sábado, 2 de febrero de 2013

LA NEOMODERNIDAD

Andaba yo liado, empantanado, en el Postmodernismo y me entero que la Postmodernidad “ha muerto”. Adiós, pues, al culto al caos, al individualismo, a lo identitario y vuelta al Estado, el mejor gestor del orden, de la seguridad, de la estabilidad, el garante de la igualdad y de la protección social.

Ser “funcionario del Estado” es la meta de la mayoría de los ciudadanos, porque lleva incluida la seguridad del puesto de trabajo. Pero nos hemos quedado sin dinero para convocar oposiciones.

Y todo por la “crisis”, la dichosa crisis. La gente ya no quiere aventuras, quiere la estabilidad.

         -“Arrégleme los papeles para cobrar una paguita, Doctor”-

La Neomodernidad es como la modernidad pero en la sociedad global.

En esta Neomodernidad lo que prima es la economía (el dinero, si no todo, casi todo lo arregla) y no, ya, la cultura; la distribución de los recursos prima sobre lo identitario (a no ser que se le engañe al personal); la lucha por la igualdad, “todos los hombres somos iguales, no desiguales”.

“Hacienda somos todos”, por lo tanto, “todos a pagar” y que paguen más los que más tienen. La equidad fiscal es justa. Si de 100 me retienen 20, al que tenga 1.000, que le retengan 200.

“Políticas de la igualdad” frente a “políticas de la diferencia”.

Basar los derechos en las diferencias es un error, una locura, un callejón oscuro y peligroso.

¿Qué derechos tienen los calvos por ser calvos, por ser diferentes, al no tener pelo?, ¿o los negros por ser negros, por ser diferentes a los blancos? ¿O las mujeres por ser mujeres y no ser varones?

¿Qué mérito puede ser haber nacido con pelo, o blanco, o varón?

Cuando oigo decir que “todo es relativo”, que “todo vale”, me pregunto si “todo vale igual”. Porque valen 2 euros y valen 20 euros, pero éstos valen más.

Las éticas de la solidaridad, de la igualdad, del esfuerzo, de la responsabilidad, de lo social,…. (Todo muy bonito) valen más que los comportamientos que persiguen lo contrario, pero….

La gratificación inmediata, el triunfo relámpago, el hiperconsumo, el individualismo,… deberían de dejar de cotizar en bolsa, pero….

Cuando la crisis hace mella y muerde, surge el miedo.

Orden y seguridad asociados al bien común y a la solidaridad traen consigo garantizado el triunfo.

Los valores densos de la Neomodernidad versus los valores líquidos del Postmodernismo, pero….

Pero en esta cuesta de Enero, más cuesta que ningún otro Enero, al menos para 6 millones de parados, veo, sin embargo, por doquier la incitación al consumir por consumir.

“No voy a “pisar” las rebajas, las voy a “machacar” ”.

Y nos llenamos la boca con palabras bonitas, y gritamos eslóganes y consignas bien sonantes, “energías limpias, no contaminantes y renovables” (aunque nos cuesten un huevo), “economía sostenible”(cuando no hay economía que sostener),…. mientras los grandes problemas los tenemos ahí, sin encontrar tan siquiera soluciones aproximadas: el desempleo creciente, la jubilación que se retrasa, las pensiones que peligran, las identidades excluyentes que amenazan, la xenofobia, viendo al foráneo como enemigo competidor del puesto de trabajo, la pérdida de competitividad, la Señora Merkel que (para ser señora, tiene cogido a Rajoy por los…..), los mercados financieros (la tercera persona de la Trinidad moderna: Los Santos Mercados,…

Y es, en esta situación, cuando, más que nunca, nos harían falta  políticas de izquierdas, pero no para distribuir la riqueza (que no la hay) sino para administrar la escasez.

Pero los no necesitados, los ricos, los pudientes, ya han encontrado refugio para lo suyo (serán unos hijoputas, pero hay que reconocer que son inteligentes: saben de todos los huecos por donde, legalmente, poner a buen recaudo lo ganado/lo robado).

Y los nostálgicos bucólicos siguen aireando el “Nucleares NO”, mientras tenemos que comprar, carísima, a la vecina Francia, la energía nuclear que no tenemos y que podríamos tener.

Los nuevos campos sembrados de placas fotovoltaicas, como si fueran lechugas y habichuelas, y las montañas con sus molinillos al viento, como si fuera una permanente Navidad, destrozando la estética del paisaje, y los ecologistas, de “pensamiento Alicia”, defensores acérrimos de la cigarra primaveral y del grillo cantarín veraniego, no dicen ni “mu”, meditando en su “ecolatría”, banderas de colores y pancartas al viento, en continua manifestación.

Y, mientras, subvencionamos el carbón al tiempo que cerramos centrales nucleares.

¿Alguien puede entender todo esto?

La Neomodernidad, que debería imponer la Razón estratégica sobre la cruda realidad, se pierde en diálogo de sordos, mientras la bola de nieve sigue creciendo, incrementando, exponencialmente, el caos postmodernista.

Y en mi Andalucía, siempre tan ingeniosa y siempre tan “parada”, los mandamases han encontrado la palabra tabú: “el gran pacto por Andalucía”. Ya tenemos la letanía diaria durante un tiempo y “maricón” el último

Y en plena crisis, con bajada de salarios a los funcionarios y la congelación de las pensiones, y se decretan/se permiten tarifazos a doquier.

Decía “mi” ministro que es “lo que cuesta un cafelito” (me imagino dónde se lo tomará él), pero varios “chocolates del loro” dan para una buena chocolatada.

Si, además, nos desayunamos, a diario, con la corrupción, multicolor y multivariada, le dan ganas a uno de pedir que pare el tren, no para bajarse, sino para tirar por la ventanilla, a los acaparadores de los escasos bienes.

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