jueves, 16 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12 CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: OBJETIVIDAD DEL CONOCIMIENTO


. OBJETIVIDAD DEL CONOCIMIENTO. 

Gran parte de la tradición filosófica creyó posible alcanzar un conocimiento verdadero de la realidad, conocimiento que debería ser el mismo para todo aquel que pensase adecuadamente. 

La filosofía tradicional confiaba en la posibilidad de utilizar la razón desprendida de cualquier motivación personal distinta a la de la propia pasión por la verdad, de cualquier elemento subjetivo que pudiera afectar a su imparcialidad; en definitiva, creyó posible un conocimiento objetivo del mundo.

Nietzsche considera que la confianza en la posibilidad de este tipo de conocimiento descansa en una creencia aún más básica, la creencia en algún tipo de realidad absoluta (el Mundo de las Ideas de Platón o el Dios cristiano); sin embargo si esta realidad absoluta es una construcción de la fantasía humana, si realmente Dios no existe, la confianza en este tipo de conocimiento carece de sentido.

Si aún queremos hablar de conocimiento, concluye Nietzsche, debemos aceptar su carácter relativo, subjetivo; todo el conocimiento humano es mera interpretación del mundo, depende de la perspectiva vital en la que se encuentra el individuo que lo crea. 
     

miércoles, 15 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: OBJETIVIDAD DE LA LÓGICA


2. OBJETIVIDAD DE LA LÓGICA

Las leyes de la razón son también leyes del mundo. 

Este principio es también común a toda la filosofía tradicional, aunque interpretado en términos radicales por las corrientes racionalistas y en términos más moderados por las de orientación empirista.

Los principios básicos a los que se somete la razón cuando ésta se utiliza adecuadamente (la lógica), son también los principios básicos de la realidad.
Por ejemplo, si queremos ser racionales, y asegurarnos el conocimiento del mundo, debemos evitar la contradicción, y esto es así porque el principio lógico fundamental (dos proposiciones contradictorias no pueden ser ambas verdaderas) es expresión de un principio que determina la realidad misma: la realidad no es contradictoria, un objeto no puede poseer predicados contradictorios (no podemos aceptar como verdaderas las proposiciones “la mesa es negra” y “la mesa no es negra”, porque la mesa o es negra o no es negra).

Frente a este punto de vista, Nietzsche afirma el carácter irracional del mundo: la lógica, la razón, son invenciones humanas, “no nos es posible afirmar y negar una misma cosa; se trata de un principio de experiencia subjetiva que no expresa una “necesidad”, sino simplemente una incapacidad”.

Las cosas no se someten a regularidad alguna, el mundo es la totalidad de realidades cambiantes, esencialmente distintas unas a otras, y acogen en su interior la contradicción.

De nuevo, la metafísica tradicional pudo defender su punto de vista porque creyó en la existencia de un Mundo Verdadero (explícitamente Platón reconoce que sólo la existencia del mundo de las Ideas, de un mundo eterno y absoluto, garantiza la superación definitiva del relativismo).

Si negamos la existencia de dicho mundo, como nos propone Nietzsche, parece inevitable declarar la irracionalidad de lo existente.


martes, 14 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEAANOS: CRÍTICA A LA EPISTEMOLOGÍA



CRÍTICA A LA EPISTEMOLOGÍA TRADICIONAL.

La creencia en la validez del uso de la razón para conocer el mundo incluye tres tesis básicas: 1.- La validez de los conceptos, 2.- La legitimidad de la lógica y 3.- La objetividad del conocimiento.

Nietzsche critica las tres tesis citadas.

1.  LA VALIDEZ DE LOS CONCEPTOS. 

El nivel más elemental de la utilización de la razón es el nivel de los conceptos, porque ellos son los depositarios de los significados mediante los que describimos las propiedades de las cosas.

La filosofía ha considerado siempre que la realidad puede representarse correctamente mediante conceptos, que éstos reflejan la realidad, y que las relaciones entre los conceptos son capaces de representar las relaciones entre las cosas.

Para ello, y de modo más o menos explícito, aspiró a la definición precisa de cada término, al rigor en el uso de las palabras y a su aplicación unívoca y no metafórica.

Consideraba que entender una realidad es subsumirla en un concepto, es disponer de un concepto para comprenderla.

Cuando utilizamos la palabra “árbol” en un sentido no metafórico (por ejemplo, para hablar tanto de los pinos como de los manzanos) suponemos que en lo que llamamos “pino” están presentes también las cualidades fundamentales descritas con dicha palabra, y que en lo que llamamos “manzano” están presentes también las mismas cualidades.

Pero si son dos cosas distintas, esto que llamo “manzano” y esto que llamo “pino” ¿cómo es posible que también sean iguales?

La tradición filosófica resolvía este problema indicando que en ambos, el “manzano” y el “pino”, encontramos dos formas de ser: la esencia o conjunto de propiedades básicas, presentes también en otras entidades individuales (en este caso, en todas que reciben el nombre de “árbol”), y los rasgos accidentales que dan lugar a las diferencias entre individuos de un mismo género.

Pero, ¿qué podríamos pensar si considerásemos que no existen las esencias, si creyésemos que en la realidad no hay nada que sea absolutamente idéntico entre dos objetos?.
Y más aún, ¿qué podríamos pensar si considerásemos que ni siquiera un objeto es idéntico a sí mismo puesto que cambia, aunque tal vez de forma imperceptible, a lo largo del tiempo?
Ésta es precisamente la tesis de Nietzsche: en el mundo no existen esencias, no existe un rasgo (o varios rasgos) que se encuentre en todos y cada uno de los individuos; ni siquiera existen los objetos, pues la identidad que nosotros les atribuimos, su “ser los mismos” con el paso del tiempo, es una consecuencia de nuestro modo substancialista de representarnos la realidad.

Como dice en “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, formamos los conceptos de las cosas al abandonar las diferencias individuales, las notas distintivas.
Dada esta creencia, que el propio Nietzsche reconoce heracliteana, no es extraño que para este filósofo el pensamiento conceptual no sea un buen recurso para expresar la realidad.
No es posible que la misma palabra sirva para referirnos adecuadamente a dos cosas distintas, porque si cubre adecuadamente la realidad de una de ellas no puede cubrir también la de la segunda, ya que la primera es inevitablemente distinta de la segunda (puesto que no existen las esencias o las realidades universales presentes en varios objetos).

Recordemos las diferencias entre el uso unívoco, equívoco y análogo de una palabra: una palabra se usa de forma unívoca para referirse a dos objetos cuando la utilizamos exactamente con el mismo significado en los dos casos, cuando los significados fundamentales que se incluyen en ella se los atribuimos a los dos objetos, como cuando decimos que la figura que llamamos “isósceles” es un triángulo y la que llamamos “equilátero” es un triángulo.

La usamos de modo equívoco cuando la utilizamos con significados distintos, cuando la predicamos de dos cosas sin que tengan un significado común (“gato” como animal y “gato” como una máquina para levantar pesos a poca altura).

Finalmente, una palabra se usa de un modo análogo o metafórico cuando no la utilizamos con su significado propio sino en parte distinto y en parte igual, como cuando Descartes utiliza la metáfora del “árbol” para referirse a la totalidad de los saberes humanos y a sus relaciones.

Los significados de las palabras describen las propiedades de las cosas; de este modo, el uso unívoco de las palabras supone que dos cosas distintas deben tener las mismas propiedades, el uso análogo o metafórico en parte las mismas y en parte distintas, y el equívoco ninguna propiedad en común.

La idea de la realidad que tiene Nietzsche induce a pensar que no podemos utilizar las palabras de un modo unívoco; lo más que concede Nietzsche es el uso análogo o metafórico del lenguaje: la metáfora es mejor modo de captar la realidad que el concepto preciso pues la metáfora implica desigualdad entre los objetos, no presenta significados sino que los sugiere, deja abierta la posibilidad al oyente o lector de que él mismo complete el significado a partir de su propia experiencia del mundo.

Por esta razón, es perfectamente comprensible el estilo que emplea Nietzsche para expresar sus ideas filosóficas: no demuestra ni argumenta pues no cree en la demostración, no expone sistemáticamente su filosofía pues no cree que el mundo sea un sistema o totalidad ordenada, no emplea con precisión ni rigor los conceptos, emplea la sugerencia, la metáfora, el aforismo.

Para Nietzsche, el arte es un medio más adecuado de expresar el mundo que la filosofía.

lunes, 13 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: CRÍTICA A LA CIENCIA


CRÍTICA A LA CIENCIA

Nietzsche rechaza la supuesta objetividad del conocimiento científico, la existencia de leyes naturales,  la racionalidad del mundo y el poder explicativo de las matemáticas.

Nietzsche critica las siguientes creencias básicas que se incluyen en la práctica científica, o que parecen estar vinculadas con ella:

1.  Su objetividad: con la expresión “conocimiento objetivo” nos referimos al que es capaz de describir el mundo independientemente de las peculiaridades o rasgos de la persona o grupo que lo alcanza.

Un conocimiento es objetivo cuando no está influido por los intereses o por los rasgos del sujeto, cuando describe las cosas sin añadirles nada que no les pertenezca realmente.

Filósofos como Platón, Aristóteles, Santo Tomás, Descartes y gran parte de lo mejor de la tradición filosófica creyeron que la filosofía podía alcanzar este conocimiento perfecto, aséptico, imparcial, y con la aparición de la ciencia moderna muchos consideraron que se hacía real el afán por la verdad única y absoluta típico de todo el mundo occidental.

Sin embargo, la posición de Nietzsche es radicalmente contraria a estas afirmaciones y conecta con otra línea filosófica históricamente más desacreditada: el relativismo, escepticismo y subjetivismo.

Nietzsche defiende el perspectivismo: la tesis según la cual todo conocimiento se alcanza desde un punto de vista, punto de vista del que es imposible prescindir: las características del sujeto que conoce (psicológicas, sociales, físicas, la peculiaridad personal, la misma biografía) hacen imposible superar la propia perspectiva; no podemos desprendernos de nuestra subjetividad cuando intentamos conocer la realidad; incluso la creencia en la objetividad es un punto de vista más, pero un punto de vista que esconde la relatividad de su origen, su dependencia de concepciones establecidas y no evaluadas o controladas.

2. La existencia de leyes naturales: en el mundo no existen leyes, las leyes que el científico cree descubrir son invenciones humanas; no existen regularidades en el mundo, no hay leyes de la Naturaleza.

Si entendemos por leyes de la naturaleza supuestos comportamientos regulares de las cosas, Nietzsche rechazará la existencia de dichos supuestos comportamientos regulares y necesarios: ¿por qué las cosas iban a comportarse regularmente?, ¿en virtud de qué necesidad?
Siguiendo un planteamiento ya conocido en la historia de la filosofía, el planteamiento de Hume,  Nietzsche considera que las relaciones entre las cosas no son necesarias (para emplear un término clásico, son contingentes), son así pero perfectamente podrían ser de otro modo. Las cosas se comportarían siguiendo leyes o necesariamente si hubiese un ser que les obligase a ello (Dios), pero Dios no existe; las leyes y la supuesta necesidad de las cosas son invenciones de los científicos.

Si creemos en las leyes naturales es porque nos interesa creerlo, no porque realmente existan; el orden en el mundo es una creencia infundada, nosotros creemos en ese orden para hacer más soportable la existencia, para sentirnos más cómodos ante el entorno hostil.

“Las cosas no se comportan regularmente conforme a una regla; no hay cosas (se trata de una ficción); tampoco se comportan bajo necesidad.
En este mundo no se obedece; pues el ser algo tal cual es, de tal fuerza, de tal debilidad, no es el resultado de obediencia, regla ni necesidad” (“La voluntad de poder”).

3. La validez del ejercicio de la razón: en este punto la crítica a la ciencia se incluye en la crítica más general de toda actitud (incluida la filosófica) que considera a la razón como el instrumento legítimo para el conocimiento. La razón no se puede justificar a sí misma: ¿por qué creer en ella?; la razón es una dimensión de la vida humana, aparece de forma tardía en el mundo y muy probablemente, dice Nietzsche, desaparecerá del Universo; y nada habrá cambiado con dicha desaparición.

Junto con la razón, en el hombre encontramos otras dimensiones básicas (la imaginación, la capacidad de apreciación estética, los sentimientos, el instinto,...) y todas ellas pueden mover nuestro juicio, todas ellas son capaces de motivar nuestras creencias.

La razón no es mejor que otros medios para alcanzar un conocimiento de la realidad (en todo caso es peor puesto que el mundo no es racional). La ciencia se equivoca al destacar exageradamente la importancia de la razón como instrumento para comprender la realidad.

4. Legitimidad de las matemáticas: la ciencia actual considera que la matemática es un instrumento adecuado para expresar con precisión el comportamiento de las cosas.

Para Nietzsche, sin embargo, esta forma de entender el mundo es aún más errónea que otras formas de cientificidad. 

Las matemáticas puras no describen nada real, son invenciones humanas; en el mundo no existen líneas rectas, ni triángulos, ni ninguna de las perfectas figuras a las que se refiere la geometría.

En el mundo no existen números, ni siquiera propiamente unidades.

Cuando decimos que algo es una cosa (una mesa, un árbol,...), lo que hacemos es simplificar la realidad que se nos ofrece a los sentidos, someterla a un concepto, esconder su pluralidad y variación constante. 

Las matemáticas prescinden de la dimensión cualitativa del mundo, de su riqueza y pluralidad. 

Podemos entender la valoración que Nietzsche hace de la matemática comparándola con la platónica: para Platón el matemático descubre entidades reales y objetivas que están más allá del mundo físico, en el Mundo Absoluto de las Ideas.
Nietzsche considera, sin embargo, que no existen tales entidades, ni realizándose en el mundo físico ni, mucho menos, en un mundo independiente y eterno: para Platón, Pitágoras descubre el teorema que lleva su nombre, para Nietzsche, lo inventa.

En cuanto al origen de la ciencia, Nietzsche señala dos motivos:
1.- Su utilidad: la ciencia nos permite un mayor control de la realidad, la previsión y dominio del mundo natural; pero, recuerda frecuentemente, la
2.- La Eficacia, que no es necesariamente un signo de verdad sino que es consecuencia de un sentimiento decadente: la ciencia sirve también para ocultar un aspecto de la naturaleza que sólo los espíritus fuertes consiguen aceptar: el caos originario del mundo, la dimensión dionisíaca de la existencia.

La ciencia nos instala cómodamente en un mundo previsible, ordenado, racional.


domingo, 12 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12 CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: DIONISÍACO

DIONISÍACO.

Concepción del mundo típica del mundo griego ARCAICO, anterior a la aparición de la filosofía racional, anterior al mundo griego CLÁSICO O ILUSTRADO.

Representa el “espíritu de la tierra” o valores característicos de la vida.

El dios griego Dionisos (Baco para los romanos) era el dios de la vida vegetal y del vino, fue muy importante para este pueblo, y a él rindieron culto las bacantes.

Nietzsche hace una interpretación de este dios que va más allá de su significado ordinario, considerando que con esta figura mítica los griegos representaban una dimensión fundamental de la existencia, que expresaron en la tragedia y que quedó relegado en la cultura occidental: la vida en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales, biológicos.

Aunque Nietzsche explica este término en su obra juvenil “El nacimiento de la tragedia”, nunca lo abandonó, y lo podemos utilizar como metáfora de lo que más tarde llamó “voluntad de poder

sábado, 11 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEANOS. APOLÍNEO.



(EXTRAIDOS DE "TORRE DE BABEL") 


2.- APOLÍNEO.


“Relativo a la consideración del mundo como una totalidad ordenada, luminosa y racional.
Los griegos expresaron esta dimensión de la realidad con la figura del dios Apolo.
Se opone a lo dionisíaco.

Nietzsche presenta este concepto en su primer escrito importante, "El Nacimiento de la Tragedia", obra que será superada posteriormente en algunos aspectos, pero no en lo que se refiere a una de sus tesis centrales: el papel de la filosofía griega clásica (particularmente Sócrates y Platón) en el triunfo de la concepción apolínea de la vida y el olvido de la dionisíaca.

En "El nacimiento de la tragedia" el joven Nietzsche trataba, aparentemente, cuestiones de historia de la cultura griega y reflexiones de estética.

La obra escandalizó a sus contemporáneos pues cuestionaba la valoración tradicional y dominante del mundo griego, valoración según la cual la GRECIA CLÁSICA, la Grecia Ilustrada, la Grecia del siglo V, la Grecia y el Siglo de Pericles era el momento de esplendor de la cultura griega, y Sócrates y Platón los iniciadores de lo mejor de la tradición occidental, la racionalidad.

Frente a esta interpretación, Nietzsche da más importancia a la GRECIA ARCAICA, la Grecia del tiempo de Homero, y sitúa en el siglo V a. C. el inicio de la crisis vital del espíritu griego.

Nietzsche defiende una concepción metafísica del arte: el valor del arte no está en la mera complacencia subjetiva que provoca en el espectador, no atañe solo a la esfera del gusto; es algo más profundo, puesto que con él una cultura expresa toda una concepción del mundo y de la existencia.

El sentido del mundo se puede describir racionalmente, en conceptos precisos y argumentaciones rigurosas, pero también mediante la metáfora y los recursos estéticos que permiten la depuración de la sensibilidad para aprehender intuitivamente la realidad y trasladarla a los demás mediante la sugerencia, la belleza y el símbolo.

Esta apreciación nunca le abandonó, y se manifiesta en varios aspectos de su filosofía, particularmente en su estilo expresivo, más próximo a la literatura (incluso a la poesía, como en “Así habló Zaratustra”) que a las formas precisas y objetivas de la filosofía tradicional.

Pues bien, dice Nietzsche,  que el pueblo griego antiguo supo captar las dos dimensiones fundamentales de la realidad sin ocultarse ninguna de ellas, dimensiones que este pueblo expresó de forma mítica con los cultos a Apolo y a Dionisos.

La auténtica grandeza griega culmina en la tragedia ática, género artístico con el que consiguieron representar de modo armónico lo apolíneo y lo dionisíaco de la existencia.

Apolo era uno de los dioses más venerados por los griegos, le erigieron muchos templos y a su oráculo acudían cuando deseaban conocer el futuro o aspectos oscuros de su existencia.
Los griegos lo consideraron como el dios de la juventud, de la luz, de la belleza, de  la poesía,  y de las artes en general.
Pero, según Nietzsche, expresaba para ellos  mucho más, un modo de estar ante el mundo: era el dios de la luz, la claridad y la armonía, frente al mundo de las fuerzas primarias e instintivas.

Representaba también la individuación, el equilibrio, la medida y la forma, la racionalidad. 

Para la interpretación tradicional toda la cultura griega era apolínea, y el pueblo griego el primero en presentar una visión luminosa, bella y racional de la realidad.
Nietzsche es contrario a esta interpretación, pues afirma que es correcta para el mundo griego a partir de Sócrates, pero no para el mundo griego anterior, considerado por nuestro filósofo como el momento más característico del espíritu griego.

Frente a lo apolíneo los griegos opusieron lo dionisíaco, representado con la figura del dios Dionisos, dios del vino y las cosechas, de las fiestas báquicas presididas por el exceso, la embriaguez, la música y la pasión; pero, según Nietzsche, con este dios representaban también el mundo de la confusión, la deformidad, el caos, la noche, el mundo instintivo, la disolución de la individualidad y, en definitiva, la irracionalidad.

La auténtica grandeza del mundo griego arcaico estribaba en no ocultar esta dimensión de la realidad, en armonizar ambos principios, en considerar incluso que lo dionisíaco era la auténtica verdad.

Sólo con el inicio de la decadencia occidental, ya con Sócrates y Platón, los griegos intentan ocultar esta faceta inventándose un mundo de legalidad y racionalidad (un mundo puramente apolíneo, como el que fomenta el platonismo).

Sócrates inaugura el desprecio al mundo de lo corporal y la fe en la razón, identificando lo dionisíaco con el no ser, con la irrealidad.

En sus obras posteriores, Nietzsche recoge y desarrolla esta idea del inicio de la decadencia occidental en la Grecia clásica: Sócrates lo inició y Platón instauró el error dogmático más duradero y peligroso: "el espíritu puro", el "bien en sí", el platonismo o creencia en la escisión de la realidad en dos mundos (el "Mundo Sensible" y el "Mundo Inteligible o Mundo Racional"). 

Este dogmatismo es síntoma de decadencia pues se opone a los valores del existir instintivo y biológico del hombre. 

La degeneración de la cultura en virtud de la filosofía griega triunfó en la cultura occidental con el ascenso de la moral judeocristiana y del monoteísmo, pervirtiendo desde la raíz el mundo occidental. 

Así, la crítica de Nietzsche a la cultura occidental se refiere a todos los ámbitos, pues "Filosofía, religión y moral son síntomas de decadencia" ("La voluntad de poder"), la filosofía por inventar un mundo racional, la religión un mundo religioso y la moral un mundo moral; en definitiva, la decadencia del espíritu griego antiguo supuso el triunfo de lo apolíneo sobre lo único real, según Nietzsche, lo dionisíaco.

viernes, 10 de agosto de 2018

NIETZSCHE 11 EROS Y LOGOS ( y 3)



Toda esta fiebre científica por la explicación, está bien cuando se aplica a fenómenos físicos o fisiológicos, pero cuando se aplica a los fenómenos psíquicos es apostar por su destrucción, por su incomprensión.

¿Dónde queda la vivencia?

Frente a los intentos reduccionistas de la ciencia, de reducir el todo a la suma de sus partes, (cuando el todo es más que la suma de sus partes) hay que apostar por la realidad concreta, y no por abstracciones naturalistas, como en el caso del “amor” que queda deformado o, mejor, aniquilado.

Estas vivencias psíquicas sólo pueden ser percibidas por la conciencia, que es lo único e inmediato y que, por ello, no admite explicación, sino aceptación.

La experiencia primaria y original de la conciencia es el fenómeno de la percepción.

La conciencia nos revela, así, de manera inmediata, dos dimensiones esenciales de la realidad: la aspiración al ser y la aspiración al valer.

La percepción nos coloca, pues, ante los tres reinos fundamentales de la realidad: 1.- La esfera, ámbito o campo de las sensaciones (colores, formas, sonidos, olores, sabores,..) 2.- La esfera o ámbito o campo de las ideas (líneas, planos, substancias, accidentes, esencias,...) y 3.- Esfera, ámbito o campo de los valores (justicia, libertad, bondad, caridad, belleza,…).

El primero de esos ámbitos es el mundo de la experiencia inmediata, el segundo es el de la ciencia, el tercero es el mundo de los valores (los sentimientos, el odio, la fobia o la filia, el amor, el rencor,…)
Éste último ámbito sería el propio de la filosofía.

Uno de los filósofos que tuvo que exiliarse, a pesar de ser una persona profundamente cristiana, pero también  republicano y socialista, por lo que el año 39, el año de la Victoria, tuvo que embarcar para América como otros muchos miles, me refiero al catalán, Joaquín Xirau (Figueras (Gerona) 1.895 –México 1.946), interrumpiéndose así su extraordinaria labor de estímulo y desarrollo de las actividades filosóficas en la Escuela de Barcelona, y siendo México quien recogiera el fruto granado de muchos años de meditación en España con su docencia, sus escritos, sus publicaciones, en el país de acogida.

Su muerte prematura hizo que no fuera para la Escuela de Barcelona lo que Ortega y Gasset lo era en la Escuela de Madrid.

Su filosofía es una Metafísica del amor, expuesta en su obra “Amor y Mundo”, de 1.940, en que partiendo del “eros” y el “logos” de los griegos y, sobre todo de la “caridad” y el “ágape” cristiano, trata de mostrar la relación íntima entre el Ser y el Valor, afirmando que “el Ser no existe en sí, en tanto que el Valor se manifiesta por su dinamicidad, por su capacidad de movimiento.
Esa relación íntima entre Ser y Valor se conjugan para que el Ser adquiera vida y el Valor adquiera objetividad, claridad y transparencia.
El misterio resultante sólo será comprensible mediante una “actitud amorosa” que conduce a la “plenitud espiritual”.

Si el Amor es plenitud y es fuerza, es igualmente, renovación del Ser Valor y Ser reunidos para que el Ser viva.

jueves, 9 de agosto de 2018

NIETZSCHE 11. EROS Y LOGOS (2)


La Naturaleza, toda, era la obra de Dios, siendo el hombre el centro de esa naturaleza.

Primero fue Copérnico quien lanzó la Teoría Heliocéntrica, según la cual no era la Tierra (geo-centrismo) sino el Sol el centro del universo (heliocentrismo)

La Tierra cedía su posición central, en el sistema, al Sol, por lo que todo giraba, ya, alrededor del Sol, pero “todo seguía siendo la obra de Dios”.

Llegó la Época Moderna y la razón seguía avanzando y creciendo por su cuenta.

La afirmación de Galileo de que “el libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático y el que no sepa matemáticas no va a enterarse de nada” condujo al intenso estudio de la Matemática.

Y hablar de Matemáticas es hablar de la Razón.

La anécdota de Napoleón citando al gran astrónomo Laplace para que le explicara el funcionamiento del universo y cuando al terminar la explicación de cómo los planetas giraban, por su cuenta alrededor del sol, igual que los satélites lo hacían alrededor del planeta correspondiente pero preguntando Napoleón dónde esta Dios en todo esto, la respuesta de Laplace fue: “no necesito la hipótesis Dios para explicar el funcionamiento del sistema solar”

Es la filosofía moderna, racionalista la que afirma que el mundo ha dejado de ser obra de Dios para convertirse en un cálculo de la mente divina.
La naturaleza funciona así y, sin tener que preguntarle a Dios por qué funciona así, la Filosofía-Astronomía (todavía la Astronomía no se había separado de la Filosofía sino que era una rama de la Filosofía que estudiaba las “cuestiones astronómicas) va a intentar explicarlo, no contra Dios, sino al margen de Dios.

Recordemos que la obra principal de Newton se titula: “Philosophiae naturalis principia matemática” (Principios Matemáticos de la Filosofía Natural).

Bastará, ya, un solo paso para cortar el hilo que une al mundo con la divinidad para que toda esa grandeza de la naturaleza se pierda, al dejar de ser vista como divina, pasando del teísmo medieval, del fideísmo y del panteísmo de Espinosa (Spinoza) al “naturalismo positivista”.

La naturaleza ha dejado de ser divina, ha pasado a ser laica, y a ser estudiada no ya como una imagen de la divinidad y que a partir de los vestigios naturales llegara hasta Dios,
Se ha secularizado la naturaleza y sólo es objeto de estudio de los científicos.

Es el camino que va desde la Teología Medieval o desde la Metafísica Clásica al mundo de la ciencia positiva, donde todo, ya, será explicado naturalmente, incluso el amor, que se disuelve reducido a explicaciones mecanicistas o fisiológicas.

La ciencia, con la razón y la experiencia, lo que, normalmente se denomina “método hipotético-deductivo,  va a ser, desde entonces y hasta ahora, el único capaz de explicarlo o de intentar explicarlo todo y sin tener los científicos, en cuanto científicos, que recurrir a Dios para nada (otra cosa es el científico en cuanto persona concreta, que puede ser creyente, ateo o agnóstico)

Toda explicación que recurra y haga intervenir a Dios deja de ser científica.

Y, siguiendo una de las reglas del método cartesiano (“dividir cada una de las dificultades (problemas) en tantas partes como sea posible para ir entendiéndolas una a una y luego unir las evidencias de las partes para tener la evidencia del todo, lo que se llama “análisis y síntesis) enfrentarse con el problema que necesite una explicación.

El sentido de la ciencia es, pues, reducir la multiplicidad, la variedad y la riqueza de la naturaleza a unidades irreductibles: 1.- Líneas, superficies, volúmenes,…en Geometría: 2.- Átomos, electrones, partículas subatómicas, quarks, la partícula de Dios o bosón de Higgs, campos de fuerza.,, en Física; 3.- Células, mitocondrias, hormonas, síntesis,…en Biología; y, así, sucesivamente en todas las ciencias.

En una palabra, la ciencia trata de explicar lo superior por lo inferior, una casa por los materiales empleados, lo que resulta escandaloso cuando quieren explicarse fenómenos psíquicos, como el amor, por ejemplo, porque explicarlo así significa destruirlo.

El amor, en manos de los científicos, queda reducido a una serie de mecanismos –insatisfacción, represión, transferencia, sublimación –mediante los cuales los impulsos –sea la libido, el ansia o afán de poder, o cualquier otro –que habitan en las capas del inconsciente, quedan liberados.

Y esto se aplica tanto al amor de los amantes, el amor filial, el éxtasis místico de un santo, pasando por todos los tipos y grados intermedios del amor, sea el amor al arte, el amor a la ciencia,…a cualquier tipo de amor.

Reducir los fenómenos psíquicos a un conjunto de fenómenos fisiológicos o físicos es dejar escapar el amor como se escapa el agua al querer recogerlo en una cesta.

miércoles, 8 de agosto de 2018

NIETZSCHE 11 EROS Y LOGOS (1)




Pienso, como muchos, que la crisis fundamental que llevamos padeciendo desde hace bastante tiempo es una “crisis de valores” (sí, lo sé, y también otras muchas crisis, entre ellas la económica y la social).

Estamos instalados en un relativismo y, tranquilamente, proclamamos y aceptamos que “todo es relativo” pero habría que ir más allá y preguntarnos si es un “relativismo personal-individual”, un “relativismo social” o un “relativismo específico, de la especie humana”

Pero defender el relativismo no es defender que “todo vale” porque “no todo vale” y, además, de lo que vale “no todo vale igual”

En los primeros griegos, en el mundo clásico, se pensaba y se vivía en armonía entre las dos grandes fuerzas: Logos y Eros.

Ya con Sócrates se rompió definitivamente esa armonía de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” o, lo que es lo mismo, darle al cuerpo lo que le corresponde y al alma lo que le corresponde.
Sólo con la yunta puede ararse.

Esa armonía entre “disfrutar” y “saber”, entre “eros” (Placer) y “logos” (Razón) la rompió Sócrates, no en vida, porque él era bastante crápula, comilón y bebedor empedernido, mujeriego, bisexual, mal padre y peor esposo, a la vez que gran filósofo.
Pero cuando lo pusieron en la tesitura de tener que elegir entre “vivir” y “tener razón” apostó por la Razón dejándose matar (suicidándose tomando la cicuta)

Apostó el 100% a la Razón negándose a Vivir..

Este esquema los siguieron sus sucesores (exceptuando, quizá, a los hedonistas y a los cínicos).

Cuando apareció el Cristianismo se acentuó tanto la apuesta que “vivir” era “pasar una noche en una mala posada”, por lo que uno estaba deseando que llegara el amanecer.

La Teoría de las Ideas de Platón fue aceptada, pero sublimada, por el Cristianismo durante los siguientes 1.500 años.
Esta vida terrenal y temporal sólo puede ser no un fin (vivirla) sino un medio (sacrificarla para poder acceder a la auténtica vida, la celestial y eterna).

Son los dos mundo platónicos pero “cristianizados”, por lo que se denigra la materia, el cuerpo, esta vida (el mundo sublunar o material) y se ensalza la otra vida tras la muerte (el mundo translunar o celestial)

Esta vida es pues, sólo preparación para poder acceder, entrar en la otra.

Y si, en primer lugar el “logos” se impuso y anuló al “eros”, ahora es el “logos- razón” el que cede ante la “fe” convirtiéndose en su esclava (“philosophia ancilla Theologiae”).

Hubo que esperar al siglo XIV para que un filósofo-religioso o religioso-filósofo, de nombre Guillermo de Ockham (el Guillermo de Baskerville, el de “El Nombre de la Rosa”, de Umberto Eco) proclamase la separación fe-razón, “lo que se sabe (logos) no se cree (fe), porque ya se sabe, y lo que se cree (fe) no se sabe (logos) y por eso se cree.

Pero son dos campos, el de la ciencia y el de la creencia, totalmente separados.

A partir de aquí, con el Renacimiento, cada uno de los campos fue avanzando y si por una parte apareció la Ciencia (logos), autónoma, sin tener en cuenta la fe, por otra parte apareció la Reforma, en sus distintas variedades, rompiendo el bloque monolítico de la fe católica, apostólica y romana, bajo la única autoridad religiosa, el Papa de Roma, surgiendo otras iglesias (protestantismo, calvinismo,…) otras morales, otras formas de vivir y de creer e independizándose de Roma y del Papa.

Pero el esquema platónico seguía vigente: este mundo (la tierra, las estrellas,…todo lo material) había sido creado por Dios, del que dependía, tanto en su existencia como en su conservación.

martes, 7 de agosto de 2018

NIETZSCHE 10 LOS NUEVOS FILÓSOFOS ( y 8)



Si uno lo piensa bien, “la que mata al hombre, la que frena su evolución incrementando la desigualdad, nunca es la duda (que incita a seguir), sino la certeza (que frena y paraliza)”.

Nietzsche ha sido el que nos ha dividido y mostrado la historia como la eterna lucha entre los hombres nobles-aristocráticos-distinguidos… y los hombres vulgares, los borregos del rebaño, la plebe.

Él ha sido el que nos ha hecho ver que, tanto la interpretación moral del mundo como la moral dominante judeo-cristiana, dominante incluso desde la instauración de los valores cristianos, dominantes desde la disolución griega y la aparición de Sócrates, significa para Occidente el dominio de esos valores plebeyos.

Él ha sido el que nos ha leído, en la Revolución Francesa y en el orden democrático y socialista, la instauración, en el sentido de la igualdad, la libertad, la fraternidad,…de los mismos valores morales de la compasión, la virtud moral del rebaño, la nivelación de la humanidad en ámbitos cada vez más mediocres y mendaces, plebeyos y ruines.

Él ha sido el que ha leído nuestra época como expresión del nihilismo para ofrecernos la descomposición de esos mismos valores en un mundo en el que “todo vale” y “nada vale nada” y la posibilidad de empezar, desde aquí, desde este hundimiento paulatino en la nada, en el hundimiento del hombre moderno, la posibilidad de construir un nuevo mundo, partiendo de la transvaloración y de la instauración de la desigualdad y las jerarquías de valor entre los hombres.

Los nuevos filósofos son los de ese mundo elevado que tienen como misión mostrar ese mundo, superior y distinto, aunque las masas no lo comprendan, pero tienen que seguir, tanto dando ejemplo, como legislando y ordenando.
Hay que salvarlos a todos, a pesar de ellos mismos.

Aunque la peor incomprensión no será la de la masa, sino la de los doctos y eruditos que pretenderán no sólo no pasar de largo sino destruir permanentemente la obra de los llamados a instaurar valores nuevos para y sobre la humanidad.

“Para entrar en un mundo elevado hay que haber nacido o, dicho con más claridad, hay que haber sido criado para él”.
“Derecho a la filosofía” sólo se tiene gracias a la ascendencia, también aquí son los antecesores, la sangre, los que deciden”

“Muchas generaciones tienen que haber trabajado anticipadamente para que surja el filósofo; cada una de sus virtudes tiene que haber sido adquirida, cultivada, heredada, apropiada individualmente.

INCIPIT ZARATHUSTRA, EL MEDIODÍA, EL INSTANTE DE LA SOMBRA MÁS CORTA, FINAL DEL ERROR MÁS LARGO, PUNTO CULMINANTE DE LA HUMANIDAD.

lunes, 6 de agosto de 2018

NIETZSCHE 10 LOS NUEVOS FILÓSOFOS (7)



Los filósofos se ponen fuera del tiempo de ahora, no sólo se convierten en la “mala conciencia” de su tiempo sino que, además, miran la época desde un allá fuera en la que “la verdad y la virtud” adquieren realidad en la que viven.

El nuevo filósofo no es/no puede ser un “especialista” (un bárbaro que, por estudiar la parte acotando y desarrollándose en una parcela de la realidad, pierde de vista el “todo”) sino un “generalista”, instalado en la amplitud y en la multiplicidad, el que ve la totalidad.

La barbarie de los especialistas –que diría Ortega.

Es necesario generar una voluntad fuerte, que cambie el rumbo de las cosas, frente a la voluntad débil del hombre moderno.

Frente a esa humanidad nivelada, idiotizada, humilde, gobernada por el ideal de “igualdad”, fruto del socialismo, de la democracia y de la doctrina judeo-cristiana, debe surgir esa voluntad fuerte, que sobresalga de esa mediocridad.

La grandeza es un rasgo típico de la aristocracia como la bajeza lo es de la plebe, del rebaño.

Lucha permanente contra esos ideales colectivos e igualitarios, propios de la masa, de la plebe, del rebaño.

Los nuevos filósofos son la prueba viviente de lo que puede ser el porvenir humano, y podemos serlo si estamos dispuestos a dar el salto a lo terreno y nos liberamos de todas nuestras cargas morales ultraterrenas, recuperando, simplemente, el sentido de la tierra y de la vida.

Porque esa ha sido la historia de la humanidad, la historia de una mentira, la historia de un error en la que la vida era “una mala noche en una mala posada” y la tierra “un hogar de locos”.

Los filósofos harán posible el abandonar la tierra de los padres para avanzar al hogar de los hijos, a la tierra de los hijos

Uno de los sellos distintivos de la antigua aristocracia griega era la Veracidad y, con ella, se distinguía del pueblo bajo, de la plebe, que era mentirosa.

Esa Veracidad es la Nobleza den nuevo filósofo frente al mentiroso hombre vulgar.

Resulta extraño, frente a los ideales del rebaño, de la igualdad y de la nivelación, impuestos por los sistemas democráticos, el nuevo ideal de la desigualdad, de la instauración de la grandeza, de la distinción y de la amplitud de miras.

“El más grande es el más divergente, el que esté mas allá del Bien y del Mal, el señor de las nuevas virtudes, el sobrado de voluntad. Y hagamos, una vez más, la pregunta: ¿es hoy posible la grandeza?”.

“Lo que un auténtico filósofo es resulta difícil de aprender, pues no se puede enseñar; hay que “saberlo”, por experiencia o se debe tener el orgullo de no saberlo. La filosofía es, fundamentalmente, una experiencia”.

La filosofía rechaza automáticamente a quien no está capacitado para acceder a ella. Es un reino de pocos y para pocos….y si los caminos al futuro son cada vez más difíciles, escarpados, hechos para grandes y por grandes…el ámbito de la filosofía y de los filósofos es un campo restringido a muy pocos y son esos filósofos los llamados a estructurar el nuevo orden, a legislar sobre el nuevo orden y a crear valores que correspondan a ese nuevo orden del mundo.

“Pensar”, “tomar en serio”, “tomar con gravedad una cosa”,…son la misma cosa y va todo junto en los nuevos filósofos porque así lo han vivido ellos.
Esto establece la diferencia entre un filósofo y un pensador, o un docto, o un erudito, que no lo han vivido en sus propias carnes.

Los que tomaron y vieron a Nietzsche como un pensador, como un docto, como un erudito, los filósofos académicos y, por supuesto, los moralistas, los filósofos-sacerdotes, lo han vilipendiado porque no han llegado a entenderlo, por eso lo han visto como un peligro, como una amenaza para sus feudos intelectuales y morales, al haberse cargado, con el martillo, sus esquemas de pensamiento y sus interpretaciones del mundo, de la vida, del hombre.

¡Es tan ruin descalificar lo que se desconoce por chocar con los esquemas propios de pensar, de actuar y de vivir¡

Nietzsche no es un erudito, ni es un docto, no se conforma con reproducir los viejos conceptos de pensadores previos, fielmente o combinados, para dar la sensación de novedad.
Nada que ver con la ruptura y originalidad de Nietzsche.

Quizá sean los artistas, con sus creaciones originales, y utilizando los mismos colores y los mismos soportes que los copistas, los más cercanos a Nietzsche.

Es el artista, y no el imitador, el que está más cerca de la belleza, igualmente es el filósofo-artista y no el erudito ni el docto, el que está más cerca de la verdad.

Frente a esa nivelación, a esa igualdad, a esa uniformidad,…el problema de la jerarquía y de la desigualdad natural entre los hombres adquiere todo el sentido para el nuevo filósofo y para la nueva filosofía.

sábado, 4 de agosto de 2018

NIETZSCHE 10 LOS NUEVOS FILÓSOFOS (6)



La búsqueda de la verdad, el conocimiento de nosotros mismos, la certeza del conocimiento, la verdad ante todo,…son asuntos que quedan desdibujados en esta nueva óptica donde lo que prima es el desconocimiento de nosotros mismos, la imposibilidad de llegar a definir lo que somos, la mentira como necesaria para la supervivencia de la especie y la falsedad de los juicios lógicos como posibilidad para poder vivir.

El problema del conocimiento, en Nietzsche, es definido incluso en términos que producen desconcierto.
“Nosotros, los que conocemos, somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos…No nos hemos buscado nunca ¿cómo iba a suceder que un día nos encontrásemos?”

La nueva filosofía se estructura fundamentalmente como un saber que crea.
El filósofo es el hombre del conocimiento que crea valores, que está llamado a legislar sobre la vida y que no puede renunciar a ello.

“Su conocer es crear, su crear es legislar, su voluntad de verdad es su voluntad de poder”
“¿Existen hoy tales filósofos?, ¿han existido ya tales filósofos?, ¿no tienen que existir tales filósofos?” –se pregunta Nietzsche.

Este nuevo filósofo nada tiene que ver con los filósofos anteriores, es el filósofo del porvenir, una especie de filósofo integral, en el cual se cumple cabalmente la filosofía misma como saber peligroso y riesgo de la existencia.

Queda definido el filósofo como el hombre del gran peligro que ha abandonado la tierra firme para lanzarse a los mares tenebrosos del conocimiento, para lanzarse por las sendas no pisadas por nadie, por terrenos vírgenes del saber donde las cosas adquieren otro color y el sol del conocimiento alumbra diferente.

Nos encontramos fuera del terreno moral y no vamos a plantear ningún “deber ser”
Fuera del terreno de la moral y del terreno de la metafísica. Hemos superado las ideas falsas de Occidente, como la historia y el progreso; hemos superado las ideas modernas y nos ubicamos, ahora, en un terreno nuevo, que además es un terreno de nadie, donde la filosofía y el filósofo adquieren connotaciones diferentes.

Los filósofos del porvenir se ven abocados a ejercer presión sobre las palabras, a hacer chirriar todas las palabras, a forzar los sentidos de la vieja gramática para obligar al lenguaje, prisionero de la vieja lógica, a que diga lo que nunca ha dicho.
Forzar a los significantes para nuevos significados.

La misión fundamental del filósofo es la de dar órdenes, la de obligar a la humanidad a que siga otra ruta, la de cambiar de sitio los mojones de las cosas.
No basta invitar a seguir caminando en esa dirección, hay que obligar.

Los nuevos filósofos son los que tienen que dar órdenes, legislar y obligar, son los que dicen: “así tiene que ser”, “así debe ser”; son ellos los que determinan el “hacia dónde” y el “para qué” de la humanidad, disponiendo del trabajo previo de todos los “obreros filosóficos”, los sojuzgadores del pasado y, por ellos, todo lo que es y ha sido se convierte en medio, en instrumento, en martillo…

Diferentes el hombre científico y el hombre filosófico, como diferentes son los “obreros filosóficos” y los filósofos.
Los filósofos del porvenir se sirven de los obreros filosóficos, sus servidores, allanando el camino, para sus propias metas y fines que, en resumidas cuentas, no son sino la necesidad de crear valores.

El filósofo estuvo antes de obrero filosófico, como el maestro pasó por la etapa de aprendiz.

Esos obreros filosóficos son los que han podido ser moldeados según el noble patrón de Kant y/o de Hegel o de cualquier otro filósofo pero que. una vez dentro han sido capaces de sobrepasarlos, negándolos.
Ellos fueron testigos y militaron en aquellas creaciones de valor que llegaron a ser dominantes y que, durante algún tiempo, fueron llamadas “verdades” en el reino de lo lógico, o de lo político, o de lo moral, o de lo artístico,…

Los obreros filosóficos, con su trabajo previo, apoyan y colaboran con la misión del auténtico filósofo, haciéndole posible su trabajo pero no siendo filósofo.

El filósofo, en cuanto es un hombre necesario del mañana, y del pasado mañana, del porvenir, se ha encontrado y ha tenido que encontrase siempre en contradicción con su hoy: su enemigo ha sido siempre el ideal del “hoy”.

El filósofo no sólo no es un personaje de su tiempo, sino que está en contradicción con él, siendo siempre un gran crítico de su tiempo presente, un tiempo mediocre que no sabe a dónde ir.

El tiempo del último hombre es también el tiempo de la plebe, el de “ningún pastor y un sólo rebaño”

El filósofo es/tiene que ser “la mala conciencia” de su tiempo.

El nuevo filósofo no es el “amigo de la sabiduría” (imagen beatífica a la que nos tiene/tenía acostumbrado la tradición), no es ese hombre calmado y retirado que elabora teorías o sistemas de pensamiento, la mayoría de las veces “justificadores” de su tiempo, por lo que recibía la recompensa necesaria de sus congéneres, de los estados o de las morales imperantes.

El nuevo filósofo es que coloca el signo de interrogación sobre la tradición y que es, además, un destructor nato de lo que se considera bueno y útil para su época.

Él es el que pone el cuchillo sobre el pecho de las virtudes de su tiempo para viviseccionarlo.

Él es el que desenmascara para avanzar, el que destruye para construir, el que ataca para levantar.

El ataque al tiempo presente tiene como objetivo mostrar el tiempo por venir e ir preparando el camino para hacer surgir, de la piedra que es el hombre, el superhombre.

“Superhombre” que –para Nietzsche –no significa un ser fabuloso y maravilloso, sino el propio hombre en cuanto se sale/ha salido de lo que hasta ahora ha sido, el del platonismo, en una de sus formas o por la mezcla de varias de ellas.
El último hombre es la consecuencia necesaria del nihilismo no dominado.
Ese es el mayor peligro del hombre, el permanecer en el último hombre, en la trivialización del último hombre

NIETZSCHE 10 LOS NUEVOS FILÓSOFOS (5)



Todo ha sido negado para ser afirmado. Ha sido negado todo lo que ha negado la vida para poder afirmar la vida misma.
Negado lo creído y santificado hasta ahora, la verdad, el bien, la moral, la metafísica. Las más grandes verdades de la humanidad han sido consideradas simplemente como errores y como mentiras. Han sido declaradas como ilusiones.

Y tras eso, considerada necesaria su superación, se impone la nueva tarea de los nuevos filósofos en la creación de una nueva filosofía.

La realidad ha sido falseada por la Humanidad, y precisamente por los que se consideraban Grandes Hombres de la Humanidad.
Y como esto ha sido/es imperdonable es por lo que Nietzsche pone el dedo en la llaga de la “sacrosanta cultura occidental” y destruye todo lo que ha sido honrado y venerado durante siglos, con una filosofía del martillo, desvelando el gran error y la gran mentira y que permita la creación y la llegada de una Edad nueva, humana, una edad trágica, una edad de un santo “decir SÍ”

La gran construcción tenía que pasar por una gran destrucción previa.

Liberación de la Gran Mentira, Honestidad en las cosas del espíritu, Sanear a la humanidad después de una enfermedad de siglos, Salvar a la humanidad de los hasta ahora famosos guías y maestros, que no han hecho otra cosa que frenar la evolución humana, imponiendo sus morales y sus propios vicios y perversiones en una pretendida objetividad moral y un imperativo categórico de la misma, codificación universal de los comportamientos morales.

El filósofo, situado “más allá del Bien y del Mal” se encuentra liberado de todas esas “perturbaciones colectivas” y puede empezar a crear.

“No quiero “creyentes”, pienso que soy demasiado maligno para creer en mí mismo, no hablo jamás a las masas…Tengo un miedo espantoso de que algún día se me declare “santo”.

¿La fórmula? La transvaloración de todos los valores, esa debe ser la tarea del “nuevo filósofo” para hacer surgir la “nueva filosofía”.

Nietzsche es un hombre excepcional y habla para hombres excepcionales.

“Yo soy una ley únicamente para los míos, no soy una ley para todos. Mas quien me pertenece tiene que tener huesos fuertes y también pies ligeros”, deben gustarles las guerras y las fiestas, no ser un hombre sombrío, ni un soñador y debe estar dispuesto a lo más difícil”

“Seguid vuestros caminos y dejad que el pueblo y los pueblos sigan el suyo…”

“Que domine el tendero allí donde todo lo que brilla es oro de tenderos. Ya no es tiempo de reyes: lo que hoy se llama a sí mismo pueblo no merece reyes”

Los filósofos han sido siempre buscadores de la verdad y “todos los filósofos han amado hasta ahora “sus verdades”

“La verdad habla en mí. Pero mi verdad es terrible: pues, hasta ahora, a la mentira se la ha venido llamando verdad”
“Yo soy el primero que ha descubierto la verdad, debido a que he sido el primero en sentir, en oler la mentira como mentira”

“Los auténticos filósofos no pueden ser dogmáticos”, aunque la obsesión de los filósofos por la verdad ha generado el dogmatismo de la filosofía”

¿La falsedad de un juicio?
La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida, conserva la vida, conserva la especie, quizá incluso  selecciona la especie.

¿Es, entonces, este criterio de “utilidad” para la vida, para la especie,…el criterio de verdad”?

Suponiendo que nosotros queramos la verdad, ¿por qué no, más bien, la no verdad, “y la incertidumbre” y aún la “ignorancia”?

La superación de la Voluntad de Verdad abre el campo, no sólo hacia la no-verdad y al “peligroso “Quizá”.

¿Y quien quiere preocuparse de tales “peligrosos quizás?
Habrá que aguardar a que haya un nuevo género de filósofos, que tengan gustos e inclinaciones distintos y opuestos a los tenidos hasta ahora, filósofos del “peligroso quizá” en todos los sentidos de esta locución

El peligroso “quizá” está ligado al antidogmatismo y abre el campo, en filosofía, a una nueva teoría del conocimiento, pero entendido éste, en otros términos, en términos de instinto, de pulsión, de posibilidad.

Estamos hablando de una filosofía perspectivística, abierta a infinidad de posibilidades, oculta bajo máscaras.

viernes, 3 de agosto de 2018

NIETZSCHE 10 LOS NUEVOS FILÓSOFOS (4)


Para la construcción de una cultura superior son necesarios hombres superiores, desiguales a los del rebaño, una nueva casta capaz de llevar a cabo esa tarea constructiva.

Selección de una nueva casta que gobierne Europa, insistiendo en la desigualdad para una superioridad.

Los filósofos y los hombres de mando van a la par y son la excepción.

La humanidad, hasta ahora no ha hecho más que obedecer, obedecer reglas, códigos, preceptos, tradiciones morales,…impuestas por los filósofos-sacerdotes judeo-cristianos.

Una vez liberados de dichos códigos morales, que implicaban la obediencia a Dios, los hombres excepcionales (que para serlo tienen que desaprendido lo aprendido) podrán lanzarse hacia el futuro por nuevos camino.

La democracia es una preparación para la esclavitud y, a la vez, criadora de tiranos en todos los sentidos.

El nuevo modelo político propuesto nada tiene que ver con el democrático, ni con el socialista, ni siquiera con el anarquista (si es que éste último puede considerarse un modelo).

Gobierno de los mejores, para los mejores, lo que supone instaurar e incrementar la desigualdad y la jerarquización entre los hombres.

La Gran Política, la Desigualdad, los Mejores, la Jerarquización,…no todos somos iguales.
En la naturaleza lo que prima es la desigualdad.

El “hombre excepcional” frente al “hombre normal”, al “hombre nivelado”, al “hombre rebaño”.

Pero, no lo olvidemos, este hombre excepcional, ha sido/es considerado un peligro, una amenaza para la cultura.

El filósofo no es el hombre científico, ni el docto ideal, escritor de libros, ni el erudito, que conoce las ideas que otros han dicho y lo repite, transmitiéndolo, ni el iluso, ni el eremita solitario, ni el religioso, ebrio de Dios religiosamente elevado, desmundanizado…
Esa es la imagen que la plebe tiene de los filósofos y de la filosofía (conocer, aprender y repetir las ideas por otros pensadas)

El filósofo es el hombre que se arriesga y ama el peligro, el que juega el gran juego de la existencia.

“Nosotros los nuevos, nosotros los sin miedo, los espíritus libres”…”ante la noticia de que el “viejo Dios ha muerto” nos sentimos como iluminados…y se nos aparece el horizonte, otra vez, libre…es lícito a nuestros barcos zarpar de nuevo rumbo hacia cualquier peligro…la mar, nuestra mar, se nos presenta otra vez abierta, tal vez no hubo nunca una “mar tan abierta”.

El filósofo, como tal, sólo es posible después de la muerte de Dios y la filosofía anterior no era filosofía por encontrarse prisionera tanto de los autodenominados filósofos como de los filósofos del pensamiento teológico y de la tradición moral.

Siempre contra los filósofos sacerdotes y su interés en destruir el Platonismo significa desligarse de la tradición filosófica en la que/bajo la cual continúa viendo la antigua teología que dicta órdenes a la filosofía y a la ciencia.

Nosotros, los nuevos filósofos, somos diferentes a los intelectuales porque hemos superado la interpretación moral del mundo, de la vida, del hombre.

La “muerte de Dios” ha sido el gran acontecimiento en la historia de Occidente.

La filosofía de ahora es la búsqueda de todo lo problemático y extraño en el existir, la búsqueda de todo lo proscrito hasta ahora por la moral.

“Sobre cómo concibo yo al filósofo, como una terrible materia explosiva, ante la cual todo se encuentra en peligro. No como los filósofos académicos, como el mismo Kant, por no hablar de los “rumiantes académicos” y otros catedráticos de filosofía.

“Todos los sistemas de pensamiento no son más que la expresión de vivencias profundas de hombres excepcionales y de un instinto profundo, presente siempre en ellos, que encontró su expresión a través de la propia racionalidad”
“La mayor parte del pensar consciente de un filósofo está guiada de modo secreto por sus instintos y es forzada por éstos a discurrir por determinados carriles”

Racionalidad como expresión del instinto, de un instinto dominante en el filósofo.

“Si la filosofía es fundamentalmente expresión de la Voluntad de Poder es la expresión de la esencia de la vida, en la lucha por el poder que establecen los instintos, la racionalidad es suplemente el instinto dominante a través del cual se expresan los filósofos”.

El filósofo es un ser extraordinario que ha podido liberarse de todas las ataduras impuestas por las culturas y las tradiciones, que se ha liberado definitivamente del espíritu de pesadez y establece su reino en un mundo por venir.

“Y aprendí a tenerme en pie, y a caminar, y a correr, y a saltar, y a trepar, y a bailar por encima de todas las cosas. Y ésta es mi doctrina: quien quiera aprender alguna vez a volar tiene que aprender, primero, a mantenerse en pie, y a correr, y a trepar,…”el volar no se coge al vuelo”.

Los filósofos son esos hombres excepcionales, esos espíritus libres, que han cortado el nudo gordiano de la cultura, que han podido liberarse de la cultura socrática (filosófica)-alejandrina (científica) y avanzar hacia la Edad Trágica, hacia el gran mediodía, para hundirse en su ocaso y pasar al otro lado.


jueves, 2 de agosto de 2018

NIETZSCHE 10 LOS NUEVOS FILÓSOFOS (3)


¿Es que el científico no es como el daltónico que no ve en la filosofía nada de utilitario sino una serie de sistemas refutados y un lujo derrochador que a nadie aprovecha?

Si le preguntáramos a Aristóteles por la utilidad de la filosofía nos diría que ninguna porque la “utilidad” es un valor de medio para, “sirve para” y ese es el valor superior.
La filosofía es valiosa en sí y no porque “sirva para”, subordinada a ese objeto del “para”, un valor “absoluto” y “no relativo”, una valor de fin y no de medio.

La pérdida de la filosofía implica la pérdida de una cultura superior y este desplazamiento hacia la ciencia y la técnica (los “nuevos bárbaros” en lenguaje orteguiano) ha hecho perder base a la cultura misma.

Los filósofos (siempre con la excepción de Heráclito) son esos regios y magníficos eremitas del espíritu y, con cuanta razón, ante éstos y por éstos, el hombre de ciencia puede sentirse, en comparación, perteneciente a una especie mejor.

Nietzsche arremete contra los filósofos positivistas, rendidos ante la ciencia y considerados sólo doctos y especialistas.

Ante todo este panorama filosófico, por culpa de ellos, los científicos no sólo se consideran independientes del saber filosófico, sino superiores a él.

La filosofía debe encontrar, de nuevo, su camino.

¿Cómo puede seguirse hablando de “filosofía” cuando ésta sólo suscita “desconfianza”, “fastidio”, “burla”, “compasión”?

La filosofía no sólo ha perdido su papel de guía de las ciencias, también de la existencia humana y debe recuperarlo a riesgo de perecer ella y el sentido de toda una cultura superior.
Con nostalgia de tal pérdida siente nostalgia ante el avance irremediable de la plebe, de la democracia y de la ciencia plebeya.

La pérdida de una cultura aristocrática, de la jerarquía humana y natural que hace que los hombres superiores guíen a la humanidad hacia un futuro mejor.

Esta jerarquía de los hombres y su capacidad de crear valores nuevos, la desigualdad y la implantación de una mayor desigualdad aún, tienen el sentido de crear una “nueva casta que gobierne sobre Europa” y la implantación de un sistema político que nada tengan que ver ni con la democracia ni con el socialismo.

Este planteamiento se nos hace incomprensible porque rompe todos nuestros esquemas de organización del mundo porque la democracia se nos aparece como la única, o la mejor, forma de organización, como una verdad inamovible, como ha sido durante 2.000 años la interpretación del mundo realizada por el judeo-cristianismo.

Ante esta avalancha mundial para imponer y optar por la democracia ¿hacia dónde tendremos que mirar?
A los “nuevos filósofos”, a hombres de mando, de espíritu fuerte, para empujar a la transvaloración, a “invertir valores eternos”, a hombres del futuro que coaccionen a la voluntad de milenios a seguir nuevas vías.

Pero estos nuevos filósofos ¿cómo podemos concebirlos en estos momentos, prisioneros de los viejos esquemas y del orden democrático que se ha instaurado en el planeta entero como único sistema político?

Los “nuevos filósofos” tienen que ser “filósofos éticos”, cuya misión es la creación de una nueva escala de valores.
Porque el hombre es “un animal que valora”, por lo que nuestro problema ha sido el modo de valorar hasta ahora el mundo, una valoración errada porque ha estado centrada en lo transmundano, en un mundo ideal, en otro mundo.
Pero el único mundo real que existe es éste, en el que estamos.
Y el hombre es el único existente real y debe implantar su voluntad en la tierra para darle sentido a su existencia, un sentido humano, libre de toda atadura con otro mundo.

A partir de aquí todos los caminos quedan abiertos, todas las sendas conducen al porvenir, lo que supone grandes riesgos para hacer de la humanidad algo distinto o, mejor, para hacer posible la humanidad porque, en el fondo, la humanidad mi siquiera ha existido hasta ahora.

“Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el más allá –en la nada –se le ha quitado a la vida como tal el centro de gravedad. La gran mentira de la inmortalidad personal…” lo destruye todo.
¿Por qué preocuparse de lo que va a morir, porque es mortal, cuando nos espera la inmortalidad, al vida eterna…?

Vivir de tal modo que ya no tenga sentido esa manera de vivir.

Critica dura y constantemente al hombre moderno, al ideal democrático y socialista, a la degeneración global del hombre, a lo que él llama: “animalización del hombre” o “completo animal de rebaño”

Debe desaparecer, y luchar para que desaparezca, todo ideal de igualdad, como groseramente lo predica el cristianismo.
Parece como si durante casi 2.000 años -pensaría Nietzsche –el hombre europeo se ha convertido en un “aborto sublime”.
“El Cristianismo ha sido, hasta ahora, la especie más funesta de autopresunción”

Hasta ahora, por la moral cristiana y la democracia, no ha habido hombres elevados ni duros, ni fuertes, ni dotados de una mirada larga, no aristocráticos, sino dominados por filósofos-sacerdotes predicando la “igualdad ante Dios”, que todos somos iguales, que huyamos de la soberbia y seamos humildes, dirigiendo el destino de Europa y formando una especie empequeñecida, casi ridícula, un animal de rebaño, un ser dócil, enfermizo, mediocre,… (Pueden seguir poniendo adjetivos).