lunes, 3 de julio de 2017

EL AMOR EN SAN AGUSTÍN (2) ADVERTENCIAS DE FLORIA EMILIA

LA VIDA ES BREVE, DEMASIADO BREVE.

Y tal vez sólo vivimos aquí y ahora.
Si fuera así, espero que no hayas estado dando la espalda a esos días, que al fin y al cabo tienen luz, para adentrarte en un oscuro y siniestro laberinto del pensamiento del que yo no puedo rescatarte.

No vivimos eternamente, Aurelio. Eso significa que debemos aprovechar los días que nos son entregados.

Pienso que has de estar agotado después de todo cuanto te ha sucedido, completamente agotado; no intentas ocultarlo.
Ojalá me regalaras a mí, quiero decir al mundo de los sentidos, algunas horas de tu vida sobre la tierra.

¡Sal fuera!, Aurelio; “sal afuera¡ y túmbate bajo una higuera. Abre tus sentidos, aunque sólo sea por una última vez! Hazlo por mí y por todo lo que nos dimos el uno al otro. Respira hondo, escucha el canto de los pájaros, mira el firmamento e inhala todos los olores. Todo eso es el mundo, Aurelio, está aquí y ahora.

Aquí, ahora.

Has estado en el laberinto de los teólogos y los platónicos. Pero ya no, has vuelto a casa, al mundo, al hogar de los seres humanos.

¡El mundo es tan grande, y sabemos tan poco de él…!

También la vida es demasiado breve.

¿No recuerdas que decías cosas parecidas cuando aún leías a Cicerón? (EL Hortensius, el primer libro que lo introdujo en la Filosofía).

Tal vez no exista ningún Dios que negocie con nuestras pobres almas.
Tal vez exista un Dios cariñoso que nos ha creado el mundo para que vivamos en él.

¡Ay¡, Aurelio, si estuvieras tumbado ahí fuera bajo la higuera, con uno de sus frutos en la mano, yo acudiría a besar tu frente cansada. Aplastaría esa horrible y forzada palabra «continencia», pues es verdad que aún pesa como un yugo sobre tu mente.

Quizá lo único capaz de salvarte sea un abrazo mío.

¿Por qué habrá tanta distancia entre Cartago e Hipona Regia?

…..Tengo miedo, Aurelio. Tengo miedo de qué puedan llegar a hacer algún día los hombres de la Iglesia a mujeres como yo.
No sólo por ser mujeres sino porque, creadas por Dios como tales, os tentamos a vosotros, tal y como Dios os ha creado, como hombres.

Piensas que Dios ama más a los eunucos o castrados que a los hombres que aman a una mujer.

Ten cuidado, pues, con alabar la creación de Dios, porque Él no ha creado al hombre para que se castre.

…..Siento escalofríos porque temo que lleguen tiempos en los que las mujeres sean asesinadas por hombres de la Iglesia de Roma.

Pero ¿por qué se las habría de matar, honorable obispo? Porque os recuerdan que habéis renegado de vuestra propia alma y atributos, pensáis. ¿Y en favor de quién?
En favor de un Dios, decís, en favor de Él que ha creado el firmamento que os cubre y la tierra sobre la que viven las mujeres que os dan a luz.

Si Dios existe, que Él os perdone.

Tal vez un día seréis juzgado por todos esos placeres a los que habéis dado la espalda.

Negáis el amor entre hombre y mujer. Eso tal vez pueda perdonarse. Pero no olvides que lo hacéis en nombre de Dios.

LA VIDA ES BREVE y sabemos demasiado poco.

Pero si fuiste tú quien se ocupó de que me llegaran tus Confesiones para que las leyera aquí en Cartago, la respuesta es NO: NO recibiré el bautismo, honorable obispo.

No temo a Dios.

Tengo la sensación de que ya vivo con Él.

¿Acaso no fue Él quien me creó?

Tampoco es el Nazareno quien me detiene, tal vez Él fue realmente un hombre de Dios.

 Además, ¿no fue Él justo con las mujeres?

Son los teólogos los que me inspiran temor.

Que el Dios del Nazareno os perdone por toda la ternura y amor que rechazáis.

Yo he hablado y he redimido mi alma.

¡Y ahora, honorable obispo, a beber! 

Estoy sentada bajo nuestra vieja higuera en Cartago.

 Florece  por tercera vez este año, pero no da frutos.

Queda en paz.”



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