jueves, 3 de octubre de 2019

BARUCH SPINOZA O ESPINOSA ( 2 ) LA EXCOMUNIÓN.



LA EXCOMUNIÓN.

Aunque Spinoza no acudió a escuchar la excomunión, ésta era muy dura:

“Según el juicio de los ángeles y de los santos, excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch Espinoza, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad; delante de estos libros de la Ley, que contienen 313 preceptos, la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elías profirió contra los niños, y todas las maldiciones escritas de la Ley: que sea maldito de día y de noche, maldito cuando se acueste y cuando se levante, maldito cuando salga y cuando entre; que Dios no le perdone, que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y que traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel, después de haberlo cargado con todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley”, etc

Las autoridades calvinistas, presionadas por los judíos, lo desterraron por unos meses de Amsterdam y buscó refugio en un pueblo cercano, aunque volvió pronto (pasados 3 años) y, para ganarse la vida, se dedicó al oficio de pulir cristales para aparatos de óptica.
Allí acudían numerosos amigos, entre otros, el físico Huygens, para que le enseñara a pulir lentes.

Spinoza escribió el “Tractatus theologico-politicus” correspondiendo a la traducción del “Leviathan”, de Hobbes, que el Gran Pensionario, Witt había encargado traducir al holándés.
Pero el “Tractatus theologico-politicus” se imprimió en 1.670, pero sin nombre de autor y con pie de imprenta falso.

Aunque en él proclame que: “en una sociedad libre debería ser lícito a cada uno pensar lo que quiera y decir lo que piensa” , en realidad atribuye al poder civil el derecho absoluto de someter todas las religiones, con el pretexto de lograr la paz y el cese de toda lucha religiosa.

Pero el Tractatus provocó una violenta reacción, hasta de algunos librepensadores.

La obra fue condenada como impía, perniciosa, nociva, blasfema y peligrosa en numerosos sínodos eclesiásticos, aunque Witt y sus sucesores impidieron que fuera proscrito, hasta que Guillermo III lo prohibió en 1.674.

Por la hostilidad mostrada por los habitantes se trasladó a La Haya, para buscar protección de las autoridades civiles y, como su gama iba extendiéndose, acudían a visitarle hombres de ciencia, entre otros Leibniz.

Rechazó, incluso, una cátedra que le ofrecieron en la Universidad de Heidelberg, por no querer comprometer su libertad de pensamiento y de palabra.

Fue, por este tiempo, cuando comenzó a manifestarse la tuberculosis, que lo llevaría lentamente a la tumba.

Para no ser molestado por sus hermanos de raza (y también por su salud) se estableció en el campo, en el mismo lugar en que había residido Descartes.

Allí permaneció 3 años y compuso el “Tractatus brevis de Deo, homine eiusque felicitate”, que es un resumen de su filosofía, destinado a sus amigos.

La única obra que publicó con su nombre no expone su pensamiento, sino el de Descartes, “Renati Des Cartes principiorum Philosophie…”

La primera parte de su “Ethica” que, en el 63, ya circulaba entre sus amigos y la tercera parte, aunque ya estaba acabada en el 75 no se imprimiría hasta después de su muerte.

Las noticias sobre su muerte son confusas: ¿Se habría suministrado una fuerte dosis de opio o de jugo de mandrágora?. ¿Habría mandado correr las cortinas de su lecho para que nadie le viera en los últimos espasmos de la agonía?. ¿Murió gritando: “Oh, Dios, ten misericordia de mí, pecador?. ¿Murió dulcemente, convencido de haber enseñado la verdad?

Fue enterrado un 25 de Febrero de 1.677, seguido de un cortejo de seis carrozas y con asistencia de numerosos amigos y personajes ilustres.

Recogieron sus manuscritos que fueron impresos el mismo año, en Amsterdam con el título de “B. d. S. OPERA POSTUMA….” (que comprenden el “Tractatus de intellectus emmendatione”,  la “Ethica ordine geometrico demonstrata”, el “Tractatus theologicus-políticus”, la “gramática hebrea” y las “cartas”

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