domingo, 18 de marzo de 2018

HISTORIA SAGRADA (A MIS AMIGOS LOS CREYENTES) (1)


Una (no la única ni principal) de las ventajas de estar jubilado del trabajo oneroso es la cantidad de tiempo libre de que se dispone y que, cuando terminas de leer un libro, coges la escalera y te subes y llegas a los estantes más altos del despacho, allí donde la vista apenas llega y la mano no, y das con ese libro que una vez (ni idea de cuándo) leíste, lo tomas en tus manos y te bajas de la escalera dispuesto a releerlo y, sirviendo de plantilla, escribir sobre él.

Estoy refiriéndome a “La sexualidad en la Santa Biblia”, de Frederik Koning, de 1.976 (y que me costó 250 pesetas)
Se habla en él de la sexualidad, desde su grandeza como un don de Dios, hasta de su depravación.

La Santa Biblia trata el tema de la sexualidad con un realismo integral, desde su grandeza (que pone en manos de los ángeles y, de hay, nuestro particular y exclusivo Ángel de la Guarda) hasta de su depravación, que está en manos, o en poder, del diablo, que intentará constantemente tentar a los hombres y por lo que, en el Padrenuestro, le pedimos a Dios que “no nos deje caer en la tentación”

Cuando en una civilización o cultura apuesta por el hedonismo, y se dedica y se desvive por la búsqueda y consecución del placer, de lo excitante y se arrincona cada vez un poco más lo espiritual, lo trascendente, lo sobrenatural, está comprando los bonos para su desaparición.

Por lo general, las civilizaciones-las culturas, que tienen un principio (aunque sea difuso) – un desarrollo – una cima – un declive y, finalmente su desaparición, generalmente engullida por otra que inicia el recorrido, comienza a enfermar (y con metástasis) cuando degeneran las costumbres, cuando se generaliza el libertinaje y el descontrol, cuando se gasta toda la reserva de energías, se debilitan todas las estructuras y comienzan a contaminarse.

Y si a ese auge del hedonismo se le suma el desarrollo tecnológico como un factor más de hedonismo (como podemos visualizarlo en el mundo actual) estamos poniendo en cuarentena y trasladando a los cuarteles de invierno a todos los valores humanos, a todo lo trascendente, siendo ciegos para el futuro, de tanto visualizar el presente.

Cuando el sacerdote, en la misa, lee un texto cualquiera de la Biblia y, al terminar, dice “Palabra de Dios” está manifestando su creencia (y la de muchos (si no todos) de los asistentes al acto religioso de que lo expresado es “Verdad, Toda la Verdad y nada más que la Verdad” porque es “palabra de Dios”, una revelación de Dios al pueblo hebreo, (el pueblo elegido), que es lo que se muestra en la Santa Biblia,

La Biblia, como cualquier creyente cristiano sabe (o debería saber) está compuesta de dos grandes bloques: el Antiguo Testamento (que consta de 46 libros) y el Nuevo Testamento (27 libros).
Total, pues, 73 libros.

El Antiguo Testamento, a su vez, está compuesto por: 1.- El Pentateuco (5 libros: Génesis, Éxodo,…) 2.- Libros históricos (16). 3.- Libros Sapienciales (7), 4.- Libros Proféticos Mayores (6) y Menores (12).
Total: 46

El Nuevo Testamento, a su vez, está compuesto por: 1.- Evangelios (4). 2.- Hechos de los apóstoles (1). 3.- Cartas de San Pablo (13). 4.- Carta a los Hebreos (1). 5.- Cartas católicas (7). Y 6.- Apocalipsis (1).
Total: 27.

Si uno los lee detenidamente el Antiguo Testamento observará varias cosas: los celos de un Dios, la creencia de un pueblo errante, el poco o nulo valor de la mujer y todo un tratado de la sexualidad.

Leer todo lo que allí se dice, en nombre de Dios, sobre la prostitución, el machismo, el antifeminismo,…desconcierta a uno pensar que eso sea “palabra de Dios”.

Lo que el Antiguo Testamento expresa no es Historia, sin más, sino una “agio historia” en la que se manifiesta cómo su Dios conduce a su pueblo, a través del desierto, y muerto de hambre, a una tierra prometida (donde “corren ríos de leche y miel”), que ya se encuentra ocupada, habitada, y cuyos ocupantes habrá que exterminarlos (si puede ser) o, al menos, echarlos.

Es la agiohistoria de la “preparación y de la espera de la llegada del Mesías” para redimirnos del pecado universal, humano, por la desobediencia de nuestros primeros padres, allá en el paraíso.

¿Y el Nuevo testamento?, ¿el de Nuestra Era?, ¿el de la llegada o venida de Dios a la tierra?, ¿el de la “parusía”?


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