viernes, 30 de noviembre de 2018

PALABRAS DE UN AGNÓSTICO (19)



Ante la nula consolación que puede proporcionar la filosofía, la oferta que ofrece la fe religiosa es tan potente, por contraria que sea a la razón, que uno se lanza a por ella.
¿Qué puede perder, si no, y qué puede ganar, si sí? y ¿ante la realidad de ninguna pérdida  y la posibilidad de toda la ganancia…? (Pascal)

El ser humano habita este mundo como un prisionero de la necesidad y lo irremediable, sometido a la injusticia, al aplastamiento de los más débiles y, finalmente, a la fatalidad de la muerte.
Su destino, para la mayor parte de la humanidad es nacer, vivir sufriendo o sufrir malviviendo y, finalmente, desaparecer para siempre.
Lees, ves, oyes las noticias a diario de las muertes, de los asesinatos, de las torturas, del hambre, del fanatismo religioso, de las dictaduras mortíferas por el hecho de ser sospechoso de no comulgar con el tirano,… ¿Y qué ves? ¿A qué conclusión llegas?

Sentirse esclavizado, tú mismo, yo mismo, que somos esclavos del capital, del consumismo, de los medios de comunicación que nos manejan como a peleles,… y desearíamos y anhelaríamos “ser libres de” para poder “ser libres para” pero como la mosca no puede soltarse de la tramposa tela de arañas, así somos nosotros, que nos creemos libres sin serlo, sin poder serlo.

Pero todo esclavo se siente merecedor de la libertad y, puesto que se siente esclavo en este mundo temporal, si le prometen la libertad eterna tras esta perra vida que lleva y de la que no ve salida, se lanza a las promesas del más allá que los vendedores de humo le ponen en su mente a través de sus discursos en los púlpitos, en los micrófonos, en los platós televisivos,…

¿Qué puedo perder si ya lo he perdido todo y yo mismo estoy perdido?

Y se lanza a lo divino, aunque nada sepa de los dioses o, precisamente, porque nada se sepa ni pueda saberse de ellos, pero consuela verse con la imaginación en ese cielo libre y feliz.

¿Qué puedo perder, allá arriba, si no existe, si ya lo tengo todo perdido aquí abajo donde estoy?

No lo sé, nadie lo sabe, no puede saberse, por eso lo creo (y me recuerda a Tertuliano, allá en el siglo II D.c.: “creddo quia absurdum est”

La única manera de derrotar a la necesidad en este mundo es creer y apostar por la libertad en el otro mundo.

No podremos borrar que no haya sido lo que ya ha sido, en este mundo, pero sí podremos escribir, en el otro mundo, lo que con la imaginación anhelamos.

¿Es posible esa liberación transmundana? Nadie ni nada puede verificarlo pero, con la falacia de que ni nada ni nadie puede falsarlo, lo creo porque me hace feliz y me consuela la simple creencia (inconsciente de que es el que afirma el que debe demostrar la verdad, porque sobre él recae la carga de la prueba, y no del que niega, que nada tiene que demostrar

Yo no tengo que demostrar que no existen los marcianos, eres tú, si afirmas que existen, quien debe demostrarlo.

¿Cómo podremos ser rescatados de la muerte que la necesidad natural nos garantiza, aunque no sepamos ni su cuándo ni su dónde? Creyendo en lo que la lógica y la razón, en esta vida nos lo muestran imposible.

Me gusta la idea de que lo ilógico, lo irracional, lo imposible, en esta vida no sólo sea posible en la otra, sino que creo que es verdad, que existe y que allí viviré eternamente.

De nuevo la apuesta de Pascal: ¿qué puedo perder si no…?

Porque lo que es imposible para los hombres no lo es para Dios, lo inevitable es evitable, lo absurdo es racional,… En esto consiste la lucha de la fe, la loca lucha por la posibilidad de lo imposible.

Sólo la posibilidad allana el camino de la salvación, sólo es el alimento de la fe.
No se cree sino cuando no se descubre otra posibilidad aquí abajo.
Dios es ajeno y está por encima de la lógica humana.
Para Dios nada es imposible.
Dios significa eso, que todo es posible, este es el significado de Dios ¿acaso no interesa, no es rentable, creer y creerlo?

¿Qué puede importarme a mí las verdades universales y necesarias de la Ciencia, de la Lógica, de la Ética si yo soy este ser individual y concreto insignificante para los demás y, por si fuera poco, contingente, que existo, pero que podría no haber existido y con la garantía de que ya nacemos con la fecha de caducidad impresa en el momento mismo de salir de la fábrica, del claustro materno?

Ese Dios en el que creer es el que se salta hasta la Ética más elemental y es capaz de ordenarle a su fiel creyente Abraham que le sacrifique a su único hijo, Isaac, (y que debido a su vejez ya no será padre de nuevo) tras haberle prometido que será padre de toda una descendencia mayor que las estrellas que hay en el cielo; o que parezca que disfruta sádicamente amargándole la vida al paciente y creyente Job, despojándole de todo, de familia y de bienes y, todo sin pretexto lógico alguno.

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