jueves, 24 de febrero de 2011

PREDICAR EN EL DESIERTO (¡MALDITA COSTUMBRE¡

Conocer el pasado de la humanidad, recordar el recorrido realizado, la memoria histórica, es necesario, pero será estéril (incluso perjudicial) si no nos sirve para conocer las causas del mal. Si es necesario conocer las piedra con las que hemos tropezado es para no volver a tropezar, si no, sólo nos servirá no solo para seguir tropezando, sino para apedrearnos. Mejor hubiera sido que no…

Acostumbrados, hoy más que nunca, a la dicotomía: o conmigo o contra mí, o de derechas o de izquierdas, o ricos o pobres, u honrados o corruptos,…También los griegos practicaron la dicotomía: o “nosotros” o “los otros” (“nosotros” somos los ciudadanos, los sujetos de derechos, “los otros” son los bárbaros, los sin derecho alguno).
La discriminación, o mejor, la exclusión está servida.

Aunque la palabra “bárbaro” tiene, en su origen, dos sentidos distintos:
1.- En sentido relativo “bárbaro”, para nosotros, son aquellos que habían “barbarbarbarbar,,,,”, que no conocen mi lengua, que yo no conozco la suya, que estamos incomunicados,… y, para mí, ellos son “bárbaros”, claro que, para ellos, los “bárbaros” somos nosotros.
El sentido relativo, egocéntrico, lingüecéntrico, dice relación con quien, desde su lengua, sentencia.

2.- En sentido absoluto, sin embargo, “bárbaros” eran los que transgredían las leyes más fundamentales de la vida común, los que seguían unos valores distintos o/y opuestos a los de mi polis, mi sociedad, mi cultura,…

Admitir el canibalismo, el matricidio, el infanticidio,… u, hoy, admitir la inferioridad de la mujer respecto al varón, o la ablación del clítoris, o el terrorismo religioso, o la no separación de los ámbitos civil y religioso… es de “bárbaros”, de “los otros”, no de “nosotros”.

Ya Herodoto consideraba que, si tener relación sexual era de humanos, copular en público era comportarse como animales.
Y si en algunas culturas, la niña de poca edad puede ser casada con un varón mayor que puje por ella, para nosotros, tener relaciones sexuales con una menor de edad es delito de “pederastia”.

“En el país de los “bárbaros” todos son esclavos, excepto el tirano”. Por eso la tiranía es la forma de gobernar y de gobernarse de los “bárbaros”, y eso es lo que dicen los griegos desde su “democracia ateniense”, donde los hombres son ciudadanos (concepto que ya he matizado en otros lugares).

Hoy día los filósofos y pensadores estudiosos de las culturas admiten que aunque haya “muchas culturas” debería tenderse hacia “una única civilización”, la que es capaz de regirse por valores universales, llámese Ética, llámense Derechos Humanos, con base en la Razón, defensora de Verdades y Valores Universales, No Negociables, por ser los más humanos posibles, modelo ético universalmente deseable.

“Bárbaros”, pues, son los que se autoexcluyen de este ideal ético de convivencia y los que excluyen.

Hemos afirmado, muchas veces, que hay muchas morales religiosas, tantas como religiones, pero éstas se persiguen, en competencia, y se excluyen entre sí.
La Ética, sin embargo, desde el principio laico del Derecho a la libertad de creencias y de conciencia, es la que mejor protege las religiones, a todas las religiones.

La “Inteligencia Individual” siempre podrá poner “peros” al capital social, promovido por la Inteligencia Social, porque merme, en algo, su capital individual.
Pero es que no se trata de recibir mucho sino de cómo incrementar lo común con el mínimo sacrificio individual.

Lo que falla es el pensamiento crítico, que arroje luz, para poder ver.

Cuando surge un problema social, tiene que actuar la Inteligencia Social, proponiendo u ordenando soluciones sociales.
El fracaso escolar, el fracaso laboral juvenil, la violencia de sexo, la corrupción,… ante ellos, mi granito de arena sólo sirve para yo dormir con la conciencia tranquila, sin remordimiento (lo que no es poco) pero el problema seguirá estando ahí y la solución sin venir.
Eso sí, llegará el demagogo de turno y sentenciará: “Todos somos culpables”.
Lo será Ud. ¡oiga¡, yo no.
Yo como crítico de la sociedad, como radiólogo de la realidad, ilumino el panorama y anuncio y denuncio lo que detecto. Será el cirujano, no yo, quien tenga que extirpar la vesícula.
Yo puedo proponer la posible causa del mal detectado (la eliminación de la filosofía del esfuerzo en los estudios, la necesaria reestructuración del mercado laboral, la ignorancia en la valoración desigual de los sexos, la permisividad con la corrupción y su consideración de “comportamiento normal” y si alguien es cogido con las manos en la masa la obligación de devolver lo sustraído (pero ¿y el delito por haberlo sustraído queda impune?, ¿basta con cambiarlo de sitio?...).

Un peligro para la implantación de la Ética es la habituación, la costumbre. (¿Seguiremos tirando cabras desde el campanario porque “siempre ha sido así”, es una costumbre histórica?.
¿Podemos maltratar a la mujer, incluso no considerarla persona, puesto que a lo largo de casi toda la historia de la humanidad, así ha sido, esa era la costumbre?.
¿Podemos, pues, dejar desamparados, legalmente, a los niños, a los huérfanos, a los pobres, a los enfermos, a los parados,…. porque esa ha sido la costumbre y la práctica habitual?
Le echaban en cara a Galileo el argumento de la tradición: “hasta el día de hoy, TODOS los hombres, TODAS las culturas, en TODOS los lugares, SIEMPRE han afirmado que el sol gira alrededor de la tierra y AHORA, TÚ, contra TODOS y contra el SIEMPRE”.
A lo que Galileo contestaba que eso había sido un HECHO, pero que eso no era un ARGUMENTO. Que del hecho de que “hasta ahora haya sido así, no puede concluirse que tenga que seguir siendo así”.

¡La costumbre¡

¡Maldita habituación¡. ¡Maldita costumbre¡

Esa tiranía de la costumbre, esa exclusión de quien no la siga, de quien se oponga o sea indiferente a ella, llevará a calificar de “raro” a quien se salga de la “norma habitual”.
Así, y no de otra manera, se consigue construir una sociedad encanallada.

El que está habituado a… y en quien no funciona la capacidad crítica de su Inteligencia Individual, nunca se considerará culpable de nada, sino “una persona normal”.

Para “el normal” el imperativo categórico kantiano se expresa así: “obra de tal manera que si todos tuvieran conocimiento de tu comportamiento, todos lo aprobarían”

¡Encanallamiento de la sociedad¡. ¡Tiranía del “se” (se dice, se hace, se ve bien, se considera preferible que…)
Esta moral de la obediencia al todo, esta merma o ausencia de autonomía, es la moral del hormiguero.

Si ya en la Enseñanza, además del curriculum manifiesto y patente (lo que se dice, lo que se enseña, los contenidos, la materia) está el curriculum latente, oculto, el cómo se hace, cómo se trabaja, el ejemplo del profesor,… que influye, y mucho.
Igualmente en la casa. Lo que el padre dice que el niño haga y lo que el padre, sin decirlo, hace.
En la sociedad ocurre lo mismo.
Además de los valores sociales patentes, manifestados externamente, están también los valores latentes, que son los que minan o robustecen la estructura social. Y si no los detectamos, para paralizarlos y contrarrestarlos o para estimularlos, asegurarlos, reforzarlos, ponemos en peligro todo el edificio social.

¿Cuál es la relación causal, oculta, entre consumismo, frustración y violencia?.
¿Cuál es la relación causal, latente, entre publicidad, compulsividad y violencia?.
¿Cuál es la relación causal, latente, que existe entre debilidad y/o inmadurez intelectual y la no distinción entre “descalificación moral”, contra la persona, y el “argumento racional” contra lo que esa persona dice.

Esos valores latentes negativos son la aluminosis del sistema.
Nuestros esquemas mentales suelen funcionar por defecto, alimentándose con la ley de Murfy: “si algo puede salir mal, saldrá”. Lo que nos conduce tanto a la pereza como a la cobardía, a la inmovilidad.

“Ponerse en lugar del otro” o, como dice un antiguo alumno, “ponerse a caminar con los zapatos del otro” es la estrategia de “imagínate que ignoras tu situación real personal, que no sabes si eres varón o mujer, creyente o ateo, blanco o negro, autóctono o extranjero,…¿qué considerarías lo mejor, lo preferible?

Ésta sería usar como criterio la Inteligencia Social, poniendo entre paréntesis la Inteligencia Individual.

(Está basada, esta reflexión, en una doctrina del filósofo J.A. Marina, en “Las culturas fracasadas”, libro que recomiendo meditarlo, para pasar del “seguimiento” inconsciente a la “reflexión” crítica).

1 comentario:

  1. Tomás, al leer tu artículo, veo que llevas toda la razón del mundo.
    Nosotros, metámonos todos, deberíamos ser los ATS de esta sociedad en la que vivimos “habituados” y “acostumbrados”, pero no a observar e iluminar las anomalías y males que se acometen con los ciudadanos en la sociedad actual en que vivimos. No tenemos un par de narices ni el suficiente coraje para increpar a ese “inteligente” cirujano que extirpe ese mal que nos está corroyendo y llevando a una metástasis SOCIAl sin posibilidad de operación.
    Aquí, es verdad que siempre se predica en el desierto o tal vez, seamos masoquistas.
    Un cariñoso saludo.

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