miércoles, 17 de enero de 2018

24.- HISTORIA DE LAS MUJERES (2)


“La mujer en casa y con la pata quebrada”.
“La mujer y la sartén en la cocina están bien”
O “que no salga la mujer a la calle sin permiso del varón” como nos dijo el cura el día que nos casamos, al leer un texto de la Biblia.

Supongo que a ninguno de Uds. le ha extrañado esto que he dicho.

La mujer siempre ha estado encerrada: En el CONVENTO, en la CASA, en la CÁRCEL, en la FAJA o en el CORSÉ, o en el CINTURÓN DE CASTIDAD.

La mujer ya sea virgen (monja), esposa-madre, bruja, o presumida o sin su señor cerca. Siempre encerrada, siempre presa.

La mujer, en términos de NATURALEZA, está hecha para parir, para procrear. No es una persona (como el varón) que, además, puede procrear. NO. La mujer es un ser hecho PARA traer niños a este mundo. Niños que no serán suyos, sino del varón semental ( semen-tal, porque  él es el que esparce el semen y el semen, la semilla, es la ÚNICA causa engendradora del niño, como lo es de la espiga.

Hasta el XIX no se sabrá que también la mujer pone el óvulo en toda esta operación.
 El niño, como la madre, son totalmente del señor que los ha acogido en su casa.

Pero es que la mujer, en términos de CULTURA, no es más que el objeto de una transacción económica entre su padre y su futuro señor.

“Te doy X si te la llevas”.  No.  “Me la llevo, te la quito de encima, si me das Y”
Es la DOTE. Llevarse a mi hija lleva incluido este premio, esta Dote. No, yo me la llevo y te quito el peso de encima si la Dote es eso + eso + eso…..

La fórmula es: “te doy a mi hija en prenda para que engendres hijos legítimos y con ella va esta dote de tanto y tanto”.
Tanteamos, negociamos, Yo bajo, tú subes,…. Y al final cerramos el trato, para que tú, padre, quedes feliz quitándotela de encima, porque es, más que un estorbo, una carga pesada.

Pero él, el marido, el nuevo dueño, no da nada a cambio. No es poco que se la quite de encima al padre. Debería estarle agradecido.

El padre tiene que entregar a su hija porque él, también, antes, había recibido la hija de otro, con su dote correspondiente.

La compensación del padre era poder tener nietos, por lo de la herencia…

Oiga, ¿y la joven casadera?

Ella no cuenta para nada, nadie le pide permiso o conformidad.
Son el padre y el futuro yerno los que intervienen.

¿Y quién es él?. Seguramente ella ni lo sabe. Ya se lo comunicará el padre.

Oiga, ¿y el amor? ¿El amor? ¿Qué amor?. ¿Qué es eso del amor?. El amor es una cosa de anteayer. Como lo es la libertad para elegir o para decir sí o no. Esto son cosas de anteayer.

¿Conocía la Virgen María a San José y se casaron por amor?


La mujer, de golpe, sin comerlo ni beberlo, pasa del dominio del padre al dominio del marido, sin solución de continuidad.

martes, 16 de enero de 2018

24.- HISTORIA DE LAS MUJERES (1)

Después de muchas horas de lectura y meditación sobre el papel que ha tenido, o que le han asignado o que ha desempeñado  la mujer a lo largo de la Historia.

 Después de reflexionar sobre Eva o las dos Evas (Eva no pudo morder la manzana por la sencilla razón de que las manzanas no existían allí, en la tierra de asesinado Sadán Hussein, entre el Éufrates y el Tigres, allí donde se supone que estuvo el Paraíso terrenal.
¿Sabían Uds. que para los judíos lo que Eva cogió y lo que mordió fue un higo, una nuez o una algarroba?
¿Y que para los ortodoxos lo que cogió Eva fue una naranja, mientras que para los protestantes fue miel?
¿O que para los musulmanes de lo que se trataba era de un vaso de vino?).

¿Cómo es posible que los artistas del Renacimiento presenten al diablo tentador en forma de  serpiente  pero con cabeza de mujer, tentando a la única mujer que existía, que era Eva?
¿No es una contradicción?
¿O es que hubo una primera Eva, expulsada del paraíso, que se le presenta a la 2ª Eva, la nueva compañera de Adán?

Después de haber reflexionado sobre la mitología griega y sobre Pandora y su dichosa Caja, La Caja de Pandora.
Siempre, siempre, la mujer ha sido la causante de todo el estropicio.

¡Prometeo, -dice Zeus- después de haber intentado engañarme con la partición del toro sacrificado y haberme tocado a mí los huesos y la piel, me has robado el fuego para dárselo a los hombres para que ellos puedan asar/cocer/cocinar la carne y así estarte eternamente agradecido.

¿No querías fuego, Prometeo?, pues “toma fuego”.
Ten este regalo, ten esta mujer bella, ten este regalo envenenado, ten esta hermosura de mujer.

Hermosa, muy hermosa, pero ardiente, la cual, sobre todo en verano, cuando los varones lleguen agotados de trabajar, ella los estará esperando para practicar sexo; y ellos quedarán agotados, exhaustos, mientras que ella, siempre insaciable, siempre exigiendo más y más, se quedará preñada, y vendrán más niños, que son más bocas que llenar, y los varones tendrán que trabajar el doble, y ella nunca se encontrará sexualmente satisfecha, y querrá más, y más y más y los pobres varones……he ahí el pecado original, causado, por supuesto, por una mujer, Pandora, al abrir la dichosa caja que inundará el mundo de males.

Mitología cristiana y mitología griega.

Después de la desilusión de cómo se trata a la mujer en la mi queridísima Atenas democrática, con mis queridísimos Sócrates, Platón y Aristóteles.

Tras mi decepción del papel de la mujer en el mundo romano.

Tras el bochorno de contemplar a la mujer medieval y el escándalo del lugar asignado a la mujer a lo largo de casi todo el Cristianismo; (concepción procedente de un San Agustín , (parece mentira, Aurelio Agustín, ¿Quién te ha visto y quién te ve?, ¿Cómo has sido capaz de echar de casa a tu  amantísima y enamorada Floria Emilia, quedándote, además con el hijo, fruto de vuestro amor durante tantos años), o de San Jerónimo, con el mito del Paraíso (mujer engañada (por torpe) y luego engañadora, (por mala) y el mito del pecado original, ella la perversa, la tentadora, la peligrosa, la culpable de que tengamos que trabajar para poder comer, culpable del dolor, del sufrimiento, de la muerte).

Tras el no tan femenino papel de la mujer en tiempos del Renacimiento y de  la Diosa Razón (Los Derechos del hombre (léase varón) y ciudadano (no ciudadana).

Tras todo eso, me encuentro con un paréntesis maravilloso, pero un paréntesis muy cortito, que es la consideración de la mujer por un personaje galileo, Jesús de Nazaret, el nazareno, el Cristo y en tiempos del primer Pablo, porque el segundo Pablo…

Toda la historia de las mujeres, antes y después de ese corto paréntesis, es la “Historia de un encierro”.

Leo en un blog un chiste muy malo, un chiste machista, del que pido perdón por anticipado.
“Un hombre, que va montado en su coche y que atropella a una mujer en un paso de peatones, con el semáforo en rojo para el conductor y  verde para el peatón.
¿Quién es el culpable del atropello?, Cuatro posibles respuestas, como los tests del teórico del carnet de conducir, ¿la Dirección General de Tráfico, El Concejal encargado de la circulación, el coche o el conductor?

Pues no.

El culpable es LA MUJER, por no estar en la cocina, que es donde debería haber  estado”.

Pedí perdón por anticipado y lo pido por retrasado. Pero me viene al pelo para lo que quiero decir. La Historia de la mujer es la historia de un ser encerrado”.


lunes, 15 de enero de 2018

23.- LA MADRE TIERRA EN LA MITOLOGÍA Y EN LA HISTORIA y (2)


Esta cruel transformación social y cultural se produce en todo el mundo y en las poblaciones que descubren que “podrían dominar y esclavizar a otras personas al igual que mantienen bajo control a sus rebaños”.

“El más duro golpe asestado al concepto de la divinidad femenina se inicia con la Reforma Protestante del siglo XVI que suprime el Santuario de la Santa Madre y formaliza la profanación del mundo natural.

Aunque el papel dominante en la religión cristiana es el Dios Padre, el culto a la  Virgen siempre estuvo vivo y se extendió por todas partes.

Las antiguas costumbres y tradiciones celtas vinculadas al culto de la diosa han sido absorbidas e integradas en el culto a la Virgen.

Se debe prestar mucha atención a la imagen mitológica de la Madre Tierra, como representante simbólica del arquetipo de la naturaleza humana femenina.

En la humanidad nuestra naturaleza tiene dos componentes, uno masculino y otro femenino.
Uno relacionado con las actividades del hemisferio izquierdo del cerebro –la lógica lineal, racional y analítica- y otro con las actividades dirigidas por el hemisferio derecho, analógico, circular, intuitivo y conciso.

La vida misma, como se expresa en este planeta, se expresa en términos de polaridad, representado por arquetipos masculinos y femeninos: día y noche, luz y sombra, la energía y la materia, sólido y líquido, positivo y negativo, el ying y el yang.

Existe una relación directa en todas las sociedades, que incluye la consideración de la tierra como los valores de la mujer arquetípica, mostrando respeto hacia la naturaleza y hacia las mujeres, ancianos y niños, incluyendo también  los valores de la vida y la capacidad de reconocer y expresar emociones, sentimientos, sensaciones, intuiciones, sentimientos de grupo  y voluntad de cooperación.

La polaridad femenina en la sociedad contemporánea es la más olvidada y reprimida, tanto interior como exteriormente.

En los últimos siglos, desde la revolución industrial, de hecho, han sido exaltados sobre todos los aspectos relacionados con la polaridad masculina –características de acción, heroísmo, determinación y un enfoque en la dimensión racional y material- que han promovido el desarrollo de la ciencia, la tecnología, el progreso, la economía y la independencia del hombre con la naturaleza.

Hoy en día, la recuperación del aspecto femenino de la vida significa dar espacio a los valores de la vida y el amor, la capacidad de reconocer a la especie humana como parte de un todo más amplio.

Contrarrestar y reorientar los valores dictados desde la obsesión por el dominio masculino, el control y la separación.

La superación del conflicto entre la oposición masculino-femenino abre las puertas a los más altos potenciales, la colaboración y la interacción pueden dar como resultado una síntesis constructiva entre polaridades diferentes.

Es un compromiso y un trabajo que cada individuo debe asumir en primer lugar reorganizando la estructura psíquica de su propia persona, para que no se convierta en producto de la represión o la negación de uno de los dos polos de su ser.
Así se contribuye a la creación de oportunidades para la expresión y realización de todos sus diferentes aspectos, sin estar limitado por estereotipos de lo que un hombre o una mujer debe o no debe ser.

A partir de esta síntesis y de la integración de los opuestos, del alma de cada individuo nace un nuevo tipo de compromiso social y político, en el más amplio sentido de la palabra.
Las personas como un “todo” –capaz de vivir lo racional y lo emocional, lo exterior y lo interior, lo material y lo espiritual, atento a los detalles, a la calidez y la superación de los límites – desarrolla la voluntad de abordar los temas de actualidad, grandes y pequeños, desde esta nueva visión.


Este enfoque más eficaz abre sus puertas equipado para comprender la complejidad, con una tendencia a unificar en lugar de dividir, difundir los ideales de paz en lugar de la guerra, buscar nuevas formas creativas de convivencia con los demás y el medio ambiente, y dedicarse a estudiar y a buscar todo lo que pueda ser “útil para la vida”.

domingo, 14 de enero de 2018

23.- LA MADRE TIERRA EN LA MITOLOGÍA Y EN LA HISTORIA (1).



Los hallazgos arqueológicos revelan la presencia generalizada en todo el mundo de los cultos de figuras femeninas.

La mujer era la portadora de la vida y toda la concepción y la organización del mundo giraba alrededor de su figura.

“La religión patriarcal fue precedida por veinte mil años de religiones matriarcales”, dice una estudiosa de la espiritualidad de la mujer,

En los albores de la humanidad, la vida social giraba en torno a la mujer.

La madre tiene un papel de poder; la herencia material y cultural pasa de madre a hija; los principales valores están relacionados con el cuidado de la vida, el respeto, la convivencia, la belleza, la armonía.

La vida religiosa ve a la mujer en el centro, celebrando el misterio de la vida a través de la adoración de deidades femeninas como símbolos de la fertilidad, el cuidado de la vida, la hospitalidad y la transformación.

Aunque las figuras femeninas en el panteón de toda la humanidad son muchas, hoy en día se tiende a considerarlas como los diferentes aspectos de una divinidad antigua primordial, representación de la Tierra, el símbolo por excelencia de todas las características femeninas.

La Gran Madre o Madre Naturaleza son algunos de los términos de diferentes tradiciones que se refieren a la fuerza creativa y reguladora del mundo físico y de la naturaleza, las mismas fuerzas de las que la mujer ha sido la portavoz y la representante en las sociedades antiguas.

La diosa se asocia con la fertilidad, el amor, la protección de la vida –incluso con la lucha si es necesario.
También es una asociación recurrente la de la Luna y sus ciclos.

Se relaciona a la mujer con la tierra como la fuente de la vida e incluso de la muerte, porque es como la tierra que acoge la vida y se regenera.

La hembra está alineada con la existencia en este planeta en todas sus fases: el propio término “materia”, en lenguas latinas, viene de “Mater”, “madre”.

La tierra es vista como la madre en las culturas tradicionales en todo el mundo.

Las iniciaciones en los misterios de la antigua Grecia tenían lugar en una cueva, “el vientre de la tierra”, y el acto de resurgir a la superficie,
después de la iniciación, representaba un renacimiento.

El culto de lo femenino está presente en todas las civilizaciones vinculadas con el cuidado de la tierra: “Esta mujer es como una leyenda viviente: difunde su semilla, hombre”, dice un antiguo texto de la India.

“Vuestras mujeres son como campos para vosotros”, dice el Corán.

La revolución neolítica, es decir, la transición de una economía basada en la caza a la basada principalmente en la agricultura y la ganadería, da el nacimiento de dos tipos muy diferentes de actividad: una agrícola y sedentaria y otra pastoral, nómada o semi-nómada.
Si la primera sigue conectada a los cultos y rituales que veneran a la tierra, la segunda pierde rápidamente esta conexión reemplazando los valores relacionados con el arquetipo femenino, por el masculino de la fuerza, el poder y la dominación.

La Madre Tierra ya no es la referencia de esta cultura siendo sustituida por el Padre Cielo, creándose nuevos cultos, nuevos mitos, nuevas deidades.

Si la madre era la fuente primaria de todas las cosas y no necesitaba un dios para procrear, el triunfo del pueblo guerrero genera nuevas maneras de contar la historia del mundo.

Gaia se une a Urano, el dios del cielo, que se convierte en su amante y  su  semilla en forma de lluvia  que fecunda a  la tierra.

El templo de Delfos, dedicado a Gaia, es usurpado por Apolo, que mata a la serpiente pitón sagrada –antiguo símbolo de las fuerzas de autocuración de la naturaleza- y se asienta en lo que hoy es conocido como el santuario de Apolo.

La antigua diosa babilónica Tiamat, diosa del vacío primordial, había creado sola el mundo.
El dios Marduk era originalmente su hijo, pero luego se convierte en el dios creador que mata a Tiamat, a la que luego se la ve como el monstruo del caos primitivo.

En los mitos clásicos, que relatan Hesíodo y Homero, se ha documentado la lucha entre la vieja cultura matriarcal y la nueva religión que tuvo lugar en el orden social patriarcal del siglo VII antes de Cristo.

La adoración de un dios popularizado por Abraham, se ha introducido en una tradición ya existente, probablemente de fuente fenicia, donde la mujer tenía un papel importante, interpretada por la diosa Elat, en la que la figura femenina es fundamental para la organización social tribal, y la mujer durante su ciclo menstrual se encontraba en el centro de atención, a la altura de su poder, y no era separada por impura,  esto se dio con posterioridad.


La diosa madre es sustituida por un dios padre.

viernes, 12 de enero de 2018

22.- TODO DEBIÓ COMENZAR ASÍ (1)

TODO COMENZARÍA ASÍ.

Antes de que el trono divino de las primeras civilizaciones fuera ocupado por el Sol, existía el culto a la Tierra, encarnada por la figura femenina, la madre, la proveedora, la naturaleza; la… todo.

“El eterno femenino nos impulsa hacia lo alto.” (Goethe)

La historia del hombre…

¿En qué año?

Da igual.

Como una nueva criatura saliendo del útero, así llegaron los primeros seres humanos, descubriendo cautelosamente la luz según iban saliendo de la cueva, refugio y seguro de vida.
La humanidad daba sus primeros pasos, deambulaba de territorio en territorio mientras intentaba comprender el entorno que le rodeaba, pues ello implicaba supervivencia.
Cuando estos incipientes personajes se formularon las primeras preguntas acerca de su proveniencia, este no muy desarrollado instinto de curiosidad, lo primero que podían hacer era observar sus nacimientos.
Evidentemente la mujer daba la vida al igual que la tierra hacía crecer frutos de semillas fecundadas en su infinito vientre.
El “nosotros” y todo lo que les rodeaba era una sola entidad con múltiples extensiones y funciones: la naturaleza éramos todos.
Era sencilla la analogía, la gran fuerza creadora y benefactora tenía que ser una madre, tenía que ser mujer. Y entonces los hombres vieron que aquello era bueno, la noche era respetada y la luna admirada.

¿Año…?

Los hombres rendían culto a la Gran Madre.
Hacían sus primeras obras artísticas, esculturas con forma humana, femenina, con el vientre y los senos exagerados, clara alusión a la fertilidad.
Las tribus identificaron su descendencia por línea materna (se sabía que la madre era la que estaba pariendo pero no podía saberse quién era el padre, porque podía ser cualquiera que hubiera practicado sexo con ella) pues el concepto de familia era equivalente al de la misma tribu.

La clave de la supervivencia era la unión y la colaboración, ya sea para protegerse de amenazas de animales carnívoros depredadores o de la temperamental e impredecible fuerza climática.
No lo sabían, pero estaban viviendo, seguramente, el período de la más grande armonía de su historia: el sentido de pertenencia individual era algo desconocido, solo había una mente, la mente colectiva.
Sus restos no son ostentosos, no se ocuparon de dejar decoradas tumbas, inmensas murallas de defensa o armas de combate en manos de los que escenificaban sus producciones artísticas, no había razón para ello, aún no existía el miedo al olvido.
Y los hombres vieron que aquello era bueno, no había más adversidad que aquella a la que tenían que enfrentarse todos juntos.

¿Año…..?

Estos hombres mejoraron la manera en que producían herramientas y transmitían mensajes.
Representaban la divinidad como un principio femenino, la naturaleza, el ciclo eterno de la vida, la muerte y el renacimiento, encarnado también por la Luna y sus fases; pero también dedujeron que ésta tenía un consorte, un hijo, y comenzaron a verse a sí mismos.

Sus primitivos medios de comunicación les hicieron recurrir al abstracto y puro medio de los símbolos.
La serpiente, por ejemplo, fue considerada un símbolo de la tierra, de la sabiduría, de la vida; símbolo del tiempo y de los ciclos; símbolo de la fertilidad, de la sexualidad.
Era algo a lo que había que respetar, algo a lo que había que temer, como la naturaleza misma.

La encarnación de esta criatura iba a trascender los mitos y estaría presente en todas las culturas.


Y los hombres vieron que aquello era bueno; ninguna criatura cargaba con los pecados de los humanos, pues el pecado era una palabra aún desconocida.

22.- TODO DEBIÓ COMENZAR ASÍ (y 2)


¿Año….?

Comenzaron a hacerse más preguntas.
Identificaron los factores que permiten la producción de alimentos por medio de la agricultura y domesticaron animales, teniéndolos a mano, por lo que dejaron de desplazarse.

Aquí comienza la historia de “un” hombre: el que comenzó a estudiar todas las cosas de manera aislada, ya no como una totalidad.
El que dejó de observar y se limitó a ver.
Y vio que la gran entidad femenina tuvo un hijo, el varón, porque sobre la tierra todo es fruto de la dualidad.
Este hijo en muchos casos se unía a la madre para procrear de nuevo al hijo, su propio padre, en lo que se podría denominar el divino incesto, representado en los primeros pasos de cada religión mediante el emblema de alguna tríada (Isis, Osiris, Horus; Sin, Shamash, Ishtar; etc.) o trinidad (Brahma, Vishnú, Shiva; Cuerpo, Alma, Espíritu; etc.).

La era de los héroes se aproximaba.

Y el hombre vio que aquello era bueno, ahora tenían más protectores a los cuales elegir y seguir.

¿Año…?

Nuestro héroe desarrolló una nueva forma de representación escrita que desplazó a los símbolos, reduciendo las interpretaciones.
El sedentarismo originado por la agricultura generó los primeros vestigios de la posesión, y este hombre vio en la fuerza física algo de vital importancia para el mundo conflictivo que se avecinaba.

Y clamó: “mi tierra, mis recursos, a esta tierra la he trabajado con mi sudor y la voy a defender”.
El hombre había descubierto la propiedad.
Comenzó a inclinarse hacia el raciocinio y se aferró a éste para justificar sus actos; se volvió curioso, se volvió miedoso, tuvo miedo a que le arrebataran lo que producía, tuvo miedo a perder, tuvo miedo a morir.

El hijo se reveló contra su madre, comenzó a conquistarla, y embriagado de poder y del placer que éste le otorgaba, a punta de espada empezó a eliminar sus presuntas amenazas.

El hombre quería dejar sus posesiones a su descendencia, pues horrible le hubiera sido pensar que su obra en vida fuese en vano, y sólo mediante el matrimonio podría asegurarlo.
La monogamia se convirtió en la principal base de familia, por lo que ahora la descendencia no le pertenece a un grupo, sino a “un” hombre.
Y el emancipado ahora justifica sus acciones por medio de la razón, la que comenzó a identificar con la luz, con el Sol, el que elimina la necesaria oscuridad del reino de la Luna, la luz que erradica los miedos que se esconden bajo lo que es desconocido.
Y el hombre ya no veía la tierra, ahora, al mirar, sólo veía el cielo.

La divinidad terminó siendo “una” y para siempre y la tierra ya no era sagrada, lo sagrado, ahora estaba arriba, en el cielo.

Y el hombre vio que aquello era bueno.

En un papiro egipcio que muestra a Shu (el aire) separando a Nut (el cielo) de Geb (la tierra)

¿Año….?

El hombre ya no vio unión entre tierra y cielo, e inmortalizó este hecho en testimonios de piedra mediante el arte, la escritura y la religión con el fin de marcar las creencias y comportamientos de las generaciones venideras.

El sol comenzó a eliminar a la competencia y la serpiente quedó manchada de por vida.

Apolo, dios solar, dio muerte a Pitón.

Y este hombre retiró de la comunidad a la mujer, pues sólo así podría garantizar su linaje, su sangre; la mujer debía ser también su propiedad.

Ella pasó a ser símbolo de provocación y de pecado, y estas restricciones fueron clavadas en las hojas que serían veneradas por las multitudes venideras: la de los fuertes y conquistadores, y la de los débiles y sumisos.

Las esculturas comenzaron a hacerse con atributos modestos, las “Venus” de la Era de Piedra quedaron muy distantes y sus intimidades ahora son vergüenzas.

Y el hombre vio que aquello era bueno.

¿Año…..?

El hombre ahora es rey, es emperador.
Así como había tierras, había alguien que las reclamaba.

Quedó satisfecha su hambre de fe con una imagen antropomorfa de la divinidad que representaba “todos” los atributos que deseaba encarnar, la fuerza, la valentía, el poder.

El héroe se convirtió en Dios, masculino, pero también en un anhelo distante, morador del cielo, algo que todavía no ha podido terminar de definir.

El hombre conquistó en el nombre del progreso, en el nombre de la luz y del dios que ésta personificaba, y se autoproclamó su descendiente, sea del poderoso Rá, del iracundo Zeus o del proveedor Inti (entre cientos más que podrán identificar), todos representados a menudo en batalla, ya sea participando o promoviéndola; se convirtieron en los padres de las divinidades menores que les siguieron y de las que le precedían.

El patriarcado ahora es el orden divino.

Las jerarquías se propagaron y en su cumbre se encontraba el hombre, el padre, el rey, o simplemente “Él”.


Y el hombre vio que aquello era bueno, la Gran Madre conquistada en nombre de la razón quedó enterrada, y ahora él es dios.

jueves, 11 de enero de 2018

21,. LA SEXUALIDAD ¿CÓMO DEBIÓ SURGIR? (y 2)

La Venus de Willendorf nada tiene que ver con las Venus griegas, de cuerpo perfecto, de proporciones ideales, sumamente atractivas,…
Aquella tiene hipertrofiados los órganos de la procreación y de tal manera que, prácticamente, el artista ha prescindido de todo lo demás.
Esta Venus es una Venus puramente biológica, promete descendencia, aquellas son culturales y despiertan deseo de tenerlas al tiempo que  prometen placer, sin pensar en descendencia.

Igual que ocurre en gran parte del mundo animal, en el que los machos se muestran vistosamente ataviados con el único objeto de atraer a la hembra para copular con ella, también debió ocurrir en nuestro hombre del Paleolítico, en que el varón se adorna más que la mujer, aunque sólo sea con pinturas corporales y con tatuajes y sólo después serán los collares, los brazaletes, las pulseras,…y, después, vendría la danza.
Es el macho el que corteja a la hembra (lo que vemos a diario en nuestros parques entre las palomas).
En la sociedad primitiva no hay solteronas, la mujer está segura de ser cubierta porque el hombre desea saciar su necesidad sexual.

Un cuerpo llama a otro cuerpo y cuantas más señales mande uno y perciba el otro más probable es la coyunda.

La danza como llamada, como preparación, como celebración sexual no es, ni más ni menos, que las “paradas nupciales” de numerosos animales (pensemos en la “berreas de los ciervos”)

El Neolítico supuso la denominada “revolución neolítica”.

Mientras el varón del Paleolítico andaría en su tarea cazadora y pescadora, en aventura cotidiana con peligro de muerte si su astucia no superaba la fuerza bruta animal, pero siempre embebido en el mundo de los animales salvajes, la mujer completaría los recursos económicos de la horda dedicándose a unas someras tareas de recolección, de pequeños animales y más embebida en el mundo vegetal y aprendiendo de él.

Y todo cambió cuando las pequeñas hordas dejaron de ser nómadas y trashumantes y se hicieron sedentarias porque fue entonces cuando la agricultura y la ganadería, más seguras, sustituirían, poco a poco, a la incierta, insegura y arriesgada caza.
Sería entonces cuando los saberes de la mujer se impondrían sobre los de los varones, jugando con ventaja en la nueva vida y aspirando a una situación más digna.

Sólo ahora se impuso un mayor contacto entre ellos, integrados, además, en comunidades más amplias, estables y sólidamente vinculadas.
La comunicación entre las personas se hizo asidua, normal e intensa, con lo que se aceleraría la evolución intelectual.
Ese relativo sosiego (pues el grupo hacía sentirse más seguros a los individuos) constituiría una creciente posibilidad de reflexión y ya no todo era instintivo.

Asistiendo, ahora ya sí, a los ciclos de la vegetación (y dependiendo de ellos para subsistir) se convertirían en incipientes creencias del grupo, que los iría relatando y creando los mitos, sobre todo a la Tierra, la Gran Madre, protectora de la agricultura.
Y se harían presentes ideas como “morir-para-nacer”, eso de “desperdiciar (¿)”, enterrar, perder, hacer morir (un grano de trigo) parte del alimento en forma de simiente para que, pasado un tiempo, renaciera en forma de espiga, con el 100x1,…
O la idea del eterno retorno de las estaciones

Pero todo ello es, fundamentalmente, pensamiento femenino (también es ella la que “hace nacer”, la que, mensualmente, “sangra”…)

La “delicadeza” ha vencido a la “fuerza”, el pequeño martillo sobre el cincel ha vencido a la fuerza bruta del martillo sobre la piedra, el dedo pulgar y el índice, sosteniendo el débil cincel, ha vencido a la fuerza bruta de la mano agarrando el martillo.

Las manos hábiles moldean el barro (la cerámica útil) para hacer vasijas en las que cocer y ablandar la comida.

La existencia cada vez es menos dura, la vida se alarga, la descendencia se multiplica.

Las relaciones sexuales son, ya, más calmadas, más distendidas, el placer va siendo buscado sin tener ya que satisfacer ese “hambre sexual instintivo”

El mundo animal va quedando atrás.

Aparecerán los soberbios monumentos megalíticos, compuestos de piedras enormes (no hay más que desplazarse a Antequera y contemplar los dólmenes), aunque fueran forzados por la mano dura de caudillos implacables, pero ya se muestra una considerable organización, tanto para el arrastre de las piedras como para la construcción de los monumentos.

Quizá, también, las relaciones sexuales entre varón y mujer estuvieran ya codificadas de algún modo.

¿Es el menhir un signo fálico, una exaltación de la virilidad? Y ¿quiénes lo erigirían, los varones o las mujeres?

¿Cuándo el matriarcado, que armoniza con el carácter agrario de la época, se impone al patriarcado?


¿Cuándo la monogamia sustituyó a la poligamia y ésta a la promiscuidad?