martes, 22 de agosto de 2017

CINTURÓN DE CASTIDAD (2)



Desde épocas diferentes, y sobre todo alejadas en el tiempo, es difícil, muy difícil, comprender la sensibilidad, la violencia, el fanatismo, la forma de vivir y de pensar, el afán de aventuras, el espíritu de violencia, la exaltación religiosa, el odio, la persecución y el linchamiento hacia otras religiones y los creyentes en ella.

Leemos las Cruzadas medievales y su afán por recuperar “los santos lugares” y no acabamos de comprenderlas, a no ser que haya otros intereses, sobre todo económicos, latentes, que serían las auténticas fuerzas jugando con la credulidad y la exposición a la muerte de tanto cruzado voluntario.

Si fue cierta la Cruzada de los Niños, ya es que se nos presenta como inimaginable.

Sólo se nos hace algo comprensible ese afán de aventuras si se nos promete “el oro y el moro” y viviendo encerrados en pequeñas ciudades o en castillos, contemplándose unos a otros, día tras día, de manera rutinaria, sin otro tema de conversación que el que hacía referencia a las pequeñas acciones e incidencias cotidianas, ni otra fuente de emoción que la que emanaba de ellos mismos.

Crédulos religiosos y ante cualquier autoridad social, política o religiosa que les asegurase que….y, sin posibilidad de contrastar la información, la aceptaban como verdadera.
Así que recibían todas estas manifestaciones externas, con pasión, con entusiasmo, casi con delirio, escapando de su aburrimiento, de su bostezo permanente.

Los señores, y sobre todo la burguesía, no sólo defendían sus propiedades y su fortuna, sino también a sus mujeres, que les pertenecían pero que cualquier desliz amoroso engendraría un “hijo natural” (no legítimo), en lo que no estaba de acuerdo su dueño al tener que repartir su herencia con un hijo de “su” mujer, pero no “suyo”.

Pero, así como los nobles encerraban a sus damas en los inaccesibles castillos (lo que no impedían totalmente los deslices amorosos de las mismas) y defendían su honra familiar con la espada, los burgueses habrían ideado otro método para preservar a sus esposas contra el adulterio.

Así que, cuando un burgués se veía obligado a salir de viaje, pondría, entonces, en su mujer “un cinturón de castidad, una pieza de metal ingeniosamente realizada, que cubriría las partes sexuales de la mujer y que impedía, así, que ningún hombre pudiese tener relaciones de tal índole con ella. Aquel cinturón, aquel complicado artefacto, se cerraba con un candado, del que sólo el esposo poseía la llave”.

Y uno se imagina cómo esa mujer podría hacer pipí, sin que el orín, en contacto con el metal, produjera una oxidación del metal que, al estar en contacto con sus órganos genitales, no causara infecciones de todo tipo que, en aquellos tiempos, acarrearía la muerte de la mujer.
Pero si el aparato de marras permitiera orinar normalmente, igualmente permitiría que cualquier varón pudiera introducir su pene por donde saldría el orín.
Además de que, todo candado que cierra también puede abrirse.

Y no digamos nada sobre las defecaciones.

Ya en la Odisea nos cuenta Homero que la bella Afrodita (Venus), al instante de nacer, con su virginal, noble y perfecta desnudez, se presentó sonriente  a los dioses inmortales del Olimpo que, al verla, quedaron estupefactos y maravillados ante el espectáculo incomparable de su divina hermosura.

Y como la diosa iba sembrando amor a su paso, todos los dioses se enamoraron de ella.
Incluso su padre Zeus o Júpiter, quedó hechizado por la joven, pero viendo que su hijo no correspondía a sus deseos incestuosos ordenó, como castigo, que Afrodita se casara con su horroroso y deforme hijo Hafaistos o Vulcano.

Así fue cómo el dios más feo tuvo por mujer a la diosa más bella del Olimpo.
Sin embargo Afrodita no quería por marido sino a Ares o Marte, pero como ya estaba casada no tuvo más remedio que tener al dios de la guerra por amante.

Como el feo Hefaistos era muy celoso le tenía prohibido a su mujer que hablase con el hermoso y apuesto Marte.
Pero, al ser advertido por el Sol de que era engañado por su mujer preparó una habilísima celada a los amantes.
Ésta consistió en que, mientras estaban juntos, los encerró en una sutil red de hierro que había elaborado en su fragua y, tras inmovilizarlos, los expuso a la burla y regocijo de los demás dioses.

Se ha dicho que Hefaistos-Vulcano colocó sobre el cuerpo de la hermosa e infiel Afrodita un complicado artefacto para evitar que ésta pudiera volver a engañarle (lo que, naturalmente, no parece cierto que la diosa de la belleza y del amor lo hubiera permitido).
Hefaistos-Vulcano convencería a Zeus de la infidelidad su mujer, regresaría cojeando a su fragua, se divorciaría de la caprichosa Afrodita-Venus y, acto seguido, ésta se casaría con Ares-Marte, con el que tuvo dos hijos: Cupido-Eros, que es el dios del amor y Anteros, que es el dios del amor correspondido.

Hasta aquí el mito, y sólo mito, que nos narra Homero.

Pero ni los griegos ni los romanos pensaron siquiera en colocar a sus mujeres el dicho cinturón de castidad.
Y eso que algunos tenían motivos para ello, pues en aquellas fechas había muchas Mesalinas.

Ese horrendo cinturón, que recibió varios nombres, como Cinturón de Venus, o Cinturón Florentino (también se habría usado en Florencia), tomaría carta de naturaleza en toda Europa, pero en los siglos XV y XVI (no en la Edad Media)

Hoy, dichos cinturones, son piezas de museo, se harían de mil clases y modelos, todo los perfectos que uno pueda imaginarse pero, como dice el adagio: “quien hizo la ley, hizo la trampa” y las mujeres se las habrían ingeniado para saltar aquella metálica barrera, aquel “telón de acero” con el que sus celosos maridos, pensando en ellos, en sus hijos y en su heredable fortuna, querían evitarles las malas (aunque buscadas y placenteras) tentaciones.


¿Sería verdad que fueron los trovadores (¿quiénes si no?) inventaron la ganzúa logrando abrir los candados que cerraban las partes carnales más apetecibles de las más bellas mujeres?

lunes, 21 de agosto de 2017

CINTURÓN DE CASTIDAD


EL CINTURÓN  DE CASTIDAD.

La imagen del caballero medieval que parte a las cruzadas y deja atrás a su damisela protegida por un cinturón de castidad es, casi seguro, sólo una mentira histórica y un mito surgido en el siglo XVIII para ejemplificar el oscurantismo de esa época.

No hay mejor táctica para arremeter y denigrar a una época pasada como que una época posterior magnifique sus prejuicios.

En la exposición celebrada en Budapest, sólo para mayores de 16 años, se expusieron veinte ejemplos de estos cinturones y otros materiales para explicar cómo nació este mito durante la Ilustración y cómo evolucionaron luego estos objetos.

Los visitantes se encontraron con unos brutales objetos de metal con candados y orificios protegidos por dientes de metal ante los que la primera pregunta que surge es como podían sobrevivir a ellos sus supuestas usuarias.

"El mito del cinturón de castidad surgió durante la Ilustración (como el “derecho de pernada”) para señalarse como una manifestación más de la oscura Edad Media".

Una leyenda falsa que no tenía techo y no hacía más que crecer.     

De hecho, hasta una época tan reciente como la década de 1990 se consideraba aún, como un hecho, que en la Edad Media y durante las distintas cruzadas se obligaba a la mujeres a usar esos aparatos para asegurar su fidelidad durante la ausencia de los esposos.
Estaba en juego la legitimidad de los hijos y la herencia del señor.

No sólo en la cultura popular, sino que también artículos científicos y los propios museos alimentaron un mito que choca contra el sentido común.

Sólo con observarlos queda claro que el uso de estos objetos causaría heridas, incluso mortales, por el contacto con el metal y que son incompatibles con la higiene personal, por lo que causarían infecciones.

Aparte de que los candados que los cierran pueden abrirse fácilmente, anulando su supuesta misión protectora.

A partir del 1.990 el interés de la ciencia se centró en determinar la época de fabricación de estos objetos, "algo que con un simple análisis de material se puede averiguar" y resultó que todos estos objetos eran falsificaciones del siglo XIX".

El mito del cinturón de castidad tiene también su origen en los textos de la Roma clásica que hablan de cintas, cinturones y cuerdas de castidad, o de Venus, que, según los investigadores actuales, no son más que símbolos y no descripciones de objetos reales.

"Son símbolos de la virginidad o castidad" y "si alguien se ponía el cinturón de castidad significaba que esa persona era inocente".

Un cinturón simbólico, pues, algo muy distinto a ver a tantos ateos con una cruz colgada al cuello, símbolo “desimbolizado” (palabro mío) y convertido en adorno, joya, poder,….o como el vestido blanco de la novia, símbolo de “pureza y virginidad” cuando se ha estado conviviendo, incluso tenido hijos…

La conclusión es que en la literatura medieval, incluso en autores de textos eróticos como Boccaccio o Rabelais, el cinturón de castidad aparece muy pocas veces y siempre con un claro sentido simbólico.

Pero lo que era un mito se convirtió en realidad siglos más tarde, cuando a finales del XIX la masturbación era vista como un pecado ante el que el cinturón era un remedio.

Hay constancia de que hasta los primeros años del siglo XX se presentaron varias patentes de diferentes cinturones de castidad, cuya misión era evitar que los jóvenes se masturbaran.

Estos cinturones "modernos", en los que el cuero sustituye al metal, también servían o pretendían servir para proteger a las mujeres de violaciones, en un momento en el que iban incorporándose a espacios que habían sido hasta entonces exclusivos de los varones, como las fábricas.


Un mito más que, a base repetirlo, lo convertimos en verdad de una época que no nos gusta.

domingo, 20 de agosto de 2017

DERECHO DE PERNADA.

EL DERECHO DE PERNADA

La “atrocidad sexual del derecho de pernada”, ¿algo más que un mito medieval?
El derecho de pernada o «ius primae noctis» era el privilegio feudal por el que los nobles tenían potestad de pasar la primera noche, la noche de bodas, con la casada mujer de sus vasallos, esto es, de desvirgarla

Bajo el prisma de la Ilustración surgieron una serie de mitos sobre la Edad Media que redujeron este periodo a la mayor pestilencia moral de la historia.

Los cinturones de castidad, que nunca existieron; la quema de brujas, más bien del siglo XVI; y otra serie de abusos como el derecho de pernada se exageraron y deformaron para desprestigiar a la nobleza y a la Iglesia, las dos grandes fuerzas medievales.

Pero, ¿existió realmente el «ius primae noctis»?

Sí, lo que no está documentado es que fuera algo frecuente más allá del plano teórico.

El que “pudieran hacerlo” no implica que “lo hicieran” ni que “tuvieran que hacerlo”.

El derecho de pernada o «ius primae noctis» era el privilegio feudal por el que los nobles tenían potestad de pasar la noche de bodas con la mujer de sus vasallos, esto es, de desvirgarla. Se estimaba uno de los muchos abusos que sufrían los vasallos, que en la práctica pertenecían al señor de la región tanto como la tierra o las cosechas.

El origen de este “derecho” debió tener un origen germánico.

Aunque esta práctica ya estuvo presente en la primitiva sociedad griega y ya  Herodoto hizo referencia a la costumbre de una tribu líbica por la que se «presentaba al rey todas las doncellas que estaban para casarse, y si alguna le agradaba, él era el “primero en conocerla”.
Lo que no es, exactamente, igual.

En la Edad Media,  el Derecho de Pernada podría tener su antecedente directo en una costumbre germánica por la que el señor de cada pueblo se reservaba la primera cópula con la novia.
Una práctica que derivaba de las propiedades mágicas que se le achacaban a la sangre del desfloramiento.
En sentido estricto, esa costumbre germánica consistiría en el derecho del señor de compartir la cama con la recién casada, derecho que éste perdería a cambio de un pago en metálico.

El concepto del privilegio sobre la primera noche se perpetuó en la época feudal, aunque siempre asociado a impuestos o tributos.

La mayoría de historiadores reducen la incidencia del “derecho de pernada” a casos y lugares muy concretos, aunque recuerdan que este privilegio feudal se ejercía de forma indirecta mediante el pago de un impuesto al señor por haber autorizado el enlace de sus vasallos.

Es más, era tradicional en muchos lugares que el señor simulara  el acto sexual o saltara encima de la novia en las celebraciones que seguían a la boda, a modo de recordatorio del poder del noble sobre sus vasallos y como remanente de lo que algún día fue el “derecho de pernada”.

Quienes defienden que nunca existió se aferran a la escasa documentación y los pocos textos legales en los que hay referencia a este abuso, pero obvian que, en el caso medieval, la tradición escrita es endeble y poco resistente al tiempo.

Fernando el Católico puso fin a muchos de los abusos de la nobleza contra los vasallos catalanes y se menciona que «ni tampoco puedan (los señores) la primera noche quel payés prende mujer dormir con ella o en señal de senyoria».

Una frase que demuestra que el derecho de pernada había sido algo al menos teórico en otro tiempo.

Pero una cosa era la teoría y otra la práctica.

El «ius primae noctis» despertaba un fuerte rechazo entre los vasallos, a los que dejaba humillados, y podía derivar en levantamientos campesinos.
Resultaba una forma demasiado aparatosa y poco práctica de reivindicar el poder feudal.

No obstante, los abusos sexuales sobre esposas de los vasallos eran algo frecuente sin que hiciera falta que los señores invocaran derechos, pues bastaban las amenazas para acallar el suceso.

Los siervos estaban desprotegidos.

La Iglesia protegía los matrimonios

Incluso los reyes habían tratado de combatir este tipo de abusos durante siglos y eran la consecuencia de un poder central demasiado débil.

Los reyes apenas contaban con territorios y soldados propiamente suyos y su poder dependía de la lealtad de los nobles. 
Tanto Alfonso X El Sabio  como Fernando El Católico y otros monarcas con auténtico poder estipularon leyes contra los abusos de la aristocracia y prohibiendo explícitamente el “derecho de pernada”.

Además, la creciente autoridad de la Iglesia también fue ganando fortaleza con el paso de los siglos y permitió que el matrimonio fuera amparado por la institución eclesial.
Al consolidarse el matrimonio religioso, quedaba claro que el derecho canónico estaba por encima de cualquier uso o fuero ancestral y que, si Dios y la Iglesia bendecían la unión, sobraba la intervención de la nobleza.
A partir de que la Iglesia monopolizara los matrimonios, los abusos sexuales pasaron de ser un pseudoderecho a ser los caprichos de un señor descontrolado incapaz de respetar la dignidad de las personas a su cargo.


El matrimonio era, ya, algo sagrado que ni siquiera los señores feudales podían mancillar

sábado, 19 de agosto de 2017

SANTO TOMÁS DE AQUINO: LA SEXUALIDAD Y LA MUJER (Y 5)


Todos sabemos, por Historia de la Ciencia que hubo que esperar hasta 1672 para que el anatomista holandés, Regnier de Graaf, descubriera la existencia de los óvulos y su participación en el proceso reproductivo de los mamíferos, gracias a la invención, a inicios del S. XVII, del microscopio.

Hasta esa época (400 años después de que vivió Santo Tomás) los únicos hechos claros acerca de la reproducción humana eran la necesidad del acto sexual, el aporte masculino, y la interrupción de los ciclos menstruales cuando se producía un embarazo y, en cambio, el proceso generativo de las plantas era ampliamente conocido.

En este contexto, no es de extrañar que la forma más natural de explicar la generación se sirviera de la agricultura, y así entendieran que, para producir un nuevo ser humano, la semilla (“semen-seminis” y de ahí semen) del hombre debía encontrar un “suelo fértil” en el cuerpo de la mujer.

Esta especulación seguramente se veía confirmada porque algunos flujos menstruales presentaban color similar a ciertos limos, que a su vez resultan ser muy fértiles para las plantas.

De ahí también que se hable del hombre como “potencia activa” en el proceso.

Con esta idea en mente volvamos a repasar el párrafo, cuando dice:

“Porque la potencia activa que reside en el semen del varón tiende a producir algo semejante a sí mismo en el género masculino”.

La lógica es bien sencilla: si planto una pepita de manzana, me sale un manzano; si un hueso de naranja, un naranjo; si un hueso de aceituna, un olivo; y si una semilla de hombre, un hombre. 

Pero a veces nace una mujer (de hecho la mayoría de las veces, pero los antiguos no tenían forma de saberlo, porque las mataban- afirma el defensor del Tomas de Aquino)

¿Qué ocurrió, para ello si, teniendo que nacer “varón”, nació “mujer”? 

La respuesta que ellos daban es que hubo un fallo, un defecto en el proceso y por eso no resultó un varón, sino una mujer.

O dicho de otro modo:

Que nazca mujer se debe a la debilidad de la potencia activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, por ejemplo los vientos australes, que son húmedos.

Esta sería una conclusión científica, de la ciencia del S. XIII, pero ciencia al fin y al cabo.
Entonces, lo que hace el santo al reproducirla, no es emitir una opinión religiosa, sino enunciar un hecho científico errado.

No está demás recordar que seguidamente, Santo Tomás repudia que esta conclusión científica tenga aplicación ante los ojos de Dios, cuando agrega:

“Pero si consideramos a la mujer en relación con toda la naturaleza, no es algo ocasional, sino algo establecido por la naturaleza para la generación”.

¿Esa no era la otra versión del Génesis, la de que no la “creó” (como afirma la primera versión: “Dios creó al hombre: Varón y hembra los creó”) sino que la extrajo de la costilla para consuelo del varón, como ayuda, como instrumento “para la generación”, “hecha para parir”?
Pero no en pie de igualdad.

Y el autor, tomista convencido, recomienda a los creyentes que no se “casen”, nunca, con la ciencia, ni siquiera la de nuestra época, ni con la “Eva mitocondrial”, ni con el big bang como el momento de la creación “porque los científicos pueden cambiar de opinión mañana”

Y mi pregunta es: ¿“cuando se recurre a una autoridad (la de Aristóteles, del siglo IV a. C) que avala la postura de un autor (siglo XIII d. C) no es porque, se supone, que está de acuerdo con dicha autoridad”?

Santo Tomás tiene un concepto negativo de la mujer, inferior en comparación con el varón, es un “complemento”, nada que ver con el “substantivo”, del varón, de categoría superior.

Se da por supuesto que el “semen (la semilla) masculino” es bueno y si falla lo nacido es por la mala disposición de la tierra en que ese semen se siembra.

Tiene que ser la mujer la responsable y la culpable del desaguisado (nacer mujer era un “error” de la naturaleza, nada que ver con ser nacer varón y, en este caso el varón padre se refleja y se prolonga en el varón hijo, pero si nace mujer, al ser inferior al varón, la responsable y culpable será la mujer, y la hija, inferior, será el reflejo y la prolongación de la madre, mujer.

¿Recuerdan la parábola del sembrador?

“Salió el sembrador a sembrar y una parte cayó en terreno pedregoso….otra parte en terreno…pero la que cayó en terreno apropiado produjo el 100 x 1…”

viernes, 18 de agosto de 2017

SANTO TOMÁS DE AQUINO: LA SEXUALIDAD Y LA MUJER (4)


Si yo me apoyo en el pensamiento de un autor es porque estoy, en lo esencial, de acuerdo con él.

Sin embargo los tomistas acérrimos escamotean contenidos de la obra de Santo Tomás cuando puede perjudicarle, a él y a la Iglesia Católica.

“La mujer es defectuosa y mal nacida” dice Tomás de Aquino.

 “En lo que se refiere a la naturaleza del individuo, la mujer es defectuosa y mal nacida, porque el poder activo de la semilla masculina tiende a la producción de un perfecto parecido en el sexo masculino, mientras que la producción de una mujer proviene de una falta del poder activo.” (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica)

Y es cierto que, así, literalmente, lo dice.

Pero los tomistas, para disculpar ese pensamiento, recurren y afirman que hay que ir a la fuente de lo dicho.

Así nos encontramos con que en la primera parte de la Summa Theolgica, tratando acerca de Dios, se habla de la creación y de las criaturas, específicamente de la creación del hombre y en la cuestión 92 de esta primera parte, titulado “el origen de la mujer", aparecen 4 artículos, el primero de los cuales se pregunta;

 “Al producir Dios la primeras cosas ¿debió o no debió hacer a la mujer?”

En otro lugar me he extendido sobre la estructura de dicha obra (La Summa Theologica): Pregunta – objeciones (los que responden que no a la pregunta) – respuesta a estas objeciones – posición ortodoxa – argumentos de autoridad sobre la posición ortodoxa – respuesta y posición/postura del autor – corolarios.

En este caso, la primera objeción a que la mujer haya sido hecha junto con las primeras cosas, se toma de Aristóteles (siglos anterior al Cristianismo aunque posterior a la aparición del Génesis), que, como es sabido, Aristóteles es, no sólo una, sino la principal de las grandes influencias del Santo.

Objeciones por las que parece que la mujer no debió ser hecha en la primera producción de las cosas:

1.    Dice Aristóteles en el libro “De Generatione Animalium”:

“La mujer es un varón frustrado. Pero en la primera creación de las cosas no era conveniente que hubiera nada frustrado ni imperfecto. Por lo tanto, en la primera institución de las cosas no debió ser hecha la mujer”.

O sea, que la idea de la inferioridad de la mujer no proviene del cristianismo (cosa que ya todos sabíamos), sino que se remonta a los griegos, y no a cualquiera, sino al máximo representante de la filosofía clásica. 

Santo Tomás dice:

1.    Considerada en relación con la naturaleza particular, la mujer es algo imperfecto y ocasional. Porque la potencia activa que reside en el semen del varón tiende a producir algo semejante a sí mismo en el género masculino. Que nazca mujer(en vez de varón) se debe a la debilidad de la potencia activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, por ejemplo los vientos australes, que son húmedos, como se dice en el libro “De Generatione Animalium”. 
2.    Pero si consideramos a la mujer en relación con toda la naturaleza, no es algo ocasional, sino algo establecido por la naturaleza para la generación. La intención de toda la naturaleza depende de Dios, Autor de la misma, quien al producirla no sólo produjo al hombre, sino también a la mujer.

Los defensores de Santo Tomás interpretan el texto anterior de manera torticera y para entender este párrafo se afirma que, al escribir esto, Santo Tomás no está expresando un juicio religioso o de valor acerca de las mujeres, sino solamente constatando un “hecho científico” (¿)… o al menos lo que pasaba por “hecho científico” en su época.

Y esto se confirma con la frase con que concluye esta explicación: “como se dice en el libro De Generatione Animalium“.

jueves, 17 de agosto de 2017

SANTO TOMÁS DE AQUINO: LA SEXUALIDAD Y LA MUJER (3)



La Iglesia Católica, en lo esencial, no ha cambiado nada, o muy poco, respecto a la minusvaloración y menosprecio a las mujeres desde que fue conformándose desde los siglos IV y V por los Padres de la Iglesia y, sobre todo, por San Agustín y en el siglo XIII por Santo Tomás, que recoge todo lo anterior y, con la estructura de la teoría platónica (los dos mundos, contrapuestos) y con la inestimable ayuda de la Física y Metafísica aristotélica, de la mano de Averroes, para explicar este mundo.

El tomismo sigue vigente en la Iglesia, aunque con pequeños retoques, pero manteniendo la misma esencia, y se denomina “neotomismo”.

Saque usted sus conclusiones de su incardinación en el mundo actual.

Santo Tomás había nacido en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, Italia, en 1225.
Es el último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos.
Su padre se llamaba Landulfo de Aquino.

Santo Tomás era alto y grueso, pero no exageradamente.

Cerca del Castillo donde nació estaba el famoso convento de los monjes Benedictinos llamado Monte Casino. Allí lo llevaron a hacer sus primeros años de estudios.
Los monjes le enseñaron a meditar en silencio.
Lo que lee o estudia lo aprende de memoria con una facilidad portentosa.

Continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles, superando a todos sus compañeros en memoria e inteligencia.

Conoce a los Padres Dominicos y se entusiasma por esa Comunidad.
Quiere entrar de religioso pero su familia se opone.
Santo Tomás huye hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos que viajan acompañados de un escuadrón de militares y se lo llevan preso.
No logran quitarle el hábito de dominico, pero lo encierran en una prisión del castillo de Rocaseca...

Tomás aprovecha su encierro de dos años en la prisión para aprenderse de memoria muchísimas frases de la Sagrada Biblia y para estudiar muy a fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo, y que después él explicará muy bien en la Universidad.

Sus hermanos al ver que por más que le ruegan y lo amenazan no logran quitarle la idea de seguir de religioso, le envían a una mujer de “mala vida” (pero de “buen ver”) para que lo tiente y lo haga pecar.

Tomás toma en sus manos un tizón encendido y se lanza contra la “mala mujer”, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele.
Ella sale huyendo y así vence las pasiones de la carne.

Esa noche contempló en sueños una visión celestial que venía a felicitarlo y le traía una estola o banda blanca, en señal de la virtud, de la pureza que le concedía Nuestro Señor.


Es, como puede suponerse, más “agiografía” que “biografía”, pero así se ha querido que fuera visto el santo a lo largo de la historia.

martes, 15 de agosto de 2017

SANTO TOMÁS DE AQUINO: LA SEXUALIDAD Y LA MUJER (2)


A continuación transcribiré algunas citas (que creo que son auténticas) de Santo Tomás de Aquino sobre el tema que nos ocupa.

1.-  “Los vírgenes obtienen el cien por ciento del salario celestial; los viudos, el sesenta por ciento y los casados el treinta por ciento”.

2.- “En las mujeres hay más cantidad de agua, por eso pueden ser seducidas más fácilmente por el placer sexual”.

3.- “A las mujeres, resistir al placer sexual les resulta más difícil por el hecho de que ellas poseen menos fuerza de espíritu que los varones”.

4.- “La mujer no responde a la primera intención de la naturaleza, que apunta a la perfección, sino a la intención secundaria de la naturaleza, como putrefacción, malformación y debilidad de la edad”.

5.- “Nada arrastra tanto hacia abajo el espíritu del varón como las caricias de la mujer y los contactos corporales”.

6.- “La mujer posee menor fuerza física y también una menor fuerza espiritual. El varón tiene una razón más perfecta y una virtud más robusta que la mujer”.

7.- “A causa de su mente defectuosa, que, además de en las mujeres, es patente también en los niños y en los enfermos mentales, la mujer no es admitida como testigo en asuntos testamentarios”.

8.- “Hay que amar más al padre que a la madre, porque él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es el pasivo”.

9.- “El marido tiene la parte más noble en el acto marital, y por eso es natural que él tenga que sonrojarse menos que su esposa cuando exige el débito conyugal, porque el acto marital posee siempre algo vergonzante y causa sonrojo”.

10.- “Por su inteligencia más perfecta, el varón puede adoctrinar mejor la inteligencia de los niños”.

11.- “La mujer necesita al marido no sólo para la procreación y la educación de los hijos, sino también como su propio amo y señor, pues el varón es de inteligencia más perfecta y de fuerza más robusta, es decir, más virtuosa”.

12.- “Al hacer el voto de castidad y desposar así a Cristo, las mujeres son elevadas a la dignidad del varón, con lo que quedan libres de su subordinación a él y están unidas de forma inmediata a Cristo”.

13.- “Las relaciones sexuales frecuentes llevan a la debilidad de la mente”.

14.- “A diferencia de lo que ocurre con la comida y la bebida, la fuerza sexual -mediante la que se transmite el pecado original- está infectada y corrompida”.

15.- “Si por la virtud de Dios se concediera a alguien la gracia de no sentir placer desordenado en el acto de la procreación, incluso en este caso ese acto transmitiría el pecado original al hijo, ya que en el placer sexual, que es el transmisor del pecado original, no se trata del placer sexual actual sentido en el instante de la procreación, sino del placer sexual habitual basado en la condición humana, y ésta es igual en todas las personas”.

16.- “El acto marital impide los actos espirituales y constituye un obstáculo para una mayor honestidad”.

17.- “Una de las malas consecuencias de la lujuria es la feminización del corazón humano”.

18.- “Un matrimonio sin relaciones carnales es más santo”.