domingo, 14 de octubre de 2018

DON JOSÉ. 32 + 456 = 483 o 480


                                  
                                                                                                                                                 
D. José era un maestro de los de antes de la guerra, por lo tanto “chapao” a la antigua. Era de aquellos cuyo método de enseñanza era el de machacar el libro de texto.

“Codos, muchos codos, y pizarrín, pizarra, lápiz, cuaderno y goma de borrar”

El afirmaba que el niño era “tamquam tabula rasa in qua nihil scriptum est” ( “como un folio en blanco en el que nada hay escrito”) y son el maestro y el niño, conjuntamente, los que tienen que empezar a escribir y continuar escribiendo, durante el resto de su vida, los conocimientos vigentes en la sociedad en la que vive, para estar y poder seguir estando incardinado adecuadamente, para no desentonar con el entorno cultural, para poder comprender los problemas que le rodean, para ser capaz de responder a las exigencias que el mundo, a diario, le está reclamando y poder cambiar lo que, en ese mundo, ya no vale, sobra o es un lastre.

Saber conocimientos y saber conductas.

Don José, ese día, que tocaba matemáticas, le había puesto un problema a Pepito. “Si tu vas al mercado y llevas treinta y dos pavos del abuelo, y tu padre te dice que le lleves, ya de camino, cuatrocientos cincuenta y seis pavos, de los suyos, ¿Con cuántos pavos llegarás tú al mercado?”.

Pepito cogió su lápiz y su “milán” y en el cuaderno de tareas escribió: “ 32 + 456 = 483 o 480

Don José repasó la cuenta y puso, en letras grandes y con rotulador rojo, MUY MAL = 0.

Pepito protestó.
Recurrió, en primer lugar al tutor y luego a la Asociación de Padres.
Se convocó urgentemente un Consejo Escolar Extraordinario, con el único punto del día. “El problema de Pepito”.

Don José no daba crédito a la reclamación hecha por conducto legal, pero tampoco dio su brazo a torcer, alegando, únicamente, que la “cuenta estaba mal hecha”.

Se recurrió a la Inspección de la Delegación Provincial de Educación y Ciencia y ésta envió a un Psico-Pedagogo, especializado en metodologías interactivas, de tipo imaginativo, en los campos semánticos y epistemológicos, especialmente aplicadas a ámbitos pedagógico-didácticos, para que, fríamente, analizase con D. José el antedicho problema de Pepito.

D. José lo tenía claro: “La cuenta está mal hecha y el resultado está mal”, por lo tanto la nota es un 0.

El Psico-Pedagogo, sin embargo, disentía totalmente de D. José.

-  ¿No irá Ud. a decirme que la cuenta está bien hecha? – le espetó, de entrada, D. José.

-        Es que Ud, D. José, evalúa sólo el resultado, y en la psicopedagogía moderna, lo que debe evaluarse es, sobre todo, el proceso, son los procedimientos, son los caminos por los que se transita, más que la meta a la que se llega. Y el proceso que ha efectuado Pepito no está mal. O mejor, está bastante bien.

-        ¿Cómo dice?  - (alucinaba D. José) -  ¿Cómo dice Ud.?.

-        Vamos a analizar el proceso que ha realizado Pepito. Pero sin ponerse nervioso, D. José, - decía el Psico-Pedagogo. Fríamente analicemos los procedimientos llevados a cabo por Pepito.

-        Analice Ud. lo que quiera.

-        Veamos. Ud. le ha puesta en letras “treinta y dos pavos” y “cuatrocientos cincuenta y seis pavos”.  ¿De acuerdo?.

-        De acuerdo –masculló D. José - ¿Y….?

-        Lo primero que ha hecho Pepito es prescindir de la materia, los pavos, porque él sabe que la matemática es una Ciencia Formal, en la que sólo se considera la forma, los números, y no la materia, los objetos, en este caso, los pavos. ¿Ud. no cree, D. José, que si en vez de pavos, Ud. hubiera puesto, en el problema, ovejas, cazuelas, sillas o libros, Pepito no habría prescindido, igualmente, de los objetos con que fuera al mercado y habría puesto sólo la cantidad, obviando y poniendo entre paréntesis la calidad?.

-        Pues seguramente sí, pero… ¿qué me quiere Ud. decir?

-        Sencillamente, que Pepito sabe qué son las Matemáticas. Y esto ya es un punto a su favor. ¡Ahí es nada comprender la distinción entre Ciencias Formales y Ciencias Empíricas!

-        ¿Y…..?-

-        Sigamos, D. José. Sin que se me ponga Ud. nervioso, por favor. Ud. le había puesto, en letra, “treinta y dos”. ¿De acuerdo?

-        Sí.

-        Y Pepito ha sido capaz de traducir, correctamente, la expresión literal “treinta y dos” en “32”, una expresión numeral. Y sabe, pues, que el 3, al estar en la segunda columna, en realidad no son unidades, sino decenas, por lo que él interpreta, adecuadamente, que ese 3 no son 3 sino 30. ¿De acuerdo?

-        De acuerdo.

-        Sin embargo Pepito sabe que el 2 sí es un 2, porque está en la primera columna, la de las unidades. Es decir, que ha interpretado correctamente que “treinta y dos” se expresa con la numeración 32 y no 302.

-        Sí ¿y….?

-        Sigamos D. José. El segundo miembro, estará Ud. de acuerdo conmigo, en  que es más complicado que el primer miembro.

-        Sí.

-        Porque aquí ya hablamos de centenas. ¿Estará Ud. de acuerdo conmigo en  que la expresión “cuatrocientos cincuenta y seis” está bien expresada, numéricamente, como 456?

-        Sí.

-        Luego Pepito ha interpretado correctamente que 4 equivale a 400, porque está ubicado en la tercera columna, la de las centenas; y que 5 equivale a 50, la segunda columna, que es la de las decenas, mientras que 6 sólo equivale a 6, porque corresponde a las unidades. ¿Acaso Pepito ha escrito 400506?

-        No.

-        Porque eso sería “cuatrocientos mil quinientos seis”, y Pepito, sabe, que eso no es así. ¿Está Ud. de acuerdo. D. José?

-        Sí.

-        Pero es que, además, D. José, de todas las operaciones matemáticas, Pepito ha puesto “más” es decir “+”. Podría haber interpretado que tenía que restarlos, multiplicarlos, dividirlos, elevarlos al exponente X, o sacar la raíz cuadrada, o…. Pero él sabía que era una suma; Y la suma se representa así, con “+”. ¿De acuerdo, D. José?

-        De acuerdo.

-        Pero es que es más. Después de haber unido los dos miembros con el signo “+” de la suma Pepito ha puesto el signo “ = ”, lo que quiere decir que él sabe que el resultado de dos sumandos da, como resultado, la suma total, y eso, desde siempre, se ha expresado con el termino “ igual” que se expresa con el signo matemático “ = “. ¿Supongo que estará Ud. totalmente de acuerdo conmigo?

-        Totalmente.

-        Vayamos, pues, al resultado final.. ¿Es verdad que 400, se expresa con un cuatro, solamente, en la tercera columna, la de las centenas?

-        Sí.

-        Luego… ¿está bien expresado?

-        Sí.

-        Vayamos a la segunda columna, la de las decenas. ¿No es cierto que 50 + 30 = 80?

-        Sí.

-        Pero al estar en la segunda columna, 80 se expresa sólo con un 8. ¿Sí o No?

-        Sí.

-        Sigamos, finalmente, y llegamos a la primera columna, que es la que menos vale, la de las unidades.

-        ¿Y cuántas son 6 + 2 ? ¿Me lo puede Ud. decir?, gritó, encolerizado, colorado y colérico D. José

-        8, evidentemente.

-        ¿Y qué es lo que ha puesto Pepito?

-        Un 3 o un 0.

-        Luego está mal ¿Sí o no?

-        A medias.

-        ¿Cómo que a “medias”?

-        Verá  Ud. Don José, ocho se expresa con el número 8 y cero con el signo 0 ¿De acuerdo?

-        Hombre, claro que sí.

-        Pero, fíjese, D. José, en la imaginativa estrategia intelectual llevada a cabo por Pepito.

-        ¿De qué imaginativa estrategia intelectual me está Ud. hablando?

-        Pepito, realizando un análisis dicotómico, ha llevado a cabo la descomposición  del signo + en sus dos elementos que lo forman: un segmento vertical I y un segmento horizontal --. Y los ha considerado como dos espejos, y entonces….

-        Pero ¿qué cuento me está Ud. contando?

-        Es muy fácil, D. José. Considere Ud. el número 3, que es la primera respuesta que ha dado Pepito, D. José, y ponga, exactamente en la parte izquierda del 3 el espejo del segmento vertical I ¿Qué es lo que se ve reflejado en el espejo? Exactamente un 8, que es el número que Ud. está insistentemente reclamando.

-        ¿Me está Ud. diciendo que debo mirar el 3 del folio y su imagen en el espejo para así ver que es un 8?

-        Y no sólo eso. Considere Ud. D. José, ahora, la segunda solución propuesta por Pepito, el 0. Y coloque Ud., ahora, en la parte inferior o superior, la que Ud. prefiera, del 0 el segundo segmento, el horizontal, el espejo ---. ¿Qué es lo que se ve? Un 8. Justo, igualmente, que lo que Ud. está reclamando. Fíjese la estrategia intelectual de Pepito, que es capaz de suplementar la imagen real del 3, del folio, con la imagen reflejada del 3 en el espejo y la imagen real del 0 con la imagen reflejada en el espejo.

-        Pero... ¿puede saberse qué quiere Ud. decirme, Sr. Psico-Pedagogo?

-        Que de los diez pasos que ha dado Pepito están todos bien dados. Más aún, implementados.

-        Pero ¿cómo va a ser igual 488 que 483 o que 480? ¿No ve Ud. que ahí, siempre me sobrarán 8 pavos o 5 pavos?

-        Evaluando el proceso, lo que ha hecho Pepito, D. José, es algo genial. Ha ido sembrando pistas por el camino, al mejor estilo del Código da Vinci, para que Ud. D. José, fuera capaz de interpretarlas, pero su inteligencia racional, que corresponde a didácticas trasnochadas,  ha sido incapaz de complementar la inteligencia imaginativa con sus reflejos mentales. Lo más fácil. D. José, hubiera sido poner el dichoso 8, que Ud. no hace más que reclamar. Lo realmente imaginativo es poner el 3 y el 0. Y Ud. ha sido incapaz de interpretarlo. Ud. sólo ha considerado el mensaje manifiesto y ha sido incapaz de captar el mensaje profundo, la solución, además doble, a su pregunta. Estoy realmente sorprendido. ¡Genial, este Pepito¡.¡Hay que ver qué simbiosis armónica o qué armonía simbiótica entre realidad real y realidad virtual¡. ¡Hay que ver la elegante y creativa complementariedad entre original y copia!. ¡Realmente maravilloso¡

-        Por lo tanto...

-        Por lo tanto, D. José, y por todo lo que le he expuesto, creo que Ud. ha olvidado poner, con su rotulador rojo, el 1 delante del 0.

-        ¡Por los cojones¡ - expresión impropia y pensamiento impensable en el bueno de D. José.

-        Pero espere Ud. ¿Dónde va  D. José?

-        A suicidarme o a morder una farola o a rezarle a las piedras o a jugar al fútbol con el libro de Petete o a pedir la jubilación anticipada o a hacer el pino o yo qué sé….


(Tomás Morales Cañedo y lo que hace jubilarse a tiempo)

miércoles, 10 de octubre de 2018

EROTISMO


EROTISMO
      
Cuando aún era yo un muchacho y aquel cura me hablaba de la "concupiscencia de la carne" o de los "placeres concupiscibles", o de la "templanza"... la verdad, nunca llegué a enterarme, del todo, lo que ello significaba.

Lo "erótico" siempre me sonó a picardía, mientras lo "porno­gráfico"  me resultaba pecado.
Luego leí a Platón, un primer trimestre, en aquel PREU, como hasta no hace tanto lo hacía cualquier estudiante de COU y hoy los de Segundo de Bachillerato.

Pero todo empezó a aclararse sólo cuando tuve que ser yo quien se lo explicara a mis alumnos.

LO ERÓTICO.

EROS es esa fuerza, esa energía, ese deseo, ese ansia de ser más, de existir siempre, de llegar más lejos, de superarse en cada instante, de no decir jamás la palabra "basta".

EROS es un empujón que llevamos dentro, un deseo de desafiar a la muerte, un ansia de inmortalidad.

Todos somos eróticos. Todos, siempre, queremos más. No nos conformamos, ni con lo que tenemos ni con lo que somos.

Platón nos dice que ese EROS debe ser justo, que esa energía debe estar correctamente distribuida entre las tres almas (o partes del alma, o funciones del alma).

El EROS en el “alma concupiscible” (del estómago hasta abajo) se manifiesta en el ansia de PLACER, en los placeres corporales (comer, beber,...) pero sobre todo en el SEXO (máximo placer).

El EROS en el “alma irascible” es el deseo de sobresalir, de vencer, de superar obstáculos. Es el VALOR, LA FUERZA, EL EMPEÑO, LA PORFÍA.

El EROS en el “alma racional”, es el impulso a conocer, a pensar, a descubrir, a inventar.

Es el SABER.

El EROTISMO del SEXO ansía la inmortalidad en la raza, en la especie y, unido a él, va el placer intenso, el gozo sublime, el orgasmo, el disfrute extático, el clímax  y, también, la posible descenden­cia, que no es sino mi mismo yo, pero ahora prolon­gado genéti­camen­te.
Ser padre es querer ser inmortal en sus hijos, es no conten­tarse con desapare­cer del todo.

El EROTISMO  del PODER (político, militar, laboral, económi­co, familiar,…o de cualquier tipo) ansía honores, reconocimien­to, fama,...
Ansía ser inmortal en la memoria de los hombres, estar presente en sus mentes, que se hable de él, dejar recuer­dos, ser reconoci­do merecedor de homenajes.
Se expresa y mani­fiesta en el placer por mandar, por orde­nar, por imponer, por dictar, por legis­lar...
Su razón es "Porque lo digo yo".

Se disfru­ta viéndose por encima, contemplando obedien­cias. Que todos recuer­den su buen hacer. Que sea conside­rado guía, ejemplo. Que la historia no lo olvide. Que los libros lo recuerden.

El EROTISMO del SABER (científicos, filósofos, investigado­res, artistas, músicos, poetas... ) se manifiesta descubriendo algo, inventando algo, desentrañando y encontrando una hipótesis explicativa de un fenómeno que lo haga comprensible, intuyendo, plasmando en esa materia esa idea que pugna por salir, llegando más allá de la última pisada de la humanidad.

Se mani­fiesta en el placer de darse de bruces con la verdad, con la belleza.
Sentirse anegado.
Es el “sabor” del “saber”.

Saborear el saber. El placer de saber.

Pero cuando el sabio da lo que tiene, no sólo no lo pierde (¡Dios, qué milagro!) sino que acrecienta el placer de los demás.

El sabio es padre de almas, de mentes.
Llamarse platónico es considerarse hijo de las ideas de Platón, pero hay que ir más allá, ser más, superarlo, no repetirlo.

El filósofo más platónico fue Aristóteles, que lo superó, y con creces.

Igualmente llamarse cristiano es....

Elige, amigo, tu erotismo.

Puedes ansiar ser cebón de engorde, semental de cuadra, berraco de zahúrda y cuerpo aparcado en abrevadero alcohólico.
Serás inmortal en la especie al esparcir semen a voleo y tu cuerpo reflejará tu masticar y tu beber.
Sé sibarita empedernido, epicúreo grosero, hedonista total, el que más aguante bebiendo, el que se las lleva de calle, el que ya ha perdido la cuenta de cuántas....

O puedes optar por ser el primero, siempre, en todo, pero no por el placer de estar allí, sino por el gozo de mirar como inferio­res a todos los demás, bajo ti.
Sé apóstol del miedo y predicador de la amenaza.
Lo importante es sobresalir para que todos vean que estás ahí, siempre arriba, por encima.
Ser prota­gonista, triunfador, líder...
Eres el más machote condu­ciendo. Todos, a tu lado, somos unos domingueros. Sólo tú dominas la máquina.
Sé insolente. Avasalla y haz que te obedez­can. Disfruta ordenando y compro­bando cómo se cumplen tus órdenes y, al mismo tiempo, di sincera­mente que "lo haces por nuestro bien", que "¿qué sabremos noso­tros de esas cosas?", que "algún día me lo agradece­réis", que "ahí queda eso, marca de la casa"....

Sé paternalista y compren­sivo de la inferioridad ajena. Es lo suyo. Es lo tuyo. Eres la envidia de la pandilla.

O puedes, ansiar ser "sabio".
Gozar en la búsqueda-encuen­tro de ese pequeño descubrimiento que permite abrir esa rendija por donde evacuar esa enfermedad; o haber dado con la tecla de la quinta sinfonía donde el destino llame al banquete del placer extático; o estar radiografiando al hombre unidimensional  tras haber descubierto la cuarta dimensión del espacio y ahora que los cosmólogos nos hablan de espacios pluri­dimensionales; o haber fotografiado con palabras justas la estatua ecuestre "permanece el trote aquí, entre su arranque y mi mano"; o haber hecho posible que semanalmente haya oídoa la, cada vez más avejentada, voz de mi madre a cientos de kilómetros.

Elige, amigo, si eres hombre de verdad.
        
Los placeres del cuerpo.
Los placeres del alma.
Los placeres del espíritu.

EROTISMO del estómago y del sexo.

EROTISMO del agredir, de la fuerza, del tirón, del romper papeleras, de destrozar jardines, de arrancar bancos, de insul­tar, de empujar, de colarte en la cola, de gritar, de transgredir la norma, de molestar al otro con la intensidad de la música, de destripar todo los destripable.

EROTISMO del saber. ¿Habéis gozado alguna vez los "chupitos estéticos" de una exposición o un concierto?, ¿Habéis saboreado, aunque sólo sea por casualidad, los "cubatas poéticos"?, ¿Por qué no te pides cualquier otro "combinado artístico"?. ¿Has ido alguna vez de marcha por el "paseo histórico" de la mano de un buscador de la verdad o de un luchador contra la intolerancia?. ¿Nunca has dado un paseo con Galileo en el XVII ni te has encon­trado con Hume en el XVIII?. ¿No has dialogado con Marx en el XIX ni le has preguntado a Habermas en el XX?. ¿Qué sabes tú de "marcha"?.

Tu no "vas", tú estás "clavado", "aparcado", amarrado al pesebre del instante.

¿Nunca has sentido el placer de la obra bien hecha, del deber cumplido, la satisfacción de haber trabajado, de haber comprendido ese dichoso  problema que se resistía, el placer de viajar a lomos de la verdad y de la mano de la belleza, sabiendo que cada vez sabes menos porque cada vez se sabe más, pero que el horizonte que se divisa es cada vez más maravilloso porque al ascender por el árbol de la ciencia la copa se va agrandando y la satisfacción de divisar aquellos noventa y nueve pájaros volando te sacia infini­tamente más que la asustada mirada del pájaro preso en la mano...

Tú, ¿qué vas a sabe de placeres?. Tú, ¿qué vas a saber de sabores?.

El saber es sabroso, el soso lo serás tú.

“Saborea el saber”.

Hay, sin embargo un cuarto EROS.
Es el amor a los demás, por ser ellos, no por ser hijos de... nadie.
Se manifiesta en la bene-volencia, en la bene-dicencia, en la filantropía, en el altruis­mo.

Los que lo practican dicen que sólo se sienten llenos cuando se vacían, que sólo tienen cuando dan y se dan, que se hacen a sí mismos deshaciéndose por los otros, que están ganándose a sí mismos porque están perdidos en los demás.

Son los cuidadores de lo humano; los jardineros de la humanidad; los vigilantes peren­nes, siempre dispuestos a dispensar cuidados.
Son los amigos del sembrar; los que están de guardia las veinticuatro horas del día en esa UVI de no sé cuantos millones de kilómetros cuadrados; esos ilusos del 0,7%; esos que gritan que ya no hay fronteras porque el amor humano, finalmente, ha oxidado y roto las alambra­das; los que han renunciado a un hogar y a unos hijos porque dicen que su casa es el mundo y su familia los hombres; los que nunca piden documentación.

Son los dialécti­cos que, al final, han comprendido que ser señor ("Dominus", "dominar") es ser servidor ( "servus", "servir").

Este AMOR a los otros lo llaman AGAPE y es lo más parecido a Dios.

Dicen que son los Matrículas de honor en la Universidad de la vida, aunque suspendan muchas asignaturas en la academia de la comodidad.
Dicen los creyentes que Dios es amor. Que Dios es sabiduría. Que Dios es felicidad. Intenta ser "dios" amigo mío.

Ama. ¿No hay drogas por doquier?. Ama.

NO HAY DROGA MÁS DURA Y QUE ENGANCHE MÁS QUE EL AMOR.

Y, para terminar, pedirte un favor:

HAZME EL FAVOR DE SER FELIZ.


martes, 9 de octubre de 2018

FILOSOFÍA ESPAÑOLA


FILOSOFÍA ESPAÑOLA.

Heleno Saña Alcón es uno de los grandes filósofos españoles, libertario, librepensador, insobornable.
Se exilia en Alemania en 1959, país de donde procede su esposa, y donde sigue residiendo.

Heleno Saña es originario de una familia anarquista de Barcelona. Su padre Juan Saña militó a lo largo de su vida en la CNT y en el Ateneo Enciclopédico Popular.

Estoy leyendo una obra original y muy distinta a las acostumbradas, al menos si nos atenemos a su título: “Historia de la Filosofía Española” y que poco o nada tiene que ver con las demás Historias de la Filosofía.

“Los españoles –dice en una de sus obras, “El Dualismo Español” – no han estado casi nunca de acuerdo; han vivido, generalmente, peleándose o soñando con nuevas peleas.
Si Alemania representa el “instinto de rebaño” nietzscheano, España encarna, como ningún otro pueblo, “el principio heraclitiano de la guerra, la discordia y la lucha de los contrarios”.
Es lo que venía a decir Menéndez Pelayo, que, con la excepción de la fe religiosa, “nuestro país ha estado dividido en todo lo demás: por raza, por lenguas, por costumbres, por fueros,…por todo lo que puede dividir a un pueblo”.

Y asisto, en estos últimos años a la manifestación de tales pensamientos.

Y eso mismo ocurre con la Filosofía, que no tiene por qué expresarse en forma de una filosofía formal y académica, sino que puede encontrar otros vehículos de expresión, como la Literatura, la Poesía o el Arte Popular.

Es lo que afirmaba Unamuno: “abrigo cada vez más la convicción de que nuestra filosofía, la Filosofía Española, está líquida y difusa en nuestra literatura, en nuestra acción, en nuestra mística, sobre todo, y no en Sistemas Filosóficos.
¿Dónde se encuentra la Filosofía misma en Unamuno, sino en sus novelas o la de nuestra María Zambrano sino en su obra “Pensamiento y Poesía en la vida española”?

¿Por qué la Razón tiene que ser sólo una Razón Lógica y no una Razón Poética?

¿Quién ha dicho que la Filosofía tiene que obedecer a un patrón único, sea el logocentrismo griego, el profetismo judío, el cartesianismo francés, el idealismo alemán, el empirismo inglés o el pragmatismo norteamericano?

¿Quién ha dicho que España carece de Filosofía por haber buscado la Verdad por caminos propios?
        

EL ORIGEN DEL AJEDREZ ( y 5).INTERPRETACIÓN ESPAÑOLA



Ahora, una historia con más sentido y hasta valor romántico tiene que ver con los hechos de la rendición de Baza.
La ciudad llevaba cercada mucho tiempo pero la población no quería rendirse y los soldados cristianos empezaban a perder la moral por el largo asedio.
El rey Fernando pidió a Isabel que se presentara en el campo de batalla para levantar la moral de las tropas.
Isabel acompañada de varias damas y de su hija primogénita Isabel, causó con su presencia un impacto inmediato, no sólo para las tropas cristianas, sino para la población asediada de Baza que inició su rendición, pero no ante el rey Fernando, sino ante la valerosa reina.

Luego de los hechos de Baza la reina del ajedrez se convirtió en la pieza más poderosa y alrededor de esa época empezaron a aparecer los primeros libros de ajedrez.

Mucho se habla de la analogía entre Fernando e Isabel y el rey y la reina del ajedrez.

Durante el reinado de los reyes católicos, Isabel era más poderosa que Fernando, pero este seguía siendo el Rey y por ende la pieza más importante del juego, aún cuando no fuese el más poderoso.

Este nuevo estilo del ajedrez iniciado en España causó mucha polémica y en diferentes círculos de jugadores, hombres enfurecidos empezaron a quejarse y a llamarlo el "ajedrez de la dama loca".
Gracias a la llegada de la imprenta y de la popularidad de los libros de ajedrez en el momento, el "Ajedrez de la Reina" se esparció por toda Europa rápidamente.

La ansiedad que generó el hecho de que una figura femenina poderosa, representada por un guerrero, en el tablero predilecto de los estrategas de guerra de Europa se apoderara del ajedrez, causó incluso una ola de abusos contra las mujeres en general.

En Rusia durante algún tiempo la dama podía moverse incluso como el caballo, saltando espacios por encima de otras piezas. Estas reglas no perduraron, y la dama permanece a la fecha con un set de movimientos que combina las habilidades de las torres y los alfiles, ya que puede moverse la cantidad de espacios que quiera en forma horizontal, vertical y diagonal.

La regla de la promoción de los peones en el ajedrez ganó muchísima más importancia con la llegada de la todopoderosa reina al aumentar la velocidad con la que se podía llegar al otro lado del tablero y acortar la duración del juego.

Un juego de ajedrez antiguo podía durar muchas horas, o incluso días. 

Con la nueva dama se hizo posible que las partidas pudiesen ganarse en menos movimientos.

En el ajedrez moderno la dama es ligeramente más poderosa que un alfil y una torre juntos, prácticamente siempre es una desventaja perderla frente a cualquier otra pieza que no sea la dama del oponente.

Cuando se intercambian reinas es frecuente que se marque el comienzo del final del juego, y debido al gran valor de la pieza, en muchos casos se usa como carnada para hacer caer al oponente en una trampa en lo que se conoce como el "sacrificio de la dama".

lunes, 8 de octubre de 2018

EL ORIGEN DEL AJEDREZ (4)


 Los moros del norte de África pronunciaban "shatranj" como "shaṭerej", y esta palabra dio origen a la palabra en español: "acedrex, axedrez o ajedrez".

El juego se desarrolló ampliamente en Europa y para el siglo XV había logrado sobrevivir a incontables prohibiciones de las iglesias cristianas, cuyo dominio terminó afectando al juego de gran manera contribuyendo a transformarlo en la versión moderna que todos conocemos.

El dominio de la iglesia cristiana tuvo gran influencia sobre el ajedrez moderno.

En el norte de Europa el ajedrez se hizo popular cuando las piezas en forma de figuras comenzaron a aparecer.
Aunque los lados del tablero convencionalmente son llamados Blanco y Negro, en la antigua Europa solían referirse a ellos como Rojo y Negro ya que eran los colores de tinta comúnmente disponibles cuando se dibujaba un tablero a mano, y las piezas eran representadas por nombres abreviados. 

Entre el siglo XII y XV la popularidad del ajedrez en Europa alcanzó su mejor momento, y el juego era considerado el pasatiempo de la gente de la nobleza y de la alta sociedad.
El ajedrez fue incluso incorporado al estilo de vida de todos los caballeros del ejército y era considerado una de las siete habilidades que debían adquirir éstos en su vida.

El juego se hizo tan popular que cuando en Londres en el siglo XII se corrió la voz de incidentes que implicaban a hombres que habían terminando matándose por un juego de ajedrez, la Iglesia encendió las alarmas.
Se había hecho costumbre jugar ajedrez por dinero, y el rey Luis IX de Francia prohibió las apuestas.
Por supuesto el juego prohibido siguió jugándose de forma ilegal en torneos clandestinos.

Bajo el dominio cristiano las formas de las piezas cambiaron e, igualmente, sus nombres.
Raja se convirtió en Rey, Mantri en Dama, Gaja en Alfil (Obispo), Ashva en Caballo, Ratha en Torre, y Padati en Peón.

Isabel I de Castilla y la leyenda

La dama o reina actual, como ya hemos comentado, era originalmente el "consejero o vizier" (como se le llama aún en países como Turquía), y solo podía moverse un espacio en diagonal.
Más o menos alrededor del año 1300 sus movimientos fueron mejorados permitiéndole moverse dos espacios y saltar a un espacio del mismo color en el primer movimiento.
La pieza se convirtió en la reina con el paso del tiempo, en Europa sobre todo, simplemente, por ser la pieza que reposaba al lado del rey.
Sin embargo, la primera mención de esta pieza como "regina" "reina" o similar se remonta al año 997 en Suiza.

Poco después de la rendición de Baza las reglas del ajedrez cambiaron y la dama se convirtió en la pieza más poderosa.

Cuenta una historia, probablemente una fábula esparcida por trovadores, que cuando a la reina Isabel I de Castilla le presentaron el juego del ajedrez, ésta se molestó al parecerle insultante el poco poder que tenía la pieza de la reina y exigió que esto se cambiara de inmediato.
Cuando le presentaron el juego de nuevo, la figura de la reina había cambiado para convertirse en la pieza más poderosa del tablero con movimientos ilimitados en todas las direcciones. 

Después de todo, en 1495. Isabel era la mujer más poderosa de toda Europa. Y, casualmente en esa época se establecieron las nuevas reglas del ajedrez.

domingo, 7 de octubre de 2018

EL ORIGEN DEL AJEDREZ (3) INTERPRETACIÓN ANTROPOLÓCICO-SOCIAL




Por supuesto que, como buen súbdito y no deseando afligir a su rey, el joven Lahur declaró públicamente que eximía al monarca del pago de dicha deuda.

En realidad, la palabra ajedrez proviene del persa shah, que significa “rey”.

Cuando los moros invadieron Persia, aprendieron de éstos el juego del ajedrez y llevaron este conocimiento al invadir España, de donde se extendió rápidamente por toda Europa hace unos 900 años.

Fueron los europeos quienes le dieron a las piezas los nombres (y los colores: blancas y negras) que actualmente se usan, representando la forma en que se vivían en la Edad Media.

El objetivo final del juego es capturar al rey enemigo.

Los peones (ocho) son los siervos, los jornaleros, los pobres, y, como en cualquier sociedad, hay más de ellos que de cualesquiera otros. Constituyen la infantería y, con frecuencia, deben sacrificarse para proteger a las piezas más valiosas.

La torre es la fortaleza, el refugio, el hogar. Hay dos torres.

El caballo representa al único soldado profesional. También hay dos caballos.

Los alfiles son dignatarios episcopales (dos); la parte superior de estas piezas se parecen a los sombreros (mitras) usados por éstos.
Durante la Edad Media la Iglesia formaba una parte importante en la vida de todos.

La Dama o reina es “el poder detrás del trono”. Sus movimientos en el tablero combinan los del hogar (la torre) y los de la iglesia (el alfil), y es la combinación más poderosa.

El rey es la pieza más importante (aunque no la más poderosa) por representar la autoridad indiscutible, pero debe ser protegido pues su captura significa la pérdida de su reino.

Todos sabemos que, en el tablero, las casillas blancas de las esquinas del tablero deben quedar a la derecha de cada uno de los jugadores.
Uno de los contendientes jugará con las piezas blancas y será él quien haga la primera jugada.

Las piezas se disponen colocando la reina en la casilla central de su color (reina blanca en casilla blanca, reina negra en casilla negra) en la columna o extremo del tablero frente al jugador.

El rey se coloca en la casilla central adyacente a la de la reina.

A ambos lados de los reyes se colocan, primero los alfiles, luego los caballos y en las esquinas del tablero las torres.

Los peones se colocan como una barrera delante de las piezas mayores.

Aunque el rey conserva la potestad de hacer ganar o perder la partida al jugador, en la práctica, como saben todos los jugadores, el rey queda relegado a una posición estática y simbólica y es la reina o dama, con su libertad de movimientos, a derecha e izquierda, adelante y atrás, rápida  o lentamente, va comiendo todas las piezas que se ponen a su alcance.

sábado, 6 de octubre de 2018

EL ORIGEN DEL AJEDREZ (2)




Cuenta la leyenda que hace ya varios milenios existió un reino gobernado por el rey Ladava, un poderoso aunque generoso soberano.

 El rey Ladava quedo sumido en un profundo estado de tristeza y desesperación cuando durante la defensa de su reino ante la invasión del enemigo perdió a su hijo, el príncipe.

Este terrible suceso hizo reflexionar al rey Ladava en que no le servían de nada sus inmensas riquezas y posesiones, si no podía alcanzar la que fuera la razón de su vida, su hijo.

Un día llego al palacio del rey un joven brahmán, que solicitó ver al rey asegurando que tenía una posible solución a su mal….
-¿Quién eres, de dónde vienes y qué deseas de nuestro rey y señor? -le preguntó uno de los grandes visires reales.
- Mi nombre -dijo el joven- es Lahur Sissa, y vengo porque llegó a mis oídos  la noticia de que nuestro magnánimo señor vive encerrado en el palacio, triste y angustiado, y pienso que grandes males se avecinan para nuestro reino si nuestro soberano se encierra en su íntimo dolor; es por ello que inventé un juego que podría distraerlo y al mismo tiempo daría a su corazón grandes alegrías. Estoy aquí para entregar este modesto obsequio a nuestro querido rey.

Cuando el rey Ladava se enteró de la presencia del joven en su palacio, se mostró interesado por conocerlo y lo recibió.

Sissa entregó al rey un gran tablero cuadrado, dividido en sesenta y cuatro casillas cuadradas iguales, y dos grupos de dieciséis figuras talladas en madera, unas blancas y otras negras.
Sissa explicó los tipos de movimientos de cada figura sobre el tablero y las reglas de este juego  al rey y a los visires y cortesanos.

Al rey Ladava le maravilló tanto este nuevo juego que de inmediato se puso a jugar con los miembros de su corte varias partidas.
En una de estas partidas el rey fue acorralado de manera que no podía escapar del ataque de su contrincante.
Fue entonces cuando intervino Sissa y dijo al rey:
-A pesar de que te has empeñado en defender a ese visir, piensa que para lograr el triunfo debes sacrificarlo.

Fue así como el inteligente Sissa hizo que el rey Ladava entendiera que la muerte de su hijo, a pesar de haber sido una desgracia, probablemente fuera necesaria para el desenlace victorioso de aquella batalla.

Antes de la partida de Sissa hacia sus tierras el rey le dijo:
-                          No pensé jamás que el ingenio de un hombre pudiera crear un juego tan maravilloso, capaz de aliviar mi sufrimiento. He aprendido que un soberano, por mas poderoso que fuere, no vale nada sin el apoyo de sus súbditos. En ocasiones, hace más por la victoria un simple peón que una poderosa pieza. Deseo recompensarte, SISSA, pide lo que quieras y te será concedido de inmediato.
-                          ¿Qué quieres? ¿Una caja llena de piedras preciosas, una bolsa llena de oro, uno de mis palacios? Elije entre mis posesiones lo que desees.

Entonces Sissa, con la intención de dar una nueva lección al rey le dijo:
-                          Aprecio vuestra generosidad... Deseo granos de trigo sobre el tablero de ajedrez, pero contados de la siguiente manera: 1 grano por la primera casilla, 2 por la segunda, 4 por la tercera, 8 por la cuarta y así duplicando sucesivamente hasta la última casilla.

Al escuchar la petición de Sissa el rey Ladava y toda su corte se rieron de él, e incluso llegó el rey a enojarse por “burlarse” de su generosidad.
-¿Quién te ha enseñado, insensato, a demostrar semejante indiferencia por la riqueza? -exclamo el Rey- . Ridículo es lo que me pides, pero tú has elegido eso y yo cumpliré con mi palabra.

Después de varias semanas de tediosos cálculos los matemáticos del reino llegaron a la conclusión de que no había suficiente trigo en toda la India como para pagar a Sissa.
La suma era de tal magnitud que resultaba inconcebible para la mente humana de aquella época.

Hoy sabemos que el resultado de esta progresión geométrica es de 18, 446 744, 073 709, 551 615 es decir, 18 trillones, 446 744 billones… de granos de trigo.
Una cantidad muy superior a la existente en todos los graneros del reino, y aún sumando la producción de toda la India durante más de cien años no habría suficiente (dice la estadística que la India tuvo una producción total de trigo de 72 millones de toneladas en 2005).

Si se considera que 21.000 granos pesan un kilo, lo que debería haberse entregado a Sissa eran 878.416.384.462 toneladas o 17 568 327 689 240 sacos de 50 kg, cantidad superior a la que se obtendría sumando la producción de trigo mundial durante más de 100 años, contando con que la producción de este cereal en 2005, a nivel mundial, fue de unos 628.1 millones de toneladas en todo el planeta (aproximadamente).

Para poder hacernos una idea de cuánto trigo sería, se ha calculado cuántos pabellones de deportes se podrían llenar con todos los granos, sabiendo que 740 gramos equivalen a 1 litro, (medida obtenida llenando una botella de 1 litro y pesando su contenido con una báscula electrónica)

Se podrían llenar  8.803 410 000 pabellones.

Cuenta la leyenda que Sissa, más tarde, fue nombrado primer ministro y que orientando a su rey con sabios y prudentes consejos y distrayéndolo con ingeniosas partidas de ajedrez, prestó los más grandes servicios a su pueblo.

Y colorín colorado, esta historia se ha acabado.


viernes, 5 de octubre de 2018

EL ORIGEN DEL AJEDREZ (1)




PRIMERA PARTE (1)

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo reinaba en cierta parte de la India un rey llamado Sheram.
En una de las batallas en las que participó su ejército perdió a su hijo, y eso le dejó profundamente consternado.
Nada de lo que le ofrecían sus súbditos lograba alegrarle.

Un buen día, un tal Sissa se presentó en su corte y pidió audiencia.
El rey lo hizo pasar y Sissa le presentó un juego que, aseguró, conseguiría divertirle y alegrarle de nuevo: el ajedrez.
Después de explicarle las reglas y entregarle un tablero con sus piezas, el rey comenzó a jugar y se sintió maravillado: jugó y jugó y su pena desapareció en gran parte.

Sissa lo había conseguido.

Sheram, agradecido por tan preciado regalo, le dijo a Sissa:

- Sissa, quiero recompensarte dignamente por el ingenioso juego que has inventado (el sabio contestó con una inclinación). Soy bastante rico como para poder cumplir tu deseo más elevado –continuó diciendo el rey–. Di la recompensa que te satisfaga y la recibirás.

Sissa continuó callado.

- No seas tímido –le animó el rey-. Expresa tu deseo. No escatimaré nada para satisfacerlo.
- Grande es tu magnanimidad, soberano. Pero concédeme un corto plazo para meditar la respuesta. Mañana, tras maduras reflexiones, te comunicaré mi petición.

Cuando al día siguiente Sissa se presentó de nuevo ante el trono, dejó maravillado al rey con su petición, por su modestia.

       Soberano –dijo Sissa–, manda que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero del ajedrez.
       ¿Un simple grano de trigo? –contestó admirado el rey.
       Sí, soberano. Por la segunda casilla ordena que me den dos granos; por la tercera, 4; por la cuarta, 8; por la quinta, 16; por la sexta, 32…
       ¡Basta¡ –le interrumpió irritado el Rey– Recibirás el trigo correspondiente a las 64 casillas del tablero de acuerdo con tu deseo; por cada casilla doble cantidad que por la precedente. Pero has de saber que tu petición es indigna de mi generosidad. Al pedirme tan mísera recompensa, menosprecias, irreverente, mi benevolencia. En verdad que, como sabio que eres, deberías haber dado mayor prueba de respeto ante la bondad de tu soberano. Retírate. Mis servidores te sacarán un saco con el trigo que necesitas.

Sissa sonrió, abandonó la sala y quedó esperando a la puerta del palacio.

Durante la comida, el rey se acordó del inventor del ajedrez y envió para que se enteraran de si habían entregado ya al reflexivo Sissa su mezquina recompensa.

– Soberano, tu orden se está cumpliendo –fue la respuesta–. Los matemáticos de la corte calculan el número de granos que le corresponde.

El rey frunció el ceño. No estaba acostumbrado a que tardaran tanto en cumplir sus órdenes.

Por la noche, al retirarse a descansar, el rey preguntó de nuevo cuánto tiempo hacía que Sissa había abandonado el palacio con su saco de trigo. –
-¡Soberano¡ – le contestaron–  tus matemáticos trabajan sin descanso y esperan terminar los cálculos al amanecer.
- ¿Por qué va tan despacio este asunto? – gritó iracundo el rey–. Que mañana, antes de que me despierte, hayan entregado hasta el último grano de trigo. No acostumbro a dar dos veces una misma orden.

Por la mañana comunicaron al rey que el matemático mayor de la corte solicitaba audiencia para presentarle un informe muy importante. El rey mandó que le hicieran entrar.

       Antes de comenzar tu informe –le dijo Sheram–, quiero saber si se ha entregado por fin a Sissa la mísera recompensa que ha solicitado.
       Precisamente para eso me he atrevido a presentarme tan temprano –contestó el anciano –. Hemos calculado escrupulosamente la cantidad total de granos que desea recibir. Resulta una cifra tan enorme que…
       Sea cual fuere su magnitud –le interrumpió con altivez el rey – mis graneros no empobrecerán. He prometido darle esa recompensa y, por lo tanto, hay que entregársela.
       Soberano, no depende de tu voluntad el cumplir semejante deseo. En todos tus graneros no existe la cantidad de trigo que exige Sissa. Tampoco existe en los graneros de todo el reino. Hasta los graneros del mundo entero son insuficientes. Si deseas entregar sin falta la recompensa prometida, ordena que todos los reinos de la Tierra se conviertan en labrantíos, manda desecar los mares y océanos, ordena fundir el hielo y la nieve que cubren los lejanos desiertos del Norte. Que todo el espacio sea totalmente sembrado de trigo, y toda la cosecha obtenida en estos campos ordena que sea entregada a Sissa. Sólo entonces recibirá su recompensa.

El rey escuchaba lleno de asombro las palabras del anciano sabio.

       Dime cuál es esa cifra tan monstruosa –dijo reflexionando –.
       ¡Oh, soberano! Dieciocho trillones cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones setenta y tres mil setecientos nueve millones y quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince (18.446.744.073.709.551.615) granos de trigo.

El rey se quedó de piedra. Pero en ese momento Sissa renunció al presente. Tenía suficiente con haber conseguido que el rey volviera a estar feliz y además les había dado una lección matemática que no se esperaban.