miércoles, 21 de diciembre de 2016

ACOMPAÑANDO A J.L. SAMPEDRO (5) LA IPSOTERAPIA

IPSOTERAPIA.

Una palabra nueva para mí y que nunca había oído ni visto escrita.
Y eso que, de mis tiempos de estudiante, recuerdo que “ipso” proviene del latín “ipse-ipsa-ipsum”, que significa “uno mismo”, “el mismo”, y “terapia” proviene del griego “therapia” y que significa “curación”, “terapia”.

“Autocuración”.

Pero, claro, uno también acostumbrado a las raíces griegas y “autós-é-on” significa “propio”, “uno mismo”.

Creo que es lo mismo “ipsoterapia” que “autoterapia”.

Que me corrijan los filólogos que haya en la sala

Luego me informa el editor de la obra que “ipsoterapia” es un término inventado por Sampedro para designar una terapia psicológica que persigue la propia identidad más allá de los condicionamientos y clichés.

Y es verdad que somos el resultado, la imbricación del yo y la circunstancia orteguianas “y si no la salvo a ella, no puede salvarme yo” –como él mismo afirma.
Y las circunstancias en las que hemos estado navegando, obligatoriamente, durante milenios han sido las impuestas social y moralmente por la Iglesia Católica Apostólica y Romana y que no han sido las ideales, por la cantidad de tabúes que han ido encastrándose en nuestra mente y que, oponiéndose a ellos era tarea de héroe y de mártir, socialmente crucificado.

“En nombre de creencias religiosas la satisfacción del instinto sexual se prohíbe salvo en el restrictivo marco del matrimonio (eclesiástico) monógamo e indisoluble, regulado, además, en su ejercicio con preocupación, sobre todo, utilitaria y procreadora”.

Así se nos crea la enfermedad, en forma de tabú, y de la que podemos autocurarnos.

“La esperanza (de autocuración) es cierta, sobre todo frente a la moral tradicional” religiosa.

La juventud actual ya se ha desprendido de esos tabúes y las relaciones íntimas, en vez de ser la excepción, es la norma, una vez desprendidos del tabú del sexo fuera de ese matrimonio tan predicado y exigido.
Porque, recordemos (yo al menos y en mis tiempos de adolescente) el gran pecado era el pecado sexual, ya no “hétero” (y nada digo del “homo”), sino hasta los malos pensamientos, las malas intenciones y las malas palabras, así que practicarlo era…
Y, cuando era sólo el autoplacer, el orgasmo personal, las preguntas eran: “¿cuántas veces? (y a veces) ¿dónde? Y ¿pensando en quien?”.

Pero “como la realidad económica y social no permite ese enlace “hétero” hasta mucho después de la pubertad, se reprime así, durante años, el natural deseo, se fuerzan las transgresiones y se crean miedos y sentimientos de culpa”

Cuando se supera todo ello es cuando uno está curándose, porque eso era y es una enfermedad, no fisiológica (no es que por follar o meneársela (perdón, por usar tales vocablos entendibles por todos) se resentirá la columna vertebral y la médula sufriera merma y el que lo practicara podía quedarse tullido, como Juanito (el chiquillo del pueblo) por culpa de él o de sus padres, siempre consecuencia del pecado, cuya consecuencia se heredaba y nadie quería ser responsable de que tus hijos vinieran a este mundo de esa manera.

¡Qué comedura de coco¡ ¡Qué esquema mental y moral fueron incrustándose en nuestra mente y que direccionaban nuestro obrar sexual¡

La ipsoterapia también puede ser inducida, desde fuera, con una nueva educación en valores.

“La ipsoterapia es ayudar a cada cual a vivir de acuerdo con su ser auténtico y su derecho a realizarse, sin más restricciones que el respeto a los demás”

En la sexualidad, tanto heterosexual como homosexual, todo está permitido si los intervinientes así lo aceptan, si no se ponen límites porque puede producirse daño.

La ciencia actual ha venido en ayuda de la ipsoterapia, y contra la doctrina moral de la religión católica, desanudando la supervivencia de creencias y de prejuicios arcaicos que asfixian, cada vez más, al libre desarrollo de las potencialidades humanas

Efectivamente, nada más ajeno al conocimiento científico que lo hasta ahora proclamado por la Iglesia Católica como una moral natural, siendo lo más antinatural que uno pueda imaginarse, el conflicto entre los instintos naturales y los condicionamientos culturales impuestos, que eso y no otra cosa son esas pretendidas verdades religiosas.

“Frente a estas creencias la Ipsoterapia prefiere reconocer la licitud de las parafilias y, salvo en casos realmente patológicos, hace ver al supuesto enfermo que comportarse según su ser, sin daños para otros, es simplemente atenerse a la ley natural de la vida humana”

Con lo que no puedo estar más de acuerdo.


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