lunes, 4 de noviembre de 2019

EUROPA: CIVILIZACIÓN MUSULMANA ( 9 ) LA EXPANSIÓN MUSULMANA EN ESPAÑA


LA EXPANSIÓN MUSULMANA EN ESPAÑA

Yo, que fui cocinero (profesor de Historia) antes que fraile (profesor de Filosofía), ¡cuántas veces me preguntaría cómo era posible que ellos (los moros) conquistasen casi toda la Península Ibérica (desde Gibraltar hasta Asturias) en, apenas, 9 años (desde 711 al 720) y nosotros (los cristianos) tardásemos 770 (del 722, Batalla de Covadonga, Don Pelayo), hasta 1.492 (la Toma de Granada por los Reyes Católicos).

Muchas circunstancias tuvieron que estar presentes para esa “anomalía temporal”.

La Historia de España experimentó una brusca ruptura en sus rumbos cuando en el año 711, las tropas musulmanas del bereber Tariq cruzaron el Estrecho, con la colaboración del conde Don Julián (probablemente un noble local al servicio del poder visigodo, de la familia del rey Witiza e, históricamente, sinónimo de “traidor” y “desleal”) y la aquiescencia del partido nobiliario witizano, e infringieron al rey Rodrigo una aparatosa derrota en la Batalla de Guadalete.

Reconstruir la invasión musulmana de la península Ibérica es difícil, las fuentes son tardías y las informaciones a veces contradictorias.
De hecho, se ha llegado a defender que no hubo invasión.
La historia y la leyenda se entremezclan; a las crónicas históricas que nos relatan los sucesos se suman leyendas bien conocidas por los estudiosos:

1.- La leyenda de Florinda la Cava.

Florinda la Cava era hija de Don Julián y hermosa doncella en la Corte goda de Toledo y que, además, tenía por costumbre bañarse desnuda, junto con sus damas, en las riberas del río Tajo.
Un día, ella se adentra, sola, en el río.
El Rey Don Rodrigo la ve y…..bla…bla….bla…¿Fue amor o violación?

En el Romance de Florinda la Cava se canta:

“De la pérdida de España / fue aquí funesto principio.
Una mujer, sin ventura / y un hombre, amor rendido.
Florinda perdió su flor / el rey padeció el castigo.
Ella dice que hubo fuerza / él, que gusto consentido.
Si dicen quién de los dos / la mayor culpa ha tenido.
Digan los hombres: la Cava / y las mujeres: Rodrigo”.

2.- la leyenda de la Casa de los Cerrojos, casa en la que había 24 candados.
Porque cuando un rey comenzaba a gobernar colocaba un candado. Cosa que habían hecho todos los reyes anteriores.

Don Rodrigo se empeñó en abrir la casa. La abrió y encontró en ella un arca de madera y en su interior había imágenes de árabes tocados con turbantes, portando arcos árabes y ciñendo espadas adornadas.
En esta casa encontraron, así mismo, una escritura que decía: “cuando se abra esta casa y se penetre en ella entrarán en este país aquellos cuyos atributos y descripción es ésta, y la poseerán y se harán con ella”

En ese mismo año tuvo lugar la conquista musulmana.

El reino visigodo atravesaba a principios del siglo VIII una situación complicada.

Los reinos germánicos se caracterizaron por la constante inestabilidad interna, frecuentemente provocada por la transmisión del poder en sistemas sucesorios electivos.
Las familias nobiliarias se enfrentaban entre sí por la corona, y en algunas situaciones solicitaban la intervención de fuerzas externas que inclinasen la balanza a su favor.

Así lo hizo Atanagildo (rey 555-567), que logró el trono merced al apoyo de Justiniano, y que supuso el establecimiento bizantino en el sur de Hispania durante tres cuartos de siglo.

En 710, la entronización de Rodrigo, a la muerte de Witiza, parece producirse en un ambiente de duras rivalidades entre su partido y el de los Witizanos.
La conspiración de los adversarios de Rodrigo parece incluir la intervención de los musulmanes asentados al otro lado del estrecho, en rápida expansión desde la muerte de Mahoma (632 d. C.), cuyo emir Musa ibn Nusayr (desde el 704, al servicio del califa de Damasco) venía probablemente calculando una posible invasión desde antes del 711.

Existen noticias que invitan a creer que hubo expediciones previas para reconocer las defensas visigodas, en 709 y 710.

Los bereberes enrolados bajo la bandera de Musa estaban a la sazón poco islamizados y su estancia en el norte de África inquietaba a los árabes conquistadores, que planearon la expedición sobre Hispania como una salida a aquellas agresivas tribus, que tantos problemas podían causarles.

En este contexto, la colaboración del conde de Ceuta, Don Julián (al servicio de los godos), no debió ser decisiva, si no más bien circunstancial.
Algunas informaciones sugieren que hubo combates entre guarniciones visigodas y los bereberes de Tariq (bereber asimismo, apenas hubo árabes en esta primera invasión), pero todo se decidió en la batalla de Guadalete, a la que concurrió el rey regresando veloz desde Pamplona con sus tropas, donde había estado luchando contra los nobles vascones.

El ejército visigodo debía ser superior en número al musulmán, pero las disensiones internas, entre las que se suele mencionar la deserción de las alas del ejército godo, comandadas por los hijos de Witiza (de fiabilidad dudosa), favorecieron su ineficiencia, y la derrota fue total.

Hasta tal punto, que incluso el rey “pudo” ser muerto o malherido en el encuentro. (“Y cuando la Cava se enteró ….bla…bla….bla...”)

En cualquier caso, el desmoronamiento de las estructuras del reino visigodo fue rápido e imparable.
La colaboración de los descendientes de Witiza (así como del Arzobispo Oppas) en la conquista parece innegable, ante la evidencia, en las fuentes, de que fueron los máximos beneficiados de ella: el trono no les fue devuelto, no obstante recibieron inmensas propiedades en la península.

A partir de Guadalete, la toma de plazas se sucede veloz.

La liberalidad de los pactos que ofrecen los musulmanes facilitan el avance: permiten conservar la religión de los hispanos mediante el pago de un tributo, respetan las autoridades existentes a su llegada a cambio de otros impuestos, y mantienen las propiedades de aquellos que se pliegan pacíficamente.
Las noticias, no obstante, invitan a pensar que también hubo gravísimas violencias que con frecuencia han sido pasadas por alto entre los estudiosos de Al Andalus, y que motivarían parte importante de los exilios que llevaron a muchos visigodos defensores de Rodrigo a refugiarse en la cordillera cantábrica.

Musa, celoso de Tariq, entraba, un año después de Guadalete, en Hispania, y tomaba parte junto a su lugarteniente Tariq en la dominación del territorio.
Buena parte de la península había sido sometida a la altura del año 714, aunque en algunos lugares esa dominación era muy débil.

El reparto de los espacios entre árabes y bereberes fue desigual: los árabes se asentaron prioritariamente en las zonas calurosas de los valles del Guadiana, Guadalquivir y el Ebro, y en la costa levantina, destacando en las ocupaciones mercantiles y encumbrándose en las labores de gobierno, dirigidas ya desde Córdoba.

Los bereberes escogieron territorios desde Andalucía hasta el valle del Duero, normalmente dedicados a una economía pastoril.

Si bien la conquista se asentó en los años siguientes e incluso dio el salto a la Galia con audacia, llevando sus rapiñas hasta bien entrado territorio francés, Poitiers, cerca de París, lo cierto es que el control de las áreas norteñas fue dificultoso para los musulmanes, entre otras razones por la belicosidad de sus habitantes y lo desagradable de su relieve y clima, a ojos de los árabes.

La rebelión pelagiana, coronada con la Victoria de Covadonga, en torno al 722 (fecha estimada por C. Sánchez Albornoz), marcaba el comienzo de la andadura histórica del reino de Asturias, entidad política desarrollada, en buena medida, al calor de la aristocracia goda exiliada.

Causas y circunstancias de esa anomalía temporal entre “conquista y reconquista” pudieron ser, además de las antes expuestas (Don Julián, los hijos de Witiza,..:

1.- La centralización política del Reino Visigodo.

2.- Inseguridad por bandas de esclavos fugitivos.

3.- Empobrecimiento de la hacienda real.

4.- Pérdida del poder del Rey frente a los Nobles.

5.- La crisis demográfica (pérdida de 1/3 de la población) por peste, sequía y hambre.

6.- El conflicto civil por la división en dos grandes clanes, que se disputaban el poder:
1.- El clan de Wamba Witiza witizianos. y
2.- El Clan de Chindasvinto-Don Rodrigo.

División no sólo del estamento aristocrático, también del estamento militar.

7.- Apoyo a la invasión por la población judía, muy abundante, conversos forzados, que veían cómo en el norte de África, acogidos por los bizantinos, la situación de los judíos era mucho mejor que la que ellos tenían en Hispania, esperaban que aquí también se produjera.

Y 8.- La teoría que propone Ignacio Olagüe, en su libro “Los árabes nunca invadieron Hispania” (y que, además, puede verse, dicha teoría, en videos, en youtube).

En el siglo VIII Hispania estaba desgarrada por la guerra civil que enfrentaba a los seguidores del Arrianismo (los Unitarios) contra los cristianos ortodoxos (los Trinitarios).

Los Unitarios-Arrianos negaban que el Hijo fuera igual al Padre, por lo que Jesús no era Dios.
Los Trinitarios, siguiendo a San Pablo, defendían a la Trinidad, tres personas divinas pero un solo Dios.

Este dogma había sido impuesto en tiempos de Constantino, en el Concilio de Nicea (325) siendo excomulgado el Obispo alejandrino Arrio.

Las ideas de Arrio fueron propagadas en la Península Ibérica y sur de la Galia por el gallego (¿) Prisciliano (que es, según Unamuno, quien está enterrado en la Catedral de Santiago, y no el Apóstol Santiago).

Prisciliano sufriría, en vida, un acoso teologal, por parte de los obispos “trinitarios”, por la influencia que ejercía sobre la población (entre otras cosas, igualdad total de varones y mujeres para el culto religioso, lo que, posteriormente, defenderían los “cátaros”).

Es llamado por el Emperador Máximo y, al final, le cortan la cabeza (“primer hereje mártir”), pero su ejecución afianzó más el arrianismo en la población.

Por si fuera poco, el rey godo Eurico (466) se convierte al arrianismo.
Y así hasta el 587, en que Recaredo, abjurando del arrianismo de sus antecesores, en el III Concilio de Toledo, se convierte al cristianismo ortodoxo romano, trinitario, persiguiendo a arrianos y a judíos (que hasta esa fecha habían practicado libremente su religión).

Los arrianos de la Península y sur de Francia tuvieron que soportar, durante siglos robos, violaciones, asesinatos y reducción a la esclavitud, tanto de arrianos como de judíos, por elementos de la oligarquía goda y del clero.

El año 702, Witiza, concede una amnistía general a los perseguidos, restituyéndoles sus bienes, en el Concilio XVIII de Toledo, cuyas actas, misteriosamente, han desaparecido (¿fueron destruidas por el cristianismo ortodoxo romano?)

A su muerte, 709, la nobleza y los obispos impidieron que su hijo Achila, menor de edad, ocupase el trono, y eligieron a Rodrigo, un jefe militar afín a sus intereses.

Estalló una guerra civil entre partidarios de Rodrigo (cristianos-ortodoxos-romanos-trinitarios) y los partidarios de los witizianos-arrianos-unitarios.

Al mando de la Bética estaba Rechesindo, el antiguo tutor del hijo de Witiza.
Rodrigo lo mató y entró en Sevilla, la capital, sin oposición.

Los partidarios de la estirpe de Witiza, los debilitados “unitarios”, pidieron ayuda al godo Tariq, gobernador de la provincia “visigótica” de Tingitania (hoy, Tánger), nombrado por Witiza y con quien mantenía estrechas relaciones comerciales.

Uno de sus jefes militares era Don Julián (el padre de La Cava)

¿Por qué no hubo, entre la población autóctona, reacción ante la llegada de Tariq?.
Porque no fue una invasión (¿) de un imperio islámico (que no existía), sino de unas tribus y sus pequeños caudillos.

¿Luchaba D. Rodrigo contra el “sarraceno” o contra la masa del pueblo, en su mayoría arriano y contrario a la oligarquía dominante?.

Seguramente D. Rodrigo no murió en Guadalete, sino que fue expulsado de Andalucía y se refugiaría en la Lusitania, ya que allí aparece en una sepultura una inscripción con la leyenda: “aquí yace Roderico, rey de los godos”.

No habría conversión masiva forzada de indefensos cristianos, ni siquiera habría proselitismo de su fe.

Lo más probable es que los hispanos, sobre todo los andaluces, siguieran con su arrianismo tradicional y, poco a poco, por evolución, acabaran abrazando el islamismo.

A fin de cuentas, el islamismo es un sincretismo y, en su base, está lo arriano y lo judío.

Siempre hubo respeto de los musulmanes hacia “las gentes del libro”

¿Cómo se explica, si no, que un puñado de árabes (no más de 25.000) tuviera tanta influencia en 20 millones de hispanos?.

¿De la noche a la mañana, de golpe, comienzan a hablar árabe, usan otro tipo de trajes, practican otras costumbres, manejan otras armas,…..?

¿Cómo, si no, se pregunta Olagüe, una Hispania latina se convierte en Árabe; una Hispania cristiana adopta el Islam; una Hispania monógama pasa a ser polígama-poligínica, sin protesta de las mujeres?.

¿No sería, en realidad, una guerra de religión entre un “politeísmo” (¿) (la Trinidad) y un “monoteísmo” unitario, y como el Islam también es “monoteísta unitario”…

Como afirma Ortega y Gasset: “UNA RECONQUISTA DE SEIS SIGLOS NO ES UNA RECONQUISTA”.



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