lunes, 20 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (42-2) LAS CIUDADES


La perspectiva y la vida.

¿Cómo va a ser igual mi visión estética de un paisaje que la visión que de él tiene un constructor de bloques de viviendas?.
El burgués es el burgués y los que no lo somos, no lo somos.

Pero… “El burgués de hoy se ha desprestigiado y corrompido tanto que ya sólo usamos el término (“burgués”) con contenido peyorativo, pero no olvidemos que los burgueses de otros tiempos, además de explotar al prójimo nos dejaron legados como Florencia o la Barcelona
modernista, por poner algún ejemplo”

La verdad es que hoy hay muchos burgueses que tienen sus casas llenas de cuadros de valor incalculable, pero no es por amor a la estética, sino como inversión.
Siempre midiéndolo todo con el “patrón dinero”

“Antes de ir a Estocolmo yo ya había leído (…) el paisaje escandinavo me fascinaba; cuando llegué allí me quedé deslumbrado. Agua, bosque, lagos…una lujuria tropical…Y luego, la libertad de vida.
Cuando llegué allí y a unos compañeros del congreso se les ocurrió ir a bañarse, yo dije: “es que no he traído bañador”. “No hace falta dijeron ellos”. Nos desnudamos y nos zambullimos en el agua. Lo peor es que el agua del Báltico estaba glacial. Salí enseguida, excusándome, pero me contestaron: “No, si ha aguantado Ud. mucho tiempo”.
En fin, que aquello era otro mundo, otro planeta para un español en el año cincuenta.
Escribí “Congreso en Estocolmo” bajo el impacto de aquellas sorpresas fascinantes”

Usa como ubicación el nombre de varias ciudades para tratar temas distintos pero que, conociendo la historia, van adosados a ella.

“Elegimos presentar escenarios reales con historias animadas, por un lado para facilitar la lectura y, por otro para ilustrar las ideas principales. Todas tienen un motivo. Por ejemplo:
TAHITÍ para evocar el interesante viaje de Bougainville para tratar el tema de mundo natural-mundo cultural.
TOMBUCTÚ nos pareció adecuado para las tribulaciones de Tierra acerca del mundo físico, la naturaleza y sus destrozos.
GINEBRA, en tanto que ciudad internacional, era apropiada para hablar de dinero, del inicio del capitalismo y la independencia.
VENECIA: ¿qué lugar mejor para evocar el placer de vivir?
Y, para finalizar, KNOSOS, por ser el origen, la cuna de la civilización helénica”

Pero también MILÁN como una ciudad-trampa, con “sus suburbios, las tapias, hangares, talleres cerrados, viviendas baratas, solares, charcos… Humo y bruma, suciedad y escombros, faroles solitarios y siniestros. Todo inhumano, sórdido y hostil. Al bajar el cristal percibe un vaho húmedo, apestando a basura y a residuos químicos…”

Y ARANJUEZ, la ciudad que significó tanto para él, porque allí vivió, mejor dicho, la vivió en su época dorada de curiosidad intelectual y ¿cómo si no, en “El río que nos lleva”, de sus gancheros y sus troncos de madera río abajo?

“Conducir la madera era un jugoso paseo por la orilla del río, a la sombra de los árboles frondosos, inclinados sobre la corriente como para ver desfilar a sus compañeros muertos. Se cruza el puente de la calle de la Reina y empiezan a mano izquierda los viveros y los jardines del Príncipe. Luego se pasa por el embarcadero de la Casita del Labrador y después ante la casa de los Marinos, donde se guardan las reales falúas en que pasearon reyes y reinas. Más adelante, el Castillo, todo de verde hiedra, y el Parterre, con sus aspilleras y sus garitas de piedra de Colmenar, especie de amable fortaleza para proteger los juegos amorosos y las intrigas cortesanas (…) ¡es tan diferente del hálito caliente y el olor a mies de los terrazgos anteriores¡

Y, ¿cómo no? TÁNGER, otra ciudad vivida y cuando más mella hace en la persona de un niño y que se le queda grabada, como toda experiencia grata en edad infantil, grapada en su memoria:

“El haber pasado mi infancia en Tánger ha sido para mí un inmenso regalo del destino, perenne en mis raíces y marcándome definitivamente.
El carácter internacional de la ciudad y su gobierno por una administración mixta semiautónoma bajo la distante soberanía del sultán marroquí atraían a gentes de los más diversos países.
En la calle se oían distintos idiomas, se usaban monedas diferentes y se practicaban varias religiones en iglesias, mezquitas, sinagogas y otros lugares sacralizados.
Prácticas y costumbres, banderas y días festivos, a veces con desfiles y procesiones que pasaban ante mi vista. Tantas maneras de vivir tan naturalmente coexistentes me hacían sentirme como en un bosque encantado, donde cada cual se aparecía con sus verdades y ámbitos respectivos, enseñándome a respetarlos y a comprenderlos hasta donde mis pocos años lo permitían.
Vivía yo así, en un mundo gratamente tolerante y permisivo”

“…mi Tánger era femenina, transpira feminidad…mi Tánger es polimorfa, habla lenguas diferentes e inspira humanismos distintos…
En aquella Tánger de 1.920, en fin, inició su curso el río que soy, como un arroyuelo poco turbulento serpenteando por el espacio doméstico en cuanto pudo gatear, primero, y luego tenerse sobre sus pies

Nunca una “ciudad visitada” será una “ciudad vivida”.
Nunca, jamás, un turista de Palencia será un perchelero.


Yo también podría describir mi “Salamanca vivida” de mis años universitarios en sus dos etapas: cuando estaba en el Seminario de Calatrava y luego, una vez secularizado, con mis primeros devaneos, con los primeros amores, con aquellos diarios en cuadernos de papel cuadriculado.

domingo, 19 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (42-1) LAS CIUDADAES

LAS CIUDADES

Yo nací en un pueblecito castellano, Aldeanueva de Figueroa, agrícola y ganadero, de la provincia de Salamanca, en uno de los cordeles del Camino de Santiago (de ahí lo de “Figueroa”), lindando con Fuentesaúco (“el buen garbanzo y el buen ladrón, de Fuentesaúco son” con cuya primera parte todos estaban de acuerdo, pero la segunda parte los llevaba a los demonios, así que ellos respondían: “y el ladrón más fino, de tu tierra vino”) ya en la provincia de Zamora.

Mi pueblo llegó a tener 984 habitantes, pero en la actualidad no llega a 290 (la sangría demográfica comenzó en los años 60, con la emigración, sobre todo interior, al País Vasco, Asturias, Santander y Madrid) Las causas ya las he expuesto en otro artículo.

En la escuela de niños nos juntábamos unos 70 niños, con un maestro republicano, y que no quiso “rehabilitarse” realmente, pero que con el sueldo de maestro y con cuatro o cinco hijos tuvo que ejercer, al mismo tiempo, como contable de la Hermandad de Labradores, por lo que las pizarras de la escuela siempre estaban ocupadas de cuentas y más cuentas, y no tuvo más remedio que enfundarse la camisa azul con el yugo y las flechas, frustrado y amargado por la situación política, el franquismo, “nada nos enseñó”, éramos bárbaros infantiles cuya obsesión era romperle la vara de fresno con la que nos pegaba, cuando iba a su casa a mear.

Le doy las gracias al maestro interino que llegó y que, por él, marché del pueblo a la ciudad para ingresar en el Seminario (única manera de estudiar, de manera casi-casi gratis, para los que no disponíamos de dinero para ir a estudiar por libre.

Pero reconozco que desde los veintitantos años soy de ciudad, como J. L. Sampedro:

“Yo soy un hombre de ciudad. Sólo viví en un pequeño pueblo a los ocho años y, aunque esa experiencia fue decisiva en mi vida, mi paisaje vital es el urbano. No creo que fuese capaz de adaptarme a la vida en un pueblecito, aunque no me importaría vivir en una ciudad más pequeña que Madrid, como Alicante o Andorra. Necesito tener a mi alcance una serie de actividades culturales: cine, conferencias, librerías, etc…”

Cuando esto escribía el maestro, pasaba parte del invierno en Alicante y, en verano, presidía la Universitat d´Estiu d´Andorra.

Yo le hubiera aconsejado que hubiese, no visitado, sino residido y vivido en Málaga, la bien llamada “Ciudad del Paraíso” porque todo te lo facilita.

Cuando el novelista escribe los escenarios suelen ser inventados, pero nunca del todo, hasta en los inventados hay algo o mucho de los recuerdos de paisajes ya pisados.
Además, aunque intente reflejar un paisaje real siempre tendrá que pasarlo por el tamiz de la subjetividad.

Pero de todos es sabido el tiempo dedicado y la cantidad de información recogida cuando quiere que la escena ocurre en algún lugar concreto, como en “Octubre, octubre” y (como veremos en otra entrada) la manera de disimular una sordera para escuchar a una tertulia de mujeres hablar desenfadadamente tomándolo por sordo.

Por eso “mi Madrid de “Octubre, octubre” es como un pequeño pueblo con gentes conocidas y cercanas”.

Pero en otros casos no es así.

“Cuando hablaba de Milán, que yo no conocía cuando escribí “La sonrisa etrusca” tenía planos, mapas de transportes urbanos, guías,…Y tampoco conozco Alejandría, pero en este caso porque no quería verla como era en la actualidad. Para encontrar una ciudad paralela viajé a Estambul, que podría ser hoy su equivalente, una ciudad llena de contrastes, de bullicio, con todo el color y calor de las ciudades del Mediterráneo del siglo III”

Una ciudad siempre será inabarcable porque depende del sujeto.
Las mismas calles, las mismas plazas, las mismas playas…¿cómo va a ser lo mismo para el que, de turista, estrena su mirada, como para el que las ha vivido y las vive?.
Ese barrio, cochambroso para algunos, es vital para otros.

“Cualquier ciudad es, siempre, muchas ciudades: tantas como residentes y visitantes tenga y haya tenido en el pasado. Cada persona conoce ciertos paseos y recintos y los vive a su manera”

Ayer mismo se cumplieron 80 años de La Desbandá. ¿Cómo va a ser la carretera de Málaga a Almería, la Carretera de la Muerte, igual para el que la recorre en coche o autobús como lo fue para los miles y miles que tuvieron que ir caminando, días y días, con hijos de leche y padres ancianos, descalzos y sin comida,….?

Incluso yo, que he escrito bastante sobre ello no puedo emocionarme como la que sobrevivió y, desde su nueva residencia en Francia, cuenta, gimiendo y llorando, en un video con el que yo lloré sólo con imaginarme lo que ella pasó, y que con nudos en la garganta, con voz entrecortada narraba su peregrinaje y la muerte alrededor, con sangre aquí y allá, manchando la carretera…

Todos sabemos que el mismo hecho, presenciado por dos personas, puede ser interpretado de manera muy distinta, como un asesinato o como un simple homicidio.
En la perspectiva no sólo interviene lo objetivo, sino también, y mucho lo subjetivo.

Yo soy de las personas a las que no le gusta la aventura, ni la improvisación. Y si proyecto un viaje a París me proveo de libros de viaje, de planos, de entrar en los foros, para conocer opiniones de quienes ya han estado allí.
Pero conozco personas que hacen, exactamente, lo contrario, a la aventura, a ver qué es lo que sale,…

Es verdad que a mí los viajes no me despiertan muchas sorpresas porque, poco más o menos, sé con lo que voy a encontrarme (aunque no coincidan exactamente mis expectativas con la realidad)

Dice Sampedro que:

 “la información no suple el conocimiento. Conocer algo, de verdad, exige vivirlo. Sólo entonces nos entrega su secreto, cuando lo hemos convertido en vivencia personal” (…) aunque sea descubrir el Mediterráneo…Los Mediterráneos descubiertos por uno mismo se hacen nuevos para el descubridor, se le entregan renacidos”

Y recuerda sus vivencias en Aranjuez, presente siempre en su corazón, a pesar de alejamientos geográficos.


“Fue en mis últimos tiempos de Aranjuez cuando ya empecé a imaginarme escritor, sin duda al impulso de tales vivencias”

sábado, 18 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (41-2) LA PALABRA

“Qué eran los nombres puestos a los hijos, al nacer, sino, deseos de los padres o padrinos a que los niños se parecieran a lo que el nombre puesto significa? “Irene” (paz), “Teófilo” (amigo de Dios), “Teodoro” (espada de Dios), “Amanda” (digna, merecedora de ser amada), “Amador” (amante), “Eugenio-Eugenia” (bien nacidos)…

En eso sí que nos parecemos, Maestro, yo, camino a mi gimnasio diariamente, Ud. en “nuestra incivil guerra civil”, esa definida como la de “los justamente vencidos y la de los injustamente vencedores”.

“Mi libretita y mi diccionario de bolsillo hicieron la guerra conmigo. Fiel a mi costumbre de pasar páginas de diccionarios  y enciclopedias, metí en mi macuto un pequeño Sopena y en los ratos libres o de espera iba pasando páginas y anotando aquellas palabras que por algo llamaban mi atención”

Yo grapo y dejo presas en mi libretilla las ideas volanderas antes de que se me esfumen para, cuando llegue a casa, manosearlas, ordeñarlas, sacarle todo el jugo posible, hilvanar un artículo y subirlo a/ colgarlo en este blog.

“In principio erat verbum” (“en el principio era/fue la Palabra”), pero sólo el Verbum Divinum, que llevó a cabo la creación con su palabra: “Y dijo Dios: “haya luz” y…Y dijo Dios “que las plantas… que las aves…que los peces….que … y todo ocurrió según la “palabra divina”.

Porque la palabra humana no estaba en el principio, sino al final de un largo y tortuoso camino por el que iba abriéndose paso la evolución.

“El lenguaje es el final de un largo y difícil proceso creador”

No nos lo dio Dios, hemos ido creándolo los hombres de distintas formas en distintos lugares y si ninguna Torre de Babel por medio.

Y si la evolución nos ha ido haciendo “hombres” (hominización) ha sido el lenguaje el que ha ido haciéndonos “humanos” (humanización).

“El lenguaje da al ser humano sus alas más poderosas para acercarse a la estrella con las cumbres de la poesía lírica y la mística.
Por la palabra podemos salvarnos y con ella dialogamos, sobre todo en el hablar consigo mismo durante el viaje de la vida (…)
Porque el lenguaje, siendo esas alas, también es cárcel, pues condiciona nuestro pensamiento y encarrila fácilmente nuestro entendimiento, descarrilándolo también.
El lenguaje, con frecuencia, es una trampa; se usa para engañar y persuadir con falsedades o encadenar con creencias.
A veces se usa así con deliberada maldad egoísta; otras veces se hace hasta con buena intención, por alguien que está él mismo engañado.
El caso es que la palabra, como los alimentos desconocidos o nuevos, debe ser recibida con criterio crítico, pues puede ser un bálsamo o un veneno.
Finalmente, no sólo hay que reivindicar siempre el derecho a la palabra, como máxima expresión de nuestra humanidad. Pero también –y a esto se falta muchas veces- hay que cumplir el deber de usarla en pro de la dignidad propia y ajena. Pues, como proclamó magistralmente Martin Luther King, hay una conducta más escandalosa que la de los malvados, y es el silencio de los hombres “buenos” que callan y miran para otro lado sin protestar de las maldades”

Pecar por hablar, pecar por no hablar, pecar por hablar demasiado, pecar por no hablar lo suficiente y gritar a los cuatro vientos (asistimos, a diario, a la cruda realidad de los refugiados).

La palabra tiene doble filo, puede ser salvadora y condenadora, puede producirte placer y dolor, alegría y tristeza, amor y odio.

Decía Aristóteles que conocer una cosa era tenerla en la cabeza, no realmente, sino intencionalmente.

Dar nombre a algo es poseerlo de cierta manera.

“Reducimos a palabras el mundo para hacerlo inteligible y, luego nos extraviamos en la maraña verbal. Sin ella no existiría el mal. No hay Maldad en el tigre, aunque mate: no conoce el vocablo “crueldad”. La serpiente del Edén era el conocimiento; es decir, el lenguaje. Sólo el hombre puede ser malo, pues sólo la palabra le distingue de la naturaleza. Siempre esclavo de las palabras; nunca puede vivir –hacerme- sin ellas. Siempre me dominaron”

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Allí donde están las fronteras de mi lengua están los límites de mi mundo” nos decía Wittgenstein en el Tractatus lógico-philosophicus.

Recuerdo en mis clases cuando, todos los años, al tratar el tema de la voluntad y el conocimiento, de la elección, de la decisión, les hacía ésta o parecida pregunta: “¿os gustan los caretinómicos”? Se quedaban con la boca abierta y su pregunta, automática, era: “y eso, ¿qué es?”. A veces le seguía la broma y les decía que eran unas galletas típicas de Ponferrada, cuyos componentes principales eran turrón, helado, chocolate….” Y, sólo entonces algunos decían que sí les gustarían, otros decían que no, porque odiaban el chocolate.
Luego, después, les aclaraba que “caretinómicos” era una palabra vacía que me había inventado para que cayeran en la cuenta de lo absurdo que es “elegir-optar” por algo sin “conocer-saber” qué es.

O lo que es lo mismo: “nada es (debe ser) querido si no es conocido” y querer algo sin saber qué es, es algo absurdo, inconsecuente.

El diccionario, como conjunto de palabras, además de ser un círculo vicioso porque unas palabras de definen por otras y éstas por otras y siempre sin salir del diccionario, es, a la vez, como un gran almacén lleno de cajas en las que metemos las cosas.
Pero llega un momento en que el almacén (el diccionario) puede colocar algunas cajas (palabras) más, pero es que la realidad no cabe del todo.
No hay una caja (una palabra) para cada cosa y llega un momento en que en una misma “caja” (palabra) tenemos que meter cosas muy distintas.

Imaginaos la caja (palabra) “león” y en ella tenemos que meter una Provincia española, una Ciudad, un Animal, una Persona normal, un Papa, una cualidad (estás hecho un “león”)…

Sólo conociendo el contexto en el que se encuentra esa palabra, en que se usa esa palabra, podemos saber a qué realidad se refiere.
Estamos refiriéndonos a la “equivocidad” de las palabras.

De hecho, un chiste, no es más que otra interpretación de la palabra que se confunde con la interpretación usual de la misma.

Así como la música no es como Napoleón la definía: “el menos molesto de todos los ruidos” o, también he leído “el más bello de los ruidos”.
La música, la melodía, es más y distinto a un ruido, y no basta el oído para captarla y sentirla, hace falta una sensibilidad especial.

Si en otro tiempo “creer la palabra de otro” era algo normal, hoy la descreencia en ella es lo normal.

Cuando veo una acción y la califico como injusta no tiene las mismas consecuencias que si es un juez el que la juzga así.

La “palabra” (sentencia) de un juez tiene efectos sociales, la mía no.

Un tipo de los “actos del habla” es el “declarativo”, que es aquel que provoca un cambio en el mundo por medio de esos actos.

Ya hemos dicho lo de la “sentencia” de un juez, pero también “bautizar”, “casarse”, “vetar”, “levantar una sesión”.
No es igual decir “sí, quiero” ante un juez o un cura que decirlo en una discoteca.
En los dos primeros casos produce el efecto del “matrimonio” con todas sus ventajas y sus inconvenientes, el tercero no, sólo sirve, quizá, para llevar al huerto a la otra persona.

Luego hay “palabras tabú”, que no deben pronunciarse por si acaso tiene efectos no deseados (tengo en el blog una entrada con el título: “el tabú de la palabra” pero habrá que preguntárselo al que lo sabe casi todo, Google).

Quitadle al acto sexual la palabra, deja de ser un hecho humano y queda convertido en un hecho natural, fisiológico, como lo haría un toro o un perro, pura y simple “genitalidad”

“Añadir literatura, palabra, al sexo, es añadirle cultura, es transformar un acto natural, previsto biológicamente para la reproducción de la especie, en un acto humano”


Si para practicar sexo basta y sobra con los genitales, para la sexualidad son tantas o más necesarias las palabras, en forma de susurro, de gemido, de piropo, de murmullo,…

viernes, 17 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (41-1) LA PALABRA

LA PALABRA

Cuando Aristóteles define al hombre como “zoon logikon” suele traducirse como “animal racional”, y está bien. “Zoom” es “animal o viviente sensible” y “logos” significa “razón”, el hombre es “el viviente sensible que razona”.

Pero “logos” también pude traducirse, puede significar, “palabra”, entonces el hombre sería “el animal que tiene palabra”, “el animal que habla”.

“No tomarás el “nombre” de Dios en vano” – dice el segundo Mandamiento de la Ley de Dios.
Lo que quiere decir es que no uses la palabra “Dios” alegremente, porque usarla es jurar, es poner al mismo Dios por testigo, por lo tanto como “aval” de lo que prometes y eso sería pecado.
En el nombre, en la palabra, va preso Dios. Usar la palabra es usarlo a Él.

La palabra, siguiendo a Aristóteles, es la estrategia humana para hablar, para referirse a las cosas sin estar éstas presentes,

Cuando yo digo que “estoy sentado en la mesa escribiendo en el ordenador” el hombre que oiga mis palabras entiende que “yo (no otro)”, “estoy sentado (no de pie ni tumbado)”, “escribiendo (no cantando ni cocinando)” en “este ordenador (no con papel y pluma)”, no teniendo él que verme ni yo tener que presentarme así.

El hombre ha inventado la palabra como sustituto de las cosas o personas y le basta con usar de ellas sin tener que estar presentes éstas.
Esto supone un avance descomunal.

“La primera gran metamorfosis del ser humano fue cuando adquirió la palabra. Entonces, cuando el simio, el prehombre, adquirió la palabra (desembarazándose de las cosas), se transformó profundamente, se convirtió en ser humano y accedió a la cultura”

El niño, al nacer, es un “animal” o “viviente sensible” (ve, oye, saborea, toca,..) y sólo cuando adquiere el lenguaje comienza a humanizarse, cuando dice la palabra “agua”, para referirse a “una cosa” y sin estar presente la cosa.

Dice el Génesis que Dios tomó a Adán de la mano y fue por el jardín del Paraíso “poniéndole nombre a las cosas”, “nominándolas”, poniéndoles las palabras-pegatinas a las cosas. Y cuando Dios le dijo que comieran de todos los árboles menos del árbol de … Adán ya sabía qué eran los árboles y cual era ese árbol de la fruta prohibida.

La aceleración de “humanización” que va consiguiendo el niño según va adquiriendo el lenguaje, según va haciéndose con él y dominándolo es algo extraordinario.

“La palabra es el resultado de un esfuerzo enorme porque hubo que hacer muchas cosas con los organismos humanos,
Hubo, primero, que ponerse de pie en vez de andar a cuatro patas, porque si no, el cráneo no se podía insertar en la columna vertebral, el cerebelo no encajaba con la médula espinal porque era un ángulo difícil.
Después hubo que alargar el cuello para rebajar la laringe y que quedara una cavidad bucal grande.
Hubo, también, que educar los músculos de la cara, de la boca, para que pudieran moverse y generar sonidos distintos.
Hubo que crear zonas en el cerebro para que escucharan esos sonidos. E incluso los oídos tuvieron que adaptarse a sonidos nuevos.
Una conquista extraordinaria”

Es todo el proceso de “hominización”, la postura erecta, la liberalización de las manos,…y, después, el proceso de “humanización”, ya con la palabra, la cultura, el aprendizaje-la enseñanza,…ir cargando la mochila de las soluciones ya ensayadas y victoriosas por generaciones anteriores para ponerlas en práctica, sin partir de 0.

Y, todo eso, ya con el dominio de la palabra.

En el blog sí he colgado un spot sobre las distintas hipótesis sobre “el origen del lenguaje” (habrá que preguntárselo a Google, que todo lo sabe sobre lo que he escrito).

“Palabra de Dios”, “palabra de honor”, “te doy mi palabra”, “dame tu palabra”…en la palabra va incluida la persona que la pronuncia, es un compromiso, una promesa a la que no puede faltar el que la da.
Sólo después, cuando desapareció la confianza, cuando apareció la desconfianza, cuando ya se dejó de co-fiar en la palabra del otro por el dicho de que “las palabras se las lleva el viento” (“verba volant”) fue cuando se exigía la “palabra escrita”, la “firma” como manera de comprometer a quien había firmado.

“Los diccionarios de uso ponen de relieve la dificultad que encierra la definición de las palabras.
Si nos fijamos bien, las palabras son prácticamente indefinibles, nos podemos aproximar a los significados, pero la palabra nunca está definida con la precisión de una cantidad matemática.

Las palabras tienen resonancias, connotaciones acumuladas con el uso; lo que en un momento tiene un significado, puede luego significar otra cosa, se pueden hacer juegos de palabras.

Fíjense que no hay sinónimos exactos, los significados son parecidos, pero no son lo mismo,
El “campo”, el “agro”, lo “rural”, sí, nos llevan a lo mismo pero se emplea una u otra expresión según las circunstancias”

¿Qué es un diccionario? Es un bucle en el que unas palabras se definen por otras palabras, pero todas ellas están en el diccionario. Unas se definen por otras.
Además la equivocidad y la analogía se suman a la univocidad de las palabras y sólo conociendo en el contexto en el que aparecen podrá saberse su significado.
Los sinónimos no son fotografías de las palabras sino aproximaciones a la misma. Algo así como un cerco a la palabra “para tener una idea aproximada de la misma”, porque una de las leyes de la definición es que “en la definición no puede entrar los definido”.
No puedo definir el círculo como algo circular.

“…quizá esté bien decir “la condición humana”.
Ciertamente no sabemos cuál es la condición humana pero creo que hay algo en lo humano que nos reúne a todos y es justamente la palabra (…) Para mí la palabra es lo que más nos asemeja los unos a los otros. (…) Sí, “democracia” sería otro ejemplo del mal uso de la palabra.
Desgraciadamente, el odio y la salvajada también son humanos, es decir, yo creo que la diferencia entre la palabra y la “no palabra” es importante; otra cosa es que con palabras también se hagan salvajadas”

Ya decían los antiguos que con la palabra se hacían los puentes y se hacían las guerras porque ¿qué son, si no, las leyes que aparecen en el Boletín Oficial del Estado sino “palabras escritas” por las que se permite que…se obliga a….se prohíbe que…?.

¿Qué es el milagro de la conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo sino el efecto de la palabra, no de cualquier persona, sino de la persona “con-sagrada”?.

¿Qué ocurre cuando el cura dice “Yo te bautizo en el nombre…”, “yo te absuelvo de tus pecados”, “yo os declaro marido y mujer”…
 Cuando el juez dice: “podéis besaros”, es decir quedáis unidos en matrimonio.
Decirlo es hacerlo




jueves, 16 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (40) INNOVACIÓN

INNOVACIÓN

Parece que han sido gemelos univitelinos, siempre adosados. Tú decías “investigación” y el interlocutor, automáticamente  te soltaba “y desarrollo”, como cuando decías “el gordo” y se te contestaba “y el flaco”, “Don Quijote” y…”Calisto” y….”como el perro” y…

Era la I+D (Investigación y Desarrollo) pero ahora parece que, tras el matrimonio han fecundado un hijo al que han bautizado como “Innovación” y la nueva familia ya es I+D+i.

Investigación-Desarrollo-Innovación  (I+D+i) es un concepto de reciente aparición, en el contexto de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad; como superación del anterior concepto de Investigación y Desarrollo (I+D)  

Es el corazón de las tecnologías, de la información y de la comunicación.

Mientras que el concepto de  “Desarrollo” es un término proveniente del mundo de la  Economía, los de “Investigación” e Innovación” provienen respectivamente del mundo de la Ciencia y de la Tecnología y su dinámica relación se encuentra en el contexto de la diferenciación entre  Ciencia Pura y Ciencia Aplicada.

 Alguien ha definido “Investigación” como “invertir dinero para obtener conocimiento”, mientras que “Innovación” sería “invertir conocimiento para obtener dinero”

Dinero para Investigar y crear Conocimiento para, después, llevar ese conocimiento a la práctica y crear Tecnología

El nivel de actividad de I+D+i en un país se puede calcular mediante la proporción entre el gasto en I+D+i y el producto interior bruto (PIB).

Todos los países procuran, en la medida de sus posibilidades, potenciar las actividades ligadas a la I+D+i a través de políticas de apoyo (subvenciones, deducciones, préstamos bonificados y otras), debido a que un alto nivel de I+D+i implica una mayor fortaleza de los productos o procesos que se diferencian positivamente de los de su competencia.

Además, muchas de las actividades son potencialmente generadoras de avances sociales en forma de calidad de vida, mejora del medio ambiente, la salud, etc...

“Pero ahora la palabra “innovación” es casi más importante que la palabra “desarrollo”.
Se habla de “innovación” como si fuese un gran descubrimiento que nos lo va a resolver todo. Pero no se cae en la cuenta de que la innovación tiene varios filos: hay una innovación productiva y una innovación de conocimiento –de una nueva medicina, de un nuevo material,….-, pero hay otra innovación meramente comercial”.

Producir más, mejor, más barato y en menos tiempo es el objetivo de cualquier nación, pero como ello depende del PIB de ese país, así como de la proporción del mismo que se emplee en I+D+i…los países pobres nunca podrán competir con los países ricos en la manera de producir y de los productos.

Dice Sampedro:

“Por otra parte, esa competencia estimula poderosamente la innovación –palabra de moda- que aporta nuevos recursos y productos a la satisfacción de necesidades cuando resulta de un auténtico invento o descubrimiento, pero no cuando la innovación es solamente una argucia mercantil. Es decir, cuando sólo se modifica la presentación exterior o la de un leve detalle de algún producto ya conocido, anunciando la superficial reforma como un cambio importante y aprovechando las técnicas de mercado (hoy muy sofisticadas) para crear en el público una falsa necesidad, explotando la tendencia psicológica a no ser menos que los demás”

La estrategia comercial es tan agresiva que el producto, tan bien presentado y promocionado, entra por los ojos y la mano no se resiste a vaciar los bolsillos.

Antes uno acudía al mercado o a la tienda a adquirir eso que sabías que necesitabas. Eras consciente de la necesidad y acudías a adquirir el producto que, más o menos, sabías que podía satisfacerla.

Hoy no. Tranquilamente entras en unos grandes almacenes a ver si caes en la cuenta de qué producto puede satisfacerte no una necesidad real, sino el último deseo.

Voy desnudo de necesidades, veo un artículo, me creo una necesidad psicológica, no real, y para satisfacerla adquiero el artículo.

Esa, y no otra, es la más común de las secuencias.


“…El progreso técnico derrama una constante catarata de innovaciones, que nos colman de medios sin saber para qué van a usarse, porque no tenemos claros los fines, con el resultado de que vamos a la deriva”

Acudes al salón de la innovación y desfilan ante ti tal cantidad de inventos, y tan sofisticados (el robot que cocina sólo, tras programarlo, o que te limpia la casa mientras tú descansas, o que te enciende la calefacción desde el semáforo para que, cuando llegues a tu casa, ya esté el ambiente caldeado, o el coche que aparca solo, o el artilugio que te despierta si vas durmiéndote cuando vas conduciendo en la carretera, o…(puedes imaginarte lo que quieras que, si no está ya inventado, ya pronto lo estará).

Recuerdo cuando escribíamos con pluma pico de pato, que había que mojar en un tintero, y cuando apareció la estilográfica nos pareció un milagro porque sólo con cargarla una vez tenías ya para no sé cuantos días.
Y qué decir cuando apareció el bolígrafo Bic, que ya ni cargarlo hacía falta.

Yo tenía una máquina de escribir portátil, de la marca Olimpia, con la que escribí mi tesina sobre la “Antropología agustiniana”, con esa letra toda igual, porque la máquina no se cansaba y siempre escribía los mismos trazos en las mismas letras, pero ¿y cuándo te equivocabas? Primero con un pincel que se mojaba en un tubo como de tinta blanca y, el invento posterior, las tiritas que ya venían empapadas en esa misma tinta o lo que fuera.

Pero es que ahora, si te equivocas, en este ordenador que estoy aporreándolo, le das a la tecla “suprimir” y desaparece la errata y corriges.

Los problemas que tuve con mi Olimpia cuando, en aquella tesina, se me había olvidado aquella ficha que había que haber intercalado entre párrafos anteriores, y ahora que “corto” o “copio” y “pego”, donde me da la gana o donde me hace falta.

Y que me avisa si me he equivocado y he puesto “Varcelona” con “v” (ya me ha subrayado en rojo la palabra) o “Balencia” con “b” y, de nuevo, automáticamente, me la ha subrayado también, advirtiéndome que he cometido faltas de ortografía y que las corrija.


“En estos tiempos la palabra mágica parece ser la “innovación”. Se inventa y se progresa aceleradamente con la obsesión principal de incrementar la productividad.
El hombre occidental, embriagado de su supuesta superioridad, se considera creador, pero sólo es una ilusión.
Todos nos movemos dentro de un ámbito envuelto en otros ámbitos y, cuando en el conjunto global, creemos hacer brotar algo, en realidad sólo estamos siendo ejecutores del resultado total”

“Hoy las ciencias adelantan, que es una barbaridad” oíamos en “La verbena de la Paloma”.
Hoy, más que las ciencias (que también) tenemos que decirlo de la tecnología.
Avanza a “tanta barbaridad” que, apenas llegas a dominar el último modelo de cualquier artefacto, o sin llegar a dominarlo del todo, y ya sale otro de tecnología superior que deja obsoleto al que tienes en la mano.

Es una carrera de locos porque cuando ya llegas, ya no está allí. Es como el horizonte de Galeano, que va alejándose a medida que vas acercándote a él y nunca llegarás a poseerlo.


Pero tú, siempre corriendo.

miércoles, 15 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (39-2) EL ARTE


Pero el Arte, no.
Que nadie ose  meterle mano y ponerle torre a la “Manquita”.  “No la toquéis ya más, que así es nuestra catedral”, con torre y media.

La ciencia avanza a base y a fuerza de equivocarse y rectificar.
No es verdad que la ciencia sea la historia de la verdad, sino que es la historia de la superación de los errores y falsedades.

Las hipótesis y teorías científicas, para ser científicas tienen que ser “falsables”, no verificables.
La verdad de las mismas es sólo el intervalo que hay entre lo que hoy hemos descubierto y lo que mañana es negado, por falso, ante un descubrimiento nuevo, más perfecto, que invalida las hipótesis anteriores.

Los científicos siempre tienen que estar dispuestos, y esa es su esencia, a tomar como provisional el estado en que se encuentran en ese momento para desdecirse de lo dicho en un momento posterior.

Pero a nadie se le ocurriría retocar la Venus de Milo, la Gioconda, las Meninas, las Vidrieras de la Catedral de León, Zadig o El destino o Cándido o El optimismo de Voltaire (y sin mencionar templos románicos, obras de filósofos griegos, poesía del Siglo de Oro, el Quijote, o el Soneto a Cristo crucificado: “No me mueve, mi Dios, para quererte…”

“El arte es revelación. Removiendo las emociones del contemplador le revela a sí mismo sus propias honduras; del mismo modo que, erigiéndose en expresión de un estilo cultural, revela los rasgos de esa manera especial manera de vivir”

Si quieres rezar y meditar, hablar con Dios en el silencio interior de tu alma, debes entrar en una iglesia románica, poco iluminada, en la que se corta el silencio,…porque en una mastodóntica catedral gótica, muy alta, sobreiluminada por tanta vidriera, tan llena o rellena de esculturas,… es para cantarle a Dios, para admirar Su grandeza,…el Todopoderoso.

Una Virgen románica, un tanto ruda, de facciones estáticas, sin levantar la mirada, siempre humillada o humillándose,… ¿qué tiene que ver con una Madonna de Rafael o de Leonardo Da Vinci, o con la Virgen con la teta fuera y el niño mamando,…?
Cada una de ellas refleja épocas distintas y distintos modos de vivir y de sentir.

“Todo lo anterior se refiere a la “creación misma” (al arte)... Otra cosa distinta es el trabajo posterior, la elección de esas ideas, su plasmación en palabras, temas musicales o plásticos. Eso es el “oficio” (…) el oficio es una cuestión técnica, algo en esencia racional y, por tanto, transmisible de un entendimiento a otro.
La creación en estado naciente, por el contrario, no puede transmitirse de igual modo; tiene que ver con algo inexplicable (…) Tomando mi propio ejemplo, ¿por qué escribo novelas? La respuesta es simple. Porque no lo puedo evitar, porque uno se dedica al arte por necesidad interior, por encontrar el equilibrio, pero, a partir de ahí, ya es inexplicable. ¿Por qué hablo de sirenas y no de funcionarios, que es lo que he sido toda mi vida?”

Hay talleres de escritura y escuelas de artes y oficios, pero no de “creación artística”, ésta tiene que surgir por sí misma en el sujeto.
Otra cosa es cómo exponerla de manera adecuada. Aquí entra el “oficio”, que puede enseñarse y aprenderse.

El hombre es racional. Sin duda. Pero no sólo racional.
En otros lugares he escrito sobre “razón y pasión”

“El ser humano no es sólo pensamiento, sino también sensibilidad. Además de la ciencia y de la técnica ejerce y vive el arte.
El lenguaje no es sólo un problema de gramáticos, sino también de poetas.
Se pueden dar las reglas para escribir sin faltas de ortografía, pero no hay recetas para crear un gran poema”

Yo sé cuántas sílabas tiene un verso de un soneto y de cuantos versos consta, pero hay que ser un genio para crear el soneto:
“Un soneto me manda hacer Violante // y yo jamás me he visto en tal aprieto.// Catorce versos dicen que es soneto…”
Construir un soneto en la descripción de que no sabe construirlo.

“El arte es mucho más que la técnica. La técnica se puede enseñar, es esencialmente racional.
Se puede explicar racionalmente el manejo de una máquina -¡cuidado¡- digo el manejo no el invento- pero no se puede transmitir a otro cómo usar la gubia para conseguir unas determinadas curvas en la madera.
Se podrá explicar cómo trazar la curva, pero nunca será igual a la conseguida por un artista.
El conseguir una obra de arte requiere algo distinto, algo que, para mí, constituye el secreto de la vida, lo no transmisible de la vida”

Vuelvo a ver la estatua “La mujer con velo”, de Corradini, en el Louvre y me he preguntado, me pregunto y me preguntaré cómo demonios puede hacerse eso con una pieza de mármol
(Si no la habéis visto, os recomiendo verla y luego explicármelo, si podéis)

“El acto de creación de una obra está imbricado en la vida del escritor como la raíz de un árbol en la tierra donde nace”

Información, conocimiento, ciencia, sabiduría.
¿Cuántas veces confundimos estos conceptos?

Hay tanta información que nos asfixia, conocimiento vulgar mucho, conocimiento científico menos, sabiduría poca.

Es lo opuesto al “mundanal ruido” lo que hace y todo el mundo debería hacer: seguir “la senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido” de nuestro Fray Luis de León.

Conocer las causas de las cosas no es de sabios, sino de científicos.
El sabio, contando con eso y prescindiendo de eso, “sabe vivir”
Eso es la sabiduría: “saber vivir”, no “saber verdades”

“Muy colmado de ciencia está Occidente, pero muy pobre de sabiduría. Es decir, del arte de vivir, más abarcante que la ciencia porque, contando con ella, incluye además el misterio”

No nos referimos al “vivir biológico”, común a todo ser vivo, ni al “vivir más tiempo y más cómodamente”, sino al SABER VIVIR HUMANAMENTE.

“Vivir no es una tarea científica, aunque la ciencia contribuya a nuestras vidas de mil maneras, desde la sanidad a la comodidad.
El arte supremo es el arte de vivir.
Vivir no es sólo un arte, es el arte supremo”

Un componente racional, en el vivir, pero también un componente misterioso. Al que uno puede aproximarse pero sin tener la seguridad de que se ha encontrado.
Y esto nos lleva al terreno religioso, al misticismo”

Esta religiosidad, este misticismo religioso poco o nada tiene que ver con la Iglesia.
Incluso todos, o casi todos, los místicos tuvieron desencuentros y/o problemas con la Iglesia por ser considerados heterodoxos en la forma de entender la religión y su acercamiento a Dios sin tener que pasar ni que pagar el peaje de la Iglesia.

¿Se puede ser sabio en nuestras ciudades con tanta aglomeración, tanto ruido, tanta prisa…?

“!Cuántos escritorios había en Babilonia¡ Tantos como jardines: era una ciudad magnífica para la cultura y el placer de vivir. Quien entraba por la puerta de Marduk, su dios principal, quedaba seducido”

En la soledad de la celda y con la sola compañía de Dios.
En los jardines de los monasterios respirando fragancias, oyendo trinos, y tuteándose con Dios.
Eso es religiosidad, eso es mística, nada que ver con la Iglesia, sus preceptos, sus ritos, sus liturgias,..

SABER VIVIR, SER SABIO

martes, 14 de febrero de 2017

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (39-1 ) EL ARTE.

EL ARTE.

Reconozco mi ignorancia, por no decir analfabetismo profundo, respecto al arte moderno.
Asisto a una  exposición en el Palacio del Obispo y me encuentro: tres neumáticos de camión, gastados, puestos en el suelo, o un montón de cristales medio amontonados, ocho regaderas viejas puestas en fila, una mesa cortada por la mitad medio juntas las dos partes, un montón de recibos de haber hecho la compra en Carrefour Los Patios,…y no sólo no me dicen nada, es que me producen risa, contenida, eso sí, porque reconozco mi ignorancia y seguramente a los artistas, no sólo a sus creadores, se les muestra y ellos captan el mensaje profundo que a mí no me pasa.

Pero sí que me quedo sentado y medio borracho en estética en el Museo del Prado, en las salas de Velázquez o sentados en la Catedral de León, cuando el sol enchufa en las vidrieras, o ante la escultura del Cristo Yacente de Gregorio Fernández…

Pero veo algunas de las diez obras destacadas de Joan Miró, como  “Mujer, pájaro y estrella”, “La botella de vino”, “Cabeza de un campesino catalán”, “Hombre y mujer frente a un montón de excrementos”,…Y me callo por respeto, contengo mi risa, no hago aspavientos y me bajo al bar.
Y soy consciente de que mucha gente captará y verá aquello para lo que yo soy ciego.

“No se puede ser artista por elección. Ahí sí hay algo con lo que se nace. Un pintor o un escritor pueden adquirir una formación científica y destacar en ese campo, Un científico no puede “hacerse” escritor o pintor, aunque pueda escribir o pintar”

En esta sentencia sí me siento radiografiado: no nací artista aunque puedo escribir, sin ser novelista (ahora estoy haciéndolo) y pintar cuatro garabatos en cualquier sitio.
Aunque sí sería capaz de guardar los recibos de la compra de Mercadona (que valdrán igual que si fueran de Carrefour –digo yo), serrar a la mitad la mesa del comedor (lo que no hago si no quiero morir asesinado por mi mujer), rajar los neumáticos que acabo de cambiar, y, cuando se me rompe un vaso procuro recogerlo y tirarlo a la basura, porque no quiero dejarlo amontonado y, cuando llegue mi mujer, quedarme extasiado diciéndole: “mira, cariño, arte moderno.

Ni soy, pues, artista ni soy científico, sólo he sido un enseñante de ideas, un docente de conductas y un juntaletras con lo que me entretiene, como ahora estoy haciéndolo.

“La ciencia y el arte: he aquí dos mundos tan distintos, de los cuales el primero se impone hoy con más fuerza a la mentalidad colectiva, deslumbrada por la velocidad de los adelantos técnicos y por la trascendencia de las innovaciones que introducen en nuestras vidas cotidianas.
Pero, aun siendo cierto ese peso de la ciencia, perdería mucho el ser humano si dejase decaer su sensibilidad artística y su goce del arte.
No en balde nuestro cerebro está estructurado en dos hemisferios, uno de ellos más especializado en lo racional y otro en lo intuitivo, aunque ambos estén estrechamente relacionados y no se entienda lo dicho como dos funcionamientos exclusivos.
El arte, su práctica y disfrute nos lleva a algo más que el mero conocimiento científico racional, pues nos ofrece revelaciones y nos lleva hacia la sabiduría; es decir, a un conocer al mismo tiempo que sentir, en una percepción total que nos integra fecundamente en el cosmos al que pertenecemos”

Yo debo de tener uno de los hemisferios más desarrollado que el otro. Disfruto, me complace, meter el bisturí de la razón en todo lo que se menea, respetando a la persona pero criticando sus ideas o sus obras.

He dicho “criticar”, que no es pisotear, ni menospreciar, ni rechazar,… sino “clarificar”, “echar luz”, “iluminar” con la luz de la razón y entonces loo todo lo loable y rechazo todo lo rechazable.
Siempre “respetando” a las personas por el simple y mero hechos de ser personas, seres dignos de respeto, pero siendo “tolerante” con todo lo “tolerable” y siendo “intolerante” con lo que se me presenta “intolerable”.

Esta predominancia, en mi cerebro, de un hemisferio sobre el otro no sé si tiene el efecto de no ser enteramente humano, un ser equilibrado.

“Lindando con la experiencia espiritual de los místicos (si es que no se confunde con ellas), la admiración que producen las grandes obras de arte nos lleva a las más altas cimas del espíritu y nos proporciona vivencias de la mayor intensidad.
Sólo por eso tenemos que hermanar el arte con la ciencia dentro de nuestro orbe cultural, para ser enteramente humanos”

Quizá mi desequilibrio humano sólo ocurra ente el llamado arte contemporáneo, porque yo he llorado ante el Partenón, y me he extasiado ante las vidrieras catedralicias y ante las Meninas de Velázquez, y me ha emocionado la majestuosidad y la armonía del David y del Moisés de Miguel Ángel, y he disfrutado de El Nombre de la Rosa de Umberto Eco, y de los escritos (de todos) los de Voltaire.

Quizá no sea consciente de mi reduccionismo al dejar de lado todas las otras (que son las más) manifestaciones artísticas por mi obsesión enfermiza de fijar la mirada sólo en el arte contemporáneo.

“Seamos, pues, conscientes, del valor trascendental de lo artístico y, para ello, démonos cuenta de que es un mundo muy diferenciado cualitativamente del escenario de la ciencia (…)
La obra de arte es definitiva, no rectificable (como cantó el poeta “no la toquéis ya más que así es la rosa”), a diferencia de las teorías científicas, siempre provisionales hasta que un nuevo descubrimiento las rectifique y sustituya”

Ésas son las desventajas y las ventajas de la ciencia, si es que puede llamarse desventaja a su condición temporal, histórica, con fecha de caducidad, aunque sin especificar, pero siempre en el umbral de ser superada, porque eso mismo es la ventaja, que cada vez está un poco más cerca de la verdad definitiva (que nunca va a serlo), porque después del 99%, viene el 99,9%, y luego el 99,99 % y así de manera ilimitada, sin llegar nunca al 100% (estoy refiriéndome a las Ciencias Empíricas o Experimentales, no a las Ciencias Formales).