viernes, 1 de julio de 2011

EL TIEMPO LINEAL

Si alguien me preguntara cuándo nací y yo le respondiera que en Invierno, seguiría preguntándome más. Si le respondiese que era el mes de Febrero, tampoco se quedaría tranquilo, ni aunque le dijese que era el día 8, a las 12 de la mañana (según me cuenta mi madre, que estaba presente).
Quien me preguntara cuándo nací quiere saber, sobre todo, el año. Porque, una vez sabido el año, ya tiene la punta de la cuerda desde la cual medir.

Es nuestra concepción lineal del tiempo y de la historia, una influencia judeo-cristiana que viene exigida por la religión y su Dios creador.
Una concepción tan distinta a la concepción cíclica que tenían los griegos.

Es absurdo preguntarse cuál es la primera de las cuatro estaciones del año, pero al nombrarlas tenemos que comenzar por una, pero no que esa una sea la primera.
Las estaciones del año se suceden unas a otras, de forma circular o cíclica. No hay primera, ni segunda, ni última. Sencillamente se suceden unas a otras de manera circular, no lineal rectilínea. Como las barcas de la noria al girar, una va delante, otra va detrás, pero no hay primera. Es el eterno retorno. Todo pasa y todo vuelve, sin parar, sin principio ni fin, el tiempo es eterno (según los griegos).

No ocurre así en la mentalidad y en el esquema judeo-cristiano. Hubo un primer momento, la creación de todo. Antes, nada. No que existiera la nada, es que nada había (cuesta imaginárselo). Igualmente, habrá un último momento, el fin del mundo, la consumación de los siglos, y después, de nuevo nada.

La historia del mundo es el recorrido entre dos nadas. Como la vida de una persona está entre el nacimiento (antes era nada) y la muerte (ya nada es).

La historia del mundo y la vida del hombre es el recorrido de la largura de una cuerda.

Fue, históricamente, un choque entre dos concepciones, entre dos paradigmas del Tiempo y de la Historia. “Todo se repite” vs “nada se repite”. “Sin comienzo y sin final” vs “creación y aniquilación”, “eternidad y modo cíclico de sucesión” vs “temporalidad y sucesión lineal rectilínea”.

Pero el Cristianismo fue más allá del judaísmo y estableció un punto intermedio entre el principio y el final, fue la venida de Cristo, la Encarnación de Dios, que se hizo hombre, como nosotros, para enderezar el entuerto que desde Adán no había parado de empeorar.
El caos y la desorientación del hombre, tras el pecado de Adán, habría hecho necesaria la venida de Dios para enseñarnos de nuevo el camino para la salvación eterna.

Tiempo de preparación para la llegada y tiempo de consumación hasta el final.

La cuerda, pues, viene dividida por el nudo que supuso la Encarnación. Si al primer segmento le corresponde el caos, el segundo viene preñado de esperanza. El Antes de Cristo y el Después de Cristo.

Ahora el hombre ya no tiene excusa. Él, siendo la Verdad y la Vida, nos ha marcado el camino. Sólo tenemos que seguirlo y quien no, se condenará eternamente.

Pero Antes de Cristo el hombre no sólo se separó de Dios, quiso, intentó, escalar hasta el cielo, ocupar el lugar de Dios, ser Dios. No otro fue la construcción de la Torre de Babel.
(Génesis, 11.3): “Dijéronse unos a otros: vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego. Y se sirvieron de los ladrillos como piedras y el betún les sirvió de cemento; y dijeron: “vamos a construir una ciudad y una torre cuya cúspide toque a los cielos”…”.

Es un desafío a Dios, ser como Él, usando la inteligencia, en su dimensión técnica, y aplicándosela a la naturaleza muerta.
Dios los confunde.
“Era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras”.
Porque (Génesis 2.19): “Dios trajo ante Adán todos cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo los llamaría y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Y dio el hombre nombre a todos…”.

El lenguaje-pegatina, el lenguaje nominativo. Cada cosa tiene su nombre, su palabra, y a cada palabra le corresponde una cosa”.

Y dijo Dios (ante el desafío de Babel): “bajemos, pues, y confundamos su lengua de modo que no se entiendan unos con otros”.
Esa es la teoría cristiana del origen de las distintas lenguas.

La síntesis inicial hombre-Dios, en el paraíso, se rompió con el pecado original.
El hombre intenta, por sí mismo, la superación de esa ruptura, usando su inteligencia y actuando sobre la naturaleza. No lo consigue. El caos y la desorientación se instalan entre los hombres. Dios se apiada. Baja a la tierra, encarnándose. Sólo así puede reiniciarse la síntesis primigenia.

Al tiempo de desesperación (a.C.) le sigue el tiempo de esperanza (d.C.). El hombre ya no tiene excusas.

(Sin embargo, otras religiones admiten la reencarnación, con lo que, otra vez, de nuevo,…. Como la noria, la vida sigue, aunque reencarnada.)

Para el cristiano ya no habrá más oportunidades. El tiempo, que tuvo un principio, tendrá un final. Después, la eternidad. O eternamente felices o eternamente desgraciados.

(Ahora debería seguir la Filosofía o Teología de la Historia, de San Agustín, con su teoría de las Dos Ciudades, la Ciudad Terrena y la Ciudad Celestial).

(Seguirá o no seguirá).

(P.D. Nací en 1.944)

1 comentario:

  1. Me fue de mucha utilidad para entender esto de las concepciones del tiempo. Excelente.

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