lunes, 16 de octubre de 2017

EL MARQUÉS DE SADE: UNA VIDA DE AVENTURAS (y 4)


Siempre quiso decir la verdad, afirmar sus convicciones y narrar lo que le gustaba, pensaba o simplemente sabía.
No quería escribir para la gente, él lo hacía para él.

“Maldito sea el escritor llano y vulgar que, sin pretender otra cosa que ensalzar las opiniones de moda, renuncia a la energía que ha recibido de la naturaleza, para no ofrecernos más que el incienso que quema con agrado a los pies del partido que domina. […] Lo que yo quiero es que el escritor sea un hombre de genio, cualesquiera que puedan ser sus costumbres y su carácter, porque no es con él con quien deseo vivir, sino con sus obras, y lo único que necesito es que haya verdad en lo que me procura; lo demás es para la sociedad, y hace mucho tiempo que se sabe que el hombre de sociedad raramente es un buen escritor. Diderot, Rousseau y D’alembert parecen poco menos que imbéciles en sociedad, y sus escritos serán siempre sublimes, a pesar de la torpeza de los señores de las tertulias. Por lo demás, está tan de moda pretender juzgar las costumbres de un escritor por sus escritos; esta falsa concepción encuentra hoy tantos partidarios, que casi nadie se atreve a poner a prueba una idea osada: si desgraciadamente, para colmo, a uno se le ocurre enunciar sus pensamientos sobre la religión, he ahí que la turba monacal os aplasta y no deja de haceros pasar por un hombre peligroso. ¡Los sinvergüenzas, de estar en su mano, os quemarían como la Inquisición! Después de esto, ¿cabe todavía sorprenderse de que, para haceros callar, difamen en el acto las costumbres de quienes no han tenido la bajeza de pensar como ellos?!

Sade había redactado y guardado su testamento.
Dejaba heredera universal de sus escasos bienes a su compañera Constance:

“Deseo expresar a esta dama mi extrema gratitud por la dedicación y sincera amistad que me prodigó desde el 25 de agosto de 1790 hasta el día de mi muerte”. 

Muere a los 74 años, en 1814.

Dejó dicho que en su desaparición, lo enterraran en un sitio en concreto y que bajo ningún concepto se abriera su cuerpo.
Tras su muerte, su hijo Armand quema todas las obras inéditas que encuentra y lo entierra en otro lugar, no elegido por el Marqués.

Además su cabeza fue exhumada, pasados unos años, para ser estudiada.

Se sabe que sus herederos aún tienen más de 14 obras inéditas. 

Hoy, hay quien tacharía al Marqués de Sade, de anárquico, e incluso de satánico, ya que se regía, por lo que quería, sin prohibición ni sometimiento a ley alguna y menos aún al yugo de la religión. 

Sade afirma que todos los seres somos iguales y así pues, a intentar ser feliz, aunque para ello sea la desdicha de otra persona.


En definitiva, se quitó la mordaza y quiso quitarnos la venda, sobre la sexualidad, naturaleza y violencia, que todos, en mayor o menor medida llevamos dentro. 

EL MARQUÉS DE SADE: UNA VIDA DE AVENTURAS (3)


En 1789 (fecha memorable), subiéndose a la ventana y usando el cubo donde depositaba sus heces, para que resonara con mayor eco, grita a la gente que hay en la calle, que se levanten, que luchen para que cierren tan abominable nido de ratas, donde encarcelan a personas.
Esto hizo que entraran los carceleros y sin poder coger nada lo llevasen al manicomio de Charenton.
Lo que llevaba bajo su ropa eran manuscritos terminados.
Se pierden 15 de ellos, aunque más tarde será encontrado “Los 120 días de Sodoma”, que se cree que es de él. 

En 1790 sale en libertad a la edad de 51 años.
La salud le ha abandonado en las celdas, su obesidad casi no le deja andar, la respiración le falta por problemas pulmonares y su visión es casi nula.
Va a ver a su esposa, pero ésta no quiere.
No se sabe el motivo.
La Revolución quemó las casas y propiedades de los aristócratas y esto dejó en la pobreza a muchos de ellos, incluidos a Renée y al Marqués.
Se piensa, que su esposa no quiso recibirlo, para hacer las paces con su madre y así poder dar de comer a sus hijos.

Fue uno de los primeros divorcios de Francia. 

Tras ampararse en un amigo, conoce a Constance Quesnet, una actriz 12 años más joven.
Se van a vivir junto con el hijo de ella.
El Marqués tiene pocos ingresos al vender obras para el teatro.
Poco después se mete en política y ahí es admirado por su trabajo en su distrito.
Sus suegros ahora son los perseguidos, y él, al contrario de buscar venganza tras los 13 años que su suegra lo mantuvo en prisión, les da amparo. 

En 1793 vuelve a ser detenido, esta vez ni él sabía el motivo.
En la cárcel en que lo meten, él lo llama el paraíso, comparándola así con las anteriores en las que estuvo. Su compañera, Constance, no deja de visitarlo.
Desde su ventana, veía la guillotina diariamente cómo segaba las cabezas.
Uno de esos días, su nombre estaba en esa lista.
Tampoco se sabe, por qué pudo salvarse, se cree que fue por su compañera, que moviera cielo y tierra, o hiciera algún favor, o sobornara a quien tocara firmar la sentencia de muerte.
Un año más tarde, vuelve a la libertad. Aún así, seguía intentando vender sus obras a los teatros, porque él y su amiga, vivían en la autentica miseria. 

Sade no para de tener críticas negativas hacia sus novelas. 
“Aline y Valcour”  considerada como un escándalo, y de “Justine”, llegó a decir el mismísimo Napoleón: «Es el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada»
Aunque no se sabía realmente el autor de esta obra, todos los dedos le señalaban a él y vuelve a ser encarcelado en una institución, donde había asesinos, prostitutas, enfermos de neumonía, sífilis, ladrones, y todos con la peores condiciones imaginables de la época.
Morían diariamente entre heridas, golpes o desnutrición. 

Su compañera sigue pidiendo su puesta en libertad, además de que Renèe y sus hijos consiguen que lo trasladen a otro manicomio menos inhumano.
La escusa para ingresarlo en tal lugar, fue una enfermedad inventada: “La demencia libertina”.

Allí vive mejor, le vuelven a poner una biblioteca en su celda, y pasa horas leyendo, matando las horas robadas.
Al quedar ciego, fue su compañera Constance, quien se hacía pasar por su hija para poder estar con él y así era ella quien le diera las alas para volar fuera de aquel lugar, al ir leyéndole las obras.

Logró montar un teatro entre los enfermos del lugar, que fueron los actores.
Fue todo un éxito.
Tanto fue así, que empezaron a venir a ver las funciones altos cargos políticos, actores o cantantes de ópera. 

Fue prohibida la obra por, de nuevo, decirse, que Sade, mantenía relaciones anales con la hija de 13 años de una de las enfermeras a cambio de dinero.
De nuevo, no se sabe si es real o no, o era la manera más fácil de hundir de nuevo al escritor. 

De lo que leyera Sade, se sabe, por las referencias que el propio Marqués dejó en sus escritos.
Algunas de las obras o autores fueron: La Biblia, Miguel de Cervantes, Maquiavelo, Homero, Séneca, La Mettrie, Boccaccio, Cicerón, Defoe, Dante, Voltaire, Pompadur, Pedro Abelardo, Petrarca, Erasmo, Hobbes, Moliere, Holbach, Linneo, Marcial, Locke, Mirabeau, Montaigne, Moro, Montesquieu, Rabelais, Swift, Racine, Richelieu, Virgílio, Rousseau, Stael o Salustio, entre otros. 

El Marqués critica al judaísmo por creerse ellos los elegidos en los que Dios se ha fijado, egocéntricos, para los cambios del mundo.

Tampoco escapa de la crítica al cristianismo, del que dice que la Biblia está llena de triquiñuelas, mentiras y tonterías para que un judío loco sea así seguido. 

EL MARQUÉS DE SADE: UNA VIDA DE AVENTURAS (2)


Aunque la traicionó por su “pequeño defecto”, ella siempre estuvo a su lado. 
Renèe, por la época que le tocó vivir, por saber como él era, o porque quizá sabía que tenía razón sin más, siempre le dejó hacer.
Se cree que dejó, en más de una ocasión, que su marido estuviera en casa gozando del placer de las orgías con más de una joven. 
Sade refleja en una carta  la desidia por casarse con quien no es amado:

“Los días, que en un matrimonio por conveniencia sólo traen consigo espinas, hubieran dejado que se abrieran rosas de primavera.
¡Cómo hubiese recogido esos días que ahora aborrezco¡
De la mano de la felicidad se hubieran desvanecido demasiado deprisa.
Los años más largos de mi vida no tendrían suficiente para ponderar mi amor.
En veneración continua me arrodillaría a los pies de mi mujer y las cadenas de la obligación, siempre recubiertas de amor, habrían significado para mi corazón arrebatado sólo grados de felicidad.
¡Vana ilusión!
¡Sueño demasiado sublime!” 

-Marqués de Sade-. 

Poco después de casarse, Sade ya es detenido y pasa 15 días encarcelado, aunque no se sabe por qué, se cree que tuvo que ver con algún motivo de prostitutas y un secreto escrito arrebatado. 

El rey Luis XV, se decía a sí mismo recatado en la vida sexual fuera del hogar, y por curiosidad, castigo o aburrida existencia, estaba siempre informado de los quehaceres sexuales de la nobleza.
Para su entretenimiento, le llegaban escritos detallados de quién había visitado prostíbulos, quién tenía amantes y qué hacían.
Es informado de que el Marques de Sade tiene varias amantes, todas ellas elogiadas por su belleza (actrices, bailarinas y del mundo del arte en general)

Sade harto de su vida matrimonial, no se corta, y se va con su nueva amante a vivir varios meses.
Se dice que eran caprichos, que era incapaz de enamorarse, sólo sexo y desorden mental. 

A los 27 años toma una gran herencia de su padre.
Sigue con el teatro, que había formado hacía unos años, y con la milicia.

En 1768 un Domingo de Pascua, Sade, recurre a los servicios sexuales de una prostituta.
Su fama se va forjando cada día que pasa.
En este caso, la mujer, lo acusaría posteriormente de que la flageló.
El Marqués es encarcelado 7 meses.
Se dice que todo fue ampliado, por odio o celos, ya que al final se contó que dio de beber a una mendiga para drogarla y ver así la resistencia física y sexual de ésta.
Ello le hizo un gran daño, ya que el caso no solo se quedó en las fronteras de su país. 
Al salir, sigue con su mujer, en Lacoste donde montará otra compañía de teatro. 

En 1772, tras estar con varias prostitutas en una orgía que duró más de un día, se le acusa de envenenamiento por la mosca española.
Ninguna murió, pero es acusado de sodomía y haber querido envenenarlas.
Es, por ello, sentenciado a muerte.
El Marqués huye a Italia, junto a su cuñada, claro está, con la que se dice que también tuvo sus más y sus menos amorosos. 

Es detenido, pero 5 meses después vuelve a huir con su mujer.
Pasan años escondido en Italia y se cree que también en España.
Su suegra, su mayor enemiga en los años de su vida, logra que el rey escriba una carta de detención y prisión inmediata por el daño que está haciendo a su casa, y a su nombre.
Su esposa, aún con todo, quiere la absolución de su marido y demanda a su propia madre, por acoso y persistencia, ante la corte real.
Él sigue escondido, pero al enterarse de que su propia madre está en el lecho de muerte va a visitarla y es cuando al fin lo arrestan. 
Renèe, consigue que reabran la causa y se demuestra que hubo muchas mentiras e irregularidades en el juicio, pero entra en prisión. 

Los primeros 4 años de su encierro, estuvo en la más absoluta soledad, hasta que permitieron la visita de su mujer. 
Renée y Sade se escriben casi a diario. 

“¿Cómo has pasado la noche, mi dulce amigo? Yo estoy muy triste aunque me dicen que estás bien. Sólo estaré contenta cuando te haya visto”. 

“En el transcurso de los sesenta y cinco días que he pasado aquí, solo he respirado aire puro y fresco en cinco ocasiones, durante no más de una hora cada vez, en una especie de cementerio de unos cuatro metros cuadrados, rodeado de murallas de más de quince metros de altura. […] 
Desde el instante terrible en que me arrancaron tan ignominiosamente de tu lado, mi querida amiga, he sido víctima del sufrimiento más cruel.
Me han prohibido darte detalles sobre esto, y todo lo que puedo decirte es que es imposible ser más desgraciado de lo que soy. […] La desesperación se apodera de mí.
Hay momentos en que no me reconozco. Siento que estoy perdiendo la razón. La sangre me hierve demasiado para soportar una situación tan terrible. Quiero volver mi furor contra mí mismo, y si no estoy fuera dentro de cuatro días, estoy seguro de que me romperé la cabeza contra los muros”.

Renée  sigue enfrentada con su madre, no tiene ayuda económica, pero no es motivo para que no le envíe comida, ropa, y todo lo que le pide, a su esposo.

En el tiempo que estuvo encerrado, llegó a tener una biblioteca de más de 600 libros.
Entre el encierro y tantos libros le pasa como lo que contó Cervantes de Don Quijote, la lucidez se va tiñendo de oscura nebulosidad, comienza a volverse loco, y declara que su mujer, se ha asociado con su suegra para encarcelarlo.
También sueña con una mujer que llora junto a él y lo levanta del suelo. 

Al cerrarse la fortaleza de Vincennes, donde se encontraba recluido, lo llevan a la Bastilla, y lo meten en una celda aún más pequeña que la anterior, y más oscura. 

Tuvo varias peleas con sus carceleros. 

domingo, 15 de octubre de 2017

EL MARQUÉS DE SADE: UNA VIDA DE AVENTURAS (1)



Son varias las obras en que el Marqués se explaya sobre el sexo.

Una de ellas es “Justine o los infortunios de la virtud”.
Narra la historia de Justine, una adolescente que lucha por preservar su inocencia pero sólo se encuentra con incitaciones al vicio.
El marqués de Sade refleja en esta obra su misantropía, haciendo una crítica de la sociedad de la época.

Continuación de ella es “Juliette o las prosperidades del vicio”.

Juliette y Justine se quedaron huérfanas cuando eran adolescentes y se fueron a vivir a un convento, donde estuvieron expuestas a distintas prácticas sexuales.

Al salir, cada una tomó caminos diferentes. Juliette se decantó por la perversión, el vicio y el dinero. Se puso a trabajar en un burdel, convirtiéndose en la favorita de los hombres de la alta sociedad.

“¿Qué mal hago a nadie, ni ofensa alguna, si le pido a una bella mujer, la parte de su cuerpo que me pueda hacer gozar, darme placer y así ella pueda gozar con alguna parte de mi cuerpo.?” – Dice el Marqués de Sade-.

El Marqués fue víctima, más por la eterna falsa moralidad social, que por sus actos u obras. 

Donatien Alphonse François, más conocido como el Marqués de Sade nace en 1740.

Indiscutiblemente es uno de los franceses más famosos de la historia de Francia, quizá más que el propio Napoleón.

Sade, nos dice que “el deseo de poder, mezclado con sexo y arrogancia, puede ser tan destructivo, como placentero o real y que está ahí, frente a nosotros. La vecina que miras en el ascensor, el banquero al que le “confías” tu dinero o el maestro que te sonríe al darte tu examen”

A pocos en la historia se recuerda por sus actos y ponen un nombre a raíz del suyo, “sadismo”.
Esto sólo ha pasado con personajes dictatoriales y en la religión, pero él consiguió que lo hicieran, más que por sus actos, por contar lo que a muchos les gusta, desean y hacen, pero que no lo dicen.

Hacer daño y buscar placer así, hoy se llama “Sado” en múltiples países del mundo.

Sus libros, hasta hace poco más de 50 años, estaban prohibidos.
La iglesia, los políticos, organizaciones varias, o la misma ley, no pudieron encerrar ni destruir su recuerdo.
Cuando su obra ha sido perseguida durante más de 150 años y ha seguido de forma clandestina…algo de razón debía de llevar.

Incluso, hace unos años, Corea del Sur lo censuraba por obscenidad extrema.
Dice que es por actos de “sadismo”, “zoofilia”, “incesto” o “necrofilia”.

Muchas de sus obras acabaron siendo pasto de las llamas, otras fueron tiradas al río y aún más de ellas desaparecidas, sin ser destruidas.
Poco a poco, muchas de ellas fueron apareciendo, algo a destacar, cuando se supone que los que las cogieron era para deshacerse de ellas.

Todo ello no sirvió, más que para querer saber qué escribía aquel chalado, endemoniado.

Desde la edad más antigua, en todas las culturas, se tiene constancia de la importancia del sexo en todas sus formas, desde los griegos a los romanos, de los hindúes hasta los egipcios. 
Sade no contó más que lo que siempre ha habido, hay y habrá.
Más aún, cuando el poder de quien lo ejerce es ilimitado.
Dictadores, policías o políticos corruptos, reyes, un padre pederasta o simplemente el señorito hacia su bella servidumbre, cuando el pago era un plato de comida. 

Se cree, que de joven sus ojos eran claros, su pelo rubio, sus movimientos medidos y su voz embelesaba, cautivaba a toda fémina que se encontrara a su lado. Hasta el día de hoy dura esa frase, de que “quien es afeminado, siempre de mujeres está rodeado” o, también, “quien es afeminado, siempre de mujeres está rodeado”.

La verdad, es que por la vida que tuvo, durante roda ella fue un hombre obeso, que se asfixiaba al caminar, de poco pelo y de gran nariz, pero incluso así, siempre estuvo rodeado de doncellas, de las que hoy sabemos y otras que se imaginan, como su propia cuñada monja. 
Quizá por ello, por su forma física, sus narraciones están plagadas de antihéroes y ateos que no obedecen a religión alguna.

Destaca el presente, el aquí y ahora, sin pensar en un Edén o en el mañana. 

Escribió ensayos, novelas, teatro o poesía. En muchos de ellos abunda el humor negro y críticas a su entorno, lo que le ayudó mucho a hacerse toda clase de enemistades.

Entre sus escritos, es digno destacar un manifiesto contra la pena de muerte. 

Su obra ha sido descrita como apología del crimen.

Quizá nunca nadie ha hablado con tanta claridad, crueldad o violencia y sólo quizá, por ello, sólo se hable de Sade. 

Siempre tuvo una conducta de excesos en todos los sentidos.
La filosofía, el sexo, la cárcel y la escritura fueron toda su vida.

Por su manera de querer sentir y su inmoralidad siempre estuvo envuelto en escándalos que lo llevaron 27 años, de sus 74 de existencia, a estar tras las rejas o recluido en manicomios. 

Al morir, se le conocía como el infame, y su novela “Justine” aunque retirada y prohibida, fue leída y pasada entre unos y otros secretamente.
El asco que podía dar a quien lo leía, o la curiosidad, o el deseo de poder hacerlo. No hizo más que aumentar la fama de éste demente libertino, como también lo llamaron.
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Se cuenta de él, que a veces drogaba a sus comensales para poder así quitarse la ropa de la vergüenza y dar rienda suelta a sus pasiones.
Tras drogarlas, algunas mujeres gritaban, otras se arrastraban por el suelo gimiendo, otras, se tocaban íntimamente, por el calor que de ellas salía, las más se desnudaban y desnudaban a otras.
Todas, suspiraban y gemían de placer, sabiendo y queriendo el gozo que estaba por llegar. 

“Cada actor de una obra dramática debe hablar el lenguaje establecido por el carácter que representa; que entonces es el personaje quien habla y no el autor, y que es lo más normal del mundo, en ese caso, que ese personaje, absolutamente inspirado por su papel, diga cosas completamente contrarias a lo que dice el autor cuando es él mismo quien habla” –dice el Marqués de Sade.

Abandonado por su madre a los 7 años, desde muy niño, entra en un colegio jesuita, con su tío, un abad, de nombre Amblet y de vida poco edificante.

 Le interesa la lectura, sobre todo historia, aventuras y filosofía.
Aprende música, esgrima, escultura, danza, escritura….

Cuando aún no tiene 14 años, entra en el ejército y crece notablemente como persona y rápidamente de graduación.
A los 16, ya toma parte de la guerra contra los ingleses. 
Pasan unos años y en 1762 se casa por conveniencia, sin estar presente el amor con una aristócrata, Renèe-Pélagie Cordier y con ella llegó a tener tres hijos.

Al principio no quería ni verla, siempre creyó en el amor verdadero y esto con ella nunca ocurrió, pero Renèe, siempre defendiéndole se ganó a pulso las palabras que alguna vez Sade le dedicara: “Te amaré hasta la tumba”.

Aunque, como el mismo Marqués decía: “Tengo el pequeño defecto de desear demasiado a las mujeres.” 

viernes, 13 de octubre de 2017

EL MARQUÉS DE SADE: EL AMOR Y LAS MUJERES (2)

Sade escribió: “Todos los hombres, todas las mujeres se parecen. NO hay amor que resista a una reflexión sana”
“Algunos meses de gozo que, pronto, vuelven el objeto a su puesto verdadero nos hace avergonzarnos por el incienso que hemos quemado en sus altares y, a menudo, incluso llegamos a la imposibilidad de concebir que haya podido seducirnos hasta tal extremo”.

No se corta el Marqués:
“! Oh ¡ muchachas voluptuosas, entregadnos vuestros cuerpos lo más que podáis. Follad y divertíos. Eso es lo fundamental, pero huid, sin falta, del amor”.

Sexo por el placer del sexo, no por nada ajeno al sexo mismo.

“Lo único bueno de las mujeres es su parte física” –decía el naturalista Buffon, que no sólo en esta materia era filósofo.

“Repito, divertíos, pero no améis, y tampoco os preocupéis por ser amadas: lo que importa no es extenuarse en la tentaciones, en suspiros, en miradas, en mensajes dulces. Lo que importa es follar, multiplicar y cambiar a menudo de folladores y, en especial, evitar por todos los medios que uno solo quiera esclavizaros, porque la meta de ese amor constante sería impediros que os entreguéis a otro. “Cruel egoísmo que, pronto, resultaría fatal para vuestros placeres”.

La moral de Sade está fundada sobre la soledad absoluta.

Nacemos solos. No hay relación alguna entre un hombre y otro.
“La única regla de conducta es la de preferir todo lo que me afecte felizmente”.

“El mayor dolor de los demás cuenta siempre menos que mi placer”

Todo vale con tal de conseguirlo.

En “Justine” muestra a una pobre niña, acorralada, perdida, destrozada, colmada de golpes….de cementerio en cementerio….golpeada, rota, marchita aplastada, devorada hasta la muerte.
Hace todo lo imaginable y lo inimaginable con las personas y, al final, se mira y no se da miedo.

Es el sadismo, con la racionalización y organización del mal.
Los cálculos forman parte de la erótica. Se disfruta mientras se prepara y al prepararlo, es un “racionalismo morboso”

Es disfrutar del sexo mientras se sube la escalera tocándole el culo a la prostituta.

El sadismo no es la simple crueldad elemental, primitiva, sino la crueldad elaborada, meticulosamente preparad, organizada, y que es lo propio de los libertinos.

Lo que Sade puso en su vida fue sólo un poco de su obra, y no al contrario.

La mayoría de sus libros son fruto de su imaginación y no son descripciones ni recreaciones de sus vivencias eróticas.
No es autobiografía, sino lo que le gustaría haber hecho, no lo que hizo en su vivir.

La única regla que preside las relaciones humanas es la agresión (la agresividad para imponerse) y la mayor agresión al otro es acabar con él, disfrutando de hacer y de conseguirlo.

El libertino goza con la destrucción y no se lamenta de destruir y destruirlo, esa es la característica del sadismo.

“Sed natural de la destrucción”.

Gozar es dilapidar, sin que importe la cantidad, ni la finalidad, mientras se está dilapidando.

En el mundo del sadismo no existe el amor (al menos como lo entendemos nosotros) sólo el placer del sexo y de la destrucción.
El amor es, incluso, un obstáculo al placer.

“No se puede amar lo que se goza porque el goce lleva inevitablemente a la destrucción” y el amor lo impediría o, al menos, lo frenaría.

No hay, pues, que buscar argumentos para justificar los hechos, los hechos se justifican por sí mismos.
Nada de teoría, sólo la práctica.

“El motivo que me lleva a entregarme al mal nace en mí del profundo estudio que he hechos de la naturaleza”.”

“La naturaleza es voraz, destructiva, maligna, devastadora.

jueves, 12 de octubre de 2017

EL MARQUÉS DE SADE: EL AMOR Y LAS MUJERES (1)



¿Qué puede esperarse de Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, nacido en 1.740 y criado con todos los lujos, propios de su clase social, con un padre bisexual que fue detenido por intentar seducir a un jovencito, y con un tío, el Abad Jacques François de Sade, erudito, biógrafo de Petrarca pero entregado a prácticas abiertamente libertinas, que tenía como amantes, en su propia casa, a una madre, a su hija y a su criada, que fue detenido varias veces por su adicción a los prostíbulos, y que estuvo al cuidado exclusivo del Marqués de Sade entre los seis y los diez años?

El libertinaje del Marqués de Sade proporcionó varios disgustos a su padre y a su tío y, para evitar la deshonra, entró en negociaciones con una familia burguesa para casar a su hijo con la hija mayor de la familia burguesa y que el Marqués la conoció la víspera del matrimonio, en 1763.

La nueva esposa, en un principio, mostró una gran devoción por su joven esposo (23 años) y la suegra fue tolerante con él a pesar de que gastaba grandes cantidades de dinero en amantes, pero no se mostró escandalizada cunado lo detuvieron, unos meses después del matrimonio, cuando fue denunciado por una exprostituta por actividades sexuales “de sesgo blasfemo”

Fue encarcelado por primera vez en Octubre del 63 (se había casado en Mayo de ese mismo año).

En 1.767 nace su primer hijo pero pronto estalla el caso Rose Keller, una mujer de 36 años, viuda, enferma, sin recursos, a la que el Marqués tortura de forma salvaje después de haberla llevado a su casa con la promesa de contratarla como criada.
Por ello es detenido pero su suegra ya no lo defiende, incluso recurre a sus influencias para mantenerlo en prisión.
Su esposa, en cambio, sigue defendiéndolo pero se ponen en peligro las negociaciones matrimoniales del resto de sus hermanas casaderas.

Nada más salir de la prisión participa en una orgía maníaca y detallada, por lo que le llega una orden de arresto.
Huye a Italia, pero es condenado a muerte “en ausencia” por el Parlamento (la sentencia se cumple de manera simbólica utilizando como doble un muñeco y será privado de todos sus derechos.

En el 77 está otra vez en la cárcel y la nueva reclusión va a ser más prolongada, no siendo liberado hasta el estallido de la Revolución (13 años más tarde).

Cuando es trasladado a La Bastilla empieza a escribir febrilmente la parte más importante de sus obras.

En 1.790 es liberado y dos de sus obras serán estrenadas por la Comedie Françoise.
Pero, a partir de la publicación de “Justine o los infortunios de la virtud” todo vuelve, de nuevo, a torcerse en su vida.

Es detenido, también, bajo el Régimen del Terror y estuvo a un paso de ser guillotinado.

Cuando recobra la libertad sigue complicándose la vida, y ahora es ya bajo el gobierno de Napoleón Bonaparte, y todo por una segunda obra “Juliette” (continuación de “Justine”) y, una vez más, confiscad su obra, ingresando de nuevo en prisión en 1.801 yendo, desde aquí a un hospital mental, donde lo retienen hasta su muerte, en 1.814.

Después de su muerte queda aún su obra que va a ser interpretada y comentada por pensadores, de manera distinta.

R. Barthes se detiene en el lenguaje de Sade y habla de “lenguaje ficticio” (“Escrita, la mierda no hiede”) y cuenta anécdotas de su vida hasta entonces no conocidas o menos conocidas, como cuando le pide a una de sus amantes que lo azote con un martinete de pergamino provisto de alfileres dobladas y, ante el estupor y negativa de la amante compra una escoba de brezo con la que le golpeará en el trasero.

Freud, por su parte, ya había escrito sobre la tendencia a causar dolor al objeto sexual o a ser maltratado, lo que es real y va más allá de los casos patológicos.

“Las raíces del sadismo pueden hallarse fácilmente en un sujeto normal. La sexualidad de la mayor parte de los hombres muestra una mezcla de agresión, de tendencia a dominar, la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual de un modo distinto a los actos de cortejo”

El sadismo es un comportamiento agresivo del instinto sexual exagerado.
El sadismo va desde el acto dominador hasta el goce con el sufrimiento y el maltrato sexual.

El masoquismo (teóricamente su opuesto) no es más que una manifestación complementaria del sadismo.
Es un sadismo dirigido al propio yo.

La meta de la vida es dominar por completo al otro, y en primer lugar a la persona que más se quiere.

Igual hace E. Fromm, tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra fría (como había influido en Freud la primera Guerra Mundial), pero ya no será, en primer lugar, la pulsión agresiva, sino que el principio biológico supremo será la preservación de la vida.

“La tendencia destructiva, las pulsiones de muerte, son el resultado de un fracaso del arte de vivir, del vivir no correcto”

Las personas se sienten más atraídas por lo muerto que por lo vivo.

“Siempre estamos buscando convertir lo vivo en muerto, pasar de lo orgánico a lo inorgánico, convertir lo utilizable en inutilizable, materializar lo vivo”


Hay sadismo sin Sade.

miércoles, 11 de octubre de 2017

SARTRE: EL AMOR Y LAS MUJERES. CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA (y 3)



Primero intimidar y fascinar, hasta seducir y seducir, pero luego, en vez de vivir el amor, se sueña con él.

“Amar es querer poseer una libertad, pero una libertad que se posee ya no es una libertad real, de donde se deduce que el amor es insensato y. luego, sufrir porque los otros relativizan mi amor absoluto, de aquí la vergüenza que me impide gozar satisfactoriamente de la existencia”

Amar, en el fondo, es agredir corporalmente a la conciencia.

Hay en Sartre un paralelismo entre el sexo y la comida.

“Comía cualquier cosa, en cualquier momento, de cualquier manera” –afirma Simone de Beauvoir.

No le gusta casi nada. Aborrece el marisco y detesta los vegetales. Le repugnan los tomates y la carne. Pero adora la charcutería, el chocolate, los pasteles, el vino y los licores.
Es decir, desprecia los placeres de la mesa.

Los encargos que le hacen las editoriales logra terminarlos a base de café, drogas, whisky, pastillas de todo tipo (200 mgs de anfetaminas, 15 gramos de aspirina, varios gramos de barbitúricos), tabaco (mucho tabaco, hasta dos paquetes diarios y numerosas pipas), vino y licores (más de un litro de alcohol), y cafés y tés….

Desprecia la carne hasta en su vertiente sexual (“es un mal amante”) pero, como buen depredador sexual, busca nuevas presas para alimentar su vanidad de seductor.

Las anfetaminas, que al principio espolean el apetito sexual, con un consumo prolongado de las mismas se produce una inhibición del deseo, hasta llegar a la impotencia.

A pesar de todo, y como gran depredador, se obsesiona por aumentar su cartera de clientas.

En un viaje a EEUU, en el 46, conoce a Dolores con la que pasó dos meses y medio a tope, pero ella no aceptó el reparto y la distribución sartrianos de horarios, con una serie de visitas semanales pactadas.

Otra amante, Arlette Elkäim, periodista, una mujer bella y de carácter dulce, lo cautivará tanto que decide adoptarla y, al final, pasará a ser su heredera.

Otra más en su cartera de clientes fue Evelyne Rey, activista política, que se suicidaría.

Las vacaciones eran a 4: Castor, Wanda, Michele y Arlette.

Comienza a padecer incontinencia, cada vez le duelen más las piernas, no puede andar durante mucho rato, tiene que ponerse una dentadura postiza.
Había perdido la visión de su ojo derecho hacía ya 4 años y es ahora cuando comienza a dejar de funcionar el ojo izquierdo.
A los 68 años queda ciego.

A lo que se suma el proceso de degradación física, la hipertensión, la trombosis, las hemorragias en el fondo del ojo, la fragilidad de las arterias…

Un despojo corporal.
Y, todo, por los excesos y por las adicciones.

Ni leer, ni comer, ni andar, ni poder recibir visitas.
Necesita, constantemente, ayuda, en la que se irán turnando sus amantes y que el quiere rechazar.

Se debilita la relación con Simone de Beauvoir.

Morirá el 15 de Abril de 1.980.

Su entierro fue como el de un Jefe de Estado (con más de 50.000 personas en su acompañamiento).

Simone de Beauvoir morirá el 14 de Abril de 1.986, por un edema pulmonar.

Sus cenizas descansan juntas.


La última obre de Simone de Beauvoir es “La ceremonia del adiós”, en la que se expresan una retahíla de reproches implacables y crueles, lo que criticará otra de las amantes, Arlette, llamándola “cobarde”.