sábado, 1 de agosto de 2015

MARÍA MAGDALENA (14) EL CUARTO EVANGELIO. SU MISTERIOSO AUTOR


Ya hemos dicho y repetido que el 4º evangelio, el atribuido a Juan, poco o nada tiene que ver con los otros tres, los canónicos o sinópticos.
Ha llegado, incluso, a plantearse la hipótesis de si no habría sido la propia María Magdalena la autora del mismo y no el apóstol Juan.
Y si no la autora, sí la inspiradora del autor de ese 4º evangelio.

Yo siempre había leído que el autor de El Cantar de los Cantares, un libro sensual y erótico, había sido un varón el autor pero hoy se duda si no habría sido una mujer.
¿Pudo ocurrir también con el 4º evangelio, que fuera una la autora y no un autor?
Hablamos de hipótesis, pero lo cierto es que la Iglesia tampoco ha podido formular con certeza el nombre del autor del 4º evangelio.
Como tampoco ha podido constatar que los autores de los sinópticos hayan sido Marcos, Mateo y Lucas aunque, al ser sinópticos, se supone que los tres bebieron de una misma fuente anterior
Pero el 4º evangelio es totalmente distinto a los otros tres, tanto en su estructura y sensibilidad como en su forma y en su fondo, en lo que cuenta.
Incluso cuando narra un hecho que también aparece en los otros tres lo hace como por libre, de manera diferente.
Pero lo que más sorprende es lo que omite de los otros tres y con el agravante de haber sido escrito hacia el año 90, unos 30 años posteriores a los otros tres y se supone que los tenía que conocer.
¿Entonces, por qué tan diferente?

Se ha dicho que el autor era el “discípulo amado”, pero nunca aparece quién es ese “discípulo amado”, es como un personaje anónimo, siempre sin nombre, siempre misterioso.
Tan misterioso que hoy se sospecha que fuera María Magdalena, porque como los evangelistas no habrían querido darle demasiado protagonismo a la compañera sentimental de Jesús, la transformaron en un nombre masculino.
Ella, la Magdalena, sería el “discípulo amado” y se habría ocupado en redactar un evangelio, el 4º, muy distinto a los otros tres, ya que tiene un substrato gnóstico que lo caracteriza.
Recordemos cuál es su inicio: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”…”y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”

El 4º evangelio pudo haber tenido varias redacciones antes de la definitiva y pudo haber sido adaptado para evitar que se supiese que la verdadera inspiradora del texto era María Magdalena.
¿Quién ese misterioso discípulo a quien Jesús amaba más que a los demás?

En la Última Cena, cuando Jesús anuncia que uno de los 12 lo va a traicionar, Pedro sugiere “a uno de sus discípulos, aquel “a quien Jesús amaba” que le preguntara al Maestro de quién estaba hablando, quién iba a ser el traidor” (Juan 13, 23-24)
Y, tradicionalmente, se ha entendido que ése “discípulo amado” era Juan.

Pero ¿por qué se quiso ocultar el nombre de dicho discípulo anónimo? ¿No parece algo incomprensible?
Por eso las hipótesis modernas hayan imaginado que, si no se declaraba el nombre, era porque no se debería declarar. De donde se sigue que podría ser María Magdalena que, en la primera redacción era la líder de la comunidad gnóstica, que acabaría entrando en conflicto con la comunidad de Pedro, inclinada a no dejar espacio a las mujeres en la nueva secta cristiana.
Por miedo a que apareciera una mujer como la líder espiritual de la comunidad cristiana que dio origen al famoso 4º evangelio. Por lo que en vez de figurar su nombre, María Magdalena, apareciera, camuflado bajo la locución “discípulo amado”, siendo una mujer.
Si ya el 4º evangelio tuvo serías dudas para ser considerado “de inspiración divina” si, además, hubiera sido una mujer…

De los tres grandes gnósticos sobresale Valentín, por encima de Marción y Basílides y los “gnósticos valentinianos” trataban de formular una teología cristiana pero basada en presupuestos gnósticos propios de la mística oriental, aceptada por la Iglesia Oriental y no mucho por la comunidad ortodoxa o jerárquica.

Típico del gnosticismo y del 4º evangelio es el dualismo, el uso frecuente de los términos contrapuestos: “arriba-abajo, “luz-tinieblas”, “verdad-mentira”, “Dios-diablo”, “Dios-mundo”…y siempre en la línea de un concepto de salvación mediante el conocimiento.
Aunque el evangelio en sí no pueda considerarse gnóstico (César Vidal), pero sí su base.

Según algunos eruditos hubo dos redacciones del 4º evangelio: la 1ª inspirada por María Magdalena y la otra redactada más tarde, cuando una parte de dicha comunidad se escindió y se asimiló a la facción del grupo de Pedro  y de los otros apóstoles varones. Y así se explicaría que acabara atribuyendo al misterioso “discípulo amado” para ocultar que pertenecía a la comunidad de la Magdalena.
Y esta teoría tiene más visos de verdad sobre todo tras el descubrimiento de los manuscritos gnósticos del desierto de Egipto, traducidos al copto desde el griego y escritos en la misma época que los canónicos o sinópticos.
En ellos ya aparece que una de las primeras comunidades cristianas, de corte gnóstico, fue la de la Magdalena.

Ya hemos dicho que la Magdalena tiene que ver mucho con este 4º evangelio por la cantidad de detalles que aparecen en él, sobre todo en el Domingo de Resurrección, cuando la escena de la primera aparición del Resucitado, lo que indica que el autor de este 4º evangelio sólo pudo escribirlos quien los hubiera vivido o los hubiera contado de primera mano.
Si la Magdalena nada hubiera tenido que ver con el 4º evangelio, y sólo fuera de Juan, desde el principio ¿Por qué hubo tanto recelo en la comunidad ortodoxa de Pedro para aceptar que era un evangelio inspirado? Y es que el componente gnóstico llevaba a ponerlo en relación con la comunidad cristiana gnóstica que tenía como líder a la Magdalena.

Los visos de que, en la primera versión, tenía que ver con la comunidad gnóstica de la Magdalena y, en la versión definitiva, se obvió su nombre sustituyendo por “el discípulo amado”. Así se restaba protagonismo a María Magdalena, mujer.

¿Y cuando aparecen juntos “el discípulo amado” y la Magdalena? Cabría deducir  que son personajes distintos.

“El discípulo amado” tiene acceso al Palacio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro no lo tiene.
Él cree enseguida en la resurrección, como la Magdalena, mientras Pedro no.
Él es el primero que reconoce a Jesús cuando se les aparece a los apóstoles, mientras Pedro no.

“Señor: ¿y éste qué?! –le pregunta Pedro al Maestro (refiriéndose al “discípulo amado). “Y si quiero que éste permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti que?” –es  la respuesta de Jesús.

¿Se está refiriendo a Juan, cada vez que se dice “discípulo amado”? ¿O no existió ese enigmático personaje y todo fue una estratagema para ocultar el nombre de la Magdalena? (porque siempre identifica a quien o al que se habla).
¿A quién le confía Jesús el cuidado de la madre, cuando está en la cruz?

¿Pero en la cruz no estaban sólo las tres Marías: la madre, su hermana, la de Cleofás y la Magdalena? ¿Quién era ese “discípulo amado” si sólo estaban las tres mujeres?
El otro pasaje es cuando la Magdalena, al ver el sepulcro vacío va donde estaban escondido Pedro y el otro discípulo, a quien “amaba Jesús” Juan…y “el otro discípulo” corrió más y llegó antes, porque era más joven”

Si hay, siempre una rivalidad entre Pedro y el “discípulo amado”, por una parte, e igualmente entre Pedro y la Magdalena ¿no sería la misma persona?
Por eso Pedro afirma que “la prefirió a ella sobre ellos”

Si todos lo sabían ¿por qué omitir su nombre? ¿Qué motivo había para ocultar el nombre de alguien tan fundamental en la vida de Jesús?
¿No pudo ser convertir en nombre masculino a una mujer, femenina? ¿Una “María Magdalena disfrazada”?

Lo cierto es que NUNCA lo sabremos.
¿Y qué pasaría si supiéramos que era ella la autora o la inspiradora del 4º evangelio?
Pues no debería pasar nada.
Tampoco sabemos quiénes fueron los autores de los sinópticos. Si se les atribuyeron a ellos es por un deseo de conferirles autoridad evangélica.
Es lo mismo que ocurre con muchos libros del Antiguo Testamente, de los que se desconoce el autor pero se les designa uno significativo, Moisés, el rey David o Salomón, que es un recurso literario, poco fiable desde el punto de vista histórico.
Por ejemplo, Los Proverbios, atribuidos al sabio Salomón, son compilaciones, en su mayoría, de la sabiduría popular hebrea.

El epílogo del 4º evangelio sí parece un añadido, escrito más tarde.
Para dar autoridad al texto se dice: “éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero” (Juan 21, 24).

Aunque dicho añadido podía ser igual de válido si el autor del 4º evangelio fuera la Magdalena, testigo privilegiado de la vida de Jesús, en vez de ese discípulo sin nombre.

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