lunes, 15 de julio de 2019

EL COMUNISMO PLATÓNICO


EL COMUNISMO PLATÓNICO.

Quizá sea una de las prescripciones más extrañas del diálogo La República.

“Comunismo de bienes, de mujeres y de hijos para los miembros pertenecientes a las dos clases sociales superiores de guardianes y gobernantes”, lo que han valido a Platón muchas críticas y la primera la de su discípulo Aristóteles.

Pero (y la verdad sea dicha) su comunismo nada tiene que ver con los regímenes utópicos del Renacimiento, y mucho menos con el socialismo y el comunismo modernos.

Es un reglamento de sacrificio que impone a las clases defensoras y rectoras de la ciudad y que se parece, más bien, al régimen de una Orden Militar o al de una Orden Religiosa.

No se trata de un régimen comunista para toda la ciudad puesto que la gran mayoría (agricultores, artesanos, comerciantes,...) pueden tener bienes y familia propios.
Sólo para defensores y gobernantes por sus altísimas funciones a realizar en la ciudad, pues sería un impedimento la posesión particular de esas cosas (podrían “mirar por lo suyo” en vez de hacerlo por “lo de la ciudad”).
Su objetivo es desligarlos e independizarlos de todo cuanto pueda suponer un estorbo para entregarse por completo al servicio de la Polis.

Guardianes y filósofos-gobernantes no tendrán bienes propios, sino que vivirán a sueldo de la comunidad (como servidores suyos que son) y, aún, este sueldo se le pagará en una moneda especial que sólo podrá tener circulación con estos fines (una especie de “vales” aceptados por los demás).

Tampoco tendrán casa propia, por lo que vivirán acuartelados en edificios propiedad de la polis.

Ni podrán tener familia propia: “las mujeres de nuestros guerreros serán comunes todas a todos y ninguna de ellas habitará en particular con ninguno de ellos.
Los hijos, también, serán comunes y los padres no conocerán a sus hijos ni éstos a sus padres.

No llega a prescribir el celibato (como las órdenes religiosas católicas) quizá por considerar necesaria la transmisión hereditaria de las funciones superiores de la ciudad.
Pero regula rigurosamente las condiciones en que deben verificarse las uniones, con el fin eugenésico de evitar la degeneración de la raza y de obtener hijos sanos y robustos,

En el diálogo La República la edad núbil para los varones será entre los 30 y los 55 años, y para las mujeres, de los 20 a los 40 (en Las Leyes, sin embargo, será de 30 a 35 para ellos y de 16 a 20 para ellas).

Los niños nacidos de uniones fuera de esas edades deberán ser suprimidos.
Pero los hijos no podrán ser considerados por ninguno como propios sino que pertenecerán a la comunidad, a la polis, a cuyo cargo corre su sostenimiento y su educación en común desde el momento mismo de nacer.

El deseo de Platón de crear una ciudad perfecta lo induce a prescribir dar muerte (ahogándolos) a los niños que nazcan enclenques o deformes, así como a eliminar, por la muerte o por el destierro, a los individuos insociables.
(Es el sacrificio de los derechos individuales, imponiendo una nivelación inhumana, sin tener en cuenta la condición real de la naturaleza)
(Y más aberrante e inexplicable es permitir casarse hermanos con hermanas).

No se trata, pues, de un régimen comunista sino de la vida en comunidad de una porción selecta de funcionarios de la polis sostenida económicamente por la clase inferior.

Tampoco hay que entender las uniones sexuales como una grosera promiscuidad, ni menos un “amor libre”, sino un control rigurosamente dirigido por la polis.
Platón reconoce que con esta forma de comportarse se les está imponiendo una forma de vida sacrificada y poco envidiable y que exige una entrega total al servicio del Bien Común.

Entendido de esta manera, el comunismo platónico deja de ser una aberración monstruosa y encaja, perfectamente, en la lógica de su sistema.

Quizá se note la poca sensibilidad para la vida familiar y un concepto exagerado de lo que es, para él, el Bien Común, al que quedan sacrificados los bienes particulares de los individuos.

Platón aspira, pues, a que la polis sea la gran familia de todos y para todos y en la que todos deben considerarse como padres, hijos y hermanos.

(REPITO: QUE NO ES UNA RADIOGRAFÍA DE LA POLIS ATENIENSE REAL, SINO DE LA ATENAS UTÓPICA E IDEAL QUE TIENE EN SU CABEZA Y CUÁL Y CÓMO DEBERÍA SER SU FUNCIONAMIENTO).

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