miércoles, 30 de noviembre de 2011

A MI MANERA (5). LA GUERRA CIVIL EN MÁLAGA.


1.- Bethune

El hecho más criminal de la guerra civil española fue “La Desbandá”.
Ni el bombardeo de Guernica, ni las matanzas de Badajoz,…

Como jugar el gato con el ratón. Unos como con recochineo, regodeándose de dar zarpazos mortales, sin peligro de encontrar enemigo alguno que los incomodaran, y los otros metidos en un callejón sin salida y sin marcha atrás, la carretera Málaga-Almería, “la Carretera de la muerte”, un camino encajonado entre el mar y la montaña, la única vía de escape, pero sin escapatoria posible.
Una riada humana, la mayoría civiles inermes, perseguidos, por tierra, por las columnas italianas y moras, atacados, desde el aire, despiadadamente, por la aviación alemana e italiana y, desde el mar, por los buques de la marina franquista.

Experiencia inolvidable la de este hombre, solidario, desinteresado, generoso, Norman Bethune, canadiense. Que tras haberse curado de una tuberculosis, lo vemos de camillero de ambulancias en la 2ª guerra mundial, posteriormente cirujano pulmonar, pintor, escritor, buen orador, muy considerado socialmente por el pueblo canadiense, defensor acérrimo de las buenas condiciones higiénico-sanitarias para la curación de la tuberculosis, que causa más muertos por la falta de dinero que por la falta de resistencia a la enfermedad.

“El pobre muere porque no puede pagarse la vida” – sentenciaba.

He ahí los cuatro jinetes del Apocalipsis (lo eran para él y lo siguen siendo para nosotros): la ignorancia, la pobreza, el paro y la falta de higiene.

En 1.936, desde su Montreal, intuye que la guerra de España es un ensayo general de la guerra mundial que se avecina, que se la ve venir, un enfrentamiento entre dos conceptos de sociedad opuestos.

“La democracia se debate entre la vida y la muerte. Comenzaron en Japón, ahora en España y, después, en todas partes. Si no los detenemos en España, ahora que aún podemos hacerlo, convertirán el mundo en un matadero”.

“Me niego a vivir sin rebelarme contra un mundo que engendra crimen y corrupción. Me niego a cerrar los ojos, por pasividad o por negligencia…”

Llega a España en Noviembre de 1.936 para coordinar y organizar la ayuda médica que, desde Canadá, se envía al Gobierno de la República.
Se incorpora a los servicios médicos de las Brigadas Internacionales.
Su ambulancia, con el letrero “Servicio Permanente de Transfusiones de Sangre”, en el mismo frente de batalla, salvó muchas vidas, fuera ya en Madrid, ya en Guadalajara, ya en Cataluña, ya en Valencia y, por supuesto, en Málaga y a los malagueños.

“Siempre por caminos o carreteras cercanos a arroyos donde poder enfriar la sangre en caso de que se estropeara el frigorífico o el generador,
debidamente acoplados a la furgoneta”.
El 7 de Febrero de 1.937 Málaga estaba siendo ocupada por las legiones italianas, alemanas y por los moros del tercio extranjero. Y comienza la “Desbandá”.

Norman Bethune se dirigió a Almería para socorrer a los refugiados, pero cuando comprueba la dimensión de la tragedia desmonta todos los utensilios médicos y utiliza su ambulancia, su Unidad Móvil de Transfusiones, como vehículo para “acercar a Almería, especialmente, a los niños”.
Así durante tres días y tres noches, sin parar, los tres, de un calibre moral desconocido, él, el médico, y sus dos ayudantes, Hazen Size, el fotógrafo, y Allan May, como conductor.

Bethune va a describir, de manera magistral, la tragedia que él mismo está viendo, viviendo y sufriendo. Size se encargará de fotografiarla.

(En 1.938 se iría a China para ayudar a las tropas de Mao Tse-Tung contra la invasión japonesa).

Escribe el diario de sus cuatro días y sus cuatro noches.

“….las mujeres avanzaban lentas, con sus vestidos oscuros….tenían la cara y los ojos congestionados por el polvo y el sol de cuatro días, y levantaban hacia nosotros, en sus brazos cansados, los cuerpecitos de sus hijos….medio desnudos bajo el sol….. que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio….”
“…una hilera continua, que parecía haber nacido del suelo….una hilera de 30 kilómetros de seres humanos, como un gusano gigantesco con innumerables pies que levantaban una nube de polvo…no se veía la carretera…..estaba desbordada por los refugiados….kilómetros de gente y, en medio, miles de niños….”.
“….tras ellos…. militares a cientos, a miles,….sus uniformes rotos, sus armas inservibles, las caras con barba de días….”
“…en la carretera, carros rotos y camiones averiados….burros moribundos arrojados a las playas…gente pidiendo agua y transporte…no había frente, no había resistencia alguna…”.
“Size estuvo al volante durante 48 horas….mientras, yo me quedaba en la carretera, preparando el siguiente grupo….perdimos la noción del tiempo”.
“…sedientos y mordisqueando algunas hierbas….los muertos estaban esparcidos entre los enfermos, con los ojos abiertos al sol…”
“Brillantes aviones plateados: bombarderos italianos y Heinkels alemanes….y como en una maniobra de tiro, rutinaria, sus ametralladoras trazaban dibujos geométricos entre los refugiados que huían”.
“Decenas de miles de refugiados surgiendo entre las montañas y se extendían como un abanico…”
“Gente cayendo en los enormes hoyos que las bombas habían hecho en el suelo”.
“Los bombarderos no estaban interesados en el puerto (un puerto no puede pensar), iban siguiendo presas humanas”.

Y mientras todo esto pasaba, Queipo de Llano, desde la radio: “malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna”.

Era domingo, 7 de mayo, domingo de carnaval, cuando todo comenzó…

2.- Smerdou

Tenemos, los malagueños, otro Schindler, (al que el periodista Diego Carcedo llama “el Schindler español), no demasiado conocido por la gran mayoría de los malagueños (y casi seguro que por ningún joven). Me refiero al Cónsul de Méjico en Málaga, Porfirio Smerdou, (cuñado del poeta malagueño Altolaguirre, republicano), que, aprovechando sus contactos y amistades, consigue brindar y dar refugio en su vivienda particular, Villa Maya, donde fue asilando a 567 perseguidos malagueños que, así, salvaron sus vidas, entre ellos 9 sacerdotes..
Hubo días que hasta 50 personas estaban en la casa, de 4 habitaciones.
Aunque los países sólo consideran inviolables a la Embajadas, la República consideró inviolable el Consulado mejicano en Málaga, Villa Maya, aunque no tenía viabilidad jurídica ni reconocido el derecho de asilo.
En Málaga, los Sindicatos y los partidos de extrema izquierda se hicieron dueños de las calles, desbordándose las pasiones reprimidas durante años.
La hegemonía la detentaban la anarquista C.N.T. y el P.C.
Hubo asesinatos, incendios, robos, saqueos, “paseos”… a diario y por doquier, a personas de derechas o de reconocida religiosidad.

Porfirio Smerdou, ejemplo de generosidad y de humanitarismo, fue asilando en su casa a varias familias, con la venia y ayuda del Gobernador republicano Francisco Rodríguez, que lo invitaba/lo incitaba a que cuantas más familias asilara, mejor, porque así se ayudaría a la República Española.

Su condición de masón, de la logia Solidaridad, le llevó a conseguir bastantes ayudas para los asilados en su vivienda. Con los “tres toquecitos” (símbolo de identificarse mutuamente como miembros de la Institución) en la mano, al saludar a ciertos mandamases republicanos, conseguía muchas cosas..
Es sabido que la masonería tiene como ideales “la humanidad y la filantropía”, aunque Franco siempre hablase del peligro judeo-masónico (seguramente porque él no consiguió entrar). Se le culpaba a la masonería de la pérdida del Imperio Colonial Español de finales del XIX.

Un vecino le ofreció, a Smerdou, su casa para que, por la noche, durmieran allí los niños de los asilados, para que los padres, pudieran tener más intimidad.
Incluso tres ciudadanos mejicanos le ofrecieron sus domicilios para asilo consular.
Se le permitió el abastecimiento de comida (aunque tuvieran que pagársela él y/o los asilados).
Incluso la guardia civil vigilaba la casa, por si alguna patrulla de milicianos se acercaba por allí.
Empresarios a quienes los milicianos les habían expropiado o incendiado las fábricas y las casas, cirujanos a quienes les habían quemado la clínica, a la familia Loring, entre otras.
A quienes querían irse de Málaga a Marruecos, a Gibraltar o a Marsella, si él podía, los transportaba hasta el puerto y los metía en algún buque inglés que pasara por allí, facilitándoles y firmándoles los papeles.
Organizó canjes de personas, mujeres de milicianos por franquistas.
Se hizo cargo del Consulado Argentino, al huir este cónsul.
El 8 de Febrero cayó Málaga, y 10.000 personas quedaron en poder de las tropas de Queipo de Llano.
Represión por represión.

Porfirio Smerdou también asiló, entonces, a 6 miembros de Izquierda Republicana, amigos suyos, perseguidos en la represión franquista y que los escondió en el Consulado Argentino.
Como Méjico no tenía relaciones diplomáticas con los franquistas la situación era insostenible. Fue cesado como cónsul. Así que, para salvar la vida de estas personas, se puso en contacto con D. José Gálvez Ginachero, exalcalde de Málaga y renombrado ginecólogo y, aunque los rojos habían secuestrado a su hija, esposa del aviador García-Morato, aceptó a acoger a los 6. Los llevó a su clínica privada, donde quedaron ingresados como “parturientas”, durante 11 días, poniéndolos, después, a salvo.

Durante la primera semana de represión se calcula que fueron asesinados 4.000 personas.
Se hizo famoso un fiscal militar que, con el tiempo llegaría a ser Presidente del Gobierno, y que, en Málaga, se ganó el apodo de “Carnicerito de Málaga”. Estoy refiriéndome a Carlos Arias Navarro.
Cuando Eugenio Entrambasaguas, exalcalde de Málaga y miembro de Unión Republicana, fue detenido y encarcelado, Porfirio Smerdou, que le estaba agradecido por su ayuda en el asilo consular en Villa Maya, solicitó clemencia al fiscal Carlos Arias Navarro, y éste le contestó: “pero, cónsul, como alcalde de Málaga, es fusilable por necesidad”. Así que nada pudo hacer por el que había ayudado a salvar a gente de derecha.

Lo que sí consiguió, en Italia, del Conde Ciano, yerno de Mussolini, fue librar de la pena de muerte a sus amigos masones.

3.- Escalona

Yo conocí, personalmente, a Miguel Escalona Quesada, fallecido hace tan sólo unos días, y que fue el primer alcalde socialista de Torremolinos, tras la segregación de Málaga en 1.988.
Cuenta su odisea.
“Tenía 10 años cuando los nacionales bombardearon los Manantiales de agua de Torremolinos, porque con ellos se abastecía Málaga”.
“Éramos 80 niños, del Colegio Municipal de Huérfanos, y esperábamos en la acera a que llegaran los autobuses del Socorro Rojo que nos iban a trasladar a Almería. En ese momento alguien dio la alarma y apareció un avión que, siguiendo la línea de la carretera, ametrallaba y bombardeaba a baja altura con bombas incendiarias. Muchos salimos corriendo; otros prefirieron quedarse en el autobús, para no perder la plaza hasta Almería.
Cuando el avión se marchó, después de hacer varias pasadas, volvimos y encontramos nuestros equipajes y los autobuses ardiendo: los que se quedaron estaban muertos.
De los 80 niños que éramos nos juntamos sólo 10, que, juntos y solos, nos fuimos hasta Almería. Tardamos una semana y casi siempre a campo a través, alejados de la línea de la costa, pues los barcos no paraban de bombardear. Pasamos mucha hambre. Caminábamos descalzos. Por la noche dormíamos apretados unos contra otros, pues hacía frío y había humedad de levante.
Pasamos muchas calamidades….. Nunca olvidaré a aquella mujer que, herida por un obús, en medio de un charco de sangre, amamantaba y abrazaba a su hijo de dos meses…
Volví a casa en 1.939. Tenía 13 años. Mi hermano estaba en la cárcel, condenado a muerte y a mi madre y a mis 4 hermanas las habían pelado y les habían dado aceite de ricino.
En la calle al lado de mi casa habían fusilado a 10 personas: eran gente noble, trabajadora y sencilla.
A María, la Calderota, le fusilaron a sus tres hijos. No volvió a comer. Se murió de pena”.

Parecen fragmentos de una gran novela. Pero son mordiscos que les ha dado la vida.

Son testimonios de la crueldad, del sadismo, de la iniquidad de algunas personas para con sus semejantes, ya no por pensar de otra manera, muchas veces sólo por sospechar que se pensaba de manera diferente.

¡Como si una vida no valiese más que todos los pensamientos del mundo¡.

Matar, ¿por qué?. Causas todas, ¿justificaciones? ninguna.
Morir, ¿por qué?. Por nada.

¡¡¡¡¡¡DIOS!!!!!!!!

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