jueves, 23 de enero de 2020

FLORILEGIO FILOSÓFICO: DE ESTO Y DE LO OTRO ( 9 - 1 )



LA CIVILIZACIÓN INCONSCIENTE.

Nunca podrás tener en tu mente (o muy difícilmente) la impresión, la noción de una “cadena” si sólo manejas eslabones sueltos, aquí y allá, grandes y pequeños, redondos o rectangulares…

“Divide y vencerás” –dijo aquel genio militar, Julio César, el enemigo de Pompeyo y conquistador de las Galias (ni Maquiavelo ni Napoleón, a quienes, también se les atribuye).

Si quieres que alguien no se entere de algo, corta el contenido, el mensaje, en trozos sueltos y revueltos, y no se enterará.

La producción en cadena, esa estrategia capitalista de la mejora y de mayor rendimiento, en la que a cada trabajador sólo le corresponde una acción de todo el conjunto (meter un tornillo), otro introducir la tuerca, el siguiente apretarla, el siguiente…no son consciente del todo del que su trabajo es una parte.

La excesiva, pero deliberadamente fragmentada cantidad de información que recibimos, produce la ausencia de la perspectiva de la realidad total.

Somos inconscientes de la realidad económica y de la realidad político-social por estar manejando sólo un eslabón de las mismas.
La realidad local no es la realidad nacional y ésta no es la realidad mundial.
Y el que maneja y se desenvuelve en la general no capta la realidad concreta de las naciones que la conforman, como la realidad nacional, en sus cantidades nacionales pierde la perspectiva de la realidad local, como el concejal de un Ayuntamiento, en su tarea concreta (cultura, recaudación, seguridad,…) se mueve ajeno a la realidad total local, pues su objetivo es ese eslabón que se le ha atribuido, perdiendo la perspectiva del todo que es la cadena.

Los instalados en el todo en el que se mueven y manejan quieren hacernos creer que el capitalismo liberal es el único modelo económico posible y deseable, el único que garantiza la continuidad con la democracia (y más, cuando modelos alternativos, mal manejados, han fracasado al no llegar a buen puerto).

Se hace creer al ciudadano que el rumbo de todo lo humano depende de unos parámetros económicos cuyo manejo está más allá del alcance de la mayor parte de los hombres, de modo que se les aboca a la pasividad y al individualismo, a obedecer, a cumplir lo ordenado.
Individualismo ilusorio, ya que apenas queda espacio para la iniciativa privada en la hiperburocratización y el corporativismo de la economía y de la política actual.

Vincular el sistema político participativo a los meros índices de desarrollo económico es una peligrosa falacia ya que la democracia, muy anterior a la revolución industrial y al liberalismo, fue en su origen un producto de una inquietud filosófica centrada en el hombre.

Es verdad que la buena marcha de la economía siempre es un factor muy importante para cualquier sociedad, pero convertirla en el dios al que todo debe ser sacrificado, ponerla en el pedestal convertida en el becerro de oro,…

No hagamos de los medios, útiles, los fines a conseguir.

La “cultura del fascículo” (de lo que, en otros lugares he dejado escrito) es la estrategia perfecta para engañar, para despistar, al sujeto, que queda incapacitado para captar el argumento entero de la obra, la vida nacional entera al estar en las sucesivas burbujas en que se desarrolla su vida ordinaria.

EL REY FILÓSOFO.

Era el ideal de La República de Platón: “que los reyes sean los filósofos o que los filósofos fueran los reyes”.
Ese idilio entre la “ética del filósofo” y la “política del gobernante” es la crónica de un “fracaso sentimental”

Moralizar la política era la panacea en orden a conjurar las corrupciones inherentes al poder.

Ya Maquiavelo habría de rechazar como una quimera (ni siquiera utopía) ese sueño platónico, al constatar el radical antagonismo entre una y la otra.

La “razón de Estado” y los “criterios morales” eran incompatibles y el político tiene claro en qué platillo de la balanza debe situarse.

Por eso Kant se conformaba con que los filósofos morales “asesoraran” a los políticos gobernantes, a los estadistas, tras constatar que resulta imposible simultanear ambos oficios (diagnóstico que compartirá Max Weber).

Si la corrupción es inherente al poder político ¿puede la política ser moralizada?

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