martes, 10 de enero de 2012
FILOSOFÍA (3)
“Una filosofía que no cure las heridas del alma no tiene ningún valor”.
Estamos tan acostumbrados a que, cuando hablamos de Filosofía Griega, tratemos a Sócrates, a Platón y a Aristóteles, que nos olvidamos que hubo, entre otras, dos escuelas postaristotélicas, el Epicureísmo y el Estoicismo, que defienden otro tipo de filosofía.
Para ambas Escuelas la filosofía ya no es tanto “saber”, como tener un papel soteriológico, de salvación. La filosofía debe salvar al hombre. ¿De qué?, del dolor, de la desgracia, de la miseria en que vive.
El fin último de la actividad filosófica debe ser la felicidad, dentro de lo posible, del ser humano.
Y todo saber que no conduzca a esta felicidad debe ser desterrado. “No hay que reprochar a nadie que no sepa si Héctor era griego o era troyano” –dice Epicuro. ¿Qué importancia puede ello tener para ser o no ser feliz?.
Las cuatro causas de la Infelicidad del hombre son:
.- El TEMOR al Destino.
.- El TEMOR a los Dioses.
.- El TEMOR a la Muerte.
.- El TEMOR al DOLOR.
Si superamos, si vencemos, esos temores, si removemos esos obstáculos, estaremos en condiciones de ser felices.
.- ¿El destino? – No existe (Temor superado).
-. ¿Los dioses?. Aunque existen, viven muy lejos de nosotros, y no se preocupan por lo que les pase o les deje de pasar a los hombres (Temor superado).
.- ¿La muerte?. La muerte es como un sueño continuado, del que ya no despiertas, pero detrás de ella no hay nada, sanseacabó, nada de premios ni castigos en otra vida posterior a ésta.
.- ¿El dolor?. Éste sí que existe. “Debemos, pues, rehuir el dolor y buscar el placer”, pero “prudentemente, racionalmente”. Además, más allá y por encima del placer de los sentidos, está el “placer espiritual” o “gozo” (jará), como escuchar música, charlar con los amigos, contemplar las estrellas,….
También para los estoicos la salvación (soteriología) es el fin de la filosofía.
Las causas de la infelicidad de los hombres es el influjo de las pasiones. Por lo tanto, no hay que dejar influenciarse por ellas, hay que “arrancarlas de sí”, “hay que vivir conforma a la naturaleza, y como nuestra naturaleza es racional, debemos vivir conforme a la razón”.
Es, un poco, mi propósito, hacer ver que la filosofía debe ayudarnos a vivir mejor.
Cuando le preguntaban a Aristóteles “para qué” servía la filosofía, solía responder que “para nada”. Que la filosofía no tiene “utilidad”, porque la “utilidad es un valor relativo e inferior a aquello para lo que sirve.
El bolígrafo tiene un “valor de utilidad”, no es valioso en sí mismo, sino en cuanto “me sirve para” escribir. La filosofía no es como el bolígrafo, ella “es valiosa en sí misma” y no está subordinada a nada.
Yo, como los epicúreos y los estoicos, creo lo contrario. Que la filosofía es como una llave inglesa o un martillo, que tiene un valor instrumental, es una herramienta, Y si una sirve para enroscar o desenroscar tuercas y el otro para clavar puntas, la filosofía “sirve para buscar y encontrar la felicidad”.
J.A. Marina lo repite muchas veces en sus libros: “el fin de la inteligencia no es “saber” sino “ser feliz”.
Decir que la filosofía es “reflexión” y “argumentación” es afirmar que los periodistas, los políticos (éstos, así así), los economistas, los comerciantes, los novelistas, los escritores, los artistas, las madres de familia,… “no reflexionan” y “no argumentan”.
Todo el mundo lo hace y no se consideran filósofos.
No puede definirse, pues, la filosofía, como “reflexión y argumentación”.
La filo-sofía es la “búsqueda de la sabiduría”, la “capacidad de vencer los miedos, todo tipo de miedos, que nos impiden vivir, que nos restringen la vida.
El sabio es el que triunfa en la tarea de no sentir miedo, el que ha logrado remontarlo.
Cuando uno ha vencido el miedo, se ha salvado y es, entonces, cuando puede acceder a la “vida buena”.
Y es que el miedo quita LIBERTAD, porque, al estar preocupado por él, te encierra en ti mismo y te hace egocéntrico, lo que te impide la GENEROSIDAD.
El miedo es perjudicial para uno y para los demás.
El sabio es LIBRE porque ha perdido el miedo y puede ser GENEROSO, amar a los otros.
Pero para salvarse del miedo, para vencerlo, hay dos vías: 1.- Por nosotros mismos, por la Razón, con nuestras propias fuerzas, por la Filosofía y 2.- Por Otro, por Dios, por la Fe.
El creyente no tiene necesidad de filosofía para salvarse, para vencer los miedos, ya tiene a su Dios, que lo salva. Pero los no creyentes sí que necesitan de la filosofía para superar esos temores.
A lo lago de la historia se han sucedido varias doctrinas soteriológicas, salvadoras: el estoicismo, el cristianismo, el humanismo, el vitalismo, el postmodernismo,… que iremos viéndolas, sin prisa.
Para ayudarnos a remontar nuestros miedos hay, al menos: tres materias:
1.- La Religión (el Cristianismo, entre otras).
2.- La Filosofía (por la Razón. ¿Cómo vivir, sabiendo que vamos a morir?
3.- La Psicología (el Psicoanálisis como método terapéutico para remontar la angustia).
Cuando nos referimos a “la muerte”, no sólo nos referimos a la muerte biológica (aunque también y que, sin duda, es la más importante) sino a otras muertes:
.- La ruptura traumática de una separación o divorcio de los padres y el temor al futuro (muerte de la seguridad).
.- La pérdida de un amigo y el temor de que no pueda ser ocupado ese sitio, vacío; temor a la soledad (muerte de la amistad).
.- El cambio de colegio y el temor a cómo van a ser las nuevas amistades, (muerte de la situación, hasta ahora, controlada).
.- Una ruptura sentimental con la novia y el temor consecuente de que el mundo se viene abajo (muerte del amor).
.- El final de unas vacaciones fantásticas y el temor de que no se repitan (muerte de un sueño vivido).
.- La muerte de un familiar y el temor consecuente.
.- La propia enfermedad (muerte de la perspectiva).
lunes, 9 de enero de 2012
INTRODUCCIÓN.
Imaginaos que alguien entra en una frutería y le pide al frutero 2 kilos de fruta.
-. ¿De qué los quiere Ud.? – será la pregunta del frutero.
.- De fruta. ¿No pone en el letrero, ahí arriba, “frutería”?.
.- Sí.
.-Pues déme dos kilos de fruta.
.- Verá Ud. señor, es que “la fruta” no existe, lo que existen son frutas: naranjas, melones, brevas, plátanos,….
Lo mismo ocurre con la Filosofía. No existe, Lo que existen son “filosofías”.
Cuando algún alumno, al comienzo de curso, me decía: “hábleme Ud. de “la filosofía”, siempre le preguntaba lo mismo: “de qué filosofía?, de la de Platón, de la de los estoicos, de la de Descartes, de la de Kant,…?
Esto, que para algunos es “una pena”, “una frustración”, (“el escándalo de las filosofías”), el que haya tantas, es como si a alguien “le diera pena” y “se sintiera frustrado” porque haya distintos tipos de frutas.
Las personas entre las que me muevo y me codeo, a diario, no son filósofos, ni por profesión ni por vocación. Las circunstancias de la vida los llevaron por otros derroteros, desde economistas y directores de empresa hasta maestros y empresarios, desde Jefes de Telégrafos y empleados de R.E.N.F.E. hasta administrativos o bancarios, o simplemente madres que tuvieron que sacar adelante a toda la familia.
Pero como, una vez abandonada mi incursión en la Guerra Civil en Málaga y anejos correspondientes, vuelvo a mi hábitat natural, que es la filosofía, quiero filosofar y seguir contando con su compañía, sin espantarlos, lo que me obliga a ser orteguiano que, en su “Qué es filosofía”, dice: “Siempre he creído que el filósofo, cuando investiga y persigue verdades, debe extremar el rigor metódico, pero cuando emite sus pensamientos, cuando los expone, debe huir de ostentar ante el público los bíceps de su tecnicismo. “LA CLARIDAD ES LA CORTESÍA DEL FILÓSOFO”.
Eso es lo que voy a intentar hacer durante las próximas etapas. Filosofar y exponer mis pensamientos de la manera más clara posible, siendo consciente de que van dirigidos a principiantes en filosofía o público no especializado, aunque sean mayores de 55 años (como yo).
Éste va a ser un “Curso de iniciación”, voluntaria, por supuesto, para aquellos que quieran acompañarme.
Soy consciente de que la Filosofía ha dejado de pertenecer al núcleo duro de lo que se denomina “Cultura General”. Hoy, para considerarse y ser considerado medianamente culto, basta conocer la Historia, la Geografía, la Literatura, las Artes, y algo de ciencias (Matemáticas, Biología, Astronomía, Física,…) pero no será considerado poco culto por no saber quiénes eran los estoicos, Spinoza, Kant, Nietzsche, Sartre, Ortega,….,
Si la cultura sigue considerándose, sobre todo, como información, nada de extraño es que no sea “pecado cultural” no saber filosofía, porque ésta ha sido, es será, más formativa que informativa.
Además como los filósofos estamos medio locos y vivimos en otro mundo, donde esté la Televisión y Belén Esteban que se quiten Descartes y Hume.
Mientras los científicos antiguos sólo son estudiados por Historiadores de la Ciencia y a ningún astrónomo actual se le ocurriría apelar a Ptolomeo, total y absolutamente sobrepasado, no ocurre igual con los filósofos antiguos, que siguen hablándonos de nuestros mismos problemas: cómo superar los miedos a nuestra limitación temporal (porque moriremos y desearíamos no morir y seguir vivos), el saber vivir para ser feliz (problema humano desde siempre y para siempre), qué sentido tiene vivir (si es que tiene sentido o es un sinsentido)….
Mientras las teorías científicas se baten en la arena, darwinianamente, y la vencedora arrincona a las perdedoras, que quedan como reliquias históricas y ella se impone, triunfa y reina hasta que otra entre en competencia con ella y la desbanque porque explica más cosas, mejor las cosas y de forma más sencilla, no ocurre igual con las filosofías, que siempre están ahí, invitándonos a conocerlas para disfrutarlas, para imitarlas y ponerlas en práctica, para matizarlas, para superarlas (llámese el estoicismo, el humanismo, el modernismo, el postmodernismo,…)
Por eso la Filosofía (a la que yo no la considero una Ciencia) está muy cerca del Arte, no del Arte de Hacer sino del Arte de Pensar.
Si a todos nos impacta el Arte Griego (arquitectónico, escultórico, pictórico,…) y nos gusta conocerlo, comprenderlo, disfrutarlo ¿por qué no la Filosofía a lo largo de la Historia, con sus diversas propuestas de vida, del “bien vivir”, de cómo obrar para “ser felices”?.
¿Es que hay otro objetivo más atractivo que “la felicidad”?.
(Con la entrada anterior, en el blog, (“Teoría + Práctica = Felicidad”) y con ésta, inicio mis reflexiones filosóficas, teniendo abierto un libro, “Aprender a vivir”, de un filósofo contemporáneo, francés, ministro de educación hasta hace muy poco, Luc Ferry).
-. ¿De qué los quiere Ud.? – será la pregunta del frutero.
.- De fruta. ¿No pone en el letrero, ahí arriba, “frutería”?.
.- Sí.
.-Pues déme dos kilos de fruta.
.- Verá Ud. señor, es que “la fruta” no existe, lo que existen son frutas: naranjas, melones, brevas, plátanos,….
Lo mismo ocurre con la Filosofía. No existe, Lo que existen son “filosofías”.
Cuando algún alumno, al comienzo de curso, me decía: “hábleme Ud. de “la filosofía”, siempre le preguntaba lo mismo: “de qué filosofía?, de la de Platón, de la de los estoicos, de la de Descartes, de la de Kant,…?
Esto, que para algunos es “una pena”, “una frustración”, (“el escándalo de las filosofías”), el que haya tantas, es como si a alguien “le diera pena” y “se sintiera frustrado” porque haya distintos tipos de frutas.
Las personas entre las que me muevo y me codeo, a diario, no son filósofos, ni por profesión ni por vocación. Las circunstancias de la vida los llevaron por otros derroteros, desde economistas y directores de empresa hasta maestros y empresarios, desde Jefes de Telégrafos y empleados de R.E.N.F.E. hasta administrativos o bancarios, o simplemente madres que tuvieron que sacar adelante a toda la familia.
Pero como, una vez abandonada mi incursión en la Guerra Civil en Málaga y anejos correspondientes, vuelvo a mi hábitat natural, que es la filosofía, quiero filosofar y seguir contando con su compañía, sin espantarlos, lo que me obliga a ser orteguiano que, en su “Qué es filosofía”, dice: “Siempre he creído que el filósofo, cuando investiga y persigue verdades, debe extremar el rigor metódico, pero cuando emite sus pensamientos, cuando los expone, debe huir de ostentar ante el público los bíceps de su tecnicismo. “LA CLARIDAD ES LA CORTESÍA DEL FILÓSOFO”.
Eso es lo que voy a intentar hacer durante las próximas etapas. Filosofar y exponer mis pensamientos de la manera más clara posible, siendo consciente de que van dirigidos a principiantes en filosofía o público no especializado, aunque sean mayores de 55 años (como yo).
Éste va a ser un “Curso de iniciación”, voluntaria, por supuesto, para aquellos que quieran acompañarme.
Soy consciente de que la Filosofía ha dejado de pertenecer al núcleo duro de lo que se denomina “Cultura General”. Hoy, para considerarse y ser considerado medianamente culto, basta conocer la Historia, la Geografía, la Literatura, las Artes, y algo de ciencias (Matemáticas, Biología, Astronomía, Física,…) pero no será considerado poco culto por no saber quiénes eran los estoicos, Spinoza, Kant, Nietzsche, Sartre, Ortega,….,
Si la cultura sigue considerándose, sobre todo, como información, nada de extraño es que no sea “pecado cultural” no saber filosofía, porque ésta ha sido, es será, más formativa que informativa.
Además como los filósofos estamos medio locos y vivimos en otro mundo, donde esté la Televisión y Belén Esteban que se quiten Descartes y Hume.
Mientras los científicos antiguos sólo son estudiados por Historiadores de la Ciencia y a ningún astrónomo actual se le ocurriría apelar a Ptolomeo, total y absolutamente sobrepasado, no ocurre igual con los filósofos antiguos, que siguen hablándonos de nuestros mismos problemas: cómo superar los miedos a nuestra limitación temporal (porque moriremos y desearíamos no morir y seguir vivos), el saber vivir para ser feliz (problema humano desde siempre y para siempre), qué sentido tiene vivir (si es que tiene sentido o es un sinsentido)….
Mientras las teorías científicas se baten en la arena, darwinianamente, y la vencedora arrincona a las perdedoras, que quedan como reliquias históricas y ella se impone, triunfa y reina hasta que otra entre en competencia con ella y la desbanque porque explica más cosas, mejor las cosas y de forma más sencilla, no ocurre igual con las filosofías, que siempre están ahí, invitándonos a conocerlas para disfrutarlas, para imitarlas y ponerlas en práctica, para matizarlas, para superarlas (llámese el estoicismo, el humanismo, el modernismo, el postmodernismo,…)
Por eso la Filosofía (a la que yo no la considero una Ciencia) está muy cerca del Arte, no del Arte de Hacer sino del Arte de Pensar.
Si a todos nos impacta el Arte Griego (arquitectónico, escultórico, pictórico,…) y nos gusta conocerlo, comprenderlo, disfrutarlo ¿por qué no la Filosofía a lo largo de la Historia, con sus diversas propuestas de vida, del “bien vivir”, de cómo obrar para “ser felices”?.
¿Es que hay otro objetivo más atractivo que “la felicidad”?.
(Con la entrada anterior, en el blog, (“Teoría + Práctica = Felicidad”) y con ésta, inicio mis reflexiones filosóficas, teniendo abierto un libro, “Aprender a vivir”, de un filósofo contemporáneo, francés, ministro de educación hasta hace muy poco, Luc Ferry).
TEORÍA + PRÁCTICA = FELICIDAD
Todo lo vivo muere, ha muerto o morirá. Todo es mortal. También nosotros. Lo deducimos de la experiencia. Pero “desearíamos” no morir, ser “inmortales”,
Igualmente todo lo real es finito, tiene unos límites, en el tiempo y en el espacio. También nosotros, estamos aquí, (y no allí, no somos “ubicuos”) y ahora (no estuvimos antes ni estaremos después). Somos “finitos, limitados” y nos gustaría no serlo.
La finitud en el tiempo, la “temporalidad”, la “mortalidad”, produce en nosotros miedo. Miedo que debemos vencer si no queremos vivir atenazados.
La victoria sobre ese miedo nos ha sido ofrecida y prometida por la religión, por todas las religiones.
Una de las dimensiones de toda religión es la “soteriológica”, “la de salvación”. Hemos invocado a los dioses y ellos han acudido para “salvarnos”, para “rescatarnos de la “finitud”. Hemos creído, durante casi toda la vida del hombre sobre la tierra, en ellos y, a cambio de la confianza (fe) y de conductas determinadas, se nos ha prometido la salvación “eterna” (“el tiempo ilimitado, sin fin, para siempre”).
Pero siempre, relacionados con los dioses, están las “peanas o altares” y los “púlpitos”. En ninguno de los dos se da la “horizontalidad”, “el diálogo”, el “tú a tú”. A los dioses, elevados en los altares, se les invoca, verticalmente, hacia arriba, para “pedirles mercedes” o para “que nos evite males”. Creemos en su omnipotencia, en que en sus manos está concedérnoslo.
Desde los púlpitos, sus representantes, los “sacer-dotes” (personas “sagradas”), verticalmente, hacia abajo, nos recriminan las malas prácticas y nos invitan u obligan a cumplir los mandamientos que, según ellos, son “palabra de Dios”, siendo, ellos, los únicos intermediarios autorizados, entre los dioses y los hombres, los que interceden por nosotros, comunicándoles a los dioses nuestros deseos y nuestros temores.
Todo lo que ocurre, bueno o malo, es porque los dioses quieren o lo permiten.
En palabras de San Agustín: “Dios hace lo que quiere, como quiere, cuando quiere, donde quiere,….” y lo que nosotros intentamos, rezándole, es que “quiera lo nuestro”.
Los “sacerdotes”, como intérpretes únicos autorizados de los “libros sagrados”, en que se ha manifestado la “palabra de Dios”, han regido las vidas de los hombres durante gran parte de la historia.
La moral y la política han estado, en exclusiva, en sus manos.
Pero en Grecia, sin casta sacerdotal y sin libros sagrados (porque ni la Ilíada, ni la Odisea, ni la Teogonía de los dioses, lo son, como tampoco han sido sacerdotes ni Homero ni Hesíodo), en las colonias griegas del Asia Menor, apareció una nueva forma de gobernarse los hombres. Se le llamó “democracia”.
En esta forma de gobernarse no entran los dioses sino los hombres, no la fe, sino la razón. Se discute, se argumenta, en público, se “dan razones” de lo que se dice y de lo que se quiere. Hay, en las asambleas, libertad para exponer y replicar. Son autónomas. En ellas hay horizontalidad. Los hombres son ciudadanos, con los derechos y deberes que ellos mismos se dan y manifiestan en las “leyes”, conclusiones de las Asambleas.
No es que sobren los dioses, es que no hacen falta para gobernar nuestras vidas. Se consideran “autó-nomos” y “aut-árquicos”, y el ideal de su polis es ser, también, “auto-suficiente”.
La obsesión de Sócrates por SABER.
.- Maestro, ¿“SABER” para qué? –pregunta el discípulo.
.- SABER para OBRAR bien.
.- Maestro, ¿y OBRAR bien, para qué?.
.- Para SER FELIZ.
Sólo se puede SER FELIZ si se OBRA BIEN. Y sólo se OBRA BIEN si se SABE qué es el BIEN.
Igual que sólo el TÉCNICO sabe qué es lo que hay que HACER, sólo el FILÓSOFO sabe cómo debemos OBRAR. Si el primero conoce los mecanismos de los utensilios que usamos, para que FUNCIONEN, el segundo sabe las conductas adecuadas que debemos poner en práctica, en nuestras vidas, para SER FELICES.
Toda PRÁCTICA, pues, necesita una TEORÍA.
La Teoría (Theos = dios y “orao” = ver) “visión divina”, “conocimiento perfecto” por parte del hombre.
La meta de la Teoría es el conocimiento del mundo que nos rodea para poder encontrar nuestro lugar en él, para, así, poder obrar adecuadamente y aprender a vivir felizmente.
Para los griegos el mundo se les presentaba como un “cosmos” (“orden”), como un “todo ordenado y animado”. El cosmos es igual que un ser vivo, como nosotros, por ejemplo, que estamos compuestos de muchos y distintos órganos, pero sin que cada uno vaya por un lado, sino ordenados, cada uno con una función distinta (corazón, pulmones, hígado, cerebro,..) pero actuando “en orden al todo”, para bien del conjunto, el cuerpo humano.
Los griegos miraban los cielos y se extasiaban del “orden” que existía entre las “estrellas”, siempre moviéndose entre la tierra y la esfera de las estrellas fijas, pero de una manera regular, “ordenada”, sin salirse de sus órbitas.
Igualmente el “orden en la naturaleza”, la sucesión de las estaciones, del día y de la noche, de la siembra y de la cosecha, de la aparición de las flores en primavera y del frío en invierno, del mismo fruto que sale de las mismas semillas, de los animales depredadores que a su vez son presas,… todo “ordenado”, un “cosmos”, tanto en el mundo sublunar como en el mundo translunar.
Ese “orden”, ese cosmos, es “divino” (en el sentido de que “no es humano”, que no depende de nosotros). No que el causante de ello sea un dios, es el orden el que es divino.
Los estoicos no creen en dioses personales causantes del orden. “Lo divino es el orden”.
Igualmente todo lo real es finito, tiene unos límites, en el tiempo y en el espacio. También nosotros, estamos aquí, (y no allí, no somos “ubicuos”) y ahora (no estuvimos antes ni estaremos después). Somos “finitos, limitados” y nos gustaría no serlo.
La finitud en el tiempo, la “temporalidad”, la “mortalidad”, produce en nosotros miedo. Miedo que debemos vencer si no queremos vivir atenazados.
La victoria sobre ese miedo nos ha sido ofrecida y prometida por la religión, por todas las religiones.
Una de las dimensiones de toda religión es la “soteriológica”, “la de salvación”. Hemos invocado a los dioses y ellos han acudido para “salvarnos”, para “rescatarnos de la “finitud”. Hemos creído, durante casi toda la vida del hombre sobre la tierra, en ellos y, a cambio de la confianza (fe) y de conductas determinadas, se nos ha prometido la salvación “eterna” (“el tiempo ilimitado, sin fin, para siempre”).
Pero siempre, relacionados con los dioses, están las “peanas o altares” y los “púlpitos”. En ninguno de los dos se da la “horizontalidad”, “el diálogo”, el “tú a tú”. A los dioses, elevados en los altares, se les invoca, verticalmente, hacia arriba, para “pedirles mercedes” o para “que nos evite males”. Creemos en su omnipotencia, en que en sus manos está concedérnoslo.
Desde los púlpitos, sus representantes, los “sacer-dotes” (personas “sagradas”), verticalmente, hacia abajo, nos recriminan las malas prácticas y nos invitan u obligan a cumplir los mandamientos que, según ellos, son “palabra de Dios”, siendo, ellos, los únicos intermediarios autorizados, entre los dioses y los hombres, los que interceden por nosotros, comunicándoles a los dioses nuestros deseos y nuestros temores.
Todo lo que ocurre, bueno o malo, es porque los dioses quieren o lo permiten.
En palabras de San Agustín: “Dios hace lo que quiere, como quiere, cuando quiere, donde quiere,….” y lo que nosotros intentamos, rezándole, es que “quiera lo nuestro”.
Los “sacerdotes”, como intérpretes únicos autorizados de los “libros sagrados”, en que se ha manifestado la “palabra de Dios”, han regido las vidas de los hombres durante gran parte de la historia.
La moral y la política han estado, en exclusiva, en sus manos.
Pero en Grecia, sin casta sacerdotal y sin libros sagrados (porque ni la Ilíada, ni la Odisea, ni la Teogonía de los dioses, lo son, como tampoco han sido sacerdotes ni Homero ni Hesíodo), en las colonias griegas del Asia Menor, apareció una nueva forma de gobernarse los hombres. Se le llamó “democracia”.
En esta forma de gobernarse no entran los dioses sino los hombres, no la fe, sino la razón. Se discute, se argumenta, en público, se “dan razones” de lo que se dice y de lo que se quiere. Hay, en las asambleas, libertad para exponer y replicar. Son autónomas. En ellas hay horizontalidad. Los hombres son ciudadanos, con los derechos y deberes que ellos mismos se dan y manifiestan en las “leyes”, conclusiones de las Asambleas.
No es que sobren los dioses, es que no hacen falta para gobernar nuestras vidas. Se consideran “autó-nomos” y “aut-árquicos”, y el ideal de su polis es ser, también, “auto-suficiente”.
La obsesión de Sócrates por SABER.
.- Maestro, ¿“SABER” para qué? –pregunta el discípulo.
.- SABER para OBRAR bien.
.- Maestro, ¿y OBRAR bien, para qué?.
.- Para SER FELIZ.
Sólo se puede SER FELIZ si se OBRA BIEN. Y sólo se OBRA BIEN si se SABE qué es el BIEN.
Igual que sólo el TÉCNICO sabe qué es lo que hay que HACER, sólo el FILÓSOFO sabe cómo debemos OBRAR. Si el primero conoce los mecanismos de los utensilios que usamos, para que FUNCIONEN, el segundo sabe las conductas adecuadas que debemos poner en práctica, en nuestras vidas, para SER FELICES.
Toda PRÁCTICA, pues, necesita una TEORÍA.
La Teoría (Theos = dios y “orao” = ver) “visión divina”, “conocimiento perfecto” por parte del hombre.
La meta de la Teoría es el conocimiento del mundo que nos rodea para poder encontrar nuestro lugar en él, para, así, poder obrar adecuadamente y aprender a vivir felizmente.
Para los griegos el mundo se les presentaba como un “cosmos” (“orden”), como un “todo ordenado y animado”. El cosmos es igual que un ser vivo, como nosotros, por ejemplo, que estamos compuestos de muchos y distintos órganos, pero sin que cada uno vaya por un lado, sino ordenados, cada uno con una función distinta (corazón, pulmones, hígado, cerebro,..) pero actuando “en orden al todo”, para bien del conjunto, el cuerpo humano.
Los griegos miraban los cielos y se extasiaban del “orden” que existía entre las “estrellas”, siempre moviéndose entre la tierra y la esfera de las estrellas fijas, pero de una manera regular, “ordenada”, sin salirse de sus órbitas.
Igualmente el “orden en la naturaleza”, la sucesión de las estaciones, del día y de la noche, de la siembra y de la cosecha, de la aparición de las flores en primavera y del frío en invierno, del mismo fruto que sale de las mismas semillas, de los animales depredadores que a su vez son presas,… todo “ordenado”, un “cosmos”, tanto en el mundo sublunar como en el mundo translunar.
Ese “orden”, ese cosmos, es “divino” (en el sentido de que “no es humano”, que no depende de nosotros). No que el causante de ello sea un dios, es el orden el que es divino.
Los estoicos no creen en dioses personales causantes del orden. “Lo divino es el orden”.
domingo, 8 de enero de 2012
ANALFABETO
Peret cantaba aquello de….”borriquito como tú,…. que no sabes ni la u…..”
El “an-alfa-beto” es el que no sabe “ni la “a” (alfa), ni la “b” (beta), que son las primeras letras del “alfabeto” o “abecedario”, y si no sabe las primeras, se da por supuesto que no sabe las siguientes.
Pero hay muchos tipos de analfabetos, por ejemplo, “el analfabeto informático”, o sea yo, Tomás Morales, que no sabe la “beta informática” y de la “alfa informática”, sólo sabe la “a” minúscula, porque a la mayúscula no llego.
Me maravilla ver a antiguos alumnos hacer auténticas virguerías. Yo, inútil. Pero no siento envidia. Sí fascinación. No necesito tanto.
A base de hacerle caso a algún amigo ya no escribo, como al principio, directamente, sino que escribo el texto, lo “corto” y luego lo “pego” en el blog. Sé esto y poco más.
No os riáis, pero es verdad.
Cuando, por casualidad, siguiendo los pasos, logré crear mi correo y mi blog, eso, para mí, fue como un milagro.
Se lo cuento a un antiguo alumno y me asegura que eso lo hace fácilmente un niño de primaria.
No me desilusioné, porque eso era lo que yo necesitaba, y lo había conseguido.
Ahora hago lo que más me gusta (además de pasear por la playa y saborear los boquerones en mi Carihuela), leer, escribir, enviar mis reflexiones por correo y colgar, lo escrito, en mi blog.
La web que tengo me la regaló mi yerno. Soy incapaz de colgar nada. Cuando algo aparece en ella es porque él me lo hace.
Con el correo y el blog entro en contacto con mi alumnos actuales, mi antiguos alumnos, mis compañeros, …. Y otras personas que entran y comentan lo escrito, unos me ponen a parir y otros están de acuerdo. A ambos, siempre, les doy las gracias mientras esgriman razones y no descalificaciones.
No es que esté orgulloso de mi analfabetismo informático, es que esa apenas “a minúscula” me facilita leer una enorme cantidad de revistas de filosofía, a las que estoy suscrito, escribir mis reflexiones y enviarlas o colgarlas en el blog.
Esa apenas “a minúscula” me hace feliz.
¿Hay, acaso, otro objetivo mejor en la vida?
jueves, 5 de enero de 2012
¿CÓMO SOY YO?
.- ¿Qué soy yo?. Soy un hombre, un ejemplar de la especie humana, un animal racional, una persona que tiene unos derechos y unos deberes.
.- ¿Quién soy yo?. Yo soy Tomás Morales Cañedo, mayor de 55 años, casado, padre y abuelo, alumno unos días y profesor otros.
.- ¿Cómo soy yo?.
Yo soy:
- Agnóstico en Religión.
- Escéptico en Filosofía.
- Aficionado a la Historia.
- Lego en el Arte Contemporáneo.
- Matemático frustrado.
- Filósofo al cuadrado, porque “amo” la Filosofía (amor a la sabiduría).
- Doblemente “bien nacido” pues mis padres son Eu-genio y Eu-genia.
- Usuario de Internet.
- Analfabeto informático.
- Aficionado al deporte desde el sofá.
- “Pato apeado” en su práctica.
- Amigo de mis amigos.
- Enemigo de nadie.
- “Leedor” impenitente.
- “Escribidor” mediocre al exponer lo que piensa y usando palabras de boca sucia, malsonantes.
- Respetuoso con TODAS las personas.
- Intolerante con cierto tipo de ideas.
- Francotirador crítico, disparando contra todo lo que se menea.
- Comentarista ocasional de imposturas, dichos y hechos estrafalarios.
- Amante de paseos por la playa.
- Desconfiado con los banqueros.
- Confiado de los maestros.
- “Pasota” con la Jerarquía eclesiástica.
- Ingenuo vital.
- Abuelo empedernido.
- Trasnochador laboral.
- Defensor de la siesta como un Deber Natural Obligatorio.
- Rutinario en las labores domésticas diarias.
- Puntual en las citas.
-
-
-
¿Puedes, aún, fiarte de un tipo como yo?
.- ¿Qué soy yo?. Soy un hombre, un ejemplar de la especie humana, un animal racional, una persona que tiene unos derechos y unos deberes.
.- ¿Quién soy yo?. Yo soy Tomás Morales Cañedo, mayor de 55 años, casado, padre y abuelo, alumno unos días y profesor otros.
.- ¿Cómo soy yo?.
Yo soy:
- Agnóstico en Religión.
- Escéptico en Filosofía.
- Aficionado a la Historia.
- Lego en el Arte Contemporáneo.
- Matemático frustrado.
- Filósofo al cuadrado, porque “amo” la Filosofía (amor a la sabiduría).
- Doblemente “bien nacido” pues mis padres son Eu-genio y Eu-genia.
- Usuario de Internet.
- Analfabeto informático.
- Aficionado al deporte desde el sofá.
- “Pato apeado” en su práctica.
- Amigo de mis amigos.
- Enemigo de nadie.
- “Leedor” impenitente.
- “Escribidor” mediocre al exponer lo que piensa y usando palabras de boca sucia, malsonantes.
- Respetuoso con TODAS las personas.
- Intolerante con cierto tipo de ideas.
- Francotirador crítico, disparando contra todo lo que se menea.
- Comentarista ocasional de imposturas, dichos y hechos estrafalarios.
- Amante de paseos por la playa.
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miércoles, 4 de enero de 2012
(3). Ortega y la 2ª República.
Es relativamente fácil la unidad y la unanimidad para oponerse a algo o a alguien. Lo que es más difícil, y a veces imposible, es la unanimidad en qué hacer y cómo hacerlo, tras haber dejado el campo libre de ese obstáculo, sea una persona o sea una institución.
Es lo que le pasaba a la oposición política prerrepublicana.
Los intelectuales, como hemos expuesto en la entrada anterior, no formaron un grupo homogéneo “para”, aunque sí lo fuera en su lucha “contra” la Monarquía y, sobre todo, contra Primo de Rivera, que lo que consiguió, persiguiéndolos, fue convertirlos, a todos, en sus opositores y, luego, en republicanos, a cuya llegada se consideraban haber contribuido.
Ortega se siente protagonista desde su lejana Liga de Educación Política, de 1.914, en el seno del Partido Reformista, su posterior grito, en Noviembre de 1.930, “Delenda est monarchia” (“La Monarquía debe ser destruida”) y hasta su reciente A.S.R.
“Pongámonos a pensar en serio” – decía.
Será Azorín el que acuñe la expresión “República de los intelectuales”, a la que se apuntaron todos, por considerarse autorizados, debido a su lucha contra la Monarquía y la Dictadura y porque consideraron que era la hora de poner en práctica sus ideas políticas teóricas y que podían contribuir a un buen fin de la República.
Todos ellos son de la opinión de que la cuestión escolar es prioritaria.
“Somos trabajadores intelectuales –dice Ortega- que vamos a la educación política del pueblo”.
Se considera con poca vocación para el ejercicio de Gobierno, pero sí para ser mentor de gobernantes.
“Seré, siempre, sólo un Jefe de Negociado en el Ministerio de la Verdad”.
“Hemos venido, no por gusto, sino por deber, porque habíamos contribuido a…..”
Los Intelectuales se consideran “Padres de la patria”.
Pero los militantes comunistas reprochan a los intelectuales ser unos advenedizos a la República, cuando pretenden encarnar la conciencia nacional.
“Querámoslo o no, desde el 14 de Abril, todos vamos a ser otra cosa de lo que éramos”.
Pero los problemas políticos escapan a la oratoria de los intelectuales (crear un estado moderno y hacerlo funcionar, emprender reformas estructurales, redactar una Constitución y, mientras tanto, gobernar sin ella y con leyes de excepción).
Ortega, siguiendo, en esto, a Lenin y a Gramsci, afirma que a España no hace falta que la representen intelectuales.
“El ideal de un pueblo es que no sea necesaria la intervención de intelectuales en su vida política”.
Azaña sería más concreto. No cree que un intelectual esté mejor cualificado que otro para dirigir a un país.
El día 14 de Julio de 1.931 (como el día y mes de la Revolución Francesa) se abren las Cortes Constituyentes, y aquí están 64 catedráticos, profesores o maestros y 47 periodistas.
Prieto habla de “masa encefálica” y Unamuno dice que hay demasiados catedráticos.
Algunos son ministros (De los Ríos, Albornoz, Domingo) y uno de ellos, Azaña, es Jefe del Ejecutivo.
De los 115 diputados socialistas, 50 tienen título universitario. Besteiro es Presidente de las Cortes, De los Ríos será, por tres veces, ministro (de Justicia, de Instrucción Pública y de Estado). A él le toca ocuparse de la Constitución y de la Reforma agraria, entre otras.
A los intelectuales elegidos diputados, el sufragio universal les otorgó una legitimidad, pero los transformó en políticos.
Los intelectuales habían estado unidos en la repulsa a las formas pasadas de gobierno, pero, entre ellos, no había unidad de doctrina republicana.
Si la Constitución debía ser escueta o extensiva sería una de las primeras discusiones.
Ortega lo tiene claro: “en una Constitución no deben quedar sino aquellas normas permanentes de la existencia civil, y no decisiones fungibles, que se consumen al primer uso”, como por ejemplo, la disolución de las órdenes religiosas (que se hará o no se hará, pero que no debe constar en la Constitución).
Unamuno se ríe de la candidez de algunos diputados, que piensan sembrar para la eternidad y que aparezca como un acto de agresión a la República la apología del régimen monárquico. (¿No fue esto lo que hizo Franco con todo lo que oliese a República y a Democracia, considerarlo como una agresión al régimen?).
La proclamación de la República Catalana obligaba al gobierno a transigir.
¿Entonces, Federalismo?. Pero “federar es reunir” y nadie duda de la Unidad de España.
“Federarnos es algo parecido a divorciarnos” –afirma el Presidente de la Real Academia. “No cabe reunir lo que no está separado” = “no debe separarse lo que está unido”.
Unamuno considera irracionales los particularismos. La soberanía no puede dividirse.
Ortega condena “una división de España en dos Españas diferentes: una compuesta de 2 ó 3 regiones ariscas y la otra integrada por el resto, más dócil al poder central” (¿no tenemos hoy Autonomías de 1ª (las históricas) y de 2ª (todas las demás)?.
Ortega, incluso, propone destruir la base provincial tradicional y fomentar una descentralización regional, bajo la autoridad del poder central.
El debilitamiento del Estado era temido por Ortega más que la pérdida de la identidad nacional.
“La democracia es el pueblo organizado, no el pueblo suelto”.
No podía satisfacerle la fórmula adoptada por el gobierno, bajo la presión catalanista.
El Senado era calificado, por Ortega, como una “cámara castrada”.
El Congreso debería tener sólo 200 diputados, y no 400.
Defendía, a ultranza, el Tribunal de Garantía Constitucional, un 4º poder moderador.
La República se convierte en algo místico, en algo sagrado, que no permite ser criticada, lo que molesta enormemente a Unamuno, que lo considera una religión republicana, cuando la República ha prohibido la religión.
Poco a poco, casi todos los intelectuales consideraban la Constitución como un peligro para España, como si España estuviera supeditada a la República, y no la República a España (¿cómo una forma de gobernarse una nación debe primar sobre la nación misma que opta por esa forma de gobernarse?)
La Constitución, adoptada el 9 de Diciembre, es criticada por Alcalá Zamora.
¿Objetivo de los intelectuales?: la educación y la secularización de la sociedad.
La resistencia, tanto a la secularización como a la democratización, viene del mundo rural. Pero es que la cuestión escolar pasa por la cuestión religiosa.
Además, también está la cuestión económica, estancada.
La prioridad de Azaña, desde Diciembre del 31, está en varias reformas: la del ejército, la agraria, la escolar y las demandas autonomistas de catalanes, vascos y, aunque menos, de los gallegos.
Para estas reformas Azaña se apoya en los socialistas, rompiendo la unidad del Frente Republicano.
De los Ríos (sobrino del filósofo Giner de los Ríos, krausista), prosigue la construcción de 10.000 escuelas, programadas por su antecesor en el cargo, Marcelino Domingo. Pero el proyecto no pudo llevarse a cabo por causas presupuestarias, pero se mejoró la situación de los profesores así como la reforma de programas.
Azaña reformó el ejército, pero hubo división de opiniones en la reforma agraria. ¿Indemnización o mera expropiación?.
El balance de esta reforma fue muy negativo (sólo se beneficiaron de ella 4.300 campesinos, de los 70.000 previstos. Además, tampoco creció la productividad.
Fueron muchos los defraudados.
Azaña, además, estaba enojado por haber sacado de contexto su sentencia “España ha dejado de ser católica”, porque lo que anunciaba era, según él, la separación Iglesia-Estado y no que, por decreto, dejaba de ser católica. Ortega diría que España había dejado de serlo no el 14 de Abril, sino muchísimo antes.
Mantener a la Iglesia era mantener un Estado dentro de otro Estado.
Sí había, sin embargo, unanimidad en la disolución de la Compañía de Jesús, pero no la hubo respecto a las demás congregaciones.
Los jesuitas ejercían el predominio en la enseñanza, también influían, enormemente, en el comercio y la industria, además de que estaban sometidos, por sus votos, a otra autoridad distinta a la del Estado.
¿Y la Iglesia?: no estaba por la labor, ni en la laicidad, ni en la separación Iglesia-Estado, ni en el divorcio.
Muchos intelectuales, desde el comienzo, no tragaban la alianza Trono-Altar, como lo había sido durante la Monarquía.
El 24 de Enero del 32, siendo Ministro de Justicia, ya no De los Ríos, sino Albornoz, se llevó a cabo la disolución de la Compañía de Jesús, la ley del divorcio y la supresión de los presupuestos del culto y del clero.
Si a todo esto le añadimos la quema de iglesias y conventos y otras muchas formas de violencia anticlerical, es imaginable el primer desacuerdo de Unamuno, defensor de la España clásica.
Ortega no se inmutó, su ideario era laico.
El problema de los intelectuales es que comenzaron a ser políticos y les costaba someterse a la disciplina de partido, consideraban una pérdida de tiempo tanta discusión.
No congeniaron en sus relaciones con los poderosos (Iglesia, Ejército y Patronatos), ellos sólo atendían a su razón y a sus proyectos, y la política no era así.
La omnipresencia de los intelectuales en la prensa los hizo verse importantes en esa “República de los Intelectuales”, de la que se consideraban parte esencial en su advenimiento.
Unamuno estaba desilusionado por los derroteros que estaba tomando la República, con su constante recurso a la violencia. Es lo que hizo que se hiciera intimista e individualista, pero que no se callaba, criticando fuertemente a Azaña y buscando la aprobación de Ortega y de Marañón.
Pensaba que su papel era luchar contra el Poder y liberar a la República de los fanáticos.
En las elecciones del 33 votará a los “agrarios” (“los enemigos de la República”). Su objetivo era “defender al individuo de las garras del Estado”.
También Ortega critica al gobierno de Azaña.
Pero ambos se sienten como predicadores en el desierto, porque apelan a la Inteligencia y a la Voluntad, más que al pragmatismo político.
Azorín se va, directamente, a la oposición.
Los políticos decían ser como lo médicos, que deben curar al enfermo, de cuya enfermedad ellos, los políticos, no son los culpables.
Unamuno se opone a las Autonomías regionales y defiende el “castellano” como hegemónico.
Ortega aboga por la descentralización.
Albornoz es un anticlericalista declarado, lo que irrita a muchos intelectuales, denominados, despectivamente, “advenedizos” por los militantes comunistas.
En el núcleo del P.S.O.E., Besteiro y Largo Caballero andan a la gresca, a lo que se une la decepción de la U.G.T. por la lentitud de las reformas, mientras que los anarquistas y las juventudes socialistas están, constantemente, presionando.
Bolchevización del P.S.O.E., que rompe la alianza con los demás partidos republicanos.
La línea dura de Largo Caballero se impone y vence a Besteiro, en la dirección de la U.G.T.
Araquistain, el socialista más duro, en su revista Leviatán, intenta convencer al proletariado de que nada puede esperar de la República. Critica a Ortega, a Besteiro y a Azaña, que “cree que puede hacerse una revolución por medio de una Constitución Republicana”.
“Dictadura capitalista o dictadura socialista” –proclaman Largo Caballero y Araquistain desde Leviatán, que denuncian el peligro fascista.
Los socialistas están radicalizándose así que los intelectuales lo tienen crudo: o toman partido y dejan de ser meros intelectuales y ser activistas o volver a ser estetas en su torre de marfil.
Los jóvenes pasan, de una vanguardia estética, a una vanguardia revolucionaria, pero los viejos sólo reaccionan en función de principios éticos y no según criterios políticos.
Los sucesos de Octubre del 34 llevan a Unamuno a un mayor, si cabe, solipsismo, a Azorín a ser aún más antiparlamentarista, a Ortega a reclamar una Nueva República.
Los intelectuales dejan la política y ya son, o militantes o poetas, ya no es intelectual-político sino intelectual-revolucionario o, simplemente, intelectual
Las elecciones de Febrero del 36, con la victoria del Frente Popular es interpretada por Araquistain y los suyos como un plebiscito sobre la revolución y posterior represión de Octubre del 34.
Ortega critica el halago a las masas y ve en la actualidad revolucionaria su convicción del desgarro de la Patria.
Radicalización de unos y distanciamiento de otros ante el fracaso de la experiencia reformadora en España.
La República, amenazada o amenazadora, nada que ver con la República soñada.
Si en el 31 Marañón decía: “ni Monarquía ni Anarquía”, en el 34 Madariaga dirá: “Anarquía o jerarquía”. En el ambiente estaba instaurar un poder fuerte.
Muchos fueron los que no se decidieron y se inhibieron, los intelectuales de la “3ª España”, los que se habían negado a elegir ante la exclusiva y tomaron el camino del exilio. En ellos se cumpliría el adagio: “ni contigo ni sin ti…”.
Entre el poder y la calle, la exclusiva, no encontraban el sitio adecuado, de ahí la frustración y las esperanzas truncadas.
Ellos pensaban en términos normativos ideales, en su mente, más que en función de la calle, la realidad.
Sí fueron eficientes culturalmente, no tanto políticamente. No todos estaban dispuestos a ensuciarse las manos.
Razonaban como educadores, cuando lo que se necesitaban eras reformadores estructurales.
Contribuyeron al advenimiento de la República, participaron en la redacción de la Constitución, muchos fueron diputados, algunos ejecutivos pero, en general, en todos ellos, la desilusión.
El triunfo de la idea republicana del 31, frente a la agonía del 36. Malos tiempos para ellos. Y los jóvenes militantes revolucionarios desconfiando de ellos.
En el 37, Azaña, en sus Memorias, los criticará, despectivamente: “republicanos para ser ministros y embajadores en tiempos de paz, republicanos para emigrar en tiempos de guerra”.
La República no había nacido en el mejor momento: desarreglo económico, fractura social, cuestionamiento de los modelos políticos liberales, aspiraciones nacionalistas,… Todo un mal rollo para los intelectuales.
Fracaso de la Razón, fracaso de una República que nació en un entorno internacional poco favorable, mientras, dentro, las arcas del erario estaban vacías, la hostilidad de los patronos, así como de gran parte del ejército y de todo el clero.
Como, después, reconocería Azaña, España había pasado, sin transición, del Antiguo Régimen a la Revolución Social. Y eso tiene un coste que hay que pagar.
La crisis europea de los años 30 desembocó en una crítica al liberalismo, así que, para nuestra República, el único modelo a seguir (mal modelo) era la U.R.S.S.
Los intelectuales se vieron desbordados por las masas, que son más, No importa tanto la Razón y tener razón como el instinto de las masas.
Ortega se refugiará en el silencio político. Se exilió fuera y, después, lo exiliaron, le hicieron el vacío, dentro.
En Europa Mussolini repetía que “la acción tiene que vencer a la palabra”, mientras Hitler se negaba a presentar un programa, Franco estaba entre los descontentos.
Tristemente, primero sería la guerra civil española, luego la 2ª guerra mundial.
lunes, 2 de enero de 2012
PARA ACLARARME YO (3)
LA IGLESIA EN LA CUERRA CIVIL.
Al principio, la Iglesia no ve con malos ojos la llegada del nuevo régimen, pero cuando a la quema de conventos e iglesias se une la pasividad incomprensible de la autoridad política y, a continuación, sale el Decreto de la libertad de cultos, la reacción del Vaticano no se hizo esperar.
Cuando se deja atrás el feudalismo, la teoría de las dos espadas, la de las dos ciudades agustinianas, no sólo con influencia de la Iglesia sobre el Estado (si el emperador no era coronado por el papa o el obispo, no tenía legitimidad, ya que el poder, que siempre viene de Dios, la Iglesia lo testifica con la ceremonia de la coronación), sino preponderancia sobre el Estado, al que la Iglesia puede obligarlo a intervenir, de manera variada, en las Cruzadas para reconquistar los santos lugares, pero cuando, tras el Renacimiento, entramos en la edad moderna, los privilegios de la iglesia y su influencia política desaparece.
El estado tiene carácter laico. Hay separación Iglesia-Estado. Cosa que en España no ocurrió. El peso de la Iglesia seguía siendo enorme.
Las distintas amortizaciones: 1.835 (Mendizábal), 1.855 (Madoz) y 1.865 (Isabel II) ponen en venta los bienes del clero.
La religión no sólo se manifestaba en la vida cotidiana, sino que en todas las Constituciones del siglo XIX se declaraba la confesionalidad del Estado.
.- La Pepa, la de 1.812, progresista, en su artículo III dice: “la religión de la nación española es, y será perpetuamente, la católica, apostólica y romana, única y verdadera. La nación la protege por las leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra”.
.- La de 1.837, en su artículo XI, dice: “la nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la religión católica, que profesan los españoles”.
.- La de 1.869, surgida de la Gloriosa Revolución, introduce “la libertad religiosa”, aunque reconoce el carácter católico de España.
.- Sólo el Proyecto Constitucional de la 1ª República separaba Iglesia y Estado, pero como no vio la luz….
.- La 2ª República pretende certificar la victoria de la modernidad frente a la tradición, representada por la Monarquía, la Aristocracia y la Iglesia.
En 1.931 queda eliminada la 1ª, con la salida de Alfonso XIII y la proclamación de la República, queda arrinconada la 2ª, y es la 3ª la que quedaba por desmontar, con el régimen de privilegios que mantenía la religión católica.
Los triunfadores, los republicanos, dicen que no se trata de una persecución religiosa sino proclamar, de una vez, la aconfesionalidad del Estado.
La Iglesia, los Militares, el Latifundismo y el Centralismo constituyen el lado anticuado, rancio, de España.
Es verdad que la población era, mayoritariamente, católica, pero el laicismo, como forma de vida, se había extendido entre las clases medias y el proletariado urbano y era asumido, por los intelectuales, como un principio indiscutible.
Como el ataque a la Iglesia y el incendio de iglesias y conventos era considerado como algo propio de lo republicano, todos los católicos, al sentirse heridos, fueron haciéndose antirrepublicanos.
El objetivo republicano era claro: “No a los privilegios de la Iglesia”.
Lo malo fue el método, la manera, nada moderada de llevar a cabo la consecución del objetivo.
Si el 14 se proclama la República, el día 15, en el artículo 3º del Estatuto Jurídico (que anuncia reformas en todos los ámbitos) establece la Libertad Religiosa, por lo tanto, y por primera vez, un gobierno de España está dispuesto a separar Iglesia y Estado.
La Iglesia, incluso, no lo veía mal.
Unos días después, el 24 de Abril, el Vaticano se pronuncia oficialmente instando a los sacerdotes, religiosos y fieles “a respetar los poderes constituidos”.
Pero el día 26 los recelos de la Derecha Católica hacia el nuevo régimen se manifiestan con la creación de una nueva fuerza política: Acción Nacional, que, posteriormente, se denominaría Acción Popular, y cuyo lema era: “Religión, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad”.
¿Su líder? Ángel Herrera Oria, la “eminencia gris del catolicismo político en España”. Obra suya fue el proselitismo en las zonas rurales (porque el proletariado urbano…) combinando “antisocialismo militante y defensa del clericalismo”.
La Iglesia va apartándose de la fidelidad republicana.
Día 11de Mayo: quema de iglesias y conventos, primero en Madrid, después la ola incendiaria se extiende a otras ciudades. (Véase en “A mi manera: La guerra civil en Málaga”).
Y es que, cuatro días antes, el 7 de Mayo, el Cardenal Segura, Arzobispo de Toledo, había publicado una pastoral en la que llamaba a los católicos a apretar los dientes contra los destructores de la religión. Aunque, añade, “para el bien de la paz y el orden”, pedía respetar a las autoridades e invocaba la unión de todos los fieles para las inminentes elecciones constituyentes.
Dos días después, el día 9 de Mayo, otro Decreto del Gobierno que establece que la educación religiosa sería voluntaria en las escuelas.
Estas medidas, en materia de educación, son vistas por la Iglesia como una provocación.
Al día siguiente, el día 10, cuando los monárquicos se reúnen en la Calle Alcalá 67, para planear su estrategia electoral, y suena la Marcha Real, algunos republicanos, concentrados en las inmediaciones, tratan de asaltar el edificio.
Posteriormente, la multitud, crispada por el falso rumor de que un monárquico había matado a un taxista (hecho atribuido al Directo de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena) se dirige hacia la sede del periódico, situado en las proximidades.
La guardia civil evita el asalto, en el que mueren dos manifestantes.
Todo se va complicando.
Al final pasó lo que pasó pero que debería no haber pasado.
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