sábado, 9 de febrero de 2013

EL MIEDO GUARDA LA VIÑA.


Eso es lo que dice el refrán. La viña del señor, naturalmente. El pobre no tiene viña.

En el caso que nos ocupa sí, porque la viña es la vida, la salud, el bienestar, la familia,....

En mi pueblo, castellano, todos los años hay toros. Antes se hacía la plaza con los carros y todos nos subíamos a ellos. Era la barrera. Hoy, ya modernizados, se planta en una era una plaza de toros, portátil, se taponan las bocacalles con remolques y a “correr las vaquillas” por la calle hasta la plaza, donde los jóvenes practican los “recortes” (¡no confundir a los jóvenes de mi pueblo con Rajoy¡).

Yo nunca me bajé, ni a la calle ni a la plaza, a pesar de que mis amigos me invitaban y me incitaban a bajar.

Pero no bajé por MIEDO.

Quizá alguno diga que era por “precaución”, por “prudencia”, por “respeto”,….y demás eufemismos.

Yo no. Yo no bajaba por MIEDO.

¿Quién no ha sentido miedo más de una vez?

Porque el miedo, como toda emoción, no depende de la voluntad. No es que tú quieras o no quieras, es que acompaña, va de la mano, de ciertas situaciones.

Tener miedo o no tenerlo, pues, ni es un vicio ni es una virtud, es algo psicológico, que puede somatizarse.

Mientras que la prudencia, el respeto, la precaución,…. y similares son virtudes, logradas a base de hábitos, los cuales surgen de sucesiones de actos buenos.

Actos buenos repetidos –> hábitos –> virtudes (“hábitos de obrar bien”)

Igualmente, actos malos repetidos –> hábitos –> vicios (“hábitos de obrar mal”)

No confundir ni identificar el plano psicológico (el miedo) con el plano moral (virtudes y vicios (prudencia-imprudencia, precaución-temeridad…..)

No es que todos, más de una vez, hayamos sentido y sintamos miedo, es que el miedo es conveniente, porque por él somos capaces de prevenir el peligro o de precavernos, huyendo o de cualquier otra manera.

Sin embargo yo no soy miedoso. Ser miedoso no es tener miedo. Es mucho más.

Ser miedoso, por ejemplo, no exculpa de lo malo que hagas o dejes de hacer.

Ser cobarde y ser valiente son dos formas de actuar muy distintas.

Ante un peligro vencible, superable, mientras el valiente lo afronta, el cobarde se achanta.

Si ante la amenaza de un niño de cinco años, fácilmente vencible, sientes miedo y no lo afrontas, serás un miedoso cobarde y te comportarás miedosamente.

Pero si, ante cuarenta personas fornidas, te enfrentas a ellas, desafiante, no eres un valiente, sino un temerario.

Cobardía y temeridad son dos extremos viciosos, uno por defecto y el otro por exceso.

“Virtus est in medio extremorum” –Aristóteles dixit.

La virtud (en este caso la valentía) es el término medio entre dos extremos igualmente viciosos (por exceso, la temeridad y por defecto, la cobardía).

Pero el Miedo no es un vicio, es algo natural encadenado a ciertas situaciones y dependiendo del carácter, de la forma de ser, de cada uno.

Una de las sentencias constantemente oídas y/o leídas es la que afirma que “el miedo es libre”

Sentencia falsa. El miedo no es libre. Es algo natural que, como todo lo natural, podemos limarlo, agrandarlo, empequeñecerlo,…. Incluso, cuando es intenso, puede arrebatarnos la libertad. Por lo que debemos entrenarnos para afrontarlo.

El miedo irracional aboca a la esclavitud, tanto ser esclavo de otro hombre como ser esclavo de Dios. Totalmente dependiente de la voz de su amo. Un instrumento bípedo y útil para el señor que, naturalmente lo explotará, con amenazas de penas en esta vida o en la otra, temporales, perpetuas o eternas.

Ante las verdaderas amenazas es bueno tener miedo (y sería malo no tenerlo) por el peligro de pérdida de la vida. Evita ser un temerario.

Pero, ante las falsas amenazas, es malo tener miedo (y sería bueno no tenerlo), por su levedad. Evita ser un cobarde.

“IN MEDIO”. La proporción es necesaria.

¿Qué hacer ante un terrorismo etnicista o religioso? O ¿qué hacer ante un tirano dictador?

No responder con violencia física es darle la licencia para que siga haciéndolo, es dejarle la puerta abierta y las manos libres.

Pero ¿hasta dónde esa violencia física? ¿Hasta la muerte? ¿La muerte propia?, ¿La muerte de otros?

Lo cierto y verdad es que el cobarde, con su cobardía, agiganta el poder del tirano, ante sí mismo y ante los demás, por lo que está sembrando la no resistencia.

Y si la cobardía abunda (y abunda) el resistente, al menos en los comienzos, sentirá la soledad y contará con pocos adeptos y seguidores.

El héroe, al menos en sus comienzos, tendrá que hacer frente al desprecio de la mayoría, por insensato.

Este, y no otro, es el alimento de los tiranos, ensalzar la “sensatez”(¿) de la mayoría aplaudidora cobarde, al tiempo que denigra y persigue al disidente.

El miedo, que es un freno a actuar, también es una fuerza. Todo depende si es un “miedo paralizante” o un “miedo desafiante”.

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