martes, 9 de junio de 2015

JESÚS DE NAZARET (7) ZELOTE? ESENIO? FARISEO?



Fue hijo de su tiempo, no era un personaje caído del cielo, era un judío piadoso que creía en la ley de Moisés.
Lo normal, pues, que perteneciera a alguno de tantos grupos o sectas que pululaban, entonces, por la Palestina ocupada por los romanos.
Tres eran, entonces, las sectas a las que podría haberse afiliado: 1.- La de los Zelotes o nacionalistas, 2.- la de los Fariseos, 3.- La de los Esenios.

ZELOTE?

Los Zelotes se oponían, incluso con la fuerza, a la dominación romana de Israel y tenían su origen en Galilea, donde había nacido Jesús. Eran unos (podríamos llamarlos) guerrilleros y uno de los doce discípulos había sido o militado con los Zelotes.
Muchos estudiosos de Jesús lo consideraron Zelote, empeñado en la liberación de su pueblo del yugo romano. Sobre todo los movimientos revolucionarios, que lo veían más que como un líder religioso un líder político que había dirigido un movimiento de liberación de Palestina.
Hoy es difícil de defender esta teoría aunque no obsta para que simpatizara con los Zelotes y albergase sentimientos nacionalistas, como todo buen judío, al ver a su pueblo sometido al yugo romano.
Jesús le reprochaba a sus discípulos más belicosos, que querían usar la espada, que Él había venido a traer la paz y no la guerra,

Esenio?

Cuando se descubrieron, en 1.947, los famosos documentos de Qumrán, una localidad situada en Palestina, en las proximidades del Mar Muerto, se pensó que Jesús podía haber sido uno de los líderes de dicha comunidad religiosa, que ponía en entredicho algunos elementos de la religión judía.
Se pensó, incluso, que la doctrina de Jesús, tal como aparece en los Evangelios podía haber sido la doctrina de los esenios y que, por lo tanto, el cristianismo primitivo habría tenido origen en Qumrán.

Eran cientos de pergaminos que se habían conservado sin manipulaciones desde hacía más de 2.000 años y que se habían descubiertos por casualidad, cuando un pastor, buscando a una cabra que se le había perdido se encontró con una cueva en la que halló algunas ánforas con manuscritos en hebreo, en arameo y hasta en griego.
Las excavaciones posteriores aparecieron muchas más cuevas y muchos más documentos.

Sobre dichos documentos se especuló demasiado, incluso antes de conocer su contenido, y el Vaticano entró en pánico, porque Jesús podía haber sido el famoso Maestro de Justicia de quien se hablaba en dichos documentos de los monjes esenios de Qumrán.
Se trataba de una escisión radical de la conocida secta de los esenios que existía desde hacía varios siglos antes y que duró hasta el año 68, cuando los esenios fueron destruidos por las tropas de Tito y Vespasiano, tras la caída del segundo templo de Jerusalén.

Con esos documentos podría haberse tambaleado toda la originalidad del cristianismo, al no ser más que una continuidad histórica de aquella comunidad crítica con el judaísmo tradicional.
Hasta que se conoció su contenido y se respiró tranquilamente, porque eran, sólo, simples reproducciones de algunos libros de la Biblia, las Reglas de aquella comunidad y discusiones teológicas sobre los libros sagrados de las Escrituras.
Fue, entonces, cuando pudo conocerse la vida y la doctrina de aquellos esenios radicales, algunos de los cuales eran sacerdotes que observaban el celibato y vivían en una especie de monasterio, alrededor del cual, en edificios separados vivían los casados y muy poco tenía que ver con la vida y doctrina que Jesús impartía a sus discípulos.

Jesús, pues, no habría sido un esenio (que habrían sido unos 4.000) y menos el promotor de la escisión.
Pero los documentos sí sirvieron para conocer mejor la vitalidad religiosa de los tiempos de Jesús, la interpretación que se le daba a ciertos pasajes de la Biblia y la discusión teológica en torno a la religión judía tradicional de saduceos y fariseos.

Los esenios de Qumrán eran un grupo radical que ponía en cuestión la eficacia de los sacrificios de animales que se realizaban en el Templo y la legitimación de la casta sacerdotal judía tradicional.
Eran monjes elitistas que se consideraban como los hijos de la luz en contraposición a los otros, que eran los hijos de las tinieblas.
Pero todos ellos eran judíos y circuncidados.
Creían en la inminencia del fin del mundo y para ellos el enemigo no eran los romanos, como para los Zelotes, sino el mal, el pecado y Satanás, al tiempo que creían que el Dios de Israel acabaría venciendo a la muerte.

Son muchas las diferentas entre los esenios y el cristianismo como para suponer que éste naciera de aquel, pero al mismo tiempo había coincidencias por lo que no se descartaba cierto influjo esenio en la predicación de Jesús.

DIFERENCIAS ENTRE LOS MONJES DE QUMRÁN Y JESÚS.

En primer lugar, que Jesús nunca fue un monje y que nunca vivió con sus discípulos en ningún monasterio. Era un predicador itinerante, en contacto con la gente, sobre todo con los más humildes

En segundo lugar, los esenios rechazaban a todos aquellos que fueran paganos o gentiles, es decir, los no pertenecientes a la fe judía.
Jesús, y más tarde el cristianismo, fueron todo lo contrario, una religión universal, que no cerraba puertas a nadie, porque Dios era Padre de toda la humanidad.
De hecho, a San Pablo se le conoce como el Apóstol de los Gentiles.

En tercer lugar, los esenios practicaban unas reglas internas muy severas mientras Jesús nunca dio regla alguna a sus discípulos, ni permitía que ayunaran o hicieran sacrificios.

En cuarto lugar los elegidos de entre la comunidad esenia eran todos célibes, los apóstoles de Jesús eran todos casados menos uno.
¿Estuvo casado Jesús? (de momento vamos a dejarlo en el aire, pero, como buen judío es raro que no lo estuviera)
Pero Jesús nunca exigió el celibato a los suyos y Él mismo fue enormemente libre en su trato con las mujeres, incluso con las prostitutas, en una época fundamentalmente machista en la que la mujer era la gran excluida de la sociedad y sólo contaba como madre de sus hijos.

En quinto lugar. Entre los esenios regía la norma de excluir de la comunidad a cuantos tuvieran algún defecto físico: “todo idiota o loco, todo simple y tartamudo, aquellos cuyos ojos no ven, el cojo o tambaleante, el sordo, el niño menor de edad, ninguno de ellos entrará en la comunidad”.
Jesús era todo lo contrario, tenía preferencia por los lisiados, los enfermos, los leprosos, los endemoniados, los ciegos, todos aquellos a los que la sociedad dejaba en la cuneta.
No es que los buscase, es que, cuando los veía, si apiadaba de ellos y no sólo no los rehuía, sino que, compadecido, los curaba.
Aunque, posteriormente, la Iglesia le cerrase la puerta de recibir la ordenación sacerdotal a los que mostrasen algún defecto físico, entre los que figuraba la falta de testículos.

(Anécdota. Parece ser que en Andalucía, en un seminario existía un seminarista al que le faltaba un testículo pero que, al parecer, era el mejor alumno del curso y deseaba ordenarse sacerdote. Consultado el Arzobispo contestó: “habría que dejar que se ordene porque para lo que le va a servir ese testículo… y se ordenó)

Si no me equivoco, ahora mismo la Iglesia no deja ordenarse sacerdote a los contaminados con el virus del Sida (gesto machista).


SEMEJANZAS.

Tanto Jesús como el Maestro de Justicia de la secta esenia se consideraban enviados especiales de Dios.
Ambos fueron críticos con el judaísmo oficial y contra el Sacerdocio del Templo de Jerusalén.
Ambos movimientos son de corte apocalíptico. Creían en un inminente fin del mundo y en la llegada de un Mesías que rescatara a Israel de todos sus males.
Igualmente, la costumbre de poner los bienes en común, tanto para gastos de la comunidad como para dar limosna a los pobres. Algo que heredarían las primeras comunidades cristianas, pero que, pronto cayó en desuso por disputas y recelos de esa práctica.

¿FARISEO?

Jesús era simpatizante de esta secta y es muy probable que formara parte de la misma, porque las doctrinas de ambos son muy parecidas.
José de Arimatea, el que prestó su tumba para que lo enterraran allí, era fariseo.
Y fueron algunos grupos de fariseos quienes avisaron a Jesús para que huyera, tras haber sabido que Herodes lo buscaba para matarlo.
Pero, entonces, ¿por qué los cuatro evangelios hablan tan mal de ellos, como sus grandes enemigos y perseguidores?
Porque cuando se escribieron los evangelios las primeras comunidades cristianas empezaban a separarse de sus raíces judías para entrar en contacto con paganos y gentiles, entre ellos los romanos.
Y los fariseos, que era el grupo dominante del judaísmo no veían con buenos ojos esa apertura del judeo-cristianismo hacia una religión universalista, persiguiendo con dureza a los judíos cristianos, impidiéndoles seguir entrando en la sinagoga como habían hecho hasta ahora los judíos circuncidados convertidos a Jesús.
Estando así las cosas los evangelistas achacaros a los fariseos del tiempo de Jesús (que eran muy diferentes a los de ahora) lo que estaba ocurriendo ahora.
Así, todos los ataques que tuvo Jesús en su vida, ahora, todos se los achacaron a los fariseos, como si aquellos hubieran sido como éstos.
Y es que aquellos fariseos eran una secta más bien liberal, dentro del judaísmo y que hasta creían en la resurrección de los muertos.
Los auténticos enemigos de Jesús fueron, no los fariseos, sino los “saduceos”, que representaban a la oficialidad del Templo.

Lo más seguro es que Jesús tuviera disputas con los fariseos, sobre todo con los que eran más legalistas y se paraban más en la letra que en el espíritu de la Ley, pero no que fueran sus máximos enemigos.
De hecho, en el proceso contra Jesús y que lo llevaría a la condena a muerte en la cruz, nunca aparecen involucrados los fariseos que, en vida, muchos de ellos hasta lo habían invitado a comer.
De los evangelistas procede hacer sinónimos, con el mismo significado, “hipócrita” y “fariseo” que ponen en boca de Jesús.
Si Jesús no hubiera sido fariseo éstos no se habrían parado a discutir con Él. Lo habrían despreciado y dado de lado, como un loco más que se hacía pasar por el Mesías.

Hoy se sabe que muchas de las expresiones que se ponen en boca de Jesús pertenecían a la doctrina liberal de los fariseos.
Como “el sábado fue creado para…”, que los propios fariseos rebatían contra los grupos más tradicionales, que consideraban el sábado como de un descanso estricto, total.
Igualmente el “no hagas a los demás….”
Igualmente, los fariseos rechazaban la práctica del “ojo por ojo…”, que también Jesús lo puso en entredicho al predicar el perdón y el amor a los enemigos.
Y es que los fariseos, además de la ley escrita defendían una tradición oral, no codificada, entre la que figuraba que la circuncisión realizada en el octavo día no quebrantaba el sábado.

Jesús, pues, aunque no perteneciera de forma estricta a la secta de los fariseos, por lo menos la conocía muy a fondo y había adoptado no pocas de sus doctrinas.

¿FUE ORIGINAL SU DOCTRINA?

Prácticamente ninguna de las afirmaciones hechas por Jesús es totalmente original. Ni siquiera la del amor a los enemigos.
Lo que sí hizo Jesús fue arremeter contra la interpretación estrecha y legalista que hacía el grupo conservador de los saduceos de ciertos textos de las Escrituras y de las Leyes (como ocurrió en el Concilio Vaticano II entre progresistas y conservadores)
Jesús hacía lo que los fariseos progresistas, pero iba más allá que ellos. Huía de todo lo que era sumisión a la letra de la ley para dar valor al espíritu de la misma.
Jesús nunca estuvo contra el descanso del sábado, pero sí contra las degeneraciones y caricaturas del mismo (vigentes, incluso hoy, en los religiosos ortodoxos más tradicionales, como no poder encender la luz eléctrica en sábado o no poder dar cuerda al reloj, por considerarlo un trabajo.

El espíritu del sábado era muy positivo. Se trataba de prohibir toda actividad que impidiera dedicar el día del Señor a la oración y a la meditación.
Ni siquiera estaba permitido cocinar, para no restarle tiempo a las actividades del espíritu. Por eso se cocinaba el día anterior.
Y así debió ser el domingo cristiano. Hasta haber degenerado y ser el domingo cuando más se trabaja, sobre todo en ciertas actividades.

También los saduceos habían llevado el descanso sabático a tales extremos que, si a un pobre campesino, se le caía el burro, que era su única riqueza, a un pozo, tenía que dejarlos morir, no pudiendo sacarlo, porque era un trabajo o esperar al día siguiente.
O si alguien tenía hambre el sábado no podía coger espigas.


Jesús, pues, no arremetió contra la religión de sus padres y de su pueblo, sino contra las exageraciones de los puritanos de aquel tiempo, que ponían la letra de la ley sobre el espíritu de la misma.

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