miércoles, 31 de julio de 2019

PLATÓN: IDEAS PRINCIPALES DE SU FILOSOFÍA ( y 4 )



Del orden del mundo, del mundo ordenado, del cosmos, no sólo les preocupa a estos teólogos su funcionamiento, sino su origen y su fin, su por qué, su por quién y su para qué, no les basta el azar de lo que sucede y que todo suceda por azar.

Y sabemos (y así hay que reconocerlo) que la sociedad de la que proviene Platón, y a la que aspira Platón, no es la del tiempo en que vive, ya decadente, sino una ideal, la denominada “utopía platónica” en la que no todos los ciudadanos son iguales ante la ley, hay privilegios a los que no pueden acogerse y de los que están excluidos la gran mayoría de sus ciudadanos, es una sociedad elitista, clasista,…

Cada uno debe ocupar “su” lugar por el bien del “todo” pero no todos podrán ocupar los lugares privilegiados.

¿Se puede saltar del “arado” a la “política”? ¿Se puede cambiar la “azada” por la “vara de mando”? ¿se puede pasar de ser “rústico” a ser “legislador y gobernante”?

Teóricamente sí, con esfuerzo y dedicación pero ¿y sin la igualdad de oportunidades?

La igualdad entre los hombres no es la aritmética y cuantitativa sino la geométrica y cualitativa, que no es “igual” para todos sino “proporcional”, y si cada uno debe recibir según su necesidad, también cada uno debe contribuir según su capacidad.

A cada uno según sus méritos, según sus merecimientos, no todos igual y lo mismo, eso sería una injusticia, dar menos al que merece más, y dar más al que merece menos.

“No habrá, pues, querido amigo, que emplear la fuerza para la educación de los niños; muy al contrario, deberá enseñárseles jugando, para llegar también a conocer mejor las inclinaciones naturales de cada uno” (La República).

Enseñanza lúdica, tan moderna hoy día y ya veis desde cuándo está contemplada.

Me llevaría mucho tiempo y espacio exponer la educación/la enseñanza, tan completas, que propone Platón en La República (por lo que os invito encarecidamente que le preguntéis a Google y la disfrutéis como ya la he disfrutado cuando, cada año, se la exponía a mis alumnos).

Pero, luego, en Las Leyes, más realista y/o menos utópico: “Apenas vuelva la luz del día es necesario que los niños vayan a la escuela,…Ni niños sin pedagogo, como ni ovejas sin pastor, como ni esclavos sin dueño…pero entre todos los animales, el más difícil de manejar es el niño, debido a la misma excelencia de esta fuente de razón que hay en él, y que está por disciplinar, resulta ser una bestia áspera, astuta y la más insolente de todas. Por eso se le debe atar y sujetar con muchas riendas…apenas salga de los brazos de su nodriza y de la madre…preceptores que controlen la ignorancia de su corta edad…luego maestros que lo instruyan en toda clase de ciencias…cualquier hombre libre podrá castigarlo, tanto al niño, como a su pedagogo, a su preceptor, a su maestro,…por cualquier falta que viere que comete cualquiera de ellos…y castigarlos como es debido.

Vigilancia extrema, pues, sobre la educación de los niños, y enderezar sus naturalezas, dirigiéndolas siempre hacia el bien que prescriben las leyes.

Del Platón de La República, diálogo de madurez, pues, al Platón de Las Leyes, diálogo de vejez, se da un cambio total.

Quiso poner en práctica su teoría de La República, de la sociedad ideal y pasar de ser un simple teórico político a un protagonista político.

Hizo tres viajes a Siracusa donde gobernaba el tirano Dionisio I o Dionisio el Viejo que, tras vencer a los cartagineses extendió su poder por el sur de la península itálica.
Pretendió, pero sin éxito, ser su consejero.

Ya muerto Dionisio I le sucedió en el trono su hijo, Dionisio II o Dionisio el joven y allí se encaminó Platón en su segundo y tercer viaje con la creencia e ilusión de que, al ser más joven, sería más maleable y podría poner en práctica su proyecto político.
Le presentó un proyecto de constitución (que fue desechado), aconsejó formar una confederación de ciudades contra la amenaza de Cartago (tampoco), le pidió que diera una amnistía a todos sus opositores políticos (desestimada).

Tras el fracaso, volvió a Atenas, pero no tanto por su fracaso político como para salvar su vida porque el joven tirano se reveló más tirano que filósofo en cuanto cogió la vara de mando y empezó a ejercer el poder.

Ya he comentado que sería hecho prisionero y vendido en el mercado de esclavos pero que un antiguo alumno lo reconoció, lo compró y….

En El Protágoras cuenta Platón que Zeus envió a Hermes para que repartiera entre los hombres los fundamentos esenciales de la civilización; “Aidós” (el sentido moral, el pudor, el respeto,…el área de la Ética) y “Diké” (el recto sentido de la justicia, el área del Derecho).
“Y, a quien no sea capaz de participar de ellos, que lo expulsen como una enfermedad de la ciudad”.

Pero si no existe el “krátos” (la fuerza violenta para que se eduque en la Ética y se comporte en el Derecho…) y eso le corresponde a la Política.
No el usarla, sino el poder usarla porque en su mano está.

Sin ese “krátos” ni la “aidós” ni la “diké” encontrarían ese marco en el que poder ejercerse.
Si suprimes políticamente la primera quedan estériles la segunda y la tercera pero si la ejerces despiadadamente las matas.

No exageramos si afirmamos, tajantemente, la influencia profunda, duradera y extensa de Platón en la historia de Occidente (y si exceptuamos a Jesús de Nazaret…).

Las ideas, los conceptos, el método del diálogo, la discusión,… como instrumentos del conocimiento, son platónicos.

Nuestro mundo, hoy, sería distinto si Platón no hubiera existido y su obra siguiera leyéndose, comentándose,…

Hoy mismo siguen siendo atractivos y atrayentes diálogos como el Gorgias, el Fedro, la República, el Banquete,…y no hace falta un curso de semántica ni de semiología para entenderlos perfectamente.

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