domingo, 3 de noviembre de 2019

EUROPA: CIVILIZACIÓN MUSULMANA ( 7 ) LA YIHAD ISLÁMICA


LA YIHAD ISLÁMICA (7)

El concepto de “Yihad” es de fundamental relevancia para entender tanto la expansión islámica medieval, que hemos expuesto antes, como para entender las acciones violentas de grupos islámicos radicalizados y fanáticos, en la actualidad.

De nuevo tengo que repetir que Yihad no es sinónimo de “guerra santa” como habitualmente se entiende en Occidente.

Leo que la lengua árabe tiene una palabra específica para denominar a la “guerra” y es la palabra “harb”.

El término “Yihad” debe comprenderse como “esfuerzo”, sobre todo dirigido a la propagación del Islam.
Este “esfuerzo” puede ser realizado de dos maneras:

1.- La Yihad mayor o esfuerzo moral para mejorar uno mismo.

2.- La Yihad menor o esfuerzo para la expansión del Islam a través de una acción práctica, para mejorar el entorno y facilitar, así, la expansión.

Esta acción práctica se interpreta, generalmente, como una acción guerrera/militar/bélica.
Y, dentro de esta 2ª acepción, hay que distinguir entre:

1.- La “Yihad defensiva” (cuando el territorio de la comunidad islámica es atacado por infieles y se ve amenazada la propia continuidad de la existencia del Islam).
Es obligación de todo musulmán participar en esta Yihad defensiva, en la forma que se crea necesario para colaborar con la defensa del Islam (con armas, con donativos, con oraciones,…)

Ésta es la Yihad habitualmente proclamada por los grupos fundamentalistas modernos.

2.- La “Yihad ofensiva” (para atacar el territorio de aquellos que no son musulmanes).
En este caso la responsabilidad sólo incumbe al que dirige la guerra y a sus hombres, sin que el conjunto de los musulmanes esté obligado a implicarse en ella.
Es lo que en otros lugares he expuesto: que no hay que confundir e identificar a una pequeña parte del Islam (Al-Qaeda) con el todo del Islam (religión musulmana).

Según la ley islámica la Yihad puede ser proclamada contra los infieles o contra los apóstatas.
Infieles son todos los que no han recibido o no han entendido el mensaje de Alá (los que “no han visto la luz”) y, por tanto, no son parte de la Umma (comunidad islámica).

Apóstatas son quienes, siendo musulmanes, han renegado de su fe convirtiéndose, así, en “traidores”.

Para el musulmán el apóstata no tiene perdón humano y es mucho peor que el infiel quien, en definitiva, todavía “no ha visto la luz” pero, todavía, puede llegar a verla.

La acusación de apóstata es una de las más graves dentro de la ley islámica y justifica la muerte de aquel que ha traicionado la religión.

En el siglo XX muchos gobernantes de países musulmanes han sido acusados de apóstatas por grupos islámicos radicalizados (por ejemplo el egipcio e integrante de los Hermanos Musulmanes (los que acababan de ganar las elecciones en Egipto) Sayyid Qotb, que acusó al presidente egipcio Gamal Abdel Nasser de apóstata, como Osama Bin Laden (hace algún tiempo asesinado por soldados americanos) a la gran mayoría de los gobernantes árabes.

Si bien la Yihad tiene un componente militar, su alusión a la guerra representa sólo “una” faceta del planteamiento religioso de Mahoma y que no estaba presente en los primeros años de la revelación.

En los primeros tiempos de Mahoma, cuando eran una minoría, denostada por la oligarquía mequí, el Corán menciona la Yihad como “esfuerzo moral”.

El contenido bélico de la Yihad aparecerá cuando Mahoma asuma el papel de jefe militar en Medina y, justificado en la causa religiosa, ataque a sus enemigos mequíes, para expandir la Umma.

Es, a partir de aquí, cuando la Yihad será mayormente interpretada en su faceta militar.

Durante la Edad Media se utilizará como aliciente psicológico para la expansión y el dominio islámico ya que, según el Corán, quien muere durante la Yihad, cumpliendo todos los requisitos exigidos, es un mártir del Islam y tiene asegurada la entrada directa al Paraíso, “para goce y disfrute de 75 huríes, de grandes ojos, y que permanecerán eternamente vírgenes”.

¡Menudo aliciente¡ y no el del cristianismo “eternamente disfrutando de la presencia de Dios”.

(¡Qué barbaridad¡. ¿Y las mujeres tendrán disponibles a 75 efebos, expertos en las artes amatorias,….?).

Es normal, pues, que a medida que las conquistas territoriales se fueron integrando al Imperio y ya no tenía sentido continuar una guerra expansiva, los teóricos islámicos plantearan la noción de “Yihad defensiva”, para cuidar los territorios de las incursiones extranjeras.

La tradición musulmana dividió el mundo en dos: 1.- “La casa del Islam” (dar al-islam), donde gobiernan los musulmanes y 2.- “La casa de la guerra” (dar al-harb), donde dominan los infieles.

En teoría, la ley islámica planteaba un objetivo universal, por el cual todo el mundo debía quedar bajo el dominio islámico, pero, en la práctica, existían acuerdos de paz con reinos infieles vecinos, con quienes se continuaban las relaciones comerciales.
Aunque, en casos excepcionales, como cuando las Cruzadas cristianas, la Yihad armada fue utilizada como fuerza movilizadora.

Incluso en territorios fronterizos existían grupos de guerreros permanentes que acudían a luchar allí donde se hubiese proclamado la Yihad. (Esto, por ejemplo, es lo que ocurrió no ha mucho, con los muyaidines, que combatieron en Afganistán y luego fueron a otros lugares donde se les necesitaba y/o reclamaban).
Estos guerreros se sentían continuadores del Mahoma según la tradición.

La Yihad se ha mantenido vigente, actuando, en el siglo XIX, frente a las potencias coloniales.
Muchos gobernantes, en peligro, los reclamaban.

En la segunda mitad del siglo XX, al calor de la revitalización de los movimientos islamistas, la Yihad será proclamada en varias oportunidades y por diversos motivos, tanto por estados como por ulemas ligados a grupos islamistas.

Siempre se acude a la opinión de los ulemas calificados para proclamar la Yihad.

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