sábado, 4 de septiembre de 2010

SER CULTO

Si en otro espacio he afirmado que autoproclamarse “poeta” es una osadía, ahora afirmo que autoproclamarse “culto” es una temeridad.
Ser culto supone tener familiaridad con:
1.- Los rasgos fundamentales de la Historia (y en Europa y en España tenemos tanta historia que…..)
2.- Las grandes teorías científicas y filosóficas (y al ritmo galopante que avanza la ciencia…. y con tantas modas minoritarias filosóficas….)
3.- Las obras de Arte, de la Música y de la Literatura (¿qué decir de este apartado?. Uno se acerca con los esquemas clásicos a estas obras modernas e …imposible comprender el arte abstracto, la música moderna o la novela social o psicológica de hoy).

Yo, al menos, me asusto o me maravillo de lo inculto que soy. No sé tú. No es que tenga lagunas, ni mares interiores, ni Mediterráneos, Océanos ilimitados me rodean por doquier.

Pero con la cultura ocurre como con la comida.
“Olvido la mayor parte de lo que he leído, así como he olvidado lo que, últimamente, he comido. Pero sé que estas dos cosas contribuyen, por igual, al sustento de mi espíritu y de mi cuerpo”.
No sé de quién es esta cita pero la hago mía al cien por cien.

La cultura no es algo que se tiene y, cuando se tiene, uno ya se considera culto, como quien adquiere una casa y ya es propietario.
La cultura es un ideal nunca actualizado, es un proceso, un camino sin meta, pero por el que se camina. Uno puede/debe considerarse caminante, senderista, escalador,… pero siendo consciente de que nunca va a llegarse a la meta, porque ésta no existe.

Es la sentencia de Galeano sobre el paisaje.

La cultura, además, es un terreno movedizo que siempre, y a todos, causa inseguridad, por su inabarcabilidad.

¿Puedo ser considerado inculto por no saber cuándo se inició y finalizó la catedral de Burgos y cuántos arquitectos intervinieron a lo largo de su construcción?.
¿Puede ser considerado culto quien sí lo sepa?.

Conocer a Don Quijote o a Don Juan o a Otelo o a Hércules o…no es conocer a personas, sino a personajes.
Los personajes son informaciones condensadas. Puedes llamar Don Juan al vecino del quinto si es un ligón empedernido, cuyo ideal es usar y tirar (“un día para conocerla, otro para….”), u Otelo al vecino del sexto si es un celoso obsesionado de que su mujer lo engaña con…

Lo maravilloso de leer una novela, no es tanto el contenido, el argumento, como la manera que tiene el/la autor/a de ver el mundo. Es una puerta abierta a otra perspectiva de ver las cosas. Y esto, siempre, es enriquecedor.

Las nuevas fuentes de información están contribuyendo a la disminución del esfuerzo que la lectura supone.
Es más cómodo ver y oír la película que ponen en la tele o se proyecta en las pantallas panorámicas, mientras comes palomitas, tomas una cerveza o estás abrazado por la butaca y con los pies en alto.

La literatura es como el amor no puede ni debe ser obligatorio/a, tiene que salir de uno mismo.
Obligar a leer es como hacer el amor como un débito conyugal, habrá eyaculación pero no orgasmo auténtico.

Entras en un museo o en una biblioteca y lo esencial es el silencio, interior (sin preocupaciones ajenas al arte) y exterior (sin molestias exteriores, que te distraigan).
Las palabras ausentan la emoción, el ruido estorba al sentimiento, la prisa es enemiga de la emoción.
Solo mirar, con una mirada meditativa y acompañada de resistencia física. El cansancio es enemigo de la vivencia estética.

¿Qué decir de quien entra en el museo y a la media hora va buscando el cartel de la cafetería?
¿Qué decir de quien abre un libro y como no tiene ilustraciones…?
¿Qué decir de quien admira, como máximos exponentes de la música, a Camela o a los Chichos?

¡Dios¡ ¡Qué tribus¡

EL FILÓSOFO

Cuando un pensador, un filósofo, expone su pensamiento sobre un tema cualquiera, dando las razones que lo llevan a afirmar lo que afirma, no está haciendo otra cosa que desnudarse, que poner sobre la mesa sus argumentos para que quien los lea o los oiga le demuestre que está equivocado, o que sus razones son débiles, o que he aquí mis razones, más fuertes que las tuyas, que refutan tus argumentos o matizan lo afirmado por ti.
El filósofo, una vez sopesadas las razones, se reafirmará en lo dicho o se bajará del burro, sumamente agradecido de que alguien le haya sacado del error.
Exponer un pensamiento, una reflexión, es un desafío, es un reto y una invitación a lectores u oyentes, no para que asientan, sino para que, tomándolo en consideración, se metan con él y con sus reflexiones.
Si lo expuesto se hace invulnerable y sale ileso del envite, el filósofo se mantendrá en sus trece.
Pero si un filósofo pontificara o dijera hablar “ex catedra” habría merecido ser condenado al infierno del olvido.
Un “filósofo dogmático” es una “contraditio in terminis”.
Ser “filósofo” y “vaticanista” no casa bien.
Cuatro ojos ven siempre más que dos, aunque no por eso lo más es lo mejor.
El otro puede exponer su perspectiva del problema y cómo, desde esa perspectiva, lo ve de otra manera, que puede ser preferible o no a la expresada por el filósofo.

Fernando Savater proclama su derecho a desdecirse de lo dicho anteriormente en cuanto se le muestre su error. Lo cual siempre es un acierto, el reconocer un error o las razones mas potentes del otro.

En la Introducción a “El arte de vivir”, su entrevistador, Juan Arias (otro pensador por el que siento simpatía y estoy en sintonía) dice de Savater que es un “filósofo atípico”, un filósofo que navega entre dos aguas: el escepticismo y el sentido común, un filósofo que siente pasión y defiende la tolerancia, que aborrece el autoritarismo y el fanatismo, un “filósofo de la obviedad”, el “filósofo del sentido común”, cuya filosofía es autorizada para todos los públicos.

Cualquiera que haya leído sus obras o sus artículos en El País o en revistas varias estará de acuerdo con lo expresado por Juan Arias.

Savater trata los temas de la calle y a nivel de calle, su verbo es fluido y cristalino (lo que –según él- no es visto bien por muchos, que creen que el filósofo tiene que ser obscuro, y expresarse en un lenguaje críptico y para expertos, puesto que los temas de la filosofía son temas profundos; y lo profundo no puede ser claro).
En este sentido es un fiel cumplidor de lo expresado por otro filósofo, Ortega y Gasset, que afirmaba que “la claridad es la cortesía del filósofo”, que lo que puede ser dicho, puede ser dicho de manera clara e inteligible para todos.

Savater se considera un filósofo atípico porque renuncia a los tecnicismos y a meterse en los entresijos de las discusiones metafísicas, pues lo suyo son los problemas de la calle y la gente de la calle. De ahí la cantidad de lectores que lo siguen (lo que tampoco es bien visto por los filósofos académicos).
Ser un Sócrates, en los tiempos actuales, no cuenta con la aprobación de las élites catedralicias.

Su defensa de la libertad y su oposición al dogmatismo y la intolerancia lo lleva a oponerse, muchas veces, a la jerarquía eclesiástica, a la Iglesia oficial, cuyo ideal es que volvamos a refugiarnos en su seno; más bien que volvamos a la placenta protectora de la Iglesia, al paraíso original en la tierra.
Si durante nueve meses nuestra madre nos mantuvo, sumamente felices, en el paraíso de su vientre, una vez nacidos la otra madre, la Santa Madre Iglesia quiere que volvamos a su seno para alimentarnos por el cordón umbilical de la fe, aunque éste no sea, muchas veces, racional.

Aunque ser creyente no sea óbice para ser persona auténtica, renunciar a la libertad de pensar autónomamente es un canon que nunca, nadie, debe pagar.

Savater es un optimista impenitente y siempre ve la otra cara, la buena, de los problemas, todas las potencialidades que cualquier problema encierra.
De aquí mi predilección por su pensamiento

viernes, 3 de septiembre de 2010

NATURALEZA Y CULTURA.

Viendo, contemplando, analizando un hormiguero, puede comprenderse a una hormiga; pero del estudio de una hormiga no puede concluirse cómo es un hormiguero.
Además viendo una hormiga están vistas todas las hormigas.
“Visto un león, están vistos todos” – dice el profesor Marina.
Desde el individuo animal puede llegarse a la especie.

¿Y del hombre?. ¿Podemos decir lo mismo?.
Analizando la sociedad uno puede concluir cómo son/tienen/deben de ser sus individuos.
Pero ¿del análisis de un individuo puede concluirse cómo es la sociedad?.
Y, conocida una persona ¿se conoce ya a toda la especie humana?.

Evidentemente, NO.
¿Por qué?. Porque en el hombre cuenta, y mucho, el elemento “cultura”, que no es algo genético, sino adquirido, y una persona puede estar alimentada o no de cultura, o de distinta cultura, o en intensidad distinta.
Los valores, los comportamientos, el concepto de la vida y de la muerte, la consideración de los sexos, el valor de la persona, el concepto de familia, los roles paternos y filiales …todo eso lo va transmitiendo la sociedad, a través de la educación, y unos pueden hacerlo suyo o no, y con una intensidad u otra.

Ni siquiera conociendo a una persona podemos deducir cómo son sus hermanos.
Todos sabemos lo del “garbanzo negro” de la familia (aunque los garbanzos, generalmente, no son negros, pero “haberlos, haylos”).
De un “garbanzo negro” no puede llegarse a la conclusión de que la familia sea igual, precisamente por eso es “negro”, por ser la excepción, que, como sabemos, confirma la regla.
La mala interpretación es constante y bastante general, nos equivocamos muchas veces y llegamos a falsas conclusiones.
La contrastación con los otros es necesaria para reafirmarnos o para salir del error.
En esto el lenguaje nos es imprescindible, el diálogo es necesario.
Porque en el lenguaje, todos somos comunistas, pues el lenguaje es propiedad de todos, por eso deberíamos conocerlo mejor, incluso amarlo y aquilatarlo, porque a través de él es como mejor nos entendemos y habitamos en la casa de la verdad.
Y sin embargo muchas veces malinterpretamos el mensaje del otro, o nos malinterpretan, o no sabemos expresarnos adecuadamente.
Una sociedad sin lenguaje sería inimaginable, un lenguaje no social sería absurdo.
Mutua implicación entre ellos. La pregunta de cuál de los dos es anterior es una pseudopregunta.

Analizando la sociedad se comprende que tenga que haber médicos, maestros, taxistas, cajeros/as de supermercados, policías, bomberos,…porque las distintas funciones necesarias para su desarrollo deben estar cubiertas.

Los antiguos decían: “del “esse” al “posse” valet ilatio. Del “posse” al “esse” non valet ilatio”.
(En cristiano) de lo que es, puede concluirse que, si es, es porque puede ser; pero de que algo pueda ser no puede concluirse que sea.

Igualmente, si “todo” es así, éste “individuo” de ese todo también es/tiene que ser así.
“Si todos los triángulos tienen tres lados y tres ángulos, éste triángulo también los tiene, los tiene que tener”.

Pero cuando hablamos del hombre, todo esto hay que ponerlo entre paréntesis, no es así, por la intervención del elemento “cultura”.
No nos referimos a la parte natural, que tendrá, como todos, genes, células, esqueleto,… sino a la persona “total”.

NATURALEZA Y CULTURA. Eso es lo que somos, el resultado final, la suma total de dos sumandos, de los cuales uno de ellos es totalmente variable.
De aquí la igualdad de derechos humanos, en cuanto naturaleza, pero también la desigualdad de derechos personales, porque, en la realidad, “ca uno é ca uno”.
Nadie es fotocopia de nadie. Todos somos originales. “Iguales”, en cuanto personas, pero “distintos” en cuanto “tales personas”.

CRISIS

Hablar de “crisis” es, hoy, un lugar común. La actividad económica se ha venido abajo, el paro se ha ido por las nubes, las familias lo están pasando fatal, la presencia de los emigrantes, en tiempo de crisis, agrava el problema, el pesimismo se ha empadronado en la opinión general, el futuro no lo divisamos o lo vemos obscuro,…

Pensado fríamente, sin ser de los más afectados, de las crisis siempre se sale reforzado: bien porque ha hecho falta más esfuerzo para superarla, bien porque, al esforzarse, también nosotros nos hemos hecho más fuertes.

Pero hay otros tipos de crisis: crisis de identidad, crisis de valores, crisis en la enseñanza, crisis de la juventud,…

Una de las crisis que se nos está viniendo encima es la crisis vital ante el cada vez más tiempo de ocio del que disponemos, por el alargamiento de la vida.

“Mi mujer me ha dicho que me vaya y que no vuelva hasta la hora de comer, porque dice que le estorbo en casa y que soy un pelmazo, así que, como el autobús me sale gratis, voy a ver obras por toda Málaga”.
Conversación real y textual de un jubilado, en el autobús, dirigiéndose a una joven estudiante.

Toda su vida ocupada con el trabajo y ahora, que no tiene que trabajar, no sabe qué hacer con todo su tiempo libre, con el tiempo de ocio. Tiene que irse al espacio exterior a “matar el tiempo”

Seguramente que quien haya sido un buen lector, durante su vida, no se aburrirá, ni tendrá necesidad de salir al exterior porque tiene un espacio interior hambriento de cultura, y ahora es el momento de mejor alimentarlo.
La persona culta puede montarse sus propias fiestas, a otros niveles.
Leer, escribir, pintar, oír música, practicar hobbys, pasear, charlar (hablar por hablar con los amigos, en compañía), visitar y disfrutar en museos, exposiciones y bibliotecas,… Hay todo un mundo de símbolos en el que la persona culta puede beber y saciarse.
No así la persona no culta, que seguirá trabajando, para tener más dinero y así poder comer más, beber más y dormir más, para comprar cosas que rellenen su espacio exterior, ya que el interior o no existe o está con telarañas.
Un nuevo coche, una nueva casa, más viajes, más comidas con los amigos, más ropa,…

Cuanto más culto se es, menos dinero se necesita para pasar el día felizmente.
¿Cuánto cuesta contemplar la salida y la puesta de sol?. ¿Cuánto cuesta sentarse en un banquillo respirando el olor de la dama de noche y del jazmín?. ¿Cuánto cuesta pasear descalzo por la arena de la playa, sin prisa y descansar cuando le apetezca?. ¿Cuánto cuesta leerse los editoriales de los periódicos en la biblioteca pública del barrio, con el silencio reinante y el aire acondicionado?. ¿Cuánto cuesta hacer un crucigrama o un sudoku, superando las dificultades que entrañan?.

El ocio, que es el espacio simbólico maravilloso para los cultos, que poseen un mundo interior que siempre desea alimento, es insoportable para los que sólo necesitan cosas, muchas cosas, más cosas, sentirse rodeado de cosas para no ser conscientes de que no tiene muebles interiores, porque su espacio interior es muy reducido.

El televisor (y ya con tantos y tan variados canales) y la lectura suelen ser incompatibles, formando una disyuntiva exclusiva.

Pero cuando se habla de “los jóvenes”, “la tercera edad”, “las mujeres”, “los niños”,…. ¿a quiénes se refieren?, ¿al joven parado o al que tiene trabajo?, ¿al estudiante?, ¿al que tiene piso o al que no?, ¿al casado o al soltero?, “¿al ennoviado o al no ennoviado?, ¿al tipo alto, atlético, ligón,… o al enclenque, más bien feo, que nunca se come una rosca?, ¿al drogadicto?, ¿al que está en una secta?, ¿al que todavía es virgen?, ¿al del campo o al de la ciudad?, ¿al ingeniero o al que no tiene el graduado escolar?
Porque “los jóvenes” no existen, “la juventud” no existe. Lo que existen son individuos y unos tendrán sus crisis y otros no, o tienen otras, porque, siendo jóvenes, son distintos.
Como “las mujeres”, o como “la tercera edad”.

Yo soy un jubilado, de la tercera edad, y que no me parezco en nada al vecino del autobús, antes mencionado. O él no se parece a mí.
Las clasificaciones sólo sirven para ubicar a las personas, no para definir sus características.

CASA Y HOGAR.

Uno de los anuncios de El Corte Inglés dice (algo así como): “compre una casa, nosotros le amueblamos su hogar”.

Eso es falso, no se si está mintiendo, lo que sí sé es que es que no es verdad y que, si se lo cree y lo dice sinceramente, está en un error.
Se amueblan las casas, que son las que se compran y se venden, que ya están construidas o en construcción, que las hacen los constructores, usando materiales,…. los hogares NO, ni se compran ni se venden (como “el cariño verdadero”) porque no existen ya hechos, porque somos cada uno de nosotros, en compañía, los que tenemos que ir levantándolo, cada día, con cariño, con sacrificio, con comprensión, con renuncias, con esfuerzos,… y nunca está “perfectamente” construido, siempre le faltarán detalles, porque un hogar es, siempre, “manifiestamente mejorable”
Una cosa es la conformación de un hogar y otra muy distinta los muebles de la casa.
Ni El Corte Inglés ni nadie puede vender ni amueblar hogares.

Un hogar no es una casa. Mientras la casa es un espacio físico, de tantos metros cuadrados, en el campo o en la ciudad, chalet, casa mata o piso en la quinta planta,…el hogar es un espacio humano, es una atmósfera que se respira, es como la red de los trapecistas en el circo, siempre está ahí, aunque muchas veces no haga falta, pero siempre preparada para que nada grave ocurra, porque entre todos la sujetan.

El hogar, dice F. Savater, es “la tienda que no cierra en toda la noche”, además, “en la que se regala amor humano, gratis y con asistencia personalizada” –añado yo.

No me opongo a las familias monoparentales voluntarias, ni a las adopciones por homosexuales y lesbianas. Estoy seguro que lo hacen con la mejor intención del mundo y que las necesidades básicas, físicas y emocionales, van a estar convenientemente satisfechas, mientras el niño permanezca en la casa.
Pero el niño, además de ser un ser familiar, también es un ser social y cuando ese niño salga a la calle, entre en la escuela y se mueva por la sociedad, será señalado por los demás como un niño “especial”, en el sentido de “excepción” a la regla (aunque sea “excepcional”) pero captará que los demás verán su situación como “anómala”, al ser minoritaria, aún, el tipo de familia del que forma parte.
Psicológicamente su situación familiar puede afectarle, aunque socialmente cada vez sea más aceptada.

No valoro, moralmente, este tipo de familias, pero creo que puesto que es una realidad que somos varones y mujeres en un 50%, la forma normal de familia debe estar compuesta por los dos sexos y los dos géneros, y el niño debe saber moverse, desenvolverse, vivir con ambos presentes y distintos.

Las familias monoparentales voluntarias, las formadas por homosexuales y lesbianas, al ser “excepciones a la regla”, pueden tener efectos no deseados para los niños.

En otros lugares he dejado escrito que no se trata del Derecho de los homosexuales y lesbianas a adoptar, que los tienen, exactamente iguales a los derechos que tienen los heterosexuales, porque son “igual de personas”.
Los derechos se tienen por ser personas, no por la opción sexual elegida y seguida.
Se trata de los Derechos del niño a ser a ser bien adoptado.

Una cosa son las relaciones íntimas, incluidas las relaciones sexuales, entre dos personas adultas, que ejercitan el derecho a elegir, a optar, por la relación que deseen, y otra muy distinta es cuando viene implicada otra persona, ajena a su opción sexual, que, además, es un niño que viene obligado, sin poder decir si quiere o no quiere o le da igual.

¿El derecho de dos personas, mayores de edad, conscientes de lo que hacen, al adoptar, implica el deber de otra, inconsciente aún, a ser adoptado?.
En la adopción quien prima es el Derecho del adoptado, del niño, a ser “bien adoptado”, no el Derecho de los adoptantes a sentirse bien, adoptando.
Y estoy seguro que muchos niños estarían mejor con familias de este tipo que con la tradicional que, muchas veces puede ser un infierno, porque sólo con vivir juntos en el mismo espacio no es suficiente para ser un hogar.

Igualmente he dejado escrito que la “fecundación in vitro”, monoparental, porque una mujer sola quiere ser madre, sin intervención ni compañía de varón, es algo así como “programar huérfanos”.
Y una cosa es que la vida te obligue, por desgracia, a ser huérfano y otra muy distinta es que sea igual ser huérfano que no serlo.

No todo lo que técnicamente puede ser hecho debe, moralmente, ser hecho.

REALIDAD Y DESEO.

El sol es el sol y la piedra es la piedra. El sol no es una fuente de luz o de energía sin los seres vivos, como la piedra no es una cabeza de Afrodita si no es por el hombre.
Las cosas son lo que son.
La piedra no desea ser estatua, ni el sol desea ser fuente de calor, ni el león desea otra cosa que no sea ser y seguir siendo león.
Los minerales, vegetales y animales nacen ya siendo lo que son o programados para serlo, sin tener que poner ellos por su parte otra cosa que el transcurso del tiempo o actuar instintivamente.
Vienen sin libro de instrucciones o las instrucciones ya vienen impresas en sus genes.

El hombre, por el contrario, no es así.
El niño nace sin libro de instrucciones pera éstas son necesarias para pasar de “hombre” a “humano” y, posteriormente, de “humano” a “persona”.

Mientras los demás seres nacen ya acabados o en proceso de acabamiento, el hombre nace, vive y muere intentando completar su inacabamiento esencial, sabiendo, además, que morirá intentando “completarse”.

El puzzle humano comienzan a completarlo los padres, sigue la escuela, los amigos, la sociedad,…
Además, es un puzzle indeterminado, las piezas tienen que ser inventadas y acopladas y, según sean éstas o las otras, así saldrá tal “tipo humano” y “tal persona”.
El hombre es un ser “desestructurado” y la estructura que vaya saliendo y consiguiendo, puede ser una calamidad de persona o una persona valiosa.

Porque el hombre “es lo que no es y no es lo que es” –como dice un filósofo.
El hombre, mientras existe, nunca es lo que en ese momento es, realmente, porque en él siempre hay otro elemento a añadir, que es el deseo.
El hombre siempre es, además de ser, lo que quiere ser, lo que puede ser, lo que sueña y ambiciona ser.

Somos realidad, pero no “realidad bruta”, “realidad hecha” como la piedra, sino “realidad soñada”.

Somos realidad y deseo, por eso no vamos por la vida reptando, sino luchando, buscando, consiguiendo, perdiendo, soñando, aspirando, ambicionando….

El hombre no sólo es realidad, no sólo es espera, también es esperanza.

Aquel que dijo que el mejor momento, al estar en el puticlub, es cuando estás subiendo la escalera, viendo y tocando el… y soñando, pensando, imaginando, fantaseando… sabía bien lo que decía. Era un “ser deseoso”.
Lo otro, lo que viene después, es un “puf”, un escape, un estallido momentáneo, “es una descarga fisiológica”, pero él se llevó de calle el deseo. Lo mejor es bajar, de nuevo, la escalera y volver a soñar.

VARÓN Y MUJER

Si uno de los mecanismos de la evolución fue la adaptación al medio y ser inadaptado era ser eliminado, una de las consecuencias de la razón científica y tecnológica ha sido la adaptación del medio al hombre.
Ya no es, simplemente, que si hace calor pongo el frío y si hace frío pongo el calor, ahora ponemos el climatizador y ponemos el ambiente a la temperatura ideal y nos olvidamos del estado del tiempo ahí fuera.

Pero todavía no hemos inventado el climatizador humano, para la convivencia ideal, entre naciones, entre autonomías, en el interior de la familia.
Así surgen las crisis. Demasiado calor o demasiado frío, humano.

Si en matemáticas 2 + 2 = 4, en la convivencia 2 disgustos + 2 disgustos no son 4 disgustos, sino lo que puede llevarte a que te tires por el balcón o que mates al otro.

Históricamente, los varones han copado todo el campo laboral, político, deportivo, militar y religioso. Existía la competitividad masculina.
Pero, de un tiempo a esta parte, la mujer ha salido del arresto y confinamiento domiciliario, ha cambiado la aguja por el lápiz, el taller de costura por la universidad, el papel de ama de casa por un doctorado universitario y se ha puesto a competir con los varones, invadiendo su terreno, hasta ahora en exclusiva.
Hasta en el poder militar está, poco a poco, metiendo la cabeza.
¿No es una mujer nuestra ministra de las fuerzas armadas?.
Pero en lo religioso NO. ¡Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho¡. Las monjas, esas mujeres maravillosas y esforzadas, son las limpiadoras de los despachos de los jerarcas eclesiásticos.
El varón ha entrado en crisis. Su propia mujer compite. Y competir tiene como meta ganar. Y está ganando.
El espacio vacante de la casa, hasta ahora terreno acotado de la mujer, ha quedado libre, pero necesita ser ocupado.
El varón ha tenido que, no sólo ayudar, sino compartir y repartir tareas.
E históricamente el varón no ha estado preparado para ello.
El varón ha entrado en crisis.

Si en el deporte sigue mandando y no compitiendo con las mujeres, en lo laboral y en lo político, en el hospital y en la universidad, la mujer está demostrando que nada tiene que envidiar al varón.

Si, históricamente, la única competitividad femenina era en lo sentimental y amoroso, y su meta era conquistar al varón deseado por otras muchas (y cuantas más, mejor), y conseguir el trofeo, hoy las cosas están cambiando.
El objeto de deseo ya no es el semental atlético, sino la persona valiosa. Como ya no es objeto de deseo la “barby” espectacular pero hueca, vacía, sino la mujer valiosa.
El aspecto físico ha dado paso al valor de la persona.
La actividad sexual y el acceso al sexo se han democratizado y son voluntarios.
Con quién va a compartirse la vida, también.
La infidelidad es una traición, porque el compromiso ha sido libre.
La ruptura no es una desgracia sino, muchas veces, una “gracia”, una solución.

El desnudo femenino ha estado aprobado socialmente, desde siempre, no tanto el masculino.
Hoy, junto a coches o colonias, se muestran ambos ejemplares, esbeltos, pero como si fueran accesorios del coche o de la colonia.
Todavía queda un tabú.
Si la mujer puede fingir, desnuda, un orgasmo, el varón no puede hacerlo sin erección.
Todavía queda el tabú del varón en erección.

La mujer ha renunciado al monopolio sentimental femenino, socialmente atribuido históricamente y obligado y, sin dejar de ser sentimental, se ha empadronado en el campo intelectual y el varón no ha tenido más remedio que dejar sitio y hacerse, también, sentimental. En esto también se ha impuesto la democracia.

Si el varón representaba la fuerza y la actividad y la mujer la debilidad, la fragilidad y la pasividad, y esos eran los roles sociales, la mujer ha roto la baraja marcada y quiere jugar, sin ventajas, pero con cartas nuevas.

Si era signo de virilidad la “cana al aire” y la querida y/o la mantenida y la mujer era condescendiente con la conducta del varón, porque eso mismo, para ella, socialmente, era la calificación de “viciosa” y/o puta, hoy los valores morales no dependen ni de la iglesia ni de la sociedad, sino que son las propias personas quienes los aprueban o desaprueban, quienes los marcan.

Si antes “los chicos no lloran” y “en cojera de perro y lágrima de mujer no has de creer”, hoy o todos lloran o aquí no llora ni Dios.
Si antes la mujer era “señora de…”, “madre de…”, “hija de…”… Hoy es Dñª…………, sin relación obligatoria a varón alguno, es autónoma, libre, independiente, capaz.

Todavía hoy podemos ver, en las iglesias, la presencia masiva de mujeres mayores, en los oficios de la tarde, cuyo rol femenino no ha cambiado, pero habrá pocas mujeres jóvenes.
Quedan pocas “beatas” y algún que otro “beato” que…

El varón, que aprendió en la mili a “marcar el paso”, ahora se encuentra con el paso cambiado.
Ha entrado en crisis.
Nadie “lleva ya los pantalones” porque todos (ellos y ellas) los llevan, ya que los pantalones, (¡hasta los pantalones¡) también, se han democratizado y han dejado de ser símbolo de poder.