jueves, 13 de diciembre de 2018

FANÁTICOS SIN FRONTERAS (1)



Quien sabe algo del Corán y de la religión islámica sabe que, contra la inflación de imágenes de Cristos, Santos y Vírgenes que pueblan nuestras iglesias, rotondas y altares callejeros, el Islam, en alguna de sus ramas, prohíbe la representación de imágenes del Profeta por lo que las mezquitas estarán llenas de adornos pero no de imágenes.

Y todos recordamos (yo ya lo he expuesto en otros lugares) las consecuencias de las caricaturas de Mahoma en un periódico danés, que no es que fuera una imagen sino una caricatura de Mahoma, barbudo (no sabemos si lo era en realidad) con un turbante en el cabeza y con una bomba escondida en él.
Al momento saltaron los líderes musulmanes en Dinamarca con protestas y amenazas, pero el gobierno danés antepuso la libertad de expresión de los caricaturistas.
Se sumaron a la protesta líderes musulmanes de otras partes del mundo, pero no fueron escuchadas por el gobierno danés.
Incluso hubo una campaña de boicot a los productos daneses en los países islámicos, con quema de banderas danesas, destrucción de embajadas, numerosos disturbios, incluso muertos.
Las autoridades danesas y de la Unión Europea pidieron excusas y…

(El semanario sería inmediatamente cerrado y su director, despedido)

 ¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN¡

Así se las gastan ciertas ramas de algunas religiones y así se consiguen éxitos.

Posteriormente sería en Francia, con Charlie Hebdo.

La intolerancia frente a la permisividad.
Y yo no sé por qué una blasfemia, de cualquier religión, si va acompañada de buen gusto y arte, tiene que levantar tanto revuelo.

Dijo Jesús a sus discípulos: “dejad que los niños se acerquen a mí” (y la coletilla del chistoso: “porque detrás de los niños vendrán las madres y podremos bailar, cantar,..…con ellas”

¿A algún católico le ha molestado esta gracieta picaresca, lúdica y sin mala intención?

Aunque las caricaturas de Mahoma fuesen de la extrema derecha, como algunos afirman ¿es que no le ampara a la extrema derecha (como si fuera la extrema izquierda) la libertad de expresión?

¿Fueron unos insultos irreverentes y agresivos para que hasta nuestro Presidente Zapatero los criticara?

Hasta teólogos, cardenales y rabinos salieron en defensa de los piadosos y feroces “ofendidos” musulmanes (no sé si como envidia de no tener entre su feligresía tales valientes).

(Todos sabemos que en tiempos de la Santa Inquisición una blasfemia podía acabar con el blasfemo en la hoguera.

Pero eran otros tiempos y, desde entonces, ha llovido mucho.
Hoy no cabe en cabeza alguna tal delirio.

Generalmente las Iglesias, cuando ya no pueden inspirar miedo, suelen pedir respeto.

Yo leí los Versos Satánicos en cuanto salió editado y al autor Salman Ruhsdie se le condena a muerte (fatwa) allá donde esté, por Jomeini, y todavía algunos justificaban la fatwa como respuesta a su arrogancia irresponsable.

Yo leí el libro y jamás pensé que fuera merecedor de la condena a muerte del autor.

Soy de la opinión de que a todas las religiones les falta el sentido del humor y se sienten agraviadas por un chiste o por una caricatura.

¿Y si la caricatura del barbudo Mahoma, con el turbante y la bomba escondida, fuera interpretada como una sátira contra los que, en su nombre, utilizan bárbaramente su doctrina para cometer y justificar atentados de inspiración política?

No sería una crítica contra Mahoma sino contra los asesinos islámicos que cometen los atentados.

P.D.

(Ayer mismo, en Estrasburgo, al grito de “Alá es grande” otro nuevo atentado en un puesto de figuritas para el Portal de Belén, con muertos y muchos heridos incluidos.
No sé por qué Alá no se manifiesta y le ordena a éste y a otros descerebrados que la vida de cualquier persona es algo sagrado)

miércoles, 12 de diciembre de 2018

ÉTICA Y MORAL (J. A. MARINA)


“LA ÉTICA ES EL PROYECTO PARA SALIR DE LA SELVA

El filósofo, pedagogo e investigador, José Antonio Marina, lamenta que la ética se vea como un conjunto de normas cuando, en realidad, son “el conjunto de las mejores soluciones que se le ha ocurrido a la inteligencia humana para resolver unos problemas absolutamente universales”.

José Antonio Marina cree que la ética es la solución a los problemas.

Para José Antonio Marina Torres, catedrático de Filosofía, investigador y pedagogo, la ética es “el proyecto para salir de la selva”. Cuando esta ética fracasa, “a nivel político o a nivel doméstico, lo que hacemos es volver a la selva”.

Distingue dos escenarios: la selva y el exterior de la selva.

“Lo que ocurre allí es que la gacela perseguida por una leona no se puede dar la vuelta y decirle que respete sus derechos”.
Ante la leona su derecho a la vida no existe y, en la selva, va a ser comida.

Pero nosotros, los hombres, no queremos vivir así.

Los seres humanos anticipamos proyectos de cosas que no existen, como el de vivir en un mundo justo, cosa que no hemos conseguido, pero que al menos lo tenemos como proyecto”.

Para ello a solución es la ética, una “manera diferente de organizar las cosas que me asegure el acceso a la felicidad”.

“Queremos ser felices, tanto yo como las personas a las que yo quiero, pero yo solo no puedo hacerlo”.

Para ello –dice- es muy importante “vivir en comunicación con grupos de la ciudad y cumplir sus normas para poder reconocer al que hace trampas, al gorrón, por ejemplo”.

La Ética es la que se encarga de resolver estos problemas y lamenta Marina que se vea a la Ética como un conjunto de normas cuando, en realidad, son “el conjunto de las mejores soluciones que se le ha ocurrido a la inteligencia humana para resolver unos problemas absolutamente universales”.

Todas las sociedades tienen normas para unos problemas comunes, como el de la vestimenta, pero cada una responde de una forma diferente: “Unos se visten con turbante y otros no. El problema es que hay que protegerse del frío y cada uno se cubre a su manera.

La moral es lo mismo.

Cada sociedad ha inventado su moral.

Hay tantas morales como culturas o religiones y ahora vemos cómo algunas no funcionan, chocan o dejan sin resolver problemas muy serios.

“Si queremos un mundo que se aparte definitivamente de la selva necesitamos que se imponga la fuerza de los derechos”.

“La ética”, añade, “es soluciones, la mejor ética es la mejor solución”.
“La ética –añade-  se basa en un método inductivo”, al igual que la medicina: “se trata de la experiencia, prueba/ensayo y error, lo que funciona y lo que no funciona”.

Todas las sociedades han tenido que inventar sus propias soluciones morales.

“Esto significa que yo tengo la propiedad de mi casa y aunque mi vecino sea más fuerte que yo, voy a poder mantenerla porque el resto de la comunidad va a apoyar mi derecho”.

“Estamos inventando un nuevo modo de vivir” y por ello resalta cuatro de los nueve problemas principales a los que se ha hecho frente durante todo este tiempo.

El primero, “el valor de la vida”, que defiende que “todas las vidas humanas tienen el mismo valor”.
“El valor de la vida de los negros tiene el mismo valor que la de los blancos pero hasta que esto ha sido aceptado han pasado siglos”.
La idea de que todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie se viene abajo “en cuanto surgen problemas”, como en el caso del Holocausto, con la matanza de cinco millones de judíos a manos de los nazis, a pesar de que Alemania era “la nación más culta y más avanzada del mundo.
Tuvo un desplome, un colapso ético.
El primer síntoma de este colapso es cuando se dice que la vida de todos no vale igual”.

Derechos individuales por encima de la tribu

El segundo problema consiste en la “relación entre el individuo y la tribu”.
¿Qué está por encima: los derechos del individuo o los derechos de la tribu?, pregunta Marina.

“Al principio la tribu estaba por encima del individuo. Ahora hemos reconocido que los derechos individuales pueden prevalecer incluso frente a la tribu.
La tribu puede exigir ciertas cosas pero no me puede exigir todo.

Antes la religión podía imponer, mediante la inquisición, lo que consideraba que era correcto, por encima del derecho de las personas.

Cuando los alemanes hacen la constitución después de la guerra se dan cuenta de que los derechos individuales deben de estar por encima de todo”

El tercer problema es “el poder y la administración del poder”.
“El poder hay que limitarlo para hacerlo compatible con el poder de decisión de las personas.
Hay que hacerlo de una manera que permita la participación en los asuntos públicos”.

De todas las fórmulas probadas hasta el momento, “la mejor solución es la democracia. Hemos probado la tiranía y la anarquía y no funcionan”.

El cuarto problema es: “Los bienes, su producción, su distribución y su posesión”.
“Al principio el derecho de propiedad era absoluto, yo con lo mío hago lo que quiero.
Ante esto se buscó una solución que fue el comunismo, donde sólo el Estado tiene la propiedad. Una era mala y la otra peor. Estas dos fórmulas generaban desigualdades”.
La fórmula actual es “la mejor, ya que existe el derecho de propiedad individual limitado por la función social de la propiedad. Es por ello que pagamos impuestos”.


RELIGIÓN Y DELINCUENCIA (y 2)




Ni los maridos pueden castigar a sus esposas, aunque lo diga el Corán, ni nadie puede ser ahorcado o arrojado desde las alturas o, simplemente, condenado a muerte por su opción sexual, lo diga la religión que lo diga, y que nada tiene de desviada ni de aberrante dicha opción aunque no sea mayoritaria.

Las creencias y prácticas religiosas están amparadas por la libertad ideológica recogida en las Constituciones de los países democráticos laicos (España incluida) pero siempre que no vayan en contra de las leyes de esos países, que configuran una cultura y una forma de entender la convivencia por encima de cualquier otra consideración religiosa (que, muchas veces, no es religiosa sino sólo eclesiástica).

Los fieles de cualquier confesión religiosa pueden creer lo que quieran pero sólo podrán actuar dentro del cauce de la legislación estatal.
Se es libre para nadar, pero dentro del río, y sin derecho a molestar, chapotear/salpicar o prohibírselo a los demás bañistas.

Por muy piadoso y lleno de sagradas motivaciones que esté un delincuente, delincuente se queda y deberá ser juzgado y debidamente castigado por los tribunales.

Como así le ha ocurrido al “piadoso” imán de Fuengirola.

El problema no son tanto los símbolos (cruces, kippas, velos, y demás) sino los dogmas eclesiásticos que vulneran la legalidad e incitan/pueden incitar a conductas dañinas o a enfrentamientos con los derechos fundamentales por los que nos regimos en nuestras sociedades democráticas occidentales.

Cada uno puede ir adornado como quiera pero sabiendo que no por ello deja de estar sometido a normas comunes cuyo fundamento no es religioso sino laico y que se sostienen con argumentos basados en la razón humana y no en la fe divina.

La tolerancia pluralista es incompatible con las concesiones a la teocracia, sea del culto que sea.

La religión es un derecho de cada cual, pero no un deber para nadie y nunca hará que sea aceptable ninguna transgresión a la legalidad, por muy piadoso y creyente que se sea y se haya comportado.

El delito es un delito. Que debe ser castigado, aunque su religión lo eleve a los altares como mártir de su fe.

Los signos religiosos externos, en sí mismos, son inofensivos y su prohibición en el ámbito escolar (puesta en práctica en Francia) significa reconocer que las creencias son difícilmente domesticables pero que encubren una ferocidad latente contra quienes no la comparten y que, a veces, se hacen patentes con desprecio, aislamiento, agresión psicológica (incluso física) o “bullying” (la palabra de moda) o “acoso escolar” de toda la vida.

O lo que es lo mismo, que eso que no tiene tanta importancia, debe ser tomado en serio, porque es mucha importancia la que tiene.

Es más, una verdadera educación frente a las religiones debería introducir un punto irónico en cualquier fe y cuyo objetivo sería formar creyentes capaces de sonreír al identificarse como tales.

Pero esto, que teóricamente debería ser así, en la práctica puede salir cualquier Asociación de Jueces y Magistrados Francisco de Vitoria que puede sentirse herida en sus sentimientos religiosos y amargarle la vida a quien ironice con creencias y prácticas tradicionales como la Procesión del Coño Insumiso.

¿Cómo puede herirse “el” sentimiento religioso, que es personal, (“tu” sentimiento, “mi” sentimiento,…) si, incluso, entre los propios practicantes de una religión unos se sienten ofendidos mientras otros lo toman a chanza?

lunes, 10 de diciembre de 2018

RELIGIÓN Y DELINCUENCIA (1)


RELIGIÓN Y DELINCUENCIA

¿Debería prohibirse, en todo el mundo, y por el bien de todos, la presencia de ciertos símbolos religiosos, como el velo islámico, la cruz cristiana, la kippa judía, y todos los demás, en los centros públicos de enseñanza para no herir sensibilidades religiosas?

¿O es preferible llenar las aulas con todos los símbolos, incluidos el del Pastafarismo y el de la Iglesia de Satán?

Y quien dice “símbolos”, dice “doctrinas”.

Ya se me cansa la boca y se me entorpecen los dedos de decir que la religión, de cualquier confesión, y como asignatura a estudiar, debería estar fuera de los centros públicos, fuera del horario escolar.

Pero siempre he defendido (y sigo defendiéndolo) la presencia de una Cultura Religiosa como asignatura obligatoria y evaluable por considerarla necesaria para la comprensión de nuestra historia en los diversos temas, desde el arte hasta la literatura, desde la música a las plegarias, desde la poesía a…

En lo demás, las confesiones religiosas tienen sus lugares de reunión, de culto y de catequesis donde pueden, libremente, desarrollar sus funciones de catequesis y de formación religiosa y no seré yo, agnóstico, el que les solicite permiso, día y hora, para exponer mi agnosticismo a sus feligreses creyentes.

Es “su” lugar y debe ser respetado por todos.

¿Podríamos leer y comentar con el alumnado textos del Antiguo Testamento en el que se dan argumentos para castigar la homosexualidad con la pena de muerte?

¿O pasajes del libro “La mujer en el Islam”, del tristemente célebre imán de Fuengirola, de cómo administrar prudentes castigos corporales a la mujer, y que no queden huellas del castigo, para dejarle claro quién manda en la familia?

Y la pregunta inmediata surge: ¿es verdad que el Corán dice eso o es sólo una interpretación torticera del imán, y de otros imanes?
¿En todas las ediciones del Corán así se manifiesta?
¿Y habría que impartir esa enseñanza (suponiendo que fuera correcta) en la escuela pública a los niños, con su aún inmadurez psicológica y en formación?
¿Habría que empezar la iniciación a practicarla?

La Torah, la Biblia, el Corán y demás libros considerados revelados sólo por sus fieles creyentes pueden decir lo que les dé la gana y que en su tiempo tendría razón de ser, pero en el tempo presente y en las sociedades laicas y democráticas del mundo occidental las leyes civiles prohíben todas esas prácticas y deben estar por encima de cualquier consideración religiosa.

domingo, 9 de diciembre de 2018

BUSCAR LA VERDAD (y 2)




Pero para una mente sana es imprescindible que la verdad objetiva, en el campo adecuado, sea algo más que posible, algo real.

La verdad nunca es democrática y, si no, que se lo pregunten a Galileo y la teoría heliocéntrica defendido públicamente por él y, seguramente, a escondido por cuatro gatos más porque el argumento para su condena (no a muerte, como muchos siguen creyendo) era el “consensos omnium” (el consenso universal, que todos ven y afirman que es el sol el que apareciendo por el Este…)

La verdad era que el Emperador iba desnudo y no vestido como decían sus sastres estafadores por afán de lucro, y lo que decían sus cortesanos para seguir sacando provecho, y… Todos están de acuerdo en que va desnudo, casi “consensos omnium” porque sólo un niño fue capaz de ser objetivo porque no tenía intereses que defender ni que buscar, ve desnudo al rey y así lo dice.
El niño sólo se ha puesto de acuerdo con la realidad y con su experiencia, y así lo manifiesta, porque su único interés es conocer en sí, y no conocer a través de intereses extraños al conocimiento.

La moraleja es que, para decir la verdad, hay que ser como niños.
Ya lo dice el refrán: “sólo los niños y los borrachos son sinceros y dicen la verdad”.

Si analizamos al hombre a través de la evolución comprobamos que la prueba de que existe un mundo objetivo, de realidades, es que le iba la vida en ello, en un conocimiento adecuado a través de los sentidos, que nada tenían que ver con dependencias de tradiciones o de culturas a las que el sujeto perteneciera.
Y lo mismo ocurre con los sentidos de los animales, por la misma razón de supervivencia.

Y, en otro lugar, hemos escrito sobre el camuflaje o mimetismo como estrategia para ser predador y no presa o al revés.

Y sabemos que los sentidos los usamos para conocer pero sabemos que tienen unos límites, denominados umbrales, que ni por encima ni por debajo de ellos podemos captar la realidad que ahí se encuentre.

Y ha sido la inteligencia humana la que, consciente de esa deficiencia de los sentidos, ha creado esas prótesis tecnológicas como pueden ser los microscopios o los telescopios y toda esa variada y variopinta tecnología que conoces.

Y todos sabemos del método hipotético deductivo, desde Newton, para descubrir y acumular verdades significativas.

Pero los grandes problemas que acucian al hombre no son, precisamente, los problemas científicos (aunque también) sino los problemas vitales, desde el hambre al terrorismo, desde la pobreza a la explotación sexual, desde el maltrato hasta….y de éstos, poco o nada, pueden decirnos la ciencia.

Debemos razonar sobre el fanatismo y sus consecuencias, pero para ello poco puede aportarnos las ciencias.
La racionalidad científica no nos sirve o, al menos no nos basta.

Las creencias de nuestros antepasados eran técnicamente falsas pero eran moralmente consoladores, mientras la ciencia actual parece que es lo contrario.

El desencantamiento de la ciencia es lo que lleva a que muchos se lancen en brazos de creencias y pseudocreencias  de salvación.
Quizá buscar consuelo sea algo pueril pero no lo es la búsqueda de una orientación hacia una mejor forma de convivencia, o el uso más humano de la libertad, temas poco sumisos a la investigación científica.

En el plano de los valores y de los ideales ¿hay algo parecido a las verdades del plano científico?
El relativismo afirma que no, que no  hay valores objetivos y, si los hubiera, no podríamos acceder a ellos, a diferencia de las verdades científicas, iguales para todos, nada que ver con valores e ideales que dependen de culturas, de tradiciones, de religiones,…

Es decir, las verdades obtenidas por la ciencia provienen de la racionalidad que todos compartimos, mientras que los códigos éticos dependen de nuestra adscripción a un grupo social o a otro.

Y así es imposible llegar, ni siquiera pretenderlo, a un compromiso moral a escala universal, la única válida en un mundo globalizado.

Mientras todo está globalizándose parece que los códigos éticos no pueden serlo, ni siquiera una legislación universal para ciudadanos cosmopolitas.

En el mundo moral no hay una causalidad como la hay en el mundo físico que venga a prestarnos ayuda.
Compartimos los acontecimientos externos, pero no los valores internos.

Lo “racional” es una cosa, lo científico, pero lo moral sólo se queda en el nivel de lo “razonable” porque mientras éste sólo actúa en primera persona, aquel admite la tercera persona.

Es la diferencia entre “qué debemos aceptar como verdadero” y “cómo debemos vivir”.

Aunque lo “razonable” no sea sólo subjetivo y pueda tratarse a nivel intersubjetivo.

Sin verdad no hay auténtica educación y sería un ideal conseguir un consenso axiológico.

martes, 4 de diciembre de 2018

BUSCAR LA VERDAD (1)



¿Quién no ha oído/leído, más de una vez, el verso de Machado: “No tu verdad: la verdad // Y ven conmigo a buscarla // la tuya, guárdatela”.

Yo estudié Filosofía en la Universidad Pontificia de Salamanca, una Universidad en la que todos mis profesores eran curas o frailes y la filosofía que todos impartían era la Filosofía Escolástica de Santo Tomás de Aquino, a veces un poco edulcorada, porque el siglo XX no era el siglo XIII, medieval, pero los razonamientos eran parecidos.

Sólo hubo dos, el Profesor de Psicología que nos hablaba de la Estructura de la Personalidad, de la Tectónica de la Personalidad,… era el Padre Freijo, nada que ver su Psicología con la Psicología escolásticas de las pruebas de la inmortalidad del alma y cosas por el estilo y el Padre Muñoz, un fraile mercedario que nos dio Lógica Matemática y que cuando nos ponía un examen se marchaba a la librería de la calle La Rúa, El Sagrado Corazón, y nos decía que cuando acabáramos el examen lo dejáramos encima de la mesa, por si él no hubiera llegado todavía.

Fue de esta materia de la que me enamoré y también por el dominio y la forma de explicarla.

Es cierto que la Filosofía tiene fama no sólo de aburrida sino de casi ininteligible por el farragoso vocabulario que usa que esconde el mensaje (si es que lo tiene) detrás de las palabras.

Ortega, no obstante, practicaba lo que predicaba: “la claridad es la cortesía del filósofo” y es verdad que es claro en sus palabras y en sus mensajes.
Pero ha sido casi la excepción.
Ha sido muy normal la frase: “debe ser un pensamiento muy profundo porque no me entero de nada de lo que dice o escribe”, como si el manto tapase tanto a la persona que se sospechase que ni persona había tras ese manto.
Yo, también, en ese sentido, durante toda mi vida de educador-enseñante he intentado dar mensajes de manera clara (y, sin vanidad, creo haberlo conseguido).

He intentado no mentir ni mentirme a mí mismo y nunca me ha dado miedo la verdad, sea la que sea y venga de donde venga y no es porque mi tocayo dijese que “La verdad, venga de donde venga, al final viene de Dios” sino porque la “verdad nos hará libres” aunque duela y te cree enemistades.

Los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez no son mentiras ni falsedades sino suaves verdades dulcificadas que alegran la vida infantil y señalan el camino de que el refuerzo posibilita conductas correctas.
Nunca les neguéis a los niños sus caramelos de ilusión que la vida, luego, es demasiado prosaica.

Mentir es o la hipócrita autodefensa o herir al otro, es como hacerse trampa en el solitario y, luego cantar victoria.

Los que mienten lo hacen porque desean algo y saben que, diciendo la verdad, no van a conseguirlo.

Pero la salvación, propia o ajena, nunca puede venir de la mano de la mentira, que es como la calle cortada y, al final, sin salida, aunque te haya servido para caminar un trecho.

Vivir mintiendo, vivir instalado en la mentira, es una metástasis de autodestrucción que antes o después se llevará a cabo.

También todos hemos leído/oído la frase del poema de Ramón Campoamor: “en este mundo traidor // nada es verdad ni mentira // todo es del color // del cristal con que se mira”
La duda es, y la pregunta, ¿el mundo es/tiene que ser traidor?, porque si no lo es no hace falta cristal, y menos de colores, con que mirar la verdad y la mentira, y la verdad será verdad y la mentira será mentira. Pero instalados en la hipocresía es difícil, si no imposible, detectar la verdad o la mentira del que abre la boca.

La verdad siempre fue la adecuación entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hay.
La mentira es el desajuste entre lo que pensamos y lo que decimos, para que, además, sea falsedad, además, hay que tener en cuenta lo que hay, si lo hay o no lo hay, los hechos, la realidad, inamovible en su terca presencia, independiente de nuestros gustos, deseos o caprichos.

Pero, a partir de Nietzsche, se extendió la sentencia de que “no hay hechos sino interpretaciones” y tú no puedes saber si esa muerte, ahí, con un tiro en la nuca ha sido un suicidio, un homicidio o un asesinato, porque ya no nos vale decir que se ha muerto, hay que calificar esa muerte.
Y habrá que recurrir a interpretaciones recurrentes y mayoritarias para que sea aceptada esa interpretación como la más ajustada a los hechos.
O que el médico forense, tras un minucioso y científico reconocimiento sentencie que fue un suicidio y no un homicidio ni un asesinato
Lo que no está muy lejos de lo que afirmaba Kant de que no podemos conocer el “noumenon” sino sólo el “fenómenon” y este es el resultado de una suma en la que un sumando lo pone, desde dentro, el sujeto cognoscente y el otro sumando proviene de fuera del sujeto por lo que la suma total de estos sumandos nunca puede ser igual a ninguno de ellos (me recuerda un poco a la hipotenusa de cualquier triángulo que siempre tiene que ser menor que la suma de sus dos lados opuestos y si no conocemos éstos no podemos conocer aquella.

Ya he dejado escrito de, al menos, cinco tipos de verdad, con sus correspondientes antónimos, siendo la mentira el antónimo de una de ellas.
Y sabemos que las Ciencias Experimentales tienen su tipo de Verdad como las Ciencias Formales, las Ciencias Sociales, la Historia, la Literatura, la Mitología, el juego,… tienen sus respectivas verdades y querer juzgar una verdad en el campo que no le corresponde no es que sea falsedad, es un “sinsentido”, como decir “jaque mate a la suma de tres más dos”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

AUTORIDAD Y CONFUSIÓN)


Hay muchas maneras de meter la pata.
Una de ellas, y quizá la más conocida, sea la de tomar “la parte por el todo” que los filósofos solemos llamarla “falacia de generalización”.
Preguntas, en una manifestación de 100 personas, la opinión de las veintiocho primeras con las que te encuentras y si todas las 28 opinan lo mismo (X es Y) concluyes que la “manifestación ha opinado que X es Y”.
Has “generalizado” (todos) una “particularidad” (algunos) compuesta por “individualidades” (28) por lo que has expresado una Falsedad.

Otra manera de meter la pata es confundir y considerar iguales dos ámbitos distintos, por ejemplo, el ámbito religioso y el ámbito político.

Todos sabemos lo que la Iglesia Oficial (institución religiosa) opina sobre las uniones homosexuales y está en su derecho a dar su opinión, otra cosa es que el parlamento (institución política) tenga que prohibir dichas uniones porque así opina la “institución religiosa”

La Iglesia argüirá que el Parlamento no tiene “autoridad moral” para legislar lo que ella considera “inmoral” y al Parlamento debe importarle un pimiento lo que la Iglesia diga y le niegue.

El Parlamento puede legislar lo que mejor considere para la comunidad.

Que el Parlamento no es una “autoridad moral” se sabe desde siempre.
El Parlamento es una “autoridad política” pero ni el Papa ni los Obispos ni la Conferencia episcopal son “autoridades morales”, sólo son “autoridades religiosas” lo que no es igual.

Las “leyes permisivas” permiten que el que quiera hacerlo lo haga y que, el que no quiera, que no lo haga por los motivos que crea convenientes. Hay libertad de hacerlo.

No así las “leyes obligatorias”  (que obligan a todos) ni las “leyes prohibitivas” (que lo prohíben a todos).

Por lo tanto, ante la unión homosexual que el Parlamento legisla como “permisiva” que es, los creyentes católicos no tienen por qué unirse homosexualmente, estando en onda y obedeciendo a sus pastores, pero lo que no pueden esos creyentes, partidarios del “no”, es obligar a los que “sí” quieran unirse homosexualmente.

Tu derecho a no hacerlo no implica el deber de que el otro tampoco lo haga.

Los que se unan homosexualmente podrán hacerlo legalmente, no es “delito”, y si el creyente cree que es “pecado” allá él y que no “peque”.

Y eso cuando el Papa se manifiesta como Papa, porque si se presenta como Jefe de Estado (que también lo es) está permitida la sonrisa, hasta la risa, incluso.

¿Podemos tomárnoslo en serio?

Porque, si lo pensamos bien, es el único Estado europeo teocrático y que incumple abiertamente los Derechos Humanos Fundamentales, como la discriminación por religión y la discriminación por sexo.

Imaginaos que viene el Papa a Madrid, en loor de multitudes (ya estuvo el anterior en Valencia) y el Presidente del Gobierno no asiste a la misa en la correspondiente explanada repleta de gente, ¿Se lo echaría en cara, se lo reprocharía, el Papa al Presidente del Gobierno, si no va, ya que no tiene obligación de ir?
Porque el Presidente del Gobierno sí que podría echarle en cara y reprocharle sus prácticas antidemocráticas en el Estado del que es Jefe y el incumplimiento de los Derechos Humanos en su Estado en su forma de gobernar.

Es como si porque el Estado Español, al tener relaciones diplomáticas con otro estado cualquiera, tuviera obligación de tener la las mismas leyes educativas, sanitarias o sindicales que él.

Y, como remate, presumir la Iglesia de detentar “autoridad moral” con tanto pederastas sueltos entre sus pastores…

domingo, 2 de diciembre de 2018

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (20)



Un Dios arbitrario, pero Omnipotente, que puede hacer y hace lo que da la gana, sin someterse a lógica alguna.
Ese Dios para el que no existe lo imposible y que se burla de nuestro “no hay más remedio que…”

Para Él dos más dos no tienen por qué ser cuatro ni que el triángulo tenga que tener tres ángulos…o mejor, si son cuatro y tiene tres ángulos es porque Él así lo ha querido, pero que si hubiera querido otra cosa o la contraria así habría siso y así puede y podrá ser.

Sólo Él puede hacer que el final de nuestra vida, desgraciada y temporal, empalme con el inicio de otra vida eterna y feliz.

Sólo ese Dios, capaz, es el que nos interesa, porque sólo Él puede salvarnos de la fatalidad de morir.

Un Dios personal que salva a quien quiere (y no está obligado a salvar a nadie porque para Él no existen obligaciones) y para quien todo es posible.
¿O debemos abandonar definitivamente toda esperanza de ser rescatados de nuestra perdición?

Estas ideas son las ideas que el pensador ruso, Chestov, expone en su obra, de título clarividente, “Atenas y Jerusalén”

Atenas, o sea, la Razón, la Lógica, la Ética, la Ciencia, las Verdades Universales y Necesarias, el Reino de la Necesidad,…para todos sin excepción “versus” Jerusalén y la revelación bíblica.

Algo parecido a lo que Hume había ya manifestado y que afirmaba que la conveniencia del anhelo humano terminaría por vencer a la lógica científica: “Oponerse al torrente de la religión escolástica con máximas tan débiles como “es imposible que una cosa sea y no sea…” o “el todo es mayor que la parte” o “dos más tres suman cinco”…en como querer estancar el océano con un junco. ¿Cómo se pueden oponer razones profanas al misterio sagrado?...y los mismos fuegos que fueron encendidos para los herejes servirán también para la destrucción de los filósofos”.

Sin embargo, a partir de la Ilustración el pedestal de los dioses fue asaltado por la Razón, que se convirtió en Diosa, la “diosa Razón” y mientras los científicos y los filósofos ampliaban su campo la religión iba perdiendo terreno en una especie de vasos comunicantes al tiempo que las hogueras inquisitoriales religiosas fueron apagándose aunque (y no hay que obviarlo) ardieron otras no menos voraces con combustible político.

La divinidad oficial, en los países desarrollados, se hizo razonable, aunque con una razón “tutelada por la fe” y luchando siempre contra la visión laica de la sociedad.

Vincular el Dios cristiano con la Razón griega como en el 2.006 hizo el Papa Benedicto XVI (como si no hubiera existido un Lutero o un Kierkegaard) frente a la arbitrariedad de Alá, situado, según él, por encima de la razón, de la lógica y hasta de la moral decente de cada día.

Hoy, quien se opone a esa religión escolástica, antifilosófica e inquisitorial es el islamismo, que substituye la hoguera por las armas para luchar contra los infieles, que son todos los que no están con ellos.

Hoy la fe es más una cuestión de convivencia (“vamos a llevarnos bien”, “hay sitio para todos”…) que de lucha, exceptuados los extremistas que pueden surgir en todas las religiones y que, si por ellos fuera, arrojarían del espacio a todos los demás para tomar posesión de él como propiedad privada ya que, ahora, “la única religión verdadera” es la suya. Y sólo la verdad tiene derecho a ser manifestada e impuesta.

El dilema pues, hoy, está entre lo que puede convencernos (que para mí, y para muchos, es la ciencia, la lógica, la ética,…) y aquello que, contra toda verosimilitud, podría salvarnos.

¿Es conveniente la verdad o debe ser verdad lo conveniente?

Quien elige, quien decide, quien ejerce su voluntad, obra siempre desde “la fe en lo posible” (no digo lo “probable” y menos lo “seguro”).

viernes, 30 de noviembre de 2018

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (19)



Ante la nula consolación que puede proporcionar la filosofía, la oferta que ofrece la fe religiosa es tan potente, por contraria que sea a la razón, que uno se lanza a por ella.
¿Qué puede perder, si no, y qué puede ganar, si sí? y ¿ante la realidad de ninguna pérdida  y la posibilidad de toda la ganancia…? (Pascal)

El ser humano habita este mundo como un prisionero de la necesidad y lo irremediable, sometido a la injusticia, al aplastamiento de los más débiles y, finalmente, a la fatalidad de la muerte.
Su destino, para la mayor parte de la humanidad es nacer, vivir sufriendo o sufrir malviviendo y, finalmente, desaparecer para siempre.
Lees, ves, oyes las noticias a diario de las muertes, de los asesinatos, de las torturas, del hambre, del fanatismo religioso, de las dictaduras mortíferas por el hecho de ser sospechoso de no comulgar con el tirano,… ¿Y qué ves? ¿A qué conclusión llegas?

Sentirse esclavizado, tú mismo, yo mismo, que somos esclavos del capital, del consumismo, de los medios de comunicación que nos manejan como a peleles,… y desearíamos y anhelaríamos “ser libres de” para poder “ser libres para” pero como la mosca no puede soltarse de la tramposa tela de arañas, así somos nosotros, que nos creemos libres sin serlo, sin poder serlo.

Pero todo esclavo se siente merecedor de la libertad y, puesto que se siente esclavo en este mundo temporal, si le prometen la libertad eterna tras esta perra vida que lleva y de la que no ve salida, se lanza a las promesas del más allá que los vendedores de humo le ponen en su mente a través de sus discursos en los púlpitos, en los micrófonos, en los platós televisivos,…

¿Qué puedo perder si ya lo he perdido todo y yo mismo estoy perdido?

Y se lanza a lo divino, aunque nada sepa de los dioses o, precisamente, porque nada se sepa ni pueda saberse de ellos, pero consuela verse con la imaginación en ese cielo libre y feliz.

¿Qué puedo perder, allá arriba, si no existe, si ya lo tengo todo perdido aquí abajo donde estoy?

No lo sé, nadie lo sabe, no puede saberse, por eso lo creo (y me recuerda a Tertuliano, allá en el siglo II D.c.: “creddo quia absurdum est”

La única manera de derrotar a la necesidad en este mundo es creer y apostar por la libertad en el otro mundo.

No podremos borrar que no haya sido lo que ya ha sido, en este mundo, pero sí podremos escribir, en el otro mundo, lo que con la imaginación anhelamos.

¿Es posible esa liberación transmundana? Nadie ni nada puede verificarlo pero, con la falacia de que ni nada ni nadie puede falsarlo, lo creo porque me hace feliz y me consuela la simple creencia (inconsciente de que es el que afirma el que debe demostrar la verdad, porque sobre él recae la carga de la prueba, y no del que niega, que nada tiene que demostrar

Yo no tengo que demostrar que no existen los marcianos, eres tú, si afirmas que existen, quien debe demostrarlo.

¿Cómo podremos ser rescatados de la muerte que la necesidad natural nos garantiza, aunque no sepamos ni su cuándo ni su dónde? Creyendo en lo que la lógica y la razón, en esta vida nos lo muestran imposible.

Me gusta la idea de que lo ilógico, lo irracional, lo imposible, en esta vida no sólo sea posible en la otra, sino que creo que es verdad, que existe y que allí viviré eternamente.

De nuevo la apuesta de Pascal: ¿qué puedo perder si no…?

Porque lo que es imposible para los hombres no lo es para Dios, lo inevitable es evitable, lo absurdo es racional,… En esto consiste la lucha de la fe, la loca lucha por la posibilidad de lo imposible.

Sólo la posibilidad allana el camino de la salvación, sólo es el alimento de la fe.
No se cree sino cuando no se descubre otra posibilidad aquí abajo.
Dios es ajeno y está por encima de la lógica humana.
Para Dios nada es imposible.
Dios significa eso, que todo es posible, este es el significado de Dios ¿acaso no interesa, no es rentable, creer y creerlo?

¿Qué puede importarme a mí las verdades universales y necesarias de la Ciencia, de la Lógica, de la Ética si yo soy este ser individual y concreto insignificante para los demás y, por si fuera poco, contingente, que existo, pero que podría no haber existido y con la garantía de que ya nacemos con la fecha de caducidad impresa en el momento mismo de salir de la fábrica, del claustro materno?

Ese Dios en el que creer es el que se salta hasta la Ética más elemental y es capaz de ordenarle a su fiel creyente Abraham que le sacrifique a su único hijo, Isaac, (y que debido a su vejez ya no será padre de nuevo) tras haberle prometido que será padre de toda una descendencia mayor que las estrellas que hay en el cielo; o que parezca que disfruta sádicamente amargándole la vida al paciente y creyente Job, despojándole de todo, de familia y de bienes y, todo sin pretexto lógico alguno.

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (18)



Comparar, pues, inteligencia, la voluntad, el amor, el poder,… los atributos divinos con los humanos “no sólo no puede ser, sino que, además, es imposible” como dice el adagio.

El bacilo de la tuberculosis o el fuego devastador, en sí mismos, no son ni buenos ni malos, simplemente son, existen y si los denominamos y los calificamos como “malos” es porque nos perjudican, nada más que por eso.

Sacando las consecuencias de ese “Deus, sive substantia, sive natura” y nosotros somos “substantia y natura”, para todo hombre cualquier hombre, cualquier otro, es algo sagrado.
La consecuencia de ese aserto spinoziano es vivir según nuestra naturaleza, según lo que somos, vivir racionalmente, sin odio, sin envidia, sin…
Si somos “natura”, si somos “substantia”, también somos “Deus”.

“Panteísmo” = “todo es divino”, “todo es Dios”.

Pero ese Dios como “concepto” y no como “persona” en poco o en nada puede servir de consolación al pobre hombre mortal y doliente.

Se preguntan los ateos si Dios no será esa prótesis ficticia de nuestra contingencia, la añorada compensación de las deficiencias humanas y/o de la humana frustración.

¿Dónde está, entonces, el Dios como “persona”? ¿Dónde los rasgos humanos/humanizadotes de ese Dios? ¿Y cómo atacar, racionalmente, a esa divinidad impersonal?

Queda desdibujada la imagen de ese Dios impersonal con atributos tan contradictorios como Omnipotencia + Bondad +Voluntad + Creador del mundo y, sin embargo un mundo no sólo imperfecto sino lleno de dolorosas catástrofes siendo la principal la libertad humana que, debido a la imperfección del hombre, tendrá que hacerse cargo y responsabilizarse de los males de la humanidad que, pudiendo, realmente, ir bien, funcionar bien, va a hacerlo mal.

Y si a ese Dios, tan contradictorio, queda conectado el místico, en ese arrebato vivencial cabe todo, pero nada queda concretado.

Si le preguntamos a un creyente de Dios, sobre Dios, y por qué cree en Él estando el mundo como está nos responderá, amigablemente: “hombre yo creo que hay Algo….”.
Y yo, agnóstico, incluso un ateo, responderá que él (y yo) también creemos que hay Algo y que, en eso, estamos todos de acuerdo, incluidos los no creyentes.
La pregunta, y el problema, es si hay Alguien.

En ese panteísmo de Spinoza aquí estamos los humanos, con las montañas y los ríos, los tomates y las manzanas, las amebas y los perros, que también son “natura”, “substancias” y, por lo tanto, “Deus”.

¿Cuáles son los méritos, cual es el valor de ese “Deus” disuelto en lo creado, para el mortal doliente que busca consuelo religioso?

A lo largo y ancho de toda la historia de la humanidad ha habido, siempre, pensamiento religioso por razones cognitivas (sobre todo) en contextos prácticos.
Fenómenos como el nacimiento o la muerte, la sequía o la riada, el calor y el frío cambiante a lo largo del año, la cosecha, la enfermedad, el dolor, el sol diurno y la  luna nocturna, las estrellas (y no digamos los eclipses)… han despertado preguntas que piden, que exigen, respuestas, y ante la imposibilidad de darlas ateniéndose a los sentidos, que constatan, y la razón, que los explica, dan el salto a la creencia y dar respuestas sobrenaturales a fenómenos naturales inexplicables.

Es como creer en la magia de ese coche que corre a gran velocidad por la carretera y, todo, porque desconocemos que tenga un motor y cómo funciona.

Me contaba mi abuela que el día que iba a pasar un coche por la carretera Salamanca-Valladolid, a unos 5 kilómetros de mi pueblo, casi toda la gente se desplazó a la carretera y su admiración era que nada ni nadie lo empujaba ni nada ni nadie tiraba de él, que corría solo y eso era un milagro.
Es muy normal llamar milagro a lo desconocido.

La razón, la ciencia, puede explicarnos el funcionamiento del coche o el porqué de la enfermedad, pero poco consuelo produce en el creyente si la curación no llega.

La ciencia podrá explicar, la filosofía comprender, pero no proporcionar falsas esperanzas de un rescate personal, ininteligible, pero que anhelamos por el miedo irracional ante la inexplicable muerte.
La Filosofía nada de consuelo o remedio salvador puede proporcionar, como la fe religiosa ante el trance de la muerte, porque del más allá nada puede decir la razón, tampoco la fe, pero ésta causa la creencia en el más allá y qué méritos son los necesarios para sacarse el billete que abra las puertas del cielo cuyas llaves las tiene San Pedro.

El sabio puede comprender que, al final todo está perdido y acepta la perdición, pero no el creyente, que quiere algo más, que quiere escapar a esa perdición.

¿Qué le importa al creyente las contradicciones de ese Dios si lo que él desea es no perderse, definitivamente, tragado por el océano de la nada?

jueves, 29 de noviembre de 2018

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (17)



Y, ampliando/amplificando esta doctrina de Feuerbach, vendrán los “filósofos de la sospecha” (Marx, Nietzsche y Freud) que denunciarán la estrategia de las religiones y las consecuencias de todo tipo (políticas, psicoanalíticas, económicas, morales, hasta ontológicass).

El drogadicto sólo busca su dosis para no sufrir y, por sí mismo, es muy difícil que quiera salir de su situación de drogodependencia.
Y si “la religión es el opio del pueblo” según la frontisficia sentencia de Marx…
La sentencia marxista significa que la religión es usada por las clases dominantes (que serían los camellos) como instrumento para controlar al pueblo, aliviando y dándole sentido a sus padecimientos mediante la idea de un mundo de dicha ilusoria y la promesa de una vida eterna.

Ante la contradicción existente entre las perfecciones o atributos que se le atribuye a Dios y la triste y pésima realidad que soportamos en esta vida mundana y terrestre vamos a tener que cambiar de perspectiva y admitir que ese Dios no es, al menos del todo, ni Bueno, ni Omnipotente, ni Padre, ni algo familiar y cercano a nosotros.

Lo de cambiar de perspectiva me viene a la mente ese “meme” que corre por las redes sociales, de dos personas, una frente a la otra, discutiendo si el número que aparece escrito en el suelo es el 69 o el 96.

O la más famosa leyenda urbana puesta en boca del torero Rafael Gómez Ortega, ‘El Gallo’, que nació en Madrid el 18 de julio de 1882, aunque estaba afincado en Sevilla y siempre se nos muestra como “torero andaluz”.
Terminaba, una tarde, de torear en La Coruña y sus admiradores, tras una faena triunfal, querían que se quedase para departir tertulia con ellos alegando que Sevilla estaba muy lejos y que tardaría en volver por La Coruña, para torear otra vez, ante lo que el torero sentenció: “Sevilla no está lejos, Sevilla está donde tiene que estar, lo que está lejos es esto”.

Otra perspectiva, otro punto de vista de lo mismo.

Los teólogos se parecen al Gallo: “Dios es como debe ser y obra de acuerdo con lo que es debido; somos nosotros, los humanos, quienes nos empeñamos en calificarLo y medirlo con el baremo de nuestros minúsculos criterios.

Es decir, olvidémonos de aquellas tres vías tomistas sobre la esencia divina: la positiva, la negativa y la de eminencia y quedémonos con esta nueva vía: la “apofática”, que afirma que Dios es inabarcable, insondable, inefable, imprevisible,… es decir que nunca tenemos, ni podremos tener repajolera idea de cómo es Él, porque sus designios son y serán, siempre,  incomprensibles para nosotros.

Es decir, olvidémonos de querer saber, con nuestra limitada mente, de cómo es Dios porque “Él no nos puede caber en la cabeza”

Cuando digamos algo positivo de Dios debemos decir, a continuación, que no es eso, ni eso, ni eso…

Algo así como San Pablo, ante sus oyentes, les describía lo que era o cómo era el cielo, la recompensa divina que les esperaba tras la muerte, en Corintios 2:9: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,… Ni han subido en corazón de hombre.  Son las que Dios ha preparado para los que le aman”

Es decir el discurso sobre Dios queda blindado, nada verosímil podemos decir de Él, porque nada puede ser dicho; todo es y queda en el misterio que, o te lo crees o no te lo crees.

O sea, que tan ridículos son los creyentes que dicen creer lo increíble como los ateos que sólo deberían callar o, a lo más, reírse al escuchar a los teólogos.

Y es que, de Dios, seguimos hablando de modo antropológico, y no podemos hablar de otro modo, porque esa es nuestra perspectiva, nuestro punto de vista que, además, no puede ser otro que el humano pero, desde este necesario punto de vista, nada verosímil podemos decir de Él, porque al antropologizarlo estamos deformándolo: eso no es Dios, no puede ser Dios,…

“Ni a su imagen ni a su semejanza”, nada verosímil, con nuestra limitada capacidad intelectiva, podemos decir de Él, “no nos cabe/no nos puede caber en la cabeza” porque somos “radicalmente distintos”, porque el niño nunca podrá meter el mar, con su cubito de agua, en ese hoyo que ha cavado en la arena, aunque el niño se lo crea y sus padres disfruten de su intento.

¿Qué nos queda, entonces? la FE: “Por siempre sin nombre // por siempre desconocido // por siempre inconcebido // por siempre irrepresentado // mas, por siempre, sentido en el alma” (D. H. Lawrence, novelista y poeta, inglés)

Si se etiqueta lo incognoscible como “misterio” queda garantizada su invulnerabilidad y admitida su verdad apoyada en la creencia, no verificable, pero tampoco falsable y como para un creyente si un ateo o un agnóstico no pueden demostrar la falsedad, entonces queda confirmada su veracidad o, mejor, su verdad, inconscientes, voluntarios o no, de que la carga de la prueba siempre recae en el que afirma la verdad y no en quien la niega.

¿Dónde queda, entonces, ante esa inescrutable verdad, la divinidad como “persona”, como sujeto que ama, se compadece,… sus rasgos antropológicos?
¿Cómo puede sostenerse que es una “persona” (como nosotros), con “sentimientos humanos” (como nosotros) si afirmamos el misterio y, por lo tanto, inatacable e incomprensible?

Las contradicciones entre ese Dios, omni-todo y creador y las imperfecciones de lo creado son tan contundentes que sólo cabe fundirse con Él en un abrazo místico en cuyo arrebato todo cabe y nada queda claro.

Si preguntas a un creyente por qué cree en un Dios, a imagen y semejanza nuestra (porque si nosotros hemos sido creados a “su imagen y semejanza” algo de semejante tendremos) siempre nos saldrá con eso de: “Hombre, yo creo que hay Algo que…”.
Pero ¿ese “Algo” es un “Alguien”? (that is the question), porque todos (y yo el primero) creemos que Algo hay por ahí arriba.

¿Y si “Dios” fuera sólo un “concepto” y no una “persona”, como lo era el Demiurgo platónico, o el Motor Inmóvil de Aristóteles, o el Uno de Plotino,…?
¿Y qué decir de Spinoza y su “Deus, sive substantia, sive natura”?

miércoles, 28 de noviembre de 2018

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (16)



Yo, que soy un empedernido visitador de iglesias, en plan Alberti, admirando el arte, a veces me encuentro con 15 ó 20 viejecitas (no varones) repitiendo monótonamente avemaría tras avemaría y me pregunto, ante la ausencia absoluta de personas maduras, jóvenes y niños, qué será de esa iglesia más allá de un museo de arte de aquí a unos años.

Los guías locales serán los sustitutos de los curas, y sus explicaciones artísticas resonarán en vez de los cánticos religiosos, las oraciones o las misas de los párrocos.

Lo que narra el hispanista y evangelista inglés George Borrow tratando de vender biblias protestantes en España (tal como cuenta en “La Biblia en España”, traducción de Manuel Azaña” es, exactamente lo que mi abuela, analfabeta, que ya ni iba a misa los domingos pero que cuando repicaban las campanas citando a los creyentes a ir a misa era el momento en que los protestantes iban, nada menos que en mi pueblecito, queriendo convencer a mis paisanos y todavía resuena en mí la respuesta de mi abuela María: “así que no creo en mi religión, que es la verdadera, y voy a creer en la suya, que es falsa”

Ante la religión están los ateos, los fervientes creyentes ante lo incomprensible, tipo Lutero y la de los  católicos mayoritarios que, sencillamente, creen y cumplen los ritos y liturgias correspondientes.

Los ATEOS.

El ateo Fenófanes de Colofón decía que era curioso cómo los dioses de cada pueblo se parecen sospechosamente a los humanos que los veneran y, hasta tal punto que, si los bueyes o los leones tuvieran divinidades podríamos asegurar que las primeras divinidades tendrían cuernos y las segundas melenas y garras.

Para Lucrecio ha sido el temor a lo desconocido, a lo azaroso, a la muerte,… lo que produjo la lista de los dioses.
Para él los dioses sólo son referencias culturales pero nada de causas operantes en el mundo, como lo expresa en su “De rerum natura”.

David Hume, que nunca hizo profesión de ateísmo, es el más agudo crítico de las creencias religiosas pero muy respetuoso con los creyentes no siendo que saliera perjudicado, en su “Historia Natural de la Religión” inicia una antropología religiosa proponiendo causas sociales y psicológicas plausibles tanto para el paganismo como para los monoteísmos y, sobre todo, en sus “Diálogos sobre la Religión Natural”, que no se atrevió a publicar en vida no siendo que…
Echa por tierra las vías tomistas como no probatorias de la existencia de Dios como creador de un mundo contingente y, también, se opone al deísmo de Voltaire.
No hay razones –dice- para creer que el universo es un reloj que precisa un relojero, ni para fabricarlo ni para ponerlo en hora.

Es verdad que si uno se encuentra un reloj puede dictaminar que tiene que haber habido un relojero (que será mujer o varón, suizo, japonés o vaya Ud. a saber, que estará casado o soltero, viejo o joven, jubilado o todavía trabajando, que tendrá hijos o no, que le gustará u odiará la filosofía, que le encanta la lectura o la odia,…) pero, si hay un reloj tiene que haber habido un relojero.

Pero la pregunta es por qué el universo es/tiene que ser como un reloj.

En mi terraza el jazmín, la dama de noche, los rosales,…todos los años, por la misma época, florecen ¿necesitan que alguien los haga florecer o florecen por sí mismos? ¿Es necesario el jardinero o es la naturaleza misma la que actúa con regularidad?

El error común que cometen los crédulos creyentes es no distinguir la doble realidad: “la realidad artificial” de un reloj o de una casa o del asfaltado de la calle, que han necesitado un “artífice” para ser/existir y la “realidad natural”, la de esa montaña, la de ese terremoto, la de ese río, que no necesitan “artífice” alguno porque no son realidades artificiales, sino naturales.

Es verdad que hay muchos creyentes crédulos que se creen a pies juntillas la existencia de todas esas realidades del mundo religioso y uno puede o debe preguntarse el porqué de esa creencia.
¿Cuáles son las razones ocultas que llevan a mucha gente a creerlo?

Feuerbach da una respuesta: esas causas ocultas son los insatisfechos deseos humanos que desearía satisfacerlos y como aquí abajo, en esta vida, no se satisfacen dan el salto a creer que hay otra vida, tras la muerte en la que van a quedar sobrepasadamente satisfechos.
El hombre proyecta hacia un ser supramundano todo lo que sueña para sí mismo, que le apetece y que no alcanza: la inmortalidad, el poder, la abundancia, la sabiduría, la felicidad,…

Ese más allá, regido por la Divinidad se convierte en la compensación trascendental de todas las limitaciones que padecemos en este mundo, pero también brinda un consuelo a los que sufren, a la vez que una coartada para renunciar a intentar la mejora de su situación terrenal.

Si son bienaventurados los pobres, los que tienen hambre, los injustamente perseguidos, los pacíficos,…y yo soy todo eso, y mucho más, ¿por qué voy a intentar no ser bienaventurado?

La promesa del cielo, en el que un Dios infinito cumplirá todos nuestros anhelos finitos se convierte en un mecanismo que nos persuade para la resignación en esta vida, requisito para el disfrute eterno en la otra.

Yo, terrenal, temporal, limitado, finito,…en esta vida de carencias versus un megahombre omni-todo en esa realidad virtual en la que va supersatisfacerme totalmente, por lo tanto renunciemos a lo poco que somos y tenemos por la creencia en lo mucho que tendremos y seremos.

Esta función compensatoria de las religiones es lo que hace saltar al ateísmo para pasar, de ser una simple negación de las creencias religiosas a una denuncia de las mismas para la vida de los individuos y de las sociedades.

lunes, 26 de noviembre de 2018

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (15)




Somos seres doblemente “enclaustrados”

El paciente Job le protesta a Dios porque está castigándolo, a él, a los suyos y a sus bienes, sin haber contraído demérito alguno, ya que siempre ha sido fiel cumplidor de los preceptos divinos, pero resulta (y él no lo sabe) que es una prueba a la que Dios está sometiéndolo para ver si la supera, como un padre puede hacer con su hijo, exigirle un sacrificio para comprobar si es un hijo fiel.

Dios y los hombres podemos poner a prueba a los otros, la naturaleza no, ella actúa de manera necesaria.

Nunca podrá haber una reciprocidad en las relaciones del hombre con su Dios o dioses, no es un acuerdo entre iguales, los hombres no pueden exigirle a Dios, sólo pueden hacerse merecedores pero Dios no está obligado a responder como el hombre cree que merece.
Sí hay reciprocidad entre los hombres, y si uno tiene “derecho a”…el otro tiene el “deber de…”
Se necesitan y se apoyan mutuamente para beneficio de ambos (“hoy por ti, mañana por mí”), ¿pero en qué sentido Dios puede necesitar el apoyo de los hombres, si Él es omni-todo?

Una divinidad, absolutamente imprevisible y maligna, es un monstruo teológico, que no “sabemos” por dónde nos va a salir, y es peor que la acción de la naturaleza, porque ésta, al menos, es  calculable y puede ser controlada por métodos racionales (pantanos o pararrayos)

Cuando a un Dios le prometemos no sé qué estamos intentando sobornarle.

Cuando el creyente admite los mandamientos divinos, sociales y morales, está convencido de que, si los cumple, Dios viene obligado, por ser justo, a entregar la recompensa.
Dios no es que sea Bueno, Justo y Poderoso, elevado a la enésima potencia. Lo es y no puede dejar de serlo, no puede cambiar.
(Aunque San Agustín, todavía, afirme que “el cielo puede ser “asaltado”, como quien conquista una ciudad fortificada)

Y volvemos a la pregunta que nos hacíamos en las primeras reflexiones: ¿Cómo pueden ser compatibles Dios, con su poder y sus atributos con la existencia y persistencia del mal en el mundo?
Si Pudo y no Quiso…Si Quiso y no Pudo…Si ni Pudo ni Quiso…Luego Pudo y Quiso, lo que se nos aparece contradictorio.
¿Es que Él no es responsable?

Un incendio, una riada, un terremoto, un infarto, un accidente, la vejez, un recién nacido deformado,…nada tienen que ver con Dios, todos son fenómenos naturales, pero ¿y la esclavitud, la tortura, la crueldad de los tiranos, los tormentos de la Inquisición, los campos de concentración, el campo minado que siega vidas,…?
Si a nosotros nos repugnan y nos indignan, ¿a Dios no?
¿Hay que conformarse con que ya lo pagarán los malvados en la otra vida?
¿Es eso suficiente, el “después”, mientras en el “aquí” y en el “ahora” el horror campa a sus anchas?
¿Hay que “respetar” la libertad de los malvados para que Dios no intervenga?
¿No debería Dios “impedirlos” en vez de “penalizarlos” a futuro incognoscible?

El hecho de que Dios hable, no directamente y en persona, sino a través de intermediarios, sabiendo (como sabemos) cómo han sido tales intermediarios a lo largo de la historia y cómo son en la actualidad (con pederastia incluida e intereses económicos declarados, inmatriculaciones también incluidas en los últimos años)… lo dejan, a Dios, en mal lugar.

¿Por qué, en aquel tiempo, hubo hasta milagros en una boda convirtiendo el agua en vino para seguir la juerga y en éste no puede intervenir impidiendo Hitlers y campos de concentración, y Stalines y purgas varias y no digamos, actualmente, los dictadores diseminados por el mundo, enriqueciéndose al tiempo que sus súbditos mueren de hambre o en una patera a las puertas de nuestra Andalucía?

¿No lo PUEDE, Dios?
¿No lo QUIERE?

¿O es que los malvados son apóstoles del Maligno y de los cuales podemos/debemos aprender la función que representan en este mundo, que no olvidemos en qué consiste el Mal y acabar con ellos nos haría perder referencias de en qué consiste?
¿Por eso siguen presentes?

Como siempre, y por la tangente: “los misterios inescrutables de la voluntad de Dios” a lo que Spinoza denominaba “ese asilo de toda ignorancia”
Porque no hay mejor escape que denominar “misterio” a la “ignorancia”.

Dios como comodín.

Hay una atentado: los que se salvan dirán: “Gracias, Dios mío”, los que mueren nada dicen pero los familiares pueden decir: “estaría de Dios”, como justificándoLo.
Todo ocurre cuando, como, donde y porque Dios lo quiere –dirá San Agustín.

Quizá fue Lutero quien mejor entendió este misterio insondable y puesto que no es explicable ni comprensible, hay que CREER en Él, “sólo la FE salva”, asumiendo las protestas contra la divinidad, por la manifiesta contradicción.

¿Por qué nos hizo libres para luego condenarnos eternamente, puesto que todos, de pensamiento, de palabra, de obra o de omisión hemos pecado y seguimos haciéndolo?

Hay que justificar a la divinidad, con sus contradicciones y paradojas, y creer, no bastando los ritos y las liturgias (ir a misa los domingos, confesar y comulgar,…)

Los responsos cantados costaban más, eran más caros, que los simplemente recitados, igual que las misas cantadas eran más caras, aunque fueran en latín y casi nadie entendiera nada.
Los ritos del bautismo con el agua para borrar el pecado original (¿pecado por haber nacido? “¿Qué delito cometí contra vosotros, naciendo?” (podríamos todos preguntárselo a Dios), rito de la comunión, con la presencia “real” (no simbólica) de Cristo en la hostia, de la confesión “de boca” para que se te perdonen los pecados, el “hasta que las muerte os separe” y “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” de esa pareja que lo único que quiere es decir públicamente a la sociedad que van a comenzar (¿) una vida en común; la unción con los santos óleos (un poco de aceite bendecida o bendita) de la extremaunción perdonando los pecados de los sentidos,…¿Cuál es su efecto “real”, más allá del psicológico y de cumplir con la tradición?

Los 15 misterios del Rosario, cada uno con un Gloria y Diez avemarías ¿qué diferencia hay con el “om, om, om, om,… el símbolo del hinduismo, la sílaba sagrada?
Creemos en aquel pero no en éste y sólo por la tradición y la cultura no por sus efectos reales.