miércoles, 22 de noviembre de 2017

MICHEL FOUCAULT: LOS TRES EJES DE LA SEXUALIDAD.

FOUCAULT Y LA SEXUALIDAD



El término "sexualidad" apareció muy tarde, en la historia, fue a principios del siglo XIX. 

Se trata de un hecho que no hay que subestimar ni sobreinterpretar. Señala algo más que un cambio de vocabulario, pero evidentemente no marca el surgimiento súbito de aquello con lo que se relaciona. 

El uso de la palabra “sexualidad” va en relación con otros fenómenos: el desarrollo de campos de conocimiento diversos (que cubren tanto los mecanismos biológicos de la reproducción como las variantes individuales o sociales de comportamiento); el establecimiento de un conjunto de reglas y normas, en parte tradicionales, en parte nuevas, que se apoyan en instituciones religiosas, judiciales, pedagógicas, médicas; cambios también en la manera en que los individuos se ven llevados a dar sentido y valor a su conducta, a sus deberes, a sus placeres, a sus sentimientos y sensaciones, a sus sueños.

Se trataba, en suma, de ver cómo, en las sociedades occidentales modernas, se había ido conformando una "experiencia", por la que los individuos iban reconociéndose como sujetos de una "sexualidad", abierta a dominios de conocimiento muy diversos y articulada con un sistema de reglas y de restricciones.

El proyecto era por lo tanto el de una historia de la sexualidad como experiencia -si entendemos por experiencia la correlación, dentro de una cultura, entre “campos del saber”, tipos de “normatividad” y formas de “subjetividad”.

Hablar así de la sexualidad implicaba liberarse de un esquema de pensamiento que entonces era muy común: hacer de la sexualidad una invariable y suponer que, si toma en sus manifestaciones formas históricamente singulares, lo hace gracias a “mecanismos diversos de represión”, a los que se encuentra expuesta sea cual fuere la sociedad; lo cual corresponde a sacar del campo histórico al deseo y al sujeto del deseo y a pedir que la forma general de lo prohibido dé cuenta de lo que pueda haber de histórico en la sexualidad.

Pero el rechazo de esta hipótesis no era suficiente por sí mismo.

Hablar de la "sexualidad" como de una experiencia históricamente singular suponía también que pudiéramos disponer de instrumentos susceptibles de analizar, según su carácter propio y según sus correlaciones,  los tres ejes que la constituyen: la formación de los saberes que a ella se refieren, los sistemas de poder que regulan su práctica y las formas según las cuales los individuos pueden y deben reconocerse como sujetos de esa sexualidad.

No quiero decir hacer una historia de los conceptos sucesivos del deseo, de la concupiscencia o de la libido, sino analizar las prácticas por las que los individuos se vieron llevados a prestarse atención a ellos mismos, a descubrirse, a reconocerse y a declararse como sujetos de deseo, haciendo jugar entre unos y otros una determinada relación que les permitiera descubrir en el deseo la verdad de su ser, sea natural o caído. 

En resumen, la idea era, en esta genealogía, buscar cómo los individuos han sido llevados a ejercer sobre sí mismos, y sobre los demás, una hermenéutica del deseo en la que el comportamiento sexual ha sido sin duda la circunstancia, pero ciertamente no el dominio exclusivo.

En suma: para comprender cómo el individuo moderno puede hacer la experiencia de sí mismo, como sujeto de una "sexualidad", era indispensable despejar antes la forma en que, a través de los siglos, el hombre occidental se vio llevado a reconocerse como sujeto de deseo

MICHEL FOUCAULT Y LA SEXUALIDAD ( y 3)

La cultura nos presiona continuamente para que difiramos nuestro deseo, sin el cual no podemos obtener la felicidad, y, un tercer elemento, el espejismo de creer que nos hará feliz trasgredir el umbral del discurso que ha definido nuestra sociedad y levantar alguna que otra prohibición.

“Para saber quién eres, busca en el interior de tu sexo. El sexo ha sido siempre el núcleo donde se anuda a la vez que el devenir de nuestra especie, nuestra “verdad de sujetos humanos”.

El poder civil y el poder religioso tienen que ser amigos, compañeros, amantes,…porque ambos controlan, aunque por métodos y con estrategias distintas, nuestras vidas.

El delito si…. con su castigo temporal y el pecado si….con su castigo eterno.

Es lo que hace la “confesión”: “conócete a ti mismo”, pero ¿para qué?

La Iglesia tiene marcado su camino, fuera de él todo es pecado, como lo tiene el estado con sus distintos Códigos y, contra ellos todos son delitos.

Para gozar de la existencia hay que huir de la Iglesia y su moral, y la consigna sería: “desconócete a ti mismo”

Hay que escapar no sólo de la Teología, también de la Psicología: “Hay que matar la Psicología y crear con uno mismo y con los otros, individualidades, seres, relaciones, cualidades que no tengan nombre”

¿Cómo la relación que Foucault mantuvo con Daniel Defert, cuando era profesor en Clermont y que duró 25 años, hasta su muerte?

“Vivo en un estado de pasión para con algunos. Tal vez en un momento dado esa pasión se convirtió en amor…creo que no haya nada en el mundo, nada, sea lo que sea, que pudiera detenerme si se trata de ir a su encuentro, de hablar con él”

Y durante sus continuas visitas a EEUU gozó de una libertad que en Europa era impensable.

Los barrios homosexuales de Nueva York o de San Francisco, con sus bares, sus saunas, sus periódicos, sus fiestas,…eran el complemento de su actividad académica.
Allí vivió su sexualidad a tope, en plenitud.

“El sexo no es una fatalidad, es una posibilidad de vida creativa. No basta con afirmarnos gay, hay que crear un modo de vida gay”.

Fue allí donde se interesó, también por el masoquismo como una fuente de placer y de revelación sobre las relaciones de poder.

Fue, también, allí donde llego al LSD, a la sexualidad grupal y al sadomasoquismo (que era la moda en San Francisco, epicentro mundial de la cultura gay)

¡Este tipo de vida me parece extraordinario, increíble¡. En Francia no existen sitios así”

Allí era moda, costumbre, de alquilar habitaciones para orgías y sexualidad grupal.

“¿Sabe Ud. para qué se escribe?, para que lo quieran a uno” – contesta en una entrevista.

¿Fue realmente muy querido?

Su “Historia de la sexualidad”, su primer tomo, “La voluntad de saber” ha sido uno de los libros más vendidos en Francia.

Murió de SIDA.



martes, 21 de noviembre de 2017

MICHEL FOUCAULT Y LA SEXUALIDAD (2)

¿Por qué afirma que “no es feliz” esa persona que está siendo entrevistada en la radio?
Y la entrevistadora insistirá en que responda a la pregunta de si son satisfactorias, felices o no, sus relaciones sexuales, lo que hace que el oyente Foucault se haga, al mismo tiempo, esa misma pregunta.

Después escribirá sobre este tema, los tres volúmenes de su “Historia de la sexualidad”.

¿Es Foucault nietzscheano?

Porque ambos cuestionan el concepto de racionalidad occidental, igualmente ambos reniegan de la Religión.

Pero también es un kantiano, en cuanto que para ambos la forma prima sobre la materia o el contenido (recordemos los Imperativos Categóricos kantianos: “Obra de tal manera que…” (la forma de obrar), no los Imperativos Hipotéticos “Si haces esto….si no haces lo otro,,,” (lo que haces, el contenido).

Más importante que “lo que” se desea (el contenido), es “la manera en que” se vive y se exterioriza esas apetencias (la forma).

Sexualmente, entre los antiguos y nosotros poco ha cambiado el contenido (las prácticas sexuales), lo que ha cambiado es la forma en que se acepta o se rechaza, la manera en que se vive la relación con la sexualidad, y esta ruptura con los antiguos es la que nos permite entender nuestro mundo.

En el mundo clásico los placeres de la mesa y de la cama van unidos.

Nunca es tan importante lo que comemos o con quien nos acostemos, como la manera, la forma de hacerlo, que para los griegos es “con moderación” (de nada demasiado).
Lo reprobable, lo rechazable es el exceso, lo ideal es “el dominio de uno mismo”, la excelencia moral, moderar los instintos,…

Cuando Platón llega a Siracusa, donde reina el tirano Dión y donde “la comida y la carne (el sexo) no tienen límites, lo que propone, e intenta Platón es la “moderación”, el equilibrio.

La dinámica del acto sexual en los griegos es la “penetración”: penetrar o ser penetrado, el activo y el pasivo, valorando positivamente lo primero, porque el sujeto lleva las riendas de la acción, mientras el segundo, al ser penetrado, es un ser sometido, como si fuera una mesa, un simple y mero objeto de placer.

“Dominar o ser dominado” –que diría el Marqués de Sade.

La sexualidad es un ejemplo más de cómo el poder abstracto incide en la vida cotidiana de la gente.

El Estado actúa como un verdadero agente de policía y es, entonces, cuando la vida misma deviene como objeto del poder.

El tomo primero (son tres) de la “Historia de la sexualidad” lleva por título “La voluntad de saber” e intenta hacer ver las estrategias de los macropoderes que regulan las relaciones personales.

“El poder está en todas partes”, no sólo en las contradicciones del campo social (marxismo) y no es el aparato superestructural al servicio de la clase dominante.

“La voluntad de saber” es un libro contra los tópicos que cultivaron los intelectuales después del Mayo del 68.

La ideología de la liberación no parte de la hipótesis de la sexualidad reprimida y la proclama de hacer una revolución sexual.

El deseo sexual no procede de la represión (como Lacan y los marxistas).

¿Por qué la sexualidad se ha convertido en un aspecto central de nuestra vida y a la hora de valorar la personalidad?


lunes, 20 de noviembre de 2017

MICHEL FOUCAULT Y LA SEXUALIDAD (1)




“Mientras los matrimonios entre hombres no estén permitidos, no habrá civilización” – es una sentencia de Foucault.

“Los trastornos le provenían de  una homosexualidad muy mal vivida y muy mal asumida” –fue el diagnóstico del doctor que estuvo tratándolo.

Quizá nunca en la historia han estado tan unidas una biografía y una obra como en Foucault y quizá sea porque el filósofo, cuando cree estar hablando/escribiendo/pensando de otras cosas, lo esté haciendo de sí mismo.
O, como dirá Nietzsche: “poco a poco se me ha ido manifestando qué es lo que ha sido todo gran filósofo, a saber: la confesión de su autor y una especie de “memoires” no queridas y no advertidas”.
O, en palabras de Montaigne: “soy yo mismo la materia de mi libro, no pierdan el tiempo en una materia tan frívola y vana”.

Biografía y obra. Obra y biografía.

Los tres grandes temas de sus obras: la locura, la sexualidad y el sujeto, acordes con su vida y sus vivencias,

Pero Foucault es uno de los componentes del movimiento filosófico “estructuralismo”, que quiere acabar con el espejismo del sujeto que protagoniza la historia, la economía,…incluso la propia biografía.
Para un estructuralista lo más importante, el núcleo de su filosofía, es la visión de conjunto, cómo y qué relaciones establece cada una de las partes entre ellas y con el todo.

Para los estructuralistas no existen leyes históricas y el pensamiento de los seres humanos obra a nivel inconsciente para producir su mundo social, por lo que el hombre no puede hacer historia, sólo es objeto pasivo de las circunstancias.
Ortega, nuestro Ortega, lo expresa de otra manera: “el hombre es un ser circunstanciado”

La teoría humanista de los estructuralistas es, pues, un antihumanismo porque en ella el hombre, en cuanto sujeto consciente, desaparece.

Sin embargo, todo ello parece no ir con nuestro filósofo.

Llega a París, huyendo de Poitiers (su lugar de nacimiento), una “ciudad sofocante”, una “urbe mezquina donde ha pasado toda su infancia”
Pero llega en 1.945, en plena postguerra, cuando la principal preocupación de los parisinos es conseguir alimento para no morir de hambre, y eso que él se instala en el Barrio Latino, que luego se convertiría en el barrio más dinámico de París.

Él va, como siempre, vestido de forma impecable, con jersey “cuello de cisne” y experimenta la soledad y la poca comunicación con el mundo y los moradores que le rodean.

Se pelea con todo el mundo, está perpetuamente cabreado, arremete ferozmente contra todo y contra todos.

Extravagancias múltiples (cuando el profesor lo encuentra tirado en el suelo y con el pecho herido por una navaja de afeitar, o como cuando persigue, cuchillo en mano, de noche, a un compañero de estudios, o los múltiples intentos de suicidio, sobre todo en el año 48).

Quienes lo ven, y lo tratan, juzgan que no está bien de la cabeza.

Es “la homosexualidad mal vivida y muy mal asumida” –como dirá, tras su muerte, el médico que lo había tratado.


¿Extraña, pues, que el primer tema que tratara en su obra fuera la locura, en su “Historia de la locura”?

domingo, 19 de noviembre de 2017

MICHEL FOUCAULT: SEXO Y PODER (y 2)

En la época moderna hablar de sexo es algo totalmente normal y necesario, los discursos que se gestan son utilizados para la productividad de la especie, la pregunta sería qué impulsa a los hombres a hablar de sexo, qué hay en el sexo que sea tan necesario y no estoy hablando simplemente del acto carnal, al que biológicamente estamos acostumbrados, sino en la sexualidad como un dispositivo al servicio productivo de la sociedad. 

Transformar el sexo en discurso fue el primer paso para crear una ciencia del sexo.

Alrededor de la sexualidad se configuró toda una clínica, en que se establecieron problemas, síndromes, síntomas, enfermos, sanos.
Y, a partir de casos específicos, como el masturbador, el perverso, la pareja maltusiana y la histérica,… se empezó a forjar un nuevo tipo de normativa y un nuevo tipo de sujeto.

“A partir del siglo XVIII, cuatro grandes conjuntos estratégicos se despliegan a propósito del sexo, dispositivos específicos de saber y poder. No nacieron de golpe en ese momento, pero adquirieron entonces una coherencia, alcanzaron en el orden del poder una eficacia y en el saber una productividad que permite describirlos en su relativa autonomía”.

Así, la totalidad de los individuos dentro de una sociedad regida por normas se halla cuidadosamente fabricada, de acuerdo con una gran cantidad de fuerzas metodológicas centrada en los cuerpos. Razón por la cual quien no se ajustara a la norma debía ser analizado y tratado clínicamente, para una mejor productividad social.
Por tanto se expande un saber técnico acerca de las conductas de los individuos en el que se aprende sobre ellos y se los hace producir mejor.

“En la preocupación por el sexo —que asciende todo a lo largo del siglo XIX— se dibujan cuatro figuras, objetos privilegiados de saber: 1.- La mujer histérica, 2.- El niño masturbador, 3.- La pareja maltusiana y 4.- El adulto perverso.
Cada uno es el correlativo de una de esas estrategias que, cada una a su manera, atravesaron y utilizaron el sexo de los niños, de las mujeres y de los hombres”.

Foucault analiza los sitios en los que el sujeto es educado y amoldado, la razón lo que pretende es, siguiendo el legado de Nietzsche, hacer una historia de los sentimientos, de los comportamientos y de los cuerpos.
Para ello estará en la labor de estudiar aquellos dispositivos o mecanismos que permitieron alcanzar un saber en torno al sexo.

El discurso sobre el sexo excita e insinúa, por ello se vale de ciertas estrategias en las que el poder y el placer actúan en conjunto, para un bien en común y es la formación de nuevos sujetos, capaces de amoldarse al sistema del poder y también la identificación de otros sujetos que amenazaban este sistema: la mujer histérica, el niño masturbador, etc.

Estos sujetos fueron sometidos a un proceso de objetivación por medio del cual podían ser clasificadas sus acciones al interior de un campo de saber que dictaba lo normal y lo anormal.

No se trata de anular ciertas conductas, sino de hacer de ciertas conductas algo normal, y de otras algo anormal.

Así, para Foucault el sexo es uno de los dispositivos del poder, que necesita y puede ser administrado, hablar de análisis, contabilidad, clasificación, nos lleva directamente a hablar de Biopolítica, como una estrategia política al servicio del poder.
Hasta tal punto que durante el siglo XVIII y así como nos lo muestra Foucault, el sexo se convirtió en un asunto de policías.

“Policía del sexo: es decir, no el rigor de una prohibición sino la necesidad de reglamentar el sexo mediante discursos útiles y públicos” y esto lo que evidencia es una administración por parte del Estado de nuestras condiciones biológicas, la Biopolítica será esa estrategia política, que necesitaría de un código y una ley que vendría a administrar la vida de los individuos.

Durante el siglo XVIII, se da el epicentro de esta problemática, los sujetos están envueltos en una sociedad atada por censuras y en el transcurso de la historia se evidencia que, pese a las prohibiciones, el discurso sobre el sexo se ha multiplicado, ahora bien, punto clave para entender a Foucault y es que, aunque se hable mucho en torno al sexo, el discurso que se gesta gira en torno a la premisa de algo que no poseemos, por tanto nos enfrentamos a una represión aparente, se crea un lenguaje censurado para todos los individuos, y que es lo que lo que se conoció como el vocabulario autorizado y restringido, creado especialmente para hablar sobre el sexo.

De ahí, también, que las ciencias serían las encargadas de crear la norma adecuada para la sociedad, la modernidad con su fervor científico, impulsó al hombre a conocer biológicamente su cuerpo, y psíquicamente sus pensamientos.

Esto nos lleva a inferir que no existe un discurso entorno al sexo, sino una multiplicidad de discursos que han sido institucionalizados y reforzados por las ciencias, todo al servicio de la sociedad.

Por tanto la condición de silencio, de prohibición y de censura que se vivió en la pastoral cristiana ha sido cambiada, por un sexo más discreto, que se mantiene en secreto y que es regulado por las ciencias.

Basta con adentrarse en las instituciones para ver el reflejo de lo que la medicina, la ética, la psicología, las ciencias naturales, en fin todo un engranaje al servicio del Estado.

Analicemos a la “histérica” y al “masturbador”, dos casos estratégicos al servicio del biopoder, para una sociedad disciplinaria como la que es pensada en el contexto de Foucault.

Foucault evidencia cómo el poder se ha convertido en un objeto al servicio social, el sexo es un discurso racional con pretensiones e intereses, que consolidan el poder y sus mecanismos.

Podemos ver entonces que la represión de las acciones y del lenguaje no son ahora más que estrategias productoras del poder.
Estrategias que tiene como objetivo canalizar el discurso y normalizarlo.

La represión sería en torno a la forma como nos expresamos frente a la sexualidad, todo con un interés útil y aceptable para el desarrollo social. “la prohibición de determinados vocablos, la decencia de las expresiones, todas las censuras al vocabulario podrían no ser sino dispositivos secundarios: maneras de tornarla moralmente aceptable y técnicamente útil”. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

MICHEL FOUCAULT: SEXO Y PODER (1)


¿Cuál es la relación entre sexualidad y poder? ¿Y entre sexualidad, saber y verdad?

Porque existe una fuerte relación entre los discursos y los sujetos y los discursos acerca de la sexualidad con el poder.

Foucault establece que la palabra no surge de buenas, sin ninguna implicación, sino que dispone de ciertos mecanismos para su aparición.
Porque todo discurso se gesta según el juego contrastador de sujeciones y permisiones.

La sexualidad no es un simple dato natural del hombre, sino que es una construcción, forjada por diálogos de poder.
La sexualidad no es simplemente un dato biológico intrínseco en el hombre, sino que es a través del poder en el que es posible pensar una realidad sexual, y éste será un punto clave dentro de su genealogía.

¿Cuál es la verdad del sexo, una verdad que no hable sólo de represión, sino de construcción, en que sea posible pensar la construcción de los sujetos?

Son diversos los discursos que se gestan en torno a la sexualidad, haciendo énfasis en las diversas vivencias a las que se someten los sujetos, partiendo del contexto al que Foucault hace énfasis, y es el de mostrar que, como seres humanos, estamos envueltos en una historia, que no es más que el resultado de las luchas que se gestan en los discursos del poder, en su mecánica y en sus herramientas o dispositivos.

Se trata de ver que la sexualidad es más que un coito, que el cómo y el por qué, en un momento dado, estos objetos han sido tan problemáticos. 

Foucault al recurrir al sujeto de la ética, se da cuenta de que éste no es una creación social de una vez y para siempre, sino que se consolida como sujeto y como integrante de una sociedad a través de sus prácticas y discursos.

Para Foucault el sujeto está configurado por su época y el poder que lo legitima y es aquí donde se da el surgimiento de una serie de dispositivos, de fuerzas a los que este individuo que se está formando está de antemano inserto.

Foucault sentencia que el poder ha reprimido el sexo y si nos enfrentamos a un tipo de represión, lo ideal no es saber por qué hemos sido  reprimidos, sino determinar qué causas nos llevan a decir que somos reprimidos.

En “La Historia de la sexualidad”, en su primer tomo, él nos habla de una hipótesis que en primera instancia era el reflejo de una época silenciada para hablar de sexo.
En un primer momento podría pensarse que, por ejemplo, en la era victoriana, la realidad del sexo era reprimida.
Esta es una imagen tradicional alrededor del sexo que coincide con una imagen del poder puramente destructor y represivo.

Foucault se encarga de destruir esta imagen.

No se trata de que Foucault niegue la represión. Lo que Foucault hace es afirmar que ese elemento represivo estaba inserto en un proceso de construcción mucho más vasto.
El sexo, realmente, no se reprimía, se construía.
Y el sexo se construía a través del discurso.
Los elementos que parecen represivos servían igualmente, desde el punto de vista discursivo, para crear todo el aparato conceptual de la sexualidad moderna.

Hablamos pues, por ejemplo, de la pastoral cristiana, cuyo propósito consistía en la prohibición, en el silencio absoluto para hablar de sexo.
Pero “la pastoral cristiana ha inscrito como deber fundamental llevar todo lo tocante al sexo al molino sin fin de la palabra”.
Lo interesante de esta pastoral cristiana, es que ese campo de censura fue el toque para despertar en los sujetos ese interés por lo oculto, por aquello que, aunque prohibido, o por prohibido, es apetecible, el resultado de esto es que precisamente en esta época la literatura como expresión de la época tuvo una proliferación escandalosa de discursos relacionados con el sexo.

Además la pastoral cristiana y el recurso de la confesión transformaban el sexo en discurso.
Se obligaba al sujeto a hablar sobre su sexualidad.

“En lugar de ver en este hombre singular, al evadido valiente de un “victorianismo” que lo constreñía al silencio, se inclinaría a pensar que en una época donde dominaba consignas muy prolijas de discreción y pudor, fue el representante más directo y en cierto modo más ingenuo de una plurisecular conminación a hablar de sexo”.

Lo que el cura te preguntaba, lo que el confesante le decía, lo que el cura te aconsejaba y, después, con la palabra, te perdonaba.

Dado que la vida íntima de las personas no puede ser manipulada, los sujetos atrapados en sus emociones tan intensas como las que se viven actualmente en las sociedades modernas, crearon un atractivo y exitoso modo para desahogar sus impulsos hasta entonces reprimidos, no en la cama, sino en el lenguaje.

Lo que despertó en los sujetos un interés aun mayor por el sexo.


Como era pecado la palabra (“pecado de pensamiento, de palabra, de obra y de omisión”)….

jueves, 16 de noviembre de 2017

JACQUES MARITAIN (1.882 – 1.973). O EL MATRIMONIO ESPIRITUAL



Uno de los autores cuya obra (sobre todo su Ética) se nos recomendaba en la Universidad Pontificia de Salamanca.

“El amor es una amistad santa”

Para ubicarlo tendríamos que hablar de los ángeles, seres etéreos e inmateriales, por lo tanto sin forma, y que si se nos representan como varones (nuca hay ángelas) es para captar la atención de todos y si aparecen comiendo o caminando es para hacerlos más humanos, pero son sólo apariencias.

Los ángeles, como Dios, carecen de atributos sexuales y son los más cercanos a Dios entre todas las entidades angélicas.

Es Santo Tomás (con la influencia de Dionisio) el que en su Suma Teológica el que dicta la doctrina en materia angelical.

Los ángeles no hablan, no conocen el deseo y, al ser inmateriales, no pueden practicar el “amor carnal”, sólo el “amor inteligente”, como será para Maritain.

En la historia estos seres celestiales aparecen distribuidos en 3 jerarquías y, en cada una de ellas, tres órdenes (por lo tanto 9 seres distintos)

1ª jerarquía: Serafines, Querubines y Tronos. 2ª jerarquía: Dominaciones, Virtudes y Potestades y 3ª jerarquía: Principados, Arcángeles y Ángeles.
Y todos hemos oído los tres nombres: Miguel, Rafael y Gabriel.

Maritain, tomista acérrimo y declarado, aboga por una Edad Media en la que la cultura cristiana vuelva de nuevo a imponerse en la sociedad.

Todo debe estar al servicio de Dios: la ciencia, la Razón, la Sabiduría.

Todos sabemos que el Aquinate “bautiza” a Platón, por su teoría de los dos mundos (el perfecto e ideal y el imperfecto o material) y a Aristóteles (al explicar este mundo con su teoría hilemórfica, sobre todo) dejando el otro mundo, sobre todo, en el haber de la Teología Dogmática, con la Teodicea como el paso racional desde este mundo al otro).

Dos mundos (Platón), este mundo (Aristóteles), el otro mundo Teología (revelación, fe, dogma) y el paso intermedio (Teodicea o Teología Racional).

Un campo de investigación para la Razón, en exclusiva; otro campo para la Fe (en exclusiva) y los Preambula Fidei, cuyas verdades pueden ser sabidas, por los sabios, o creídas, por el vulgo.

La Summa Theologica del Aquinate ha sido considerada como la Catedral Intelectual cuyas piedras, cimientos, materiales…han sido recogidos e integrados en una doctrina denominada el Tomismo, que se convertirá en la Teología de la Iglesia a lo largo del tiempo y siendo Maritain uno de los neotomistas del siglo XX.

Tanto a la existencia como a la esencia de Dios puede llegarse por la Razón (las 5 y las 3 vías tomistas) o por la revelación y creencia.

Desde entonces el hombre es considerado como un compuesto hilemórfico, cuyo hilé o materia es el cuerpo, mortal, y cusa morfé o forma es el alma, inmortal, con sus correspondientes argumentos o pruebas de dicha inmortalidad.

Este neotomista, Maritain, será denominado “un ángel de nuestro tiempo” y ya en 1.930 redacta El Doctor Angélico, síntesis de la relación intelectual con Tomás de Aquino.

Lo que más y mejor caracteriza a las personas es tanto la Inteligencia (para la Verdad) como el Corazón (para el amor) y con ellos Maritain quiere reformar el mundo, que anda perdido, a la deriva.

Esta relación de Maritain con el Aquinate queda incrementado por Räissa Onmansof, una exiliada rusa que procedía de la Unión Soviética, por el asedio al que se veían sometidos los judíos.

Gran lectora desde niña e intelectualmente madura ya en su adolescencia.

Se debieron de conocer a finales de 1.930 o comienzos del 1.931.
Aunque eran dos personas, dos universos, totalmente distintos y distantes, sin embargo…

Él, movilizando estudiantes a favor del pueblo ruso y ella, que ni hablaba ni deseaba conocer a nadie, enfrascada en sus lecturas, recogida en sus meditaciones y, siempre, muy atenta a sus estudios de Medicina, en que se encuentra matriculada.

Cuando ella se encuentra con Maritain y éste le explica su proyecto de formar un comité de estudiantes para protestar contra el maltrato a los estudiantes rusos, “enseguida fuimos inseparables”.

Tras las clases la acompaña, a diario, a su casa, en un largo paseo, comentando de todo y en lo que están de acuerdo, coinciden, en casi todo.
Tienen el mismo punto de vista.
Sintonizan.

La justicia, el sentido del mundo y de la vida, el destino de las personas, los conciertos de música clásica, las visitas a los museos, sobre todo a los de pintura,…
Las muchas visitas al Louvre, los paseos, las largas charlas amigables,

Una pareja totalmente atípica, pero que contraen un compromiso total, para toda la vida e impregnado de espiritualidad (hasta en la alcoba).

Se casan en 1.904 y en 1.906 se bautizan (ella de tradición judía y él en el movimiento protestante).

A partir de entonces: estudio y oración.

Se levantan a las 6 de la mañana, misa y comunión a las 7,15 horas, trabajo hasta las 11,30…plegaria ante el Santo Sacramento…a las 18,30 (lo más tardar a las 19 horas) cena. A las 20 horas Räisa se acuesta, Maritain sigue trabajando  y va a acostarse a las 23 horas.

Y así, continua y constantemente.

Y sin olvidar que Vera, la hermana de Räisa, vive siempre con ellos, en su mismo hogar.

En 1.912 deciden ingresar en la Orden Benedictina.
Ella ahora se llama Agnes, él, Plácido y Vera, Gertrudis (por aquello de que su anterior nombre correspondía a su vida laica y éste a su nueva vida religiosa.

Nueva vida, nombre nuevo.

Es a los 7 años de su boda y a los 12 de haberse conocido.
Juran el voto de castidad, por lo que renuncian a crear una nueva familia ante su nuevo compromiso espiritual.

Es una visión cátara del sexo.

Son continuas las lecturas de vida de santos con castidad conyugal como el ideal amatorio que se dio en el siglo XIII.

Compran una casa en el campo siendo Vera la que lleva las riendas de la casa, la administradora, la secretaria (calendario de visitas de amigos, llamadas telefónicas, los encargos, los recados, los pedidos, la cocina, los contactos, artistas e intelectuales que quieren contactar con Maritain…)
(Alguno sospechará de su rara sexualidad como hombre),
Hasta pasar a máquina los escritos de Maritain.

Las hermanas son las nuevas Marta y María, una rezar otra trabajar, aunque él no sea el Lázaro del Evangelio.

Forman un “trío espiritual”, un trío exótico, raro.

Lo que cuestiona Maritain es el modelo ético en el que se subraya la importancia, la sobrevaloración, del placer corporal, en detrimento del placer espiritual.

Maritain desprecia el amor romántico apasionado, porque en él la persona antepone su deseo individual, corporal, sexual, a la espiritualidad.

Los dos amores tienen un límite, como la diferencia de los dos sexos, tan distintos, la lay del matrimonio (se supone que “eclesiástico”, “lo que Dios ha unido que…”), la ley sagrada de la procreación (el sexo como medio, nunca como un fin placentero sólo).

Naturalmente, pues, afirmará que la homosexualidad destruye el orden al anteponer el amor carnal, estéril, al amor espiritual, fecundo.

Es lo que hay entre ellos, una pasión espiritual, una confianza sin límites, no es que haya sintonía entre ellos, es que parece haber sólo una sintonía.

“Las cartas milagrosas” que él le escribe, a diario, en 1.934, durante la travesía del Atlántico, con unos deseos en que entran los ángeles de por medio para que la iluminen, para que siga creciendo espiritualmente, para que no decaiga,… (La verdad que me han parecido muy cursis, un poco fuera de lugar en un pensador-filósofo, aunque también sea un profundo creyente).

En 1.959 muere Vera, a la que Räissa había definido como “mi pequeña madre”.

En 1.960 muere Räissa y el mundo se le viene abajo a Maritain, ya sólo queda él como única “pata” del trío.

En 1.970 Maritain ingresa en la Orden de los Pequeños Hermanos de Jesús.
De nuevo la vida diaria compartimentada cronológicamente: hora de levantarse, de la misa, de comer, de rezar,…

Maritain está enfermo y le cuesta mucho andar. Las manos y las piernas hinchadas, dolores múltiples y agravados día a día.

En 1.973, una muerte súbita.


Comparten lápida, los dos, en el cementerio de Kolbsheim.