domingo, 31 de diciembre de 2017

16.- LA MUJER EN EL FTANQUISMO: EL GINECÓLOGO.

EL GINECÓLOGO.

Es el mejor amigo de la mujer.

Le pregunto a la RAE por “ginecología” y me dice que es: “Parte de la medicina que trata de las enfermedades propias de la mujer”.
Y, sencillamente, no es verdad.

El ginecólogo es el único especialista que “sólo” ve a mujeres, pero no sólo a las enfermas, también a las sanas. Ve a personas del sexo femenino, enfermas o sanas.

¿Acaso son enfermedades el embarazo y su control, la menstruación, la menopausia,…?

Lo que sí es cierto es que, durante casi toda la historia, la ginecología era practicada sólo, o casi sólo, por varones, por lo que el machismo contaminaba el trato con las mujeres.
Así que la “ginecología” era, en realidad, “ginecopatía”.

Para los primeros ginecólogos “Propter solum uterum, mulier est id quod est” (“la mujer es lo que es sólo por el útero”)

El “Informe Kinsey”, sobre la conducta sexual de la mujer, de 1.953 no irrumpe en España hasta, al menos, 1970.
Y es porque en España no estaba ocurriendo lo que sí ocurría en la sociedad norteamericana: la emancipación sexual y económica progresiva de la mujer, la influencia de la teoría y descubrimientos de Freud, y la exposición de los jóvenes a otras culturas diferentes en el intermedio de las dos guerras mundiales.

En España nada de eso ocurría y la Iglesia, como guardiana de la fe, de la moral y de las costumbres, en consonancia y connivencia con los poderes del Estado franquista, se encargaba de tener la cuerda sujeta y atada en corto.

En España teníamos a López Ibor (no me digáis que no habéis leído alguna de sus obras, como “El Libro de la Vida Sexual”) y dogmatizaba: “Kinsey vino a demostrar que el comportamiento del hombre y de la mujer norteamericanos se hallaban más cerca de la “perversión” que de la “normalidad”, donde se muestra la propia ideología del Psiquiatra español.

La mujer en la casa y en la cocina, con “sus labores”, sus hijos, en su recinto interior, con el paseo de los domingos tras la misa de 12, y del brazo de su marido, sin autonomía económica, sin poder trabajar fuera sin permiso expreso de su marido, sin poder abrir una Cuenta Corriente, sin… sin…
Siempre heterónoma.

¡Qué bien lo había manifestado la malagueña Victoria Kent (frente a Clara Campoamor) oponiéndose al voto femenino mientras estuviera tutelada y sometida al cura, al patrón y al marido¡
¿Qué podía votar, libremente, la mujer frente a esos tres poderes?
El cura la condenaba, el patrón la despedía, el marido la maltrataba si no votaba lo que ellos lo imponían.

Ahora mismo, tú escribes “Dexeus” y, automáticamente, lo asocias con una clínica barcelonesa especializada en el tratamiento de la fertilidad y de la reproducción asistida.

Y es que, sobre todo en España, la Ginecología ha sido como un nepotismo, porque abuelos, padres, hijos y nietos han seguido la tradición de ser todos ellos ginecólogos.

En España, de entre todos los ginecólogos, sólo una “rara avis”, José M. Dexeus, ya en 1.968, publica una obra titulada “Frigidez femenina”, en el que escribe sobre temas considerados escabrosos y tabúes, como la existencia del orgasmo clitorídeo, el coito hasta un mes antes del parto, las relaciones sexuales después de la menopausia,…(aunque, a pesar de todo, deja entrever una relativa ideología conservadora: “la juventud tiende actualmente, a un ejercicio prematuro de la heterosexualidad. Derriban los tabúes y con ellos arrastran muchos valores positivos de la moral sexual, porque la entrega corporal sin un positivo entronque afectivo, cubriendo las etapas tradicionales que separan el primer encuentro del altar y la noche de bodas, exponen a una vivencia de la entrega sexual como una sensación emocionante, pero en la que pueden faltar toda la ternura y el compromiso que debe acompañarla”.

Es decir, los términos “esposo-esposa”, “cónyuge” (en vez de “varón” y “mujer”) se dan por supuesto y por supuesto se da el casamiento previo en las relaciones sexuales.

Y ya en 1.968.

Los ginecólogos, en su opinión sobre la mujer, están en consonancia con la estructura socio-política de la España franquista.

¡Cuánto hemos cambiado y qué rápido hemos ido¡

Si nuestros ginecólogos del franquismo entrasen, ahora mismo, en la consulta de ginecología de un Centro de Salud cualquiera…se morirían de un infarto.



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