martes, 14 de julio de 2015

MARÍA MAGDALENA (8) EN EL ARTE: DESNUDA, SENSUAL Y PENITENTE.



El arte le ha hecho un flaco favor a la Magdalena pues, siguiendo la tradición de esa “Magdalena inventada” la han representado, por lo general, como penitente, pidiendo perdón por sus pecados, pecadora de lujuria, por lo tanto, como prostituta-ramera-puta, meditando ante una calavera, mortificando su cuerpo en el desierto, pero una Magdalena que ni siquiera en los evangelios canónicos aparece así, como prostituta.

Tan sólo aparece en el momento cumbre del cristianismo, en la resurrección de Jesús cuando, después de la conversación angustiosa con el hortelano, al que considera sabedor o ladrón del cuerpo de su amado, cuando, de espaldas, oye su voz y se vuelve, y lo ve, y quiere abrazarlo, Jesús le contesta con el título de todos los cuadros: “Noli me tangere” (“no me toques, suéltame, déjame, no me abraces…”)

Aquella mujer pecadora pública que se presenta en casa del fariseo que había invitado a comer a Jesús y de la que habla Lucas (7, 36 y ss.), además se mostraría como una “prostituta enamorada”, no como una “prostituta arrepentida y penitente”.
Jesús no la echa, no retira los pies, no le dice que se vaya a hacer penitencia por sus pecados, que se introduzca en cuevas solitarias, que expíe sus culpas,…Sólo le dice que le perdona sus pecados le alaba su conducta, lo que está haciendo y le reprocha al fariseo anfitrión que no haya sido él el que cumpliera los rituales judíos con los invitados: lavarle los pies y ungir con aceite su cabeza.

¿De dónde sale, pues, esa imagen de una Magdalena falsificada, arrepentida, mortificando su cuerpo y a cuestas con sus pecados de lujuria durante toda la vida? ¿Es que no quedan perdonados una vez arrepentida y solicitado el perdón?

Todo comenzó mucho después, en el siglo XI, cuando la Iglesia Occidental Europea comienza a preocuparse por el avance de una cierta relajación de costumbres de los cristianos en materia sexual.
A esta idea de promiscuidad sexual se une la imagen negativa que se tenía de la mujer, como fuente de tentación y pecado para los varones, de modo que se hizo necesario encontrar un símbolo que representara a la mujer pecadora de aquel tiempo.
¿Y quién mejor que la Magdalena, la famosa prostituta evangélica, la arrepentida de sus pecados, la absuelta por Jesús, la penitente y contemplativa?

El arte no hizo más que plasmar la operación de degradación histórica, la injusticia perpetrada, la fotografía trucada, la imagen falsificada.

(Que digo yo que nadie está obligado a ir a la fuente a beber agua contaminada, si es que la mujer fuera eso, el culpable sería quien acude a ella a calmar su sed ¿o es que no había otras fuentes de agua cristalina donde beber? ¿Es que “todas” las mujeres lo son, Evas pecadoras e incitadoras mientras el Adán y los Adanes son víctimas de la tentación femenina? ¿No pudo Adán resistir la tentación? ¿No pudo rehusar la invitación?, ¿el pecado es de la fuente y no del que bebe de ella?)

Después de Jesús y su madre, María, la Magdalena fue el personaje más representado en tablas, lienzos y esculturas, y los mejores artistas del mundo cristiano perpetuaron la imagen que hoy se tiene de aquella mujer.

En el Museo del Prado existen 36 cuadros importantes de la Magdalena, más que las de los santos más famosos. De San Pedro hay 16, igual que de San Francisco de Asís.
También nuestro Pedro de Mena (siglo XVII) talló una imagen que se encuentra en El Prado.

Nuestra Santa María Magdalena está muy presente en la tradición católica, pero siempre en esa imagen trucada y falsificada.

En el Renacimiento también, pero destacando la belleza femenina de la Magdalena.
Los artistas renacentistas reprodujeron las figuras de las Venus paganas hasta convertir a la Magdalena en “la diosa del amor”.
Correggio (XVI-XVII) convierte a la pecadora de Lucas en la representante del Eros-Amor cristiano, autor del celebérrimo “Noli me tangere”.
También, en esta época, aparecen las “Magdalenas lloronas” cuya mejor expresión es el cuadro de Tiziano (XVI) titulado “María Magdalena Penitente”, con los dos pechos desnudos y cubriendo el resto de su cuerpo con su abundante cabellera y con expresión de enamorada mística, en el Palacio Pitti, de Florencia.

Las pinturas de la Magdalena representan, a la vez, “el amor terrenal, la atracción erótica y el amor divino”

Como una mujer voluptuosa, carnal, de belleza oriental, de melena abundante, aparece exhibiendo, a veces, su desnudez o insinuándola tras su abundantísima cabellera.
Y a la vez se deja entrever su carácter de mujer amante, sensual, provocadora, apasionada,… es decir, plato apetitoso para todas las creaciones artísticas  relacionadas con el amor, con el sexo y el pecado.

Es curioso, pero cierto, que en la historia de la pintura las representaciones de la Magdalena, cuanto más cercanas están a la época de su vida, más acordes con la imagen de la “Magdalena real”, la que “al alba”, con una entorcha en la mano, acude al sepulcro donde había sido depositado el cuerpo de Jesús, el crucificado, y no hay ningún asomo, ningún atisbo de su condición de prostituta, bien sea el fresco siríaco de finales del siglo II, en la escena del diálogo con el jardinero, en el momento de la resurrección.

De las 91 pinturas de la Magdalena estudiada por especialistas casi todas reflejan la manipulación de la “Magdalena real” y manifiestan la “Magdalena inventada”, una mezcla de amor sensual, erótico y divino a la vez.
Una mujer que “había pecado mucho” y que, por lo tanto, debía de ser bella, sensual y atractiva, tentadora.

Pero de la Magdalena no sólo se han preocupado los escultores y, sobre todo, los pintores, sino también los escritores y poetas, músicos y ensayistas.

(Recordar, una vez más, la distinción entre el “Jesús histórico”, el de carne y hueso, el amor y el amante de la Magdalena, y “el Cristo espiritual” de los místicos, el Dios encarnado….)

Pero es verdad que, ante la ausencia de datos y documentos históricos, que nieguen o confirmen ese acercamiento sentimental entre Jesús y la Magdalena, se ha multiplicado una literatura de ficción intentando llenar, cada uno a su manera, ese hueco dejado por la historia.

Hoy son las mujeres teólogas las más interesadas en la búsqueda de la verdadera Magdalena, no “la llorona” del Barroco español, no la “modelo de desnudo” del Renacimiento, ni “la arrepentida” de sus desvíos sexuales, sino la que estuvo en contacto con Jesús, la depositaria exclusiva de muchas de sus enseñanzas, la confidente.

Si hoy resucitase la fiebre artística de la Magdalena incidiría más en la enamorada, la ligada sentimentalmente, la compañera afectiva e intelectual, la que tuvo mucho que ver con el primer cristianismo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario