domingo, 30 de noviembre de 2014

MULTICULTURALISMO



“Si considerásemos que todas las costumbres son cultura aún seguiríamos en las cavernas” – es un pensamiento que recojo de la prensa y que corresponde a una periodista hispanoamericana.

Hay costumbres, como la violación múltiple a una mujer porque su hermano o su marido o su padre hayan violado a otra mujer.
Hay costumbres como lapidar a la mujer adúltera (no así al varón adúltero).
Hay costumbres como la ablación del clítoris porque se cree que la mejor o la única manera de que una muchacha sea sólo mujer, mujer-mujer, mujer al 100x100, es cortándole el clítoris, que es un pene (masculino) atrofiado.
Hay costumbres como matar o mutilar a una persona por el robo de una gallina.

No todas las costumbres son cultura. Algunas, muchas, son fruto o manifestación de la incultura.

Europa, (gran parte de ella) que, durante gran parte de su historia, estaba hambrienta de comida o hambrienta de ganancias, o quemaba a los herejes o perseguía a los rebeldes políticos o sociales, a los revolucionarios ideológicos, era, por necesidad, emigrante.
Pero esta misma Europa, a partir del XVII, con las revoluciones de todo tipo, con las ideas ilustradas, con la diosa razón, con el progreso como meta, con la libertad como bandera, llega a tal grado de desarrollo, económico, científico, tecnológico,….. que pasa, de ser emigrante, en busca de paraísos, a ser tierra de inmigración, paraíso apetecido por muchos otros pueblos, o lugar de refugio para perseguidos racialmente o políticamente.
Europa, pues, ha pasado a ser multicultural. La multiculturalidad es un hecho, nos guste o no. Y este fenómeno trae problemas, problemas de convivencia, de tolerancia, de diferencias, de intransigencia,….

No hay acuerdo en qué sea cultura. Unas definiciones son demasiado estrechas, demasiado restrictivas, mientras otras son demasiado amplias.

En nombre del multiculturalismo no se pueden tolerar costumbres que atentan contra los derechos humanos, contra la vida o contra la integridad física y psíquica de las personas.
Cultura y costumbres no son lo mismo. A veces, incluso, son antitéticas.

Hay costumbres moralmente o humanamente neutras. La forma de peinarse o de maquillarse; la forma de vestirse o la forma de bailar o de cantar. Son así, ni mejores ni peores.
Pero hay costumbres que son antihumanas, y éstas son incultura. “Cultura” es  “cultivo” y nadie “cultiva” cizaña, hierba bravía. Nadie puede, nadie debe “cultivar” ciertas costumbres.
Todo rito, todo hábito que se repite por tradición, “porque siempre se ha hecho así”, de manera acrítica, son costumbres, pero no son necesariamente “cultura”, porque la cultura siempre tiende al conocimiento, a la elevación, al progreso, al ejercicio de la facultad intelectual y nunca a la imposición, a la repetición, al dogmatismo.

Si costumbre y cultura fueran la misma cosa se podría dar el caso paradójico de que apalear negros formaría parte de la cultura de algunos norteamericanos del sur. O podría darse el caso de que emborracharse o drogarse en los botellones o en las discotecas los fines de semana formaría parte de la cultura de muchos jóvenes españoles. O perseguir judíos formaría parte de la cultura alemana, pues durante muchos años fue costumbre. O perseguir palestinos formaría parte de la cultura judía. O tirar cabras desde el campanario. O cortarle la cabeza a los gallos el día de los quintos (esto lo hacía yo, en mi pueblo, hace muchos años). O encerrar un toro en una plaza y, tras picarlo y banderillearlo, matarlo a veces con saña… Todo esto, y mucho más, es tradición, es costumbre, siempre ha sido así. ¿Debe seguir siendo así? ¿Es, eso, cultura?
Podemos seguir con las tradiciones, amputar, progresivamente, manos y orejas a los ladrones, o encarcelar a los homosexuales, o enfundarse un burka, o el casamiento forzado y nunca consentido, ni elegido, sino contratado porque económicamente interesa. O la lapidación de las mujeres.

Tenemos que decir NO.

Por encima de las costumbres, de las religiones, de los hábitos, de las creencias, de los rituales…. están los Derechos Humanos, que pertenecen a una cultura superior, la de la Universalidad, porque atañe a todos, varones y mujeres, por encima de toda distinción, de sexo, de religión, de ideología, de geografía. A TODOS.

Todas las religiones, todas las razas, todas las tradiciones, todos los ritos… deben acogerse, deben someterse, bajo el paraguas de los Derechos Humanos.

Sólo las culturas que respetan la vida, la integridad física y psíquica, de mujeres o varones, de todos, merecen el nombre de cultura.
El multiculturalismo es tolerancia, sí, pero condicionada, lo que nunca debe ser es complicidad ni connivencia.
Hay ideas y conductas que son intolerables. Otra cosa es el respeto.

Incluso al fanático, al dogmático, al dictador, al tirano, siendo intolerables sus ideas y sus conductas, sin embargo, su persona, como la persona de cualquier otro, es respetable.
Yo no le cortaría las manos ni los pies al que proclamara que a todo tironero había que cortárselos, siendo él un tironero.
El tironero es una persona. Merece todo el respeto del mundo su persona. Es despreciable su actividad.
Pero así como toda persona es respetable, digna de respeto, no toda idea o conducta es tolerable.

Seamos intolerables con lo inhumano o antihumano.
Seamos respetuosos aun con los intolerantes, no por su intolerancia, sino por su persona.

La violencia de género ha sido habitual en nuestra cultura a lo largo de la historia. ¿Debemos tolerarla porque siempre ha sido así?
¿Recuerdan aquello del bandolero andaluz: “la maté porque era mía”? Creer que una persona es/pueda ser propiedad de otra persona, como si fuera una silla, es una aberración, es una idea intolerable.

¿Cómo es posible que alguien pueda justificar las gamberradas de los jóvenes, por ser jóvenes, o los desmanes y atropellos de los fanáticos del fútbol, por ser hinchas?
Si la justificación para esa conducta intolerable es que hay que echar fuera de sí la agresividad acumulada durante la semana, que muerdan farolas, que peguen saltos, que anden a la paticoja, que aplaudan, que den patadas contra el suelo…que son conductas tolerables.

El que rompa que pague. Es de justicia. No es necesario romper.

La historia se ha encargado de demostrar que no todas las costumbres o ritos son culturales. Ha cambiado la forma de arar y de abonar la tierra, la forma de desplazarnos, la manera de curar las enfermedades, la manera de enseñar a los niños, la manera de proteger a los disminuidos  o a los dependientes. ¿Vamos a seguir con la tradición?

“Si las costumbres fueran cultura todavía seguiríamos en las cavernas” – decía la periodista hispanoamericana.

Multiculturalismo sí, pero mientras no atente contra los Derechos Humanos.
Estos Derechos, no estaban ahí, cubiertos, y nosotros los hemos descubiertos, NO. Nosotros los hemos creado, los hemos conquistado, con mucho esfuerzo, con nuestra cultura occidental. Pero no los hemos privatizado. Deben ser aplicados a todos los hombres, aún a aquellos en cuya cultura no saben nada de ellos.

Un emigrante africano, en nuestra cultura, no puede ser injustamente explotado, como no lo debe ser uno de dentro. Tiene derecho a que se le apliquen los derechos vigentes en la cultura en la que han ingresado, pero él no puede exigir que se le tolere prácticas de su cultura de origen si son opuestas a los Derechos Humanos. Por ejemplo, la ablación del clítoris.
Cualquier foráneo debe gozar de todos los beneficios que dispensa nuestra cultura, pero no por ser extranjero, sino por ser persona. Pero a esa misma persona hay que prohibirle prácticas y ritos antihumanos. Los Derechos Humanos siempre están a favor de la vida, de una mejor vida.

A lo largo de toda la historia de la humanidad siempre hubo culturas dominantes. Pero esa dominancia era, por lo general, a base de fuerza y de armas, pero luego llegaba la contaminación cultural, el mestizaje cultural. La pureza es un mito. Los romanos, conquistadores y vencedores por las armas, fueron vencidos, convencidos, por la cultura griega.
En España sabemos mucho de esto. ¿Cuántos pueblos han pasado por aquí y cuánto de cultura ha quedado aunque ellos ya no estén?

Hoy en Europa, en general, predomina la convivencia pacífica, democrática, igualitaria, de ciudadanos de diferentes orígenes que adoptan, no sólo para subsistir, sino para vivir mejor, un pacto de tolerancia respecto a las diferencias y un pacto de respeto respecto a los otros, por ser personas como él, pero que aceptan, por encima de todo, los Derechos Humanos.

¿Tolerar las diferencias?, SÍ, pero depende. Lo que nunca puede la tolerancia es la complicidad con la incultura, con el crimen, con la prepotencia, con la desigualdad.

Yo tengo que tolerar que mi vecino de arriba oiga música rock y mi vecino de abajo oiga al Chiquilicuatre, porque esos son sus gustos musicales, pero no le tolero que la pongan a un volumen tal que me impida a mí escuchar los espirituales negros o concentrarme en mis reflexiones filosóficas.

Yo puedo disfrutar de los tenores mientras no impida el sueño de mi vecino. En caso de colisión de derechos. Su derecho a descansar prima sobre mi derecho a escuchar.

No me cansaba de decirles a mis alumnos que durante el fin de semana podían hacer lo que les diera la gana, pero no bajo mi ventana, a las cinco de la mañana, meando en mi puerta. Sus derechos individuales acaban, justo-justo, donde empiezan los míos.

Fundar la identidad de un pueblo sólo sobre la tradición y las costumbres es una barbaridad, aunque sea políticamente correcto, pero es una forma de estancarse.

Convenzámonos de una vez. La democracia es una forma de convivencia que se alimenta de derechos y de deberes. Pero la democracia nada tiene que ver con el mundo de la ciencia.

La mejor manera de realizar una operación de apendicitis no es democrática, sino de cualidad personal. Un cirujano no es bueno o malo porque lo diga la mayoría. Aunque toda opinión vale, no toda opinión vale igual. Si toda perspectiva vale no todas las perspectivas valen igual. Hay perspectivas privilegiadas.

Las mayorías nunca pueden decidir verdades, sólo pueden tomar decisiones. Otra cosa es que acierten en sus decisiones. Es bueno que decidan, implica libertad, otra cosa es que acierten en su decisión y decidan lo mejor.

La ciudadanía  no es ni sabia ni ignorante, en sí misma, pero es la que, en democracia, decide. Otra cosa es que acierte. ¿Ya nadie recuerda que Hitler fue elegido democráticamente, por mayoría, por la ciudadanía alemana? ¿Fue acertada la decisión mayoritaria?

La verdad, la bondad, la justicia,….son valores muchas veces ajenos a la mayoría.

Galileo, él solo, contra todo el mundo, defendió el heliocentrismo.

¿Qué tendrá que ver que Dios exista o no exista porque la mayoría diga que sí o diga que no?

Una mayoría nunca decide una verdad. Nunca convierte una verdad en falsedad o viceversa.

La democracia es maravillosa, pero no todo es democrático.  Además, la democracia tiene unos límites temporales. No se elige a alguien “in aeternum”.

Quien defienda lo contrario ha perdido el sentido de la justa medida y está dando la razón a los antidemócratas. 

sábado, 29 de noviembre de 2014

LOS MILAGROS.

                

         Para los creyentes es clarísimo que ha habido y hay milagros.
         Para los científicos los milagros son ajenos a su campo.
         Los creyentes se apoyan en su evidencia subjetiva.
         Los científicos dicen que de ellos no hay evidencias objetivas.
         Los primeros lo aseguran, pero con una seguridad que…
         Los segundos aseguran que nadie puede, ni debe, estar seguro de aquello de lo que no se tiene evidencia intersubjetiva, al alcance de cualquier otro.
Si algo es verdadero  –dicen ellos- debe ser verdadero  para cualquiera, siempre que se encuentre en las mismas circunstancias
        
Y, entre tanto aquí estamos los filósofos, en “tierra de nadie”, como dice B. Russell, “no man´s land”, gente de frontera,  expuestos a ser atacados y tentados por ambos, recibiendo sopapos de los unos o de los otros o recibiendo guiños y siendo tentados por los otros o por los unos  para tener relaciones cuando ambos saben o deben saber que nosotros estamos ya comprometidos con la razón y que no queremos serle infiel, que  lo único que intentamos hacer es encender la luz para ver qué es lo que puede verse.
Pero, eso sí, siempre escépticos, siempre dispuestos a bajarse del burro en cuanto la razón nos lo indique.
Un filósofo dogmático es una contradicción.
El filósofo siempre tiene que estar dispuesto a quitarse la ropa que tenía puesta, sin sentir vergüenza de ello, aunque entre ropaje y ropaje se encuentre, a veces, desnudo.

         ¿Qué es un milagro? “La alteración del orden natural causada por una intervención directa de Dios o indirecta, a través de la Virgen o de los Santos”.

         El concepto de milagro, pues, no es un concepto científico, no pertenece al lenguaje de la ciencia, no habita en su campo.
         El concepto de milagro pertenece al campo religioso, habla el lenguaje de la religión.
         La ciencia, pues, no tiene nada que decir. Un científico, en cuanto científico, es ajeno a, no está en contra de, los milagros. Es como el jugador de petanca que, en cuanto jugador, no puede decir nada de la termodinámica o del electromagnetismo, sólo juega.

         Una cosa es decir: “esta curación no ha ocurrido por ninguna causa conocida”, (por lo tanto tiene que ser por causas desconocidas) y otra cosa es decir que la causa de esa curación ha sido Dios, o la Virgen o no sé qué Santo. Esto ya es dar un paso más alto.
Lo podrá dar alguien por motivos religiosos, por motivos subjetivos, pero nada más.
Un científico, ante este hecho, lo verificará, pero no irá más allá.

         ¿Quiere esto decir que los milagros son falsos? NO.
         ¿Quiere esto decir que los milagros son verdaderos? NO.

         Una curación inexplicable por causas conocidas, para una persona de la calle, no es un milagro, es una curación inexplicable por las causas que actualmente conocemos, nada más.
Sólo el creyente, con su fe, lo reconoce y lo denomina como milagro.
        
Hay muchas personas piadosas que son muy piadosas pero, a veces, bastante miopes.

         Los eclipses de sol, durante mucho tiempo, fueron fenómenos milagrosos y el arco iris, como todos sabemos, durante muchos siglos no fue un fenómeno atmosférico sino la firma del pacto que Dios firmó con Noé, tras el diluvio.

         Cuando alguien entra en una catedral y mira una vidriera que representa la huída a Egipto, ve que en la escena los personajes, incluido el burro, van caminando hacia la izquierda.
         En ese mismo momento alguien que vea esa vidriera desde fuera verá que caminan hacia la derecha.
         Ambos miran lo mismo pero ambos ven cosas distintas.
¿Quién de los dos tiene razón?.
Los dos tienen razón porque nadie tiene La Razón.

Sencillamente la verdad es perspectiva.
Sería absurdo que ambos vieran lo mismo desde situaciones y perspectivas distintas.
Y aquí estamos los filósofos, a cuestas con el relativismo de la verdad y luchando contra todo exclusivismo y dogmatismo.

         Nuestro mundo occidental, tan racional y tecnológico él, está afectado por una especie de virus permanente de superstición y credulidad asombrosas.
         Ponemos la TV o leemos la prensa y aparecen una cantidad de kioscos o chiringuitos de todo tipo.
Desde los que te adivinan lo por-venir, hasta los que dicen que pueden hacerte millonario.
Desde los que hacen amarres, a los que les encuentran el amor eterno o el trabajo que tú anhelabas.
Horóscopos, videntes, astrólogos, tarotistas, echadores de cartas. Los que te leen la mano o los posos del café…

¡Dios mío, qué ejército tan numeroso y tan variopinto¡. (Pero, eso sí, todos cobrando).
        
Cualquier Rappel o cualquier Aramís Fuster se lo montan a lo grande sobre la credulidad y la miopía de tanta gente buena y sencilla, pero ingenua.

         Pero es curioso que los milagros, donde más se dan sea, en las religiones monoteístas.

         Para los maestros religiosos orientales el levitar, la ubicuidad, la meditación trascendental, la curación por la mente, la concentración extrema…es algo normal, no tiene que ver nada con los milagros.

         Para las culturas arcaicas y para el hombre primitivo todo era milagroso. Desde la salida o puesta del sol, hasta el nacimiento de un niño o la llegada de la primavera. Desde la lluvia hasta la cosecha.
Todo era milagroso.
La vida era un milagro continuo y perpetuo.

         Pero ¿Son o no son milagros? ¿Los milagros son verdaderos o son falsos?
        
         Y pregunto yo: ¿de qué color es el amor?, ¿cuánto pesa la tristeza?, ¿Cuánto mide la melancolía?, ¿a qué sabe el odio?
        
¿Es que, acaso, no existen los colores, los pesos, las medidas, los sabores?
        
¿Es que, acaso, no existen el amor, la tristeza, la melancolía y el odio?

         Pues entonces….
        

Que quizás lo que nos hacen falta son científicos que sean sabios y religiones que sean inteligentes.

viernes, 28 de noviembre de 2014

LOS TERRORES DEL AÑO 1.000

(Celebrando la entrada/post nº 1.000, vuelvo a colgar :"Los terrores del año 1.000")

         La tesis doctoral de Ortega y Gasset, en 1.904, llevaba por título: “Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda”. Es poco voluminosa, sólo 58 páginas.

         Al comienzo, durante varias páginas, se extiende en la exposición de los tradicionales mitos o leyendas que hay sobre dicho año en “Notas sobre los legendarios errores del año 1.000”.

         Ya saben Uds., es el tiempo abonado para los milenaristas, como si la tierra, en su traslación alrededor del sol, supiera algo de milenios, siglos, años,… para tenerlo en cuenta.

         El año 2.000 me lo decían mis alumnos.

         -“Don Tomás – (entonces todavía me llamaban de “Don”)- entramos en el tercer milenio, preparémonos para alguna catástrofe. ¿Qué opina Ud.?
         - ¿A qué hora empieza?, porque quiero empezar a carcajearme desde el primer minuto.
         - Sí, ríase, ríase Ud., pero lo están anunciando por…

         Y tenía que explicarles que, en realidad, no íbamos a entrar en el año 2.000, sino que todo es erróneo y el causante, responsable y culpable de toda esta confusión fue un monje y astrónomo medieval, del siglo VI d. C., de nombre  Dionisio el Exiguo (el “enano”), monje escita, nacido en la Escitia Menor (hoy Rumania), que se había equivocado al pasar del calendario romano ( “a.U.C” (“ab Urbe Condita”, “desde la fundación de Roma”), que era como se hacía el cómputo de los años, considerándolo el año 0, al nacimiento de Jesús de Nazaret, como año 0, pues al estar ya instalado y asentado el cristianismo en Europa se consideraba el nacimiento del Hijo de Dios un acontecimiento mucho más importante que el inicio de la fundación de Roma, pero se equivocó en, nada menos que, “cinco años”, es decir, una manifiesta contradicción “Cristo nació al año 5 antes de Cristo”.

         - “Queridísimos alumnos, el año 2.000 fue hace 5 años, el 1995 y no se acabó el mundo. ¿Se va a acabar ahora, que ya no estamos en el 2.000?

         ¿Ocurrió, en el año mil, ese terror milenario, ese auténtico pavor supersticioso, temores y terrores apocalípticos, que muchos años después se daba por sentado y como segura su existencia?
         Porque es verdad que hubo, alrededor de ese año, hambrunas que llevaron al canibalismo, hubo lluvias torrenciales cual nuevo diluvio y era creencia extendida que la gente se arrepentía, se confesaba y comulgaba, entregando a los pobres todas sus posesiones para que, al ser juzgados por Dios en el Juicio Final, los pillase con el alma purificada y las manos vacías (por aquello de “Bienaventurados los pobres…. porque de ellos será el reino de los cielos”), que es lo que todos ansiaban.

         “Algunos historiadores –dice Ortega- han urdido el tapiz maravilloso de una leyenda”.
         Y “construida la leyenda, hizo su camino sin tropiezo, porque era bellísima”
         Aunque “como el maniqueísmo, el milenarismo está arraigado en el fondo de la concepción cristiana”.

         El 31 de Diciembre del año 999 habrían estado las Iglesias llenas de varones y mujeres, gimiendo y llorando, pidiéndole a Dios el perdón de sus pecados, en la certidumbre/certeza de que se acercaba el fin del mundo y, con él, el Juicio Final.
         Los lujuriosos confesaban a gritos sus pecados y lascivias; los avarientos ofrecían sus tesoros al Señor para que les fueran perdonados su vicio y su debilidad; los orgullosos vestían sayales y cubrían sus cabezas con cenizas reclamando misericordia, y todos, llorosos y compungidos, al oír las campanadas de media noche, esperaban escuchar también las trompetas de los ángeles, que harían resucitar a los muertos que, junto con los vivos, en ese mismo momento, comparecerían ante el Divino Juez.

         Pues todo fue propaganda posterior y pura fantasía proveniente de gentes interesadas en pintar de negro la vida cotidiana del medievo.
         Todo parece provenir, intencionadamente, de los enciclopedistas anticlericales y de los románticos, cargando contra la jerarquía eclesiástica de aquellos tiempos.
         Una fábula inventada en el siglo XVI, por cronistas franceses e italianos, que remataban así su opinión sobre los “oscuros y bárbaros siglos medievales”, capitaneados, por supuesto, por la iglesia cristiana.

         Ese mismo criterio fue el que los llevó a designar como “góticos” (es decir, “godo”, “bárbaro”) el arte de las catedrales, iglesias, monasterios y edificios civiles.
         ¿Se pueden llamar “bárbaras” las catedrales españolas de Santiago de Compostela, León o Burgos, entre otras; o las de Colonia, Notre Dame, Milán,…?
         ¿Se puede llamar “bárbara” y “oscura” la Escuela de Traductores de Toledo? ¿O a Alfonso X el Sabio?

         Es verdad que la higiene brillaba por su ausencia, que una peste cualquiera hacía estragos en el pueblo llano, que la cultura sólo era comida de clérigos, que el pueblo nadaba en el analfabetismo, que la alimentación era escasa e inadecuada,…
         Pero de ahí a cargar contra la Iglesia, como la suma interesada, para que le entregasen las pobres gentes todos sus bienes, predicándoles el fin del mundo, las penas eternas que les estaban reservadas,….

         Digamos que el terror a la enfermedad y, sobre todo, a la muerte estaban instalados en el pueblo antes, durante y después del año 1.000.

         Debido al aislamiento geográfico, sí es posible que monjes, a pequeños núcleos de población, predicasen la inminente venida del fin del mundo y que, en ellos, algo de eso ocurriese, pero no a nivel general de la cristiandad.

         Si nos atenemos a España, el año 1.000, gran parte de la población estaba bajo dominación musulmana y existían núcleos de población judía, y el cómputo de los años, para ellos, nada tiene que ver con el del Cristianismo.

         Pero una leyenda, cuando es bella, es difusiva y contagiosa.


         Pero una leyenda es sólo eso, una leyenda.

jueves, 27 de noviembre de 2014

SI YO HUBIERA SIDO DIOS….

                                                     

         (Un día de primavera, en la terraza, mirando el mar)

Si yo hubiera sido Dios habría hecho muchas cosas al revés. Por ejemplo, la vida de los hombres.

Siempre he dicho que la vida es como un paseo, mejor que como una carrera.
En una carrera tienes que esforzarte y rivalizar con los otros para llegar antes que ellos.
Una carrera siempre es competición, si no, es simulacro. Eso de que “lo importante es participar” lo dicen los perdedores.
La vida es/debe ser como un paseo. ¿Y qué ocurre al final del paseo? Pues que te sientas, te relajas, te tomas una cerveza con aceitunas con sabor a anchoa… unas tapitas……y continúa el placer, aunque de otra manera.
¿Qué ocurre al final de la carrera? Pues que, seguramente, has perdido, porque siempre hay un hijo…. que se te ha colado por la derecha o por la izquierda y… Por perder, perder, has perdido hasta la respiración y lo único que te apetece tomar es aire. Y todo para nada.

¿Y la vida? ¿Qué ocurre al final de la vida? Pues que te mueres. La muerte. Y esto sí que es una putada, además de una injusticia.
Se vive durante tanto tiempo (y más en nuestros tiempos) para que luego, al final, ¡pum!, la muerte. ¡Joder!.
         Como si la muerte fuera un premio, un diploma, un título, un bonobús. ¡Oiga!, una esquela no es un título, sino el último ultimátum, el finiquito firmado por nadie. El “sanseacabó” y punto.

         Oiga, esto no es serio.

         Si yo hubiera sido Dios habría programado la vida de los hombres al revés, caminando hacia atrás.

         El primer paso sería estar muerto y, a continuación, abrir los ojos y empezar a vivir, pero desde atrás.
         Y ¿con qué me encuentro? Pues en una silla de ruedas. Anciano más que viejo, dependiente, en un asilo. Con visitas dominicales de la nuera que ya está hasta el moño de que aún esté yo aquí y ella ahí, sin ver un euro.
         Pero ves cómo te levantas de la silla de ruedas, y dejas las muletas, y comienzas a andar, como Lázaro el día del milagro, y paseas, y juegas al tute y al dominó, y te cagas en los millonarios vestidos de blanco que corren tras un balón, y te ves jurando por la cobertura de tu móvil que no volverás a…. y te ves descumpliendo años y celebrando todos los “descumpleaños”, rodeado de amigos y amigas cada vez más jóvenes, asistiendo al milagro de ver cómo los pechos de ellas han empezado a colgarse y pasan de la forma melonácea a la limonácea, con el wonderbrá (¿cómo se escribirá este artefacto?), con los pezones apuntando, desafiantes, al cielo; y a ellos ver cómo se levantan, devuelven también las muletas, le pegan en el culo a las cuidadoras y se comen, con la vista, a las enfermeras en práctica. Y el guiñapo flácido y recogido, como avergonzado o humilde, comienza a empaquetarse.

         Deberíamos nacer, por ejemplo, con 95 años. Una buena edad, con el oído y la vista muy mermados, con la dentadura postiza, enchepados,…. Pero con una buena pensión (y no esta mier…. de pensión que parece un acto de caridad más que un acto de justicia).

         Y sigues hacia atrás, saliendo del asilo y entrando de nuevo en la fábrica. Ya has descumplido 30 años. Has ingresado en el mundo laboral. Y ya sabes lo que es sudar. Te deslomas durante 40 años. Vas descumpliendo años y trienios. Los colegios, los ligues de tus hijos. Las noches en vela porque son las 7 de la mañana y aún no han llegado. Y te nace el tercer hijo, luego el segundo y, finalmente (o primeramente) la niña.

         El día de la boda. El desastre y la hiel de la luna de miel. Preguntándote qué es lo que has hecho y lo que te espera.
         Ahora la Universidad. ¡Vaya siete cursos, para una carrera de cinco años¡ Botellones. Ligues. Madrugadas. Ojeras. Faltas a clase. Y te ves en selectividad, otra vez con el mito de la caverna de Platón.

         El bachillerato y la rubia de Nerea. Esos besos robados. Esa imaginación al límite. Las poluciones nocturnas. Esa E.S.O. y las masturbaciones, porque el profesor de Ética, contra el profesor de Religión, me ha asegurado que no son pecado.

         Y así entras en el colegio de Primaria. ¡Qué felicidad!. Todo lo que necesites se te dará. Academia de Inglés y de Informática, así como Judo y Deporte por las tardes. Sólo tienes que pedirlo y tu padre echará las horas extra que hagan falta. Juego y más juego. Pedagogía lúdica. Refuerzos positivos. Ninguna responsabilidad. ¡Qué alegría!. Si algo falla, si algo va mal, la culpa es de la sociedad, del sistema, de los medios de comunicación, del profesor, que sólo piensa en vacaciones y me tiene rabia. Pero yo no soy responsable. Al revés, soy una víctima del sistema, necesito recompensas.

         Y llegas a bebé. Ni ir al water. Ni ir al frigorífico. Un simple lloriqueo y toda la familia alrededor, con el biberón, con los pañales, con el baño, con el cochecito de paseo. La cuna. Los cuentos. El chupete.

         Y así llegas a entrar en el vientre de tu madre. 9 meses. Los mejores 9 meses de tu vida. Sin tener que hacer nada para tenerlo todo. Y todo por un simple cordón. Es el paraíso. Es el estado adánico.

         Y en ese primer segundo de tu vida, mientras ese espermatozoide corre veloz a ligar en las ligaduras, al unísono con el chirriar del viejo somier de muelles, en el jadeo y éxtasis de tus padres, en la cima del orgasmo, despertarme y diluirme al mismo tiempo, uniendo mi felicidad a su placer, expresando los mismos “ay…ay….ay….” pero el suyo in crescendo, hasta llegar a la fase de meseta y el mío en decrescendo, (¿se dirá así?) hasta apagarse, hasta apagarme.

         (¡Hola!, ¡Adiós!).

miércoles, 26 de noviembre de 2014

LA TIENDA DE LA VERDAD


         Le tocó el bote de la primitiva, la primitiva, el gordo y el euro millón. Muchos millones. En Euros.
Compró todo lo que quiso y más. Se vio rodeado de cosas. De muchas cosas. Todas sus frustraciones del tener se vieron sobradamente satisfechas. Le sobraba dinero. No sabía qué hacer con él.

         Nunca nadie poseyó tantas cosas pero nunca nadie se sintió tan solo. No es que tuviera soledad, es que era un solitario.
Pensó, pues, que ahora necesitaba amar y ser amado y, también, necesitaba la Verdad.

         Se puso manos a la obra. Buscó el amor. Algo al alcance de cualquier pobre pero que era incapaz de conseguir este nuevo rico.
        
         Acostumbrado a habitar en la peana, era incapaz de dialogar. Y el amor, ayuno de diálogo, desde la verticalidad, a lo más que puede llegar es a confundirse con el sexo. Con dinero sólo puede comprarse sexo.
         La amistad, el compañerismo, el afecto, la ternura, la querencia, el cariño, la simpatía, el AMOR, no sabe nada de dineros. “Con dinero y sin dinero…” seguía siendo un solitario.        Renunció, tuvo que renunciar, a lo que nunca había disfrutado, por desconocerlo. Renunció a las  personas y se automutiló como persona.

         Paseaba, solitario, por la ciudad. Miraba escaparates por el simple placer de decirse a sí mismo: “ya lo tengo”, “ya lo tengo”, “ya lo tengo”…. Masturbación interna viaria. Tiendas y más tiendas.
        
         Pero chocó con un viejo, pequeño y sucio escaparate. Oscuro. Con unos visillos medio descolgados. Se frenó en seco. Levantó la vista y en la marquesina nada había escrito. Aplastó su nariz sobre el cristal. Sobre un atril, al fondo, había un cartel, escrito a mano y con trazos inarmónicos. “Tienda de la verdad”.
TIENDA DE LA VERDAD.

         Se pellizcó para comprobar y convencerse de que no era un sueño. No despertó. Estaba despierto. Era verdad. Allí ponía: “TIENDA DE LA VERDAD”.
         Nunca imaginó que la Verdad pudiera venderse y comprarse.

         (Recreo y amplío un texto de Anthony De Mello, con este mismo título)

         Lo que nunca había tenido, ahora podía adquirirlo. Comercio de la verdad. Vender verdad-comprar verdad. Y él tenía dinero.
         Apretó el timbre, cubierto de polvo. Una señorita abrió la puerta y, amablemente, lo invitó a entrar. Dio una ojeada a su alrededor. Era un distribuidor con varios mostradores. Detrás de cada uno, un señor de aspecto no muy serio. La señorita requirió su atención.

         -¿Qué desea el señor?
         - ¿Es verdad lo que pone en el letrero? ¿Venden Uds. Verdad?
         - Sí, señor. Vendemos Verdades.
         - ¿Cómo, Verdades? ¿Es que existen muchas Verdades?
         -Por supuesto, señor. ¿Ve Ud. este mostrador? En éste se vende la Verdad parcial, en ese la Verdad relativa, en aquel la Verdad estadística, en aquel otro de allí la verdad…
         - No. Señorita. Yo voy buscando una Verdad más sólida, una Verdad más fuerte.
         - Entonces le acompaño, sígame.

         Pasaron por un estrecho pasadizo, en penumbra, con las paredes desnudas y vírgenes de mano humana. Desembocaron en otro distribuidor. Vio varios mostradores. Tras cada uno de ellos un varón de aspecto grave, serio pero alegre, atento. Sobre cada uno de los mostradores un letrero distinto.

         VERDAD MORAL. VERDAD ARTISTICA. VERDAD MATERIAL, VERDAD FORMAL, VERDAD ONTOLÓGICA.

         - Cada uno de ellos le irá explicando la verdad que vende y que Ud. podrá adquirir, - le indicó la señorita que, amablemente, se retiró y volvió a la puerta de entrada de la tienda.

         - Mire. Aquí se vende la VER5DAD MORAL.
         - Explíquemela, por favor. Muéstreme sus caracteres, intente venderme su producto.
         - La verdad, señor, es que la Verdad Moral está en su interior. Sólo UD, es testigo de ella. Cuando alguien llama a otro “mentiroso”, seguramente no sabe lo que está diciendo, no está usando bien el lenguaje.
         La Verdad Moral es la coincidencia entre lo que se dice y lo que se piensa. Cualquiera puede oír lo que Ud. dice, nadie, salvo Ud. sabe lo que Ud. está pensando. Nadie, salvo P.D., pues, puede saber si hay o no coincidencia entre lo dicho y lo pensado, entre la Verdad Moral y su opuesto, la Mentira.
         Siempre se dijo que era un pecado. Quizá sólo sea una impostura, un tapón, un impedimento para la confianza, para la convivencia.
         La Verdad Moral, muchas veces es incómoda y trae de la mano enemistades. Si Ud. siempre quiere ser sincero, a toda costa, le va a costar más de un disgusto. ¿Puede llamársele feo a ese feo niño ante una madre que lo quiere con locura? ¿Puede llamársele “enana” a esa mujer de baja estatura o “tonel”, si además está obesa, hiriendo su sensibilidad, segando su autoestima? Entre la felicidad de los otros y su sinceridad, ¿con cuál se queda Ud.? ¿Es necesario ser, siempre, sincero? ¿Tiene Ud. Derecho a decir, siempre, ante cualquiera, lo que Ud. está pensando? ¿Es necesaria, siempre, la Verdad Moral? ¿No se basa la convivencia, muchas veces, en pequeñas mentiras que conllevan felicidad? ¿Es pecado o impostura alimentar la imaginación de los niños cuando llegan los Reyes Magos o se le cae un diente?
         Hay que hacer muchos equilibrios con la Verdad Moral.
         Aunque Ud. quisiera adquirirla, ni yo podría vendérsela ni Ud. podría comprarla. Es gratis. Viene incluida en la conciencia de cada uno. ¿Ha practicado Ud. la Verdad Moral o ha mentido, más de una vez, en su vida?

         El nuevo hombre rico se quedó pensando, sin responder (no siendo que mintiera). Dudó y dudó. Dio un paso atrás, sin decir nada. Y se dirigió al siguiente mostrador.

         “VERDAD  MATERIAL” anunciaba el cartel del nuevo mostrador.

-         “Hola, Sr. Verá Ud. Aquí vendemos la Verdad Científica. Es la Verdad de la que Ud, seguramente, sabe algo y ha oído hablar, y más hoy día.
La Verdad científica es, podríamos decir, a la que normalmente nos referimos cuando hablamos de Verdad. La Verdad Material es la coincidencia entre nuestros pensamientos y la realidad. Cuando Ud. afirma que este mostrador es de madera y que es rectangular y luego acudimos al mostrador y vemos, comprobamos, que es de madera y que mide ocho por cinco, como hay  coincidencia entre el mostrador y lo que Ud, ha afirmado sobre el mostrador, esa es  Verdad Científica.
         Si Ud. hubiera afirmado que el mostrador era metálico y redondo, sería una Falsedad. No Mentira, sino Falsedad.
         Cuando se afirmaba que la tierra era el centro de la tierra no era mentira, era Falso. La tierra no está en el centro del universo.
         Coincidencia entre el pensar y el ser. “Adaequatio intentionalis intellectus et rei”  - decían los antiguos.
         Como Ud. comprobará la Historia de la humanidad es la historia de las falsedades más que de las verdades, porque éstas están constantemente convirtiendo en falsedades las hasta entonces consideradas verdades. Nuestras verdades científicas actuales –téngalo Ud. por seguro- serán superadas, depuradas, corregidas, sobrepasadas por descubrimientos posteriores.
         Aunque Ud. quisiera comprar esta verdad yo no podría vendérsela, porque aún no la tengo. Ni yo ni nadie. Sólo puedo indicarle el camino, el método, el meta-odos, para ir acercándose a ella. Pero ese camino –debe Ud. saberlo- es interminable. Tiene dirección, pero no existe la meta. Ésta siempre está algo más allá de donde Ud. haya llegado. Del mundo Macro, del Universo, apenas conocemos algo. A diario estamos descubriendo más y más y más. Y del mundo Micro, ¿Qué quiere que le diga?. Ahora andamos liados con el mapa genético, con la materia negra, con la Teoría cuántica, con los agujeros negros…. Además del cambio climático, de la capa de ozono… Esto no tiene fin. Le puedo asegurar que si Ud. opta por la Verdad Científica, corra lo que corra, morirá corriendo, pero nunca en la meta. La meta no existe. Sólo el camino.

         El nuevo hombre rico se desilusionó un tanto. ¡Vaya panorama el que se le presentaba!

         Se dirigió al mostrador de la Esquina. VERDAD ARTÍSTICA. Se acercó tímidamente. Con un gestó preguntó al dependiente qué era esa cosa llamada “VERDAD ARTÍSTICA”.
         El dependiente, agachándose bajo el mostrador, sacó dos pinturas, dos cuadros exactamente iguales y los puso sobre el mostrador. Los firmaba un tal Picasso.
-         ¿Qué ve Ud. Señor? – preguntó muy educadamente el dependiente.
-         Dos pinturas de un tal Picasso.
-         Fíjese Ud. Bien, por favor.

         El nuevo hombre rico miró y miró; las remiró, muy detenidamente. Pero las veía exactamente iguales.
-         Son iguales – respondió, extrañado por la insistencia del dependiente.
-         Parecen iguales, Sr. Pero no lo son uno es una copia, una imitación, un plagio, una suplantación. Uno de estos Picassos no es un Picasso.
-         Los veo iguales. O ambos son originales o ambos son copias. Son exactamente iguales.
-         Eso es lo que parece, ¿Verdad? Pero no lo es. Éste de la derecha es una copia realizada por un extranjero residente en Mallorca que copia e imita maravillosamente bien. Es un buen imitador, pero no es un creador. Copia belleza, no la crea original. La verdad artística es la verdad creada, no la recreada. No que ésta sea fea y no sea belleza. No es la belleza primera, la original, la auténtica, la primigenia, la que salió de la mente del artista. Una imitación de un Picasso no es un Picasso. La mayoría de los artistas, sean arquitectos, escultores, pintores, poetas, novelistas,….. son grandes imitadores pero no creadores, son ejecutores de lo por otros descubierto. Los genios son los rompedores, los que hacen que lo que antes no existía ahora exista. Suelen ser genios a los que la intuición, la luz, los pilla siempre trabajando. Suelen ser raros porque buscan donde nadie cree haya algo y buscan lo que otros dicen que eso es imposible “y, además no puede ser”. A veces son encerrados por locos. Son anormales, aunque por exceso, Se salen de la norma. Ésta les viene pequeña. Para que Ud. me comprenda, es lo que me comunicaba, hace años, en un pueblo de Córdoba, en La Rambla, una gran ceramista llamada Caty Alcaide: “En este pueblo, Tomás, hay muchos industriales, que se están enriqueciendo, hay varios artesanos, dignos de elogio, pero sólo somos dos creadores, que malvivimos, por incomprendidos”. El artista, Sr., como lo que hace es adelantar las líneas de por dónde va a ir el futuro, los del presente no lo comprenden, lo obvian, se resisten, se ríen, lo desprecian. No es fácil ser “anormal” (aunque sea por exceso), en una comunidad de “normales”. Cuando la mediocridad es la norma los extremos no encajan.
              Nosotros, Sr. Le podemos vender el camino, pero no la                                                                meta. Los descubrimientos tendrá que ser Ud, quien los “descubra”, creándolos. Es una dura tarea.

         El nuevo hombre rico quedó como una mezcla entre agobiado, abrumado y oprimido. Movía la cabeza de un lado para otro, como diciendo, para sus adentros: “joder con los artistas, vaya vida perra que llevan o les espera”.

         Miró al otro extremo y observó el último mostrador. Raro mostrador. Una pizarra, a su espalda, llena de fórmulas, con números y letras y que no entendía. “VERDAD FORMAL”, rezaba en el rótulo, encima de la pizarra. Un señor con el pelo blanco, largo y alborotado. Alguien parecido al Einstein ya mayor, lo invitó a sentarse. Se sentó.

-         Muy buenas tardes tenga Ud. Señor. No se asuste de lo que ve en la pizarra. Aquí tenemos la Verdad Formal. Es una Verdad que Ud. conoce muy bien.
-         Yo no sé qué es la Verdad Formal – dijo el nuevo hombre rico.
-         Ud. ha practicado, muchas veces, la Verdad Formal.
-         ¿yo?
-         Veamos. ¿Ve Ud, este cajón? Si Ud. tuviese diez millones de euros y metiese en este cajón la mitad. ¿Cuántos millones habría en el cajón y cuántos tendría Ud?
-         Naturalmente cinco millones cada uno.
-         Y si de sus cinco millones metiese la mitad en el cajón, ¿cómo quedaría la cosa?
-         En el cajón habrá siete millones y medio y yo tendría dos millones y medios.
-         Pero, como Ud. puede ver, en el cajón no hay nada, todo lo tiene Ud. Esto es la matemática, un juego de cantidades. La matemática no roza las cosas, no maneja cosas, no trata de la realidad, sólo juega con cantidades. ¿Qué pasaría si…. y luego si…?No afirma que eso ocurra, sólo dice lo que pasaría si se dieran esto y esto y esto. No que se dé.
       “Si yo me llamo Tomás entonces mi nombre empieza por “T”. Es así que yo me llamo Tomás; luego…..” ¿qué conclusión sacaría Ud?.
-         Pues que “su nombre empieza por “T”.
-         Pero ¿y si “mi nombre  empieza por “T”?.
-         “Luego Ud. se llama Tomás”.
-         ¿Y si me llamase Timoteo o Teodoro o Tadeo? Ha cometido Ud, un error muy corriente, denominado “afirmación de consecuente”, ha aplicado Ud. una regla inválida. Estamos hablando de la LÓGICA, que, junto a la Matemática, son las dos Ciencias Formales. Tratan de “formas” o “fórmulas” no de contenidos. No tratan de nada en concreto porque sólo tratan de moldes que pueden ser rellenados con lo que Ud. quiera. Si decimos que 4x5 son 20, 4 pueden ser jirafas y 5 niños, y SI tenemos 4 jirafas y SI en cada jirafa hay montados 5 niños, entonces tendríamos 20 niños. Pero 4 pueden ser coches, sacos, pisos, monederos,…lo que Ud. quiera y 5 pueden ser ministros, tiendas, árboles, maestros, piedras, y entonces tendríamos…. El Matemático y el Lógico sólo afirman lo que habría si hubiese, no que haya. Ellos son ajenos a la realidad, no la manejan. “La naturaleza está escrita en lenguaje matemático, así que el que no sepa matemática no se va a enterar de nada” –había dicho hace varios siglos un genio. Quítele Ud. los números y las letras (las fórmulas) a la Física, a la Química, a la Biología, a la Economía, a la Astronomía… y se quedan ciegas, sordas, cojas. No pueden caminar. No pueden moverse. Las Ciencias Formales son el armazón de las Ciencias Materiales.
              ¿Se imagina Ud. un triángulo con cinco ángulos y ocho lados? Es absurdo.
     Lo opuesto a la Verdad Formal es la Contradicción, el                      Absurdo.

¿Qué me dice Ud.?

         El nuevo hombre rico estaba anonadado, se sentía abatido, casi casi humillado. Había entrado en aquella tienda con toda la ilusión del mundo y no había hombre en el mundo más desilusionado.
         Miró con “cara de perro apaleado” a aquel señor de pelo tan singular. Medio sonrió. Se dio la vuelta. Hizo ademán de marcharse.

         - No se marche Ud, todavía Sr. Aún quedan dos mostradores. Quizá le interese alguna de esas Verdades.

         En un mostrador medio escondido podía leerse: VERDAD ONTOLÓGICA.

-         Acérquese Ud. ¿Podía decirme qué hora es?, por favor.

         El nuevo hombre rico levantó el puño de su camisa y dijo: “son las 17, 40 horas”.
         El dependiente quedó mirando el reloj.

-         ¿Es de oro? – preguntó amablemente.
-         Tiene que serlo. Me ha costado un ojo de la cara.
-         ¿Me permite?, por favor.

         Entró en la rebotica, sacó un líquido, dejó caer una gota sobre la cadena del reloj. Posteriormente hizo pasar por él un rayo de luz y apareció en una pantalla algo así como un código de barras; y exclamó:

-         Esto no es oro, Sr.
-         ¿Que no es oro?
-         No. “este oro no es oro”. Parece una contradicción. Pero esta es la verdad que aquí vendemos. La Verdad Ontológica.
No es oro, aunque se le parezca. Es un falso oro. O sea, no es oro, es otra cosa distinta al oro. Cuando el oro es oro, y el agua agua, y la madera madera, y la estrella estrella,…. Cuando una cosa es ella misma y no otra esa es la Verdad Ontológica. Hablamos de la realidad. Del oro real, del agua real,…Su reloj es de oro irreal, o sea, que no es realmente de oro. La coincidencia de una cosa con ella misma. Ser realmente lo que es. Esa es la VERDAD ONTOLÓGICA. Su reloj es de oro APARENTE, no real. Lo opuesto a la REALIDAD es la APARIENCIA. Referido a las personas es la HIPOCRESÍA, aparentar ser lo que no se es. El camuflaje es la técnica que la naturaleza y el hombre emplean para aparentar ser lo que no se es o para aparentar no ser lo que se es. Cuando Moisés, el de la zarza ardiendo, le preguntó a Dios: ¿Qué les diré a tu pueblo cuando me pregunten por Ti?- Les dirás: Vuestro Dios ha dicho: “Yo soy el que soy”.
La Verdad Ontológica consiste en ser lo que se es. Es lo opuesto a la Doblez.
¿Es Ud. Verdadero Ontológicamente? ¿Ha intentado Ud, alguna vez aparentar ser lo que no es? El hombre aparente no es el hombre real. El hombre debería ser trans-parente, manifestar lo que se es y como se es. Sería Ontológicamente Verdadero. Un hombre real, auténtico.

El nuevo hombre rico, el pobre hombre rico, ya no sabía ni responder, menos aún qué responder.

- “Cuántas veces, Sr. – expresó el dependiente – creemos vivir en la Verdad y, sin embargo estamos viviendo en el Error. Porque – debe Ud. Saber- la verdad también es “un estado en el que estar”. Ud. Sr. por ejemplo, está en un error si cree que estamos en el año 2008. No es verdad. Si Ud, no sabe, no conoce, el error que cometió el fraile Domingo el Exiguo cuando se le ordenó que calculara el año del nacimiento de Jesús de Nazaret, Ud. cree que está en el 2008, cree que está en este año, y no es verdad, viviría Ud. en un error. Estado de Verdad y Estado de Error. Vivir en la verdad. Vivir en el error. Claro que quien es consciente de vivir en el error está en la verdad, quien no es consciente, no.

¡Pobre hombre rico¡ Parecía llevar sobre sus hombros, como Atlas, todo el peso del mundo.

- Claro que si Ud. quiere la VERDAD TOTAL, PLENA, COMPLETA, debe Ud. pasar por aquella pequeña puerta en penumbra. Un anciano, con un triángulo de corona, podrá mostrársela.

Entró sin dudarlo.

-         Vengo a comprar la Verdad Total.
-         Muy bien, Sr. ¿Sabe Ud. ya cuál es el precio?
-         Me da igual. Puedo pagarla. Quiero la Verdad Total, Plena, Completa. Deseo poseerla para descansar definitivamente y vivir, residir, habitar en la Verdad.
-         No. Verá Ud. Sr. El precio no es en dinero.
-         No le entiendo –respondió el nuevo hombre rico, el pobre hombre rico.
-         Verá Ud. Sr. el precio es que “NUNCA MÁS PODRÁ ESTAR EN PAZ”.
-         ¿Cómo dice?
-         No va Ud a conocer el reposo. No va a descansar en paz. Verá Ud. Sr. Ha caído en la tentación. En la misma que cayó Eva, que quiso conocerlo todo, quiso saberlo todo, por eso comió la manzana del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. El querer conocerlo todo, saberlo todo, es humano, no es malo. Lo malo es querer hacerlo por atajos, de golpe, no poco a poco, madurando. Ud, como Eva, quiere conocer la Verdad Total, quiere ser como Yo, como Dios. Porque Yo soy LA VERDAD. Y tú quieres serlo por un atajo, por el atajo del dinero.

         Se lo voy a explicar y lo entenderá. Verdad Total es verlo todo en cada cosa. En este grano de trigo (le mostró uno), si fueras Dios o como Dios, verías la espiga, al segador, al molinero, al panadero, al comprador, al que come el pan, a la amante del que come el pan, a sus hijos que aún no están ni encargados,….
         En cada cosa verlo todo. Porque en cada cosa está todo. Porque “todo está relacionado con todo” –que dijo el filósofo.
         Conocer una cosa es conocer todas las relaciones, reales, probables, posibles, futuribles, pasadas, presentes, futuras….
         El trabajo divino es agotador.
         ¿De verdad que quiere Ud. la VERDAD TOTAL?

         El pobre hombre rico salió cabizbajo, no sin antes darle a Dios las gracias.


         Por el camino iba musitando: “aún necesito alguna mentira, mantenerme en algún error, comprobar mis cotidianas falsedades, deducir contradicciones, seguir con imitaciones, proseguir con algún plagio, aparentar y mostrar lo que realmente no soy del todo pero que los demás no lo saben. Necesito vivir. Necesito Justificaciones. No puedo con las razones. Necesito seguir siendo hombre”.