jueves, 19 de diciembre de 2013

3.10.- ÉTICA: LIBERTAD Y CONCIENCIA MORAL

El hombre, por ser “racional” es “libre”. Sería un absurdo psicológico tener que obrar, conocer alternativas y no ser libre para elegir una u otra.

La libertad es el poder dirigir y dominar los propios actos, la capacidad de proponerse una meta y dirigirse hacia ella.
Cuando alguien responde: “porque no me da la gana” está expresando su libertad, el por qué ha optado por ello.

Alguien, muy elocuentemente, define la libertad como “la posibilidad de decir NO cuando es posible el SÍ y de decir SÍ cuando es posible el NO”.

Es la “posibilidad de”, previa al “acto elegido”.

La libertad está relacionada con la Voluntad, no con la Inteligencia/Razón. Ésta, ante una verdad, intuida o demostrada, ante una verdad inmediata o mediatamente evidente no puede decir NO, no es libre. Sería una impostura decir que “el triángulo no tiene tres ángulos” o que “la suma de sus tres ángulos internos no suman 180 grados”.

Y si la relación de la Inteligencia/Razón es con la Verdad, la de la Voluntad es con el Bien.

Y si ante una verdad mostrada o demostrada la Inteligencia/Razón no puede decir NO, y negarla, igualmente la Voluntad, ante el Bien Absoluto no podría decir NO, no sería libre.

Ocurre, empero, que al hombre, en este mundo, lo que se le presenta son “bienes”, no “el Bien”, y ante los bienes el hombre SÍ es libre.

Pero para poder elegir, racionalmente, humanamente, el Conocimiento tiene que ser previo a la Voluntad.

“Nada es querido si, previamente, no es conocido” – dice la sentencia milenaria.

Sería absurdo obligar a alguien a que se decida por las Potuforatas o por los Votinegotos, porque su pregunta inmediata previa será saber qué son, si son comida o ropa o flores.

Antes de elegir es preciso deliberar, hacer circular por la mente las diversas posibilidades, con sus diferentes ventajas e inconvenientes.

La decisión sería parar ya esa circulación.

No es la posibilidad la que me obliga a que la elija, soy yo quien, al elegirla, la hago salir del campo de lo posible y la convierto en real.

No es que sea la posibilidad elegida la única que me atrae, pero es la que más atrae, aunque “podría” decidirme por otra.

Ante una sola posibilidad lo que hay es aceptación, no elección, no hay libertad.

Se puede optar, por otros motivos, por una posibilidad menos fructífera y menos prometedora. Se “puede”. Otra cosa es que la mayoría no lo haga.

El que elige se expone a no elegir bien, porque el peso de los motivos no es un peso cuantitativo, sino cualitativo, y mientras para uno pesa más lo sentimental para otro es lo económico, la belleza física o la sensatez,…

Pero, siempre, los actos libres son imputables al sujeto que opta porque, sin su querer, no se hubiera producido.

Quien obra es quien escoge los fines y los medios y es él quien mejor puede dar explicaciones sobre los mismos. Por qué ha optado por esos fines y por esos medios, esa es la “responsabilidad”, dar cuenta de esas elecciones.

“Libertad” y “Responsabilidad” son dos conceptos paralelos e inseparables.

He escrito, alguna vez, cómo a la estatua de la Libertad, en la costa Este de EEUU, le hace falta la de la Responsabilidad, en la costa Oeste.

¿Ante quién responder? Ante uno mismo si las consecuencias de su opción sólo le afectan a él, pero ante los demás y ante toda la sociedad si ellos se sienten afectados.

Las responsabilidades sociales también dependen mucho de las circunstancias. Lo que le pueda afectar a los demás una decisión mía, nada tiene que ver con la decisión que tome el Sr. Rajoy.

Los creyentes, además, creen que hay que responder ante Dios.

El 3 de Mayo de este 2.013, colgué en blogdetomasmorales.blogspot./ una entrada titulada “Conciencia psicológica y Conciencia Moral” (remito a esa entrada).

Si la “conciencia psicológica” es el darse cuenta de lo que está haciéndose, se ha hecho o se piensa hacer (y su opuesto es “estar o ser inconsciente de ello, no darse cuenta, como cuando uno está dormido, mareado o pierde la conciencia), la “conciencia moral” es verlo bajo el ángulo del bien y del mal.

Darse cuenta de que se está robando es condición necesaria, pero no suficiente, para calificar moralmente bueno o malo ese acto.

Son dos tipos de manifestarse la inteligencia, pero hay muchos más (inteligencia estética, matemática, musical, lingüística,…)

El Bien y el Mal moral no es el Bien o el Mal técnico o deportivo (un buen futbolista o un mal conductor) porque afecta a toda la persona, no a una o varias habilidades.

Llamar a alguien “buena persona” es calificarla moralmente bien.

La conciencia moral es una exigencia del propio sujeto, no proviene de fuera, ni de la ley, ni de la opinión pública, ni de un grupo de personas.

Muchas veces habrá que no cumplir la ley cuando ésta sea opuesta, ordene o prohíba algo que vaya contra la conciencia moral.

La moral sólo debe obedecer a “la voz de la conciencia”.

Pero (como he indicado en la entrada del blog) hay muchos tipos de conciencia moral, y debe ser educada, para que sea, además de recta, verdadera.

Una conciencia así es un una buena brújula para el Bien y un buen freno para el Mal, es el muro de contención.

Nunca puede ni debe ser una concepción subjetivista del Bien y del Mal, como nos parece o nos conviene que sea, sino como una concepción objetiva de la realidad.

No pueden tener razón D. Quijote y Sancho cuando ante unos objetos uno ve enemigos y brazos y el otro molinos de viento. Es demasiada distorsión de la realidad.

Pero observemos la conciencia moral de un terrorista y la de un pacifista, la de un tirano y la de un demócrata, la de un nazi y la de un judío, la de un borracho y la de un sobrio, la de un delincuente y la de un legal. ¿Cómo ven la realidad? ¿Quién de ellos tiene una visión más objetiva?

Si antes recordábamos que la libertad corresponde a la voluntad, debemos recordar que la conciencia le compete al entendimiento.

Por eso el hombre “puede” juzgar “bien” y “obrar mal”.

La conciencia es “condición necesaria”, pero no es “suficiente”, para “obrar bien” porque, a pesar de ella, “puede”….

Para “obrar en conciencia” hay que estar acostumbrado a obrar bien, tener “el hábito (que debe ser conseguido a base de repetición de actos) “de obrar bien”, de “ser virtuoso”.

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