lunes, 30 de septiembre de 2013

(13).- RENACIMIENTO: (POLÍTICA Y SOCIEDAD).


Sin entrar en detalles ni bajar a exponer teorías políticas y jurídicas concretas (N. Maquiavelo, Th. Moro, T. Campanella, F. de Vitoria, Bodino, Althusius, Hugo Grocio,…), en general, las Relaciones Iglesia-Estado, entre el Poder Eclesiástico y el Poder Civil, desde la aparición del Cristianismo han pasado por varios y variados momentos: desde un dualismo inorgánico de coexistencia hasta un dualismo de subordinación al poder eclesiástico (ante la preponderancia del poder eclesiástico), hasta un dualismo teocrático, desde una división de poderes en el siglo XIV, con Occam y la escuela occamista  hasta el yusnaturalismo.

1.- EL MONISMO PRECRISTIANO.

El poder político absorbe todos los poderes, también el poder religioso.

Roma convive con un politeísmo de todos los dioses de todos los que residían o vivían en Roma (se dice que pasaban de 30.000). No sólo la mitología romana. Se ha dicho que “en Roma era más fácil encontrar a un dios que a un hombre”. Pero convivían con toda normalidad.

Politeísmo muy contrario al monoteísmo practicado por hebreos y cristianos, por lo que el choque es inevitable,

El Emperador es no sólo el “Pontifex maximus” (etimológicamente “el mayor constructor de puentes”. Dicho nombre pasará, y aún sigue aplicándoselo la Iglesia a la máxima autoridad, al Papa, aunque, en este caso, es un “puente entre el hombre y Dios”, un puente vertical) es que, además, será divinizado, como un dios más. Y toda divinidad reclama adoración.

Los cristianos, como cualquier ciudadano romano, obedece al por civil, pero eso solo no era lo que el Emperador reclamaba, exigía adoración, como dios, algo no reconocido por los monoteístas (hebreos y cristianos), cosa que no era problema para los paganos

Los cristianos, pues, serán considerados ateos y el cristianismo como “secta ilícita”, fuera de la ley, a pesar de ser una comunidad religiosa de las más pacíficas, pero –se dijo- que no adorar al Emperador era negarse a someterse al Estado, para el que la religión sólo era un instrumento. Y los cristianos ponían a Cristo por encima del César.

Los cristianos reclaman la puesta en práctica del principio: “Dar al César lo que es del César (que ellos lo cumplían) y a Dios lo que es de Dios (que no lo cumplían, según los emperadores, puesto que no admitían la divinidad imperial), pero como para los romanos el César también era dios, lo que pedían los cristianos-hebreos era algo contradictorio.

Tertuliano, tan fogoso siempre, fue más lejos, proclamando que el deber del cristiano era, precisamente, desobedecer tal ley romana.

Comenzarán, pues, las persecuciones, desde la primera, la de Nerón, hasta la última, la de Diocleciano.

Pero los cristianos aumentaban en número (y me vienen a la mente “los Hermanos Musulmanes”) y su conducta se hacía notar en la población, engendrando desconfianza, así que comenzaron los bulos contra el cristianismo (que si exorcismos y magias, que si bebían sangre romana, que si traían mal de ojo…) y, naturalmente, cuando ocurría una calamidad (terremotos, epidemias, sequías,…) se la cargaban a los cristianos, al ser la indignación de los dioses la causante de las calamidades. Si ellos no los cabreasen…..

El siguiente paso de la comunidad cristiana, cada vez mayor, y que se sentía más fuerte, fue no sólo calificar a Roma de “Nueva Babilonia”, propugnando su destrucción, sino que afirmaba que el servicio militar era incompatible con su fe.

Roma ya no sólo tenía enemigos en el exterior, también en el interior.

Las persecuciones serían un fracaso porque, entre otras cosas, Tertuliano afirmaba (lo que sería frontispicio): “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”

El último perseguidor, Diocleciano, un día que estaba oficiando como Pontífice Máximo, los cristianos que lo rodeaban hicieron la señal de la cruz.

Azotes, iglesias cristianas arrasadas, sus bienes confiscados, libros quemados, adeptos muertos,….

Ni esto los arredró sino que, además, difundieron el convencimiento de que el Señor hacía insensible el sufrimiento de quienes lo afrontaban en su nombre y que les abría, de par en par, las puertas del cielo (y me vienen a la mente la actualidad de los suicidas/terroristas musulmanes a los que les esperan un montón de huríes, esperando ser desfloradas y ellas, eternamente vírgenes).

El cambio de política, pues, ante el fracaso de las persecuciones, sería el 311, con el Edicto de Milán y la aprobación de la tolerancia religiosa.

Y más aún cuando el 380, Teodosio (último Emperador de TODO el Imperio Romano) declaró al cristianismo como religión oficial del Imperio, acabando con el apoyo del Estado a la religión romana tradicional y prohibiendo la adoración pública de los antiguos dioses.

El Cristianismo (que se fue constituyendo como religión durante los primeros siglos convulsos y que es muy posterior y poco tuvo que ver con Cristo, a no ser el “nombre”), que surgió en y durante el Imperio Romano, legítimo detentador del poder político y religioso, con una religión oficial romana, con base en la Mitología, tras las persecuciones,…. llega a conseguir el triunfo y, de iglesia perseguida, a única iglesia oficial y, por tanto, perseguidora.

2.- DUALISMO DE COEXISTENCIA.

Constantino, convencido de la superior moralidad de los cristianos, de la decencia de sus vidas, en un Imperio que, moralmente, era inmoral, con la paciencia y la disciplina como virtudes,… ¿por qué no sustituir a los viejos y corruptos burócratas por los obispos, que demuestran pertenecer a una clase dirigente mejor?

Constantino comenzó reconociendo a los obispos competencias de jueces en sus circunscripciones y diócesis (San Agustín ejerció, también de juez en su diócesis).

Después los eximió de impuestos los bienes de la Iglesia y, al final, anularía el Edicto de Milán, que garantizaba todas las religiones, en pie de igualdad, para reconocer la primacía de la católica..

Constantino obraba más como Papa que como Rey, convocando concilios ecuménicos, entre ellos el de Nicea, con fondos del Estado.

Hizo de mediador entre Arrio y el obispo que lo había excomulgado y, en general, siempre mediaba entre los contendientes.

Y luego lo de “in hoc signo vinces”, en su bandera. Pero fue un gran general, un sagaz administrador, un hombre de Estado,…y llevó al cristianismo, de un secta perseguida a religión “perseguidora”.

Muy bien lo expone San Agustín en su “De civitate Dei”. Las dos ciudades, la terrena y la celestial, esta vida y preparación para la otra vida, el Emperador y el Papa, PERO….cuando choquen sus intereses el alma prevalece sobre el cuerpo, como Dios y el Papa (su vicario en la tierra) sobre el Emperador. Superioridad del poder espiritual sobre el poder temporal

Toda desviación de la ortodoxia oficial será considerada “herejía” (desviación) y, por lo tanto, falsa, “prohibenda et condenanda”.

Pero ese Dualismo de Coexistencia (las dos jerarquías, el “Cesaropapismo”) también implicaba la intervención de los emperadores en asuntos eclesiásticos (nombrar cargos, convocar Concilios, hasta promulgar cuestiones dogmáticas).

Fue el Papa Gelasio I, siglo V, con su “Teoría de las dos espadas”: “Dos son los poderes por los que se rige el mundo: el de los Obispos y el de los Reyes, PERO….” y fue el que estableció el dualismo cristiano, con dos poderes diferenciados y mutuo reconocimiento: el poder de la Iglesia sobre los hombres, en cuanto “creyentes” y el poder del Estado sobre TODOS los hombres, en cuanto ciudadanos.

Con la invasión de los bárbaros Roma, que ya estaba descompuesta, se descompuso aún más, y no supo reaccionar, pero quien estaba perfectamente organizada era la Iglesia, que aprovechó la ocasión.

La Iglesia llenó el vacío de poder y de la cultura durante la Alta Edad Media.

Sus cometidos y responsabilidades eran las propias de los señores feudales pero, teóricamente, sometidos al Emperador.

Poco a poco pedirán la independencia y la libertad de tutela de los emperadores.

Con la coronación de Carlomagno como Emperador de Occidente (año 900) se revive la idea de “Imperio Romano” (de Occidente. El de Oriente, con Constantinopla/Bizancio como capital, iba a su aire, independiente de Roma, con sus Patriarcas y su “religión ortodoxa).

El Papa y el Emperador eran las dos figuras supremas del orden social, con dos funciones distintas, en ambos órdenes, secular-temporal y espiritual.

Pero el Papado, ateniéndose al texto de San Pablo de que “Todo poder proviene de Dios” y que el Papa es su Vicario y la Iglesia la depositaria, en la tierra, tendría que dar el “visto bueno” a la coronación como emperador, para poder ser considerado legítimo y siendo, desde ese momento una de las misiones del Emperador “defender y proteger” a la Iglesia y a la fe cristiana, incluso persiguiendo a sus enemigos allí donde se encuentren.

Así, del Dualismo de Coexistencia se pasa al

3.- DUALISMO SUBORDINACIONISTA

Toda la Edad Media viene traspasada por este esquema, con la preeminencia del poder espiritual respecto al poder temporal o civil.

Tanta es la compenetración Cristianismo-Sociedad que tendría que haber choques (y los hubo) entre ambos.

Por si ello fuera poco la Iglesia esgrimía un documento, el de “La donación de Constantino”, por el que los pontífices vienen legitimados a una misión secular y temporal en sus Estados Pontificios.

El conflicto surgirá en el siglo XI, con la querella de “las Investiduras”, en que se enfrentarán Enrique IV de Alemania y el Papa Gregorio VII.

El Papa tenía que batallar en los dos frentes: en el interior, con la corrupción del clero, y en el exterior, con las pretensiones del Emperador germánico.

(La excomunión, el desconcierto de los fieles, obligados a no obedecer a un Rey excomulgado, la indefensión del rey ante sus súbditos, la peregrinación a Canosa para pedir perdón y que se le levantara la excomunión,…..)

Mientras en Oriente sigue el “cesaropapismo” en Occidente se impuso el “hierocratismo”, llegando a su plenitud en el XII y XIII.

Supremacía del Pontificado. La Iglesia podía intervenir en asuntos de Estado por la “Potestad indirecta “ratione peccati”.

Terminará con el Concordato de Worm (1.122), por el que el Emperador renuncia a nombrar cargos eclesiásticos.

4.- DUALISMO TEOCRÁTICO.

La Iglesia acepta el dualismo de poderes, la independencia del poder civil PERO…reivindicando la potestad “indirecta” del Papa “in temporalibus”, lo que fundamentaba el Derecho de Traslación, es decir, poder transferir el Imperio a otra persona o a otro pueblo cuando los electores no eligieran un candidato digno, o cuando el Emperador no cumpliera su obligación de proteger y defender a la Iglesia o en el caso de perseguirla y atacarla.

Llegó aún más lejos ante/con Federico II al proclamar la teocracia plena reivindicando la “plenitudo potestatis” en todos los dominios.

Era Papa Inocencio III, que se consideraba “Emperador espiritual de la Cristiandad”.

La soberanía es indivisible, por lo tanto el Pontífice tiene autoridad absoluta tanto en lo espiritual como en lo temporal.

Tiene, pues, Derecho a examinar y a aprobar a la persona elegida para ocupar el Imperio.

El Emperador recibe del Pontífice la unción, la consagración y la corona.

Pero cuando, en la baja Edad Media, empieza a conocerse el Derecho Romano y, después, La Política de Aristóteles, los partidarios de Federico II (averroístas) vuelven a la carga con el objetivo de conseguir la separación de poderes y la secularización completa del poder político.

Posteriormente el conflicto será entre Felipe el Hermoso y Bonifacio VIII, entre los legistas reales y los canonistas pontificios, y la teocracia se atenúa.

Y después llegará Luis de Baviera y Juan XXII, acentuándose, cada vez más, la tendencia laicista.

La crisis llegaría por el desprestigio del Papado y el reforzamiento del poder de los príncipes, ya en el siglo XIV y XV, donde van consolidándose las monarquías absolutas o estados modernos.

También la llegada de la Reforma Protestante (Lutero y Calvino), contra el Papado, fue un apoyo indirecto a los príncipes.

Allí estaría Guillermo de Ockham (Occam) y Marsilio de Padua, el “defensor pacis”, atacando a la supremacía pontificia y defendiendo la autonomía del poder civil como un estado organizado, con fines y medios propios, libre de toda intervención exterior, ajena.

De Marsilio de Padua se derivan las teorías democráticas y naturalistas del Renacimiento.

La ola sigue con las guerras de religión (católicos vs protestantes) llegando a la Paz de Westfalia (1.648) con el principio “cuius regio eius religio”, es decir, cada príncipe puede imponer su religión a sus propios súbditos, prohibiendo todas las demás, constituyendo “estados confesionales”, lo que conlleva, muchas veces, “intolerancia religiosa”.

En las Monarquías Absolutas Católicas, teóricamente, se instala el dualismo de poderes pero, realmente, el poder civil controla la vida de la Iglesia.

Es el sistema denominado “regalismo”, es decir, Derecho divino del poder real y de aquí la intervención del monarca en asuntos de la Iglesia (nombramiento de obispos , el “pase regio” (ningún documento procedente de la curia romana podría publicarse o ejecutarse en el reino, sin el Visto Bueno del Rey), poder someter a juicio de los tribunales del Rey las sentencias de los tribunales eclesiásticos,…)

5.- EL YUSNATURALISMO (IUSNATURALISMO)

(En otro documento)

(Ya en la Ilustración se aprobará la Libertad de Religión, que quedará recluida en cada individuo, como un asunto privado.

(Luego habrá que esperar al Estado Liberal, en el que la separación se aplicará en cada país a su manera, según sus tradiciones.)

(Los modelos posteriores serán: confesional, pluriconfesional, aconfesional, laicos.

 

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