domingo, 9 de febrero de 2014

7.-8. ¿CONSERVAR LAS TRADICIONES?.


¿SÍ?. ¿Por qué sí?. ¿NO?.¿Por qué no?.

La tradición siempre va unida al pasado y a él pertenece. ¿Debe seguir vigente en el presente?. Pues, como diría Pau Donés o Jarabe De Palo: “Depende”.

Si es algo bueno o virtuoso, por supuesto que hay que conservarlo. Pero si, por el contrario, es algo malo o vicioso, hasta aquí llegó.

(En otros lugares he escrito sobre “Las tradiciones”).

¿Qué opinan Uds. del boxeo, o de los toros, en general, y del Toro de La Vega, en particular, en Tordesillas, tradición de origen medieval, o del lanzamiento de la Cabra desde el campanario, en Manganeses de la Polvorosa (Zamora), o el lanzamiento, también desde el campanario, de la Pava en Calzalilla (Jaén), o de la esclavitud, o del trabajo infantil, o de la ablación del clítoris, o del cinturón de castidad, o del machismo y el maltrato a la mujer, o del ahorcamiento de los homosexuales, o de la quema de brujas, o del Índice de libros prohibidos, o de los castigos de la Santa(¿) Inquisición, o el derecho divino de los Reyes, o la autoridad de la Iglesia en la vida y costumbres de la ciudadanía, o la exposición de niños, o el derecho de pernada, o la vestimenta femenina,…….?. ¿Los conservamos, puesto que son/han sido tradicionales?.

¿Puede ser “la tradición” (su vigencia en el pasado) el argumento supremo (aunque sea bárbaro) para que siga vigente en la actualidad?.

¿Qué pintan, hoy, las autoridades políticas y la Guardia Civil presidiendo el desfile en la procesión del día de San Clemente (patrón de mi pueblo) y en los primeros bancos de la Iglesia, en la Misa Mayor?

Ya no digo de “la entrada bajo palio de “un fresco general procedente del Nordeste de España”.

Yo recuerdo las comidas de mi abuela, cocinadas con manteca, que hoy serían “pecado culinario”, pero con el trabajo agotador en el campo se quemaban todas las calorías ingeridas (plato de sopa de fideo + plato de garbanzos + tocino + chorizo + más relleno + oreja/morro/rabo de cerdo + trozo de carne y, de postre casi medio melón o medio kilo de uvas (no he exagerado).

No mantengo la tradición, porque, en mi ritmo de vida, me intereso por mi salud y eso me mataría.

“La verdura “pa” los conejos” –era un dicho familiar y popular.

¿Es que lo antiguo vale, tiene prestigio, sólo por ser antiguo, por ser tradicional?.

¡El prestigio de los orígenes¡ Como si el reloj del tiempo se hubiese estropeado, parado y siguiera siendo la misma hora¡

“Oiga, profesor, que yo desciendo, directamente, de Alcalá Zamora,  Presidente de la segunda República” –tuve que oírlo de un alumno hace muchos años.

Como si un ascendente imprimiera carácter en un descendiente lejano.

¡El prestigio del tiempo y de la diferencia¡.

¡”Es que, desde tiempo inmemorial hemos sido diferentes”. “Orgullosos de haber sido y seguir siendo diferentes”

¡Como si la “diferencia” pudiera ser fundamento de la riqueza de una tradición¡

Además, “tradición” no significa sólo “antigüedad” (¿alguien quiere restablecer, como prestigio de buen comensal, los vomitorios romanos junto a los comedores de lujo?)

Lo tradicional es lo antiguo que ha pasado, en cadena, de padres a hijos. Pero los Hechos nunca implican Derechos. De que “así ha sido hasta ahora”, “siempre ha sido así”, no puede deducirse que “debe seguir siéndolo”.

De la “existencia de un Hecho” no puede deducirse ni un Derecho ni un Deber.

La tradición, un Hecho, no puede ser fundamento de legitimidad.

Precisamente, si hemos progresado es porque hemos dejado de lado, abandonadas, aparcadas, las ideas y las prácticas de nuestros antepasados.

Acabo de llegar de la consulta de mi médico, por un constipado atroz. Mi abuela ya me habría hecho tomar un vaso de vino blanco con un huevo batido. El médico me ha recetado un jarabe.

¿Dónde estaríamos si hubiéramos seguido repitiendo, y repitiendo, los usos y costumbres de todo tipo?.

¿No debemos revisar y/o transformar y/o suprimir y abandonar algunas de nuestras tradiciones?.

¿Cómo van a ser iguales los Principios Morales (y de todo tipo) del siglo XXI, que los de nuestros antepasados, a la luz de los cuales se juzgaban y deben juzgarse las tradiciones?.

Bajemos a la doliente España, de nuestras entretelas.

¿Tiene sentido seguir manteniendo La Tradición Foral (el Pacto Fiscal) de Navarra y del País Vasco, y que, ahora, también, la quiere/la exige Cataluña?.

 ¿Derechos Históricos?. ¿Y eso qué es?, ¿Y por qué?.

¿No dice nuestra Constitución, por la que nos regimos, que “todos los españoles somos iguales”?.

¿No deben ser la Igualdad y la Justicia los criterios de convivencia y no la Historia?.

Cuando los Derechos no eran “individuales” sino “territoriales” y “reales” un Rey podía conceder a ese territorio un Derecho especial, por los servicios prestados a su causa, pero ¿y cuando hablamos de personas, individuales?.

Bien(¿) estaba cuando no había “ciudadanos” sino “súbditos”, cuando no había “leyes nacionales” sino “leyes locales”. ¿Pero HOY?

Si el fundamento de esos privilegios ha tiempo que desapareció, ¿por qué siguen vigentes sus secuelas?. ¿Tienen algún tipo de justificación?.

¿Por qué “todos los españoles no somos iguales”, si la Constitución por la que nos regimos dice que…..

El Papa, el Señorito, el Patrón, la Sangre, la Raza, la Casta, el Varón,….. ¿Cómo criterios de selección en el siglo XXI?

 

 

 

viernes, 7 de febrero de 2014

7.-7. ¿CULTURAS SUPERIORES E INFERIORES?. LA DEMOCRACIA.



He dejado escrito, en varios sitios, que la historia de la humanidad, más que la historia de la verdad, es la historia de los errores humanos. Porque lo más fácil es errar, equivocarse. Y lo sensato es darse cuenta del error e intentar un nuevo camino. Y a base de errores y rectificaciones vamos avanzando.

“El camino hacia la sabiduría es sencillísimo de recorrer. Consiste en equivocarse, equivocarse, volver a equivocarse, pero cada vez un poquito menos” –dice no sé quién, filósofo.
Cuanto menos te equivoques, un poquito más sabio eres, sabiendo que nunca vas a ser como Dios y que tu caminar no tiene fin, porque siempre, un poquito más allá de donde has llegado, hay una verdad mayor o superior.
Si la sabiduría es conocer lo que somos y tenemos, y habitar en ello, el sabio no es el que más tiene sino el que mejor se conoce y sabe qué puede hacer con ello.

¿Hay culturas superiores e inferiores?. ¿Hay culturas que están más o menos equivocadas que otras?. ¿Hay culturas preferibles a otras?
SÍ, por supuesto, a pesar de lo que digan muchos antropólogos sobre la “inconmensurabilidad de las culturas”.

Si las culturas son las respuestas a nuestras preguntas, las soluciones que vamos dando a nuestros problemas, las culturas superiores, y preferidas, son las que mejor responden, las que mejor colman las expectativas, las que mejor satisfacen los deseos y necesidades universales que todos los hombres tienen (la supervivencia, el bienestar, las relaciones sociales, el campo más amplio de posibilidades,…), las que mejor solucionan problemas como el valor de la vida, la resolución de conflictos, la participación en el poder, la producción, distribución y posesión de bienes, la sexualidad, la familia, la relación individuo-sociedad, el cuidado de los débiles (niños, ancianos, enfermos, deficientes, menesterosos…), de los parados, la relación con los extraños, la relación con el más allá en el que se cree,….

La sociedad más inteligente o menos estúpida es la que mejor respuesta da, la que mejores soluciones aporta a estos y a otros miles de problemas.

Podemos comprobar cómo han sido las sociedades y culturas antiguas recurriendo a la historia y comprobando la creatividad de las mismas y su evolución.

Toda sociedad tiende al confort y, hasta que lo consigue, se mantiene dinámica, pero cuando cree haberlo conseguido y está feliz habitando en él, se convierte en estática y castigará a cualquiera que la zamarree, aunque sea con la mejor intención de elevar el nivel de confort.
En una sociedad estática se duerme la iniciativa, abunda la pereza, se huye del esfuerzo, se fomenta la obediencia, la sumisión, aparece y se impone el dogmatismo, surge el culto al jefe,…
Pero, antes o después, esa estabilidad se desestabiliza y el no haber entrenado en la creación de nuevas propuestas, la pilla con el pie vendado.

Toda sociedad debe evolucionar tanto para resolver mejor los problemas que tiene, como anticiparse a los futuros problemas, ensayando metas superiores.

Siempre hay que estar en el camino y caminando. El mito del buen salvaje es eso, un mito. El “dichosa edad y siglos dichosos aquellos…”, el “antes se vivía mejor”,…. Sencillamente, no es verdad. Añorar el pasado, varado y empantanado, no es navegar.

El cambio, la evolución, es algo necesario y, o lo haces tú, desde dentro o desde arriba, o te lo hacen desde fuera o desde abajo (guerras, invasiones, colonizaciones, tiranías,…o revoluciones populares). (No hay mejor confirmación que poner la Televisión y ver lo que está ocurriendo en toda la franja norteafricana, de tradición islámica).
Los andamios que sujetan el edificio siempre son mejorables. Tirar el viejo y armar uno nuevo no es tarea fácil. Los paradigmas aguantan y tienden a ser reformados y reforzados, se resisten a morir y desaparecer. Un cambio de paradigma no es una evolución sino una revolución (por ejemplo los descubrimientos del científico japonés Tanaka y su rebobinar de las células hasta llegar al principio, en que son multipotenciales).

En las sociedades no se pasa de una dictadura a una democracia de la noche a la mañana. Antes de la sazón de la espiga está la preparación de la tierra, la sementera, el abono, las aricadas,…
Lo contrario es muy fácil, pasar de la democracia a la dictadura, porque es bajar escalones. Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot,…pero todos sabemos de los resultados finales, nada deseables.

Hemos asistido, en directo, a lo acontecido en Irán, en Irak, en Afganistán y hemos comprobado/estamos comprobando tanto la no menor dictadura islamista iraní como la difícil/imposible que resulta establecer un sistema democrático en unas sociedades que no lo pedían desde dentro, como es el caso de Irak y Afganistán.
¿Podemos exportar nuestro modelo de democracia, que es lo que estamos intentando los occidentales? ¿Están esas tierras preparadas para esa simiente?.
Una sociedad así es como un cuerpo al que se le transplanta un órgano. Suele haber rechazo. Para evitarlo debe saberse de compatibilidad, y aún con eso…

¿Un Islam democrático es posible?. Queriéndolo imponer desde fuera, No. Sólo puede llegar desde dentro. Pero no es un paso más o menos largo. La maduración, el funcionamiento, requiere tiempo.

¿Recuerdan, en España, 1.808?. ¿Qué fue? ¿Y los afrancesados?. ¿Y el “deseado” indeseable Fernando VII?. ¿Y la transición española desde el franquismo a la democracia? ¿Y el papel fundamental de las fuerzas políticas en la clandestinidad y/o en el exilio?.

Pero un paso tranquilo y firme de la dictadura a la democracia son necesarias figuras concretas, con autoridad moral, de fiar, que dirijan el proceso. ¿Existen en esta franja norteafricana?.

Soy optimista. Porque es una revolución del pueblo pidiendo trabajo, comida más barata, ausencia de corrupción y libertades.
Es una revolución de gente joven, cultural y tecnológicamente preparada, que se han asomado por las ventanas de las redes sociales y han contemplado que el Occidente, democrático, se vive mejor y quieren copiar el modelo.

Sé que no tienen tradición ni cultura democrática, entre otras causas porque su religión ha identificado “poder religioso” y “poder civil” y puesto en una misma persona. Y eso imposibilita la democracia.

Pero en Europa ha estado, durante mucho tiempo, un partido político, demócrata, denominado “Democracia Cristiana”.
¿No es posible una “democracia islámica”?.
¡Ojo¡. He dicho “democracia islámica”, no “democracia islamista”.
“Democracia islamista” es un oxímoron, una “contraditio in terminis”, como lo es “democracia franquista”, “democracia hitleriana”, “democracia stalinista”, “democracia maoísta”… Una república poco (nada) democrática fue la “República Democrática Alemana”.

Esta juventud norteafricana conoce Occidente y su forma de gobernarse, con partidos democráticos, tolerantes y que admiten la victoria del adversario.
Lo que no me gustaría es que, como han identificado “tiranía” y “corrupción”, crean que “democracia” es “honradez y no corrupción”.
La democracia es un sistema político, ni fuente de riqueza ni inmunidad para la corrupción.
De lo que sí dispone la democracia es de mecanismos para investigar, juzgar y condenar a los corruptos, pero no que no los haya. Precisamente las libertades por las que se rige es terreno abonado para ello, pero pueden ser detectados y condenado.

Que los imanes se queden en sus mezquitas.
La ética laica garantiza la libertad de creencias, de religión, de cultos,…. mejor que ninguna otra moral religiosa.
¡Démosle una oportunidad a una “democracia islámica”¡

(P.D. Como, después, he reflexionado, quizá sea imposible, porque la democracia se alimenta y vive con y de valores laicos, y si en algún lugar no ha lugar para el laicismo es en los países islámicos, en los que la religión lo invade todo, desde lo privado a lo público)

 

jueves, 6 de febrero de 2014

7.-6. MULTICULTURALISMO


“Si considerásemos que todas las costumbres son cultura aún seguiríamos en las cavernas” – es un pensamiento que recojo de la prensa y que corresponde a una periodista hispanoamericana.

Hay costumbres, como la violación múltiple a una mujer porque su hermano o su marido o su padre hayan violado a otra mujer.

Hay costumbres como lapidar a la mujer adúltera (no así al varón adúltero).

Hay costumbres como la ablación del clítoris porque se cree que la mejor o la única manera de que una muchacha sea sólo mujer, mujer-mujer, mujer al 100x100, es cortándole el clítoris, que es un pene (masculino) atrofiado.

Hay costumbres como matar o mutilar a una persona por el robo de una gallina.

No todas las costumbres son cultura. Algunas, muchas, son fruto o manifestación de la incultura.

Europa, (gran parte de ella) que, durante gran parte de su historia, estaba hambrienta de comida o hambrienta de ganancias, o quemaba a los herejes o perseguía a los rebeldes políticos o sociales, a los revolucionarios ideológicos, era, por necesidad, emigrante.

Pero esta misma Europa, a partir del XVII, con las revoluciones de todo tipo, con las ideas ilustradas, con la diosa razón, con el progreso como meta, con la libertad como bandera, llega a tal grado de desarrollo, económico, científico, tecnológico,….. que pasa, de ser emigrante, en busca de paraísos, a ser tierra de inmigración, paraíso apetecido por muchos otros pueblos, o lugar de refugio para perseguidos racialmente o políticamente.

Europa, pues, ha pasado a ser multicultural. La multiculturalidad es un hecho, nos guste o no. Y este fenómeno trae problemas, problemas de convivencia, de tolerancia, de diferencias, de intransigencia,….

No hay acuerdo en qué sea cultura. Unas definiciones son demasiado estrechas, demasiado restrictivas, mientras otras son demasiado amplias.

En nombre del multiculturalismo no se pueden tolerar costumbres que atentan contra los derechos humanos, contra la vida o contra la integridad física y psíquica de las personas.

Cultura y costumbres no son lo mismo. A veces, incluso, son antitéticas.

Hay costumbres moralmente o humanamente neutras. La forma de peinarse o de maquillarse; la forma de vestirse o la forma de bailar o de cantar. Son así, ni mejores ni peores.

Pero hay costumbres que son antihumanas, y éstas son incultura. “Cultura” es  “cultivo” y nadie “cultiva” cizaña, hierba bravía. Nadie puede, nadie debe “cultivar” ciertas costumbres.

Todo rito, todo hábito que se repite por tradición, “porque siempre se ha hecho así”, de manera acrítica, son costumbres, pero no son necesariamente “cultura”, porque la cultura siempre tiende al conocimiento, a la elevación, al progreso, al ejercicio de la facultad intelectual y nunca a la imposición, a la repetición, al dogmatismo.

Si costumbre y cultura fueran la misma cosa se podría dar el caso paradójico de que apalear negros formaría parte de la cultura de algunos norteamericanos del sur. O podría darse el caso de que emborracharse o drogarse en los botellones o en las discotecas los fines de semana formaría parte de la cultura de muchos jóvenes españoles. O perseguir judíos formaría parte de la cultura alemana, pues durante muchos años fue costumbre. O perseguir palestinos formaría parte de la cultura judía. O tirar cabras desde el campanario. O cortarle la cabeza a los gallos el día de los quintos (esto lo hacía yo, en mi pueblo, hace muchos años). O encerrar un toro en una plaza y, tras picarlo y banderillearlo, matarlo a veces con saña… Todo esto, y mucho más, es tradición, es costumbre, siempre ha sido así. ¿Debe seguir siendo así?. ¿Es, eso, cultura?.

Podemos seguir con las tradiciones, amputar, progresivamente, manos y orejas a los ladrones, o encarcelar a los homosexuales, o enfundarse un burka, o el casamiento forzado y nunca consentido, ni elegido, sino contratado porque económicamente interesa. O la lapidación de las mujeres.

Tenemos que decir NO.

Por encima de las costumbres, de las religiones, de los hábitos, de las creencias, de los rituales…. están los Derechos Humanos, que pertenecen a una cultura superior, la de la Universalidad, porque atañe a todos, varones y mujeres, por encima de toda distinción, de sexo, de religión, de ideología, de geografía. A TODOS.

Todas las religiones, todas las razas, todas las tradiciones, todos los ritos… deben acogerse, deben someterse, bajo el paraguas de los Derechos Humanos.

Sólo las culturas que respetan la vida, la integridad física y psíquica, de mujeres o varones, de todos, merecen el nombre de cultura.

El multiculturalismo es tolerancia, sí, pero condicionada, lo que nunca debe ser es complicidad ni connivencia.

Hay ideas y conductas que son intolerables. Otra cosa es el respeto.

Incluso al fanático, al dogmático, al dictador, al tirano, siendo intolerables sus ideas y sus conductas, sin embargo, su persona, como la persona de cualquier otro, es respetable.

Yo no le cortaría las manos ni los pies al que proclamara que a todo tironero había que cortárselos, siendo él un tironero.

El tironero es una persona. Merece todo el respeto del mundo su persona. Es despreciable su actividad.

Pero así como toda persona es respetable, digna de respeto, no toda idea o conducta es tolerable.

Seamos intolerables con lo inhumano o antihumano.

Seamos respetuosos aun con los intolerantes, no por su intolerancia, sino por su persona.

La violencia de género ha sido habitual en nuestra cultura a lo largo de la historia. ¿Debemos tolerarla porque siempre ha sido así?.

¿Recuerdan aquello del bandolero andaluz: “la maté porque era mía”?. Creer que una persona es/pueda ser propiedad de otra persona, como si fuera una silla, es una aberración, es una idea intolerable.

¿Cómo es posible que alguien pueda justificar las gamberradas de los jóvenes , por ser jóvenes, o los desmanes y atropellos de los fanáticos del fútbol, por ser hinchas?.

Si la justificación para esa conducta intolerable es que hay que echar fuera de sí la agresividad acumulada durante la semana, que muerdan farolas, que peguen saltos, que anden a la paticoja, que aplaudan, que den patadas contra el suelo…que son conductas tolerables.

El que rompa que pague. Es de justicia. No es necesario romper.

La historia se ha encargado de demostrar que no todas las costumbres o ritos son culturales. Ha cambiado la forma de arar y de abonar la tierra, la forma de desplazarnos, la manera de curar las enfermedades, la manera de enseñar a los niños, la manera de proteger a los disminuidos  o a los dependientes. ¿Vamos a seguir con la tradición?.

“Si las costumbres fueran cultura todavía seguiríamos en las cavernas” – decía la periodista hispanoamericana.

Multiculturalismo sí, pero mientras no atente contra los Derechos Humanos.

Estos Derechos, no estaban ahí, cubiertos, y nosotros los hemos descubiertos, NO. Nosotros los hemos creado, los hemos conquistado, con mucho esfuerzo, con nuestra cultura occidental. Pero no los hemos privatizado. Deben ser aplicados a todos los hombres, aún a aquellos en cuya cultura no saben nada de ellos.

Un emigrante africano, en nuestra cultura, no puede ser injustamente explotado, como no lo debe ser uno de dentro. Tiene derecho a que se le apliquen los derechos vigentes en la cultura en la que han ingresado, pero él no puede exigir que se le tolere prácticas de su cultura de origen si son opuestas a los Derechos Humanos. Por ejemplo, la ablación del clítoris.

Cualquier foráneo debe gozar de todos los beneficios que dispensa nuestra cultura, pero no por ser extranjero, sino por ser persona. Pero a esa misma persona hay que prohibirle prácticas y ritos antihumanos. Los Derechos Humanos siempre están a favor de la vida, de una mejor vida.

A lo largo de toda la historia de la humanidad siempre hubo culturas dominantes. Pero esa dominancia era, por lo general, a base de fuerza y de armas, pero luego llegaba la contaminación cultural, el mestizaje cultural. La pureza es un mito. Los romanos, conquistadores y vencedores por las armas, fueron vencidos, convencidos, por la cultura griega.

En España sabemos mucho de esto. ¿Cuántos pueblos han pasado por aquí y cuánto de cultura ha quedado aunque ellos ya no estén?.

Hoy en Europa, en general, predomina la convivencia pacífica, democrática, igualitaria, de ciudadanos de diferentes orígenes que adoptan, no sólo para subsistir, sino para vivir mejor, un pacto de tolerancia respecto a las diferencias y un pacto de respeto respecto a los otros, por ser personas como él, pero que aceptan, por encima de todo, los Derechos Humanos.

¿Tolerar las diferencias?, SÍ, pero depende. Lo que nunca puede la tolerancia es la complicidad con la incultura, con el crimen, con la prepotencia, con la desigualdad.

Yo tengo que tolerar que mi vecino de arriba oiga música rock y mi vecino de abajo oiga al Chiquilicuatre, porque esos son sus gustos musicales, pero no le tolero que la pongan a un volumen tal que me impida a mí escuchar los espirituales negros o concentrarme en mis reflexiones filosóficas.

Yo puedo disfrutar de los tenores mientras no impida el sueño de mi vecino. En caso de colisión de derechos. Su derecho a descansar prima sobre mi derecho a escuchar.

No me cansaba de decirles a mis alumnos que durante el fin de semana podían hacer lo que les diera la gana, pero no bajo mi ventana, a las cinco de la mañana, meando en mi puerta. Sus derechos individuales acaban, justo-justo, donde empiezan los míos.

Fundar la identidad de un pueblo sólo sobre la tradición y las costumbres es una barbaridad, aunque sea políticamente correcto, pero es una forma de estancarse.

Convenzámonos de una vez. La democracia es una forma de convivencia que se alimenta de derechos y de deberes. Pero la democracia nada tiene que ver con el mundo de la ciencia.

La mejor manera de realizar una operación de apendicitis no es democrática, sino de cualidad personal. Un cirujano no es bueno o malo porque lo diga la mayoría. Aunque toda opinión vale, no toda opinión vale igual. Si toda perspectiva vale no todas las perspectivas valen igual. Hay perspectivas privilegiadas.

Las mayorías nunca pueden decidir verdades, sólo pueden tomar decisiones. Otra cosa es que acierten en sus decisiones. Es bueno que decidan, implica libertad, otra cosa es que acierten en su decisión y decidan lo mejor.

La ciudadanía  no es ni sabia ni ignorante, en sí misma, pero es la que, en democracia, decide. Otra cosa es que acierte. ¿Ya nadie recuerda que Hitler fue elegido democráticamente, por mayoría, por la ciudadanía alemana?. ¿Fue acertada la decisión mayoritaria?.

La verdad, la bondad, la justicia,….son valores muchas veces ajenos a la mayoría.

Galileo, él solo, contra todo el mundo, defendió el heliocentrismo.

¿Qué tendrá que ver que Dios exista o no exista porque la mayoría diga que sí o diga que no?.

Una mayoría nunca decide una verdad. Nunca convierte una verdad en falsedad o viceversa.

La democracia es maravillosa, pero no todo es democrático.  Además, la democracia tiene unos límites temporales. No se elige a alguien “in aeternum”.

Quien defienda lo contrario ha perdido el sentido de la justa medida y está dando la razón a los antidemócratas.

 

miércoles, 5 de febrero de 2014

7.- 5- EL ORIGEN DE LA VIDA Y LA EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES.


La comunidad científica admite de modo general que, en función de los fósiles encontrados hasta el momento, el origen de la vida se situaría hace aproximadamente 3600 millones de años.

En ese momento se dieron ciertas condiciones atmosféricas y geológicas en los mares que permitieron que, a partir de la evolución fisico-química de ciertos elementos, apareciesen los primeros seres vivos unicelulares.

A partir de esta raíz única, la vida se habría ido expandiendo como las ramas de un árbol, hasta llegar a la inmensa multiplicidad de especies animales y vegetales que hoy conocemos, y dentro de las cuales se enmarca el ser humano.

Hoy la ciencia acepta que todos los seres vivos comparten la misma organización bioquímica y el mismo código genético, lo que demuestra que:

1.- Todos los seres vivos tenemos un origen común.

2.- El desarrollo de la vida ha sido continuo, sin discontinuidades, por lo que se admite que la evolución es un hecho biológico, no una mera hipótesis.

3.- El Homo sapiens, tiene su origen en un mamífero primate a partir del cual nuestra especie ha ido evolucionando.

Comprender cómo surgió nuestra especie y cómo adquirió sus rasgos distintivos, saber de donde venimos, es decir, nuestro origen biológico, es fundamental para saber quienes somos y a dónde, quizás, vamos desde el punto de vista de la evolución.

Para ello vamos a ver primeramente algunas ideas fundamentales sobre la evolución de la vida.

Entendemos por evolución el proceso por el cual los individuos de una misma especie sufren cambios cualitativos que conducen a que, lentamente, las especies cambien desde formas de vida más primitivas hacia otras más organizadas.

El resultado, después de millones de años, ha sido la multiplicidad de especies que conocemos.

Mediante este proceso, los seres vivos experimentan dos mecanismos:

a.- Adaptación.

Van sufriendo cambios por los que mejoran sus condiciones de supervivencia en el medio en que habitan (por ejemplo, en un clima desértico su organismo está adaptado para consumir poca agua).

b.- Herencia.

La genética asegura la transmisión de estos cambios a los descendientes.

La teoría que, por primera vez, expuso las causas científicas del cambio de las especies es la llamada teoría evolucionista, que comenzó a desarrollarse a partir del siglo XVIII.

Se la considera como una segunda gran revolución científica después de la de Copérnico (y su teoría heliocéntrica) y supuso la ruptura radical con

creencias científicas, filosóficas, religiosas e, incluso, socioeconómicas muy asentadas.

Veamos qué planteamiento teórico existió antes del surgimiento del evolucionismo.

1.-  El fijismo

Hasta que el evolucionismo no logró situarse como la teoría más aceptada por la comunidad científica, la concepción dominante hasta el siglo XIX fue el fijismo.

Según esta teoría, las especies son:

· Fijas. Inmutables desde su origen.

· Creadas por Dios. Por obra divina las especies aparecen en un momento único (Creacionismo).

· Inmutables. Desde su creación, cada especie y cada individuo habrían permanecido sin modificación.

· Grupos aislados. No hay relación entre las especies y no derivan unas especies de otras.

El representante más importante de esta teoría fue Linneo, quien definió la especie como “lo compuesto por un determinado número de individuos que son un especie de copia a partir de un modelo inmutable”.

 Linneo estableció la primera clasificación de los animales y plantas según el grado de similitud que aparecía entre ellas.

Desde el punto de vista filosófico esta teoría biológica fijista implica una serie ideas metafísicas y antropológicas:

· El fijismo va unido a la corriente metafísica que afirma la inmutabilidad de la esencia de las cosas.

Esta visión metafísica nació con Platón en la Atenas del s. V a.C.

Estas esencias fijas, llamadas por Platón Ideas, permiten definir a cada individuo como lo que es -por ej. un árbol- , diferenciarlo de otras cosas y destacando lo que tiene en común con otros individuos de la misma especie o clase – en el ejemplo que hablamos, los demás árboles-.

· El fijismo conlleva una concepción jerárquica de la realidad, según la cual en la naturaleza cada individuo tiene su lugar propio.

· Existe algo fijo e inmutable con respecto a lo que llamamos naturaleza humana, que está al margen de los individuos concretos que nacen, crecen y mueren.

· El ser humano es el protagonista de la creación, por lo que estaría muy alejado y muy por encima de las características propiamente animales.

Sin embargo, las teorías fijistas y la metafísica que veía la naturaleza como algo estático entraron en crisis en el siglo XVIII, dando paso a la concepción del ser humano y de la realidad como productos de un constante proceso de cambios y transformaciones.

2.- Teorías evolucionistas.

La primera teoría explícita de la evolución de las especies se debe a Lamarck, que desarrolla la llamada teoría transformista.

Según esta teoría, la naturaleza forma un todo continuo, en el que las especies no son invariables sino que se transforman, unas a partir de otras, de acuerdo con una tendencia hacia formas más perfectas.

Para Lamarck, la evolución se explica por la necesidad que tienen las especies de adaptarse al medio ambiente en el que viven.

Y, para adaptarse, desarrollan o atrofian órganos adecuados, que acaban transformando la especie.

Por ejemplo, Lamarck explica la transformación del cuello largo de las jirafas por la necesidad que tuvieron estos animales de adaptarse para buscar comida en los árboles.

La teoría de Lamarck presenta puntos erróneos, como la creencia de que los caracteres desarrollados durante la vida de un individuo (crecimiento del cuello de una jirafa) se transmiten a la descendencia.

No obstante, acertó en el importante papel de la influencia del medio y, sobre todo, dejó claro que las clases, órdenes, géneros y especies no son más que divisiones de nuestra mente sin existencia real, ya que todas las especies están relacionadas entre sí.

Quien completó de modo definitivo la teoría evolucionista fue Charles Darwin (1809-1882), un biólogo británico que aportó un gran número de pruebas científicas concluyentes.

Sus tesis principales:

· Origen común de las especies. La gran variedad de las especies conocidas están emparentadas entre sí, ya que todas proceden de una o unas pocas especies primitivas sumamente simples, escribió una obra fundamental: El origen de las especies, publicada en 1859.

· La lucha por la supervivencia. Todas las especies tienden a reproducirse hasta saturar su hábitat.

En esta situación, escasean los recursos y alimentos, comenzando una lucha por sobrevivir, en la que perece la mayor parte de los individuos.

· Teoría de la selección natural. No todos los individuos están preparados para esa competición, por lo que solo los individuos más aptos para obtener recursos en un ambiente determinado tienden a sobrevivir y logran reproducirse.

Así, la evolución biológica se explica por un proceso de selección natural, no por una adaptación al medio.

· Por el concepto de los 'más aptos' no se entiende ser más inteligente, ni más fuerte o ser de una cultura superior, ni ninguna otra consideración racista o etnocéntrica.

En términos de biología evolutiva, el más apto es aquél que presenta mutaciones genéticas más favorables para adaptarse al cambio concreto que se ha producido en el medio ambiente.

Generalmente, dichas variaciones son pequeñas y neutras o desfavorables, pero cuando son ventajosas respecto al medio ambiente los individuos portadores de esa pequeña ventaja sobreviven.

· Herencia. Los supervivientes transmitirán los cambios genéticos ventajosos a sus descendientes, extendiéndose así al conjunto de la especie. En consecuencia, esta irá cambiando poco a poco, adaptándose mejor a su ambiente.

En esto consiste la selección natural.

· La selección natural no es un proceso consciente, sino que la naturaleza actúa al azar y de modo ciego: las variaciones surgen de modo aleatorio, por lo que el ser 'los más aptos' no es algo que los vivientes se puedan proponer – como en la teoría de Lamarck-, sino que es al contrario: los animales más aptos son los que se adaptan – en el ejemplo de las jirafas, el cuello no les habría crecido por adaptación, sino que han sobrevivido aquellas que nacieron con el cuello más largo y, por tanto, pudieron conseguir comida.

En conclusión, para Darwin no hay finalismo en la naturaleza, ni hay orden preestablecido ni dirigido.

Pero ni Lamarck ni Darwin pudieron explicar cómo se produce la herencia de los nuevos caracteres.

Científicos posteriores como Mendel, Weismann, Morgan, De Vries, etc., aportaron las pruebas directas del mecanismo evolutivo al desentrañar las bases genéticas de la herencia, lo que ha supuesto su aceptación plena por la comunidad científica.

(Racismo: actitud que considera a un grupo étnico como inferior al propio)

(Etnocentrismo: consideración de la propia cultura como el único criterio válido y, por tanto, superior, para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades)

(Mutación: pequeño cambio en la estructura de un gen que, siendo permanente y hereditario, provoca la aparición de caracteres nuevos en los descendientes.

Las mutaciones se producen por azar.

Desde el punto de vista filosófico, la teoría de la evolución supone una visión de la realidad que se define, fundamentalmente, por tres rasgos, es:

Materialista. La naturaleza es materia, por lo que no es necesario explicarla desde una realidad espiritual.

Dinámica. En la naturaleza todo cambia y nada permanece, aunque tan lentamente que no lo podemos percibir.

Progresiva. Con la evolución, las especies van logrando un mayor nivel de complejidad y de organización.

¿Cómo se concreta esta teoría de la evolución en la especie humana?

En ella no solo se dio una evolución biológica, sino que también se produjo, en paralelo y estrechamente relacionadas, una evolución psíquica y social.

Es importante destacar que solo la mutua relación entre lo que hay en nosotros de natural e innato, y lo que hay de aprendido y cultural, hizo que nuestra especie sobreviviera.

LA EVOLUCIÓN HUMANA: la antropogénesis

Somos un animal más, incluido en el orden de los primates. Dentro de este, pertenecemos a la familia de los homínidos, en la que se incluye el género Homo y, dentro de él, la especie sapiens.

Somos el Homo sapiens sapiens, emparentados de cerca con el gorila, el orangután y el chimpancé.

Sin embargo, han sido necesarios centenares de millones de años de evolución para llegar a ser lo que somos hoy y diferenciarnos de nuestros familiares.

En este largo camino debemos distinguir entre dos procesos que se dieron de forma simultánea, complementándose e interactuando entre sí.

Hominización

Proceso de cambios biológicos evolutivos, que han caracterizado a la evolución de los homínidos, conduciendo a la especie humana actual.

Humanización

Proceso de cambios psicosociales, que fue dando lugar a los elementos culturales que caracterizan al ser humano y le distinguen del resto de especies.

El origen

La evolución de una especie es el resultado de la interacción entre dicha especie – con sus capacidades genéticas innatas y visibles por mutaciones- y el medioambiente en el que vive, el cual ejerce ciertas presiones sobre las especies y favorece con ello el surgimiento de cambios evolutivos.

Dicho esto, nos preguntamos: ¿cuáles fueron las condiciones medioambientales que favorecieron los cambios genéticos para que se iniciara el paso del homínido al hombre?

Hace 22 millones de años, en África oriental, el drástico descenso de las lluvias hizo que los bosques densos fueran sustituidos por la sabana.

A consecuencia de este cambio, un grupo de primates se vio forzado a abandonar su hábitat natural -el bosque denso- y pasar a vivir en la sabana. La necesidad de sobrevivir en un nuevo ecosistema favoreció las mutaciones que dieron lugar a una serie de mecanismos de respuesta (anatómicos, bioquímicos, de comportamiento social, etc.).

Así se inició el proceso evolutivo y se fueron consolidando caracteres nuevos, mejor adaptados al nuevo medio.

Este lento proceso duró millones de años, y en él sucedieron cambios fundamentales.

Por ejemplo, el paso del bosque a la sabana implicó que aquellos primates pasaran de ser recolectores de frutos –actividad habitual del bosque- a cazadores.

Ello conllevó, entre otras consecuencias, un cambio en la alimentación y, por tanto, en la bioquímica del cuerpo, en el comportamiento social, etc.

Todas estas transformaciones tuvieron profundas consecuencias en la evolución humana, actuando en dos grandes ámbitos: el natural y el cultural.

La evolución natural: el proceso de hominización

El ser humano pudo sobrevivir en un medio ambiente para el que no estaba preparado debido a que su organismo experimentó profundas transformaciones:

a.- El cambio fundamental para el inicio del proceso de hominización fue el bipedismo, ya que esta forma de desplazamiento supuso importantes adaptaciones anatómicas.

Viviendo en la sabana de altas hierbas, el hombre necesitaba explorar, buscando alimentos, y vigilar para no ser atacados por otros animales.

Así, la necesidad de supervivencia favoreció la posición erguida.

b.- Ello condujo a un cambio en la estructura del pie: el dedo gordo se volvió no oponible permitiendo el apoyo de toda la planta, lo que permite andar y mantenerse normalmente sobre dos pies.

El hombre es el único mamífero capaz de hacerlo.

c.- La postura erguida sitúa el centro de gravedad en la pelvis que se estrecha, lo que obliga a la modificación de la columna vertebral que, ahora en forma de 'S', permite mantener el equilibrio y sostener la cabeza erguida.

Esto aumenta el campo de visión y, por tanto, de información, con lo cual aumenta las posibilidades de supervivencia.

d.- Cuando la posición erguida se hizo permanente se produjo otro cambio fundamental: la liberación de las manos, que ya no son necesarias para desplazarse.

Ello permitiría, con el tiempo, que las manos pudiesen desempeñar funciones técnicas: fabricar y manejar útiles y herramientas, como por ejemplo, afilar guijarros, construir hachas, etc.

d.- En posición vertical, el homínido ya no necesita defenderse o atacar con la boca.

Esto lleva que las grandes mandíbulas se hagan más pequeñas mientras que el cráneo aumenta de tamaño y se abomba; los dientes también disminuyen, facilitando el movimiento de la lengua, lo cual es fundamental para la posterior aparición del lenguaje.

e.- El aumento del tamaño del cráneo va en paralelo con su mayor capacidad. Primero se desarrollaron las áreas de la corteza cerebral relacionadas con las percepciones espacio-temporales; también se agudizaron los sentidos, al ser necesarios tanto para la fabricación de herramientas como

para la caza y, por tanto, para la supervivencia. Finalmente se desarrollaron las áreas cerebrales relacionadas con la percepción manual y el lenguaje.

HOMINIZACIÓN: CARACTERÍSTICAS FISIOLÓGICAS DEL SER HUMANO:

LA POSICIÓN ERECTA BÍPEDA:

- Pies especializados en una función SUTENTADORA Y MARCHADORA

- Modificación de la pelvis (más ancha y corta)

- Columna vertebral en forma de ‘S’

- Verticalidad de la cabeza

- Alargamiento de los miembros inferiores (piernas) y acortamiento de los superiores (brazos)

- Liberalización de las manos de su función sustentadora y marchadora (gran capacidad manipulativa)

Todos estos elementos provocaron:

a.-  Desaparición de la función aprehensora de la boca (alcanzó una gran expresividad y comunicación)

b.- Disminución del prognatismo

c.- Disminución de las mandíbulas y desarrollo del mentón

d.- Modificación de los dientes

e.- Surgimiento del cuerpo y del rostro humano

· TAMAÑO Y DESARROLLO DEL CEREBRO:

a.- Cerebro 1800 cm3

b.- Crecimiento de parte del cerebro: encéfalo (no cerebelo y tronco cerebral)

c.- Crecimiento aún no estabilizado

d- Gran complejidad de la estructura cerebral (anatómica y funcional): abre la puerta a la inteligencia, voluntad libre, imaginación y lenguaje

· ÓRGANOS DE FONACIÓN

· NEOTENIA

· PERIODO DE VIDA MÁS LARGO

· PLASTICIDAD BIOLÓGICA (carencia de comportamiento instintivo)

En resumen, la posición erguida liberó las manos, factor que facilitó la capacidad de fabricación y utilización de instrumentos, y, con ella, la capacidad técnica o práctica del cerebro.

Ahora bien, es muy importante destacar que este proceso corrió paralelo al desarrollo de la capacidad teórica de la mente humana.

Ambos procesos se influyeron mutuamente: cualquier avance en la capacidad técnico-manual actúa en favor de un cerebro más desarrollado y complejo y, al revés, un cerebro más desarrollado propicia y favorece el surgimiento de nuevas capacidades técnico-manuales.

Por ello, nuestro antepasados no solo eran capaces de hacer ciertas cosas, sino también de pensar cómo hacerlas, lo que desarrolló ambas capacidades, abriendo un proceso de transformaciones que aún se mantiene vigente.

Ahora bien, lo dicho hasta aquí no explica la aparición de la inteligencia humana.

La inteligencia racional humana:

a.- Procede de una mutación genética.

b.-  Se dio en unos individuos – los seres humanos- que podían aprovechar favorablemente dicha mutación.

Es decir, hay animales que poseen un cerebro altamente complejo, como las orcas o los delfines, pero no pueden aprovecharlo por su estructura anatómica.

Es decir les falta, por ejemplo, brazos y piernas, órganos de fonación para el lenguaje, etc. por tanto, en el caso de que pudieran pensar, no podrían escribir libros o construir catedrales.

En cambio, los homínidos, dadas las transformaciones anatómicas, bioquímicas y genéticas que habían tenido lugar a lo largo de su evolución biológica, fueron el animal perfecto para aprovechar esa variación que se dio en nuestros antepasados.

martes, 4 de febrero de 2014

7.-4. LA DIMENSIÓN SOCIO-CULTURAL


 
1.-  Evolución cultural y evolución biológica.

Como ya hemos mencionado el ser humano tiene una dimensión natural y otra cultural. También hemos visto cómo ha sido la evolución biológica y hemos podido conocer cuáles son sus aspectos más importantes.

Junto con la evolución biológica ha corrido en paralelo la evolución cultural, ambas estrechamente relacionadas.

Sin embargo, en las últimas etapas humanas la evolución cultural ha superado a la biológica, hasta el punto de que las transformaciones culturales podrían acabar provocando cambios en el cuerpo humano.

Por ejemplo, la medicina puede alargar la vida a enfermos terminales por causas genéticas con lo cual alteraría el mecanismo de selección natural.

En esta redirección de la evolución humana es muy importante tener en cuenta el hecho de que, mientras la evolución biológica es muy lenta, los cambios culturales son rapidísimos y se producen por aprendizaje social, pudiendo ser incorporados en una sola generación.

Si biológicamente somos darwinianos, culturalmente evolucionamos de manera lamarckiana.

Por este motivo, el desarrollo cultural es fundamental para el éxito de la evolución de nuestra especie.

2.- La cultura

En un sentido general y amplio, la cultura se asimila al conocimiento, al saber.

Originariamente, la palabra cultura significa, en latín, cultivar -procede del ámbito de la agricultura- de ahí que, con el tiempo, un hombre sin educación se comparase metafóricamente a un campo sin cultivar, frente a un espíritu cultivado, es decir, que lee, va al teatro, entiende de pintura, etc.

Sin embargo, existe otro significado para el término cultura. Para antropólogos, sociólogos y otros científicos, la cultura consiste en todas las actividades, conocimientos, procedimientos, valores e ideas que se producen y transmiten por aprendizaje social.

Así, por ejemplo, son elementos culturales las técnicas agrícolas y artesanales, el tipo de construcción de casas, las formas de organización social y de parentesco, los modos de limpieza, los rituales de bailes, regalos, los contenidos de conocimiento – ideas, creencias, valores- el tipo de vestimenta, las tradiciones, las creencias religiosas, etc.

Y, de igual modo, hablamos de culturas cuando nos referimos a pueblos, sociedades o civilizaciones: cultura egipcia, maya, occidental, etc.

3.-  Funciones de la cultura.

Si comparamos al ser humano con otras especies animales nos damos cuenta en seguida de sus muchas desventajas biológicas: no somos los más fuertes, ni los más rápidos, no podemos volar o nadar bajo el agua demasiado tiempo, no tenemos una piel que nos proteja del frío o la lluvia, esto es, somos unos indigentes biológicos.

Sin embargo, frente al resto de especies animales disponemos de una ventaja fundamental: la cultura.

Esta herramienta, que progresivamente ha sido creada por nuestros antepasados -el fuego, las artes de la caza, las técnicas para fabricar herramientas, el lenguaje, etc.- ha permitido a la especie:

a.- Suplir sus carencias como animal para defenderse en un medio natural muy hostil, evitando así la extinción de la especie.

Otras especies se han extinguido.

b.- Adaptarnos al medio, tanto natural como social, por extremo que sea, modificándolo.

Así, cuando empezamos a perder vista, la cultura nos ofrece gafas, sin enfermamos, la cultura diagnostica y cura y, en invierno, nos proporciona una casa.

Pero no todo es positivo dado que, por cultura, también nos alcoholizamos, tenemos prejuicios o cometemos un asesinato premeditado.

4.- Elementos culturales.

Empezamos a aprender desde el mismo momento en que nacemos, un proceso que durará toda la vida.

Lo que aprendemos, lo que adquirimos -consciente e inconscientemente- es cultura, es decir, conocimientos, pautas de comportamiento y modos de pensar que nos van a ser útiles para vivir dentro de la sociedad en la que hemos nacido.

Esta cultura se compone de contenidos que pueden ser de dos tipos:

Cultura material:

Elementos culturales físicos, producidos artificialmente por el hombre: objetos, artefactos, técnicas etc.

Por ejemplo: la técnica para cazar o para construir una casa, objetos como la lanza, la vestimenta, etc.

Cultura inmaterial Elementos relacionados con los modos de pensar, los conocimientos, los sentimientos, las mentalidades, etc., como son las ideas, creencias, sistemas simbólicos, valores morales, normas políticas, instituciones, tradiciones, la filosofía, la ciencia, las tradiciones, los diferentes credos religiosos, etc.

Por ejemplo, las normas y leyes que regulan las relaciones sociales entre los individuos; las instituciones, como el matrimonio; las ideas políticas, religiosas, etc. y los valores.

5.- Cultura y sociedad

Muchas veces tendemos a usar los términos 'cultura' y 'sociedad' de manera indistinta, aunque, en sentido estricto, no son lo mismo.

Mientras que una cultura es un conjunto de creencias, valores, actividades y pautas de comportamiento que un grupo de individuos comparte y se transmite entre sí, una sociedad es un sistema de interrelaciones entre individuos.

Por ejemplo, podemos hablar de la sociedad española o la francesa, compuesta por millones de individuos, aunque también una sociedad puede ser un grupo de 30 o 40 personas vinculadas entre sí.

Dentro de estas sociedades pueden convivir culturas diferentes.

Todas las personas que integran una sociedad comparten un mismo vínculo: sus relaciones sociales se basan en una cultura común (por ejemplo, una lengua en la que expresarse, unas normas, una gastronomía, etc.

Al igual que no puede haber un individuo 'puramente natural' sin elementos culturales, tampoco es posible una sociedad sin una cultura.

Y sin cultura ni sociedad no podríamos ser humanos, no tendríamos, ni siquiera, conciencia de nosotros mismos.

El individuo solo puede desarrollarse, adquirir plena capacidad, si vive en sociedad, si se relaciona con las demás personas y con los elementos culturales que la sociedad le ofrece.

Para entenderlo mejor, tomemos como ejemplo el lenguaje.

Éste es la expresión de nuestros pensamientos.

Por otra parte, se sabe que sólo podemos aprender a través de nuestras relaciones con otras personas.

Por lo tanto si un niño permaneciera aislado como el caso de los niños-lobos o niños-salvajes, no desarrollaría ningún lenguaje ni, por tanto, tampoco podría desarrollar el pensamiento, ni siquiera la conciencia de la propia personalidad.

A la pregunta: ¿quien soy yo? Su pensamiento atrofiado sería  incapaz de hallar una respuesta.

Efectivamente, la sociedad en la que nacemos influye en nuestro comportamiento, ya que nos ofrece un marco de actuación y de pensamiento.

Sin embargo, cuando incorporamos elementos culturales de dicha sociedad, no estamos acoplándonos simplemente a unos moldes vacíos, sino que los adaptamos a nuestra propia personalidad, a nuestros intereses y necesidades.

Esto es lo que se conoce como socialización.

De esta forma, podemos decir que cada uno de nosotros tiene una doble identidad: la social y la personal.

La idea que las personas se hacen sobre quiénes son y sobre lo que tiene sentido para ellas.

Identidad social: Roles o papeles que la sociedad atribuye al individuo o bien que éste se adjudica a sí mismo (por ejemplo: casado, madre, médico, católico, africano, etc.,).

Sirve para definir y ubicar a esa persona en relación con otros individuos que tienen las mismas características, así como en relación con el resto de la sociedad.

Crean un sentimiento de grupo, de pertenencia.

Identidad personal: Sentimiento individual, con características únicas respecto de los demás y una idea de lo que somos.

Sirve para definirnos a nosotros mismos, formándonos una idea de nuestro propio ser.

Nuestra personalidad deriva, pues, de lo que somos genéticamente, pero también de lo que somos en un sentido cultural.

Veamos cómo explican los psicólogos sociales la formación de la propia personalidad, al entrar en contacto con los demás:

· El niño comienza dándose cuenta de que sus padres esperan de él ciertos modos de comportamiento (comer papilla, etc.) muy sencillos, pero que son ya el origen de su papel en sociedad (implican reglas, pautas, valores, creencias).

· Frente a esas expectativas, el niño puede rebelarse o, generalmente, adoptarlas como un juego.

· El niño comienza jugando a ser hijo, a ser hermano, a ser compañero, etc., y finalmente, se ve a sí mismo como los demás le ven: hijo, estudiante, generoso, etc.

En conclusión, el origen de la conciencia de nosotros mismos está vinculado a nuestra relación con los demás en la sociedad y en la cultura en la que crecemos y nos educamos.

Por eso la personalidad es una construcción social.

Pero esto no quiere decir que el individuo, una vez formada su personalidad, no posea libertad para rechazar, criticar, elegir o transformar el medio social en el que vive.

De lo que no cabe duda es que en la sociedad actual tenemos medios sin precedentes para hacernos a nosotros mismos y crear nuestra propia identidad; para definir quiénes somos, de dónde venimos y decidir a dónde vamos.

Cada elección cotidiana -por ejemplo, cómo me visto, en qué empleo mi tiempo, etc.- nos ayuda a ser lo que somos.

lunes, 3 de febrero de 2014

7.-3 SOMOS NATURALEZA Y CULTURA


En las acciones que realizamos los seres humanos hay, sin duda, una parte de naturaleza, es decir, de realidades que existen por sí mismas, no construidas por la acción humana, y otra parte de cultura, de componentes que son fruto de la convención, del aprendizaje.

Por ejemplo, alimentarse es una acción natural, biológica: todos los seres vivos lo necesitan para sobrevivir y lo hacen de modo instintivo.

Pero cocinar, hervir un alimento, preparar una salsa, saber usar cuchillo y tenedor, respetar unas normas en la mesa… son acciones culturales: son una conducta social, adquirida y creada por un determinado grupo de seres humanos y que se transmite por aprendizaje.

En nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestros deseos, en toda nuestra vida, se encuentran tanto elementos de origen natural como cultural.

La antropología cultural diferencia entre conductas naturales, aquellas en las que la información ha sido transmitida genéticamente, y pautas de conductas culturales, aquellas que adquirimos por aprendizaje social.

De un modo similar, la biología distingue entre “genotipo” (combinaciones de los genes en los cromosomas) que es innato y el “fenotipo” (interacción del genotipo con el medio ambiente) que es adquirido a lo largo de la vida.

Ambas ciencias, Antropología y Biología, nos muestran que ningún organismo es sólo producto de su naturaleza hereditaria, de los genes, ni tampoco el resultado exclusivo de la interacción con el medioambiente que, en el caso del ser humano, es la cultura en la que ha nacido.

Todos los individuos son el resultado de la interacción entre ambos polos: su naturaleza biológica y el medio en el que se desenvuelven.

De esta forma antropólogos y biólogos contraponen los conceptos de naturaleza y cultura:

NATURALEZA: Es lo Innato, aquello con lo que se nace porque está genéticamente preprogramado o se desarrolla en el estado embrionario y fetal.

CULTURA: Es lo adquirido por aprendizaje social, a partir del momento en el que nacemos

Por ejemplo, por naturaleza nos emparejamos y tenemos descendencia, pero por cultura lo hacemos mediante una fiesta ritual.

Por naturaleza somos capaces de hablar, por cultura nos expresamos en un idioma aprendido en nuestro entorno, etc.

(En otro apartado describiremos la “Evolución Biológica).

 La evolución cultural: el proceso de humanización.

Todos los cambios físicos sucedieron al mismo tiempo que otros de carácter cultural.

Los cambios evolutivos biológicos fueron posibles gracias a que la especie de primates de la que procedemos no se vio limitada por un comportamiento fijo e instintivo, como el resto de animales, sino que, por el contrario, tuvo la capacidad de aprender nuevas técnicas y nuevos modos de existencia.

Sin esta capacidad de aprendizaje, por ejemplo, cuando el ser humano se vio obligado a abandonar el bosque y vivir en la sabana, no hubiera tenido la capacidad de cambiar y adaptarse, por lo que se habría extinguido, al igual que ha sucedido con otras especies.

Somos el resultado de la suma de la evolución biológica más la evolución cultural.

De esta forma, a lo largo de su evolución, el ser humano ha ido adquiriendo habilidades que le han permitido adaptarse a las diferentes condiciones medioambientales.

La aparición y evolución de la cultura permitió al ser humano adaptarse con gran eficacia al entorno que le rodeaba sin necesidad de transformar su cuerpo, como ha sucedido con el resto de animales.

Por ejemplo, la fabricación de herramientas, el lenguaje, la convivencia en sociedad, el vestido, la construcción de diferentes tipos de vehículos, etc., permiten al ser humano adaptarse y sobrevivir.

Las características, comportamientos y factores que favorecieron la evolución psíquica y social del ser humano son muy variados y se corresponden con distintos ámbitos, aunque pueden destacarse los siguientes:

1.- Herencia cultural

La herencia biológica se refiere a las características (rasgos físicos, capacidades, etc.) que los hijos heredan de sus padres por medio de las células sexuales, de la información genética. En este sentido, el mecanismo que nos hace pertenecer a la misma especie que nuestros padres y además nos individualiza es igual que el de los demás organismos dotados de reproducción sexual.

Pero, poseemos una herencia cultural, una herencia exclusivamente humana que consiste en un saber, teórico y práctico, acumulado por la humanidad de generación en generación y que se transmite a través de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La discusión sobre qué es más importante si los rasgos y capacidades heredadas biológicamente o lo que aprendemos, es una cuestión que sigue abierta y que tiene unas consecuencias sociales innegables.

Pero, ¿qué aporta la cultura a lo biológico?

En primer lugar cumple una función adaptativa.

La herencia cultural hace que el hombre sea el único ser capaz de adaptarse modificando el ambiente y no su estructura genética.

Por ello se le llama también modo superorgánico de adaptación, por contraste con los mecanismos naturales, orgánicos, de adaptación.

Es un mecanismo muy superior al adaptación orgánica, puesto que es más rápido -sólo requiere el lenguaje para ser transmitido a las generaciones siguientes- y más poderoso, ya que se aplica a una exigencia concreta, a una necesidad inmediata.

En segundo lugar, la herencia cultural se aprende, no se hereda genéticamente.

Además se adquiere no sólo a través de los padres, sino de la totalidad del entorno social (familia, amigos, televisión, etc.).

Este proceso es posible gracias a la existencia de una memoria social, es decir, aquel saber de las generaciones anteriores que se conoce y se conserva, de modos muy variados (la tradición oral, libros, archivos documentales, películas, etcétera), para poder ser transmitido.

En tercer lugar no hay unas culturas más naturales que otras.

Aunque son necesarias ciertas capacidades intelectuales para adquirir cultura, los genes no determinan qué cultura.

Un niño puede adquirir cualquiera y aprende aquella en la que crece.

Esto quiere decir que tiene un carácter arbitrario.

Por último, es dinámica. La herencia cultural, a su vez, también hace posible cambios que afectan al modo de vida de los hombres, la evolución cultural.

La aparición del comportamiento social, la necesidad de cuidar el fuego, de preparar los útiles, de reunirse para dormir, para cazar o para desplazarse, condujo a los homínidos a acostumbrarse a acampar en asentamientos protegidos o refugios.

Y fue en estos lugares donde se irían desarrollando caracteres sociales básicos como:

1.- Pautas de cooperación y ayuda entre los miembros del grupo.

2.- Diversificación de actividades: unos atenderían al fuego, otros prepararían la comida, otros fabricarían los útiles, etc.

3.- Aparición de los diferentes papeles o roles sociales.

Muchos biólogos piensan que el ser humano nace en un estado de inmadurez biológica; por ejemplo, el sistema nervioso, que en otros mamíferos se completa dentro del claustro materno, en el ser humano se completa después del parto.

Como consecuencia, desarrollos muy importantes del sistema nervioso se realizan en intercambio con el mundo exterior, tanto físico como sociocultural.

Esto, unido al largo proceso de aprendizaje, nos permite afirmar que no existe una naturaleza humana fija y acabada, sino que el hombre va construyendo su propia naturaleza en relación con las formas sociales y culturales en que nace, aprende y vive.

4.- Lenguaje y pensamiento

El fenómeno del lenguaje humano es uno de los elementos en los que se pone de manifiesto la doble raíz de nuestro modo de ser: somos naturaleza y cultura.

El hecho de que todas las poblaciones humanas sin excepción posean un lenguaje hace pensar que se trata de una forma de comunicación muy antigua.

Es indudable que la selección natural favorece la comunicación mediante el lenguaje.

La posibilidad de hablar una lengua requiere contar con dos condiciones naturales, la existencia de una anatomía adecuada para articular sonidos complejos y un cerebro desarrollado.

No hay que olvidar que es la inteligencia la que hace posible nombrar, generalizar, abstraer y razonar.

El lenguaje, la capacidad para comunicarnos por medio de una lengua tiene, por lo tanto un origen biológico, evolutivo, pero es el lugar en el que nacemos el que hace que aprendamos una lengua u otra.

Incluso, esta resistencia se pierde.

La experiencia ha demostrado que si un niño no aprendido a hablar a una determinada edad, ya no será capaz de hacerlo.

Piensa en los llamados "niños lobos" que crecieron sin contacto con otros seres humanos y que nunca lograron hablar.

La naturaleza nos dota de una capacidad, pero es la cultura la que la desarrolla.

La capacidad lingüística es natural, innata y la lengua es adquirida, es cultura.

El lenguaje es un sistema de comunicación interpersonal, es decir, para contarnos cosas, preguntarnos, pedirnos algo, expresar deseos, sentimientos, etc.

Utiliza signos arbitrarios, es decir, símbolos.

Las palabras no guardan ninguna relación necesaria con lo que nombran, como lo demuestra que "mesa" y "table" se usen para referirse al mismo objeto.

El lenguaje humano es, además, un lenguaje vocal.

Los sonidos humanos son sonidos distintos de los de los animales, gracias a la posición baja de nuestra laringe, lo que, por otro lado, restringe nuestra capacidad para tragar líquidos y respirar al mismo tiempo.

De nuevo, se trata de una modificación de la evolución que nos distingue de otros animales y que nos proporciona una de nuestras mayores ventajas.

Pero, sobre todo la característica que distingue al lenguaje humano de todos los demás sistemas de comunicación es su doble articulación.

Esta doble articulación se refiere a la posibilidad de dividir nuestro mensaje en unidades mínimas de significado, llamadas monemas (primera articulación) y en unidades mínimas de sonidos o fonemas (segunda articulación).

De este modo, utilizando sólo una serie limitada de sonidos se pueden componer miles de monemas y obtener, así, un número infinito de mensajes.

La doble articulación, por lo tanto, confiere gran flexibilidad y riqueza al lenguaje.

Es lo que nos permite comunicar mensajes de diferente naturaleza (ideas abstractas, sentimientos y sensaciones), así como referimos al futuro y el pasado.

Pero además, hace posible que podamos hacerlo cada vez de un modo distinto.

Se ha discutido mucho sobre la relación entre pensamiento y lenguaje pero lo que siempre ha quedado claro es la profunda relación entre uno y otro.

El lenguaje es el modo en que nuestro pensamiento está codificado.

5.-  Comportamiento ético

El lenguaje nos permite comunicarnos unos con otros, pero esa convivencia va unida a otro carácter, el de la moralidad.

Somos seres morales, es decir, juzgamos nuestros actos y los de los demás con términos como bueno, malo, justo o injusto.

Sabemos qué debemos hacer y qué no, pero estas normas son sociales, es decir son compartidas con las personas con las que convivimos.

Éste rasgo humano pone de manifiesto de nuevo nuestro doble carácter, como seres naturales y como seres culturales.

Dado que todos los hombres estamos dotados de esa capacidad, parece evidente que se trata de una cualidad biológica, propio del hombre.

La discusión surge cuando nos preguntamos si las normas morales concretas, lo que consideramos correcto o incorrecto, también están determinadas genéticamente.

Se trata, pues, de dos cuestiones distintas, puesto que tener la necesidad de aceptar valores éticos no implica necesariamente que tengan que ser unos en concreto.

Esta cuestión nos lleva a plantear las dos cuestiones.

En primer lugar, el papel de lo biológico en el hombre.

La ética ¿forma parte de nuestra herencia cultural o tan sólo de la biológica?

 En segundo lugar y como consecuencia de esta primera cuestión, tendremos que preguntarnos si cuando decidimos actuar de un modo concreto porque lo consideramos lo correcto estamos, o no, actuando determinados por nuestra herencia biológica.

Si la respuesta es que es mi naturaleza biológica la que me hace actuar, será puesto en entredicho la idea de la responsabilidad humana, la libertad, etc.

Estamos ante una cuestión de gran trascendencia, ¿somos libres y responsables de nuestros actos?

Se discute la propia existencia de la moralidad humana.

Estudiosos sobre la evolución, representantes de la teoría sintética, han coincidido en señalar que la moralidad es un producto de la evolución, pero que los códigos morales, se aprenden.  (Ya expuesto en otra entrada).

Coinciden en que del mismo modo que todos los hombres están capacitados para hablar, pero cada uno aprende su lengua, lo que heredamos genéricamente es una capacidad para "moralizar" que nos permite aprender el código concreto de nuestro grupo.

Los valores morales que aceptamos para guiar nuestra conducta forman parte de nuestra herencia cultural.

Esta afirmación parece cierta, al menos a primera vista, si tenemos en cuenta que todas las sociedades humanas de las que tenemos conocimiento han tenido y tienen códigos morales propios.

Estas normas morales se aprenden de otros miembros de la sociedad y, además, está reforzado de modo natural por la predisposición propia de los hombres a aceptar la autoridad, tanto de los padres como de otros adultos.

El estado de madurez biológica del hombre al nacer, su inacabamiento, hace que pueda ser presa de múltiples peligros, pero también de influencia.

Pero además, cada sociedad refuerza la obediencia a su código moral mediante la persuasión y/o sanciones.

A los adultos se les exige cierta aceptación de las normas del grupo.

El que no acepta el código imperante se convierte en un marginado, en un inadaptado y corre el riesgo, incluso, de no sobrevivir ni él ni su descendencia.

6.- La Autoconciencia

Pero nuestra inteligencia, además de lenguaje y ética implica inmediatamente otro concepto, el de la conciencia o autoconciencia, es decir la experiencia interna, intransferible que cada sujeto tiene de sí mismo y de sus actos.

Sólo el hombre puede pensar sobre sí mismo, sobre su vida y su destino y la conciencia acompaña todos nuestros actos.

Únicamente el hombre sabe quién es, tiene identidad y por ese saber quién es, se siente único, irrepetible.

Pero, precisamente por tratarse de una experiencia interna, la conciencia de los temas es algo inaccesible, no podemos saber con certeza si otros animales tienen experiencias semejantes o alguna forma, más o menos rudimentaria, de conciencia, pero dado que la conciencia va unida estrechamente a la inteligencia, la conciencia tiene que ser una experiencia humana exclusivamente.

A su vez está conciencia nos ha dado otro de los rasgos que claramente nos identifica, ha hecho que sepamos que vamos a morir. Incluso se puede llegar a considerar que es la conciencia de la muerte lo que nos hace tan distintos de los demás animales.

En general, los animales se muestran indiferentes ante la muerte de miembros de su misma especie, excepto las madres respecto de sus crías jóvenes.

El hombre es el único animal que entierra de modo ritual a sus muertos y esto sólo es explicable si aceptamos que quien así se comporta es porque sabe que va a morir y lo que ello significa.

Los enterramientos son un comportamiento universal entre los seres humanos, sea cual sea su cultura.

Las formas pueden variar: inhumación, incineración, momificación, etc., pero la costumbre no desaparece.

Pero, ¿cuándo surgió la conciencia del hombre?

La relación entre conciencia y muerte nos permite utilizar los enterramientos, para determinarlo.

Por lo tanto, las sepulturas son, al menos, señal de que aquellos que lo practican ya tenían conciencia de sí mismos.

¿Cómo saber que estamos ante un enterramiento humano?

La arqueología acepta que estamos ante una cultura cuando encontramos elementos que no pueden ser explicados por el azar o la naturaleza, es decir, una fosa artificial, un esqueleto dispuesto de modo intencionado y ajuar funerario (elementos decorativos, utensilios, etcétera.)

Pero, además esta costumbre puede interpretarse como el nacimiento de una cierta religiosidad, puesto que la explicación de los enterramientos nos permite entenderlos no sólo como señal de respeto por el muerto, sino también con su preparación para un largo camino, para otra vida.

La conciencia de la muerte es también la conciencia del tiempo.

El hombre es el único ser que reflexiona sobre su pasado, vive su presente y proyecta su futuro.

Es un ser temporal, consciente del tiempo que ha vivido, vive y le queda por vivir.

Se podría decir que el carácter inacabado de la naturaleza humana, su gran capacidad de aprendizaje, es decir, su plasticidad, junto con la posibilidad de anticipar las consecuencias de sus acciones y de tomar decisiones, convierten al ser humano en un ser abierto al futuro.

El futuro es necesario para vivir, el hombre necesita proyectarse, planificar, esperar cosas; sin futuro su vida pierde sentido.

La vida humana es un proyecto personal, individual, algo que vamos construyendo, pero también es una tarea colectiva.

La humanidad también es consciente del tiempo.

Es la protagonista de la historia.

Reinterpreta su pasado, analiza y vive su presente y toma decisiones sobre el futuro.

Sin embargo, la idea que ha existido sobre el futuro de la humanidad no siempre ha sido la misma.

A partir de la Ilustración, movimiento cultural en los siglos XVII y XVIII, el hombre ve en el futuro un mundo mejor.

Piensa que la humanidad progresa no sólo técnicamente, lo que le permitirá vivir con mayor bienestar, sino también moralmente, lo que hace esperar que disminuirán o incluso, llegarán a desaparecer algunos de los males causados por los propios hombres.

El siglo XX, sin embargo, ha puesto en cuestión esta idea optimista sobre el hombre y la humanidad, para hacerse consciente de su poder de destrucción y autodestrucción.

La bomba atómica -cuya potencia ha sido multiplicado por diez por las armas nucleares desarrolladas posteriormente- puso de manifiesto que la humanidad puede tener un final a manos de los propios hombres.

Fue el primer aviso.

La progresiva degradación de la Naturaleza, la contaminación del aire de las aguas, el daño sufrido por la capa de ozono, son otros tantos ejemplos de la capacidad para convertir nuestro planeta en un lugar inhabitable para los seres vivos, humanos y no humanos.

Durante este siglo los hombres se han dado cuenta de que su futuro depende, en gran medida de ellos mismos.

7.-  La creación de utensilios: la técnica

El hombre es lo que es porque ha sido capaz de dotarse de aquellos elementos que la naturaleza le ha negado.

Su aparente fragilidad e, incluso, incapacidad frente a otros animales, es sustituida por la inteligencia, como ha hecho posible el lenguaje, la ética, etc. y la posibilidad de intervenir en el mundo.

Platón, en el mito de Prometeo, destaca hasta qué punto esta capacidad es esencial para la supervivencia de los hombres.

Platón sitúa en el mismo plano la inteligencia y la técnica, la capacidad para modificar el medio que nos rodea, y reconocen ambos el patrimonio con el que cuenta la humanidad para poder sobrevivir, sin ellos, por la incompetencia de Epimeteo, hubiera muerto.

La técnica, esta actividad, que nos ha llevado hoy a una sucia tecnología altamente tecnificada, empezó siendo muy elemental, apenas la creación de utensilios, como flechas; pero poco a poco, los seres humanos fueron desarrollando estabilidad y distanciándose del uso de instrumentos que pueden hacer los animales, como los monos.

El poder creador del hombre ha ido creciendo de tal modo que la distancia con los animales es infinita.

Vivimos en un mundo tecnificado en que la tecnología forma parte de nuestra vida, hasta el punto que hemos transformado totalmente la imagen de la naturaleza allí donde hemos llegado: casas, puentes, carreteras, campos cultivados, reforestaciones y presas.

La naturaleza está humanizada.

Desde el siglo XVI nuestro saber se orienta no sólo hacia la investigación, espoleado por el afán de descubrir los secretos de la naturaleza, sino también a la transformación de la naturaleza, con el fin de mejorar la vida de la humanidad.

Hoy en día, los avances en medicina, el campo abierto de las técnicas de fertilización asistida, la separación entre sexualidad y reproducción, la investigación espacial o la tecnología de la información presentan posiciones impensables hasta este siglo.