jueves, 24 de mayo de 2012

LA EDAD DE ORO DEL ISLAM (1)


Alucino viendo las cotas de intelectualidad a las que llegó la civilización musulmana muchos siglos antes que lo hiciera la Europa cristiana
Alucino viendo cómo se topó con culturas superiores, las asimiló y, como abeja baconiana (no como hormiga ni como araña) fue deglutiendo, digiriendo y convirtiéndolo en manjar científico y tecnológico.
Alucino viendo el favor, tan enorme, que le hizo, con ello, a la Europa dormida intelectualmente y soñadora de paraísos celestiales a los que aspirar.
Y alucino viendo cómo los prejuicios de la sociedad cristiana europea no quiso reconocer la superioridad de la cultura/civilización musulmana. (Yo no sé qué hubiera hecho un Santo Tomás si no hubiera descubierto a Averroes, sus estudios sobre Aristóteles (casi totalmente desconocido) y su utilización para la explicación/comprensión de la religión musulmana).
El siglo de Oro español
Cuando España se encontraba en lo más alto y el sol no se ponía en la extensión de su imperio, cuando estaba en su máximo apogeo, fue en el siglo XVI, durante los reinados de Carlos I y Felipe II. Había comenzado a finales del XV (1.492) con la Toma de Granada y el descubrimiento de América, y concluirá a mediados del XVII, culminando con un Calderón de la Barca y con un Murillo.
Y la Revolución Industrial, en Inglaterra comenzaría en el segunda mitad del XVIII y durante el XIX.
PERO es que La Edad de Oro del Islam, también conocida como Renacimiento islámico se data comúnmente a partir del siglo VIII hasta el siglo XIII, (si bien algunos la extienden hasta el siglo XIV o XV).

(Utilizando como base-plantilla un texto ya editado, lo comento, lo completo, lo matizo y lo readapto, a mi manera, para resaltar y decir lo que quiero que diga)

Durante este periodo, ingenieros, académicos y comerciantes del mundo islámico contribuyeron enormemente en aspectos como las artes, agricultura, economía, industria, literatura, navegación, filosofía, ciencias y tecnología, preservando y mejorando el legado clásico por un lado, y añadiendo nuevas invenciones e innovaciones propias.
Los filósofos, poetas, artistas, científicos, comerciantes y artesanos musulmanes crearon una cultura única que ha influenciado a las sociedades de todos los continentes.

El Imperio Islámico bajo los califas. Expansión bajo el profeta Mahoma, 622-632 Expansión bajo los Califas Ortodoxos, 632-661 Expansión durante la Dinastía Omeya, 661-750.
Durante las conquistas musulmanas de los siglos VII y VIII, ejércitos de nómadas árabes establecieron el Imperio Islámico, el mayor imperio que el mundo había conocido hasta el momento (comienzos de la Edad Moderna). La «edad de oro del Islam» comenzó poco después, a mediados del siglo VIII, con la ascensión al poder de los califas abasidas y el traslado de la capital del Imperio desde Damasco a Bagdad.. Los Abasidas estaban influenciados por los preceptos del Corán y las tradiciones del Hadiz (los hadices son los relatos de la vida de Mahoma, ya se trate de sus palabras (recomendando, prohibiendo, ordenando), de sus conversaciones, de sus actos, de sus reacciones,… relatados por sus compañeros), cuyos valores se expresan en frases como: “La tinta de los científicos vale tanto como la sangre de los mártires”, donde se pone en énfasis el valor del conocimiento.
Durante este periodo, el mundo musulmán se convirtió en el centro intelectual indiscutible de la ciencia, la filosofía, la medicina y la educación, al tiempo que los Abasidas lideraban la causa del conocimiento y establecían la “Casa de la Sabiduría” en Bagdad (la Escuela de Traductores de Toledo sería, muy posteriormente, una pequeña copia de la misma).
Allí, académicos musulmanes y no musulmanes trataron de recopilar y traducir todo el conocimiento mundial a la lengua árabe. Muchas obras de la antigüedad clásica, que de otro modo se hubieran perdido, fueron traducidas al árabe para, posteriormente, ser traducidas también al turco, persa, hebreo y latín.
Durante este periodo, el mundo islámico fue un caldero de culturas que recolectó, sintetizó y avanzó significativamente en el conocimiento heredado a partir de las culturas de la antigua China, de la India, de Persia, de Egipto, del Norte de África, de la Grecia Clásica y del Imperio bizantino.
Dinastías rivales a la Abasí como los Fatimíes de Egipto y los Omeyas de Al-Ándalus también constituyeron centros intelectuales en ciudades como El Cairo y Córdoba, que rivalizaban con Bagdad.
Una de las mayores innovaciones de este periodo fue el papel (originariamente un secreto celosamente guardado por los chinos), distinto y superior al papiro egipcio y al pergamino de Pérgamo. El arte de la confección del papel fue obtenido a partir de prisioneros capturados, lo que resultó en la construcción de fábricas de papel en Samarkanda y Bagdad. Los árabes mejoraron la técnica china con el uso de la corteza de morera y el almidón.
Los musulmanes también se diferenciaron en el uso de la pluma contra la costumbre china de usar el pincel.
Sobre el año 900 existían cientos de establecimientos donde se empleaban a escribas y encuadernadores de libros en Bagdad, y comenzaron a establecerse las primeras bibliotecas públicas, incluyendo las primeras que prestaban libros. A partir de aquí, el uso del papel se propagó hacia el Oeste, hacia Fez y de allí a Al-Ándalus, desde donde sería exportado a Europa en el siglo XIII.
Gran parte de estas enseñanzas en desarrollo pueden enlazarse con la geografía. Incluso anteriormente a la presencia islámica, la ciudad de La Meca servía como centro del comercio en Arabia. La tradición de la peregrinación a la Meca la convirtió en un centro de intercambio de ideas y mercancías. La influencia de los mercaderes musulmanes sobre el comercio África-Arabia y Asia-Arabia fue tremenda.
Como resultado, la civilización islámica creció sobre la base de su economía mercantil, en contraste con los cristianos, indios y chinos, quienes construyeron sus sociedades a partir de la nobleza terrateniente agrícola. Los comerciantes musulmanes transportaron sus mercancías y su fe a China, a La India (actualmente son muchos los millones de creyentes musulmanes), y a los reinos del oeste africano, regresando de estos países con nuevas invenciones. Los comerciantes usaron su riqueza para investigar en textiles y plantaciones.
Al igual que los comerciantes, los misioneros sufíes también jugaron un importante papel en la difusión del Islam, llevando su mensaje a varias regiones. Estas regiones incluyen: Persia, la antigua Mesopotamia, Asia Central y el Norte de África, aunque el misticismo sufí también tuvo una importante influencia en partes del Este de África, Anatolia (la actual Turquía), el Sur de Asia, el Este de Asia y el Sudeste asiático.
Humanismo
Muchos pensadores musulmanes del medievo persiguieron el humanismo, el racionalismo y el discurso científico en su búsqueda de conocimiento, significados y valores. Un amplio espectro de escritos islámicos sobre la poesía amorosa, la historia y la teología filosófica muestran que el pensamiento medieval islámico estaba abierto a las ideas humanistas del individualismo, el secularismo, el escepticismo y el liberalismo.
La libertad religiosa, aunque limitada, ayudó a crear redes interculturales al atraer a intelectuales musulmanes, cristianos y judíos (maltratados por los bizantinos, debido a su “herejía”) y de ese modo plantar la semilla del mayor periodo de creatividad filosófica de la Edad Media, desde el siglo VIII al XIII.

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