lunes, 19 de agosto de 2019

UNAMUNO Y MILLÁN ASTRAY ( y 2 )


Después de las formalidades iniciales, Millán Astray atacó violentamente a Cataluña y a las provincias vascas, describiéndolas como “cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo –añadió- que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos”

Desde el fondo del Paraninfo una voz gritó el lema de Millán Astray: “VIVA LA MUERTE

Millán Astray dio, a continuación, los habituales gritos excitadores del pueblo: “ESPAÑA” –gritó.
Automáticamente, cierto número de personas gritaron: “UNA”
“ESPAÑA” –volvió a gritar Millán Astray: “GRANDE” –replicó su auditorio, todavía algo remiso.
Y, al grito final: “ESPAÑA”, de Millán Astray, contestaron sus seguidores: “LIBRE”.

Algunos falangistas, con sus camisas azules, saludaron con el saludo fascista a los inevitables retratos sepia de Franco que colgaba de la pared, sobre la silla presidencial.

Todos los ojos estaban fijos en Unamuno, que se levantó lentamente y dijo: “estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio, porque, a veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia.
Quiero hacer algunos comentarios al discurso –por llamarlo de algún modo- del general Millán Astray, que se encuentra entre nosotros.
Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes.
Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y el Obispo –y aquí Unamuno señaló al tembloroso prelado, que se encontraba a su lado- lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona”

Se detuvo.

En la sala se había extendido un riguroso silencio.

Jamás se había pronunciado discurso similar en la España nacionalista.
¿Qué iría a decir, a continuación, el Rector?

“Pero ahora –continuó Unamuno-  acabo de oír el necrófilo e insensato grito “Viva la muerte”. Y yo, que repasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de decir, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El General Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra.
También lo fue Cervantes.
Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiados mutilados y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más.

Me atormenta pensar que el General Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa.
Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.

En este momento Millán Astray no pudo contenerse por más tiempo y gritó: “! ABAJO LA INTELIGENCIA, ¡VIVA LA MUERTE!”, clamoreado por los falangistas.

Pero Unamuno continuó: “Éste es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho”

Siguió una larga pausa.

Luego, con un valiente gesto, el catedrático de Derecho Canónico salió a un lado de Unamuno y la Señora de Franco al otro.
Pero ésta fue la última clase de Unamuno.

En adelante el Rector permaneció arrestado en su domicilio.

Sin duda hubiera sido encarcelado si los nacionalistas no hubieran temido las consecuencias de tal hecho.

Unamuno moriría, con el corazón roto de pena, el 31 de Diciembre de 1.936.

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