jueves, 13 de diciembre de 2018

FANÁTICOS SIN FRONTERAS (1)



Quien sabe algo del Corán y de la religión islámica sabe que, contra la inflación de imágenes de Cristos, Santos y Vírgenes que pueblan nuestras iglesias, rotondas y altares callejeros, el Islam, en alguna de sus ramas, prohíbe la representación de imágenes del Profeta por lo que las mezquitas estarán llenas de adornos pero no de imágenes.

Y todos recordamos (yo ya lo he expuesto en otros lugares) las consecuencias de las caricaturas de Mahoma en un periódico danés, que no es que fuera una imagen sino una caricatura de Mahoma, barbudo (no sabemos si lo era en realidad) con un turbante en el cabeza y con una bomba escondida en él.
Al momento saltaron los líderes musulmanes en Dinamarca con protestas y amenazas, pero el gobierno danés antepuso la libertad de expresión de los caricaturistas.
Se sumaron a la protesta líderes musulmanes de otras partes del mundo, pero no fueron escuchadas por el gobierno danés.
Incluso hubo una campaña de boicot a los productos daneses en los países islámicos, con quema de banderas danesas, destrucción de embajadas, numerosos disturbios, incluso muertos.
Las autoridades danesas y de la Unión Europea pidieron excusas y…

(El semanario sería inmediatamente cerrado y su director, despedido)

 ¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN¡

Así se las gastan ciertas ramas de algunas religiones y así se consiguen éxitos.

Posteriormente sería en Francia, con Charlie Hebdo.

La intolerancia frente a la permisividad.
Y yo no sé por qué una blasfemia, de cualquier religión, si va acompañada de buen gusto y arte, tiene que levantar tanto revuelo.

Dijo Jesús a sus discípulos: “dejad que los niños se acerquen a mí” (y la coletilla del chistoso: “porque detrás de los niños vendrán las madres y podremos bailar, cantar,..…con ellas”

¿A algún católico le ha molestado esta gracieta picaresca, lúdica y sin mala intención?

Aunque las caricaturas de Mahoma fuesen de la extrema derecha, como algunos afirman ¿es que no le ampara a la extrema derecha (como si fuera la extrema izquierda) la libertad de expresión?

¿Fueron unos insultos irreverentes y agresivos para que hasta nuestro Presidente Zapatero los criticara?

Hasta teólogos, cardenales y rabinos salieron en defensa de los piadosos y feroces “ofendidos” musulmanes (no sé si como envidia de no tener entre su feligresía tales valientes).

(Todos sabemos que en tiempos de la Santa Inquisición una blasfemia podía acabar con el blasfemo en la hoguera.

Pero eran otros tiempos y, desde entonces, ha llovido mucho.
Hoy no cabe en cabeza alguna tal delirio.

Generalmente las Iglesias, cuando ya no pueden inspirar miedo, suelen pedir respeto.

Yo leí los Versos Satánicos en cuanto salió editado y al autor Salman Ruhsdie se le condena a muerte (fatwa) allá donde esté, por Jomeini, y todavía algunos justificaban la fatwa como respuesta a su arrogancia irresponsable.

Yo leí el libro y jamás pensé que fuera merecedor de la condena a muerte del autor.

Soy de la opinión de que a todas las religiones les falta el sentido del humor y se sienten agraviadas por un chiste o por una caricatura.

¿Y si la caricatura del barbudo Mahoma, con el turbante y la bomba escondida, fuera interpretada como una sátira contra los que, en su nombre, utilizan bárbaramente su doctrina para cometer y justificar atentados de inspiración política?

No sería una crítica contra Mahoma sino contra los asesinos islámicos que cometen los atentados.

P.D.

(Ayer mismo, en Estrasburgo, al grito de “Alá es grande” otro nuevo atentado en un puesto de figuritas para el Portal de Belén, con muertos y muchos heridos incluidos.
No sé por qué Alá no se manifiesta y le ordena a éste y a otros descerebrados que la vida de cualquier persona es algo sagrado)

miércoles, 12 de diciembre de 2018

ÉTICA Y MORAL (J. A. MARINA)


“LA ÉTICA ES EL PROYECTO PARA SALIR DE LA SELVA

El filósofo, pedagogo e investigador, José Antonio Marina, lamenta que la ética se vea como un conjunto de normas cuando, en realidad, son “el conjunto de las mejores soluciones que se le ha ocurrido a la inteligencia humana para resolver unos problemas absolutamente universales”.

José Antonio Marina cree que la ética es la solución a los problemas.

Para José Antonio Marina Torres, catedrático de Filosofía, investigador y pedagogo, la ética es “el proyecto para salir de la selva”. Cuando esta ética fracasa, “a nivel político o a nivel doméstico, lo que hacemos es volver a la selva”.

Distingue dos escenarios: la selva y el exterior de la selva.

“Lo que ocurre allí es que la gacela perseguida por una leona no se puede dar la vuelta y decirle que respete sus derechos”.
Ante la leona su derecho a la vida no existe y, en la selva, va a ser comida.

Pero nosotros, los hombres, no queremos vivir así.

Los seres humanos anticipamos proyectos de cosas que no existen, como el de vivir en un mundo justo, cosa que no hemos conseguido, pero que al menos lo tenemos como proyecto”.

Para ello a solución es la ética, una “manera diferente de organizar las cosas que me asegure el acceso a la felicidad”.

“Queremos ser felices, tanto yo como las personas a las que yo quiero, pero yo solo no puedo hacerlo”.

Para ello –dice- es muy importante “vivir en comunicación con grupos de la ciudad y cumplir sus normas para poder reconocer al que hace trampas, al gorrón, por ejemplo”.

La Ética es la que se encarga de resolver estos problemas y lamenta Marina que se vea a la Ética como un conjunto de normas cuando, en realidad, son “el conjunto de las mejores soluciones que se le ha ocurrido a la inteligencia humana para resolver unos problemas absolutamente universales”.

Todas las sociedades tienen normas para unos problemas comunes, como el de la vestimenta, pero cada una responde de una forma diferente: “Unos se visten con turbante y otros no. El problema es que hay que protegerse del frío y cada uno se cubre a su manera.

La moral es lo mismo.

Cada sociedad ha inventado su moral.

Hay tantas morales como culturas o religiones y ahora vemos cómo algunas no funcionan, chocan o dejan sin resolver problemas muy serios.

“Si queremos un mundo que se aparte definitivamente de la selva necesitamos que se imponga la fuerza de los derechos”.

“La ética”, añade, “es soluciones, la mejor ética es la mejor solución”.
“La ética –añade-  se basa en un método inductivo”, al igual que la medicina: “se trata de la experiencia, prueba/ensayo y error, lo que funciona y lo que no funciona”.

Todas las sociedades han tenido que inventar sus propias soluciones morales.

“Esto significa que yo tengo la propiedad de mi casa y aunque mi vecino sea más fuerte que yo, voy a poder mantenerla porque el resto de la comunidad va a apoyar mi derecho”.

“Estamos inventando un nuevo modo de vivir” y por ello resalta cuatro de los nueve problemas principales a los que se ha hecho frente durante todo este tiempo.

El primero, “el valor de la vida”, que defiende que “todas las vidas humanas tienen el mismo valor”.
“El valor de la vida de los negros tiene el mismo valor que la de los blancos pero hasta que esto ha sido aceptado han pasado siglos”.
La idea de que todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie se viene abajo “en cuanto surgen problemas”, como en el caso del Holocausto, con la matanza de cinco millones de judíos a manos de los nazis, a pesar de que Alemania era “la nación más culta y más avanzada del mundo.
Tuvo un desplome, un colapso ético.
El primer síntoma de este colapso es cuando se dice que la vida de todos no vale igual”.

Derechos individuales por encima de la tribu

El segundo problema consiste en la “relación entre el individuo y la tribu”.
¿Qué está por encima: los derechos del individuo o los derechos de la tribu?, pregunta Marina.

“Al principio la tribu estaba por encima del individuo. Ahora hemos reconocido que los derechos individuales pueden prevalecer incluso frente a la tribu.
La tribu puede exigir ciertas cosas pero no me puede exigir todo.

Antes la religión podía imponer, mediante la inquisición, lo que consideraba que era correcto, por encima del derecho de las personas.

Cuando los alemanes hacen la constitución después de la guerra se dan cuenta de que los derechos individuales deben de estar por encima de todo”

El tercer problema es “el poder y la administración del poder”.
“El poder hay que limitarlo para hacerlo compatible con el poder de decisión de las personas.
Hay que hacerlo de una manera que permita la participación en los asuntos públicos”.

De todas las fórmulas probadas hasta el momento, “la mejor solución es la democracia. Hemos probado la tiranía y la anarquía y no funcionan”.

El cuarto problema es: “Los bienes, su producción, su distribución y su posesión”.
“Al principio el derecho de propiedad era absoluto, yo con lo mío hago lo que quiero.
Ante esto se buscó una solución que fue el comunismo, donde sólo el Estado tiene la propiedad. Una era mala y la otra peor. Estas dos fórmulas generaban desigualdades”.
La fórmula actual es “la mejor, ya que existe el derecho de propiedad individual limitado por la función social de la propiedad. Es por ello que pagamos impuestos”.


RELIGIÓN Y DELINCUENCIA (y 2)




Ni los maridos pueden castigar a sus esposas, aunque lo diga el Corán, ni nadie puede ser ahorcado o arrojado desde las alturas o, simplemente, condenado a muerte por su opción sexual, lo diga la religión que lo diga, y que nada tiene de desviada ni de aberrante dicha opción aunque no sea mayoritaria.

Las creencias y prácticas religiosas están amparadas por la libertad ideológica recogida en las Constituciones de los países democráticos laicos (España incluida) pero siempre que no vayan en contra de las leyes de esos países, que configuran una cultura y una forma de entender la convivencia por encima de cualquier otra consideración religiosa (que, muchas veces, no es religiosa sino sólo eclesiástica).

Los fieles de cualquier confesión religiosa pueden creer lo que quieran pero sólo podrán actuar dentro del cauce de la legislación estatal.
Se es libre para nadar, pero dentro del río, y sin derecho a molestar, chapotear/salpicar o prohibírselo a los demás bañistas.

Por muy piadoso y lleno de sagradas motivaciones que esté un delincuente, delincuente se queda y deberá ser juzgado y debidamente castigado por los tribunales.

Como así le ha ocurrido al “piadoso” imán de Fuengirola.

El problema no son tanto los símbolos (cruces, kippas, velos, y demás) sino los dogmas eclesiásticos que vulneran la legalidad e incitan/pueden incitar a conductas dañinas o a enfrentamientos con los derechos fundamentales por los que nos regimos en nuestras sociedades democráticas occidentales.

Cada uno puede ir adornado como quiera pero sabiendo que no por ello deja de estar sometido a normas comunes cuyo fundamento no es religioso sino laico y que se sostienen con argumentos basados en la razón humana y no en la fe divina.

La tolerancia pluralista es incompatible con las concesiones a la teocracia, sea del culto que sea.

La religión es un derecho de cada cual, pero no un deber para nadie y nunca hará que sea aceptable ninguna transgresión a la legalidad, por muy piadoso y creyente que se sea y se haya comportado.

El delito es un delito. Que debe ser castigado, aunque su religión lo eleve a los altares como mártir de su fe.

Los signos religiosos externos, en sí mismos, son inofensivos y su prohibición en el ámbito escolar (puesta en práctica en Francia) significa reconocer que las creencias son difícilmente domesticables pero que encubren una ferocidad latente contra quienes no la comparten y que, a veces, se hacen patentes con desprecio, aislamiento, agresión psicológica (incluso física) o “bullying” (la palabra de moda) o “acoso escolar” de toda la vida.

O lo que es lo mismo, que eso que no tiene tanta importancia, debe ser tomado en serio, porque es mucha importancia la que tiene.

Es más, una verdadera educación frente a las religiones debería introducir un punto irónico en cualquier fe y cuyo objetivo sería formar creyentes capaces de sonreír al identificarse como tales.

Pero esto, que teóricamente debería ser así, en la práctica puede salir cualquier Asociación de Jueces y Magistrados Francisco de Vitoria que puede sentirse herida en sus sentimientos religiosos y amargarle la vida a quien ironice con creencias y prácticas tradicionales como la Procesión del Coño Insumiso.

¿Cómo puede herirse “el” sentimiento religioso, que es personal, (“tu” sentimiento, “mi” sentimiento,…) si, incluso, entre los propios practicantes de una religión unos se sienten ofendidos mientras otros lo toman a chanza?

lunes, 10 de diciembre de 2018

RELIGIÓN Y DELINCUENCIA (1)


RELIGIÓN Y DELINCUENCIA

¿Debería prohibirse, en todo el mundo, y por el bien de todos, la presencia de ciertos símbolos religiosos, como el velo islámico, la cruz cristiana, la kippa judía, y todos los demás, en los centros públicos de enseñanza para no herir sensibilidades religiosas?

¿O es preferible llenar las aulas con todos los símbolos, incluidos el del Pastafarismo y el de la Iglesia de Satán?

Y quien dice “símbolos”, dice “doctrinas”.

Ya se me cansa la boca y se me entorpecen los dedos de decir que la religión, de cualquier confesión, y como asignatura a estudiar, debería estar fuera de los centros públicos, fuera del horario escolar.

Pero siempre he defendido (y sigo defendiéndolo) la presencia de una Cultura Religiosa como asignatura obligatoria y evaluable por considerarla necesaria para la comprensión de nuestra historia en los diversos temas, desde el arte hasta la literatura, desde la música a las plegarias, desde la poesía a…

En lo demás, las confesiones religiosas tienen sus lugares de reunión, de culto y de catequesis donde pueden, libremente, desarrollar sus funciones de catequesis y de formación religiosa y no seré yo, agnóstico, el que les solicite permiso, día y hora, para exponer mi agnosticismo a sus feligreses creyentes.

Es “su” lugar y debe ser respetado por todos.

¿Podríamos leer y comentar con el alumnado textos del Antiguo Testamento en el que se dan argumentos para castigar la homosexualidad con la pena de muerte?

¿O pasajes del libro “La mujer en el Islam”, del tristemente célebre imán de Fuengirola, de cómo administrar prudentes castigos corporales a la mujer, y que no queden huellas del castigo, para dejarle claro quién manda en la familia?

Y la pregunta inmediata surge: ¿es verdad que el Corán dice eso o es sólo una interpretación torticera del imán, y de otros imanes?
¿En todas las ediciones del Corán así se manifiesta?
¿Y habría que impartir esa enseñanza (suponiendo que fuera correcta) en la escuela pública a los niños, con su aún inmadurez psicológica y en formación?
¿Habría que empezar la iniciación a practicarla?

La Torah, la Biblia, el Corán y demás libros considerados revelados sólo por sus fieles creyentes pueden decir lo que les dé la gana y que en su tiempo tendría razón de ser, pero en el tempo presente y en las sociedades laicas y democráticas del mundo occidental las leyes civiles prohíben todas esas prácticas y deben estar por encima de cualquier consideración religiosa.

domingo, 9 de diciembre de 2018

BUSCAR LA VERDAD (y 2)




Pero para una mente sana es imprescindible que la verdad objetiva, en el campo adecuado, sea algo más que posible, algo real.

La verdad nunca es democrática y, si no, que se lo pregunten a Galileo y la teoría heliocéntrica defendido públicamente por él y, seguramente, a escondido por cuatro gatos más porque el argumento para su condena (no a muerte, como muchos siguen creyendo) era el “consensos omnium” (el consenso universal, que todos ven y afirman que es el sol el que apareciendo por el Este…)

La verdad era que el Emperador iba desnudo y no vestido como decían sus sastres estafadores por afán de lucro, y lo que decían sus cortesanos para seguir sacando provecho, y… Todos están de acuerdo en que va desnudo, casi “consensos omnium” porque sólo un niño fue capaz de ser objetivo porque no tenía intereses que defender ni que buscar, ve desnudo al rey y así lo dice.
El niño sólo se ha puesto de acuerdo con la realidad y con su experiencia, y así lo manifiesta, porque su único interés es conocer en sí, y no conocer a través de intereses extraños al conocimiento.

La moraleja es que, para decir la verdad, hay que ser como niños.
Ya lo dice el refrán: “sólo los niños y los borrachos son sinceros y dicen la verdad”.

Si analizamos al hombre a través de la evolución comprobamos que la prueba de que existe un mundo objetivo, de realidades, es que le iba la vida en ello, en un conocimiento adecuado a través de los sentidos, que nada tenían que ver con dependencias de tradiciones o de culturas a las que el sujeto perteneciera.
Y lo mismo ocurre con los sentidos de los animales, por la misma razón de supervivencia.

Y, en otro lugar, hemos escrito sobre el camuflaje o mimetismo como estrategia para ser predador y no presa o al revés.

Y sabemos que los sentidos los usamos para conocer pero sabemos que tienen unos límites, denominados umbrales, que ni por encima ni por debajo de ellos podemos captar la realidad que ahí se encuentre.

Y ha sido la inteligencia humana la que, consciente de esa deficiencia de los sentidos, ha creado esas prótesis tecnológicas como pueden ser los microscopios o los telescopios y toda esa variada y variopinta tecnología que conoces.

Y todos sabemos del método hipotético deductivo, desde Newton, para descubrir y acumular verdades significativas.

Pero los grandes problemas que acucian al hombre no son, precisamente, los problemas científicos (aunque también) sino los problemas vitales, desde el hambre al terrorismo, desde la pobreza a la explotación sexual, desde el maltrato hasta….y de éstos, poco o nada, pueden decirnos la ciencia.

Debemos razonar sobre el fanatismo y sus consecuencias, pero para ello poco puede aportarnos las ciencias.
La racionalidad científica no nos sirve o, al menos no nos basta.

Las creencias de nuestros antepasados eran técnicamente falsas pero eran moralmente consoladores, mientras la ciencia actual parece que es lo contrario.

El desencantamiento de la ciencia es lo que lleva a que muchos se lancen en brazos de creencias y pseudocreencias  de salvación.
Quizá buscar consuelo sea algo pueril pero no lo es la búsqueda de una orientación hacia una mejor forma de convivencia, o el uso más humano de la libertad, temas poco sumisos a la investigación científica.

En el plano de los valores y de los ideales ¿hay algo parecido a las verdades del plano científico?
El relativismo afirma que no, que no  hay valores objetivos y, si los hubiera, no podríamos acceder a ellos, a diferencia de las verdades científicas, iguales para todos, nada que ver con valores e ideales que dependen de culturas, de tradiciones, de religiones,…

Es decir, las verdades obtenidas por la ciencia provienen de la racionalidad que todos compartimos, mientras que los códigos éticos dependen de nuestra adscripción a un grupo social o a otro.

Y así es imposible llegar, ni siquiera pretenderlo, a un compromiso moral a escala universal, la única válida en un mundo globalizado.

Mientras todo está globalizándose parece que los códigos éticos no pueden serlo, ni siquiera una legislación universal para ciudadanos cosmopolitas.

En el mundo moral no hay una causalidad como la hay en el mundo físico que venga a prestarnos ayuda.
Compartimos los acontecimientos externos, pero no los valores internos.

Lo “racional” es una cosa, lo científico, pero lo moral sólo se queda en el nivel de lo “razonable” porque mientras éste sólo actúa en primera persona, aquel admite la tercera persona.

Es la diferencia entre “qué debemos aceptar como verdadero” y “cómo debemos vivir”.

Aunque lo “razonable” no sea sólo subjetivo y pueda tratarse a nivel intersubjetivo.

Sin verdad no hay auténtica educación y sería un ideal conseguir un consenso axiológico.

martes, 4 de diciembre de 2018

BUSCAR LA VERDAD (1)



¿Quién no ha oído/leído, más de una vez, el verso de Machado: “No tu verdad: la verdad // Y ven conmigo a buscarla // la tuya, guárdatela”.

Yo estudié Filosofía en la Universidad Pontificia de Salamanca, una Universidad en la que todos mis profesores eran curas o frailes y la filosofía que todos impartían era la Filosofía Escolástica de Santo Tomás de Aquino, a veces un poco edulcorada, porque el siglo XX no era el siglo XIII, medieval, pero los razonamientos eran parecidos.

Sólo hubo dos, el Profesor de Psicología que nos hablaba de la Estructura de la Personalidad, de la Tectónica de la Personalidad,… era el Padre Freijo, nada que ver su Psicología con la Psicología escolásticas de las pruebas de la inmortalidad del alma y cosas por el estilo y el Padre Muñoz, un fraile mercedario que nos dio Lógica Matemática y que cuando nos ponía un examen se marchaba a la librería de la calle La Rúa, El Sagrado Corazón, y nos decía que cuando acabáramos el examen lo dejáramos encima de la mesa, por si él no hubiera llegado todavía.

Fue de esta materia de la que me enamoré y también por el dominio y la forma de explicarla.

Es cierto que la Filosofía tiene fama no sólo de aburrida sino de casi ininteligible por el farragoso vocabulario que usa que esconde el mensaje (si es que lo tiene) detrás de las palabras.

Ortega, no obstante, practicaba lo que predicaba: “la claridad es la cortesía del filósofo” y es verdad que es claro en sus palabras y en sus mensajes.
Pero ha sido casi la excepción.
Ha sido muy normal la frase: “debe ser un pensamiento muy profundo porque no me entero de nada de lo que dice o escribe”, como si el manto tapase tanto a la persona que se sospechase que ni persona había tras ese manto.
Yo, también, en ese sentido, durante toda mi vida de educador-enseñante he intentado dar mensajes de manera clara (y, sin vanidad, creo haberlo conseguido).

He intentado no mentir ni mentirme a mí mismo y nunca me ha dado miedo la verdad, sea la que sea y venga de donde venga y no es porque mi tocayo dijese que “La verdad, venga de donde venga, al final viene de Dios” sino porque la “verdad nos hará libres” aunque duela y te cree enemistades.

Los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez no son mentiras ni falsedades sino suaves verdades dulcificadas que alegran la vida infantil y señalan el camino de que el refuerzo posibilita conductas correctas.
Nunca les neguéis a los niños sus caramelos de ilusión que la vida, luego, es demasiado prosaica.

Mentir es o la hipócrita autodefensa o herir al otro, es como hacerse trampa en el solitario y, luego cantar victoria.

Los que mienten lo hacen porque desean algo y saben que, diciendo la verdad, no van a conseguirlo.

Pero la salvación, propia o ajena, nunca puede venir de la mano de la mentira, que es como la calle cortada y, al final, sin salida, aunque te haya servido para caminar un trecho.

Vivir mintiendo, vivir instalado en la mentira, es una metástasis de autodestrucción que antes o después se llevará a cabo.

También todos hemos leído/oído la frase del poema de Ramón Campoamor: “en este mundo traidor // nada es verdad ni mentira // todo es del color // del cristal con que se mira”
La duda es, y la pregunta, ¿el mundo es/tiene que ser traidor?, porque si no lo es no hace falta cristal, y menos de colores, con que mirar la verdad y la mentira, y la verdad será verdad y la mentira será mentira. Pero instalados en la hipocresía es difícil, si no imposible, detectar la verdad o la mentira del que abre la boca.

La verdad siempre fue la adecuación entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hay.
La mentira es el desajuste entre lo que pensamos y lo que decimos, para que, además, sea falsedad, además, hay que tener en cuenta lo que hay, si lo hay o no lo hay, los hechos, la realidad, inamovible en su terca presencia, independiente de nuestros gustos, deseos o caprichos.

Pero, a partir de Nietzsche, se extendió la sentencia de que “no hay hechos sino interpretaciones” y tú no puedes saber si esa muerte, ahí, con un tiro en la nuca ha sido un suicidio, un homicidio o un asesinato, porque ya no nos vale decir que se ha muerto, hay que calificar esa muerte.
Y habrá que recurrir a interpretaciones recurrentes y mayoritarias para que sea aceptada esa interpretación como la más ajustada a los hechos.
O que el médico forense, tras un minucioso y científico reconocimiento sentencie que fue un suicidio y no un homicidio ni un asesinato
Lo que no está muy lejos de lo que afirmaba Kant de que no podemos conocer el “noumenon” sino sólo el “fenómenon” y este es el resultado de una suma en la que un sumando lo pone, desde dentro, el sujeto cognoscente y el otro sumando proviene de fuera del sujeto por lo que la suma total de estos sumandos nunca puede ser igual a ninguno de ellos (me recuerda un poco a la hipotenusa de cualquier triángulo que siempre tiene que ser menor que la suma de sus dos lados opuestos y si no conocemos éstos no podemos conocer aquella.

Ya he dejado escrito de, al menos, cinco tipos de verdad, con sus correspondientes antónimos, siendo la mentira el antónimo de una de ellas.
Y sabemos que las Ciencias Experimentales tienen su tipo de Verdad como las Ciencias Formales, las Ciencias Sociales, la Historia, la Literatura, la Mitología, el juego,… tienen sus respectivas verdades y querer juzgar una verdad en el campo que no le corresponde no es que sea falsedad, es un “sinsentido”, como decir “jaque mate a la suma de tres más dos”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

AUTORIDAD Y CONFUSIÓN)


Hay muchas maneras de meter la pata.
Una de ellas, y quizá la más conocida, sea la de tomar “la parte por el todo” que los filósofos solemos llamarla “falacia de generalización”.
Preguntas, en una manifestación de 100 personas, la opinión de las veintiocho primeras con las que te encuentras y si todas las 28 opinan lo mismo (X es Y) concluyes que la “manifestación ha opinado que X es Y”.
Has “generalizado” (todos) una “particularidad” (algunos) compuesta por “individualidades” (28) por lo que has expresado una Falsedad.

Otra manera de meter la pata es confundir y considerar iguales dos ámbitos distintos, por ejemplo, el ámbito religioso y el ámbito político.

Todos sabemos lo que la Iglesia Oficial (institución religiosa) opina sobre las uniones homosexuales y está en su derecho a dar su opinión, otra cosa es que el parlamento (institución política) tenga que prohibir dichas uniones porque así opina la “institución religiosa”

La Iglesia argüirá que el Parlamento no tiene “autoridad moral” para legislar lo que ella considera “inmoral” y al Parlamento debe importarle un pimiento lo que la Iglesia diga y le niegue.

El Parlamento puede legislar lo que mejor considere para la comunidad.

Que el Parlamento no es una “autoridad moral” se sabe desde siempre.
El Parlamento es una “autoridad política” pero ni el Papa ni los Obispos ni la Conferencia episcopal son “autoridades morales”, sólo son “autoridades religiosas” lo que no es igual.

Las “leyes permisivas” permiten que el que quiera hacerlo lo haga y que, el que no quiera, que no lo haga por los motivos que crea convenientes. Hay libertad de hacerlo.

No así las “leyes obligatorias”  (que obligan a todos) ni las “leyes prohibitivas” (que lo prohíben a todos).

Por lo tanto, ante la unión homosexual que el Parlamento legisla como “permisiva” que es, los creyentes católicos no tienen por qué unirse homosexualmente, estando en onda y obedeciendo a sus pastores, pero lo que no pueden esos creyentes, partidarios del “no”, es obligar a los que “sí” quieran unirse homosexualmente.

Tu derecho a no hacerlo no implica el deber de que el otro tampoco lo haga.

Los que se unan homosexualmente podrán hacerlo legalmente, no es “delito”, y si el creyente cree que es “pecado” allá él y que no “peque”.

Y eso cuando el Papa se manifiesta como Papa, porque si se presenta como Jefe de Estado (que también lo es) está permitida la sonrisa, hasta la risa, incluso.

¿Podemos tomárnoslo en serio?

Porque, si lo pensamos bien, es el único Estado europeo teocrático y que incumple abiertamente los Derechos Humanos Fundamentales, como la discriminación por religión y la discriminación por sexo.

Imaginaos que viene el Papa a Madrid, en loor de multitudes (ya estuvo el anterior en Valencia) y el Presidente del Gobierno no asiste a la misa en la correspondiente explanada repleta de gente, ¿Se lo echaría en cara, se lo reprocharía, el Papa al Presidente del Gobierno, si no va, ya que no tiene obligación de ir?
Porque el Presidente del Gobierno sí que podría echarle en cara y reprocharle sus prácticas antidemocráticas en el Estado del que es Jefe y el incumplimiento de los Derechos Humanos en su Estado en su forma de gobernar.

Es como si porque el Estado Español, al tener relaciones diplomáticas con otro estado cualquiera, tuviera obligación de tener la las mismas leyes educativas, sanitarias o sindicales que él.

Y, como remate, presumir la Iglesia de detentar “autoridad moral” con tanto pederastas sueltos entre sus pastores…