miércoles, 19 de junio de 2019

LAS CUATRO MANZANAS ( 2 ). LA MANZANA DE GUILLERMO TELL



  MANZANA, LA DE GUILLERMO TELL.

Es la manzana símbolo de la libertad, de la resistencia y de la independencia, tanto individual como nacional

Seguramente que, como la anterior, es una leyenda, un mito, una “falsa realidad”, pero que se ha convertido en el símbolo de y para Suiza.

Corría el siglo XIV.
Los cantones suizos querían independizarse de Alemania, donde reinaba la familia-dinastía de los Habsburgos.

El gobernador alemán en Suiza, representante del rey alemán, había colocado en la mitad de la plaza, a la entrada del puente y colgado de un palo, su sombrero (representando al rey alemán) ante el que tenía que descubrirse, inclinarse y hacerle una reverencia todo aquel suizo que por allí pasase reconociendo, así, la autoridad de su rey.

Ocurrió que pasó por el puente, con su hijo de la mano, Guillermo Tell, un buen cazador, un buen padre y una persona muy bien considerada entre sus paisanos, pero, al pasar junto al sombrero, ni tan siquiera se descubrió, hecho que fue comunicado inmediatamente por los soldados al gobernador, el cual decidió requisarle la ballesta, los dardos y detenerlo, apartándole de su hijo.

Ante la protesta de Guillermo Tell el gobernador le hizo una apuesta:
“Te devolveré a tu hijo y quedarás en libertad si, como tienes fama de buen tirador, atraviesas una manzana colocada sobre su cabeza”.

Guillermo Tell aceptó el reto y pidió que le devolviesen la ballesta y dos dardos.

El gobernador, entonces, solicitó que le trajeran una manzana.

Los soldados colocaron al niño apoyado sobre un árbol, con la manzana sobre su cabeza.

Los suizos que habían presenciado todo el espectáculo, se mostraron expectantes y temerosos por el peligro que suponía para el niño.

Tomó la distancia que el gobernador le obligó, se distendió, apretó sus pies contra el suelo, abrió, tensándola, la ballesta, colocó uno de los dardos, se concentró durante unos segundos, atinó y… disparó.

El dardo atravesó la manzana quedando clavada en el árbol.

La gente clamó un sonoro “bien”.

El gobernador no tuvo más remedio que devolverle a su hijo y dejarlo en libertad.

Pero, a continuación, quiso salir de una duda preguntándole que, si tan seguro estaba de acertar con el primer dardo, por qué había solicitado un segundo.
A lo que Guillermo Tell contestó que para dispararlo contra quien había ordenado que disparara el primero.

Por lo que se cuenta, por esta osadía, el gobernador mandó encarcelarlo.

Poco tiempo después Suiza conseguiría la independencia, excarcelaría a Guillermo Tell y lo consideraría el héroe y símbolo de la resistencia, de la libertad y de la independencia del pueblo suizo.

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