Recibido de generación en generación. Y todo ello sólo por….

Y todo ello debido a que, en esa región, pulula un insecto cuya picadura, si es en los brazos, en las piernas, en los ojos o en el pecho, no tiene ninguna consecuencia.

Esta mosca tiene un aguijón tan largo como una aguja de inyecciones.

Pero si dicho insecto consigue picar la cabeza su picadura es gravísima. Perfora la piel del cráneo. En el lugar de la picadura, y bajo la piel, se desarrolla una larva que taladra los huesos del cráneo.

Dicha larva no manifiesta ningún interés por la piel o la carne del hombre. Busca sólo el cerebro. Se trata de una larva que sólo puede vivir en la materia gris del cerebro humano.

         - Pues ya no es tan ridículo el ir, siempre, encasquetado.

El cerebro humano es la más hermosa y la más tierna entre todas las materias que existen en el universo; la más hermosa y la más noble. Sólo en esa materia puede vivir la larva. Y, ya que sólo puede vivir en el cerebro, se la ha llamado la LARVA RACIONALISTA.

Una vez en el cerebro se multiplica con aterradora rapidez. Para ello sólo necesita una cosa: la materia gris del cerebro humano. Eso es todo. Y se multiplica.

Aparecen, entonces, centenares y miles de gusanos racionalistas. Roen el cerebro humano por todas partes, por compartimentos.

         - Esto sí que ya tiene sentido total, se comprende el encasquetamiento.

El hombre al que uno de estos gusanos ha penetrado en el cerebro pierde, primeramente, la alegría. Luego, la tristeza. Y nunca más vuelve a estar alegre o triste.

El gusano racionalista devora, enseguida, otro fragmento del cerebro: el hombre ya no tiene ninguna clase de ideales, ya no tiene ninguna clase de esperanza.

Más tarde, el hombre que tiene este gusano en la cabeza pierde el sentido de la dirección. Todas las direcciones le parecen iguales.

A su vez, la voluntad empieza a ser roída. Todo lo que pueda ocurrirle le deja indiferente. No tiene frío, ni hambre, ni calor, ni sed.

Este hombre tiene una resistencia terrible. Puede vivir durante mucho tiempo entre los demás hombres. Pero vive como un objeto insensible. Y es el más obediente de los hombres.

No tiene ninguna preferencia. Y si se le ordena que se eche al fuego se tira al fuego.

El gusano ha roído sus ilusiones, e incluso su deseo de vivir.

         - ¡Chapeau¡ Indios de América del Sur. Porque, además, eso lo habéis descubierto con el dilatado saber precientífico, el denominado “saber vulgar”. Un saber de la experiencia, acumulada y transmitida.

         Nosotros, ahora, los “científicos”, decimos lo mismo, pero hemos sustituido vuestras “cascos” por nuestras “vacunas” para entrenar y preparar, previamente, al cuerpo por si esa u otra “larva racionalista” y sus consecuencias se le ocurriera “picarnos”, pero nosotros la hemos bautizado con nuevos y modernos nombres, como “virus”, “bacterias”, “infecciones”, “cáncer”, “metástasis”,….

Y como nosotros ya no nos “encasquetamos”, por si acaso ese insecto “cabezudo” se le ocurriera “picarnos” acabaríamos con él, si lo cogemos a tiempo, seguramente, con el nuevo remedio al que denominamos “penicilina”, “cirugía”, “radioterapia”, “quimioterapia”…

         Pero si vosotros, “encasquetados” evitáis las consecuencias, nosotros, todavía, no hemos encontrado la solución para el Alzhéimer.

(C.V. GHEORGHIU. “Los sacrificados del Danubio”. Barcelona. Caralt. 1.965. II, 8).