miércoles, 16 de octubre de 2019

BARUCH SPINOZA O ESPINOSA ( 6 ).MAL, BIEN, MALO, BUENO.



MAL, BIEN, MALO, BUENO.

Lo Bueno es aquello que aumenta nuestra potencia, porque Spinoza piensa que los seres humanos estamos en el mundo para actuar de acuerdo con nuestra naturaleza y la “alegría” es sentir que podemos actuar mejor, es aquello que nos da ganas de actuar unido a algún objeto exterior y, en cambio, la “tristeza” es lo que nos resta capacidad de acción y el “odio” es lo que nos mutila en nuestra posibilidad de actuar respecto a nosotros mismos y, en este sentido, es también una “pasión triste”.

Los tres afectos básicos que componen la entera estructura afectiva de los hombres son, pues, el “deseo”, la “alegría” y la “tristeza”.

En cuanto a las ideas de un Bien y un Mal absolutos, han sido instituidas en la historia de los pueblos sólo para fomentar la superstición y facilitar a los diferentes poderes públicos el ejercicio de la dominación.

Por eso, en toda su obra, Spinoza critica fuertemente a aquellos teólogos y filósofos que tratan las pasiones humanas como si fueran pecados o vicios de una recta razón.
Las pasiones son constitutivas de la naturaleza humana.
Son plenamente naturales y sólo a partir del reconocimiento de ellas se puede acceder de manera efectiva a un conocimiento verdaderamente racional.

Las dos virtudes primordiales de la Ética de Spinoza –y de cualquier ética no supersticiosa, tanto en el siglo XVII como hoy- son la “firmeza” entendida como el “deseo de conservar el propio ser activamente, o sea bajo la guía de la razón y la “generosidad”, es decir, el “deseo del individuo, guiado por la “razón”, de esforzarse por secundar a los otros y unirse a ellos con vínculos de amistad”

El problema es que la mayoría de los hombres son más pasivos y activos y se rigen por la “imaginación”, que inventa divergencias irreductibles y oposiciones feroces entre intereses en lugar de recurrir a su “razón”, que reconcilia y coopera.

Los individuos no quieren ser dueños de sí mismos en la medida en que la complejidad natural lo permite, sino dueños de las cosas y de los demás hombres, lo que es un imposible que desemboca irremediablemente en la triste impotencia del odio y de la envidia.
Por ello, colectivamente no basta con la “Ética”, que es la vía siempre individual a la sabiduría, sino que hace necesaria también una “Política” que supla colectivamente por medios pasionales (como el temor a las leyes y a la coacción armada”) las operaciones armonizadoras que la razón ejerce en quien la practica por vía de la alegría y el amor.

Contra quienes, como Hobbes, creen que “el hombre es un lobo para el hombre”, Spinoza descubre que, en el marco de una política racional, “el hombre complementa al hombre”
El otro me completa.
Yo estoy mutilado sin mi relación con los demás.
La convivencia aumenta mi poder y mejora mi vida, si está adecuadamente regida por la razón: “Nada puede concordar mejor con la naturaleza de una cosa que los demás individuos de su especie; por lo tanto nada hay que sea más útil al hombre, en orden a la conservación de su ser y el disfrute de una vida racional, que un hombre que se guíe por la razón.
Además, dado que entre las cosas singulares no conocemos nada más excelente que un hombre guiado por la razón, nadie puede probar cuánto vale su habilidad y talento mejor que educando a los hombres de tal modo que acaben por vivir bajo el propio imperio de la razón”.

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