jueves, 28 de noviembre de 2019

FLORILEGIO FILOSÓFICO, DE ESTO Y DE LO OTRO (1 - 1 )





LIBRES.

El Ágora para Grecia fue lo que la Comunidad Mística para los medievales y el Mercado para el Capitalismo.

Los lugares privilegiados en que los hombres se sentían/se sienten LIBRES.

Libres para dialogar, libres para rezar, libres para comprar.

Sólo los primeros fueron, realmente libres, los otros fueron y son esclavos del poder religioso y del poder económico.

BUENO/MALO.

Bueno es lo que yo siento como bueno o lo que la sociedad determina o lo que Dios manda.

Dios o yo/nosotros, no puede haber otros órganos de poder en la conciencia.
O la sumisión absoluta de la fe, o la asfixiante presión social o la absoluta libertad del sentimiento.

No puede haber otra opción  moral que la religiosa, la social o la estética, ninguna de las cuales tiene ya nada que ver con la razón, que ha sido superada por ellas.

No hay teoría moral que valga sobre otra.

La legalidad, si es racional, nos basta y nos sobra para ser ciudadanos y para llevar una vida simplemente digna.

Pero, una vez asentados en la ciudadanía, para ser feliz nos hace falta una Ética.


DIOS.

Hoy día decir “buenos días nos dé Dios”, “que Dios te bendiga o te proteja”, “que baje Dios y lo vea”, “te juro por Dios”, “a Dios rogando…” o “me cago en Dios”,….ese Dios ya no significa nada, no tiene connotación religiosa alguna.

Hoy, a Dios, la sociedad le ha dicho “adiós”

No es que haya muerto o lo hayamos matado, hemos prescindido de Él como hemos prescindido de tantas cosas en la vida, porque ha dejado de ser imprescindible para ser feliz en esta vida.

MITOS.

El mito es un medio, bien para desvelar una realidad demasiado profunda para caber en el discurso lógico, o bien para que le demos el visto bueno, el marchamo de auténtica realidad a una invención o un indicio edulcorado que, por interés, se quiere que sea considerado como realidad por los otros.

Ahora mismo estoy escribiendo y colgando en mi blog “el mito de la na(ti)vidad”, en que, sobre un hecho real, el nacimiento de un niño, como nacen todos los niños, de una madre paridora, se monta “todo un Belén” (y nunca mejor dicho) como si fuera un milagro y considerarlo como Salvador.

LA VIDA, LA EVOLUCIÓN, GAIA.

La visión de la evolución como una lucha crónica y encarnizada entre individuos dentro de la misma especie y de las especies entre sí, que no es sino la distorsión popular de la idea darwiniana de “la supervivencia de los mejor dotados” se desvanece con la nueva imagen de cooperación continua, estrecha interacción y mutua dependencia entre distintas formas de vida.

La vida no ocupó la tierra tras un combate, sino extendiendo una red de colaboración por su superficie.

Las formas de vida se multiplicaron y se hicieron cada vez más complejas, integrándose con otras, en vez de intentar hacerlas desaparecer.

Todo ser vivo debería ser contemplado como un microcosmos, un pequeño universo formado por una multitud de organismos inconcebiblemente diminutos.

Somos el resultado de una recombinación de poderosas comunidades bacterianas con una historia de miles de millones de años.

El ser humano es el último en llegar pero no quiere decir que sea el supremo administrador de la Vida en la tierra, ni de que sea el hijo menor de una superinteligente fuerza extraterrestre.

Al ser los últimos en aparecer no implica que seamos los únicos ni seamos la culminación de nada.

Esta es la perspectiva científica en el conocimiento del hombre y de todo lo real.

(Es lo que escriben Margulis y Sagan en: “Microcosmos: cuatro mil millones de años de evolución desde nuestros ancestros microbianos”)

(El que escribe también ha colgado, en su blog, varias entradas sobre la Teoría Gaia).



SÓCRATES EN EL SIGLO XX.

Es el título de la obra de María del Carmen Dolby Múgica.
Presenta a Sócrates no sólo como un personaje histórico y filosófico de la antigua Atenas sino un símbolo de la manera en que considera que puede y debe hacerse filosofía: a través del diálogo, de las preguntas y de las respuestas de sus interlocutores.

Sócrates es el maestro que, resucitado por la autora y contextualizado en el sigo XX, entabla conversaciones con muchachas y muchachos de hoy, acerca de los temas perennes de la filosofía: el diálogo y la amistad, las leyes justas e injustas y la obediencia a las mismas, la función del filósofo o filósofa en la sociedad, la comunicación en la era informática, la libertad, el mal en las personas y en la sociedad, la guerra y la paz, la creación artística, la existencia de Dios, la ética y la política, la solidaridad y el amor a la patria,…

Diálogos que tienen como telón de fondo a una espectadora adulta que representa una llamada de atención a las personas maduras para que se preocupen también de estos temas.

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