martes, 10 de diciembre de 2013

3. 2.- HOMO ETHICUS.


Hombre y animales irracionales tienen en común la animalidad. Son “vivientes” “sensibles”. En eso concuerdan, pero divergen en muchos otros aspectos.

Y ya lo hemos expuesto en un tema anterior.

Al animal se le presenta la realidad o él sólo la capta como “Estímulo” que están exigiéndole/pidiéndole que Responda (positivamente, si es atractivo, para captarlo, o negativamente, si es peligroso, para huir)

El hombre, en cambio, capta la realidad como realidad, porque al sentirla la entiende, y la capta no sólo como es sino también como puede ser.

Un palo, para el hombre, es un palo real pero también un palo preñado de potencialidades (bastón en que apoyarse, arma para atacar y defenderse, fuego para calentarse, flecha a disparar, mango de azada, palanca para remover grandes pesos…)

Actualizar potencialidades negativas “pudiendo”, “libremente” no hacerlo, conlleva responsabilidad.

Pero este campo moral (del conocimiento, de la voluntad y de la libertad) es exclusivo del hombre, no del animal.

El responsable, y culpable, de que el burro se coma las berzas del vecino no es el burro sino su dueño. El burro, ante el Estímulo, no es dueño de su Respuesta. Es el dueño quien debe preverlo o, si no, cargar con las consecuencias.

El agua es H2O, es líquida, incolora, inodora e insípida (al menos teóricamente) pero el hombre, con su inteligencia, ve energía eléctrica.

Al metal lo ve como metal, pero también como cuchara, espada, llave,…

Si para el animal el “medio” en que vive es “estímulo”, para el hombre, el “mundo en el que vive y crea” también es lo que puede ser, no sólo lo que es.

Sólo siendo “Homo sapiens” puede ser “Homo liber” y, como consecuencia, “Homo ethicus”.

El hombre es “libre” para sembrar el campo de cereal, para alimentarse y alimentar, pero también para sembrarlo de minas, que matan. Esa es su responsabilidad.

Puede el hombre descubrir la energía atómica, preñada de positividades, pero también, con ella, puede confeccionar la bomba atómica, para destruirlo todo. Esa es su responsabilidad. Porque pudiendo no hacerla, la hace, y/o pudiendo no usarla, la usa.

El PRINCIPIO ÉTICO por excelencia es “HACER EL BIEN Y EVITAR EL MAL”

Pero puedo no hacerlo o no evitarlo y así, la libertad, que es una posibilidad, se convierte, también, en un riesgo. Porque el hombre en su/para su obrar no dispone de un piloto automático y siempre tiene que estar con las manos en el volante siendo consciente que, aún así, son posibles los volantazos y el peligro de terminar en la cuneta de la vida.

Y si antes, para viajar sin error, bastaba una brújula y un buen mapa para orientarse, hoy disponemos del más sofisticado GPS que te informa, que te ordena… porque sabe la ruta mejor que el conductor.

Pero en el viajar por la vida nada de eso ocurre, sólo una conciencia moral bien formada, sustituye a la brújula, y los principios éticos al mal.

La ley de la selva rige en la selva pero no en la sociedad, la segunda madre que “humaniza o deshumaniza”, que “cría o malcría”, que “forma o deforma”.

¡Qué claro lo tenía Sócrates! SABER para OBRAR BIEN y, así, SER FELIZ.

¡Qué difícil, hoy, ponerlo en práctica, con tanto reclamo que llama la atención y descuida la formación moral!

Es la conciencia moral de cada uno el arquitecto de su propia vida, y todos somos conscientes de que un mal arquitecto planifica mal, por su no saber, y sale mal tanto la casa como la vida.

“Moral” es un término proveniente del latín “mos-moris”, que significa costumbre, actuar, forma de obrar. La Moral es un hecho, se da. Y hay tantas Morales como tipos de sociedad, como tipos de culturas, como religiones, como épocas históricas, como lugares geográficos,..

Y aunque existe la Moral del Solidario, del Justo, del hombre de bien, también existe la Moral del terrorista, la del fundamentalismo islámico, la del fundamentalismo político, la del fanático, la del perturbado, las del etnófobo,…

Casi casi hay tantas Morales como individuos o como familias.

Y si para construir bien una casa hace falta saber de construcción, de materiales,…para saber Obrar Bien hay que saber qué es el Bien y cómo ponerlo en práctica. Y no sólo no es fácil, también es un riesgo.

Para ser un buen “arbitro”, la “conditio sine qua non” es “conocer bien el reglamento”, después aplicarlo correctamente.

Para ser un buen “médico” la “conditio sine qua non”  es saber bien de medicina y saber qué le pasa al enfermo, un buen diagnóstico para, luego…

Igualmente para ser un buen juez.

Este emborronador de papeles sería un mal árbitro, un mal médico, un mal juez,… porque….no sabe de eso.

El problema de la Ética es que, para OBRAR BIEN, es necesario saber qué es la verdad, aunque ello no sea suficiente, porque, al ser libre”, aun sabiéndolo, puede no quererlo y no practicarlo, optando por la falsedad.

Igual que un “buen árbitro, médico o juez, en sus saberes” pueden ser unos malos profesionales al no hacer lo que deben hacer, porque, eso es lo maravilloso y lo dramático a la vez, no sólo que puedan equivocarse, que se equivoquen adrede, por la presión del público, por una mala noche, por intereses políticos.

OBRAR BIEN, PUES, ES OBRAR CONFORME A LA VERDAD.

 

 

jueves, 5 de diciembre de 2013

3.1.- “HOMO ETHICUS”


 
El “homo sapiens”, por ser “homo liber”, es “Homo ethicus”.

No descubro nada nuevo si afirmo que padecemos una crisis moral que se manifiesta en la desilusión ante el presente, al que, en el túnel, no se le ve la salida.

La escasez de recursos, que no van donde deberían ir, y se junta el despilfarro y la comida a la basura, de no muchos, con la muerte por inanición de la mitad de la humanidad.

Entre la Razón Teórica (“saber”), la Razón Práctica (“obrar”) y la Razón Técnica/Tecnológica (“hacer”), los gobiernos (y el nuestro también) están apostando por la Tecnología, por llenar el mundo y las instituciones educativas de objetos cada vez más sofisticados con los que poder “hacer” cosas que uno no tiene necesidad de hacer o que no debería hacer.

El viejo Sócrates les repetía a sus seguidores, cuando le preguntaban:

-         Maestro, y ¿SABER para qué?

-         Para poder OBRAR bien.

-         Maestro, ¿y OBRAR bien para qué?

-         Para SER FELIZ.

Ése es el camino correcto en el vivir.

Primero ser SABIO, para, después, ser HONESTO y, como consecuencia, ser FELIZ.

El mundo actual le lleva la contraria, en todo, a Sócrates,

La SABIDURÍA ha sido suplantada por la CIENCIA-TECNOLOGÍA, la HONESTIDAD por el PODER y LA FELICIDAD por la RIQUEZA.

Y así nos va.

Saber leer y escribir, que significaba abandonar la categoría de “analfabeto”, hoy, si no sabes manejar y hacer funcionar los aparatos, eres un analfabeto.

La “honestidad”, en la selva de la vida en la que el hombre es un lobo para el hombre, significa ser “oveja”, estímulo para ser devorado/explotado por cualquier halcón sin escrúpulos.

Y el “ser rico” es el objetivo de todo hombre porque todo, absolutamente todo, tiene un precio, todo ya se ha convertido en mercancía. Todo tiene un precio en dinero.

Padecemos una crisis de “saber”.

Llamamos “verdad” a lo que se dice y vemos en la Televisión. Cualquiera es considerado autoridad. Cualquiera se considera autoridad para hablar de todo. Cualquiera se hace merecedor de confianza y ser seguido y defendido por personas tan ignorantes como él.

“Ha dicho…….que….” y se convierte lo dicho, en verdad porque lo ha dicho….., cuando el argumento de autoridad es el más endeble de todos los argumentos.

Y si no es el argumento de autoridad individual es el “consensus omnium”, la unanimidad, el consentimiento de todos, olvidándose de Galileo.

Y a la “crisis de conocimiento” le sigue “la crisis moral”. El “eso será para ti”, el “todo es relativo”, el “todo vale”, como si todo valiese igual.

Co esta ausencia de principios morales es imposible hacer “revoluciones”. Cada uno, por su cuenta, se apunta a aquello en lo que divisa o presiente que pueda haber alguna ventaja.

No se actúa tanto por convicción como por reacción. Da igual lo que mi adversario diga o haga, yo lo contrario, sin parar a sopesar razones o argumentos.

Cuando veo en Televisión a algún político, de cualquier partido, suelo contar las veces que habla mal del otro o de los otros partidos. Como si al suyo lo hiciera bueno lo malo de los demás.

Estamos rodeados, sitiados, por los objetos, promesas de felicidad antes de adquirirlos y para cuya adquisición es necesario desvivirse,

El “tener” ha desplazado al “ser” y el “maquillaje” a la “realidad”. La “realidad” es la “apariencia”.

La “honradez” ya no vende.

Crisis de valores.

¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS?

Policlisis es la enfermedad que padecemos.

Sólo “con la crisis de conocimientos y crisis moral que padecemos, es imposible hacer revoluciones, a lo más lejos que se llega es a hacer motines, mítines, manifestaciones, algaradas, escarches,… no dan para más”.

Lo que se muestra no hace falta demostrarlo. Ahí están, pendiendo sobre nuestras cabezas, vaciándonos el bolsillo (si es que queda algo) y congelándonos la sangre (si es que queda alguna líquida), la crisis económica y la crisis política (presentes en desayunos, comidas, cenas y hasta en meriendas en el campo los fines de semana).

¿Crisis de conocimientos? No hay más que comprobar que en nuestra joven e inmadura democracia ya vamos por la 7ª Ley de Enseñanza que, según algunos es un aborto porque “ya nace muerta”. Y se supone que una nueva Ley es para mejorar la anterior.

Pero ¿y la crisis moral? Se refleja en el día a día. No hay más que ver a los jóvenes, instalados en la desilusión del presente, al que no se le ve salida (alguna veía “brotes verdes” y otros ven “la luz al final del túnel” (pero que no nos dicen cuantos Kilómetros tiene o cuantos años va a tardar en llegar esa luz, si es que es luz y no alucinación).

¿Y el futuro? No es que se vea negro, es que no se ve de color alguno porque no se ve futuro.

¿Y el pasado? ¿Para qué sirve revivirlo si no va a servir para nada, sino para recordarnos a Jorge Manrique?

Pongamos ante la gente estos tres Ideales: Sabiduría, Honradez y Riqueza.

Casi unanimidad que la 3ª es la 1ª, la segunda para algún utópico que todavía cree en el Ángel de la Guarda.

¿Y la Sabiduría? ¿Y eso qué es?

La “polis” (sociedad) necesita “buenos políticos”.

La “humanidad necesita “hombres buenos”.

Una “buena política” es capaz de conseguir unos ciudadanos que lleguen a amar a su “ciudad”, cumpliendo sus leyes.

Pero sólo la “Ética” puede formar “hombres buenos”.

¿Nuestra política? Me ahorro descalificaciones.

¿Nuestra Ética?

¿Dónde está la Ética, Sr. WERT?

Y 14.- CUERPO-ALMA, CEREBRO-MENTE.

     
Si sustituimos los conceptos clásicos “cuerpo-alma” por los modernos “cerebro-mente” actualizamos el problema: “¿Cómo están unidos?

De todos los órganos de que consta el cuerpo humano, sin duda que es el cerebro el órgano más complejo e importante.

Su complejidad abruma, pues las células nerviosas o neuronas de que consta son del orden de 100.000 millones.

El cerebro funciona como una red de neuronas. La información pasa entre ellas por puntos de contacto especializados (las sinapsis).

El sistema de señales es doble: eléctrico y químico.

Una neurona puede establecer entre 1.000 y 10.000 sinapsis, de forma que es informada por cientos o miles de neuronas, al tiempo que ella informa a otras tantas.

Sólo en la corteza cerebral hay 146.000 neuronas por centímetro cuadrado; en total, 30.000 millones.

Se calcula que si se contaran todas las sinapsis a razón de 1.000 por segundo se tardaría unos 30.000 años en contarlas.

Si se tiene en cuenta, además, que en cada hombre pueden contarse hasta 100 billones (con “b”) de sinapsis…

Uno (yo al menos) se siente abrumado ante todas estas cifras.

Su funcionamiento  podría formularse así: por medio del cerebro entra en el hombre el mundo exterior y por medio del cerebro sale del hombre su respuesta al mundo.

Entre la entrada del Estímulo y la salida de la Respuesta está todo lo demás (órganos receptores y transmisores, emociones, memoria, ideas, proyectos, preocupaciones, sentimientos…).

Así funciona, aunque no sepamos bien cómo.

Porque ocurre que ante los mismos Estímulos no siempre se dan las mismas Respuestas ya que, entre medias, están las Variables Intermedias, de manera que no es el esquema simple E-R, sino E-O-R (O = Organismo), de manera que el conductismo puro no es la mejor explicación de este fenómeno.

Imposible determinar, de antemano, la R a un E, porque, además, el hombre puede dar R sin E o ante un E no dar R, al ser “libre” y no determinado ante él.

El cerebro no es un simple mecanismo de transmisión de impulsos, un intercambiador fijo, sino que es un órgano de transformación creadora, además de libre, de los impulsos, un sistema retroactivo que actúa sobre sí mismo controlando su propia acción, adecuando la actividad de cada momento a los fines vitales de supervivencia y desarrollo.

Las Respuestas, pues, no son pronosticables. No sabemos por donde nos va a salir. Además de que cada sujeto es un mundo.

La pregunta histórica fue cuál era la relación entre el cuerpo y el alma (dualismo platónico, unión hilemórfica, paralelismo cartesiano, ocasionalismo, armonía preestablecida...), la pregunta actual es cuál es la relación entre mente y cerebro.

Y esta misteriosa relación intenta ser explicada, hoy día, por:

1.- EL MATERIALISMO, que al no admitir más realidad que la materia considera los hechos mentales como efectos o propiedades de la materia. No de cualquier materia, sino de una materia que ha llegado a un alto grado de complejidad.

Para Feyerabend y Turing, por ejemplo, el ser humano no pasa de ser un autómata consciente.

Mario Bunge, sin embargo, lo ve, con su “materialismo emergentista” (Ver Blog 3 de septiembre 2.013) que ve en el pensamiento una propiedad emergente de la materia, última fase de una evolución que ha pasado del nivel físico-químico al biológico, y del biológico al mental.

Pero siempre surge una duda sobre el materialismo: si lo mental fuera efecto necesario del cerebro ¿no estaríamos afirmando el determinismo? ¿Sería, pues, la libertad una simple ilusión?

 (Luego lo ampliaremos)

Y es verdad que lo material y lo mental, siendo realidades diferentes, su relación es muy estrecha, ¿pero es una relación de “causalidad”?

Se afirma que Causa y Efecto deben estar en el mismo plano. Quizá hubiera que exceptuar el caso que nos ocupa como un salto de nivel o cualitativo, emergente.

¿O son sólo “condicionamientos” y no “causas”?

Suelen aducirse ejemplos tales como: “sin boca no podemos hablar, pero no es la boca quien habla” y de la misma manera: “sin cerebro no se puede pensar pero no es el cerebro quien piensa”. Igual que la boca no es causa del lenguaje inteligente, sino condición necesaria, el cerebro no sería causa de los hechos mentales y sí solo condición necesaria.

“La teoría de los tres mundos” de Popper viene aquí al cuento.

La realidad se divide en tres mundos: 1.- El FÍSICO, 2.- El MENTAL y 3.- El de “LOS PRODUCTOS DE LA MENTE”

Los tres son reales, y actúan el uno sobre el otro.

Mente y Cerebro son dos entidades distintas.

El Cuerpo es espacial, es temporal y está compuesto de partes.

Y sus funciones son las de los vegetales (nacen, se alimentan, crecen, se reproducen (pueden reproducirse) y mueren) más las suyas propias (sentidos externos e internos, sentido común, estimativa o instinto y potencia locomotriz).

El Alma (mente, conciencia, psique) es inespacial, es intemporal y es simple, sin partes.

Y sus funciones son: entendimiento-pensamiento, voluntad, sentimiento y libertad.

CONCEPCIONES DEL ALMA:

A.- Modelo Platónico: alma como “principio de pensamiento-entendimiento”, independiente del cuerpo. Es el modelo que influirá en los racionalistas del XVII.

Para éstos, pues, tanto las plantas como los animales carecen de alma, son “autómatas”

B.- Modelo Aristotélico: alma como “principio de vida”. Inseparable del cuerpo. Ni cuerpo sin alma ni alma sin cuerpo, sino “unión hilemórfica”.

El pensamiento-entendimiento proviene de la vida racional-intelectual que es inseparable del cuerpo.

No hay un cuerpo y un alma, no dos sustancias, sino una sola, un “cuerpo anímico o animado” y “un alma corporeizada o somática”.

Pero hay tres almas o vidas distintas: vegetativa, sensitiva y racional-intelectual.

CONCEPCIONES DEL HOMBRE.

A.- Teorías Dualistas: El hombre es el conjunto de dos sustancias totalmente distintas, cuerpo y alma. Platón, Descartes, Malebranche, Leibniz.

B.- Teorías Monistas (el hombre es una sola sustancia):

         .- La Materialista (sólo materia). Materialismo extremo el de Holbach, Marx, Engels,…

         .- La Idealista (sólo espíritu, conciencia,…) Idealismo extremo el de Berkeley.

C.- Teorías Interaccionistas: Una síntesis de las dos anteriores. Pero Unión Indisoluble.

TEORÍAS CIENTÍFICAS EN TORNO A LA RELACIÓN CEREBRO-MENTE.

A.- Teoría Reduccionista.

Mente = cerebro, por lo tanto, “los estados mentales” son y pueden ser reducidos a “estados físicos” del cerebro.

La actividad mental no es más que una serie de procesos físicos y químicos.

B.- Teoría Emergentista.

El cerebro es un “biosistema” del que emergen propiedades mentales, inexplicables sólo desde la Física y la Química del cerebro.

Se da una “evolución emergente” que produce “propiedades emergentes” totalmente nuevas e imprevisibles.

En el cerebro podemos ver tres niveles: 1.- el Físico-Químico, 2.- el Biológico y 3.- el Psíquico.

Las “propiedades emergentes”, también denominadas “propiedades sistémicas” son las que surgen de la relación entre los componentes de un sistema, pero que no son poseídas por los componentes de dicho sistema.

Suele ponerse como ejemplo, muy gráfico y explicativo, el agua.

El Sistema H2O (agua) tiene unas propiedades que no tienen ni están presentes en ninguno de sus elementos aislados, ni en el H, ni en el O.

Por ejemplo: a.- Si echamos H2O sobre el fuego éste se apaga. b.- Si echamos H, estalla, y c.- Si echamos O se inflama.

C.- Teoría Funcionalista.

Lo decisivo no son los estados mentales. No importa tanto “qué” son, ni “de qué” están hechos, sino “para qué” son, qué función cumplen.

Esta Teoría sostiene la tesis de que la base sustancial de los procesos mentales no tiene por qué ser, necesariamente, el carbono (como en el caso de las neuronas) sino que podría ser de cualquier otro tipo de materia (por ejemplo, el silicio).

Según esto, la mente podía seguir existiendo tras la aniquilación del cerebro (pero, eso sí, en otro soporte sustancial, aunque no necesariamente orgánico).

Una variante del Funcionalismo es el Cognitivismo.

Éste afirma que nuestra mente funciona como un ordenador:

         .- La Mente es/sería el software (los programas).

         .- El Cerebro es/sería el hardware (el soporte físico).

El hardware serían las neuronas, el software las estructuras funcionales y la información.

Además, un mismo programa de ordenador puede ser ejecutado mediante máquinas distintas, como la información puede ser introducida (input) desde el exterior (teclado o disquetes), pero también es posible que el ordenador posea ya una información que venga “de fábrica”.

Igualmente en el cerebro.

Una misma función mental puede ser ejecutada por conjuntos de neuronas distintas (incluso por cerebros distintos).

La información puede ser introducida a través de los sentidos corporales, y también es posible que el cerebro posea ya una información innata, que venga “de fábrica”.

La teoría más reciente sobre la estructura del cerebro, el Conexionismo, invierte la analogía de la mente-cerebro con el ordenador, y en vez de concebir el cerebro según el  modelo del ordenador, es éste el que es concebido según el modelo del cerebro.

Un ordenador es una “máquina neuronal”.

Entonces, ¿el problema mente-cerebro?

Es un problema “metafísico”, por lo tanto, “irresoluble empíricamente”

Y, ya desde Kant, y según él, “los problemas metafísicos pueden/deben ser pensados, pero no pueden ser resueltos”

Por ser metafísicos, al internarse en ellos la razón humana, cae en contradicciones (“antinomias”) irresolubles, porque puede demostrase (¿) una cosa y la contraria.

Las cuestiones metafísicas, como la existencia o no de un alma espiritual, son sólo “objeto de creencia”, no objeto de conocimiento.

Volviendo al terreno clásico filosófico. Creo que durante toda la historia se ha incidido demasiado en la separación cuerpo-alma, como si fueran  el jinete (alma) y el caballo (cuerpo) y que, cuando el jinete va montando sobre el caballo es un “caballero”.

Lo que realmente existe es el “caballero”, no el jinete ni el caballo. Es una unidad, no una dualidad.

¡Que bien lo vieron –según cuentan- los indios americanos cuando, durante la conquista española, huía, aterrorizados al interpretar al caballeo luchador como un solo ser, en una sola pieza.

No son dos partes. Son los dos principios constitutivos de una única realidad psicosomática.

El cuerpo/mi cuerpo no existiría sin mi alma (mi cadáver no es mi cuerpo), ni mi alma sin mi cuerpo. Quien existe soy “yo”: “cuerpo animado” o “alma corporeizada”. Dos semi-principios (vamos a llamarlos así) míos y que hacen que yo sea.

Lo anímico se refleja en lo físico, y viceversa. Y así solemos expresarlo: “tiene buen corazón” (no decimos sano), “una mirada limpia” (no es que vea bien), es “un desalmado” (no es que esté muerto).

El alma, que siempre tuvo, a nivel general, una connotación religiosa, ya ha dejado de tenerla.

Lo curioso es la connotación negativa de la “carne” (uno de los tres enemigos del alma) en la doctrina cristiana y luego Dios “se encarna”, se “hace carne”, pero….

Para Platón se da un antagonismo entre el cuerpo (soma = sema = cárcel) y alma.

Prioridad esencial y temporal del alma, que sólo por un pecado será condenada, para purgar su pecado, encarcelarse en un cuerpo.

La unión es como la del prisionero en la cárcel (un presidiario), barca y barquero, caballo y jinete. Dos substancias distintas, unidas accidentalmente, y que pueden separarse (salir de la cárcel, desembarcar, descabalgar).

Igualmente San Agustín: son dos substancias distintas, pero el hombre es su alma racional que se sirve de un cuerpo material y terrestre.

Descartes llega al extremo del dualismo, el hombre es una “res” (cosa) “cogitans” (que piensa). Aunque pensar, para Descartes es cualquier actividad psíquica, desde amar a conocer, desde recordar a desear, desde….a….

¿Cómo se comunican entre sí una “res extensa” con una “res cogitans”, dos substancias tan absolutamente distintas, separadas e independientes?. Y aprovecha el desconocimiento, en ese momento, de la función de la glándula pineal, para colocar en ella el lugar o punto de comunicación entre ambos.

Me parece más lógica la defensa de Malebranche, con su Ocasionalismo.

Puesto que, al ser tan distintos el cuerpo y el alma, es imposible su comunicación, es Dios quien, “con ocasión” de que en el cuerpo ocurre algo, produce la acción correspondiente en el alma; y viceversa.

Oigo los piropos que me echan los otros, me emociono (afección anímica) y me echo a llorar, derramando lágrimas (fenómeno corporal). Pero es Dios quien, “con ocasión de…..”

Incluso Leibniz, con su “armonía preestablecida” (para liberar a Dios del engorroso trabajo de estar pendiente de ver lo que ocurre en el cuerpo para que el alma, malebranchianamente,….

Cuerpo y alma, desde el principio, están sincronizados por Dios que, como ya sabe qué tal día, a tal hora, voy a perder a un ser querido, cronometra el otro reloj (el de la tristeza que me invade,…..).

Santo Tomás, sin embargo, a pesar de aceptar la concepción platónica del mundo, es un aristotélico en su concepción del hombre. No son dos sustancias, sino una sola, una materia prima más una forma substancial, dando lugar a una sola substancia que, también, tendrá formas accidentales o accidentes variados.

Para que exista la persona se exige que exista el hombre completo.

En otro lugar he escrito sobre “qué soy” (substancia, naturaleza, biología) y “quién soy” (historia, biografía)

miércoles, 4 de diciembre de 2013

13.- FUNCIONES DEL LENGUAJE.


El hombre, según Aristóteles, es “politikón” y “logikón”.

Y “logikón” es tanto “razón” (capacidad de/para razonar) como “palabra” (capacidad de/para hablar). Animal, pues, racional y animal que habla, que usa palabras en su comunicación.

Pero las palabras son “símbolos” (¿qué tendrá que ver las letras “m”, “e”, “s”, y “a”, que al encadenarlas, en ese orden, representan a este mueble sobre el que estoy escribiendo, pero que si las encadeno “m –e – a –s” significa la “acción de orinar”?

Además de que “mesa” o “meas” pueden significar, no uno y el mismo, sino diversos objetos u acciones. Son muy comodines.

Los animales  también se comunican pero es a niveles inferiores de comunicación: por gestos o por signos, siempre ligados al mismo objeto.

De ahí lo de “el lenguaje animal”, muy diferente al “lenguaje humano”.

Finalidad de lenguaje: sobre todo comunicarse con sus semejantes, aunque, también, comunicarse y condicionar animales.

Transmitir información, órdenes, dudas, deseos, necesidades.

Componentes (de todos conocidos): emisor (quién), mensaje (qué), receptor (a quién), código (cómo), canal (a través de qué).

A veces una función sirve para varias.

¿Es que, acaso, yo no me llamo Tomás? Es una afirmación, aunque expresada interrogativamente.

FUNCIONES DEL LENGUAJE.

1.- Función Representativa-referencial-denotativa à informar, (orientada al Mensaje). Denota cosas, realidad, hechos. No subjetivo, sino objetivo. Entonación neutra. No adjetivación valorativa. Sólo denotan. Típico: el lenguaje científico. Informa.

2.- Función Expresiva-emotiva (orientada al Emisor). Expresa su subjetividad, su estado de ánimo. ¡Ojalá que…¡. Interjecciones, exclamaciones, elementos emotivos (diminutivos, aumentativos, despectivos). Modo subjuntivo. Adjetivos valorativos. Términos connotativos. Lenguaje coloquial, literario, opinión periodística (los editoriales, los columnistas,…)

3.- Función Apelativa-conativa (orientada al Receptor). Su finalidad es provocar una respuesta, una actitud del oyente o lector. Los mandatos, las preguntas. Modo imperativo e interrogativo. Se emplea en la publicidad (que compres), propaganda política (que me votes). En los cuarteles. Los padres. Los maestros.

4.- Función fática (o de contacto). Consiste en iniciar, interrumpir, continuar, finalizar,...la comunicación.
Para esta función existen fórmulas de saludo (buenos días, hola, qué tal, cómo estás, qué pasa,...), fórmulas de despedida (adiós, hasta luego, nos vemos, que te vaya bien,...),fórmulas que se utilizan para interrumpir una comunicación y luego continuarla (perdón..., espera un momento,,,,, como te decía..., hablábamos de....)
También es hablar, por ejemplo, del tiempo, de la salud, de la política. En el ascensor. (Orientada al Canal). Hablar por hablar. La charla, a veces,  intrascendente.
 
5.- Función metalingüística. (Orientada al código). La lengua habla de la lengua como objeto.

“Barcelona” se escribe con “b”.

Mi maestro ha dicho que “Barcelona” se escribe con “b”.

Tu madre dice que tu maestro ha dicho que “Barcelona” se escribe con “b”.

Niveles de lenguaje, partiendo del lenguaje objeto.

Las paradojas lingüísticas.

“Lo que pone en el envés de esta hoja es falso”, y cuando ves el envés, está escrito lo mismo.

6.- Función poética. Finalidad estética.

martes, 3 de diciembre de 2013

12.- HOMBRE Y PERSONA


 
En nuestra cultura “persona” se opone a “cosa” por un lado y a “animal” por otro, aunque de distinto modo, porque Persona y Cosa son tipos de ser heterogéneos.

Empresarialmente las partidas destinadas a personal son distintas a las destinadas a material. Marx los llamaba “capital variable” y “capital constante” (siendo el primero el único que creaba plusvalía al empresario).

El trabajo personal no debería llamarse mercancía ni debería hablarse de “mercado de trabajo”, como si fuera un “mercado de objetos y/o cosas”, aunque, en otros modos de producción los esclavos o los siervos eran computados como animales, con su “mercado de esclavos” (véase la composición de la familia para Aristóteles).

Mientras los animales eran considerados como máquinas (mecanicismo) en la tradición cristiana de filiación católica, en los países de influencia protestante los animales han sido tratados como si fueran personas. Hoy existen sociedades protectoras de animales y frentes de liberación animal.

Persona es, pues, opuesto a cosa y a animal, y muy cercano al concepto de “hombre”. Pero en nuestra cultura cristiana ha “personas no humanas” (las personas divinas de la Trinidad, las personas angélicas o diabólicas, las personas extraterrestres), por lo que “persona humana” no es redundante. Igualmente hay seres o cosas que son humanas, pero no son personales (una máquina, un mueble,.. en general, la cultura objetiva es humana, pero no es personal).

El hombre recibe una determinación importante cuando se le considera como persona. No es lo mismo “hombre” que “persona”, como no es lo mismo “hombre” que “ciudadano” (el que vive sólo en una isla, Robinson).

Decimos “hombre de las cavernas” (no “persona de las cavernas”). “Hombre” es más genérico, lindando con el mundo zoológico, mientras “persona” es más específico, en contacto con los valores morales, jurídicos, éticos.

Incluso la “persona” funciona como un pronombre gramaticalmente impersonal: “cuando la persona iba en dirección a….”.

“Persona” es un concepto sobreañadido al concepto de “hombre”. “El hombre sostiene muchas personas” –dice un refrán, es decir, el hombre desempeña muchas máscaras o papeles (un mismo hombre es empresario, delincuente, padre, conductor, peatón, cliente, cotizante,…

“Persona” era la máscara o careta que usaban los actores de la tragedia griega “prósopon”); para hablar (per-sonare) (latino), la “persona” o máscara cubría la cabeza del actor. Por su parte anterior representaba el “personaje”, por la parte posterior llevaba una peluca.

La vida se compara, a veces, a una representación teatral y a la tierra con un escenario. Los hombres viven una vida humana porque representan un papel, acaso escrito por Dios y, en cuanto actores, deben llevar esa máscara y representar bien su papel.

Un mismo hombre, con sus distintas máscaras, hacía distintos personajes.

(Entre paréntesis, ¿vivimos todos, necesariamente, ocultos tras nuestras máscaras, de tal manera que ni nos damos a conocer a los demás, ni llegamos a conocernos a nosotros mismos? ¿Es la sociedad una gigantesca mascarada? ¿Es el hombre únicamente el conjunto de sus máscaras, detrás de las cuales no hay absolutamente nada? ¿Cuál es nuestro verdadero rostro?

El concepto de “persona”, tal como se utiliza en filosofía, surgió en el ámbito de la teología cristiana, en el contexto del dogma de la Trinidad. Fue Tertuliano (siglo III) el primero que utilizó la fórmula “Una substancia (divina) y tres personas”

Un solo Dios (monoteísmo) pero tres personas distintas, que son dios, pero que no son tres dioses, sino uno solo”

(Digo yo que algo así como el concepto de “triángulo” (uno sólo) pero que pueden ser equiláteros, isósceles o escalenos, distintos triángulos, pero igual de triángulos, con el mismo concepto de triángulo. Estoy seguro que si lee esto un teólogo me llama de todo menos bonito, ignorante,…)

No se superponen los conceptos “hombre” y “persona”.

En el derecho romano, los esclavos eran hombres, pero no eran personas. Hoy decimos que todo hombre es persona, y que persona es la persona humana, y que los Derechos del hombre son los de los hombres en cuanto personas.

El concepto de “persona” surge (como ya hemos dicho) en el frente TEOLÓGICO de la tradición cristiana, a partir del Concilio de Nicea, (cuando el Cristianismo pasó a ser la religión oficial del imperio (de lo contrario habría sido una secta gnóstica o judía entre las otras mil sectas del helenismo), en referencia a la Trinidad, y las dos naturalezas, la divina y la humana, en una sola persona, Jesús.

A Boecio se le debe  la famosa definición que rigió a lo largo de toda la historia de la filosofía escolástica: “persona est naturae rationalis individua substantia” (“persona es la substancia individual de naturaleza racional”)

Posteriormente está el frente JURÍDICO, de la tradición del Derecho Romano, en referencia a los derechos y los deberes. Así como el punto geométrico es la intersección de dos rectas, la persona es el sujeto de derechos y deberes. Así como el punto no es una entidad previa por el que pueden pasar infinitas rectas, la persona no es una entidad previa a esos derechos y deberes. No hay, primero, una persona individual a la que, posteriormente, la dotemos de derechos y deberes, sino que es al dotar al sujeto de derechos y deberes como lo constituiremos persona.

(También hay persona jurídica, colectiva o social (una empresa, una sociedad, un sindicato, un ministerio), (conjunto de personas), no individuales)

Finalmente, el frente ANTROPOLÓGICO (biológico-médico (desde los humores hipocráticos hasta el temperamento y los biotipos anatómicos de Kreschmer), antropológico-etnológico, psicológico-etológico (el carácter, el E –E, A –A, Primario-Secundario, introversión-extroversión), el psicoanálisis de Freud: yo-ello-super-yo), ambientalismo vs genetismo) el único frente de acceso científico

Obvio es recordar que “criticar” no es destruir, descalificar, pisotear, echar por tierra,… sino que es “clarificar”, echar luz para ver claro (criticar es cribar, discernir).

Si vamos por la calle y le preguntamos a la gente qué entiende por “persona” comprobaremos la cantidad y calidad de la infinidad de respuestas. Lo que quiere decir que el concepto de persona (la concepción mundana de persona) es algo muy confuso.

Otra cosa es si se lo preguntamos a los científicos. Descartemos la pretendida neutralidad y mera constatación de las concepciones científicas de la persona.

Las concepciones científicas suelen ser “reduccionistas”, en el sentido en que cata tipo de ciencia que se enfrenta con el concepto de persona reduce a ésta a esa concepción científica, ignorando o criticando a las demás. Sea la biología, la etología, la química orgánica,…. “La persona no es más que….o sobre todo es….” y todo lo demás son añadidos.

Cada tratamiento particular de la persona se erige en “el tratamiento fundamental”.

Igual que el concepto base de la Biología es el concepto de célula, o el sistema termodinámico en Física, imaginemos que se toma como estructura base de la persona los hemisferios cerebrales, o los factores intelectuales, o la Gestalt, o el inconsciente Freudiano, o como un sistema abierto.

El Psicólogo sobreentiende que los aspectos jurídicos, sociales, religiosos,…. de la persona tienen un fundamento psicológico.

Pero lo misma dirá y pensará el etólogo y su “comportamiento animal” como base y todo lo demás…

¿Y qué decir del creyente-religioso? Preguntémosle a San Agustín o a Santo Tomás qué es lo fundamental de la persona.

El juez declarará culpable a un asesino siempre que los peritos psiquiatras diagnostiquen su plena capacidad, a pesar de que habrá sociólogos o psicólogos que afirmen que la responsabilidad (y, por lo tanto, la culpa) hay que atribuírsela al medio social en que vive o que lo troqueló en su infancia.

¿Y qué decir del tratamiento filosófico de la persona?

Partiendo de que la Filosofía es un saber de “segundo grado”, es decir, un saber que se apoya sobre otros saberes previos (mundanos o científicos) se tiende a asignar a la filosofía el papel de “síntesis totalizadora de los tratamientos particulares”, científico o mundano.

Pero esta síntesis filosófica tampoco es/tiene que ser neutral, de hecho suele tomar partido entre los diversos planteamientos parciales, mostrando que uno de ellos es el tratamiento fundamental.

La filosofía, así, suele hacer un recorrido expositivo por todos los tratamientos (de cualquier tipo) para, al final, sintetizar, de una manera o de otra, dando “su filosofía”.

Considerar la persona como “substancia” aristotélico-escolástica (como un compuesto hilemórfico), o como “conciencia” cartesiana (“res cogitans” (alma) unida accidentalmente a la “res extensa” (cuerpo).

La persona humana, como sujeto de derechos y deberes se extiende universalmente, en nuestro siglo, al menos teóricamente, a la totalidad del género humana.

Todos los individuos humanos, cualquiera que sea su raza, su sexo, su nación, su clase social, su cultura, su religión,…. son personas y se consideran iguales en cuanto a sus Derechos y Deberes fundamentales.

La condición universal-trascendental de persona está reconocida, en el plano jurídico, por las más diversas constituciones, así como por la Carta de las Naciones Unidas.

La idea de persona ha cristalizado explícitamente en nuestra época. Teóricamente. Porque está en flagrante conflicto con la realidad.

Un conflicto entre “o que debe ser” y la realidad, “lo que es”. Este “deber ser”, esta norma, es relativamente reciente y puede esperarse que en un futuro, más o menos lejano,  una vez removidos los obstáculos presentes (llámese Estado, Clases sociales, Religión, Moralidad, Tradición…) llegue a establecerse la identificación entre la condición humana (ser hombre) y la condición de persona (ser persona).

El conflicto puede ser, en segundo lugar, no coyuntural, como el anterior, sino intrínseco. Un ideal, como utopía, nunca alcanzable, porque la consideración de persona, a todos los hombres, es sólo un concepto ideológico al servicio de intereses más concretos (le interesa al capitalismo que todos los hombres sean personas para, así, poder contratar mano de obra colonial barata).

¿Pudiera ser que el conflicto fuera intrínseco (no coyuntural) pero no utópico o ideológico?

Gustavo bueno hace una comparación o símil entre la dirección virtualmente recta de un proyectil y la trayectoria efectiva que ese proyectil sigue, debido a que con la inercia se componen fuerzas centrípetas, siendo la trayectoria elíptica o parabólica la resultante de esa composición.

¿Diremos que la dirección rectilínea del proyectil es utópica porque no se cumple por ningún móvil efectivo, o bien que ese incumplimiento es coyuntural y que llegará un día en que los proyectiles caminen indefinidamente siguiendo líneas rectas?

La hipótesis es absurda. Lo que ocurre, simplemente y realmente, es que el cumplimiento de la inercia rectilínea es dialéctico, es decir, que está cumpliéndose simultáneamente en el proceso según el cual va desviándose de la norma abstracta o ideal.

De la misma manera, el ideal trascendental de la persona como sujeto moral se cumple en el momento mismo en el que los hombres se desvían de él, y se desvían no porque obedezcan a “fuerzas diabólicas, infrahumanas, bestiales o animales” sino, simplemente, porque obedecen a las mismas fuerzas humanas de las cuales saldrá una trayectoria empírica de los hombres.

La igualdad entre las personas como sujetos de derechos y de deberes está en oposición a la diversidad que las personas requieren para ser precisamente personas con “identidad propia”.

De hecho, ninguna persona se identifica con un sujeto universal. El sujeto personal pertenece, necesariamente, a un grupos social, a un ciclo cultural, a una clase social, es de una raza y no de otra, es un ciudadano de una ciudad y no sólo un hombre.

Lo cierto es que, fuera de un medio social adecuado, una persona puede degradarse por la miseria o el hambre, puede quedar poseída por otras personas o el dolor y el terror pueden hacer, constantemente, a cualquiera, perder su dignidad personal.

Vengamos más a la realidad y analicemos no ya el proceso de transformación de “homínido” en “ser humano”, sino la transformación del “hombre” en “persona”.

El proceso de hominización y el proceso de personalización debieran considerarse como aspectos de un mismo proceso.

Es un criterio que en la escala filogenética corresponde a la que en la escala ontogenética se conoce como “doctrina de la animación inmediata”, la doctrina según la cual el cigoto humano en el momento de formarse –bien en el útero materno bien in vitro- tiene ya alma espiritual, con lo que quiera afirmarse que ya es persona y, por lo tanto, el aborto o destrucción del embrión humano ha de considerarse como un asesinato (no sólo homicidio).

Pero esta teoría de la animación inmediata es gratuita y su fuente de inspiración es puramente teológica.

Supone la transformación del antropoide en hombre mediante la insuflación de un alma espiritual y, por ella, inmediata y simultáneamente Adán se transformó en hombre y en persona.

Dios es el que crea un alma espiritual cada vez que el cigoto se reorganiza como embrión, pues el feto (el embrión que ya ha alcanzado la forma humana) contiene ya, efectivamente, en su programa genético (diríamos hoy) preformados los rasgos morfológicos que, a la observación ordinaria, aparecerán sólo con el paso del tiempo (según Aristóteles a los 40 días en las hembras y a los 90 días en los varones).

El embrión procedente de un cigoto humano es, evidentemente, un ser humano que tiene programados sus rasgos morfológicos individuales del feto y aún del adulto. Pero no es una persona.

¿Cuándo se une ese “alma espiritual” al cuerpo?, habría que decir que, realmente, después del nacimiento, cuando ya pueda afirmarse que el hijo deja de ser parte del cuerpo de la madre, al tener individualidad propia.

(Los estoicos defendieron que el alma venía por la respiración (aire – pneuma - alma). Incluso se le atribuye a Averroes la tesis según la cual el alma espiritual no se une al cuerpo hasta que el niño pronuncia los nombres de su padre y de su madre).

¿Quiere esto decir, cabe de aquí deducir que puede eliminarse un niño que todavía no ha alcanzado el uso de la razón (actividad del alma espiritual) y no debe considerarse como asesinato?

Evidentemente NO, porque el ordenamiento jurídico discurre según una escala que no es ni tiene que ser conmensurable con la escala de la biología o de la psicología.

Sin embargo, ya muchos teólogos y médicos escolásticos (cristianos, musulmanes o judíos) dudaron en el terreno ontogenético de la tesis de la animación inmediata y defendieron la opinión de la animación retardada, referida al plano ontogenético.

Con mayor razón, pues, habría que dudar de la tesis de la personalización inmediata del antropoide hominizado en el plano filogenético.

No pueden confundirse ambos procesos, el de hominización con el de personalización.

Incluso hoy, hay tribus tan primitivas que, siendo hombres, no son personas.

La sociedad de personas requiere no sólo una cultura muy desarrollada sino una civilización. Propiamente hablando, la persona humana implica la ciudad, la civilización, de la misma manera que sólo en la ciudad cabe la escritura, al margen de la cual es imposible el derecho como sistema de normas desprendidas de la subjetividad individual del patriarca, del jefe o del sacerdote que las promulgó.

La constitución de las personas es un proceso cultural, pero no por ello arbitrario o convencional.

Las personas, al margen de un sistema normativo, carecen de significado.    

lunes, 2 de diciembre de 2013

11.- EL HOMBRE (2)


 
En el EXISTENCIALISMO, a pesar de que sus filósofos son muy diferentes, podemos decir, a grandes rasgos, que todos comparten la idea de que lo propio del ser humano es la existencia, no estando, ésta, definida de un modo fijo.

Tras la situación de absurdo y crueldad que vive la humanidad tras las guerras mundiales el vínculo entre “racionalidad” y “realidad” se ha roto definitivamente.

¿Cómo se puede ser “racional” y considerar “racional” tal comportamiento de crueldad y muerte?

El hombre no ha sido “puesto” sino “arrojado” al mundo.

En realidad, ni Sartre ni Heidegger hablan del “hombre”, del “ser humano”, sino de “existencia” y de “dasein”.

Y si no tiene esencia fija ¿cómo va a poder ser definido, si definir es expresar la naturaleza, algo que, todavía, no tiene?

Si hay algo que caracteriza al hombre es no el ser, sino el “poder ser”, la “posibilidad”, la “apertura”, el “proyecto”,…

El hombre, pues, es un “para sí”, no un “en sí”, que sería algo cerrado, acabado y fijado.

El hombre no tiene “esencia” fija, sino que es una “existencia” abierta, dinámica, que se comprende a través de sus actos y que, mientras existe, está “esencializándose”.

Podríamos decir qué es el hombre sólo cuando deje de existir y de poder obrar así o “asao”, cuando se eche la raya para sacar la suma total, ya sin remedio de continuidad.

El hombre, pues, no es un “ser” sino un “siendo” mientras existe, creciendo o decreciendo, por su libertad de obrar de una manera o de otra.

El hombre es “libertad”.

“El hombre carece de naturaleza. Es él quien debe hacerse a sí mismo, eligiendo libremente en cada acto que realiza. Por eso el hombre se define como “libertad absoluta”.

“No hay determinismo. El hombre es libre. Está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo; libre porque es responsable de lo que hace”.

El destino del hombre está en sí mismo, en cada individuo.

El Existencialismo, como lo fue la Filosofía Helenística, es una filosofía desencantada con el mundo, un pensamiento de postguerra que ha perdido la fe en la capacidad racional del hombre para vivir en un mundo ordenado, justo y pacífico.

La conducta, de este ser que se define como “racional”, es de lo más “irracional”.

Iba a tener razón Freud y la naturaleza humana, los instintos y los deseos irracionales (inconscientes) se sobreponen al influjo de la razón.

Adiós a las grandes construcciones metafísicas y al optimismo utópico que confía en sociedades justas y pacíficas.

La gran diferencia entre los demás animales y el hombre es, en palabras de J.A. Marina, que: “visto un león están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto ese hombre”.

Mientras en los animales predomina la especie sobre el individuo, en los hombres es el individuo el que predomina sobre la especie.

Y si todos los animales de una especie son “iguales”, cada hombre es un mundo, por lo que es impredecible su comportamiento.

¿Obramos según somos, somos según obramos o somos lo que hacemos?

NO, pues, a la homogeneización según la Teoría Crítica y SÍ a la “existencia auténtica” heideggeriana.

E. MORÍN, en “El paradigma perdido: el pasado olvidado” se pregunta si, siendo el hombre “racional”, “es sólo racional”.

“Ante todo, el hombre no puede verse reducido a su aspecto, reducido, de “homo faber” (al que hoy denominaríamos “homo technologicus”), ni a su aspecto “racionalístico” de “homo sapiens” (“homo cientificus”). Hay que ver en el, también, el mito, la fiesta, la danza, lo recreativo y la creación artística, el canto, el éxtasis, el amor, la muerte, la desmesura, la guerra.

Ni deben despreciarse la afectividad, el desorden, la neurosis, la aleatoriedad.

El auténtico hombre se halla en la dialéctica “sapiens-demens”.

domingo, 1 de diciembre de 2013

10.- EL HOMBRE (1)


Pensándolo bien, un “asesino” es tan racional, o más, que una persona “solidaria”. Uno usándola para quitar vidas, el otro para darla y mantenerse en ella.

Ambos razonan según el fin que se proponen.

La ILUSTRACIÓN había roto el vínculo de la Razón con lo divino, divinizándola a ella, desalojando a los dioses e instalando en la peana al único dios, “La Diosa Razón”.

Pero antes de ser entronizada la Razón debe criticar y desenmascarar a todos los falsos dioses o ídolos: los prejuicios,  la superstición, las creencias,…las metafísicas del pasado.

Hay que liberar al hombre de esas cadenas que lo tienen preso en su minoría de edad y necesitado de tutores varios y variados, sólo así, podrá entrar en la “mayoría de edad”, decidiendo por sí mismo.

Sólo entonces, con el solar despejado, puede proponerse ella como Diosa.

Y esa va a ser la dirección en que camine Darwin.

Le saldría, a la Ilustración, sin embargo, muy pronto, un contrincante en su caminar, el ROMANTICISMO, para el que el hombre no es, fundamentalmente, Razón, sino Creación, Imaginación, Arte, Intuición, Fantasía,…

¿Y qué decir de NIETZSCHE y la recuperación de Dionisos (“lo dionisíaco”, lo festivo, lo jovial,…) en armonía con Apolo (“lo apolíneo”, el orden, lo racional,…?

Contra el Occidente de la Razón a toda costa y contra el Cristianismo y su exaltación del dolor, del sacrificio,…la propuesta de Nietzsche.

(En otros lugares de este blog ya he escrito bastante de y sobre Nietzsche)

¿Y qué decir de FREUD y ese 90% del inconsciente (no racional) en la toma de decisiones? ¿De ese 90% del iceberg bajo el agua y que es el que sostiene y determina a esa conciencia menguada de tan sólo el 10% o bastante menos?

Es UNAMUNO, sin embargo, uno de mis filósofos a los que más asiduamente acudo.

Toda su obra es una meditación sobre la naturaleza humana, en la que incluye elementos ajenos y más allá de la racionalidad.

La pretensión de la vida es su perseverante esfuerzo por perseverar en su ser (como el “conatus” spinoziano), más allá de la pretensión de la razón, que con sus inertes conceptos deja escapar los más básicos anhelos del hombre.

La red, en el agua (como la “razón” en la “vida”), sólo coge piedras o peces, pero se le escapa el agua.

“Ni el adjetivo “humano”, ni el substantivo abstracto “humanidad”, sino el substantivo concreto “el hombre”, “este hombre”, el de carne y hueso, el que sufre, el que se alegra, el que vive, siente y muere….El “hombre concreto”, éste”, el realmente existente, no el “bípedo implume” de la leyenda, no el “contratante social” de Rousseau, no el “homo oeconomicus” de los manchesterianos, no el “homo sapiens” de Linneo o si requiere el “mamífero vertical”.

 Ese hombre que no es de aquí, ni de allí, ni de esta época o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, un idea, en fin. Ese “hombre” es un “no hombre”.

“El hombre” no existe en la realidad, es sólo idea y sólo existe en la mente de quien la piensa. El único “hombre real” es el “individuo concreto”. Y hasta su Dios ha de ser personal y humano, frente al Dios-idea de la tradición filosófica, que no es “querido” sino sólo “pensado”.

¿“Qué son los filósofos, que paren ideas, sino hombres de carne y hueso, cuya voluntad, deseos y sentimientos son, precisamente los que configuran sus ideas, en sentencia de Fichte, según la cual “el tipo de filosofía que se hace depende del tipo de persona que se es”?

El hombre no es un mero intelecto (en la línea de Spinoza, Kierkegaard y Schopenhauer) sino que es su cuerpo concreto y sus afectos personales la sede de lo esencial del ser humano.

Yo no sería yo si no tuviera o fuera este cuerpo que tengo o soy.

“El hombre –dicen- es un “animal racional”. No sé por qué no se ha dicho que es un “animal afectivo o sentimental”. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Más veces he visto razonar a un gato que no reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado”.

Una anécdota que oía, de estudiante en mi Salamanca. Unamuno yendo, calle La Rúa adelante camino de la Universidad. Que se detiene en una pescadería y toma un cangrejo de mar. Que llega a clase, lo pone encima de la mesa, éste comienza a caminar, como lo hacen todos los cangrejos de mar, de lado. Unamuno que les llama la atención a sus alumnos para que acudan, prestos a la mesa, “porque el cangrejo, al caminar de lado, está resolviendo ecuaciones de segundo grado”. Los alumnos que lo niegan, que eso no es posible. Y el desafío de Unamuno: “demostradme que no es verdad”.

Pascal ya lo había afirmado: “el corazón tiene razones que la razón no conoce”.

Incluso Freud, con sus impulsos inconscientes que no llegan a emerger al nivel de la conciencia.

Incluso hoy, la tan de moda “inteligencia emocional”, razonando sobre nuestras emociones y sentimientos, ayudándonos a conocerlos y a expresarlos adecuadamente, en beneficio de nuestros estados de ánimo o de nuestras relaciones interpersonales.

Los sentimientos humanos –también según Unamuno- al ser pensados pueden ser modificados, encauzados.

También la ESCUELA DE FRANKFURT, contra el proyecto de la Modernidad y la Ilustración, consideran que la intención de la razón es unificar u homogeneizar, y eliminar las diferencias, que son las que nos individualizan.

La razón parece intentar despersonalizarnos, diluirnos en un foto común de qué sea “el hombre”, perdiendo, en el camino, a los individuos.

Una vez más se rechaza la idea de “hombre” como “res cogitans”, que olvida lo intuitivo y lo artístico (no racional), lo afectivo y sensual (no racional), lo animal y lo dionisíaco (no racional).

Nadie duda de que “el hombre es un ANIMAL RACIONAL,  ¿pero SÓLO RACIONAL?