viernes, 10 de enero de 2020

FLORILEGIO FILOSÓFICO: DE ESTO Y DE LOS OTRO ( 6 - 4 )...VIDA Y MUERTE,



PIENSO, LUEGO EXISTO (Descartes).

Durante muchos años expliqué a Descartes y su búsqueda de una verdad indubitable, de la que nadie, nunca, pudiera dudar como el seguro cimiento sobre el que construir la filosofía, pues si los cimientos fallan, el edificio construido sobre ellos nunca estaría seguro de no venirse abajo en cualquier momento.

Si pienso, es que existo.

No podría hacerlo, pensar, si no existiera, luego “existo”, tengo que existir, puesto que pienso.
Ya tengo la primera verdad, “existo”, la existencia de un ser pensante, sobre la que apoyar y construir su filosofía.
(En verdad sería mejor traducir el “cogito ergo sum” como “pienso, por lo tanto soy (un ser pensante)”)

Que no es un silogismo, propiamente dicho, porque requeriría una premisa mayor: “Todo lo que piensa, existe. Es así que yo pienso à existo” sino que es un silogismo irregular, un “entimema”, pero que en realidad es la intuición simultanea de “pensar” y “existir” (pienso existiendo o existo pensando).

Aunque “pensar” no denota sólo “pensamientos o ideas” sino “cualquier actividad vital” (podríamos decir: juego al mus, luego existo, corro, bebo, duermo, escribo, leo,…luego existo)

Pero no puede seguir, por lo que tiene que atenerse, echar mano, del otro término, el “pienso”.
Pero lo que se piensa son “pensamientos o ideas” y como hay tres tipos de ideas: adventicias (que vienen de fuera), ficticias o facticias (las construidas por el mismo sujeto) y las innatas (las que vienen inscritas en la naturaleza) y como son éstas las que….(bla…bla…bla…)

Por eso me gusta la frase de Carlos Díaz, el filósofo español, seguidor de Mounier y defensor del personalismo comunitario: “Soy amado, luego existo” y su tetralogía personalista.

ÉTICA Y RELIGIÓN.

Adela Cortina muestra que es posible interpretar los dos términos, “ética” y “religión” como un juego de suma positiva.

En una de sus conferencias expone las tres partes:

1.- La relación entre la Ética Cívica o Ética de mínimos,

2.- La pregunta si el Cristianismo no habrá muerto de éxito, ya que muchos de sus elementos han quedado incorporados a la Ética Cívica, y

3.- La respuesta negativamente a la pregunta anterior, mostrando la necesidad de la religión, concretando en algunos puntos su relación con la Ética Cívica, de modo que el resultado sea de una suma positiva, en la que ganan todos, especialmente los seres humanos.

Personalmente opino que una Ética, filosófica, no necesita de una religión, revelada por un Dios, o por una autoridad, y debe basarse sólo en principios racionales.

En otro lugar he escrito y comentado el libro de otra Catedrática de Ética, Esperanza Guisán y su libro “Ética sin religión. Para una educación cívica laica”

 Dedicado a toda persona que desee ser libre -"independientemente de su moral"-, el ensayo pretende "hacer énfasis en la necesidad de una ética basada en supuestos filosóficos defendibles, que redima y libere a los humanos de la humillación que las morales religiosas imponen",

"Un católico fiel al Papa - afirma - tiene pocas posibilidades de ser independiente, de ser ético. Porque la ética supone esfuerzo de reflexión y un católico de verdad no se opone a seguir un mandato sin cuestionárselo". 

Defensora impenitente del laicismo en la educación, luchó activamente contra los sucesivos intentos gubernamentales por mantener la religión en el currículum escolar, y a favor, en cambio, de la introducción de la asignatura de Educación para la Ciudadanía 

La autonomía moral exige de los ciudadanos el rechazo de toda norma basada en la autoridad.

Nuestras acciones no pueden justificarse recurriendo a los mandatos de dioses, sacerdotes o caudillos, (autoridades).

Pero, concluyendo, yo, de que la Ética no necesite a la Religión, no puede concluirse que necesariamente se opongan por ser distintas y que puedan, mutuamente, ayudarse, dando como resultado una suma positiva.


VIDA Y MUERTE.

Se ha dicho muchas veces que desde el mismo momento de nacer, ya comenzamos a morir, a restarle tiempo a la vida, a acercarnos al final.
Nacemos en lo más alto de la vida, con toda la vida por delante y, desde ese mismo momento comenzamos a descender de la montaña de la vida hasta el valle de la muerte.
Dejamos de estar vivos al 100% desde el mismo momento que asomamos la cabeza, momento en que ya comenzamos a restar.

Corrupción quiere decir muerte, disolución y la vida es lo contrario, es generación o cohesión, y así lo es, por ejemplo, en nuestro cuerpo, que también él vive una permanente corrupción.

La vida de nuestro cuerpo se mantiene porque lo que en él genera o conexiona es mayor que lo que se corrompe o separa.
Mientras la suma supere a la resta, seguimos vivos y viviendo.

Así sucede, también, en la sociedad y, si frente a los alarmantes signos de disolución en nuestro país, tomamos en cuenta los también abundantes y alentadores signos de cohesión, quizás haya lugar para un optimismo razonable.

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