jueves, 16 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12 CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: OBJETIVIDAD DEL CONOCIMIENTO


. OBJETIVIDAD DEL CONOCIMIENTO. 

Gran parte de la tradición filosófica creyó posible alcanzar un conocimiento verdadero de la realidad, conocimiento que debería ser el mismo para todo aquel que pensase adecuadamente. 

La filosofía tradicional confiaba en la posibilidad de utilizar la razón desprendida de cualquier motivación personal distinta a la de la propia pasión por la verdad, de cualquier elemento subjetivo que pudiera afectar a su imparcialidad; en definitiva, creyó posible un conocimiento objetivo del mundo.

Nietzsche considera que la confianza en la posibilidad de este tipo de conocimiento descansa en una creencia aún más básica, la creencia en algún tipo de realidad absoluta (el Mundo de las Ideas de Platón o el Dios cristiano); sin embargo si esta realidad absoluta es una construcción de la fantasía humana, si realmente Dios no existe, la confianza en este tipo de conocimiento carece de sentido.

Si aún queremos hablar de conocimiento, concluye Nietzsche, debemos aceptar su carácter relativo, subjetivo; todo el conocimiento humano es mera interpretación del mundo, depende de la perspectiva vital en la que se encuentra el individuo que lo crea. 
     

miércoles, 15 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: OBJETIVIDAD DE LA LÓGICA


2. OBJETIVIDAD DE LA LÓGICA

Las leyes de la razón son también leyes del mundo. 

Este principio es también común a toda la filosofía tradicional, aunque interpretado en términos radicales por las corrientes racionalistas y en términos más moderados por las de orientación empirista.

Los principios básicos a los que se somete la razón cuando ésta se utiliza adecuadamente (la lógica), son también los principios básicos de la realidad.
Por ejemplo, si queremos ser racionales, y asegurarnos el conocimiento del mundo, debemos evitar la contradicción, y esto es así porque el principio lógico fundamental (dos proposiciones contradictorias no pueden ser ambas verdaderas) es expresión de un principio que determina la realidad misma: la realidad no es contradictoria, un objeto no puede poseer predicados contradictorios (no podemos aceptar como verdaderas las proposiciones “la mesa es negra” y “la mesa no es negra”, porque la mesa o es negra o no es negra).

Frente a este punto de vista, Nietzsche afirma el carácter irracional del mundo: la lógica, la razón, son invenciones humanas, “no nos es posible afirmar y negar una misma cosa; se trata de un principio de experiencia subjetiva que no expresa una “necesidad”, sino simplemente una incapacidad”.

Las cosas no se someten a regularidad alguna, el mundo es la totalidad de realidades cambiantes, esencialmente distintas unas a otras, y acogen en su interior la contradicción.

De nuevo, la metafísica tradicional pudo defender su punto de vista porque creyó en la existencia de un Mundo Verdadero (explícitamente Platón reconoce que sólo la existencia del mundo de las Ideas, de un mundo eterno y absoluto, garantiza la superación definitiva del relativismo).

Si negamos la existencia de dicho mundo, como nos propone Nietzsche, parece inevitable declarar la irracionalidad de lo existente.


martes, 14 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEAANOS: CRÍTICA A LA EPISTEMOLOGÍA



CRÍTICA A LA EPISTEMOLOGÍA TRADICIONAL.

La creencia en la validez del uso de la razón para conocer el mundo incluye tres tesis básicas: 1.- La validez de los conceptos, 2.- La legitimidad de la lógica y 3.- La objetividad del conocimiento.

Nietzsche critica las tres tesis citadas.

1.  LA VALIDEZ DE LOS CONCEPTOS. 

El nivel más elemental de la utilización de la razón es el nivel de los conceptos, porque ellos son los depositarios de los significados mediante los que describimos las propiedades de las cosas.

La filosofía ha considerado siempre que la realidad puede representarse correctamente mediante conceptos, que éstos reflejan la realidad, y que las relaciones entre los conceptos son capaces de representar las relaciones entre las cosas.

Para ello, y de modo más o menos explícito, aspiró a la definición precisa de cada término, al rigor en el uso de las palabras y a su aplicación unívoca y no metafórica.

Consideraba que entender una realidad es subsumirla en un concepto, es disponer de un concepto para comprenderla.

Cuando utilizamos la palabra “árbol” en un sentido no metafórico (por ejemplo, para hablar tanto de los pinos como de los manzanos) suponemos que en lo que llamamos “pino” están presentes también las cualidades fundamentales descritas con dicha palabra, y que en lo que llamamos “manzano” están presentes también las mismas cualidades.

Pero si son dos cosas distintas, esto que llamo “manzano” y esto que llamo “pino” ¿cómo es posible que también sean iguales?

La tradición filosófica resolvía este problema indicando que en ambos, el “manzano” y el “pino”, encontramos dos formas de ser: la esencia o conjunto de propiedades básicas, presentes también en otras entidades individuales (en este caso, en todas que reciben el nombre de “árbol”), y los rasgos accidentales que dan lugar a las diferencias entre individuos de un mismo género.

Pero, ¿qué podríamos pensar si considerásemos que no existen las esencias, si creyésemos que en la realidad no hay nada que sea absolutamente idéntico entre dos objetos?.
Y más aún, ¿qué podríamos pensar si considerásemos que ni siquiera un objeto es idéntico a sí mismo puesto que cambia, aunque tal vez de forma imperceptible, a lo largo del tiempo?
Ésta es precisamente la tesis de Nietzsche: en el mundo no existen esencias, no existe un rasgo (o varios rasgos) que se encuentre en todos y cada uno de los individuos; ni siquiera existen los objetos, pues la identidad que nosotros les atribuimos, su “ser los mismos” con el paso del tiempo, es una consecuencia de nuestro modo substancialista de representarnos la realidad.

Como dice en “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, formamos los conceptos de las cosas al abandonar las diferencias individuales, las notas distintivas.
Dada esta creencia, que el propio Nietzsche reconoce heracliteana, no es extraño que para este filósofo el pensamiento conceptual no sea un buen recurso para expresar la realidad.
No es posible que la misma palabra sirva para referirnos adecuadamente a dos cosas distintas, porque si cubre adecuadamente la realidad de una de ellas no puede cubrir también la de la segunda, ya que la primera es inevitablemente distinta de la segunda (puesto que no existen las esencias o las realidades universales presentes en varios objetos).

Recordemos las diferencias entre el uso unívoco, equívoco y análogo de una palabra: una palabra se usa de forma unívoca para referirse a dos objetos cuando la utilizamos exactamente con el mismo significado en los dos casos, cuando los significados fundamentales que se incluyen en ella se los atribuimos a los dos objetos, como cuando decimos que la figura que llamamos “isósceles” es un triángulo y la que llamamos “equilátero” es un triángulo.

La usamos de modo equívoco cuando la utilizamos con significados distintos, cuando la predicamos de dos cosas sin que tengan un significado común (“gato” como animal y “gato” como una máquina para levantar pesos a poca altura).

Finalmente, una palabra se usa de un modo análogo o metafórico cuando no la utilizamos con su significado propio sino en parte distinto y en parte igual, como cuando Descartes utiliza la metáfora del “árbol” para referirse a la totalidad de los saberes humanos y a sus relaciones.

Los significados de las palabras describen las propiedades de las cosas; de este modo, el uso unívoco de las palabras supone que dos cosas distintas deben tener las mismas propiedades, el uso análogo o metafórico en parte las mismas y en parte distintas, y el equívoco ninguna propiedad en común.

La idea de la realidad que tiene Nietzsche induce a pensar que no podemos utilizar las palabras de un modo unívoco; lo más que concede Nietzsche es el uso análogo o metafórico del lenguaje: la metáfora es mejor modo de captar la realidad que el concepto preciso pues la metáfora implica desigualdad entre los objetos, no presenta significados sino que los sugiere, deja abierta la posibilidad al oyente o lector de que él mismo complete el significado a partir de su propia experiencia del mundo.

Por esta razón, es perfectamente comprensible el estilo que emplea Nietzsche para expresar sus ideas filosóficas: no demuestra ni argumenta pues no cree en la demostración, no expone sistemáticamente su filosofía pues no cree que el mundo sea un sistema o totalidad ordenada, no emplea con precisión ni rigor los conceptos, emplea la sugerencia, la metáfora, el aforismo.

Para Nietzsche, el arte es un medio más adecuado de expresar el mundo que la filosofía.

lunes, 13 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: CRÍTICA A LA CIENCIA


CRÍTICA A LA CIENCIA

Nietzsche rechaza la supuesta objetividad del conocimiento científico, la existencia de leyes naturales,  la racionalidad del mundo y el poder explicativo de las matemáticas.

Nietzsche critica las siguientes creencias básicas que se incluyen en la práctica científica, o que parecen estar vinculadas con ella:

1.  Su objetividad: con la expresión “conocimiento objetivo” nos referimos al que es capaz de describir el mundo independientemente de las peculiaridades o rasgos de la persona o grupo que lo alcanza.

Un conocimiento es objetivo cuando no está influido por los intereses o por los rasgos del sujeto, cuando describe las cosas sin añadirles nada que no les pertenezca realmente.

Filósofos como Platón, Aristóteles, Santo Tomás, Descartes y gran parte de lo mejor de la tradición filosófica creyeron que la filosofía podía alcanzar este conocimiento perfecto, aséptico, imparcial, y con la aparición de la ciencia moderna muchos consideraron que se hacía real el afán por la verdad única y absoluta típico de todo el mundo occidental.

Sin embargo, la posición de Nietzsche es radicalmente contraria a estas afirmaciones y conecta con otra línea filosófica históricamente más desacreditada: el relativismo, escepticismo y subjetivismo.

Nietzsche defiende el perspectivismo: la tesis según la cual todo conocimiento se alcanza desde un punto de vista, punto de vista del que es imposible prescindir: las características del sujeto que conoce (psicológicas, sociales, físicas, la peculiaridad personal, la misma biografía) hacen imposible superar la propia perspectiva; no podemos desprendernos de nuestra subjetividad cuando intentamos conocer la realidad; incluso la creencia en la objetividad es un punto de vista más, pero un punto de vista que esconde la relatividad de su origen, su dependencia de concepciones establecidas y no evaluadas o controladas.

2. La existencia de leyes naturales: en el mundo no existen leyes, las leyes que el científico cree descubrir son invenciones humanas; no existen regularidades en el mundo, no hay leyes de la Naturaleza.

Si entendemos por leyes de la naturaleza supuestos comportamientos regulares de las cosas, Nietzsche rechazará la existencia de dichos supuestos comportamientos regulares y necesarios: ¿por qué las cosas iban a comportarse regularmente?, ¿en virtud de qué necesidad?
Siguiendo un planteamiento ya conocido en la historia de la filosofía, el planteamiento de Hume,  Nietzsche considera que las relaciones entre las cosas no son necesarias (para emplear un término clásico, son contingentes), son así pero perfectamente podrían ser de otro modo. Las cosas se comportarían siguiendo leyes o necesariamente si hubiese un ser que les obligase a ello (Dios), pero Dios no existe; las leyes y la supuesta necesidad de las cosas son invenciones de los científicos.

Si creemos en las leyes naturales es porque nos interesa creerlo, no porque realmente existan; el orden en el mundo es una creencia infundada, nosotros creemos en ese orden para hacer más soportable la existencia, para sentirnos más cómodos ante el entorno hostil.

“Las cosas no se comportan regularmente conforme a una regla; no hay cosas (se trata de una ficción); tampoco se comportan bajo necesidad.
En este mundo no se obedece; pues el ser algo tal cual es, de tal fuerza, de tal debilidad, no es el resultado de obediencia, regla ni necesidad” (“La voluntad de poder”).

3. La validez del ejercicio de la razón: en este punto la crítica a la ciencia se incluye en la crítica más general de toda actitud (incluida la filosófica) que considera a la razón como el instrumento legítimo para el conocimiento. La razón no se puede justificar a sí misma: ¿por qué creer en ella?; la razón es una dimensión de la vida humana, aparece de forma tardía en el mundo y muy probablemente, dice Nietzsche, desaparecerá del Universo; y nada habrá cambiado con dicha desaparición.

Junto con la razón, en el hombre encontramos otras dimensiones básicas (la imaginación, la capacidad de apreciación estética, los sentimientos, el instinto,...) y todas ellas pueden mover nuestro juicio, todas ellas son capaces de motivar nuestras creencias.

La razón no es mejor que otros medios para alcanzar un conocimiento de la realidad (en todo caso es peor puesto que el mundo no es racional). La ciencia se equivoca al destacar exageradamente la importancia de la razón como instrumento para comprender la realidad.

4. Legitimidad de las matemáticas: la ciencia actual considera que la matemática es un instrumento adecuado para expresar con precisión el comportamiento de las cosas.

Para Nietzsche, sin embargo, esta forma de entender el mundo es aún más errónea que otras formas de cientificidad. 

Las matemáticas puras no describen nada real, son invenciones humanas; en el mundo no existen líneas rectas, ni triángulos, ni ninguna de las perfectas figuras a las que se refiere la geometría.

En el mundo no existen números, ni siquiera propiamente unidades.

Cuando decimos que algo es una cosa (una mesa, un árbol,...), lo que hacemos es simplificar la realidad que se nos ofrece a los sentidos, someterla a un concepto, esconder su pluralidad y variación constante. 

Las matemáticas prescinden de la dimensión cualitativa del mundo, de su riqueza y pluralidad. 

Podemos entender la valoración que Nietzsche hace de la matemática comparándola con la platónica: para Platón el matemático descubre entidades reales y objetivas que están más allá del mundo físico, en el Mundo Absoluto de las Ideas.
Nietzsche considera, sin embargo, que no existen tales entidades, ni realizándose en el mundo físico ni, mucho menos, en un mundo independiente y eterno: para Platón, Pitágoras descubre el teorema que lleva su nombre, para Nietzsche, lo inventa.

En cuanto al origen de la ciencia, Nietzsche señala dos motivos:
1.- Su utilidad: la ciencia nos permite un mayor control de la realidad, la previsión y dominio del mundo natural; pero, recuerda frecuentemente, la
2.- La Eficacia, que no es necesariamente un signo de verdad sino que es consecuencia de un sentimiento decadente: la ciencia sirve también para ocultar un aspecto de la naturaleza que sólo los espíritus fuertes consiguen aceptar: el caos originario del mundo, la dimensión dionisíaca de la existencia.

La ciencia nos instala cómodamente en un mundo previsible, ordenado, racional.


domingo, 12 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12 CONCEPTOS NIETZSCHEANOS: DIONISÍACO

DIONISÍACO.

Concepción del mundo típica del mundo griego ARCAICO, anterior a la aparición de la filosofía racional, anterior al mundo griego CLÁSICO O ILUSTRADO.

Representa el “espíritu de la tierra” o valores característicos de la vida.

El dios griego Dionisos (Baco para los romanos) era el dios de la vida vegetal y del vino, fue muy importante para este pueblo, y a él rindieron culto las bacantes.

Nietzsche hace una interpretación de este dios que va más allá de su significado ordinario, considerando que con esta figura mítica los griegos representaban una dimensión fundamental de la existencia, que expresaron en la tragedia y que quedó relegado en la cultura occidental: la vida en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales, biológicos.

Aunque Nietzsche explica este término en su obra juvenil “El nacimiento de la tragedia”, nunca lo abandonó, y lo podemos utilizar como metáfora de lo que más tarde llamó “voluntad de poder

sábado, 11 de agosto de 2018

NIETZSCHE 12. CONCEPTOS NIETZSCHEANOS. APOLÍNEO.



(EXTRAIDOS DE "TORRE DE BABEL") 


2.- APOLÍNEO.


“Relativo a la consideración del mundo como una totalidad ordenada, luminosa y racional.
Los griegos expresaron esta dimensión de la realidad con la figura del dios Apolo.
Se opone a lo dionisíaco.

Nietzsche presenta este concepto en su primer escrito importante, "El Nacimiento de la Tragedia", obra que será superada posteriormente en algunos aspectos, pero no en lo que se refiere a una de sus tesis centrales: el papel de la filosofía griega clásica (particularmente Sócrates y Platón) en el triunfo de la concepción apolínea de la vida y el olvido de la dionisíaca.

En "El nacimiento de la tragedia" el joven Nietzsche trataba, aparentemente, cuestiones de historia de la cultura griega y reflexiones de estética.

La obra escandalizó a sus contemporáneos pues cuestionaba la valoración tradicional y dominante del mundo griego, valoración según la cual la GRECIA CLÁSICA, la Grecia Ilustrada, la Grecia del siglo V, la Grecia y el Siglo de Pericles era el momento de esplendor de la cultura griega, y Sócrates y Platón los iniciadores de lo mejor de la tradición occidental, la racionalidad.

Frente a esta interpretación, Nietzsche da más importancia a la GRECIA ARCAICA, la Grecia del tiempo de Homero, y sitúa en el siglo V a. C. el inicio de la crisis vital del espíritu griego.

Nietzsche defiende una concepción metafísica del arte: el valor del arte no está en la mera complacencia subjetiva que provoca en el espectador, no atañe solo a la esfera del gusto; es algo más profundo, puesto que con él una cultura expresa toda una concepción del mundo y de la existencia.

El sentido del mundo se puede describir racionalmente, en conceptos precisos y argumentaciones rigurosas, pero también mediante la metáfora y los recursos estéticos que permiten la depuración de la sensibilidad para aprehender intuitivamente la realidad y trasladarla a los demás mediante la sugerencia, la belleza y el símbolo.

Esta apreciación nunca le abandonó, y se manifiesta en varios aspectos de su filosofía, particularmente en su estilo expresivo, más próximo a la literatura (incluso a la poesía, como en “Así habló Zaratustra”) que a las formas precisas y objetivas de la filosofía tradicional.

Pues bien, dice Nietzsche,  que el pueblo griego antiguo supo captar las dos dimensiones fundamentales de la realidad sin ocultarse ninguna de ellas, dimensiones que este pueblo expresó de forma mítica con los cultos a Apolo y a Dionisos.

La auténtica grandeza griega culmina en la tragedia ática, género artístico con el que consiguieron representar de modo armónico lo apolíneo y lo dionisíaco de la existencia.

Apolo era uno de los dioses más venerados por los griegos, le erigieron muchos templos y a su oráculo acudían cuando deseaban conocer el futuro o aspectos oscuros de su existencia.
Los griegos lo consideraron como el dios de la juventud, de la luz, de la belleza, de  la poesía,  y de las artes en general.
Pero, según Nietzsche, expresaba para ellos  mucho más, un modo de estar ante el mundo: era el dios de la luz, la claridad y la armonía, frente al mundo de las fuerzas primarias e instintivas.

Representaba también la individuación, el equilibrio, la medida y la forma, la racionalidad. 

Para la interpretación tradicional toda la cultura griega era apolínea, y el pueblo griego el primero en presentar una visión luminosa, bella y racional de la realidad.
Nietzsche es contrario a esta interpretación, pues afirma que es correcta para el mundo griego a partir de Sócrates, pero no para el mundo griego anterior, considerado por nuestro filósofo como el momento más característico del espíritu griego.

Frente a lo apolíneo los griegos opusieron lo dionisíaco, representado con la figura del dios Dionisos, dios del vino y las cosechas, de las fiestas báquicas presididas por el exceso, la embriaguez, la música y la pasión; pero, según Nietzsche, con este dios representaban también el mundo de la confusión, la deformidad, el caos, la noche, el mundo instintivo, la disolución de la individualidad y, en definitiva, la irracionalidad.

La auténtica grandeza del mundo griego arcaico estribaba en no ocultar esta dimensión de la realidad, en armonizar ambos principios, en considerar incluso que lo dionisíaco era la auténtica verdad.

Sólo con el inicio de la decadencia occidental, ya con Sócrates y Platón, los griegos intentan ocultar esta faceta inventándose un mundo de legalidad y racionalidad (un mundo puramente apolíneo, como el que fomenta el platonismo).

Sócrates inaugura el desprecio al mundo de lo corporal y la fe en la razón, identificando lo dionisíaco con el no ser, con la irrealidad.

En sus obras posteriores, Nietzsche recoge y desarrolla esta idea del inicio de la decadencia occidental en la Grecia clásica: Sócrates lo inició y Platón instauró el error dogmático más duradero y peligroso: "el espíritu puro", el "bien en sí", el platonismo o creencia en la escisión de la realidad en dos mundos (el "Mundo Sensible" y el "Mundo Inteligible o Mundo Racional"). 

Este dogmatismo es síntoma de decadencia pues se opone a los valores del existir instintivo y biológico del hombre. 

La degeneración de la cultura en virtud de la filosofía griega triunfó en la cultura occidental con el ascenso de la moral judeocristiana y del monoteísmo, pervirtiendo desde la raíz el mundo occidental. 

Así, la crítica de Nietzsche a la cultura occidental se refiere a todos los ámbitos, pues "Filosofía, religión y moral son síntomas de decadencia" ("La voluntad de poder"), la filosofía por inventar un mundo racional, la religión un mundo religioso y la moral un mundo moral; en definitiva, la decadencia del espíritu griego antiguo supuso el triunfo de lo apolíneo sobre lo único real, según Nietzsche, lo dionisíaco.

viernes, 10 de agosto de 2018

NIETZSCHE 11 EROS Y LOGOS ( y 3)



Toda esta fiebre científica por la explicación, está bien cuando se aplica a fenómenos físicos o fisiológicos, pero cuando se aplica a los fenómenos psíquicos es apostar por su destrucción, por su incomprensión.

¿Dónde queda la vivencia?

Frente a los intentos reduccionistas de la ciencia, de reducir el todo a la suma de sus partes, (cuando el todo es más que la suma de sus partes) hay que apostar por la realidad concreta, y no por abstracciones naturalistas, como en el caso del “amor” que queda deformado o, mejor, aniquilado.

Estas vivencias psíquicas sólo pueden ser percibidas por la conciencia, que es lo único e inmediato y que, por ello, no admite explicación, sino aceptación.

La experiencia primaria y original de la conciencia es el fenómeno de la percepción.

La conciencia nos revela, así, de manera inmediata, dos dimensiones esenciales de la realidad: la aspiración al ser y la aspiración al valer.

La percepción nos coloca, pues, ante los tres reinos fundamentales de la realidad: 1.- La esfera, ámbito o campo de las sensaciones (colores, formas, sonidos, olores, sabores,..) 2.- La esfera o ámbito o campo de las ideas (líneas, planos, substancias, accidentes, esencias,...) y 3.- Esfera, ámbito o campo de los valores (justicia, libertad, bondad, caridad, belleza,…).

El primero de esos ámbitos es el mundo de la experiencia inmediata, el segundo es el de la ciencia, el tercero es el mundo de los valores (los sentimientos, el odio, la fobia o la filia, el amor, el rencor,…)
Éste último ámbito sería el propio de la filosofía.

Uno de los filósofos que tuvo que exiliarse, a pesar de ser una persona profundamente cristiana, pero también  republicano y socialista, por lo que el año 39, el año de la Victoria, tuvo que embarcar para América como otros muchos miles, me refiero al catalán, Joaquín Xirau (Figueras (Gerona) 1.895 –México 1.946), interrumpiéndose así su extraordinaria labor de estímulo y desarrollo de las actividades filosóficas en la Escuela de Barcelona, y siendo México quien recogiera el fruto granado de muchos años de meditación en España con su docencia, sus escritos, sus publicaciones, en el país de acogida.

Su muerte prematura hizo que no fuera para la Escuela de Barcelona lo que Ortega y Gasset lo era en la Escuela de Madrid.

Su filosofía es una Metafísica del amor, expuesta en su obra “Amor y Mundo”, de 1.940, en que partiendo del “eros” y el “logos” de los griegos y, sobre todo de la “caridad” y el “ágape” cristiano, trata de mostrar la relación íntima entre el Ser y el Valor, afirmando que “el Ser no existe en sí, en tanto que el Valor se manifiesta por su dinamicidad, por su capacidad de movimiento.
Esa relación íntima entre Ser y Valor se conjugan para que el Ser adquiera vida y el Valor adquiera objetividad, claridad y transparencia.
El misterio resultante sólo será comprensible mediante una “actitud amorosa” que conduce a la “plenitud espiritual”.

Si el Amor es plenitud y es fuerza, es igualmente, renovación del Ser Valor y Ser reunidos para que el Ser viva.