sábado, 18 de mayo de 2013

SÉNECA (2)


 
Los tres grandes representantes romanos del estoicismo son: desde el esclavo (y luego liberto) Epicteto, hasta el Emperador Marco Aurelio, culminando en Séneca.

Séneca, del que incluso algunos dudan que naciese en Córdoba (al no existir documento escrito alguno) se nos presenta, siempre, como el máximo representante del estoicismo Romano.

A él corresponden sentencias típicamente estoicas: “la mejor medida del dinero es la que ni cae en la pobreza ni de ella se aleja en demasía” o “la igualdad  de todos los hombres”,”todos los hombres son iguales por su origen”,  lo que desembocaría en un cosmopolitismo, en una sociedad común de todos los miembros del género humano.

El sabio no está ligado a patria alguna. Su patria es el mundo

“Homo homini res sacra” (el hombre es algo sagrado para el hombre)

Recomienda el amor universal a todos los hombres.

“Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya”.

A veces ensalza el deber de luchar contra las adversidades y de sobreponerse al dolor, aunque, a veces, haga apología del suicidio.

Es a lo que, a veces, incita/invita a la solidaridad humana, aunque, a veces, también invita a recluirse en sí mismo.

La filosofía, para Séneca, es “la ciencia de todas las cosas, divinas y humanas”,

“Lo que es verdadero, es mío” (“quidquid bene dictum est ab ullo, meum est”)

Pero la filosofía tiene como finalidad enseñar a vivir bien, más que enseñar a conocer las cosas.

“Esa es la auténtica filosofía, la que sirve para la vida más que para la escuela”

“Conviene “hacer” filosofía, no “decirla”. Enseñemos aquella filosofía, la que lleva a poner en práctica lo que dicen las palabras”

El filósofo debe ser una especie de médico de las almas.

“Según sean las ideas filosóficas, así deben ser los hechos” (predicando con el ejemplo,  “haced lo que yo hago”)

“Si quieres ser amado, ama”.

“Sólo se aprende a vivir, viviendo”

Es como si hubiera en él dos personalidades, a veces disociadas y enfrentadas: el moralista estoico, moderado, sereno, sobrio, y el hombre público, apasionado y ambicioso.

“Los hombres, cuando enseñan, aprenden”.

“La sabiduría (que consiste en seguir a la naturaleza, dejándose guiar por sus leyes) y la virtud –decía- son la meta de la vida moral”, he ahí la Norma Suprema.

Puesto que la naturaleza está regida por la razón, obedeciendo a la naturaleza, se obedece a la razón (lo más perfecto del hombre y la que lo distingue del animal) y, así, se consigue ser feliz.

Y es que esa razón humana está en conformidad con  la Razón Universal, que es Dios o el Logos.

“Procura, en tus estudios, no saber más que los otros, sino saberlo mejor”

“Sólo es feliz el que, guiado por la razón, ha superado los deseos y temores”

“No nos falta valor para emprender ciertas cosas porque sean difíciles, sino que son difíciles porque nos falta valor para emprenderlas”

“Felicidad es no necesitar de ella”

“El supremo bien y la felicidad del hombre consisten en la virtud”.

“Nada nos fuerza a vivir en la miseria, en la necesidad".

“El sabio no puede vivir sin el cuerpo, pero procura no vivir para el cuerpo”.

“Más valen las cabezas hechas que las cabezas simplemente llenas, aunque estén muy llenas”.

“Para formar un sabio: los buenos ejemplos”.

“Largo es el camino de los preceptos, pero breve y eficaz el de los ejemplos”

En “De vita beata” (sobre la felicidad) y en relación a las riquezas, dice que el sabio las debe despreciar. Pero no que no deban tenerse, sino que no han de tenerse con afán.

El sabio no rechaza las riquezas, pero, cuando se van, las sigue con la mirada tranquila.

“La verdadera medida de la riqueza es el no estar demasiado cerca ni demasiado lejos de la pobreza”

Porque las riquezas no son un bien. Si lo fueran harían buenos a los que las poseen y los malos no las poseerían.

“Concedo que han de tenerse, que son útiles y que proporcionan grandes comodidades a la vida”

“El sabio no apega su corazón a las riquezas, ni se altera cuando las pierde”

“El sabio no se doblega ante las dificultades y no se deja vencer por la fortuna, manteniendo, siempre, una serenidad imperturbable”

“Tenerlas” no es igual que “perseguirlas”

Si, una vez tenidas, se vienen y se van….pero si, tras perseguirlas, se van….

Me recuerda a Picasso cuando le preguntaron qué importancia le daba al dinero.

“Lo bueno de tener dinero es que no tienes que preocuparte de él”

“Pero si el hombre es vencido en la lucha, se somete serenamente al destino, pero sin suplicar clemencia, como el gladiador que cae ante la espada de su vencedor”

Por ello, “la vida debe ser una “meditatio mortis”.

“Es necio temer a la muerte, porque las cosas ciertas se esperan, las que se temen son las inciertas. La muerte viene como una necesidad constante e invicta. ¿Quién osará quejarse de estar en trance  del que nadie se libra?

En la muerte cesan todos los sufrimientos.

El sabio debe salir tranquilamente de la vida.

“Si le resulta duro el combate por la vida, le está permitido escapar”

El camino hacia la libertad es fácil y breve.

“Demos gracias a Dios de que nadie está obligado a permanecer en la vida”, justificando el suicidio, como forma de evitar una muerte peor.

Sin embargo, si, debido a su delicada salud, llevó una vida moderada, sobria, austera, y a los 53 años (año 49 d. C.) cuando fue nombrado tutor y, sobre todo, durante su puesto de Consejero político y ministro, su fortuna comenzó a crecer a un ritmo vertiginoso, con un incremento notable, y su riqueza fue proverbial (se la calculaba en varios millones de sestercios)

Hasta el poeta Juvenal escribe “de los grandes jardines del inmensamente rico Séneca”

“No son despreciables los bienes exteriores, ni los placeres, pero, por sí solos, no bastan para hacer feliz al hombre. Y todos ellos, hasta la vida misma, son indiferentes ante la virtud”

“El único y verdadero mal son el vicio y el pecado”

Como si sus principios estoicos, sus ideales, no correspondiesen con su vida práctica. Acusado de usurero, de cobarde (al relacionarlo con la permisividad y justificación de los excesos de Nerón) y, sobre todo, de hipócrita, al no ser capaz de vivir según los principios que él mismo propugnaba en su obra, incapaz de practicar lo que pregonaba...

Incluso desde su destierro, en Córcega, pide perdón a Roma, de manera humillante y casi servil (algo poco estoico)

Incluso las burlas a Claudio, ya muerto, serían, únicamente, para agradar a Nerón.

Su carta al Senado, donde justifica el asesinato de Agripina ha sido, siempre, visto como algo imperdonable y de una gran bajeza moral, en este estoico.

Guardó silencio ante el asesinato de Británico o ante el repudio de la primera esposa de Nerón, Octavia. Silencio interpretado como cobardía, incluso como aquiescencia. “Excusando los crímenes, mientras él se enriquecía”.

Acusado de haberse acostado con mujeres casadas, aunque, seguramente, muchas de esas acusaciones eran calumnias, al provenir de sus enemigos políticos, pero otras no.

LUCES Y SOMBRAS  en Séneca.

¿Persiguió la riqueza o sólo se la encontró y le llegó, sin buscarla?

¿Fue avaro?

Su sobriedad, en el vivir cotidiano, ¿era voluntaria, por convicción estoica, o venía forzada por su endeble estado de salud?

¿Tenía otra opción que el suicidio para evitar otra muerte más atroz, más indigna? ¿Se suicidó o lo “suicidaron”?

¿Se sirvió de “información privilegiada”, sacándole beneficio a su “puesto de trabajo”?

¿Se puede decir de él lo que, vulgarmente, algunos le achacan de “hacer lo que yo os digo, no hagáis lo que yo hago”?

¿Por qué este “filósofo de la austeridad” llevó una vida tan acomodada, cuando estuvo cerca del poder?

Si Gandhi diría: “no es rico quien más tiene, sino el que menos necesita” (principio totalmente estoico), Séneca había dicho: “no es pobre el que tiene poco, sino el que aspira a mucho”.

Y yo, que ni soy Séneca, ni Gandhi, afirmo que “el secreto de la felicidad está en tener: 1.- aspiraciones elevadas, 2.- expectativas modestas y 3.- pocas necesidades”

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