miércoles, 16 de enero de 2019

¿CUÁLES SON MIS RAÍCES? ( y 2)



Mi padre, allá en la Tierra del Vino castellana, tenía la costumbre de plantar una viña cada vez que le nacía un hijo (Bueno, la verdad es que cuando le nació el cuarto, mi hermano el pequeño, plantó un pinar). Una de las tres viñas, la 2ª, era “el majuelo de Sito” (Sito, de Tomasito, yo),
Pero mi padre plantaba unas cepas llamadas “americanas”, que “agarraban” muy bien y que “encepaban” muy de prisa, pero a los dos años las injertaba con “varas” de “tinta Toledo” o “tinta Madrid”, porque –decía él – esos injertos, en esa cepas, producen más uva y de mejor calidad que la que le correspondería en su cepa.

Digo todo esto porque, hace ya casi 40 años, un castellano (o sea, yo) cruzó Despeñaperros y bajó a Andalucía, (primero Córdoba, luego, y finalmente, Málaga) y aquí sigo ¿”enraizado”?, aunque ya jubilado, pero “enraizado”

Si mañana mismo, mis hijas (¡ironías de la vida!, una en Madrid y la otra en Ciudad Real), solicitasen mi presencia por tiempo indefinido, cogería mis bártulos (o sea, mis libros y este ordenador) y una vez “desenraizado” me “enraizaría” de nuevo en otro lugar

¿Salamanca? Me encanta. Pero mi vida, y todo lo que más quiero, ha nacido en Andalucía.

¿Soy andaluz? Por supuesto. ¿Menos que otros, nacidos aquí? No lo creo. Recuerden las viñas de mi padre.

Recuerden lo que tantas veces he dicho: “Nos nacen hombres, nos hacen humanos, nos hacemos personas”

No elegimos ni nacer ni dónde nacer ni cuándo nacer. Nos tocó lo que nos tocó. Nos podría haber tocado otra cosa.
No elegimos ni la cultura, ni la educación. Nos fueron moldeando así. Nuestros padres, nuestros maestros, el ambiente alrededor. Nos hicieron así.
Pero sobre esa estructura humana cada uno de nosotros somos más o menos responsables del tipo de persona que somos.
No elegimos vivir, pero sí podemos/debemos elegir qué tipo de vida queremos vivir.

La vida, más que en un lugar, está en el modo de vivirla.

En el hombre las “raíces” son una metáfora. Una metáfora bella. Pero metáfora.

Transcribo las palabras de un periodista en la prensa local de Málaga: “Los seres humanos estamos hechos para andar, no para estarnos quietos, como si estuviéramos plantados en un arriate. “Desarraigo” suena mal pero, siguiendo la metáfora, es lo que nos permite ir de acá para allá, tanto espacial como intelectualmente.

Yo al menos me alegro de haberme desarraigado de muchas de las cosas que me vinieron impuestas por mi tiempo y de algunas en las que creí con convicción sentimental.

Las raíces son una metáfora nostálgica en un mundo cada vez más cosmopolita.
Nada tienen de malo como figura del apego a determinadas costumbres, pero sí me parecen perniciosas convertidas en imposición histórico-cultural.
No es bueno mirarse (uno) demasiado las raíces, corre uno el riesgo de pasar del dicho al hecho y quedarse tan inmóvil como un vegetal”.

¡Chapeau¡

En las últimas elecciones generales, previendo que no iba a estar en Málaga, solicité el voto por correo (por aquello del deber moral (no legal) de votar).
A su debido tiempo me llegó un sobre con todas las candidaturas. Las había graciosas, las había ridículas, las había nostálgicas, algunas utópicas, otras realistas, pero había una que no me encajaba, la de Nafarroa Bay (¿se escribe así?) en Málaga.
Luego me enteré que había personas concertando citas por teléfono con aquellos que tuviesen un apellido navarro, para convencerlos de que, si sus raíces son navarras, sólo pueden/deben votar la lista Navarra, porque las raíces no se pierden nunca…
Si todos los Sánchez (de Sancho), Domínguez (de Domingo), González (de Gonzalo), Rodríguez (de Rodrigo), García (de Garcés),….o todos los Perales, Robles, Manzanos, Naranjos,….(nombres de árboles, procedentes de los judíos en suelo español), o los Zamarrillas, Margaritas, Azucenas, Rosas,….. (Nombres de flores, procedentes de los árabes) y que viven en el País Vasco tuvieran/debieran votar a la candidatura acorde con sus “raíces”…no quiero ni pensarlo.

¡PATÉTICO¡ - Oiga­-

¿Raíces de un ser desarraigado?

martes, 15 de enero de 2019

¿CUÁLES SON MIS RAÍCES? (1)


Yo, Tomás Morales, natural de Salamanca y vecino de Málaga, ¿soy un salmantino que trabaja y vive en Málaga o soy un malagueño al que nacieron en Salamanca?

Una de las leyes de la evolución es la Adaptación al medio.

El ser vivo, cualquier ser vivo, ante el medio que le ha tocado vivir o en el que se ha metido, ante las condiciones que ese medio le impone, sólo tiene dos salidas: o adaptarse a él para sobrevivir (de lo contrario, morirá) o adaptarlo a él.

Durante la mayor parte de la presencia de la vida en la tierra los seres vivos sólo pudieron responder de la primera manera. Sólo muchos, muchísimos años después, cuando el hombre comenzó la aventura de la ciencia y de la tecnología (es decir, más o menos, anteayer) pudo poner en práctica la segunda respuesta.

El aire acondicionado, el frigorífico o la estufa, el ventilador y veinte mil inventos más son manifestaciones de adaptarlo a él.

“SAVOIR – POUVOIR – PREVOIR” era el lema de la Edad moderna.

Los vegetales, como enseñaba el sabio Aristóteles, realizan, llevan a cabo, las funciones propias de su alma vegetativa: nacer, alimentarse, crecer, reproducirse y morir, pero anclados, “enraizados” con sus raíces en el suelo. Ni los árboles ni las lechugas se dan paseos por el campo. Sus hojas y sus raíces, sobre todo, son las dos grandes fuentes de alimentación.

Los animales (vivientes sensibles), por su parte, con su alma sensitiva, realizan todas las funciones que realizaban los vegetales (nacer, alimentarse….) más las funciones propias de su alma, tienen sentidos para conocer, tienen instintos para actuar y poseen la potencia locomotriz, para moverse. Ni el pájaro ni el perro están “enraizados”. Se mueven, cambian de lugar para conseguir comida o para librarse de ser comidos.

El hombre, en cambio (siempre según Aristóteles), además de hacer todo lo que hacen los vegetales (nacer, alimentarse, crecer….) y de lo que hacen los animales (sentir, mamar, huir, andar….) realizan las funciones propias de su alma racional: el conocimiento superior (inteligencia y razón) para conocer, voluntad para querer y libertad para optar, para elegir.

El hombre, por medio de este conocimiento superior, conoce la naturaleza, descubre las leyes de su actuación para, así, aprovecharse de ella, para ponerla a su servicio.

El hombre no tiene raíces. Su alimento está en lo alto, se llama cultura. Y ésta siempre está más allá del nivel puramente biológico. Somos biografías distintas montadas sobre biologías iguales o muy parecidas (un corazón, dos ojos, dos riñones,…. en los mismos sitios….). “Ca uno é ca uno” – que diría el refranero vulgar. Cada uno es guionista de su propia bio-grafía. En la vida cada uno es/debe ser autor, actor, director, tramoyista,…

Yo suelo decir, muchas veces, que a mí “me nacieron en Salamanca” pero que, luego, “me hice andaluz”.

Uno no es del lugar en que lo nacen sino del lugar en que se hace. Yo me hice educador, esposo, padre, abuelo, articulista, conferenciante,… yo me hice y sigo haciéndome mi yo (estudioso, conferenciante, articulista….) en Andalucía.

¿Cuáles son mis raíces? ¿Las biológicas o las culturales? ¿De qué se alimenta mi persona?

lunes, 14 de enero de 2019

RAÍCES CRISTIANAS ( y 2)


Se dice que a los romanos les daba igual cuatro dioses que cuatrocientos y además de acoger a los de la mitología griega, le añadieron los suyos propios y de cada país que conquistaban (y como buenos políticos) también acogían a los dioses de los vencidos por lo que en un momento concreto, con tantos dioses y tantos posibles altares decidieron hacer Uno para todos, para los que ya había y para los que pudieran venir, el Pan-teón (“todos los dioses”), a lo que no estaban dispuestos los cristianos.

Para los cristianos su Dios era “el único Camino, la única Verdad y la única Vida”

Los cristianos introdujeron en Europa la pasión terrible y excluyente de la Verdad y si son ellos los que la tienen, los demás quedan excluidos.

Y como su Dios es invisible y es la Verdad, ésta tendrá que ser creída por la fe, algo magnífico, para ellos, pero feroz para los no acordes.

¿Creían los romanos en sus dioses? Evidentemente que no como los cristianos en el suyo que, además, no sólo es uno (mono-teísmo) sino el Único digno de tal nombre.

El cristianismo resistió la oleada de persecuciones por negarse a aceptar a otros dioses que no fuera el suyo, y menos aún a un hombre, aunque fuera el Emperador, reconocerlo como divino, por lo que serían condenados, por desobediencia, a la múltiple, variada y variopinta forma de morir (desde en el circo por las fieras hasta crucificados).

¿Cómo iban los cristianos a aceptar ser soldados, empuñar las armas y asesinar a los otros si su Dios habla de amar a los otros como cada uno se ama a sí mismo?.

Y cuando Constantino la eleva a Religión oficial del Imperio (por aquella victoria en Puente Milvio contra su rival, Magencio, por poner en la bandera o estandarte el signo de la cruz con la leyenda de “In hoc signo Vinces” y venció, desde ese momento, de ser una religión perseguida se convirtió en una religión perseguidora de otras religiones y de los desvíos (herejías), dentro de la misma religión, de los desviados con interpretaciones divergentes.

Pero ese Dios, que era la Verdad y que acabaría con el resto de los dioses, se volvió letalmente contra el cristianismo.

La pasión desmitificadora de la verdad siguió abriéndose camino y paso de las Catedrales y sus púlpitos, ante fieles creyentes que sólo eran oyentes, audiencia) a las Universidades y sus palestras, donde todo lo que el profesor expresaba era discutible y podía ponerse en tela de juicio.

La Verdad divina fue pasando a ser verdad secularizada de manera progresiva hasta que la Ilustración, defenestrando al Dios de la fe colocó en su lugar a la Diosa Razón.

Fe vs Razón, Razón vs Fe, dos campos definitivamente separados y, muchas veces enfrentados.

Se afirma que el secularismo es como la castidad, una condición que se define por lo que se niega.
Solo la civilización cristiana, ya previamente purgada de divinidades y cultos locales, puede secularizarse.

Si vivimos en un mundo sin dioses es a la cristiandad a quien debemos agradecérselo, por lo que surgiría la Nueva Diosa, la Razón, buscadora de la verdad,

Las raíces cristianan de Europa tienen hoy su más clara expresión en la ciencia que aniquila las leyendas piadosas, en la separación de poder civil, de ingerencias clericales, en la proclamación de los Derechos Humanos, que no necesitan ser sancionados por la autoridad divina (y que, (debería saberse) fueron condenados en sus orígenes por el papado), en la educación general y obligatoria en la que sólo se impartan materias científicas y no creencias religiosas.

Puesto que todo esto expuesto anteriormente, en la Constitución Europea no aparecen esas raíces cristianas, imponiéndose la autoridad francesa (como no podía ser de otro modo) en la persona de su Presidente, Giscard d´Estaing.

Los problemas humanos, creados por los hombres o por la naturaleza, deben ser resueltos por los hombres y no hace falta sacar en procesiones a Vírgenes y Cristos varios y variados, locales, tanto para que llueva como para que deje de llover, porque si en algo se ponen de acuerdo los dioses es en no intervenir en lo que ellos crearon, la naturaleza y sus leyes.

Si PUDO y NO QUISO…
Si QUISO y NO PUDO…
Si NO QUISO Y NO PUDO

Luego…conclusión…

domingo, 13 de enero de 2019

RAÍCES CRISTIANAS (1)




Hace varios años colgué en el blog un artículo titulado: “¿Cuáles son mis raíces?”, de este salmantino (porque allí “me nacieron” (yo no nací), que allí me criaron y me educaron durante mi adolescencia, en una familia cristiana y una sociedad totalmente cristianizada y franquista, sin libertades, así “me hicieron” un tipo de hombre adaptado a los circunstancias y no muy revoltoso hasta que, un buen día (“dichoso día”) crucé Despeñaperros, aterricé en Córdoba y, después, a Málaga, a mi Málaga.
Y fue aquí, en Andalucía cuando comencé a personalizarme, a ser la persona que he llegado a ser.

De ahí la sentencia que cientos de veces he dicho y dejado escrito: “me nacieron “hombre” (mis padres), me hicieron “humano”, tal tipo de hombre (Castilla, el cristianismo, el franquismo), “me hice/estoy haciéndome persona” y aquí entro yo, responsable de lo que soy, sin echarle la responsabilidad ni la culpa, a mis padres, ni a las circunstancias juveniles, sino que me muevo en unas nuevas circunstancias, las actuales, que intento dominar para elegir unas y rechazar otras, y aquí estoy, siendo así, y quien me conoce lo sabe, una persona muy crítica ante todo lo que no veo claro (“Criticar” es dilucidar, echar luz para ver claro o más claro, para poder optar con conocimiento de causa)

Soy el resultado de mis opciones y de mis renuncias (exactamente como tú lo eres de las tuyas) y sin echar balones fuera.

Así me defino en mi blog: “salmantino de nacimiento, andaluz de adopción y malagueño de opción y de corazón”

Pero yo quería reflexionar sobre ese intento de la Iglesia Católica de querer aparecer en las Constituciones (europea y española) afirmando, tajantemente, que el Cristianismo es una de las raíces de la Europa actual y de la España Actual.

Las raíces cristianas en la formación de nuestra cultura y de nuestra sociedad.

Mejor sería no meterse en berenjenales y apelar a lo que nos une y no a lo que nos separa para no volver otra vez a las confrontaciones históricas.

Y, en vez de dar opción a nuevas guerras de religión, curarse de una vez por todas de la religión de la guerra.

Cuando últimamente se ha escrito tanto sobre “choque de civilizaciones” éste no consiste sino en un enfrentamiento entre ideologías teocráticas opuestas.

Pero estamos, en Europa y en España, respirando laicidad y democracia.

Y si ese choque es inevitable, porque se repelen como el agua y el aceite y aunque se remueva, y mientras se revuelve, da la sensación de que… todos sabemos que al momento van a estar superpuestas.

Y si el “choque”  es así, la “alianza” es imposible pues sus fuentes, sus raíces de las que se alimentan las civilizaciones son total y absolutamente discordantes.

Si el Cristianismo quiere aparecer en las Constituciones es porque pretende reforzar el poder político que en otros tiempos, lejanos y no tan lejanos, mantuvo.

Políticamente, hoy, las Iglesias han perdido la batalla desde el momento que la obediencia ha dejado su lugar al pacto y al consentimiento.

¿Es que la raíz cristiana, clerical y dogmática, puede ser fuente de legitimación de los poderes laicos y civiles como lo fueron en otros tiempos?

La separación de poderes es un hecho que no tiene vuelta atrás y mientras uno atiende a las necesidades terrenas de los ciudadanos el otro atiende a las necesidades, anhelos y esperanzas de sus fieles creyentes.

Todo creyente tiene obligación de ser un buen ciudadano, pero ningún ciudadano tiene obligación ni de ser creyente, ni de serlo de una confesión determinada, como puede ser la cristiana o, en España, la católica que, por tradición es mayoritaria, al menos en teoría, porque la práctica religiosa de la misma está perdiendo asistentes.

Los paganos persiguieron a los cristianos por motivos religiosos y les acusaban, nada menos que de ateísmo, porque su Dios era inconcebible (un Dios que se hace hombre, que muere crucificado y que, luego resucita) ¿Ese puede ser un Dios, comparado con los dioses de la mitología griega y romana?

Apareció como una secta del judaísmo, irreverente, que no se limitaba a proclamar a su Dios sino que les negaba validez y divinidad a los demás dioses, que derribaba con impiedad los altares ajenos, donde se celebraban los cultos oficiales de la ciudad, que proclamaban a su Dios como el único Dios que debía estar en el único altar por lo que serían perseguidos y teniendo que esconderse en las catacumbas para poder practicar sus rituales.

Aquellos primeros cristianos no eran, ni religiosa ni políticamente, correctos por lo que el multiculturalismo pagano, representado en el Panteón (todos los dioses) les resultaba no sólo ajeno sino ultrajante y pecaminoso.

sábado, 12 de enero de 2019

ÉTICA SIN RELIGIÓN ( y 7). EL DERECHO A SER MORAL.



¿Cuál es tu sentimiento si, por azares de la fortuna y la mala suerte, pierdes en el juego o si, haciendo trampas, ganas? Piénsalo.

¿Y ante objetos, bienes y goces próximos e inmediatos y otros a largo plazo? ¿Repites lo de “el pájaro en mano…”?

Una buena educación moral llevaría a sopesarlos antes de una decisión.

El placer de la autoestima y el placer de la “simpatía” con los otros, son una satisfacción, no sólo individual, sino solidaria, como una satisfacción plena.

Y es que la satisfacción propia frente a las necesidades de los otros…

¿No se puede ser feliz, individualmente, siendo felices socialmente?

Ser plenamente feliz cooperando en la promoción de la felicidad humana (y me viene a la mente Vicente Ferrer y Teresa de Calcuta), sentirse plenos, llenos, a medida en que van vaciándose de sí, ser ricos haciéndose pobres.

¿Qué atención se le presta, en la enseñanza, en el sistema educativo a la educación moral?

Y es que los padres, que generalmente suelen ser conservadores, suelen ser los primeros que se sienten desorientados cuando sus hijos comienzan a poner en duda, a reflexionar, a cuestionar sus valores morales, como si vieran o presintieran una deriva inmoral de sus hijos.
Y, si eso es lo que suelen hacer los padres, no digamos las instituciones religiosas cuando se cuestionan sus dogmas y su moral.

Para ambos, padres conservadores e instituciones religiosas, la educación moral consiste en reforzar los valores aceptados por las ideologías imperantes.

La educación moral no consiste ni en la transmisión de máximas absolutas, ya elaboradas, impuestas por la conciencia, la costumbre o la autoridad externa, ni es la simple expresión de las “mores” prevalecientes en una nación, en una etnia, en un Estado o en una época histórica particular.

La educación moral supone dotar al escolar de los instrumentos adecuados para solucionar sus conflictos individuales y colectivos, garantizando a cada individuo y grupo minoritario el máximo de libertad posible compaginable con la convivencia en común pacífica y fructífera.

Derecho, pues, a desarrollar armónicamente su personalidad y derecho a participar en la convivencia organizada de acuerdo con principios armónicos de justicia y de cooperación.

Por supuesto que el objetivo prioritario de toda organización social y de todo sistema legal es la salud física, psíquica y moral de los individuos y de los pueblos, pero difícilmente podrán dejar de reconocer el derecho que a todos los asiste de disfrutar de los medios sociales y educacionales apropiados que nos permitan el acceso a la vida moral en su grado máximo.

El derecho a la educación moral habrá de ser reconocido como uno de los derechos fundamentales de los seres humanos.

Quizá, incluso, sea el derecho humano por excelencia.

El derecho a la educación moral supone reclamar el derecho humano a elaborar normas de acuerdo con las necesidades e intereses humanos, de acuerdo con los principios de bienestar y justicia preconizados por las morales laicas, que derivan su poder persuasivo de la apelación que se hace a los sentimientos de empatía y solidaridad, al margen, y con independencia, de lo que dicten las morales religiosas, condicionadas por dogmas  que hacen de la moralidad un fardo demasiado pesado e inútil, para que pueda ser reclamado por nadie como un “derecho”.

viernes, 11 de enero de 2019

ÉTICA SIN RELIGIÓN (6) EL DERECHO A SER MORAL



Pero el derecho a ser moral no implica que haya siempre que obedecer y acatar las leyes, sino que, a veces, implica, la desobediencia y la transgresión de las reglas establecidas (actualmente, los desahucios legales por parte de los bancos y los que, moralmente, se oponen a ellos).

El derecho a ser moral implica una moral prometeica de rebelión contra los dioses despóticos, la lucha contra los dogmas establecidos por la autoridad o por la costumbre.

El derecho a ser moral es la exigencia del derecho a obrar conforme a la racionalidad, como fruto del intercambio y del diálogo entre los participantes en el discurso humano.

Toda persona tiene derecho a/deber de dejar de ser infantil, de moral heterónoma para alcanzar una moral autónoma para lo que es preciso que la autoridad y las normas establecidas no presionen hasta el punto de impedir la maduración personal.

Pero las morales religiosas no están, precisamente, en esta onda para que el ciudadano lleve a cabo una elección racional libre (quieren ser los eternos tutores y que los creyentes necesiten de ellos, porque su objetivo es que crean y, para ello, es mejor tenerlos en el estado infantil).

Y todo individuo tiene derecho a poseer un criterio en Ética, tiene derecho a elaborar racional y reflexivamente sus propios criterios éticos.

Es nada fácil adquirir principios propios que son los que tienen lugar en el nivel postconvencional de Kohlberg, cuando el individuo ya no necesita la aprobación de su grupo o se ha liberado de actuar por temor al castigo.

Las estructuras familiares y sociales son las que tienen que garantizar al niño el derecho a adquirir la madurez necesaria para pensar por sí mismo y llegar a elaborar normas de conducta propias (que no tienen que ser normas caprichosas y arbitrarias, ni siquiera cargadas de subjetividad).

El penoso camino hacia la moral postconvencional sólo es posible si el individuo posee los elementos precisos para el desarrollo intelectual y emocional adecuados y es la sociedad la que debe garantizar las estructuras adecuadas para que el individuo desarrolle su capacidad crítica.

Con independencia de usos, costumbres, autoridades,…existen criterios éticos razonados y racionales que hace que unas cosas valgan como morales y otras no.

Cada individuo debe poder construir su propia ética normativa de acuerdo con los principios que considere adecuados.
No se trata de construir “ex nihilo” un código ético que valga para medir los códigos existentes, sino agudizar sus capacidades críticas a fin de discernir lo que hay de valioso en cada una de las ofertas de la ética normativa a través de las distintas épocas y dentro de las distintas corrientes y autores.

Todo el mundo tiene derecho a actuar conforme a su ideal de vida y no a verse obligado a vivir resignado con un tipo de vida que no considera digna de ser vivida.

A Sócrates su “daimon”, su voz interior, le decía que debía ser fiel y consecuente consigo mismo, a pesar de todos los pesares, incluso la muerte con cicuta, pero han sido muchos los que han querido ser fieles a sí mismos y se han visto obligados a una vida de renuncias morales, simplemente para subsistir, o por presiones sociales o familiares, o por ventajas puntuales y materiales frente a la ventaja de sentirse bien consigo mismo obrando según sus principios.

Cualidad de los placeres vs cantidad de los placeres (“hedonismo cualificado” de  Mill).

Freud veía los tres frentes que acechaban al hombre: su propio cuerpo (condenado a la decadencia y aniquilación), el mundo exterior que le rodea y las relaciones con otros seres humanos. Y, ante esta situación, enfrentado a tantas, a tan inevitables  y tan variadas posibilidades de sufrimiento, rebaja sus pretensiones de felicidad y se considera feliz por el mero hecho de haber escapado a la desgracia, de haber sobrevivido al sufrimiento, relegando a segundo plano, incluso renunciando a lograr el placer.

El placer de rehuir el dolor circundante, siempre al acecho,  más que de disfrutar del placer.

Igualmente, ante las presiones familiares y sociales varias el hombre suele conformarse con una moral bastante mediocre, procurando simplemente no infringir de modo abierto los principios que gozan de su mayor estima, y que le gustaría, rebajando sus pretensiones de felicidad y moralidad.
Factores como el temor al ridículo, el deseo de aprobación, el triunfo social, la estimación afectiva, el prestigio social académico,…le inducen, en numerosas ocasiones, a olvidar su propia estima.

No es fiel a sí mismo, no es consecuente consigo mismo, pero sabe que vive autoengañado, porque lo que, en realidad le gustaría es lo otro, pero buscará argumentos de justificación.

El derecho al equilibrio psíquico es/debería ser una exigencia irrenunciable basado en el principio de autoestima y en la conciencia de la dignidad propia.
Por lo que no parecen deseables la humillación, el servilismo, la subordinación, el acatamiento mecánico e irracional del “supuestamente superior”… lacras morales y sociales que no parecen deseables para una sociedad justa.

Todo hombre tiene derecho a una educación moral para la que tanto la escuela, como la familia, como la sociedad, como los medios de comunicación, como agentes socializadores que son, deberían ir al unísono, a la par que las estructuras socioeconómicas y de poder, con el propósito de lograr dos objetivos: Poder disfrutar del derecho a la autoestima y a incrementar su capacidad de “sympatheia” para disfrutar de los goces que se derivan de la amistad y de la solidaridad con el género humano.

ÉTICA SIN RELIGIÓN (5) EL DERECHO A SER MORAL


¿Es necesaria la religión?

Por supuesto que sí –dicen muchos bien intencionados católicos –para frenar nuestra desordenada concupiscencia, nuestra agresividad, nuestra malevolencia,…
Somos, pues, -piensan ellos- concupiscentes, agresivos, malevolentes,…por naturaleza y para poder frenar esas tendencias necesitamos la moral, que es una carga pesada y difícil de soportar sin el auxilio divino, sin la “gracia de Dios”.

“Si Dios no existe /existiera, todo está/estaría permitido” (según la sentencia que Dostoievsky formuló, de un modo sintético en la última de sus novelas, “Los hermanos Karamazov”.

Pero es un error desde el principio suponer que la moralidad es algo tan gravoso y tan penoso que los humanos sólo podemos soportarlo o por las sanciones penales o sociales o según leyes naturales y sacrosantas que emanan de dioses.

Hay costumbres y usos en ciertas sociedades y en ciertos tiempos que no pueden ser calificadas como “mores/morales”, serían necesarios ciertos requisitos para que un conjunto de normas de convivencia sean morales.

Ser moral no es una sobrecarga que el hombre deba asumir, no es un “deber”  sino un “derecho” que todo hombre consciente debe reclamar.

Obedecer las normas al uso, por el hecho de estar vigentes en una comunidad dada, ni es un derecho ni es un deber.
Tradicionalmente los derechos han sido reclamados como exigencias a favor del individuo y en contra de las normas vigentes que solían encorsetar, limitar y restringir su libertad.

Tengo derecho a no tener que hacer lo que se hace o a hacerlo de otra manera y derecho a hacer lo que quiero hacer y no se hace y, quizá, no me dejen hacerlo, pero que puedo hacerlo.

Sólo son “morales”, en sentido restringido, las normas que han sido elaboradas en la intercomunicación, en el diálogo, por seres humanos ilustrados, imparciales y libres, no cualquier norma en vigor en una sociedad dada.

Todo el mundo tiene derecho a poseer un criterio propio, personal, de lo correcto y lo incorrecto, de lo bueno y de lo malo en sentido moral, como tiene derecho a disponer de todos los medios y bienes necesarios (culturales y materiales) adecuados para el desarrollo de su capacidad racional de discernimiento para poder ajustar su “vida real” a lo que él considera su “vida ideal” o su “ideal de vida”.

Todo el mundo, pues, tiene derecho a una educación y desarrollo moral para poder obrar correctamente según su criterio moral.
Aunque los hombres que viven y se desarrollan en sociedades rurales incomunicadas o semiincomunicadas, desconectadas de las sociedades en progreso, sólo llegarán a alcanzar una moralidad incompleta.

La buena voluntad no basta, son precisos medios adecuados para desarrollar su vida moral.

Contra Sartre, no es verdad que tengamos libertad absoluta para elegir el tipo de conducta que queramos.

El derecho a ser moral no implica la negación de la libertad sino que la reconoce como precaria y condicionada a la posesión o no posesión de recursos culturales, materiales o de otro tipo.

Nadie, pudiendo elegir (palabras de Platón) se conformaría con ser un necio satisfecho, sino que preferiría ser un sabio insatisfecho, que es lo que afirmaba Sócrates: “que sólo por ignorancia es posible dejar de buscar la virtud”.
Es decir, nadie, pudiendo, elegiría ser un vicioso feliz sino virtuoso, aunque sea desdichado.

Es la ignorancia, así como las carencias afectivas, psíquicas,.. las que hacen a los hombres inmorales.

Dejar de ser moral, no llegar a serlo, no tener capacidad ni siquiera para desear serlo supone el fracaso total del ser humano.

miércoles, 9 de enero de 2019

ÉTICA SIN RELIGIÓN (4)



A mí, también, quisieron captarme los del Opus (dicen que iban buscando a chavales inteligentes y yo, para ellos, debía de serlo) pero me parecieron auténticos coñazos, manteniendo a las mujeres como esclavizadas y paridoras y ver y oír al tan pronto canonizado San Josémaría, se me revolvía el alma.
Siempre dudé de si no sería un pederasta.

Una secta católica ultra, nepotista, que sólo veían en el mundo el pecado y que en sus retiros espirituales, allá en el Castillo de Almodóvar del Río, ante una calavera sobre la mesa…que debería haber sido no sólo censurada, sino expulsada de la Iglesia Católica, por ser una obra de inspiración diabólica y que atenta contra los principios básicos defendidos por la Religión de la Humanidad.

“Yo me metía piedrecitas en los zapatos cuando iba a la facultad, para contrarrestar el mal pensamiento que había tenido al ver a un apuesto joven en el autobús…” –me contaba una amiga profesora de Instituto que, al final, pudo zafarse de sus intrincadas redes.

Son auténticos carceleros del cuerpo y del alma, odiadores de la sexualidad, con el voto de castidad (que yo no sé si no tendrían, como yo y tantos más, poluciones nocturnas con sueños eróticos, pero que como era de manera no consentida…

“Yo me ponía el hábito, de monje capuchino, directamente sobre el cuerpo y el roce con el pene, al andar…” - me contaba un compañero de facultad.

Auténticos frustrados sexuales de personas psíquica y somáticamente sanas pero que el play de la conciencia salta ante el primer pensamiento o deseo sexual.

¿Cómo puede ser grato a Dios ese sacrificio de obviar un deseo tan natural? (es escalofriante sólo pensarlo).

El matrimonio para la clase de tropa, pero para los mandos, para “el estado mayor de Cristo”, el celibato, con caricias y consuelos sólo espirituales.

Estos predicadores del dolor, del sacrificio, de la penitencia,…como actos queridos por un Dios amoroso se me hacen propios de seres, si no perversos, sí pervertidos por su propia fe.
Pero, luego, practican esas virtudes de ayudar al necesitado, dar de comer al hambriento,….pero, primero, y sobre todo, para los que pertenecen al propio redil.

“El amor religioso a los hombres por amor de Dios, sólo en apariencia ama a los hombres, ama en realidad a Dios” –afirma Feuerbach.

Usar a los hombres como medios, no como fines, para conquistar a Dios.

¿Qué es la austeridad por la austeridad, sin contribuir realmente a que los demás tengan una vida más cómoda?, ¿no es algo inútil y perverso?

Liberarlos del hambre está bien, pero no es suficiente, habría que liberarlos, también, de las normas divinas para ser realmente libres en esta vida.

Los católicos conservadores comen con los ricos, mientras los católicos progresistas comen con los pobres pero ambos, con eso, sólo, pecan contra la Ética y la Religión de la Humanidad.

Yo me apunto a que los vivos en acto, los ya nacidos, sean felices antes que a defender a un “nasciturus” que sólo es humano en potencia, que está en camino de serlo, pero que todavía no lo es.

Soy partidario (lo he dicho muchas veces) de la laicidad y sería bueno que se descatolizaran los católicos, que se descristianizaran los cristianos, para ser auténticamente hombres y amarse mutuamente por ser hombres, como fines, y no como medios para llegar a Dios.

A fin de cuentas, todas las leyes humanas, tengan el origen que tengan, su único cometido es/debe ser satisfacer las necesidades y deseos reales de la especie humana.

ÉTICA SIN RELIGIÓN (3)




Heteronomía moral en las religiones reveladas.

Dios sigue siendo infinitamente bueno aún cuando mande que Isaac sea sacrificado o que la mujer tenga que sufrir en el parto porque la criatura tiene que salir por donde apenas puede salir si no es con dolor, luego matar y sufrir es bueno porque así lo quiere/lo ha querido Dios.

“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”.
¿Y cómo puedo yo saber “tu” voluntad, lo que Tú quieres, Señor?
A través de Mi revelación en el libro sagrado o a través de Mis intermediarios, la Iglesia.

Si Dios manda X, X es bueno, y se acabó (o no puede empezar) la discusión o la elucidación.
No puede, pues, haber repugnancia moral, sino aceptación, aunque sea lo opuesto a lo que mi razón moral me lleve.

A un católico ferviente no se le presenta dilema moral alguno, porque si Dios, por esencia es la Bondad, la Sabiduría, la Benevolencia,…puras, aunque no se comprenda, así tiene que ser.

Dios piensa por él y si no logra comprender los designios divinos es por nuestra limitada y contingente inteligencia.

¿No suele afirmarse que “Dios escribe con renglones torcidos” para poder justificar lo injustificable, la Bondad de un ser que no sólo permite, sino que quiere la muerte de Isaac o el dolor de parto de la mujer, de la enfermedad del niño, de la tiranía de un sanguinario, del terremoto y del maremoto con sus muertos?

¿No lo comprendemos? Porque es un misterio. Y aquí acaba toda discusión.

¿Extraña, pues, que el católico ferviente desconfíe de, incluso odie, la filosofía que quiere, incluso, elucidar el misterio y gritar a los cuatro vientos que no, y que no, y que no?

La “fe del carbonero” es suficiente para resistir la tentación de buscar buenos argumentos.

Si “Dios es la Bondad y la Bondad es Dios” eso es un juicio analítico que nada nuevo añade el predicado al sujeto, porque son intercambiables. Es como decir que “el agua es H2O y H2O es agua”.

Un juicio así se convierte en un enunciado no informativo, sino “tautológico”: “Dios es Dios” y “la Bondad es la Bondad”.

Los dogmas son tan macizos que no dejan resquicio ni rendija por la que pueda colarse la razón humana y hurgar dentro de ellos.
Repelen a la razón como los polos del imán.

Y si donde dice X quiere decir Y, y  admites ese malabarismo, esa trampa del lenguaje, te garantiza, ferviente católico, la felicidad en la otra vida y la tranquilidad de conciencia de que vas por el buen camino en esta vida.

La dichosa obediencia a Dios y al líder de turno, intermediario entre Dios y los hombres, con conexión directa con Él, llámese papa, cura de pueblo o confesor espiritual...

Obediencia.

Por ahí entró el pecado en el mundo, porque Eva desobedeció a Dios y Adán obedeció a Eva, así nacimos ya “empecatados” en origen, manchados porque el pecado se transmite por el sexo.
¿Cómo va a desobedecer el recién nacido si es “puro animal (viviente sensible) en acto”?

Y como el cuerpo es, desde Platón, la cárcel del alma, habrá que aporrear las paredes, descerrajar la cerradura, romper la puerta,… para que se libere el alma.
Así que sacrificios, penitencias, ayunos y abstinencia, cilicios,…todo es poco.

Obsesión enfermiza contra el tacto y el cuerpo, los grandes peligros y que habrá que paralizar.

¡Cuidado con la ducha y con el bidé/bidet a la hora de ducharse/lavarse las partes nobles (y nunca mejor dicho), porque el tacto puede producir placer y eso…¡  -me decía mi director espiritual, el que confesaba que él, hasta los veinte años, creía que los niños venían al mundo cuando los novios se miraban a la cara.
¿Qué hacer con esa dirección espiritual y cuando te hacías una paja pensando en la muchacha que vivía frente con frente de mi ventana?
Y vuelta a confesar sabiendo que vas a seguir haciéndolo.

lunes, 7 de enero de 2019

ÉTICA SIN RELIGIÓN (2)



1.- Para la Religión de la Humanidad “el hombre es un dios para el hombre”, más aún, “es el único dios para el hombre” y proclamando/pudiendo proclamar que “muerto Dios ha nacido la Ética” y con la exigencia de un cuidado mutuo entre los seres humanos y sin necesidad de un Padre Cuidador.
Mientras para las Religiones reveladas (la católica) el hombre es un instrumento de adoración a Dios. “Si no amáis a éstos a quienes…” y “lo que hiciereis a cualquiera de éstos…”. Hermanos de un mismo Padre que está en los cielos. Por ser “hermanos” no por ser “hombres en sí”.

Y lo que tiene el Dios-Padre-Cuidador-Revelador son unos caprichos o manías que los convierte en obligaciones o en prohibiciones a sus adoradores (el sexo sólo en el matrimonio y con finalidad reproductiva (no por la laica voluntad placentera de las partes), no trabajar en Domingo para dedicarlo al Señor tu Dios (¿por qué no puede descansarse y librar otro día cualquiera, como lo hacen los camareros, los trabajadores varios,…?), no comer carne los viernes del año a no ser que pagues una bula…ayunos y abstinencias …Los anticonceptivos como pecado por ser eso, “anticonceptivos” (aunque también sirvan para prevenir el contagio de enfermedades venéreas)…la eutanasia y la ayuda a ella como pecado y crimen porque la vida no le pertenece a la persona que quiere dejar de sufrir en los estertores de la muerte,  sino a Dios…. ¿por qué?.

Todo lo que tenga que ver con la vida y la muerte, con el sexo, con la reproducción, con el orgasmo, con los placeres corporales, con el suicidio… no son, sino supersticiones, caprichos, arbitrariedades de los dioses, y las personas sujetas a la voluntad divina, a los “designios de la Providencia”, ajenos al bienestar de los adoradores.

Como si porque yo lo hiciera, por mi libertad y autonomía, por mi racionalidad, estuviera invitando u obligando a los demás a hacerlo y fuera malo.

Considerarme dueño de mi propia vida y vivirla como lo desee, o poder quitármela, no es creerme dueño de la vida del otro y ser un incentivo a acabar con ella.

“Dios es nuestro propietario” –dirá Kant, por lo tanto somos sólo administradores de nuestras vidas.

A pesar de su Ética Formal (y no material y, menos aún materialista) y su Ética Autónoma (y no heterónoma) pesó mucho sobre él la herencia pietista, inculcada por su madre, y su metódica, rutinaria e invariable forma de actuar en su vida, con el concepto de “obligación” grabado en el disco duro de su mente, y que sublimó y racionalizó convirtiendo al Dios cristiano en la Razón Pura Práctica no contaminada por las inclinaciones humanas.

Si obras por “imperativos categóricos”, porque debe obrarse así, y no por “imperativos hipotéticos” en que sólo debes obrar así si quieres conseguir ese fin determinado, Dios, que es justo y omni-todo tiene que/debe compensarte en la otra vida, en la que crees.

La armonía que había conseguido la Ilustración ateniense de darle al cuerpo lo suyo (lo “iustum”) y al alma lo suyo (lo “iustum”) queda rota en y por el más ilustre de los Ilustrados al fundamentar su Ética en una religión revelada y su esquizofrénica división entre dos “yos/yoes) irreconciliables, el yo racional nouménico y el yo pasional fenoménico.

Este gran ilustrado, su ética, supuso un gran retroceso en la marcha histórica en la que subyacía una concepción ilustrada y optimista del ser humano, como alguien que vive con alegría su excelencia, que disfruta de la felicidad y que es feliz en cuanto que vive virtuosamente.

Kant, por el contrario, con su puritanismo, mantendrá una concepción pesimista del hombre, con una maldad innata, como ser de pasiones y sentimientos sólo redimible a través de la gracia de la Razón Nouménica, equiparable a la gracia divina.

¿Cómo compaginar la autonomía moral con la aceptación de normas provenientes de Papas, Obispos y demás (heteronomía moral)?

Recuerdo aquello del catecismo del Padre Astete: “eso no me lo preguntéis a mí, que soy un ignorante; doctores tiene la Santa Madre Iglesia que le sabrán responder”, por lo que para analfabetos teológicos y de sagradas escrituras hay un segundo canal televisivo en el que los familiarizados con esas materias no sólo te sacarán dudas sino que te indicarán el camino seguro para llegar a Dios.

La inmadurez se soluciona con tutores.

¿Cómo liberar a esos “prisioneros de la fe” y acercarlos a las tierras prohibidas de la laicidad, ese paraíso proscrito de la autonomía real de la conciencia y la posibilidad, aunque remota, de una vida moral sana, a pesar del peso de las autoridades eclesiásticas y de ese Dios implacable y todopoderoso, ese Dios peligroso que, con su chantaje amoroso de la “entrega de su vida” y sus “sufrimientos” (¿puede sufrir un Dios?) y con la muerte en la cruz se convierte en el cordero del sacrificio para redimirnos del pecado y que, con esto, queda legitimado moralmente para reclamar de nosotros el sacrificio de nuestras propias vidas, de nuestra autonomía y de nuestra libertad?.

SI DIOS EXISTE LA ÉTICA HA MUERTO.

La sempiterna pregunta: ¿Es buena o mala una acción porque Dios lo quiere o Dios lo quiere porque esa acción es buena o mala?

Yo siempre oí como correcto el primer miembro de la disyuntiva y añadía el cura de mi pueblo que si Dios hubiera querido que robar era bueno, sería bueno robar.

Y cuando, respecto a la “omnipotencia” divina yo, infantilmente, le preguntaba al cura si Dios también podía hacer/haber hecho que un triángulo tuviera cuatro lados, me dejaba callado con su respuesta: “si eso fuera posible podría hacerlo”, por lo que quedaba a salvo la omnipotencia divina y la deficiencia descansaba en las cosas.

No es que Dios no pudiera hacerlo (no poniendo el ojo en Dios), es que la cosa no podía ser hecha por ser contradictoria (poniéndolo en la cosa).

Si todo depende, pues, de la voluntad divina, del capricho y de la arbitrariedad divina, en cuestiones éticas no es necesaria la racionalidad de la ley moral.

ÉTICA SIN RELIGIÓN (1)




Los que ya peinamos canas fuimos educados en “la” única moral, la moral religiosa, cuando nuestra conciencia estaba en formación y la inmadurez psicológica, racional e intelectual estaba instalada en el disco duro de nuestra mente.

No era una moral más entre otras. Era la única. Y pobre de aquel que la cuestionara porque los “certificados de buena conducta” firmados por el Secretario y por el Cura del pueblo eran requisitos imprescindibles para intentar acceder a un puesto de trabajo en la Administración Pública.

Además, ha existido (y en muchas mentes sigue existiendo) la identificación de la “Moral” con la “Ética” por lo que lo normal era mencionarlas disyuntivamente, pero no exclusivamente, “Moral o Ética”, como si fueran conceptos equivalentes o sinónimos.
Y nada más erróneo.

“Moral” proviene de la palabra latina “mos-moris” y significa “costumbre, forma de obrar, acciones”

“Acciones de las personasdesde el punto de vista de su obrar en relación   con el bien o el mal y en  función de su vida individual y sobre todo colectiva” – Dice el Diccionario de la RAE.

O sea que puede haber muchas morales, dependientes, sobre todo, de la sociedad en que se vive y de la religión que se practica.
Habrá una moral griega y otra romana, una medieval y otra renacentista, una luterana y otra católica, una moral terrorista y otra humanista, una esquimal y otra de los negros centroafricanos, etc…etc…etc…

Moral es la forma de obrar que considera buena o mala una u otra sociedad, en un tiempo o en otro, en un lugar o en otro, en una persona o en otra.

Muchas morales,pues, y no sólo la moral religiosa católica que me enseñaba Don Isidro, en mi pueblo, en los años 50-60, cuando todavía era un niño, inmaduro, en formación, y que la norma era la obediencia a la autoridad competente (cura, alcalde, guardia civil…)

Heterónomos morales es lo que hemos sido. Las normas (“nomos”) de lo que es bueno y hacer, y malo y evitar, proviene de fuera, del otro (“hetero”).
Son las normas basadas en la autoridad, ya sean curas, caudillos o dioses.

“Ética”, sin embargo es: “la ciencia del comportamiento moral” 
La ética, pues, estudia la moral/las morales y determina cómo deben actuar (no cómo actúan) los miembros de una sociedad. 

De “cómo se comportan los hombres” (morales, costumbres, formas de obrar) no puede concluirse que así, de esa manera “deban comportarse”.

Del “ser” no puede concluirse el “deber ser”, la Ética se apoya en la razón, la moral se apoya en las autoridades varias (sobre todo dioses y caudillos).

Si las religiones generan morales, sólo la razón, común a todos los hombres, es la base y el fundamento de la Ética.

La Ética siempre es racional, es una ciencia, “la ciencia de las morales”, no así las morales, sobre todo las morales religiosas.

Hace muchos años adquiría un libro (400 pesetas) que lleva por título: “ÉTICA SIN RELIGIÓN”, su autora es Esperanza Guisán, gallega, filósofa y catedrática universitaria en Santiago de Compostela. 

Su pensamiento la llevó a la defensa de una ética laica, que entroncase con la felicidad, la justicia y el bienestar.

Entendió el utilitarismo en su sentido más original, como la defensa de la propia felicidad y la felicidad de todos los demás, en lo que se considera una ética que termina por desembocar en la política.

Entendió la democracia como algo más que un mero sistema instrumental, por lo que resultaba imprescindible que la democracia debía estar «etizada».

Fue una firme defensora del laicismo y muy activa en la incorporación en la enseñanza de la asignatura de Educación para la ciudadanía.

Falleció hace 3 años, Noviembre del 2015, en Santiago de Compostela. ​

Una persona ética puede serlo un católico practicando las mismas obras: la solidaridad, la fraternidad, la benevolencia, la justicia,…con la diferencia de que un laico lo hará basándose en la razón y un católico basándose en la fe, en la religión que practica.

Las acciones benevolentes y de ayuda mutua que ambos pueden practicar, aunque sea por motivos e intereses diferentes, supone en ambos la presencia de una cierta afectividad y cordialidad, ciertos sentimientos sociales, en ausencia de los cuales sería muy difícil, si no imposible, el respeto mutuo como personas que son.

Lo he escrito y repetido infinidad de veces: “Tolerancia es a las ideas y creencias” lo que “respeto es a las personas”.
Por lo que “TODA persona es respetable y merece respeto por el mero y simple hecho de ser persona”, pero “sólo deben ser toleradas AQUELLAS ideas y creencias que sean TOLERABLES, no todas, no las intolerables”.

J. S. Mill decía que habría que admitir una “Religión de la Humanidad” como sostén de valores que atañan al mutuo beneficio, al intercambio de afectos, para poner a todos los seres humanos a una misma distancia afectiva para que los intereses legítimos de los más allegados o próximos no nos impidiera apreciar y respetar los intereses, igualmente legítimos, de los más distantes.

Que los “prójimos”, los lejanos, (los otros) sean también los “próximos”, los “cercanos”

Pero esa “Religión de la humanidad” discrepa, y mucho de las “Religiones reveladas”.