LA PIEDRA LIPE.
En el mes de septiembre, antes de irme a Salamanca a estudiar, todos los años, traspaleábamos los dos muladares que teníamos, en el camino de Villargura. Se trataba de ir aireando la basura, primero clavando el arpón, después echando hacia atrás la basura, con la horca de hierro, la de 4 ó 6 garfios.
Al día siguiente cargábamos el carro y lo llevábamos a las tierras de barbecho, dejándolo en pequeños montones, a unos 20 metros de distancia unos de otros, para que, previo a la siembra, desparramásemos, primero con la horca y luego, rebañando con la pala, para que todo el terreno a sembrar estuviese estercado (estercolado) de manera regular. De lo contrario se notarían, luego, los calveros en los sembrados.
Por la noche, antes de la cena, en el sobrado, con una ceranda (zaranda) o criba, de piel de oveja agujereada, seleccionábamos el trigo, que serviría de simiente, para el día siguiente. Unas dos fanegas diarias, para dos huebras de tierra.
Solía ser trigo monegro o candeal, aunque a veces también era pané o álaga,
En ese mes de septiembre, en mi casa, estaba prohibido tirar los orines, de la noche.
Los orinales, bien debajo de la cama, bien en la puerta de abajo de la mesilla, a la mañana siguiente estaban más o menos llenos. Los echábamos, todos en una herrada o cubo de latón.
En ese cubo, con esos orines, le echábamos la piedra lipe, un sulfato de cobre, que previamente había ido a comprar a la droguería del Sr. Esteban el fraile. Era de color azul y tenía formas irregulares, como pedruscos.
(Luego, mucho tiempo después, supe que la piedra lipe, más que un insecticida era un fungicida y un algicida, para que no le entrase la niebla (una peste que hace que el trigo, y el cereal en general, no grane). Es un producto ecológico, pero no es inocuo. Es dañino para los animales acuáticos, Además, es acumulativo en el ecosistema, a lo largo de la cadena trófica y en el cuerpo de los animales terrestres, en los riñones, atrofiándolos a largo plazo).
Se diluía la piedra lipe en los orines y, con un escobajo, íbamos hisopando (¿existe este vocablo?) el montón de trigo seleccionado. Una vez que, tras moverlo y removerlo, estaba todo empapado, lo tapábamos con un costal viejo, para que “el olor no se le fuera” y quedara todo bien sulfatado.
Quedaba así toda la noche. Por la mañana, temprano, el trigo se había hinchado y era el doble de gordo que antes de encalarlo, la noche anterior. Con la media fanega lo metíamos en costales y los poníamos encima de la burra, que acompañaba a mi padre al campo, junto a la pareja de bueyes armuñeses (lentos como ellos solos, pero muy potentes).
En un sembrador, al hombro, mi padre iba sembrando (esparciendo) el trigo. La melga, entre una ida y una vuelta, era de 12 cerros (surcos) y tenían que cruzarse los puñados, para que todo estuviera perfectamente repartido.
Era un arte la siembra. El que lo hacía mal (más cantidad en unas partes que en otras) se notaba, cuando el trigo crecía, y era testigo acusador durante todo el año. La gente se reía del mal sembrador.
Se tapaba a surco, no a manta.
Luego, durante el año, había que aricarlo dos veces. Además, en primavera, había que escardarlo, quitándole los jolios (hierba), que les echábamos a los conejos, y cortar los cardos, con una hoz en la mano derecha y una horquilla, de palo largo, para no tener que agacharse, en la izquierda. Se sujetaba el cardo con la horquilla y, por debajo, metíamos la hoz, lo cortábamos y lo poníamos en el valle, de lo contrario, al segar, se nos clavarían los pinchos en las manos, a pesar de llevar dediles, para no cortarnos con la afilada hoz, en la mano izquierda.
LA BOBOLINA
En mi casa se practicaba una economía de autosuficiencia. Se compraba poco en la tienda-droguería del Sr. Esteban, el fraile. Bacalao, para los viernes de cuaresma, de cuando en cuando sardinas, chicharros y escabeche, y poco más.
Porque mi madre y mi abuela amasaban todos los viernes. Hacían siete panes grandes, uno para cada día, y tortas, para comerlas calientes, además del hornazo, obligatorio, con chorizo y tocino dentro, para la merienda de los niños (para mis tres hermanos y para mí).
Se amasaba el jueves por la noche, se ponían los panes en una tabla y se les tapaba con una sábana blanca, para que “cogiera el yeldo”.
Quien amasaba, en mi pueblo, tenía la obligación moral de dejar el humiento, que serviría de levadura para el que fuera a pedirlo, cuando fuera a amasar. Yo casi siempre iba a buscarlo a casa de la Srª. Magdalena, la del Sr. Julián.
Teníamos dos hornos, pero siempre usábamos el de la cocina vieja, que era más grande. Yo le traía del corral el pino, para calentarlo. A las no sé cuantas horas lo sacaba mi madre, y quemaba.
Siempre nos decía que no lo comiésemos tan caliente porque, como, además, bebiéramos agua, teníamos el cólico asegurado.
O sea, que pan nunca comprábamos.
¿Fruta?. Mi padre, como he escrito en otros lugares, tenía la costumbre de plantar una viña cada vez que le nacía un hijo. Así que en mi casa estaba el majuelo de Mari, (el del palacio),el de Juani (el de las fuentes) y el de Sito (o sea, yo, Tomá-Sito). Cuando nació el último, José, mi padre plantó dos pinares, que cada año yo le ayudaba a podar y cuya leña sería para el horno.
Así que entre las uvas (que se conservaban encima del trigo hasta el mes de Enero o más), el melonar, que cada año se sembraba, y dos guindos, además de la higuera del corral, poca fruta comprábamos.
La matanza era un rito. Mi padre cebaba 4 cerdos, que eran los pequeños del año anterior (porque los del año que viene ya los teníamos en la caseta, aún pequeños). El más pequeño de los 4, era el porrero, que lo matábamos en Octubre y que, cuando llegaban las Navidades, apenas quedaba algo. Porque en Navidades, con todo el frío y las nevadas de todos los años, matábamos los otros tres, en la casa, naturalmente.
Venían los tíos a ayudar (igual que cuando había que subir el trigo al sobrado). Antes de empezar, los higos secos y el aguardiente eran obligatorios. ¡Cómo entraba el cuerpo en calor¡. Igual que era obligatorio poner la jeta de los cochinos a la lumbre (que ahora llaman barbacoa), y se comía muy caliente, con pimiento picante y un poco de sal.
Matar los cerdos era todo un arte. No daba igual clavarle el cuchillo un poco inclinado hacia abajo (que salía el chorro de sangre hacia arriba y ponía perdida a la mujer que, con mandil blanco, se disponía a recogerla, y removerla, para que no se cuajara, y hacer con ella las morcillas.
El pan duro que quedaba de un día para otro jamás se desperdiciaba. Mi abuela iba migándolo y cada año sacaba más de medio saco. Más las cebollas, que teníamos junto al melonar, y con la sangre de los cerdos, las morcillas, que, para que se curaran bien se colgaban en la chimenea, en unos varales o en puntas, para que se “ahumaran”. Era almuerzo-desayuno obligatorio, en esas madrugadas de frío, hasta que se terminaban.
Igualmente los “farinatos”, a los que los no salmantinos los llaman “pan preso”, porque sus componentes son migas de pan y las gorduras del cerdo, más mucho pimentón, amasado con agua caliente.
Los cerdos, una vez sangrados y muertos había que chamuscarlos, para quemarles los pelos. Lo hacíamos con pajas y junqueras que, en Septiembre, una vez acabado el verano, íbamos al campo a recoger y que traíamos dos o tres cargas.
Como los tres cerdos no daban para todo el año, se mataba una vaca para dos o tres familias. Mi padre siempre mataba “media vaca”, cuya carne era para mezclarla con la del cerdo y hacer chorizos.
Habías varios tipos de chorizos, desde las longanizas (los mejores) a los chorizos normales y a los de callos, que eran los de peor calidad, y que eran los que se echaban en el cocido, con los garbanzos. Además los chorizos gordos y los salchichones, así como el morcón, aprovechando los estómagos de los cerdos.
Mi padre de lo que más sembraba era trigo. Todos los años íbamos al molino del Sr, Pepe, el molinero, de la Orbada, dos veces, para hacer harina.
La cáscara del trigo, la traíamos aparte, en otros costales y se la echábamos a los cerdos y a las gallinas, mezclada con agua caliente.
Lo del “pan negro”, hoy denominado “integral”, era comida de pobres. Así que lo que se comía era pan blanco.
También se sembraba cebada, la suficiente para dar de comer a las dos burras.
Era, casi obligatorio, sembrar lentejas y garbanzos, para autoconsumo de todo el año. ¡Qué dolor de riñones arrancar las lentejas, a mano, antes de inventar lo de la binadora!. La siega de los garbanzos, con los hocines, era horrorosa.
Recuerdo que, al llegar a la punta, yo me tumbaba en la tierra y mi hermana Mary me pisaba los riñones. ¡Qué alivio¡.
Pero las lentejas tenían un problema, que como no se axfisiaran, a los pocos días les salían los gorgojos, y se desperdiciaban. Había que echárselas a los cerdos. Así que, en un rincón de la panera, teníamos un axfisiadero.
Era una pequeña habitación, herméticamente cerrada, con una pequeña abertura, por la que metíamos los sacos de lentejas, hacinados, los propios y los de vecinos y familiares, para aprovechar el espacio.
Nada más introducidos los sacos se iba cerrando, con ladrillos y cemento la apertura hasta dejar sólo un pequeñísimo agujero por el que cupiera una lata, que se colocaba dentro, se le echaba la bobolina (que olía a rayos) y se acababa de tapar todo el axfisiadero.
Como quedara alguna fisura, quedarían mal asfixiadas, y los gorgojos aparecerían, habiéndose estropeado toda la cosecha de lentejas.
(Continuará, no sé cuándo, pero, seguro-seguro, que contnuará)
sábado, 15 de enero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
INTEGRISMOS (1)
El Integrismo es no sólo una forma de pensamiento, también es una forma de acción. Y no sólo en el Islamismo, también en el Cristianismo, en general, y en el Catolicismo, en particular.
Podríamos decir que todo comenzó cuando la Aristocracia y la Iglesia perdieron el protagonismo en la Francia de finales del XVIII. Dos de las patas en que se asentaba la Monarquía Absoluta se tambalean y la mesa se cae. Lo que venga después es otra historia.
La burguesía desplazó a la Nobleza, en lo político, y la Diosa Razón ocupó el lugar del Dios cristiano, en lo social, en lo familiar, en lo moral, en lo educativo, en la vida, al tiempo que el poder pasa al pueblo, que se convierte en soberano, sustituyendo al Rey.
El poder ya no viene de Dios, sino del pueblo, que, tan sólo, lo cede, y quien lo ejerza no tendrá que dar cuenta de su gestión ante Dios y ante la Historia, sino ante el pueblo soberano.
La antigua estabilidad social, política y moral se desestabilizó con la Revolución Francesa.
La Enciclopedia, con su Saber y Conocimiento, desplazó a la Biblia, con su palabra revelada y su fe.
La declaración Universal de los Derechos del hombre y del ciudadano será, a partir de ahora, el programa ético a realizar.
El bien y el mal ya no provienen de Dios sino de la Razón.
Asistimos al divorcio entre la sociedad moderna, (surgida de la Ilustración y de la Revolución Francesa, teniendo como guía a la Diosa Razón), y la doctrina social de la Iglesia Católica (con la Biblia, revelada, como guía).
El diálogo, la discusión y el acuerdo sustituyen al monolitismo religioso. El pecado queda para los creyentes, que no serán todos, pero el delito será general, pues TODOS son ciudadanos. La multa y la cárcel, aquí, en esta vida, sustituyen a las penas eternas en la otra vida.
Lo que uno piense al Estado no le incumbe, lo que uno hace o dice, sí.
La Ética, expresa en los Derechos Humanos, sustituye a la moral religiosa cristiana.
La vida comienza a ser terrena.
El futuro queda en manos de los hombres y Dios nada tiene que ver en ello, como nada tiene que ver con el progreso. El hombre ha pasado a ser mayor de edad. La moral, de heterónoma, se ha convertido en autónoma. Será la razón la que dirija la conducta y la práctica diaria, no la jerarquía eclesiástica. El único tribunal es la Razón. Los hasta ahora consejeros espirituales, asesores morales, guías educativos, ministros religiosos,… se inscriben en el paro.
La sociedad se ha convertido en laica.
Si Marx y Engels, desde su ateísmo, sacaron a la luz su Manifiesto Comunista en 1848, radiografiando al capitalismo y proponiendo la forma de conseguir vencerlo, para sacudirse la explotación del hombre por el hombre, con el grito final de “proletarios de todos los países, uníos”, hubo que esperar a 1892 a que la Iglesia gritase, denunciando lo mismo, con la encíclica “De rerum novarum”, de León XIII, proponiendo, no la revolución social, sino la llamada a la conciencia de los capitalistas, para que “fueran buenos” y abandonaran su manera de actuar.
La sociedad iba en una dirección y la religión en otra distinta.
La sociedad moderna pretende decretar la “muerte de Dios” o, al menos, actuar y vivir “como si Dios no existiera”, “al margen de Dios”, mientras que lo que intenta el Integrismo es reconquistar el papel, la función, central de la religión, en la sociedad, como lo fue en otros tiempos.
Para el Integrismo la Doctrina Social de la Iglesia debería aplicarse a todas las esferas de la vida social, desde la economía a la política, sin ninguna mediación, rechazando toda autonomía relativa de cualquier esfera de la acción humana.
La religión, tal como lo decreta el Magisterio de la Iglesia, debería ser la levadura que fermente TODA la masa de la vida humana, estar presente en toda actividad humana.
La sociedad, su funcionamiento, debe seguir y debe regirse por el código de circulación propuesto por la Iglesia.
Aplíquenlo a cualquier religión.
(Continuará).
Podríamos decir que todo comenzó cuando la Aristocracia y la Iglesia perdieron el protagonismo en la Francia de finales del XVIII. Dos de las patas en que se asentaba la Monarquía Absoluta se tambalean y la mesa se cae. Lo que venga después es otra historia.
La burguesía desplazó a la Nobleza, en lo político, y la Diosa Razón ocupó el lugar del Dios cristiano, en lo social, en lo familiar, en lo moral, en lo educativo, en la vida, al tiempo que el poder pasa al pueblo, que se convierte en soberano, sustituyendo al Rey.
El poder ya no viene de Dios, sino del pueblo, que, tan sólo, lo cede, y quien lo ejerza no tendrá que dar cuenta de su gestión ante Dios y ante la Historia, sino ante el pueblo soberano.
La antigua estabilidad social, política y moral se desestabilizó con la Revolución Francesa.
La Enciclopedia, con su Saber y Conocimiento, desplazó a la Biblia, con su palabra revelada y su fe.
La declaración Universal de los Derechos del hombre y del ciudadano será, a partir de ahora, el programa ético a realizar.
El bien y el mal ya no provienen de Dios sino de la Razón.
Asistimos al divorcio entre la sociedad moderna, (surgida de la Ilustración y de la Revolución Francesa, teniendo como guía a la Diosa Razón), y la doctrina social de la Iglesia Católica (con la Biblia, revelada, como guía).
El diálogo, la discusión y el acuerdo sustituyen al monolitismo religioso. El pecado queda para los creyentes, que no serán todos, pero el delito será general, pues TODOS son ciudadanos. La multa y la cárcel, aquí, en esta vida, sustituyen a las penas eternas en la otra vida.
Lo que uno piense al Estado no le incumbe, lo que uno hace o dice, sí.
La Ética, expresa en los Derechos Humanos, sustituye a la moral religiosa cristiana.
La vida comienza a ser terrena.
El futuro queda en manos de los hombres y Dios nada tiene que ver en ello, como nada tiene que ver con el progreso. El hombre ha pasado a ser mayor de edad. La moral, de heterónoma, se ha convertido en autónoma. Será la razón la que dirija la conducta y la práctica diaria, no la jerarquía eclesiástica. El único tribunal es la Razón. Los hasta ahora consejeros espirituales, asesores morales, guías educativos, ministros religiosos,… se inscriben en el paro.
La sociedad se ha convertido en laica.
Si Marx y Engels, desde su ateísmo, sacaron a la luz su Manifiesto Comunista en 1848, radiografiando al capitalismo y proponiendo la forma de conseguir vencerlo, para sacudirse la explotación del hombre por el hombre, con el grito final de “proletarios de todos los países, uníos”, hubo que esperar a 1892 a que la Iglesia gritase, denunciando lo mismo, con la encíclica “De rerum novarum”, de León XIII, proponiendo, no la revolución social, sino la llamada a la conciencia de los capitalistas, para que “fueran buenos” y abandonaran su manera de actuar.
La sociedad iba en una dirección y la religión en otra distinta.
La sociedad moderna pretende decretar la “muerte de Dios” o, al menos, actuar y vivir “como si Dios no existiera”, “al margen de Dios”, mientras que lo que intenta el Integrismo es reconquistar el papel, la función, central de la religión, en la sociedad, como lo fue en otros tiempos.
Para el Integrismo la Doctrina Social de la Iglesia debería aplicarse a todas las esferas de la vida social, desde la economía a la política, sin ninguna mediación, rechazando toda autonomía relativa de cualquier esfera de la acción humana.
La religión, tal como lo decreta el Magisterio de la Iglesia, debería ser la levadura que fermente TODA la masa de la vida humana, estar presente en toda actividad humana.
La sociedad, su funcionamiento, debe seguir y debe regirse por el código de circulación propuesto por la Iglesia.
Aplíquenlo a cualquier religión.
(Continuará).
jueves, 13 de enero de 2011
DECIR-SER-OBRAR
OPERARI SEQUITUR ESSE
(El OBRAR sigue al SER).
OBRAMOS según lo que SOMOS. El que ES solidario, OBRA solidariamente. El que ES justo, OBRA justamente. El que ES egoísta. OBRA egoístamente. El que ES un bruto….
Nuestra forma de SER condiciona, empuja, arrastra, incita, nuestra forma de ACTUAR, nuestra forma de OBRAR.
Otra cosa es el DECIR.
Si alguien DICE que ES justo y no OBRA justamente, hay un desequilibrio, una discordancia, tanto entre el DECIR y el SER, (entre lo que dice que es y lo que es) como entre el SER y el OBRAR. A lo primero se le llama MENTIRA, a lo segundo HIPOCRESÍA, y ambos pertenecen a la categoría de la FALSEDAD.
Si el genio literario se preguntaba “Ser o No Ser, ésa es la cuestión, ése es el problema”.
Y el genio religioso decía “Obras son amores, y no buenas Razones”.
Hoy deberíamos decir “Obrar o no obrar, ése es el problema”.
Pero hay que tener en cuenta que:
1.- Se puede HACER-OBRAR poco, y eso es de egoístas.
2.- Se puede HACER-OBRAR mal, y eso es de malvados.
3.- Se puede HACER-OBRAR tarde y eso es de torpes.
4.- Se puede HACER como que se HACE, pero, en realidad, no se HACE, sólo son amagos. Y eso es de hipócritas
¿Lo ideal?. HACERLO todo (SER SOLIDARIOS), bien (SER SABIOS), pronto (SER DILIGENTES) y realmente (SER BUENOS).
Si, pues, SOMOS…. OBRAREMOS…..
SEÁMOSLO, pues.
(El OBRAR sigue al SER).
OBRAMOS según lo que SOMOS. El que ES solidario, OBRA solidariamente. El que ES justo, OBRA justamente. El que ES egoísta. OBRA egoístamente. El que ES un bruto….
Nuestra forma de SER condiciona, empuja, arrastra, incita, nuestra forma de ACTUAR, nuestra forma de OBRAR.
Otra cosa es el DECIR.
Si alguien DICE que ES justo y no OBRA justamente, hay un desequilibrio, una discordancia, tanto entre el DECIR y el SER, (entre lo que dice que es y lo que es) como entre el SER y el OBRAR. A lo primero se le llama MENTIRA, a lo segundo HIPOCRESÍA, y ambos pertenecen a la categoría de la FALSEDAD.
Si el genio literario se preguntaba “Ser o No Ser, ésa es la cuestión, ése es el problema”.
Y el genio religioso decía “Obras son amores, y no buenas Razones”.
Hoy deberíamos decir “Obrar o no obrar, ése es el problema”.
Pero hay que tener en cuenta que:
1.- Se puede HACER-OBRAR poco, y eso es de egoístas.
2.- Se puede HACER-OBRAR mal, y eso es de malvados.
3.- Se puede HACER-OBRAR tarde y eso es de torpes.
4.- Se puede HACER como que se HACE, pero, en realidad, no se HACE, sólo son amagos. Y eso es de hipócritas
¿Lo ideal?. HACERLO todo (SER SOLIDARIOS), bien (SER SABIOS), pronto (SER DILIGENTES) y realmente (SER BUENOS).
Si, pues, SOMOS…. OBRAREMOS…..
SEÁMOSLO, pues.
martes, 11 de enero de 2011
LA PARÁBOLA DEL ELEFANTE
El hombre es capaz de hacerse muchas preguntas, preguntas de todo tipo y de alto nivel. Ante alguna de éstas somos como ciegos que queremos «ver» y saber qué es un elefante. He aquí la parábola del elefante!
Érase una vez un pueblecito perdido en el desierto. Todos sus vecinos eran ciegos. Un gran rey pasó por la comarca, seguido de su ejército. Montaba un elefante. Los ciegos se enteraron, y habiendo oído hablar mucho de los elefantes, los movió el deseo de tocarlo para hacerse una idea de qué es un elefante. Doce Ancianos y Notables del pueblo se pusieron en camino con este objetivo: «Rey», dijeron, «os suplicamos que nos concedáis venia para palpar el elefante». «Os la concedo», respondió el rey; «¡podéis palparlo!».
Uno palpó la trompa, otro la pierna, éste la espalda, aquél las orejas, e incluso hubo uno que, por licencia especial del rey, montó sobre la bestia y se paseó. Los doce ciegos volvieron entusiasmados a su pueblo. Los otros los rodearon, preguntándoles, muertos de intriga, qué tipo de bestia era un elefante. El primero dijo: «Es un tubo enorme, que se alza con fuerza, se enrosca y, ay de ti si te pilla!». Otro afirmó: «Es una columna peluda». El tercero: «Es como una pared de un castillo». El que había palpado la oreja: «Es como un tapiz muy grueso, de tejido grosero, que se mueve cuando lo tocas». Y el último exclamó: «¿Es que chocheáis? Es una montaña que se pasea!».
Muchas preguntas filosóficas han llegado a ser «preguntas elefantinas». Y los seres humanos nos hemos matado defendiendo nuestras parciales respuestas. ¡Que sabio que es aquel ciego que escucha las respuestas de otros ciegos y, así, enriquece la
Addenda.
Preguntas y pseudopreguntas.
S1 + S2 = S3.
El “homo mensura” de Protágoras.
“Lo que se conoce se conoce según el modo de conocer”. La realidad, para ser conocida, tiene que adoptarse/acoplarse a las estructuras cognoscitivas del sujeto,
Si fuésemos de otra manera, conoceríamos de otra manera.
El conocimiento como estrategia del sujeto para salir bien parado de las situaciones
Problemáticas en que se encuentra.
Érase una vez un pueblecito perdido en el desierto. Todos sus vecinos eran ciegos. Un gran rey pasó por la comarca, seguido de su ejército. Montaba un elefante. Los ciegos se enteraron, y habiendo oído hablar mucho de los elefantes, los movió el deseo de tocarlo para hacerse una idea de qué es un elefante. Doce Ancianos y Notables del pueblo se pusieron en camino con este objetivo: «Rey», dijeron, «os suplicamos que nos concedáis venia para palpar el elefante». «Os la concedo», respondió el rey; «¡podéis palparlo!».
Uno palpó la trompa, otro la pierna, éste la espalda, aquél las orejas, e incluso hubo uno que, por licencia especial del rey, montó sobre la bestia y se paseó. Los doce ciegos volvieron entusiasmados a su pueblo. Los otros los rodearon, preguntándoles, muertos de intriga, qué tipo de bestia era un elefante. El primero dijo: «Es un tubo enorme, que se alza con fuerza, se enrosca y, ay de ti si te pilla!». Otro afirmó: «Es una columna peluda». El tercero: «Es como una pared de un castillo». El que había palpado la oreja: «Es como un tapiz muy grueso, de tejido grosero, que se mueve cuando lo tocas». Y el último exclamó: «¿Es que chocheáis? Es una montaña que se pasea!».
Muchas preguntas filosóficas han llegado a ser «preguntas elefantinas». Y los seres humanos nos hemos matado defendiendo nuestras parciales respuestas. ¡Que sabio que es aquel ciego que escucha las respuestas de otros ciegos y, así, enriquece la
Addenda.
Preguntas y pseudopreguntas.
S1 + S2 = S3.
El “homo mensura” de Protágoras.
“Lo que se conoce se conoce según el modo de conocer”. La realidad, para ser conocida, tiene que adoptarse/acoplarse a las estructuras cognoscitivas del sujeto,
Si fuésemos de otra manera, conoceríamos de otra manera.
El conocimiento como estrategia del sujeto para salir bien parado de las situaciones
Problemáticas en que se encuentra.
lunes, 10 de enero de 2011
EL PORTAL DE BELÉN, EL BUEY Y LA MULA
En Navidad, con el frío que haría, María que se pone de parto, y el niño que nace en un establo a las afueras de un pueblo, sin canastilla ni ropa adecuada para un recién nacido, y tiene como cuna un pesebre, donde comería (¿el buey o la mula?), así que a echarle el aliento o vaho, para calentarlo, como yo hacía con mis manos cuando, en invierno, se me quedaban engarañadas.
Pero el cura de mi pueblo nos decía que el que más y mejor aliento le echaba al Niño era el buey, pero que la mula no estaba por la labor, así que “Dios la maldijo y la condenó a no poder parir, por eso era estéril la mula”.
Y yo me le creía todo.
Porque en mi pueblo, que es agrícola, en la Armuña salmantina, de terreno fértil pero duro, se araba, sobre todo con bueyes, pero “bueyes armuñeses”, lentos pero muy potentes.
Sin embargo, el Sr. Madruga, el Sr. León, el Sr. Moreno y el Sr. Castaño tenían mulos o mulas que, naturalmente, no parían, por el castigo divino.
Pero la envidia ajena era para el que tenía “mulos/as burreros/as”, que eran más pequeños que los mulos normales, pero de piel más fina y más potente.
Los mulos/as burreros/as (o burdéganos) tienen como progenitores a caballo y burra, mientras en los mulos/as normales sus progenitores son burro y yegua.
Mi padre tenía cuatro bueyes, dos vacas (que todos los años parían y nos poníamos “moraos”, durante varios días, con los “calostros”) y una burra, que nunca paría porque no la llevábamos a “la parada”, con el garañón, para que la cubriera y la dejara preñada.
Luego, cuando fui mayor, ya supe que lo de la esterilidad de las mulas nada tenía que ver con maldiciones divinas, sino que era el efecto de un cruce de cromosomas de dos especies distintas caballo/yegua (con 64 cromosomas) y burra/burro (62 cromosomas) así que, en la meiosis, los cromosomas de ambos no pueden aparearse, no forman pares, por lo que los/las mulos/as tenían 63 cromosomas, lo que los convierte en híbridos (no una especie) y eso le impedía quedar preñadas y parir.
Ahora, con lo mal pensado que soy, lo interpreto como un machismo: el buey (bueno), la mula (mala).
Pero el cura de mi pueblo nos decía que el que más y mejor aliento le echaba al Niño era el buey, pero que la mula no estaba por la labor, así que “Dios la maldijo y la condenó a no poder parir, por eso era estéril la mula”.
Y yo me le creía todo.
Porque en mi pueblo, que es agrícola, en la Armuña salmantina, de terreno fértil pero duro, se araba, sobre todo con bueyes, pero “bueyes armuñeses”, lentos pero muy potentes.
Sin embargo, el Sr. Madruga, el Sr. León, el Sr. Moreno y el Sr. Castaño tenían mulos o mulas que, naturalmente, no parían, por el castigo divino.
Pero la envidia ajena era para el que tenía “mulos/as burreros/as”, que eran más pequeños que los mulos normales, pero de piel más fina y más potente.
Los mulos/as burreros/as (o burdéganos) tienen como progenitores a caballo y burra, mientras en los mulos/as normales sus progenitores son burro y yegua.
Mi padre tenía cuatro bueyes, dos vacas (que todos los años parían y nos poníamos “moraos”, durante varios días, con los “calostros”) y una burra, que nunca paría porque no la llevábamos a “la parada”, con el garañón, para que la cubriera y la dejara preñada.
Luego, cuando fui mayor, ya supe que lo de la esterilidad de las mulas nada tenía que ver con maldiciones divinas, sino que era el efecto de un cruce de cromosomas de dos especies distintas caballo/yegua (con 64 cromosomas) y burra/burro (62 cromosomas) así que, en la meiosis, los cromosomas de ambos no pueden aparearse, no forman pares, por lo que los/las mulos/as tenían 63 cromosomas, lo que los convierte en híbridos (no una especie) y eso le impedía quedar preñadas y parir.
Ahora, con lo mal pensado que soy, lo interpreto como un machismo: el buey (bueno), la mula (mala).
EL MITO DEL “DIÁLOGO”.
En bálsamo de Fierabrás, curalotodo, multifunción, se ha convertido el “diálogo”.
“Estamos dialogando” – dicen. Y todos lo consideran como solución a los problemas.
Pero aquí hay un malentendido, porque una cosa es el “diálogo” y otra muy distinta es la “negociación”,
Pero, además, ocurre que, en general, se “dialoga” con los amigos, pero con lo enemigos o con los adversarios se “negocia”.
Peor aún, se puede dialogar con los adversarios y negociar con ellos cuando todos salen beneficiados por la negociación.
Por ejemplo, nuestros parlamentarios, que han dialogado (había poco que dialogar) y han negociado y aprobado, al momento, no sólo sus sueldos y dietas, sino también sus altas pensiones de jubilación en tan bajos años de cotización.
Como es bueno para “todos” ellos, rápidamente han firmado el acuerdo, y a los demás, a los no parlamentarios, que coticen 35 años para cobrar el 100% de su pensión, (porque si sólo llevan 15 años cotizados cobrarán la pensión más baja, 587 euros (o 725 si tiene cónyuge sin renta) ) y cuya pensión de jubilación será acorde a su cotización. No como ellos que con sólo 11 años de estar, muchos de ellos, calentando un cómodo sillón cobrarán el 100 %.
Nuestros parlamentarios, en un diálogo cordial y una negociación amistosa (como debe ser) han blindado sus pensiones.
¿Que sólo llevan 7 años de parlamentarios?, pues el 80%.
¿Que sólo llevan 9?, pues el 90%.
Y si llegan a 11, el 100 %.
El sueldo mínimo de cualquier congresista “raso” español es de 2.918, 64 Euros/mes.
A lo que hay que añadir un “extra mensual neto” por gastos de mantenimiento y manutención, que oscila entre 1.702,59 euros para los que viven fuera de Madrid y los 812,68 euros para los elegidos por Madrid.
No quiero añadir lo que cobran secretarios, portavoces, adjuntos, presidentes de comisiones, comisionados…
Hay un clamor popular contra esta desfachatez, contra la inútil cámara del Senado, contra los parlamentos autonómicos, contra los sueldos de cualquier alcalde de pueblo…. Y todo eso “con la que está cayendo”.
Me llegan, a diario, e-mails de indignación.
Dialogar por dialogar es un ejercicio grato para los dialogantes, como hago yo todos los días con mis amigos.
Pero ¿Negociar?
Se sobreentiende que “negociar” es un pulso entre partes enfrentadas, donde cada parte quiere sacar tajada. No es un intercambio de argumentos, es querer llevarse el trozo mayor de la tarta.
No se negocia para determinar quién pone más bombillas para que se beneficie más gente, sino quien elimina menos bombillas para que ilumine a los suyos más que a los otros.
El caso de nuestros parlamentarios es original, se dialoga como “amigos” y se negocia a la alta porque “todos ellos” van a salir beneficiados de la negociación.
¿Puede dialogarse con los terroristas, con los corruptos, con los defraudadores, con los criminales, con los violadores, con los maltratadores, con los “chorizos”…?
-NO.
-¿Por qué No?
- Porque dialogar supone aceptar una base común de valores, algo que no ocurre con todo este tipo de gente.
Si yo parto de que el valor de una mujer es igual al valor de un varón, que son iguales como personas, y no desiguales, aunque sean distintos y no idénticos y tú partes de que la mujer es inferior al varón, o una propiedad del varón y por tanto “la maté porque era mía”. ¿Qué “diálogo” puede haber entre nosotros?. Cuanto menos “negociación”.
Cuando veo en la prensa las declaraciones de “un tal Blázquez”, sobre la “generosidad” que tendrá la democracia para los terroristas si prometen ser buenos…?
¿También para los maltratadores, los violadores,… si prometen que….?
¿Pero qué está diciendo este señor?.
Que le perdone él sus pecados, si se arrepienten, pero ¿los delitos?. Los delitos son una deuda que, siempre, todo delincuente debe saldar con la sociedad.
Kant decía que si un condenado cumplía su condena, impuesta por un juez, podía salir con la cabeza muy alta y presentarse en sociedad y poder decirles a todos: “soy igual que vosotros. Yo fui condenado a pagar y he pagado. Vosotros no teníais que parar nada porque nada ilegal habíais hecho. Estamos iguales. Estamos a 0.
Pero ¿y los casi 1.000 asesinados, y los desfalcos, y los robos, y las comisiones ilegales, y…. sea Marbella, Valencia, Sevilla, Castellón,…?.
Sólo, después de saldar sus deudas, pueden presentarse en sociedad y decir, con la cabeza muy alta, lo que decía Kant, pero no antes.
“Estamos dialogando” – dicen. Y todos lo consideran como solución a los problemas.
Pero aquí hay un malentendido, porque una cosa es el “diálogo” y otra muy distinta es la “negociación”,
Pero, además, ocurre que, en general, se “dialoga” con los amigos, pero con lo enemigos o con los adversarios se “negocia”.
Peor aún, se puede dialogar con los adversarios y negociar con ellos cuando todos salen beneficiados por la negociación.
Por ejemplo, nuestros parlamentarios, que han dialogado (había poco que dialogar) y han negociado y aprobado, al momento, no sólo sus sueldos y dietas, sino también sus altas pensiones de jubilación en tan bajos años de cotización.
Como es bueno para “todos” ellos, rápidamente han firmado el acuerdo, y a los demás, a los no parlamentarios, que coticen 35 años para cobrar el 100% de su pensión, (porque si sólo llevan 15 años cotizados cobrarán la pensión más baja, 587 euros (o 725 si tiene cónyuge sin renta) ) y cuya pensión de jubilación será acorde a su cotización. No como ellos que con sólo 11 años de estar, muchos de ellos, calentando un cómodo sillón cobrarán el 100 %.
Nuestros parlamentarios, en un diálogo cordial y una negociación amistosa (como debe ser) han blindado sus pensiones.
¿Que sólo llevan 7 años de parlamentarios?, pues el 80%.
¿Que sólo llevan 9?, pues el 90%.
Y si llegan a 11, el 100 %.
El sueldo mínimo de cualquier congresista “raso” español es de 2.918, 64 Euros/mes.
A lo que hay que añadir un “extra mensual neto” por gastos de mantenimiento y manutención, que oscila entre 1.702,59 euros para los que viven fuera de Madrid y los 812,68 euros para los elegidos por Madrid.
No quiero añadir lo que cobran secretarios, portavoces, adjuntos, presidentes de comisiones, comisionados…
Hay un clamor popular contra esta desfachatez, contra la inútil cámara del Senado, contra los parlamentos autonómicos, contra los sueldos de cualquier alcalde de pueblo…. Y todo eso “con la que está cayendo”.
Me llegan, a diario, e-mails de indignación.
Dialogar por dialogar es un ejercicio grato para los dialogantes, como hago yo todos los días con mis amigos.
Pero ¿Negociar?
Se sobreentiende que “negociar” es un pulso entre partes enfrentadas, donde cada parte quiere sacar tajada. No es un intercambio de argumentos, es querer llevarse el trozo mayor de la tarta.
No se negocia para determinar quién pone más bombillas para que se beneficie más gente, sino quien elimina menos bombillas para que ilumine a los suyos más que a los otros.
El caso de nuestros parlamentarios es original, se dialoga como “amigos” y se negocia a la alta porque “todos ellos” van a salir beneficiados de la negociación.
¿Puede dialogarse con los terroristas, con los corruptos, con los defraudadores, con los criminales, con los violadores, con los maltratadores, con los “chorizos”…?
-NO.
-¿Por qué No?
- Porque dialogar supone aceptar una base común de valores, algo que no ocurre con todo este tipo de gente.
Si yo parto de que el valor de una mujer es igual al valor de un varón, que son iguales como personas, y no desiguales, aunque sean distintos y no idénticos y tú partes de que la mujer es inferior al varón, o una propiedad del varón y por tanto “la maté porque era mía”. ¿Qué “diálogo” puede haber entre nosotros?. Cuanto menos “negociación”.
Cuando veo en la prensa las declaraciones de “un tal Blázquez”, sobre la “generosidad” que tendrá la democracia para los terroristas si prometen ser buenos…?
¿También para los maltratadores, los violadores,… si prometen que….?
¿Pero qué está diciendo este señor?.
Que le perdone él sus pecados, si se arrepienten, pero ¿los delitos?. Los delitos son una deuda que, siempre, todo delincuente debe saldar con la sociedad.
Kant decía que si un condenado cumplía su condena, impuesta por un juez, podía salir con la cabeza muy alta y presentarse en sociedad y poder decirles a todos: “soy igual que vosotros. Yo fui condenado a pagar y he pagado. Vosotros no teníais que parar nada porque nada ilegal habíais hecho. Estamos iguales. Estamos a 0.
Pero ¿y los casi 1.000 asesinados, y los desfalcos, y los robos, y las comisiones ilegales, y…. sea Marbella, Valencia, Sevilla, Castellón,…?.
Sólo, después de saldar sus deudas, pueden presentarse en sociedad y decir, con la cabeza muy alta, lo que decía Kant, pero no antes.
domingo, 9 de enero de 2011
PROBLEMAS Y MISTERIOS.
Hay pseudoproblemas, problemas y misterios.
Los pseudoproblemas, como no son problemas reales, no es que no haya, es que ellos no tienen, solución, o se les puede dar la solución tonta que cada uno quiera, en “plan coña”. ¿Cuáles son los 5 ángulos de un triángulo?. “El parral del patio de tu abuela”. A pregunta absurda, respuesta esquiva.
Los misterios no tienen solución, por eso son misterios. Su verdad ni es verificable ni es falsable, por lo tanto no hay discusión posible. Se aceptan o no se aceptan y “sanseacabó”. ¿Que te gustan y deseas que sean verdaderos porque te hacen feliz?. Pues no te cortes, acéptalos, pero no hipoteques ni un ápice de tu vida ni sacrifiques, en lo más mínimo, la hacienda ni el tiempo de nadie. ¿Que no te interesan?. Pues pasa de largo. Las mismas razones objetivas hay para aceptarlos que para negarlos, o sea, NINGUNA que no sea el interés subjetivo.
Los problemas son in-cógnitas, es decir, que están “escondidas”, son, aún, “desconocidas” las soluciones, las respuestas, pero que sí existen, aunque no se dejen ver.
Pero, a veces, ante un problema damos una falsa solución. “Solución” porque resuelve el problema, pero “falsa” porque crea un problema mayor.
Tiene un problema quien tenga que saldar, de manera inmediata, una deuda pendiente. Una “falsa solución” es llamar por teléfono a ese “dinero al instante” que te anuncian todas las televisiones. Porque van a crearte un problema mayor del que tenías.
Una solución a corto plazo suele ser una “falsa solución”.
Como “falsa” es toda “solución” que sirva para un objetivo (el que sea) pero que imposibilita conseguir otro objetivo mejor.
¿Qué es la vida, tu vida?. ¿Un pseudoproblema?. ¿Un problema?. ¿Un misterio?, ¿Tiene la vida una finalidad distinta y más allá de la vida misma o su destino es ser gastada, consumida, agotada?
¡He ahí un misterio¡ Así que obra en consecuencia.
Los pseudoproblemas, como no son problemas reales, no es que no haya, es que ellos no tienen, solución, o se les puede dar la solución tonta que cada uno quiera, en “plan coña”. ¿Cuáles son los 5 ángulos de un triángulo?. “El parral del patio de tu abuela”. A pregunta absurda, respuesta esquiva.
Los misterios no tienen solución, por eso son misterios. Su verdad ni es verificable ni es falsable, por lo tanto no hay discusión posible. Se aceptan o no se aceptan y “sanseacabó”. ¿Que te gustan y deseas que sean verdaderos porque te hacen feliz?. Pues no te cortes, acéptalos, pero no hipoteques ni un ápice de tu vida ni sacrifiques, en lo más mínimo, la hacienda ni el tiempo de nadie. ¿Que no te interesan?. Pues pasa de largo. Las mismas razones objetivas hay para aceptarlos que para negarlos, o sea, NINGUNA que no sea el interés subjetivo.
Los problemas son in-cógnitas, es decir, que están “escondidas”, son, aún, “desconocidas” las soluciones, las respuestas, pero que sí existen, aunque no se dejen ver.
Pero, a veces, ante un problema damos una falsa solución. “Solución” porque resuelve el problema, pero “falsa” porque crea un problema mayor.
Tiene un problema quien tenga que saldar, de manera inmediata, una deuda pendiente. Una “falsa solución” es llamar por teléfono a ese “dinero al instante” que te anuncian todas las televisiones. Porque van a crearte un problema mayor del que tenías.
Una solución a corto plazo suele ser una “falsa solución”.
Como “falsa” es toda “solución” que sirva para un objetivo (el que sea) pero que imposibilita conseguir otro objetivo mejor.
¿Qué es la vida, tu vida?. ¿Un pseudoproblema?. ¿Un problema?. ¿Un misterio?, ¿Tiene la vida una finalidad distinta y más allá de la vida misma o su destino es ser gastada, consumida, agotada?
¡He ahí un misterio¡ Así que obra en consecuencia.
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