miércoles, 25 de enero de 2012

FILOSOFÍA (B3)

1.- LA (TEORÍA) DOCTRINA CRISTIANA.

Toda religión se asienta en tres pilares: Verdades (que creer), Conducta (que hacer), Organización (que obedecer) – Bertrand Russell dixit

Las Verdades o Dogmas que hay que creer constituyen el CREDO (¿recuerdan el “creo en Dios, Padre….creador….en Jesucristo….que nació de ….resucitó al tercer día….. ha de venir a juzgar……en la resurrección de la carne…. en la vida eterna….?).

Las obras que debemos practicar (las obligaciones, lo mandado) o que debemos evitar (las prohibiciones, lo prohibido). Los MANDAMIENTOS de la Ley de Dios. No cumplirlos es pecado, merecedor de castigo eterno (¿recuerdan los Mandamientos: amarás… no jurarás…honrarás a tu padre…no matarás…. no robarás….?).

La Iglesia, la jerarquía eclesiástica, la autoridad, totalmente piramidal, desde el Papa hasta el último cura, la encargada de organizar, vigilar, aconsejar, castigar, perdonar,… y a la que hay que OBEDECER, bajo pecado, por ser “representantes de Dios en la tierra”, por lo que “desobedecer a un representante” era “desobedecer a su Representado, Dios”.
Iglesia que, incluso, tenía sus propios Mandamientos, “Los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia” (¿los recuerdan?.

Orden Teórico, Orden Práctico, Orden Organizativo.

Así el creyente se evita “la pesada y engorrosa tarea de pensar”. Otros piensan por él. Él sólo tiene que “creer”, “obrar” y “obedecer”.

Estos ingredientes de la Religión tienen un “enorme valor psicológico” (más que “valor de verdad”, siempre “incomprobable”) a sus seguidores, proporcionándoles tranquilidad y seguridad ante la adversidad, con la esperanza puesta en Dios.

La grey (rebaño) del Señor y sus Pastores en la tierra, que la conducen a “tierras feraces y aguas límpidas” y la defienden “de los enemigos”.

La “salvación eterna” queda garantizada, porque viene “avalada por la Palabra de Dios”

Todo ha cambiado.

Lo divino ha dejado de ser el orden cósmico estoico y se encarna en una persona. Esto es una concepción radicalmente distinta de la divinidad.
Así como la Filosofía Estoica nada quiere saber de Religiones, la Religión Cristiana invita a limitar el uso de la Razón para dejar sitio a la Fe.

El Logos de los estoicos, que era la estructura impersonal, armónica y divina del cosmos, pasa a identificarse con una persona.
Y esto es como caerse del caballo, algo inconcebible, un absurdo. Que lo divino, del mundo, se encarne en una persona humana.

“En el principio era la Palabra (el Logos), y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Esto supera a la Razón.
Porque Logos es Razón, pero también es Palabra. Cristo sería la Palabra Encarnada. Dios hecho hombre. Dios (inmaterial) hecho hombre (material), un absurdo para una mente griega.

El 4º Evangelio, el de San Juan, nada tiene que ver con los otros tres sinópticos, es, más bien gnóstico (de “gnosis”), no agnóstico (de agnosticismo)

Del “salvarnos, estoicamente, (salvación interna) armonizándonos con nosotros mismos, con los otros y con el otro (con el cosmos), justicia cósmica, se pasa a ser salvados por una persona, Cristo, (una salvación externa).

La salvación deja de ser ANÓNIMA y CIEGA y pasa a ser una salvación PERSONAL.
Es la cara y el envés en la visión del mundo. Dos cosmovisiones incompatibles. Supone una ruptura con el estoicismo.

¿Dar carácter divino a una “persona”, cuando lo divino era el “cosmos”?

Durante los dos primeros siglos el Cristianismo estuvo mal visto, como una secta judía, desviada y peligrosa, que sólo admitía la autoridad de su Dios, que había sido, además, condenado y crucificado, por lo que sería perseguida y martirizados y muertos muchos de sus seguidores, por el simple hecho de ser creyentes de esa religión, al ser considerados “peligrosos para la sociedad”.

Parecía el delirio total. El Logos ahora es Cristo, que es Dios, pero es Hijo de Dios Padre.
“Lo divino” ha cambiado su concepto. De “estructura impersonal” a “persona concreta”, Jesús, el Dios-Hombre, el Cristo. Los estoicos lo consideraban una burla.

¡Adiós a la visión griega del mundo”.

El Emperador estoico, Marco Aurelio, incluso mandaría matar a San Justino (antiguo estoico y, luego, primer Padre de la Iglesia y primer filósofo cristiano).

“Teoría” es “theos” (Dios, lo divino) y “orao” (ver, mirar, la mirada, comprender). ¿Cómo se ve, cómo es comprendido, lo “divino”.
La “Theoria” estoica era: “La Razón ve/comprende lo divino del mundo”.
La “Theoria” cristiana va a ser: “La Fe ve a Dios”.

Y no sólo que la Fe ocupe el lugar de la Razón, sino que se alzará, muchas veces, contra ella.
Ya no será la Razón, sino la Fe. Ya no será la Inteligencia, sino la Confianza depositada en la palabra del Hombre-Dios, el Hijo de Dios, el Dios, la Palabra, el Logos encarnado.

Se cree en Él y se confía en él, porque es digno de fe y de confianza, y los milagros lo confirman.

Nos “salvamos por la Fe”, no por las “obras” (que es el eje del protestantismo), porque las obras siempre son humanas.
“Confiar en el otro” (aunque sea un dios) prima sobre “pensar por sí mismo”. Quizá ésta sea la gran diferencia entre Religión y Filosofía.

Los bienaventurados, los premiados o merecedores del premio, van a ser los “que creen”, mientras que los que saben/dicen saber, los filósofos, los inteligentes, son los “soberbios”, (el primer pecado “capital”), los “orgullosos”, los “arrogantes”, (que serán castigados o merecedores de castigo) (lo opuesto a los humildes; primera virtud). “Contra Soberbia, Humildad”.

Los Filósofos, que “buscando la Verdad sólo con la Razón, pasan junto a ella sin verla, por no tener Fe”.
Esto no cabe en las estructuras mentales de un filósofo.

La Humildad de la gente simple, sencilla, que cree ser superior (se consideran “bienaventurados” y no “desafortunados”) a la Soberbia de los filósofos, que saben o dicen saber.

“Creer” es superior a “pensar”

Son clásicas las invectivas de S. Agustín, Santo Tomás de Aquino y de Pascal contra los vanidosos, orgullosos y soberbios filósofos

Ni el “theos” ni el “orao” son iguales, sino opuestos, en estoicos y cristianos.

Quizá el que mejor se exprese, en este asunto, sea el que, realmente, se cayó del caballo, camino de Tarso, persiguiendo a los cristianos, San Pablo: “Mientras los judíos piden signos (milagros) y los griegos sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles”.

Es un cambio de modelo, de perspectiva, de cosmovisión, al reconocer, en Corintios, que el que un Dios se haya hecho hombre será inaceptable, tanto para judíos como para griegos.

Para los judíos, porque ellos adoran a un Dios Todopoderoso, fuerte, iracundo, celoso, batallador, guerrero, que ha tenido y tiene una predilección especial por un pueblo concreto, el judío (el “pueblo elegido”), que es Rey de los Ejércitos, que matará o hará matar a sus enemigos, adoradores de ídolos (otros dioses distintos a Él), que expulsará de la tierra prometida a su pueblo a los entonces ocupantes/habitantes de la misma, mientras que el Dios cristiano es un dios débil, que no se defiende, que se deja apresar, martirizar y crucificar.

Lo más ajeno al concepto de lo que debe ser un Dios es el Dios Cristiano.

martes, 24 de enero de 2012

FILOSOFÍA (B2)


El Cristianismo no es una Filosofía. El mensaje de Cristo no tuvo como finalidad resolver los problemas planteados por los filósofos griegos y romanos. Su finalidad fue la de enseñar a los hombres el camino para la salvación. El Cristianismo es una Religión.

Pero si, como hemos tratado en el tema 1º, la misión de la filosofía estoica era la Teoría de la Salvación, sobre Salvación era mucho lo que el Cristianismo ofertaba o proponía.

Pero es que el Cristianismo no es sólo una religión, es que se presenta como una “religión revelada”, cuyas verdades poco o nada tienen que ver con la especulación racional, sino que se basan en que “Dios ha hablado”, en la “palabra de Dios”, nada que ver con la filosofía, en la que quien “habla” es la Razón Humana.

¿Puede un creyente cristiano ser filósofo o un filósofo ser creyente cristiano?. Sí, pero con la condición de no mezclar las cosas.
Lo que no puede un cristiano es afirmar que Dios existe porque lo dice la Biblia, que es “palabra de Dios”, como un anatomista no puede afirmar que en el varón hay costillas porque en la Biblia dice que Dios, de una de ellas, formó a la mujer.

Cristianismo y Filosofía son sistemas distintos, lo que no implica que no haya relación entre ellos, sobre todo en el tema de “la salvación” del hombre sobre la limitación temporal y espacial, sobre la muerte, que es “cierta” aunque sea “incierta” la hora. Porque “nadie quiere morir y desaparecer” y ya hemos visto cómo vencer a la muerte desde la filosofía estoica.

¿Cómo la vence el Cristianismo?

A los primeros pensadores cristianos, los del siglo I, se los conoce como Padres Apostólicos, por ser contemporáneos de algún Apóstol, vivo aún. Su pensamiento tiene de poco de Filosofía, pues su preocupación y ocupación fundamentales estaban orientadas a cuestiones teológicas, litúrgicas, organizativas de la comunidad,…
Sólo a partir del siglo II, y hasta el siglo VI, varios pensadores cristianos, los Padres de la Iglesia o Patrística, desarrollaron concepciones propiamente filosóficas, basadas en la aceptación de la filosofía grecorromana.
Desde el VII en adelante son conocidos como Filósofos Escoláticos.

Es de notar el carácter fragmentario de la Filosofía de los Padres de la Iglesia (a excepción de San Agustín, sobre el que hice mi Tesina de Licenciatura, y que desarrolla un sistema filosófico completo).
La fragmentariedad viene impuesta tanto porque tienen que defender el dogma cristiano de los ataques de los pensadores paganos como para defenderlo frente a las herejías o desviaciones.

Para ellos, pues, la Filosofía es sólo un instrumento útil para la Apologética o defensa de su Religión.
Fueron pasando, de la primera repulsa total, o casi total, de la Filosofía hasta la aceptación del pensamiento filosófico greco-romano.

Pero, la verdad, no puede haber tranquilidad de ánimo, para filosofar, cuando, por una parte, son atacados en sus ideas y, por otra parte, son perseguidos, físicamente, por las autoridades romanas con las varias persecuciones, siendo martirizados y/o contemplando el martirio de muchos de los hermanos en la fe, por el “enorme delito” de no reconocer, como dios, al Emperador de turno.

No hay, pues, en estos Padres de la Iglesia una nítida separación entre Teología y Filosofía, entre Fe y Razón, entre su actividad intelectual como creyentes y su actividad intelectual como filósofos.

El mismo SAN AGUSTÍN sentenciará: “Nostra vera Philosophia est nostra vera Religio”, o, “crede ut intelligas et intellige ut credas” (“cree para entender y entiende para creer”).

¿Qué decir, por ejemplo, de un TERTULIANO, para el que la Filosofía no sólo es inútil para el cristiano, sino perjudicial, porque, para él, la razón aleja de la fe y es causa de las herejías?.
A él se le atribuye la frase “credo quia absurdum est”. ¿Es que no es absurdo que Dios sea Uno y Trino, a la vez (Uno y Tres), el misterio de la Trinidad?. “Pues por eso lo creo, porque es absurdo para la razón”.

“El Hijo de Dios fue crucificado; no nos avergüenza, porque es radicalmente vergonzoso. Y el Hijo de Dios murió; totalmente creíble, porque es ridículo. Y, sepultado, resucitó; cierto, porque es imposible”.

Esto sí que es “fe” y no lo que algunos piensan.

Otros no serán tan tajantes e intentarán separar el “trigo de la cizaña” entre los distintos filósofos paganos. “en el pensamiento platónico hay mucho de aprovechable para un cristiano; menos en el estoicismo, aún menos en Aristóteles y nada en Epicuro” – es la posición del alejandrino SAN CLEMENTE.

El más grande pensador entre los Padres de la Iglesia (exceptuado San Agustín) fue el también alejandrino ORÍGENES, consejero de obispos y papas, torturado durante la persecución de Decio, sin renegar de su fe, y que se autocastró, interpretando, literalmente, la frase bíblica “si tu ojo o tu mano o tus…. arráncatelos. Mejor es entrar tuerto, ciego, manco,castrado… en el cielo, que no….”.

En su filosofía hay mucha doctrina platónica y estoica.

Pero también hay diferencias con lo que sería doctrina oficial de la Iglesia (transmigración y reencarnación de las almas, hasta su purificación; se salvarán “todas” las almas, antes o después, y ninguna irá, eternamente, al Infierno; la preexistencia de las almas (aunque previamente creadas) y no tener, Dios, que crearlas a medida que un varón y una mujer engendren una criatura,…

Toda esta doctrina cristiana iría aquilatándose según el paso del tiempo.

Pero este Cristianismo es ya, y cada vez más, el envés del estoicismo.

lunes, 23 de enero de 2012

FILOSOFÍA (B1)


El Cristianismo triunfa sobre la filosofía porque su promesa, su oferta, es más atractiva, muy superior a la de la Filosofía. Ésta sería una de las causas (no la única).

Tuve la suerte o la desgracia (nunca se sabe) de que me ocurriera, en mis estudios, lo contrario de lo que se estilaba en España.

Mientras en muchas Facultades de Filosofía, tras la entrada por la Filosofía Presocrática y la parada en la Filosofía Sofística y Socrática, se llegaba a la ancha y larga estancia en Platón y Aristóteles. Y cuando se salía de aquí, por el rápido pasillo, se miraba a ambos lados donde habitaban las Filosofías Helenísticas (entre ellas el Estoicismo) y un cartel con la Filosofía Romana.
Se daba un salto volador de 1.000 años invitando a los pasajeros a que divisaran, desde las alturas, la Escolástica Medieval y, mientras se aterrizaba con la ruptura ockhamista, se pasaba por las Filosofías Renacentistas para, definitivamente, salir y, así, entrar en la Filosofía Moderna.
Generalmente, coincidía el fin de curso con la Filosofía Ilustrada, así que las Filosofías del XIX y del XX quedaban como tareas propias.

A mí me ocurrió lo contrario. No sólo no volé sobre la Filosofía Medieval (y no digo Filosofías, porque apenas entramos en Maimónides y en Averroes) sino que hicimos parada y fonda e hicimos de Santo Tomás de Aquino y de toda la Filosofía Tomista casi el Monotema.
Mi profesor de Historia de la Filosofía, el Padre Guillermo Fraile, era un fraile dominico, un erudito, más tomista que Santo Tomás mismo, así que desayunábamos, comíamos y cenábamos con mi tocayo. Pareciera que mi profesor llevaba comisión.
Eso sí. Hasta Kant. Todo lo que hubiera detrás tendríamos que descubrirlo nosotros, llámense Idealistas, Vitalistas, Marxistas, Existencialistas.

Ni me enorgullezco de ello ni me lamento. Eso fue lo que hubo.
Lo que me maravilla, ahora, es ver la facilidad con que se critica una doctrina sin conocerla.
Aunque sólo sea para poder criticarlas, las religiones deben ser conocidas, al menos para no hacer el ridículo y aparecer, ante los demás, como un intelectual desinformado.

Hoy día, querer/intentar entender la Historia del Arte, de la Literatura, de la Política, de la Cultura, de la Moral,… sin conocer el Cristianismo es un vano intento. Un Dante, un Miguel Ángel, un Cervantes, una Catedral, una Nación, muchos de los comportamientos actuales,… suponen tener presente el Cristianismo.

Pero ¿puede un Filosofía (cuyo fundamento es la Razón) ser cristiana (cuando su base es la creencia, la fe)?. ¿No suena a contradictorio, como círculo cuadrado o pentágono triangular?.

Pero si nos decidimos a considerar que el Gran Objetivo humano es la Salvación, entonces sí que hay que tener en cuenta la Religión y, en nuestro caso, la Religión Cristiana, el Cristianismo, que posee una atractiva Teoría Soteriológica.

De esa Debilidad Estoica en su Teoría de la Salvación, el ANONIMATO y la IMPERSONALIDAD, (con la que terminábamos el tema anterior) va a aprovecharse el Cristianismo con su promesa y propuesta de una Salvación NOMINAL y PERSONAL, muy atractiva, muy atrayente, imantada, que arrastraría a las masas.

Debe tenerse en cuenta la distinta consideración del Tiempo en los griegos y en el Cristianismo.
Mientras para los griegos el Tiempo es Cíclico (el Eterno Retorno nietzscheano) para el Cristianismo el Tiempo es Lineal (hubo un Principio y habrá un Final).
Mientras para los griegos tras el día viene la noche, para reaparecer el día y de nuevo la noche y así indefinidamente, como ocurre con las estaciones del año, para los cristianos en el Principio nada había, Dios lo crea todo, también al hombre y tras el Tiempo Presente, la historia, llegará el Fin de los tiempos, y sanseacabó.

¿Qué le pasa al hombre tras la muerte?. Puede ser que nada, puede ser que se reencarne, puede ser que se funda con la naturaleza (como la gota de agua en el mar), puede ser (y ésta es la apuesta y la propuesta cristiana) que RESUCITE para ser ETRNAMENTE FELIZ o ETERNAMENTE DESGRACIADO, todo dependerá de su comportamiento y del cumplimiento de la ley que ese Dios Infinito en todo (poder, saber, amar….) ha revelado a los hombres. La Palabra de Dios.

La muerte, para un cristiano, no es el fin, sino el tránsito, el paso, a una vida infinitamente mejor. Tan buena que merece la pena sacrificar la vida real, la presente, la de aquí, por la vida venidera que nos espera.
A una vida PERSONAL, como la de ahora, e infinitamente MEJOR.

Tanto la Filosofía como el Cristianismo hablan de Salvación y de Sabiduría, pero cada uno las entiende a su manera.
Entre ambos hubo no sólo confrontación, también competitividad, para ver quién se llevaba el gato al agua, quién conseguía más adeptos, más seguidores.

Evidentemente, en un ambiente social intelectualmente bajo, la gente es más propensa a “creer” que a “saber”, a “fiarse de otro” más que a “confiar en sí mismo y sus propias fuerzas”, a aceptar la opinión ajena, más rica y llena de matices, que la propia, más pobre.

Entre Razón y Fe los planteamientos no sólo son diferentes, son, incluso, opuestos, contrarios e incompatibles.
La hegemonía, el triunfo, de la Religión cristiana sobre la Razón Griega y Romana tuvo mucho que ver con las promesas que ambos ofertaban a una muchedumbre sin recursos.
Experimentan, sufriendo, su pobreza vital, su insignificancia social en esta vida, lógicamente, pues, optarán por la mejor oferta, en la otra vida, conscientes de que ni los unos ni los otros, ni los Filósofos ni los Cristianos, los sacarán del pozo en que se encuentran en esta vida.
La respuesta cristiana al interrogante humano sobre la Finitud Temporal es más atractiva y atrayente, más tentadora, que la respuesta filosófica. Además, para salvarse, se les exige lo que ya tienen y sufren: ser pobres, tener hambre y sed, ser insignificantes, ser humildes, ser perseguidos,…. (bienaventurados), lo que ya ellos son y significan, socialmente, en esta vida.

Pero, además, los cristianos de 1ª fila, fueron inteligentes, porque una de las maneras de poder vencer al enemigo es luchar con las propias armas del enemigo, por lo que, para defenderse de los ataques de los filósofos, tuvieron que aprender filosofía y usar su terminología y sus conceptos.
Pero usan la Filosofía como un medio, como un instrumento, al servicio de la Fe, que es la que va a salvarlos.

Primeramente para mostrar que la Fe no es contradictoria con la Razón (de lo que se deduciría que si una es Verdadera la otra tendría que ser Falsa, y viceversa, porque, nunca, dos proposiciones contradictorias pueden ser ni V. ni F. al mismo tiempo) sino que son diferentes o, a lo más, contrarias.

En segundo lugar para terminar mostrando que son complementarias y que allí, donde la Razón no llega, allí está la Fe, que ese es su ámbito.

En tercer lugar para mostrar que la Palabra Revelada por Dios, infalible, siempre debe tener preeminencia sobre la Palabra Humana, siempre cambiante y falible.

El tener Fe, la Con-fianza, engendra más certezas subjetivas y más expectativas que las pocas certezas objetivas que engendra la Razón.

Ninguna de las dos Salvaciones ofertadas es evidente. Ningún filósofo ni ningún cristiano, una vez muertos, han resucitado para venir a confirmar o falsar sus Salvaciones. Por lo que hay una apuesta por la mejor oferta.

La opción por la Religión, desde antes del comienzo de la Edad Media, tiene varios ingredientes a tener en cuenta: el desprestigio, el mal-hacer y los avatares de los emperadores romanos, el clima intelectual de baja intensidad, la pobreza de la mayoría de la gente, la organización y jerarquía religiosa, que consigue, desde la libertad de religión, hasta ser considerada la religión oficial, hasta, casi, llegar a prohibir otras religiones.
Y esta opción por la Salvación Religiosa Cristiana va a suponer una ruptura radical con el mundo griego y su concepción del hombre, del cosmos y de la salvación.

Una nueva y atractiva Teoría de la Salvación, que conlleva una práctica religiosa y moral, donde la solidaridad y la hermandad, el amor, entre los creyentes hará que sea rápida su propagación y asentamiento.

sábado, 14 de enero de 2012

FILOSOFÍA (7)


La Nostalgia y la Esperanza. Los dos grandes males, los dos frenos que nos paralizan, haciéndonos prisioneros, e impidiéndonos vivir intensamente, porque ellas son las causantes de que perdamos el Presente.

La Nostalgia de los paraísos perdidos, reales o imaginados, la infancia gozada o sufrida, el apego al Pasado, nos frena vivir el Presente.
La Esperanza, la preocupación por el Futuro, hace olvidarnos y no vivir el Presente.

Vivir en las dos dimensiones del tiempo que “no son”, el Pasado (que “ya no es” y que fue) y el Futuro (que “todavía no es”, y no sabremos si será) son símbolos de la nada, son dos formas del “sin vivir” que nos tiene prisioneros con las cadenas del recuerdo y de la expectación y de las que debemos desembarazarnos si queremos vivir el Presente, que es la dimensión temporal que “es”.
Vivir plenamente el Presente siendo piadoso con “uno mismo” y siendo justo con “los otros” y con “lo otro”.

El Pasado “ya no” nos concierne, ni lo malo ya sufrido ni lo bueno ya gozado.
El Futuro “todavía no” nos concierne, ni el futuro temido ni el futuro esperado.
El Presente “es” el que realmente debe preocuparnos, pero para poder vivirlo debemos soltar los frenos.

No debemos darle valor a lo que “no es” y ni el Pasado es, ni el Futuro es. Valorar la Nostalgia es perder el tiempo, conceder valor a la Esperanza, (que habita en el orden de la carencia) es una de las causas de las mayores infelicidades.

Ambas crean insatisfacción en el vivir, por lo ya vivido y por lo sin vivir aún.

La Esperanza es el espejismo de una felicidad aplazada. Siempre pensando y actuando en la dimensión del proyecto, siempre inflado, y que, cuando se haga realidad (si se hace) nos decepcionará, porque nunca cumple todas las expectativas, y nos sentiremos fracasados.

La única “realidad real” es la del aquí y del ahora, las otras no son reales, sino recordadas o soñadas. Vivir del recuerdo y vivir del sueño son dos formas del no vivir real.
Jugarlo todo, apostarlo todo, al futuro es una irresponsabilidad. Séneca lo expresa claramente: “mientras se espera vivir, la vida pasa”.

Tanto la “felicidad perdida” como la “felicidad venidera (si viene)” entorpecen el Presente huidizo, el único tiempo real. Huidizo, pero real.

Estar libre de temores y de esperanzas hace que seamos capaces de reconciliarnos con la vida, con lo que es y, así, no tener que ir a buscarla donde no está o buscarla donde no está.

Debemos aceptar la Razón Universal el Logos.
No debemos ni siquiera intentarlo, que suceda o no suceda lo que no está en nuestras manos, nos guste o no nos guste, querámoslo o no. Esto es una locura.

“Cambiar nuestros deseos en vez de querer cambiar el orden del mundo”. Porque el mundo está bien hecho, tal como está, y no va a cambiar porque nosotros deseemos que cambie.
Si alguien se pone gafas no es para cambiar la realidad sino para verla mejor y, así, poder admirarla.

No apegarse, jamás, a lo que pasa, entendamos lo que hay, pero no nos entusiasmemos con ello, cojámoslo, rehuyámoslo, pero no nos apeguemos a lo que es pasajero y perecedero. Nos haría sufrir su pérdida, su ausencia.
El principio estoico es “reconciliarse con lo que es”, sabiendo que es mortal, perecedero, por lo que no debemos apegarnos a ello.

Ni Añoranza ni Esperanza (dimensiones irreales del tiempo) sino contentarse con el Presente.

Y, puesto que todo es perecedero y nosotros somos mortales, vivamos a tope nuestro presente, porque cada momento puede ser el último, vivir como si no hubiera futuro.
“Actuar como si fuera la última vez”.
“Vencer los miedos ligados a la finitud”.

La “eternidad” no es un tiempo infinito, sin principio ni fin sino “un presente continuo”, que no pasa y que no espera.
El hombre debe amar su presente como si “fuera eterno”. Vivirlo intensamente, un continuo presente, un “presente denso, sin fisuras”, sin pensar en que pase y sin nada que esperar.
Sólo así, viviendo el presente, estaré preparado para cuando llegue la “catástrofe” (la muerte, la enfermedad, el abandono, la desgracia,…)
“Ya sabía que, como soy mortal, pasaría lo que está pasando, por lo tanto, no me pilla de improviso, va inscrito en mi naturaleza como hombre”.

Podemos preguntarnos por qué, con esta filosofía estoica de vivir el presente, sin temores, fue desplazado por el Cristianismo, pasando de una visión del mundo y del hombre a otra visión totalmente distinta, porque hipotecar el presente en vistas al futuro eterno es lo más opuesto a vivir el presente, gastándolo, agotándolo, sin temor al futuro..

Y es que el Estoicismo adolece de una Debilidad en su Doctrina o Teoría de la Salvación. Es que ésta es Anónima y es Impersonal.
Afirmar que la gota de agua no muere cuando se diluye en el mar es negar la personalidad y la individualidad de la gota, como esa, y no otra, gota.
A la especie le da igual que sea Juana o que sea su hermana, pero que, al menos una sea, para ella seguir.
A la naturaleza, ni siquiera eso, como si dejan las dos de existir, ella seguirá.
Es a ellas (a nosotros), a quienes nos interesa que ella sea capaz no sólo de acoger vida, sino calidad de vida.
Nosotros debemos mirar por ella y cuidarla, a ella nosotros le importamos un pimiento.

El Estoicismo me promete la Eternidad PERO desde el anonimato, en cuanto fragmento o partícula del cosmos, diluido en él.
Desde un estado personal y consciente (yo) a la fusión con el cosmos, perdiendo la individualidad.
¿Mi yo concreto y personal, cuando se diluye en el todo, sigo siendo “yo” o me “fundo y me confundo” con todos los demás en el anonimato y en la impersonalidad?.

Pero, interpretemos el Antiguo Testamento cuando dice que “venimos del polvo, somos polvo (“pulvis eris”) y volveremos al polvo (“et in pulverem reverteris”).
Pero es que yo, ahora, soy un “polvo vivo”, y cuando muera y vuelva al polvo, seré “polvo inerte”, ya no seré “yo”.
¿No es esto un estoicismo?
El Nuevo Testamento corrige este estoicismo (¿). “Resucitaremos”. ¿Cómo?. “Con el mismo cuerpo y alma que tuvimos”, O sea, que volveremos a ser, de nuevo, nosotros igual que lo fuimos antes
Es lo que va a prometer el Cristianismo, que “resucitaremos, en el cielo, con el mismo cuerpo y alma que tuvimos en la tierra”.
Y esto sí que es un Premio Gordo, una auténtica Salvación, donde “yo” seguiré siendo “yo”, porque “vita mutatur, non tollitur”.
Claro que, -dice San Pablo- con el “cuerpo glorioso”, y me descoloca, porque este cuerpo que tengo/soy es terreno, material, cambiante, defectuoso,…

viernes, 13 de enero de 2012

FILOSOFÍA (6).


Si alguien tropieza y cae, lo inmediato es levantarse. Ya habrá tiempo, después, de averiguar con qué ha tropezado uno, para que no vuelva a repetirse.
Ya sabemos que “filo-sofía” es “amor, deseo, ansia de sabiduría”. Filosofar es un medio, un método, para llegar a la sabiduría pero, después, hay que ponerla en práctica, “vivir sabiamente”,
Ya sabemos que “somos limitados en el tiempo”, que no viviremos eternamente, que esto, antes o después, se acaba. “Mors certa, hora incerta” –dice el adagio popular. No sabemos cuándo moriremos, pero moriremos.
Pero no se trata sólo de saberlo, se trata, sobre todo, de vencer a la muerte, de salvarse. La “misión soteriológica”. La que hasta no hace tanto tiempo (y hoy, todavía, para muchos, sigue siéndolo) nos venía desde fuera, desde Dios, desde la fe (“creemos en la resurrección de la carne o de los muertos”), como un don o regalo que Dios concede a los que crean en Él, ahora se trata de saber si hay una “salvación” desde dentro, desde la razón humana. Si nosotros podemos salvarnos de la muerte por nuestras propias fuerzas, sin tener que recurrir a Dios.
Y no se trata tanto de que la “especie humana” siga existiendo, no muera, sino de que no muera yo, como individuo.
Decir que lo importante es la especie y no el individuo es una impostura, un autoengaño. No que no me importe la especie, es que dentro de la especie humana el más importante soy yo.

Para vencer a la muerte, para no morir (al menos del todo), históricamente se han dado varias respuestas:

1.- La PROCREACIÓN. Los padres siguen vivos en los hijos. A través de la herencia no morimos del todo. Nuestro ADN sigue viviendo en ellos aunque nosotros nos hayamos ido. Pero esto, que es verdad, en realidad es la especie la que sigue viva. Pero los que realmente viven son ellos.
Además, esto no es privativo del hombre. También ocurre en los animales. Y en las plantas. Es algo ínsito a todo ser vivo, en general

2.- La FAMA, la GLORIA, que viene adosada a la Heroicidad. Estar presente, estar vivo, en la mente de los demás, que te recuerden, que habites ya no tanto en su cuerpo (un hijo) como en su mente (Cervantes sigue estando vivo, como Séneca, el estoico).
No es, ya, que la especie siga viva, a tu través, es que tú sigas vivo en la mente de la especie.
Salvar el obstáculo del olvido es una manera de seguir estando vivo.

En la Naturaleza todo es actividad, todo cambia constantemente, nada permanece siendo lo mismo, pero sigue siendo, permaneciendo, existiendo. Día y noche, nacen y mueren, y vuelven a nacer y a morir, y continúan haciéndolo constantemente. Hoy “no es” como ayer, pero “es”.
Lo natural es inmortal, porque nunca muere. “Nada se destruye, nada se aniquila, nada desaparece” sino que sigue existiendo, apareciendo, siendo, aunque sea de otra forma de ser. “Todo se transforma”.
A nosotros nos interesa (porque en ello nos va la vida) que la naturaleza esté bien, ajustada. A ella, nosotros le importamos un rábano. Ella siempre seguirá, capaz de acoger vida o no acogerla. Es a los seres vivos a los que les debe importar.
Cuando, en los principios, ella era “in-vivible” (¿), ella era. Cuando, en un principio era el “caldo prebiótico o sopa prebiótica” y la vida no era viable ¿qué le importaba a ella que hubiera o no vida?. Pero cuando surge la vida es misión de los seres vivos mantenerla capaz de acogerla.

El imperio de lo efímero (todo lo humano) se puede combatir con la Gloria, con la Fama, proveniente de gestas, de obras heroicas. Pero es un intento fallido de hacerlo pertenecer al reino de la naturaleza (inmortal) lo que sólo es del reino humano (perecedero).

Gandi (por sus obras), Fleming (por sus acciones, descubrimientos), Cervantes (por sus palabras escritas) son inmortales, siguen vivos en las mentes de cuantos los recordamos.

¿Recuerdan aquello de “tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro”?. Son distintas formas de resistirse a morir, de seguir vivos, de cierta manera.
Morir es dejar de ser como se es, actualmente, pero no dejar de ser del todo mientras el hijo viva, el árbol esté ahí y alguien te lea.

Morirse no es aniquilación, sino un paso de un estado a otro estado, una transformación de una forma de ser en otra forma de ser, diferente. (Lo que ocurre es que a todos nos gustaría seguir siendo de la misma forma).

3.- El ESTOICISMO.
Pensemos estoicamente.
En cuanto miembros, partículas (partes), de un cosmos divino y estable podemos participar de esa divinidad y estabilidad, por lo tanto no se justifica el miedo a la muerte, puesto que somos y siempre seremos fragmentos de ese universo eterno, nunca dejaremos de existir. Es decir, aun siendo mortales en un sentido, somos eternos en otro sentido.
Si, además, hemos sido buenos, seremos tenidos como dioses.

La sabiduría sería, pues, la Teoría de la Salvación, fundamentada en el ejercicio de la Razón. Por lo tanto, pensando estoicamente, debemos vencer nuestro miedo a la muerte.
Una manera de convencerse de esta doctrina estoica es introducirse en las obras de los estoicos. Antes de pensar por uno mismo, y lanzarse al vértigo de las ideas, es conveniente ser humilde y pensar a través de otros que ya han pensado sobre ello. Pensar, desde ellos, con ellos, y gracias a ellos.
Todo aventurero “descubridor”, antes de lanzarse a la aventura debe orientarse y saber qué es lo que ya está descubierto, para, a partir de aquí,…. no sea que, al final crea haber descubierto el Mar Mediterráneo.

Reflexionad sobre las tres formas de escapar, de no temer a la muerte. ¿Os convence alguna?.

Para terminar. Recordar que “filo-sofía” es sólo “filo”, para llegar a la “Sofía” y, a ésta, hay que ponerla en práctica.


jueves, 12 de enero de 2012

FILOSOFÍA (5)


FILOSOFÍA EPICÚREA.

Orden – Armonía – Justicia - Felicidad

En el cosmos, como “orden”, todo está bien hecho. Esto es lo que “descubrimos”. El “orden” no lo inventamos nosotros, ya está ahí, es lo divino, lo “no humano”.
El universo es “divino” porque, tras el aparente caos, él está el orden y se nos muestra ordenado.

Este universo posee una especie de “alma” (“anima”, “animado”, “vivo”), de aquí el “animismo” (todo está vivo, aunque, en la materia inerte, la vida esté dormida), y también el “hilo-zoísmo” (materia-animal), la materia es como un animal, incluso “pan-teísmo” (“todo es dios”, “todo es divino”).

Excepto las “catástrofes” todo es “armonioso”, “justo”, “bueno”, y no sólo en el cosmos, también en la Política, en la Moral, en lo jurídico, en la conducta, en el arte.

La vida, nuestra vida, supone la existencia de “cuerpo”, de “alma” y de “recursos naturales” (el “oikos”).
La vida “justa” es “darle lo “suyo” a cada una de esas partes”. De lo contrario se hará presente la enfermedad (en el cuerpo), la animalidad (en el alma) o el desastre (en la naturaleza).
Para evitar la “enfermedad” y volver a la “salud” (orden, armonía) disponemos de la Biología, de la Medicina, de la Cirugía, de la Dietética…. Para evitar la “animalidad” y volver a la “cultura” disponemos de la Educación, de la Enseñanza; y para evitar los “desastres naturales” tenemos la Eco-logía.

Estética, armonía, orden del cosmos – Estética, armonía, orden del hombre.

Cuando Ortega afirma “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, está hablando de “cuerpo”, “alma” y “oikos” (nicho ecológico, en el que se encuentran tanto la naturaleza como la cultura, tanto las cosas como las personas, tanto el aire como el amor,….)
¿Qué es la contaminación sino instaurar la injusticia, la desproporción, entre los elementos (sea el aire, el agua, la tierra o el calor)?

La inundación y la sequía, la riada y la desertización, la morbidez y la delgadez extrema, la bulimia y la anorexia, la locura, la “burricie”,….es el triunfo de la desproporción, de los excesos, en más de la cuenta o en menos de la cuenta, (“vicio” lo llama Aristóteles, lo opuesto a “virtud” = el término medio, ni más ni menos).

Nosotros, los hombres, podemos cometer “in-justicia”, introducir “des-armonía”, en Nosotros (“nos-otros”), en “Los-otros” y en “Lo-otro”.

La In-justicia, en política, son los “privi-legios”, positivos y negativos, las leyes privadas que benefician a unos y que perjudican a otros, porque la “ley justa” va encaminada al “bien común”.
Pero, así como todos somos hombres y todo hombre tiene derecho a tener cubiertas sus necesidades básicas, y sería in-justo que alguien privara de lo necesario a otro para acapararlo como in-necesario, también se comete in-justicia cuando no se tienen en cuenta los merecimientos.
Lo justo es que quien merezca 8 reciba 8, quien merezca 25 debe recibir 25 y a quien merezca 0 nada debe dársele. Lo in-justo sería darles a todos lo mismo. (Como cuando mis alumnos me pedían que fuera “in-justo” y diera “aprobado general”).

La normalidad, la “norma”, la “ley justa” pone a cada uno en su sitio, beneficiando, así, al todo.
Dar a cada cual lo suyo es “colocar a cada uno en su lugar”, es la “felicidad del todo”.

Con la TEORÍA el hombre descubre lo “teórico”, lo divino, lo bello, lo armónico, que hay en el Cosmos, en Uno mismo, en Los Otros y en Lo Otro.
La TEO-LOGÍA, en cambio, es el uso de la Razón en el estudio del Dios personal.
“Logos” es, tanto “razón” como “palabra”.
Lo teórico (visión intelectual, inteligencia) no es lo teológico (razón).
Nuestro conocimiento teórico es lo más divino que los hombres podemos tener.
Los más teóricos son los sabios, los que más saben, los más felices, “Sólo el sabio es feliz”.
El auténtico “sabio” no puede “no saber” (ser ignorante), ni puede no obrar correctamente (ser una mala persona, injusto).

Tanto las “catástrofes” como los “monstruos”, que son “malos”, “feos”, “desproporcionados”,… son, sólo, accidentes transitorios. Por lo que no es coherente descalificar el todo, el conjunto, por lo malo y lo feo de un trozo, de una parte de ese todo.
Como no podemos descalificar el mundo celeste por algo inarmónico en el mundo sensible, sería como descalificar una novela por una errata.
¿Qué es la fiebre sino una desproporción en la temperatura de un cuerpo, el signo de una enfermedad, que desaparecerá cuando la temperatura baje a su “justa proporción, de nuevo?

Mientras el Dios cristiano es Trascendente, está más allá de… fuera de…, lo divino de los estoicos es inmanente, está aquí… dentro del cosmos.

La Teoría se convierte en Ontología.
De ahí que la Teoría no sea una ciencia concreta, como no lo es la Onto-logía (“tratado del ser”, no de seres concretos, “parcelas de la realidad”, sean vegetales, animales,, hombres, astros…)
La Teoría es una Teoría del conocimiento que tiene como objetivo desentrañar la estructura cósmica del mundo mismo.

La Filosofía, pues, que debe tener en cuenta a las ciencias, sus descubrimientos, sus avances, sus resultados,…. no es Una Ciencia. No obtiene datos, porque no busca datos, tiende a dar cuenta del mundo que nos rodea.

Mientras las ciencias, teóricamente, al menos, son neutrales, sólo describen lo que “hay”, son ciencias “descriptivas”, la filosofía, en cambio, dice lo que “debe haber”, es “normativa”.
“Normativa en las varias dimensiones: moral, jurídica, política,…”
No trata de “cómo vivimos” sino de “cómo deberíamos vivir” para ser armónicos con Nosotros, con Los Otros y con Lo Otro.
Sólo así se puede ser feliz.

miércoles, 11 de enero de 2012

FILOSOFÍA (4).


¿Qué tipo de ÉTICA le corresponde a este tipo de TEORÍA?.
Si vemos intelectualmente/si afirmamos que la estructura del cosmos es armónica y nosotros somos cosmos, entonces deberemos ajustarnos al cosmos, para no introducir in-justicia, des-armonía en el cosmos.
El modelo armónico del cosmos debe ser el modelo armónico del hombre. Porque los seres no humanos se armonizan, de manera natural o de manera instintiva, al cosmos. Sólo el hombre puede ser in-justo.

Conocer qué somos (Teoría) conduce a cómo debemos obrar (Ética), de lo que se desprende cómo vamos a ser (Antropología). Es la filosofía de Sócrates. Saber (paso previo a) – Obrar (fin mediato) - Ser feliz (fin último).

Mi amigo Ramón Muñoz-Chápuli tiene un blog con el título de “Desde mi tonel” (el tonel de Diógenes)- Reivindicación del cinismo.
“Cínico” viene de “kinos” = perro. Los cínicos son como los perros. Es decir viven su vida según su naturaleza y no según las convenciones sociales. El comportamiento del perro es un comportamiento “natural”, en el comer, en el beber, en el copular, en el mear y “cagar”, en resguardarse, en buscar abrigo o tumbarse al aire libre, al sol.
Lo que no debe aceptar un cínico es obrar por el “qué dirán”.
Un símil muy significativo es de la “parábola del burro”. ¿La recuerdan?. Cuando un matrimonio y su hijo van caminando, con un burro. Si se monta el niño, la gente critica, si se monta la madre,… si se monta el padre…. si se montan los tres…. si no se monta ninguno…. Por lo tanto “hagamos lo que nos apetezca sin hacerles caso a lo que los demás digan”.
Lo que reivindican los cínicos es el comportamiento natural del hombre: “beber a morro” o con “las manos haciendo de cuenco”, comer con los dedos, tumbarse al sol desnudo (¿recuerdan la anécdota de Alejandro Magno y Diógenes?. “Necesito que te quites de ahí porque estás haciéndome sombra y lo que yo quiero/deseo/necesito es tomar el sol”.
Los cínicos se burlaban, se mofaban, de las convenciones sociales, lo que escandalizaba a los ciudadanos no cínicos. No que ese fuera su objetivo, su objetivo era vivir de manera natural y, así, ser feliz.
Crates (el discípulo más notable de Diógenes de Sínope y maestro de Zenón de Citio fundador del Estoicismo) aconsejaba a sus discípulos que no hicieran caso del “qué dirán”, para vivir acorde con el orden cósmico, con la naturaleza. Él mismo, con su mujer Hiparquia, hacían el amor en público. La gente lo llamaban de todo, pero él, “ni caso”, porque lo que hacía era algo natural. Hacer eso mismo en privado, en casa,… son convenciones sociales.
Si algo apetece, cualquier lugar y cualquier momento son buenos, porque son naturales.

Lo Primero es “Conocer los Principios”, de “cómo se rige la naturaleza” (todos los seres naturales, animados o inanimados, la Física, la Química, la Biología….), es la Teoría. Lo Segundo es “cómo debe regirse” el hombre respecto a sí mismo, respecto a los otros y respecto a lo otro.
Todos los seres no humanos no se comportan éticamente, porque no tienen libertad para hacerlo o no hacerlo. Lo hacen de manera “necesaria”, según leyes, sean físicas, químicas, biológicas,…o instintivas. Todos ellos habitan en el ámbito de la “necesidad”. Lo hacen así necesariamente y no pueden no hacerlo. De ahí que al no disponer de “libertad” son ajenos a la “responsabilidad”. Ni la piedra ni el burro son “responsables”, por lo tanto ni “culpables”, de su comportamiento (cayendo o comiendo o cagando en público).
No ocurre así con el comportamiento humano. El hombre, ante un estímulo “puede” responder, no responder, responder así o de otra manera; incluso puede responder sin estímulo presente. Porque “puede” hacer todo eso es por lo que es “responsable” de la opción por la que se decida, lo que lo lleva a ser “culpable” o a ser “merecedor”, porque podía haberse decidido por otra opción.

La Ética estoica es una Ética cosmológica. “Debe adecuar su “naturaleza” con la “naturaleza cósmica”, de la que forma parte. Todos los demás seres no humanos ya se adecuan, el hombre, al ser “libre”, “debe” adecuarse, porque “puede” hacerlo y no hacerlo.
No sólo “debe adecuar” su naturaleza humana, “debe respetar” la naturaleza cósmica.

“La Naturaleza es la más bella de las normas” –dice Cicerón (a través del que conocemos casi todo lo que sabemos del estoicismo).

¿Qué diría un estoico de la Moral y de la Política vigentes, cuyo origen es “la voluntad mayoritaria” de los hombres?. No las entenderían. Porque si la naturaleza se rige según un orden natural, la mayoría “puede” imponer normas/leyes no naturales o, incluso, antinaturales.

¿Coincide “la mayoría” con la “naturaleza”?. No necesariamente y, generalmente, no.
Una “mayoría de imbéciles” legislará y propondrá “normas imbéciles”, que estarían justificadas por provenir de la mayoría.
Por lo general, los mejores son unos pocos, una minoría, que, políticamente, serían los “perdedores” respecto a la “mayoría imbécil”, “ganadora” y legisladora.

Sentenciar que “lo bueno y lo justo” son algo “natural” y que “su bondad y su justicia” provienen del “orden natural” es lo opuesto a que “lo bueno y lo justo” tengan su origen en la “mayoría social”, expresada en las leyes.

Lo “bueno” es lo que “encaja”, se “ajusta” al “orden cósmico”, lo queramos o no, uno o todos. Y lo “malo”, por el contrario, “desencaja”, no “se ajusta” a dicho orden.
Lo Esencial y Necesario es, pues, “ajustarse”, mediante la práctica, a la armonía del mundo, a fin de encontrar el sitio justo que el todo nos ha asignado a cada cual.
El gran pecado, del que seremos culpables, será desentonar en la melodía del conjunto. Ni sobreactuar, levantando la voz, (sería desencaje, desentono), ni infraactuar, bajando la voz (sería desencaje, desentono). El barítono debe actuar/cantar como barítono y no como tenor. Igualmente deben hacer el tenor, el soprano, el bajo,…

Si quieres otros símiles para la Ética Estoica piensa en la Ecología, en los Ecosistemas, en la Biosfera = la esfera de la vida (Litosfera, Hidrosfera, Atmósfera, Ozonosfera) = todo lo que tiene que ver con la vida.
A los hombres les “interesa” respetar la naturaleza, porque en ello “les va la vida”. Tanto la contaminación, de cualquier tipo, como la agresión, van contra la vida.

Hans Jonas, el gran teórico de la Ecología contemporánea, afirma que “los fines que debe perseguir el hombre residen en la naturaleza, en el orden del mundo”.

El “deber ser” (ético, político, económico, industrial,….) humano nunca debe estar “al margen de la naturaleza”.
“¿Cómo debemos obrar” para que ella, la naturaleza, sea y siga siendo “buena”, “justa”, “equilibrada”,…sabiendo que nosotros “podemos”, está en nuestras manos, en nuestras decisiones, desequilibrarla?.

No son nuestros “juicios sobre lo real”, sino “lo real en sí”, en tanto que “divino” (no humano) lo que se nos revela como el fundamento de los valores éticos (personales, interpersonales, sociales) y jurídicos.

“Podemos obrar” inadecuadamente. “Debemos obrar” adecuadamente. “Podemos desentonar”. “Debemos no desentonar”.

Pero, volvamos al principio y recordemos: “la auténtica sabiduría consiste en perder el “miedo”, el “temor”, ligados a la “finitud”, al “tiempo que pasa” y a “la muerte”.